2. Batallando con los recuerdos
El cansancio lo hizo caer rendido. En las misiones difícilmente se dormía bien y el pasar tiempo encerrados en las cápsulas individuales le atrofiaba los músculos impidiéndole descansar. Un par de voces insistentes lo sacaron de los brazos de Morfeo.
-¡Estamos listos Vegeta! –lo sacudía Tarble.
-Reportándonos para entrenar –Pronunciaba Milk imitando un gesto militar.
-Vegeta , Vegeta , Vegeta –lo volvía a sacudir Kyabe.
-¿Qué demonios quieren? –les preguntaba molesto sin levantarse.
-Es hora de entrenar –le decía Milk –Prometimos ser obedientes.
-Lo volveré a preguntar ¿Quiénes son ustedes y qué hicieron con mis hermanos? –les decía un Vegeta adormilado.
-Nada hermanito –Le respondía Milk –Nosotros siempre somos adorables y obedientes.
-Bueno –gruñó el hermano mayor sentándose en la orilla de la cama –A ver cuánto les dura lo bien portados, me pongo mi ropa y los alcanzo en el patio de entrenamiento.
-No tardes –lo apuraba su hermana con una sonrisa.
Ellos pensaban que no sentía por ellos ninguna pizca de afecto, lo cierto es que cuando estaba en misión los extrañaba demasiado en especial a Milk, no lo decía público pero era su hermana favorita y a quien le toleraba más travesuras o actos de rebeldía. La chica tenía un enorme parecido a su difunta madre, heredó su belleza y una extraordinaria habilidad para el combate.
Cómo extrañaba a su madre, desde su partida la familia se quebró. Desde entonces el rey no se preocupaba por apoyarlos, así que desde los 19 años Vegeta tuvo que hacerse cargo de la educación de sus hermanos. Dejó los pasatiempos de adolescente por convertirse en el padre sustituto de los príncipes, quería lo mejor para ellos y por tal razón era estricto, pero ellos no lo comprendían.
Quería seguir durmiendo, sus 8 horas de sueño no fueron suficientes para reponer las energías perdidas. Los chicos le advirtieron que si quería mantenerse en el empleo debía seguir las reglas del hermano mayor y tratar de no desafiar su autoridad. Eso lo veía complicado, porque su espíritu siempre la orillaba a decir lo que pensaba sin importar las consecuencias, fue por eso que cuando vio a su ex jefe acosar un par de compañeras en la Patrulla Galáctica no se aguantó las ganas de rebelarse por su falta de ética profesional. Su enorme boca le costó el empleo, ahora el reto era conservar su nuevo trabajo.
-¡Buenos días! –Bulma saludaba alegre -¿Cómo amanecieron?
-Llegando tarde –dijo Vegeta secando el sudor del entrenamiento –los mocosos ya terminaron de entrenar.
-¿Perdón? –no comprendía la científica la razón del comentario –en mi contrato no aparecen la obligación de entrenar con los chicos.
-Tranquilo Vegeta no seas duro con la chica –le decía un joven más alto que Vegeta con un peinado singular.
-¿Gokú? –dudó Bulma al reconocer esa melena alborotada.
-¿eh? Perdón, ¿te conozco? –Preguntó el joven mirando con detenimiento a Bulma.
-Soy Bulma Briefs, ¿no recuerdas hace años la Tierra y Kame House? –dijo la mujer gritando de emoción y dando pequeños saltitos entusiasmada.
-¿Bulma? –se sorprendía Gokú –No te reconocía, estás tan cambiada.
-¿Qué haces aquí? –preguntaba ella dándole un abrazo-¿por qué te fuiste?, tenemos mucho que platicar.
-¿De dónde la conoces Kakaroto? –Preguntaba Vegeta incómodo al estar en medio de la conversación.
-Ah, pues cuando era niño pasé un tiempo entrenando en el planeta Tierra con un anciano que me enseñó algunas técnicas, allí nos conocimos –Explicaba Gokú.
-Nunca pensé en volver a verte –se emocionaba Bulma volviendo a abrazar a Gokú con gran efusividad.
-Es hora de tomar el desayuno –se molestaba Vegeta con tanta demostración de afecto.
-Claro, tengo mucha hambre –le gruñía el estómago al saiyajin de pelo alborotado.
-Te veo luego –sonrió Bulma Guiñando su ojo –tenemos mucho que platicar.
-Me encantaría recordar viejos tiempos –le sonrió Gokú viendo como se alejaba su amiga.
-Kakaroto, ¿por qué te dice así? Tu madre es la única que te llama por ese nombre –le preguntó Vegeta intrigado.
-Esa chica se convirtió en una gran amiga durante mi estancia en la Tierra, vivimos muchas historias juntos –le explicaba Gokú con nostalgia –Le gustaba más decirme Gokú.
-Parece que le gustas y tuvieron algo más que amistad –torció la Boca el príncipe.
-¿De qué hablas? –le parecía fuera de lugar el comentario de su amigo –Cuando la conocí éramos unos niños. Si no te conociera creería que te estás celoso.
-No imagines cosas –se molestaba el príncipe –solamente quiero conocer a la mujer que trabaja con mis hermanos.
-Lo sé, te conozco –reía Gokú –Bulma siempre ha sido una chica hermosa pero creo que los años le sientan bien –añadió.
-Sabes lo que pienso de las relaciones sentimentales entre mis trabajadores, ¿verdad? –le recordaba vegeta.
-Lo sé, lo sé, es solo que no me podrás negar que es una mujer hermosa –sonreía Kakaroto con complicidad.
-No es mi tipo –respondió Vegeta con tono indiferente.
-Mejor vamos por el desayuno, mi estómago rugue –cambió el tema Gokú.
Era tiempo de un receso en los jardines de la casa, con los chicos organizó un día de campo al terminar su primer proyecto de ensamblaje de rastreadores. Kyabe y Tarble estaban jugando con sus creaciones, se imaginaban estando en misiones por diversos planetas. Mientras Bulma y Milk permanecían sentadas cerca de un frondoso árbol.
-Bulma, me dijo Vegeta que conoces a Kakaroto –Le dijo Milk jugando con su cabello.
-Sí, ¿puedes creerlo? –le respondía su tutora –qué gusto verlo nuevamente, es como encontrar a un hermano perdido.
-¿Dónde lo conociste? –preguntó la chica del cabello negro.
-Cuando era niña estuve viviendo en diversos hogares adoptivos, uno de ellos fue la casa de un anciano, algo libidinoso, pero era experto en artes marciales, entonces un día llegó el pequeño Gokú a entrenar y nos hicimos buenos amigos –le explicó Bulma.
-¿No tuviste padres? –Preguntó la princesa sorprendida.
-Sí los tuve, pero murieron cuando tenía seis años –suspiraba la científica.
-¿y tienes novio?, ¿alguna vez te has enamorado? –preguntaba nerviosa Milk.
-Qué drástico cambio de conversación –reía Bulma –Esas cosas solamente las pregunta una chica cuando está entrando en esos enredos del amor.
-Es solo por hacer plática –se aclaraba la garganta la princesa algo sonrojada.
-Allí donde conocí a Gokú, también me encontré con un chico 2 años mayor que yo. Años después se convirtió en mi primer y único amor –se le cortaba la voz a la científica -Ya no está en éste mundo, falleció hace 4 años en una misión de la Patrulla Galáctica –Las lágrimas querían brotar de sus ojos azules.
-Disculpa si te estoy haciendo revivir malos recuerdos –se excusaba Milk.
-No te preocupes, como mujer adulta debo aprender a superarlo, pero me es complicado –Decía Bulma secando sus primeras lágrimas –Mejor cuéntame de tu primer amor, porque tengo el presentimiento que necesitas platicarlo con alguien.
-Cuando tenía 14 años conocí un chico que llegó a realizar unos trabajos al palacio. También era mucho mayor que yo, era divertido y casualmente venía de tu planeta. Pero tenía que irse, así que me propuso fugarnos al anochecer –le narraba Milk –Vegeta nos sorprendió y no supe más de él.
-¿Te gustaba mucho? –le preguntó la mujer de ojos azules.
-Era prácticamente una niña, supongo que solamente fue una ilusión, porque Vegeta descubrió que el chico me quería por interés, quería sacar provecho de la fortuna real. Gracias a ese incidente pasamos más días encerrados en ésta casa –Dijo la princesa arrepentida.
-Eso explica sus estancias prolongadas lejos del castillo –dijo Bulma -¿y no te gusta otro chico?, no creo que tengas muchas opciones si no te dejan salir.
-Me gusta alguien desde hace mucho tiempo –se sonrojó la princesa –Lo conoces.
-¡No me digas! –se emocionaba Bulma –Obvio no es Nappa, No es Radiz…
-Sí –afirmó la princesa nerviosa –pero mi padre y hermano nunca lo aprobarían, no es de la realeza.
-Bueno, supongo que es tu amor platónico. A nadie le hace mal un amor así –la miraba Bulma.
-No –seguía sonrojándose la princesa –él lo sabe y me corresponde.
-¿Qué? –gritó Bulma de la sorpresa -¿Cómo pasó eso?
-Antes de irse a su última misión –narraba algo nerviosa –A vegeta le gusta que esté en casa para que lo apoye a entrenarnos.
-Flashback-
-Ese fue un gran entrenamiento hermanita –la felicitaba Vegeta con respiración agitada.
–Veo que ya no es la niña pequeñita que jugaba a las muñecas –se burlaba Kakaroto.
-¿Quieres probar mis habilidades? –lo retaba la princesa.
-Prosigan ustedes entrenando, yo debo comunicarme con mi padre para recibir los informes de la próxima misión –les dijo el hermano mayor –Vamos Tarble y Kyabe que deben limpiar el desastre que hicieron incendiando la cocina.
-Pero que lo hagan los sirvientes –se quejaron los niños.
-Eso lo hubieran pensado cuando quisieron experimentar con el horno de la cocina –Les decía Vegeta llevando a ambos jalándolos de la oreja mientras los niños se quejaban del dolor.
-Entonces princesa ¿en qué estábamos? –le dijo Kakaroto haciendo un ademan con las manos para retarla.
-Te dejaré sin dientes Kakaroto –le respondía poniéndose en guardia.
Pasados diez minutos de golpes y patadas, el chico hizo una pausa en la pelea.
-Pausa –dijo Kakaroto –necesito beber agua.
-Mentiroso –le enseñaba la lengua Milk con burla –seguramente te estás rindiendo ante una dama.
Milk imitó el gesto de su compañero de entrenamiento y tomó su recipiente con agua. Sin previo aviso Gokú la tomó del cabello con fuerza para distraerla y aprisionarla dejándola inmovilizada.
-Una lección importante que debes aprender princesa: no bajes jamás la guardia –le decía al oído Kakaroto.
-Me tomaste por sorpresa –se justificaba la chica nerviosa de sentir la proximidad.
-En batalla todo es sorpresa –le advirtió soltándola un poco pero sin perder proximidad.
Milk se giró para responderle a Gokú, pero estaban tan cercanos que podía respirar su aliento. Los nervios le hicieron sentir la humedad del sudor en las manos, desde que conoció al guerrero siempre le llamó la atención su físico, sus habilidades y su buen carácter.
Por su parte el saiyajin no midió las consecuencias de sus actos, sentir el calor corporal de la princesa y ver tan cercanos sus profundos ojos negros. Era una chica hermosa, valiente y aguerrida, pero tenía el defecto de ser la hermana de su mejor amigo y sobretodo ser la heredera de la familia real.
Ambos llevados por sus sentimientos acercaron los labios para besarse, no les importaron las diferencias de edades ni de clases sociales, solamente el amor que sentían el uno por el otro. Al terminar el beso se separaron con gran pesadez, ninguno quería cortar el momento.
-Lo siento –se disculpó Gokú –no debí.
-Me gustó –confesó la princesa sonrojada.
-A mi también –sonreía el guerrero nervioso –Es mejor dar por terminada la sesión de hoy –decía no muy convencido.
-Espero volvamos a entrenar juntos –decía ella esperanzada.
-Será todo un honor –sonreía Gokú.
-Findel Flashback-
-¡Qué romántico! –se emocionaba Bulma –Gokú es un gran chico.
-Lo sé, pero no debes decirle a nadie –le suplicaba Milk –Si Vegeta se entera nos mataría.
-Soy una tumba -decía la científica pasando sus dedos por los labios en señal de silencio.
-Hoy en la noche nos citamos en éste árbol –murmuraba la princesa cuando vio acercarse a su hermano mayor.
-Dejen de estar de holgazanes y hagan algo productivo –se acercaba Vegeta molesto.
-Tranquilo señor –se incorporaba Bulma –Los chicos se ganaron un tiempo de descanso por ensamblar sus rastreadores.
-¿Rastreadores?, no se te paga para que estés enseñando a mis hermanos a construir manualidades –le dijo Vegeta apuntándole con el dedo.
-Pero funcionan a la perfección –dijo Tarble mostrándole el suyo –Mira, póntelo y trata de registrar los poderes de pelea. Además están enlazados para comunicarse entre ellos.
-No digas tonterías –dijo escéptico Vegeta colocándose el rastreador.
El aparato al ser encendido comenzó a rastrear los números, Kyabe y Milk se alejaron lo suficiente para demostrarle que funcionaban para comunicarse.
-¿Cómo le quedó el ojo señor? –le preguntaba Bulma con tono de superioridad -¿qué tal los juguetitos de sus hermanos?
-Para eso se te paga –Dijo molesto Vegeta al no encontrar argumentos en contra –Es tiempo de que suban a la biblioteca a leer – les ordenó a sus hermanos.
-Lo que digas hermano –Pronunció Tarble apurado rumbo a la biblioteca, seguido de sus hermanos.
-Señor –dijo Bulma aclarando su garganta –Necesito materiales para seguir con las clases se sus hermanos, hice una lista de lo que hace falta.
-Entrégala con Raditz para que se haga cargo –le respondió alejándose sin mirarla –Ah, tus atuendos no son apropiados para trabajar, busca ropa decente.
-¿Qué tiene de malo mi ropa? –preguntó la científica observando su atuendo.
-Es muy colorida, informal y corta –Dijo Vegeta rodeándola para ver mejor su "ropa" –Por favor busca algo decente que ponerte.
-Oiga –se molestó Bulma al sentir la mirada –Deje de verme así, más respeto.
-Ni quien se fije en ti –Se puso nervioso Vegeta y sin perder la compostura caminó a toda prisa.
Al verlo avanzar Bulma se detuvo nuevamente a mirarlo. Tenía buen trasero y su porte para caminar llamaban la atención. Lástima que era un príncipe y su humor no era su fortaleza.
Por la noche Bulma necesitaba comunicarse con Jaco para saber noticias del proceso por su despido injustificado, la señal del comunicador no era buena dentro de la casa. Resolvió salir a llamar, justo cuando digitaba los códigos para comunicarse escuchó los murmullos de dos voces conocidas y decidió acercarse más para descubrir que eran Gokú y Milk en su encuentro secreto nocturno. Qué envidia sentía por su romance, esa pareja hacían el complemento perfecto.
La pareja estaba tan concentrada en sus demostraciones de afecto que no escucharon los pasos apurados del hermano mayor, Bulma en pánico para evitar que fueran descubiertos corrió a interceptar a Vegeta, no debía encontrar a su hermana fuera de la cama a esas horas.
-Señor, señor –lo llamaba Bulma.
-No estoy para atender a nadie –decía Vegeta intentando pasar de largo.
-¿Ya le dije que necesito materiales para sus hermanos? –ansiosa quería detenerlo.
-Ya –se cabreaba Vegeta intentando avanzar.
-Señor Vegeta –alzaba el tono de voz para que la pareja se separara, pero no hacían nada por separar el beso.
-Señorita Briefs, no tiene que gritar para que la escuche, estoy a unos pasos y puedo escuchar a la perfección –la miraba molesto.
-Es que desde que nací vengo con micrófono incluido –seguía con sus intentos de distraerlo –Cuando di mi primer llanto en el hospital…
-No me interesa su vida, le pido que me deje pasar, necesito caminar –la sostenía Vegeta de los hombros para intentar moverla.
-Oh señor Vegeta, me da –fingía respirar entre cortado –me da, me da –entonces se le ocurrió simular un desmayo para atraer la atención del príncipe y darle tiempo a la pareja que se escondiera.
-Lo que me faltaba –decía Vegeta molesto cargando a Bulma para llevarla dentro de la casa.
Cuando la llevaba en brazos sintió un cosquilleo que le atravesaba desde punta a punta, su olor era dulce y su piel cálida, así que para romper el contacto avanzó con rapidez rumbo a la casa. Bulma seguía sin moverse y con los ojos cerrados, pero algo nerviosa por sentir los fornidos brazos del príncipe cargándola.
-Vaya hasta que te veo con una chica –Pronunció el Rey Vegeta quitándose la capucha.
-Padre –Se sobresaltó Vegeta -¿Qué haces aquí?
-Te dije que pasaría unos días con ustedes –Miró a la chica de pelo azul en los brazos de su hijo -¿Todo bien con ella?
Bulma apretaba los ojos con fuerza, nerviosa por escuchar la voz de quien suponía era el Rey Vegeta.
-Ya me siento mejor –Abrió los ojos Bulma con las mejillas rojas.
-¿Segura? –le preguntó el príncipe con desconcierto.
-Sí, todo en orden –respondía Bulma pero Vegeta la mantenía en sus brazos –Ya me puede Bajar.
-¿Cómo te llamas muchacha? –le preguntaba el Rey atento a los movimientos de Vegeta.
-Ella es –Vegeta pausó su explicación mientras su cerebro trabajaba a mil por hora. Era el momento de dar una lección a su padre –mi novia.
-¿Qué? –Bulma estaba por pedir una explicación cuando vegeta se le acercó al oído.
-Sígueme la corriente –le susurró –si quieres conservar tu empleo y ganar un bono extra.
-Se llama Bulma –Vegeta la presentó.
-Buena noche su majestad –saludó Bulma desconcertada.
-Vegeta, es una chica hermosa –Sonrió con aprobación el Rey –Ya quiero conocer sus habilidades de pelea.
-Bulma no es una guerrera, no es una saiyajin –Enfatizó Vegeta.
-Mi planeta natal es la Tierra –Añadió la científica.
-¡Cuántas sorpresas hijo! –reía incómodo el Rey, parecía que algo no le agradaba.
-¿Quieres que vaya por mis hermanos? –Cortó el tema el príncipe.
-No, no es necesario quiero darles una sorpresa –pronunció el Rey –Es mejor que vaya a descansar para entrenar juntos mañana tempano. Un placer conocerla señorita –Se despidió.
-Me puede explicar qué fue eso –le preguntó Bulma cuando el Rey estuvo lejos de ellos.
-No tengo por qué darte explicaciones, solamente sigue el juego –le dijo Vegeta cruzándose de brazos sin mirarla.
-Ya veo, a su padre le desagrada la idea que su heredero tenga una pareja de otro planeta y que no cumpla los requisitos de ser una mujer fuerte. Quiere molestarlo y me está usando como pretexto –intuyó la chica.
-Me tiene harto con su presión de encontrar pareja, así que he decidido darle un escarmiento –reía divertido el príncipe.
-Pero qué va a suceder cuando sepa que soy su empleada –preguntó Bulma.
-Nadie lo sabrá, diremos que la tutora de los mocosos tomó unos días libres para conseguir algunos materiales. Mi padre jamás pasa más de cuatro días con nosotros y tenemos pendiente una misión –Explicaba el plan –Mañana hablaré con mis hermanos para que no se les ocurra estropear mi plan.
-Espero no se salga de control –se preocupaba Bulma.
-No habrá problema, solo busque algo decente que vestir y tendrá que sentarse a la mesa con la familia –le dijo Vegeta –Pase buena noche señorita.
-Oiga, pero ¿no cree que si nos seguimos hablando tan formal será sospechoso? –le señalaba Bulma.
-Tienes razón –reflexionó el príncipe tomando camino a su habitación.
-¿En qué demonios me estoy metiendo? –Pensaba Bulma mientras la princesa entraba en la casa.
-Bulma, ¿qué haces despierta? –preguntaba Milk con una enorme sonrisa.
-Salvándote el pellejo –le decía la científica molesta –No viste que casi los descubre tu hermano y para variar tu padre llegó.
-¡Oh cielos! –se alarmaba Milk –Llegó sin avisar, debo ir a mi habitación antes de que alguien me descubra.
-Tienen que ser más cuidadosos –le sugería Bulma –no pueden ser tan obvios.
-Mejor ayúdanos para que nadie nos descubra –dijo Milk guiñándole el ojo y suspirando –Te veo mañana.
En la comodidad de su habitación se detuvo a meditar en la decisión de su hijo. El muy iluso creía que se tragó el cuento de que la chica de ojos azules era su nueva novia. Eso era una gran mentira porque un Rey debe conocer a sus trabajadores y tenía perfectamente ubicada a la científica Briefs. Era casi imposible que el exigente de su hijo iniciara una relación tan rápidamente con una desconocida. Reconocía que él la seleccionó entre los candidatos que solicitaron la vacante de tutor, en primera por las habilidades que poseía para la tecnología y en segundo lugar porque no quería varones en casa, no deseaba repetir la mala experiencia que tuvieron con su hija.
Por otro lado obviamente investigó la vida de la chica, proteger la seguridad de sus hijos era prioritario, sin embargo en su carpeta de investigación encontró que la mujer se veía sumamente atractiva, tal vez el tener una chica así en casa podría mover la virilidad escondida de Vegeta, porque a sus 25 años jamás le conoció ninguna novia o conquista.
Los días siguientes pondría a prueba a su hijo con la científica. Descubriría si su plan estaba funcionando o Vegeta intentaba engañarlo para ocultar que tenía otras preferencias sexuales.
-Ay cariño –suspiró el Rey al recostarse en la cama mirando una fotografía de su esposa -¿Qué harías tú en mi lugar? nuestros hijos están creciendo y mes haces mucha falta.
Continuará…
Próximo: Capitulo 3. Batallando con los engaños
¿Qué les parece la historia? Si pueden dejen un comentario, eso me motiva para avanzar en los siguientes capítulos.
