3. Batallando con los engaños

Los nervios y la ansiedad invadían su cuerpo, solamente las deliciosas tostadas que preparaba Gine le hicieron olvidar por un momento sus problemas. En el tiempo en la Casa de la familia real le hizo probar miles de lujos que una chica huérfana jamás habría soñado: grandes banquetes, habitaciones cómodas, baños de burbujas y ahora vestir ropa elegante.

-Buenos días Bulma –Saludó Gokú entrando en la cocina –¡Buen día madre!

-Buen día hijo –le devolvía el saludo Gine sin dejar de acomodar algunos bocadillos en una elegante charola.

-¿Gine es tu mamá? –Se sorprendía Bulma

-Sí y supongo que tampoco sabes que Raditz es mi hermano –le respondió su amigo –Pero no es tiempo de hablar de familias, es urgente que vayas al comedor para desayunar con el Rey, ya Vegeta me puso al tanto de su singular plan.

-No sé cómo se me ocurrió aceptar –se lamentaba Bulma –Lo que hace uno por no perder el empleo.

-Ánimo, Vegeta no es tan malo como parece –la consolaba su amigo –No sé qué pasaba por su cabeza cuando se le ocurrió semejante disparate.

-¿Qué tal me veo?, ¿estoy presentable? –le preguntaba Bulma sosteniendo su vestido –Milk me hizo el favor de prestármelo.

-Te ves hermosa –Sonreiría Gokú tomándola del brazo para avanzar al comedor.

-Por cierto –susurraba Bulma –sean más cuidadosos con sus encuentros, ayer Vegeta casi los descubre.

-¿Enserio? –Gokú se rascaba la cabeza apenado y hablando en tono bajo –Trataremos de ser más cuidadosos, pero vamos a necesitar tu ayuda para tener más citas a escondidas.

-Cuenta con ello –le decía Bulma al oído con una traviesa sonrisa.

-Dejen de cuchichear y apresuren el paso, mi padre está sentándose a la mesa –Les reprendía Vegeta bastante molesto por encontrarlos tan cercanos sonriendo.

-Ya vamos Vegeta –Le decía calmado Gokú.

-Me molesta tu actitud tan relajada y por favor suéltala, no quiero sermones de mi padre de porqué permito que mi amigo toque a mi … -le costaba pronunciar la palabra -a mi…

-Ya entendimos señor –se molestaba Bulma con el tono autoritario de Vegeta –te veo luego Gokú.

-Te busco al terminar con tus clases –se despedía Gokú alzando la mano.

-Buenos días chicos -saludaba animada Bulma al ver a sus pupilos en el comedor.

-Buen día Bulma -la abrazaba Kyabe

-Buen día su majestad -hacia una reverencia la científica dirigiéndose al Rey.

-Buen día señorita -le besaba la mano -se ve preciosa, ahora entiendo porque mi quisquilloso hijo quedó prendado de usted.

El Rey intentó observar la reacción de su hijo mayor al comentario, pero Milk se atravesó topándole la vista.

-Me siento halagada - sonreía Bulma nerviosa.

-Tomen asiento hijos - les ordenaba el Rey.

Cuando veía esas películas o series dónde alguien comía en un lugar elegante y se topaba con diferentes tenedores y cuchillos, pesaba que eso no existía, hasta ahora que no sabía qué cubierto tomar para empezar.

-Observa qué cubierto tomo -le susurraba Tarble cuando notó una dubitativa Bulma.

-Quita los codos de la mesa -le sugería Milk con disimulo.

El desayuno se realizó sin mayor novedad, las charlas se encaminaron a su entrenamiento matutino y a la futura misión que partiría la próxima semana. Todo iba en calma hasta que el Rey Vegeta puso en marcha un comentario que haría caer a la científica.

-Creo que tendré que retirarme antes de lo previsto, ayer mi rastreador tuvo una avería y necesito llamar a un experto -Dijo el rey mientras se limpiaba las comisuras de la boca.

-Yo -Bulma iba a ofrecerse como voluntaria hasta que sintió la mirada de Vegeta.

-¿Usted podría señorita? -preguntaba el rey intrigado sosteniéndose la barbilla.

-Ah -titubeó la científica al sentir nuevamente la mirada del hijo mayor -yo digo que Tarble puede repararlo, me han contado su tutor que tiene habilidades para la tecnología.

-¿Es cierto hijo? -le preguntó interesado a Tarble.

-Si, hemos ensamblado con Bul…-detuvo su comentario Tarble al sentir la mirada de Vegeta -con buenos resultados algunos rastreadores.

-Entonces no se diga más y vamos, quiero conocer tus nuevas habilidades tecnológicas -Lo invitó el Rey - además me encantaría conocer a su tutor, parece que está haciendo un excelente trabajo.

-No se encuentra en casa -dijo Vegeta levantándose de la mesa -le di permiso de ausentarse un par de días.

-Espero la próxima ocasión conocerlo -también se levantaba el Rey -buen provecho, vamos Tarble, a los demás los veo en la cena, debo hacer un recorrido por los terrenos de un nuevo proyecto y estaré ocupado.

-Cuídate padre -Lo besaba la princesa.

-Par de inútiles -exclamó Vegeta cuando el Rey se había retirado -casi echan todo a perder.

-Ay hermano -se quejaba Milk -quién demonios te manda a meterte y meternos en tus inventos.

-No me hables así mocosa -la amenazaba el príncipe mayor.

-Basta -los interrumpió Bulma -no podemos dar marcha atrás -decía resignada.

-Bulma ¿podrías acompañarme al jardín? tengo algo que mostrarte -le sostenía la mano Kyabe tratando de cortar la discusión.

-Tranquila pequeño, me vas a arrancar un brazo -reía Bulma al sentir como la jalaba del brazo.

-Los acompañamos verdad hermanito -pronunciaba Milk arrastrando a Vegeta del brazo –¿No querrás abandonar a tu novia?

-No digas idioteces -se incomodaba Vegeta.

Al seguir el paso de Kyabe y Bulma escuchaba las risas alegres de ambos. Jamás vio a su hermanito tan feliz y animado. Sin querer prestó atención a la científica, el vestido azul que le prestó su hermana la hacía ver cómo toda una princesa, sin dudarlo la mujer de ojos azules era bonita pero arreglada así, le hizo sentir una punzada en el estómago.

-Sadala llamando a Vegeta -Lo llama Milk –hey, ¿hermanito?

-¿Eh? -respondió sin quitar la mirada de Bulma, permanecía en trance.

-No me estás poniendo atención -se quejaba la hermana.

-Si -respondía el príncipe.

-Oh por Dios -ahogaba un grito de emoción la hermana -¡Te gusta!

-¿De qué hablas? -preguntaba sonrojado.

-Ya veo -sonreía Milk -ahora entiendo porqué te inventaste eso de que es tu novia, ¿No habría sido más sencillo pedirle una cita?, ganas de complicarte la existencia.

-Estás loca mocosa -objetaba -No digas disparates.

-Ay mi hermanito está enamorado -la princesa le hacía un puchero tierno.

-¡Cállate! -se cabreaba el hermano.

-Guardaré tu secreto -sonreía Milk dándole una última mirada de complicidad a su hermano y avanzando con rapidez para alcanzar a su Bulma y Kyabe.

El comentario de su hermana lo puso de mal humor, así que prefirió evitar a sus hermanos en todo el día y resolvió pasar el resto del día encerrado en la Biblioteca.

La princesa cepillaba con delicadeza las puntas del largo cabello de la científica para después comenzar a trenzar los mechones azules. Juntas se estaban preparando para la cena con el Rey. Su hermano no confirmó abiertamente que tenía interés en Bulma, pero lo conocía tan bien que por su personalidad seria y fría no se permitía demostrar afecto ni interés por alguien más. Tendría que darle una ayudita porque de lo contrario sería un solterón toda su vida.

-No es necesario tanto adorno –se apenaba Bulma.

-Claro que sí –respondió Milk acomodando unos adornos en el peinado –Es para que mi hermano quede encantado al verte.

-¿Tu hermano encantado de verme? –dudó la científica –si parece que le caigo como gancho al hígado.

-Vegeta nunca ha sido una persona cariñosa, sus demostraciones de afecto por lo regular son insultos –reía Milk perfumándola.

-¡Qué encantador! –Decía Bulma con sarcasmo.

-Pero siento que Broly sería mejor opción de novio –pensaba en voz alta la princesa –Es tan guapo como Vegeta pero es un chico amable y divertido.

-Con esa vaga descripción haces que piense en cortar mi ficticia relación con Vegeta para ir tras tu otro hermano –Reía la chica de cabellos azules.

-Vegeta tiene un carácter diferente al de toda la familia, si no fuese porque es la viva imagen de nuestro padre pensaríamos que es adoptado –se sinceraba Milk –No siempre fue así de amargado, no sé qué le pasó.

-¿Están listas? –preguntó Kyabe entrando en la habitación de su hermana.

-Sí, ¿qué tal estamos? –preguntó la princesa.

-Tú, fea como siempre –le mostró la lengua Kyabe –Pero Bulma se ve hermosa, cuando sea grande te pediré que sea mi esposa –decía el pequeño con ilusión.

-¡Qué bello! –lo abrazaba Bulma con fervor–eres todo un galán y si no fuera muchos años mayor que tú, te diría que Sí.

-Mira, pues si no funcionas las cosas con Vegeta o Broly, bien podrías quedarte con el pequeño Kyabe –Sonreía Milk.

Los tres se dirigieron al comedor entre carcajadas y charlas comenzaron a descender por las escaleras donde se encontraron a Tarble y en la parte inferior los esperaba Vegeta con su común semblante de pocos amigos, hasta que miró a la chica de cabello azul que portaba un vestido tipo mao turquesa.

-Cierra la boca hermanito –se burlaba la princesa hablándole al oído –¿quieres un pañuelo para limpiarte la baba?

-Cállate mocosa –la veía con ojos de asesino –No formules ideas en tu cabezota.

-Pido ir con Bulma del brazo –decía Kyabe –Es mi futura novia

-Será un placer –reía la científica con ternura sosteniendo la mano del niño.

-Mocoso estúpido, todavía usas pañal y ya estás hablando de novias –se molestó Vegeta ante el comentario de su hermanito.

-Ay hermano celoso –Se reía Milk –Pero Vegeta tiene razón, Bulma no es tu novia de mentiras, es del gruñón éste –Lo golpeaba en el hombro -así que tendrá que entrar de su brazo al comedor.

La palabra incomodidad se quedaba corta con el momento entre hermanos, Bulma siempre era una chica que hablaba mucho, pero con tal situación no se le ocurría qué decir, no quería perder su empleo. Le empezaba a gustar tener lujos, enseñar y hasta comenzó a sentir afecto por todos los hermanos.

El hermano mayor cruzó su brazo con el de Bulma, ella por su parte respiró hondo para contener los nervios que sintió con el agarre del príncipe. No era su tipo de hombre, pero cuando lo tocaba sentía un extraño cosquilleo por todo el cuerpo.

La famila animada comía y charlaba sobre diversos temas hasta que el Rey decidió poner a prueba nuevamente a los "novios".

-Bueno –decía el Rey después de poner a un lado sus cubiertos –No me han dicho cómo se conocieron –dirigía la mirada a Bulma y Vegeta que estaban sentados juntos.

-Nos conocimos en –comenzó a pronunciar el príncipe mayor.

-Su majestad –lo interrumpió la científica –ya no puedo seguir mintiendo –sintió que la mano de Vegeta se posaba en su mano por debajo de la mesa, parecía un gesto desesperado por lo que recapacitó –Soy la tutora de los chicos, así fue como nos conocimos.

-Interesante –meditó el Rey –Te agradezco por tu honestidad, la cual claramente no tiene mi hijo –lo miró –Estoy al tanto de tu función en ésta casa, yo te contraté y por eso te reconocí cuando Vegeta te presentó como su novia.

-¿Por qué no dijiste nada? –le preguntaba Vegeta entrecerrando los ojos con desconcierto.

-Mejor dime tú el motivo por el que mentiste sobre la chica –Le devolvía la pregunta el Rey.

-Por miedo –arrebató la palabra Bulma –Todo pasó muy rápido y yo soy una simple empleada, él es un príncipe.

-Pese a tu origen muchacha, sé perfectamente que eres una brillante científica podrías ser una pieza clave en el desarrollo de tecnología de nuestro planeta. No me importa tu raza, el príncipe heredero es lo suficiente mayor para tomar sus decisiones –Dijo el Rey.

-Sería un placer apoyar en el desarrollo de tecnología –decía entusiasmada –¡Es mi pasión!

-Bulma solicitó algunos materiales para trabajar con mis hermanos –dijo Vegeta intentando participar en la conversación –Espero los científicos del reino los surtan lo más pronto posible.

-Pienso que sería mejor montar un laboratorio aquí –sugirió el Rey -¿qué les parece la idea?

-Extraordinaria –se emocionaba Bulma –No se arrepentirá, puedo trabajar hasta en mejorar la velocidad de las naves, mejores rastreadores, drones de seguridad y muchas cosas más.

-Pues ya está, daré la orden de iniciar el montaje del laboratorio –afirmaba el Rey –Además quiero felicitarte, Tarble me sorprendió con todo lo que ha aprendido en tan poco tiempo sobre aparatos tecnológicos.

-Tarble es un chico sobresaliente, tiene talento para la ciencia –dijo Bulma –aunque sus otros hijos tienen lo suyo.

-Entonces tendremos que brindar por el futuro de la familia –se levantó el Rey con su copa, seguido de sus acompañantes –brindo por la mejora tecnológica y por la nueva pareja. Salud –levantó su copa.

-Salud –dijeron todos para luego beber de las copas.

-Padre –lo llamó la princesa con mirada traviesa –Recuerda la tradición un beso para cerrar el brindis de novios.

-Claro –Dijo el rey mirando a la pareja extendiendo la mano para invitarlos a que siguieran la tradición.

Vegeta se acercó a la mejilla de Bulma donde posó un beso suave.

-No seas tímido hijo –sonreía el Rey –Adelante, sin pena.

El corazón de Bulma latía, no iba a dejarse besar por el amargado del hermano mayor pero tampoco quería irse y más ahora que le habían ofrecido montar un laboratorio para que diera rienda suelta a sus invenciones. Respiró hondo y se lanzó a besar los labios del príncipe que parecía tener una lucha interna por acercarse o no.

El beso en un principio fue torpe pero ninguno se explicaba por qué motivo prolongaron el momento, ambos percibían sensaciones extraordinarias mientras permanecían con los ojos cerrados. El movimiento de labios al inicio era lento pero conforme pasó el tiempo aumentó en intensidad, hasta que el sentimiento de culpa golpeó la mente de la chica y se separó abruptamente. Vegeta quedó perplejo ante la separación, pero no podía quitarse la sensación de cosquilleo en los labios.

El resto de la familia tenía los ojos abiertos de par en par. Ninguno creía lo que estaba mirando, los hermanos quedaron sorprendidos ante el beso, para estar fingiendo la pareja fue muy convincente.

-Parece que hay mucha química entre ambos –Decía el Rey satisfecho.

-Creo que necesito descansar para comenzar a idear los proyectos tecnológicos–se disculpaba Bulma sonrojada.

-Señorita Briefs –le decía el Rey antes de que saliera de la sala –la acompañamos, creo que todos debemos descansar para entrenamiento de mañana.

-Esto te costará 1000 veces más tu rutina de entrenamiento hermanita –le decía discretamente Vegeta acercándose a su hermana.

-Sin problema –se reía Milk –ha valido la pena, deberías de agradecer.

-Pasen buena noche –Se despedía Bulma de los chicos rumbo a las habitaciones de empleados.

-Señorita Briefs, ¿a dónde va? –le preguntó el Rey –las habitaciones están para allá.

-Oh si, lo siento me desubiqué –mentía la científica.

-Espero que mi desconsiderado hijo le diera una buena habitación a su novia –decía el Rey.

-Sí, mi habitación está en la segunda planta –dijo Bulma nerviosa.

-No me digan que es la habitación de Vegeta –Sonreía el Rey con más satisfacción.

-Diablos –se dijo mentalmente la chica olvidando que el príncipe había tomado esa habitación.

-Somos adultos padre –interrumpió Vegeta.

-Eso me queda muy claro, pueden divertirse todo lo que quieran pero no quiero nietos fuera del matrimonio –advertía el Rey.

-¿Cómo que divertirse? –preguntaba Kyabe –¿Van a jugar?

-Cosas de adultos Kyabe –reía Tarble –cuando seas grande lo vas a entender.

-El experto ha hablado –se burló Milk

-Todos a descansar, nos vemos mañana en el entrenamiento –se despidió el Rey mientras todos subían a sus habitaciones con una sonrisa por los comentarios de Kyabe.

Su brillante comentario la llevó a tener que entrar a la habitación del príncipe, no podía verlo a la cara después del acalorado beso que se dieron frente a la familia real.

-No se preocupe –decía Bulma nerviosa cuando ingresaban en la habitación –Una vez que todos estén dormidos me iré a mi espacio personal.

-Sí –respondió el príncipe secamente mientras se dirigía al baño.

La curiosidad de Bulma la llevó a sentarse en la cama, tan solo con verla se percibía que era maravillosamente suave y necesitaba confirmarlo, así que mientras no estaba el príncipe decidió tirarse de espaldas en la lecho.

Vegeta salió del baño con un pantalón de dormir y el torso descubierto. Se dirigió a la cama para encontrar una Bulma cómodamente recostada en la cama.

-Me permites –le ordenó Vegeta –Quiero descansar.

-Póngase algo, le va a dar un aire –exclamó la científica apenada cuando abrió los ojos y contempló los músculos del saiyajin.

-¿Nunca has visto a un hombre sin camisa? –preguntaba Vegeta sorprendido.

-Si –afirmó cuando se detuvo a contemplar el cuerpo del hombre –pero jamás uno tan trabajado –el comentario sonrojó las mejillas de ambos.

Vegeta para no dejar que la chica lo viera sonrojado decidió tirarse en el asiento de su habitación. Boca arriba posó su brazo derecho tras su cabeza y el otro lo acomodó en su bien formado abdomen.

-Sus hermanos son muy agradables –dijo Bulma intentando romper el silencio y sentándose al borde de la cama.

-Convive con ellos un par de años más y verás –le respondió el príncipe.

-Me han puesto al tanto de sus travesuras –reía la científica –son bastante interesantes.

-Esos mocosos son un caos –decía el hermano mayor.

-Los más traviesos son Kyabe y Tarble, la princesa Milk es más tranquila –comentaba mirando en dirección de Vegeta.

-No te confíes, la mocosa es la peor –le advertía él –Me consta que ha sido el autor intelectual de varias travesuras.

-Pienso que hablamos de una chica diferente –dijo Bulma dudosa -¿Qué travesuras ha hecho?

-Muchas, pero debo confesarte que la más épica de todas fue cuando se presentó ante la corte real saiyajin –Narraba el príncipe –La mocosa tenía 13 años, mi padre ordenó que se vistiera conforme al evento y le compraron un elegante vestido, sus doncellas la peinaron y vistieron como toda una señorita, pero ella había crecido conviviendo con tantos varones que no quería usar esos atuendos. Para llevar la contraria al momento de entrar a la sala real cambió su ropa por una armadura y la condenada así tuvo que presentarse ante sociedad.

-Toda una rebelde –se carcajeaba Bulma.

-Por ese motivo la tía Oniona decidió llevársela para educarla como una señorita bien portada –continuaba la narración el saiyajin.

-Fue cuando le llenaron la cama de gusanos –inquirió la científica.

-Veo que te contaron esa –sonreía Vegeta –Debo confesar que en esa travesura los ayudé un poco haciéndome de la vista gorda cuando me enteré de sus planes. No quería que se llevara a mi hermana lejos.

-Señor, tiene una linda sonrisa –dijo Bulma sin pensarlo al ver su gesto –Debería usarla más.

-Supongo que ya todos están dormidos –Cortó el momento el príncipe porque se sintió incómodo –Ya puedes retirarte.

-Claro, lo siento –se disculpó Bulma apurando el paso hacia la puerta pero regresó a la habitación cuando se encontró al Rey cerca del pasillo.

-¿Por qué entras sin tocar? –decía Vegeta que nos se había movido del asiento–Ya te ibas

-Su padre está rondando en los pasillos –le explicaba nerviosa –tendré que esperar más tiempo.

-Como quieras –dijo incómodo el príncipe.

-¿Tendrá algo para leer? –preguntó Bulma escaneando la habitación –Digo, para matar el tiempo. Yo tuve que dejar todos mis libros cuando vine aquí –decía con nostalgia.

-Guarda silencio, quiero descansar – la reprendía por su escándalo –Eres demasiado escandalosa.

-¡Qué grosero! –le ofendía Bulma -Pero ya guardaré silencio –se resignó acomodándose en la suave cama.

-¿Dónde estoy? –se preguntó la despertar sobresaltada. Entonces todos los recuerdos vinieron a su mente, se había quedado completamente dormida en la cama del príncipe, la sintió tan cómoda que no fue capaz de luchar contra los brazos de Morfeo.

Por la luz del sol sabía que se le hacía tarde para cambiarse y para estar puntual en el desayuno. Justo cuando se incorporó en la cama sintió dos bultos a un costado, los miró con detenimiento para ver que eran dos libros. A simple hojeada miró que contenían relatos con leyendas saiyajin, tal vez serían el equivalente a los cuentos de hadas de la Tierra.

Un rayo de iluminación le atravesó de golpe el pensamiento. El príncipe se los dejó allí, le había puesto atención a su comentario. Ahogó un grito de emoción y se mordió el labio inferior mirando con ternura los libros, no podía creer que el amargado de Vegeta tuviera ese detalle. Con esa acción y el beso del día anterior el saiyajin se le empezó a meter en la cabeza.

-Bulma contrólate, prometiste no volver a amar –susurraba abrazando los libros.

-¡Buenos días! –Bulma saludó con una enorme sonrisa a todos en el comedor

-Llegando tarde –Dijo serio Vegeta.

-Lo siento, me quedé dormida –se apenaba la científica.

-Siéntate junto a mí –le decía Kyabe.

-No –se negó el hermano mayor –llega tarde y no es necesario que se siente a la mesa, mi padre no está. Su lugar es con los empleados en la cocina.

-¿Qué te pasa Vegeta? –Le preguntaba Milk molesta.

-Disculpe señor –expresó conteniendo el llanto sin encontrar la explicación a la actitud del príncipe. Primero la hacía soñar con algo más y luego la soltaba en caída libre en un profundo barranco –Me retiro, los veo para su clase chicos –habló con voz entre cortada.

-Eres un completo imbécil –le reclamaba la princesa -¿por qué la trataste así?

-Mi padre no está, entonces no es necesaria su presencia en ésta mesa –explicaba Vegeta con tono molesto.

-Me voy, de pronto se me quitó el hambre –Dijo la princesa tirando la servilleta en la mesa.

-Yo también –la secundó Tarble soltando los cubiertos –Buen ejemplo nos estás dando.

-También yo –Se levantó Kyabe empujando su silla.

-Nadie va a ningún lado –Gritó fúrico Vegeta –Terminen su comida o se las verán conmigo.

Los príncipes a regañadientes volvieron a sus sitios sin hablar y masticando con pesadez por el mal rato que les hizo pasar el hermano mayor.

Sentada en las escaleras de la puerta principal de la casa de campo lloraba con resignación, las lágrimas saladas le resbalaban con lentitud por las mejillas. Cómo se le ocurría pensar que un príncipe heredero de un planeta se iba a fijar en una empleada, lo que más le dolía es que había pensado en superar con el príncipe ese temar a volver a amar después de la muerte de Yamcha.

Mientras sollozaba y limpiaba su nariz con las naguas del vestido que llevaba puesto, un chico bien parecido se le acercó.

-¿Todo bien? –le preguntaba al ver a la chica llorando –Te ofrecería algo para limpiar tus lágrimas pero solamente traigo en esta maleta calzoncillos sucios ¿te sirven?

El comentario del chico la hizo reír por lo que sintió la necesidad de mirar quién era el hombre amable. Lo miró era un joven fornido de cabello largo, su vestimenta no era como la tradicional Saiyajin y llevaba al hombro una valija.

-Gracias –Sonrió Bulma –tu broma me alegró el día.

-¿Se puede saber qué hace llorar a esos hermosos ojos azules? –le dijo sentándose en los escalones junto a la chica.

-Tonterías de chicas –negaba Bulma volviendo a limpiar los restos de las últimas lágrimas.

-¿Tiene un nombre el héroe que ofrece sus calzoncillos sucios como pañuelo? –decía Bulma más calmada.

-Sí, mi nombre es Broly –le extendía la mano -¿tienes algún nombre la chica que llora por tonterías?

-Bulma Briefs –apretaba la mano del otro príncipe sonriéndole –soy la tutora de tus hermanos.

-Me sorprende que aún conserves tu cabello –Sonrió Broly tocando las puntas del peinado azul -¿Sabes quién soy?

-Sus hermanos me han hablado de ti –le comentó acomodando su falta – y espero seguir conservando mi cabellera – decía animada incorporándose –Debo prepararme para trabajar con ellos.

-Un placer conocerte señorita tonterías –le decía divertido.

-Igualmente señor calzoncillos sucios –Se despedía la chica con una sonrisa. Milk tenía razón, se decía, el segundo hermano era igual tan o más guapo que Vegeta pero su sonrisa y su espíritu eran tan distintos al príncipe amargado.

Continuará…

Próximo capítulo: 4. Batallando con los hermanos

¡Se está armando el triángulo amoroso!