5. Batallando con el orgullo
El orgullo se hizo presente en ella. Contemplaba extasiada las paredes de la habitación de Tarble, quien le pidió que después de la cena lo buscara en su habitación para mostrarle todas las ecuaciones y códigos que plasmó en los muros. Bastó darle pequeñas ideas para que el cuarto hermano de la familia desarrollara su extraordinaria capacidad de programación. El chico tenía talento, se identificaba con él.
-Extraordinario –sonreía Bulma analizando las paredes –Eres un chico brillante.
-No sé cómo lo hice, solamente comencé a ver números en mi cabeza –se maravillaba Tarble con su creación.
-Tarble –se mordió el labio Bulma con preocupación –Debemos tomar fotografías y pintar las paredes antes de que Vegeta las vea.
-Tienes razón –Se preocupó el pequeño –Me va a colgar.
-Tranquilo –lo calmaba la científica palmeando su hombro –También me pasó, todos pensaban que era una rebelde que le gustaba rayar paredes con garabatos sin sentido. Es parte de ser un genio incomprendido –suspiraba.
-¿Genio? –dudaba Tarble.
-Sí Tarble, eres todo un genio, tal vez tu entorno no fue el adecuado para comenzar a desarrollar tu potencial, por eso me trajeron aquí –le sonreía Bulma-y vamos a aprovecharlo.
Después de tomar las notas respectivas salió con sigilo de la habitación de Tarble. Traía una sonrisa de oreja a oreja por ver los avances de su joven aprendiz. Todo iba bien hasta que una voz seria interrumpió sus pensamientos, apretó con fuerza los ojos y los puños al identificar de quién provenía.
-¿Qué haces saliendo de la habitación de mi hermano? –le preguntó Vegeta.
-Nada –respondió de espaldas a él y nerviosa ideando una mentira para evitar que descubriera la nueva decoración en los muros del hermano.
-No es correcto entrar a la habitación de un príncipe –le dijo molesto acercándose a ella
-Disculpe, no lo volverá a suceder –respondió Bulma preocupada.
-¿Qué te propones?, ¿a qué estás jugando? –le preguntaba molesto –Es un pre adolescente, ¿quieres aprovecharte de él?
-¡Por Dios! –exclamó la científica manoteando ofendida -¡Qué mente tan retorcida!, ¿cómo se le ocurre?
-No, ¿qué te sucede a ti? –se acercó más con tono furioso –Sales con Kakaroto, luego coqueteas con mi hermano Broly y ahora te metes en la habitación de Tarble, ¿a qué juegas?
-Yo no juego a nada –respondió ahora molesta –No imagine cosas, solamente soy una chica sociable.
-En este planeta tenemos un nombre para esas mujeres sociables –Vegeta le apuntaba el dedo índice a Bulma –Les decimos pu…
Antes de que pudiera terminar la palabra la científica le plató una bofetada al príncipe. El sonido del golpe se escuchó intenso y dejó una marca en la mejilla de Vegeta. El ardor que sintió lo hizo maximizar su enojo, cómo era posible que lo besara frente a la familia y luego estuviera coqueteando con su mejor amigo y sus hermanos.
-No me insulte –los ojos de Bulma se humedecieron por la frustración - Discúlpese.
-Yo no me disculpo –dijo Vegeta tocándose la mejilla que le ardía.
-Si no me pide disculpas renuncio –le advirtió la científica apuntando con su dedo índice.
-Haz lo que quieras, pero yo no daré una disculpa a quien no lo merece –Respondió cruzándose de brazos en pose orgullosa.
-Entonces mañana a primera hora presento mi renuncia –Le dijo Bulma con tono desafiante para luego dar la vuelta y retirarse.
-¡No! –Gritó Tarble que se acercó al escuchar la discusión -¿Qué le hiciste imbécil?
-No me insultes mocoso que no somos iguales –lo empujó Vegeta retirándose a su habitación a paso firme.
Tarble preocupado corrió tras su tutora, debía impedir a toda costa que renunciara la mujer que le estaba mostrando que tenía un talento más allá de la batalla.
-¡Bulma! –la llamó Tarble con desesperación –¡No te vayas, no renuncies!
-Tarble –respondió con voz cortada deteniendo su paso.
-No me dejes, me has dado un propósito de vida y si te vas no podré continuar –lloraba el príncipe con desesperación –Me haces sentir importante, lo que mi familia nunca ha hecho.
Las palabras del niño retumbaron en su corazón, su orgullo e integridad pesaban más, no podía continuar siendo tratada así por Vegeta aunque que disfrutara estar con los hermanos, los lujos y tener un laboratorio propio.
-No puedo Tarble –le dijo al tiempo que lo abrazaba con fuerza.
-No te vayas -le rogó el príncipe llorando y apretándose a ella.
-Empacaré mis cosas para irme al amanecer –le dijo la mujer intentándose separar –no hay vuelta atrás.
-Eres igual de egoísta que Vegeta y mi padre –le reprochó separándola y mirándola con decepción -se la viven pensando en ustedes, olvidan que otros estamos a su alrededor.
-No Tarble –Bulma quería explicar su situación –¡Compréndeme, no te vayas!
El estómago le gruñía, a pesar de la cena generosa aún le quedaba un espacio para un bocadillo antes de hacer su guardia nocturna. Unos sollozos interrumpieron su misión, la voz en llanto le parecía conocida.
-Bulma –se alarmó Gokú cuando la vio en el pasillo -¿qué te sucede?
-Debo renunciar –le dijo entre los sollozos –Vegeta me ha insultado como no tienes idea.
-¿Otra vez? –preguntó extrañado.
-Me encontró saliendo de la habitación de Tarble e imaginó cosas –explicó mientras se limpiaba la nariz –Piensa que salgo contigo y a la vez le coqueteo a Broly.
-Ya veo, se confundió por las flores que le regalé a Milk –dijo Gokú mientras Bulma asentía.
-Tarble es un niño ¿cómo se le ocurre pensar cosas? –la científica movía la cabeza incrédula.
-Lo desconozco, no es normal su comportamiento –Se cuestionaba en voz alta Gokú.
–Para ser un futuro rey deja mucho que desear con el trato a sus empleados -suspiraba sin dejar de llorar - Me iré al amanecer.
-No te precipites –le sugería el chico de cabello alborotado frotando su espalda.
-No hay vuelta atrás –pronunció segura –prometo despedirme de ti –le dijo mientras se retiraba.
Deseaba romper todo lo que encontrara a su paso. Se cuestionaba sobre las intensiones de esa mujer, pareciese que su objetivo era ser la esposa de algunos de los príncipes, no importaba cuál.
-¡Vegeta! –le gritaba Kakaroto tocando la puerta –necesito hablar seriamente contigo sobre Bulma.
-No estoy para nadie y menos para defensores de la mujer esa –le respondía apretando la boca.
-Éstas muy grande para encerrarte en tu habitación como niño caprichoso –le respondió su mejor amigo.
-¿De qué quieres hablar? –respondió Vegeta abriendo la puerta.
-Sabes perfectamente de qué quiero hablar, pero no aquí. Vamos a tomar algo para que estés más calmado –le sugería –Te espero abajo.
Kakaroto conocía a la perfección a Vegeta, el primer paso era hacer que se tranquilizara porque al estar invadido por el enojo su mente no procesaba de manera correcta y se dejaba llevar por sus impulsos.
-Imagino que no me trajiste aquí para hablar de técnicas de batallas –dijo Vegeta después de un par de tragos y mirando su cerveza que estaba en la barra de la taberna.
-Imaginas bien –lo miró Kakaroto –Me gustaría saber por qué tratas así a Bulma.
-No lo sé –Vegeta confesó respirando profundo –algo de ella me altera.
-Te pone mal –reía su amigo –te trae de un ala.
-No –respondió hoscamente Vegeta empinando toda la cerveza que restaba.
-Por favor, te conozco lo suficiente –le insistía Kakaroto.
Vegeta solamente alcanzó a gruñir con molestia. Por qué todo el mundo insistía con la chica, las relaciones de pareja no eran su prioridad, se centraba en sus hermanos, entrenar, las misiones y en aprender lo necesario para convertirse rey algún día.
-Espero que tus actitudes no sean con el pretexto de colocar una barrera para que no sientas atracción por Bulma –Analizó Kakaroto -¿o me equivoco?
En su mente maldijo la perspicacia de Kakakroto, nunca fue el hombre más listo del mundo pero le hacía ver que sonaba lógico su análisis.
-¿No me digas que todavía no superas a Kale? –entrecerró los ojos Kakaroto –Por favor, acéptalo ella se fue, tomó la decisión de irse. No va a volver y no puedes negarte a que te guste otra chica –le dijo su amigo irritado.
-Lo mismo me dijo Broly –Vegeta aclaró su garganta con incomodidad –pero no es por ella, es porque algunos no podemos darnos el lujo de invertir tiempo cortejando a una mujer.
-Eso quiere decir que sí te gusta –Sonrió traviesamente Kakaroto.
-No es fea –respondió el príncipe sin dar mayor importancia –Además tiene algo contigo.
-Para nada –rió Kakaroto –Desde un inicio te dije que solamente somos buenos amigos, las flores se las obsequié como una ofrenda de amistad es una costumbre terrícola –mintió para que no supera que la verdadera dueña era la princesa.
-A Broly le gusta –siguió justificándose el primogénito.
-No lo tomes a mal, pero a tu hermano le gustan todas las mujeres que se cruzan a su paso –Sonrió Kakaroto -deberías darte una oportunidad, no pierdes nada. Pero antes debes ofrecer disculpas, por insultarla, créeme que estaba en la habitación de Tarble por una razón inocente.
-Eso quiero pensar –dijo Vegeta golpeando la barra con las yemas de los dedos.
-Piénsalo –le sugirió Kakaroto –Debo irme, me toca la segunda guardia de la madrugada –luego te veo.
La noche era corta y la taberna tenía muchos barriles de cerveza. El líquido lo ponía en estado de relajación, no quería pensar en sus preocupaciones de la vida. Quería estar tranquilo por una vez en su vida y esperaba que la bebida ayudara con esa tarea.
Se revoloteaba en la reducida cama, no podía pegar el ojo y era imprescindible descansar antes de emprender su largo viaje. Tenía los ojos hinchados de tanto llorar, hizo respiraciones frecuentes para calmarse e intentar superar la frustración. En su cabeza sonaban las palabras de Tarble rogando que se quedara, deseaba mantener su empleo pero no estaba de acuerdo en recibir insultos del hermano mayor. Ese príncipe que le ponía los cabellos de punta y le revolvía el estómago con solo verlo y tocarlo. La revolución que sentía en todo el cuerpo no era en absoluto repulsión, le atraía el hombre pero ahora se enfocaba en guardarle rencor por insultarla.
Le pidió a todos los kamisamas del universo una señal para quedarse, su mente se debatía en dejar de lado el orgullo para continuar enseñando a los príncipes o renunciar para esperar que un día la Patrulla Galáctica le devolviera el empleo. Desde niña tuvo que tragarse las humillaciones que sufría en algunos hogares adoptivos con tal de no dormir en la calle, ahora siendo toda una mujer independiente no se sometería a ningún maltrato.
El ruido de la puerta abriéndose de golpe la sacó de sus pensamientos. Pegó un brinco del susto pues el sonido la tomó desprevenida.
-No te vayas –dijo una voz varonil entre las sombras, era complicado saber de quién era.
Asustada encendió una lámpara del mueble junto a su cama. No lo podía creer, de todas las señales del universo era la peor de todas.
-¿Qué hace aquí? –preguntó molesta cubriéndose con las sábanas –No le bastó con insultarme o ¿viene a disculparse?
-Mis hermanos te van a extrañar –le dijo el príncipe Vegeta con un tono de voz relajado.
-¡Váyase o grito! –le advertía Bulma indicando la puerta –Pero ¿qué es ese olor? Está ebrio –se apretó las fosas nasales con la mano.
-No me voy –se negaba el príncipe acercándose más a la cama –No hasta que me digas que no vas a renunciar.
-No es correcto que un hombre entre a la habitación de una señorita –la científica pegó su espalda a la cabecera de la cama para marcar distancia y aferrándose a las sábanas –Además está fuera de sus sentidos.
-¿Me darías otro beso? –le dijo mirándola fijamente y avanzando más para acorralarla.
Ella alcanzó a morderse el labio inferior para contenerse y no darle mil besos. Pero su orgullo la detenía y que el príncipe no sabía lo qué hacía por el estado de ebriedad en que se encontraba. Por el aroma intuía que bebió más de lo que cualquier persona podría soportar.
-Muévase –lo empujó la científica, sin embargo el peso del príncipe era mayor.
-No me muevo hasta que no repitamos el beso del otro día –le rogó tomándola desprevenida para acercarse a su boca.
-¿Qué le pasa? Primero me insulta y luego quiere que le plante un beso –ella suspiraba mordiendo su labio inferior –un momento me habla de usted y al siguiente me tutea ¿Quién lo entiende?, me regala libros y al otro día me manda por un tubo…¡No lo entiendo! –le confesaba con duda.
-¡Mejor cállate y bésame! –le ordenó el principe acortando aún más la distancia.
Él estaba allí, con sus sensuales labios y esos ojos negros penetrantres que le generaban electricidad por todo el cuerpo. Justo cuando Bulma estaba considerando regresarle el beso el príncipe se desplomó inconsciente.
-¡Qué oportuno! –exclamó ella, sin definir por qué se sentía molesta. No sabía si por el atrevimiento del príncipe o porque perdió la oportunidad de volver a sentir esos labios sensuales.
Se frotó la cabeza con cambas manos en señal de frustración, se debatía entre ayudarlo o pedir apoyo para llevárselo. Hasta que el príncipe comenzó a emitir ruidos extraños en señal de querer vomitar. Tuvo que empujarle el cuerpo para que los fluidos no lo ahogaran. Le manchó la pijama y por su puesto él manchó su ropa.
-¡Ahh! –ahogó un grito de infortunio –Debo limpiar y procurar que no se ahogue. ¡Odio ser buena persona! –se maldijo.
Después de respirar profundo al menos unas cien veces, se detuvo a mirar al príncipe. Se veía tan relajado mientras dormía, no era su mejor momento pero en definitiva tuvo el tiempo necesario para contemplar lo apuesto que era. Hasta que un enérgico ronquido le rompió el encanto.
Ni en la peor batalla llegó a sentirse así. Su adolorida cabeza le daba vueltas, el estómago lo tenía revuelto y sentía la boca seca, su grado de deshidratación era alarmante. Abrió los ojos con pesadez, no recordaba nada de la noche anterior y no sabía por qué razón estaba en ropa interior.
Se alarmó al ver la luz del día en todo su esplendor, jamás faltó a ningún entrenamiento con sus hermanos y a juzgar por la posición del sol pasaba de medio día. El mal humor se apoderó de él cuando vagamente recordó que bebió demasiada cerveza, se abofeteó mentalmente por no medir las consecuencias del alcohol.
El olor que percibió en la habitación le era familiar, ese olor dulce y sensual que le gustaba respirar. No lo podría creer, se preguntó qué hacía en ropa interior en la cama de la señorita Bulma Briefs. Se incorporó de golpe pero sintió un fuerte mareo, el cual ignoró para subir a darse un baño y descubrir qué sucedió.
Al final decidió quedarse, no por insistencia alcohólica del hermano, resolvió permanecer en su nuevo trabajo por Tarble. El resto de los hermanos era agradable pero el pequeño genio le robó el corazón y quería seguir desarrollándole sus habilidades mientras recupera su antiguo empleo en la Patrulla Galáctica.
Los hermanos invirtieron buena parte de la clase en cuchichear sobre la ausencia del primogénito en el entrenamiento. Ella sabía a la perfección la razón pero no iba a divulgar el estado etílico del intachable hermano. Seguía pronunciando en su mente maldiciones por ser tan blanda y no guardar rencor.
-¡Mocosa! –llamó Vegeta desde la puerta con su tradicional pose de enfado –¡Necesito hablar contigo!
-Estoy ocupada –le respondió la princesa molesta porque Tarble le comentó sobre el incidente con Bulma.
-Ven ahora aquí o voy por ti arrastrando –la amenazó Vegeta.
Bulma se limitó a torcer los ojos, continuó manejando unas piezas fingiendo que no había nadie en la puerta del improvisado laboratorio.
-Ya regreso –se disculpó Milk yendo al encuentro de su hermano.
Alejados de los demás, Vegeta dudaba en cómo pedir ayuda de su hermana. Broly no era una opción confiable, Kakato le partiría la cara por quedarse en la habitación de su amiga. Obvio Tarble y Kyabe eran demasiado pequeños.
-¿Qué demonios quieres? –le preguntó Milk.
-Necesito tu ayuda mocosa –le dijo Vegeta mirándola con seriedad.
-¡Qué asco! –se quejó la princesa cubriendo su nariz con la palma de su mano –tienes un aliento horrible.
-No vengo a chalar sobre mi aliento –se molestó su hermano –Necesito que hables con la señorita Briefs.
-A mi no me mires –torció los ojos Milk –si quieres que le pida disculpas a tu nombre no lo haré y tampoco te ayudaré a que la conquistes.
-Ninguna de las anteriores –respondió con mayor enfado, se sentía mal moral y físicamente –Quiero que investigues ¿qué pasó anoche? y ¿por qué demonios amanecí su cama? –No pensaba en confesarle que estaba en ropa interior, era demasiada información.
-¿Eh?- fue lo único que alcanzó a pronunciar la princesa antes de que su mandíbula cayera al suelo.
-Sé discreta –le advirtió apuntándole –Nadie, absolutamente nadie puede saberlo.
-¿Qué carajos hiciste Vegeta? –le preguntó ella
-Es lo que quiero saber –el príncipe apretó los puños con frustración.
-Ve y pregúntale tú –dijo la princesa dando la vuelta.
-No puedo –le dijo desesperado –No tengo ni una maldita idea de cómo preguntarlo. Ustedes las mujeres tienen ese don de contarse cosas y sacar información.
-Eso fue una expresión machista –se quejó la princesa.
-¿Dónde está el irresponsable que no llegó al entrenamiento? –le preguntó a lo lejos Broly –Pienso que tuviste miedo de que te dejara un ojo morado.
-Te ayudaré –dijo Milk pensándolo mejor –pero solo porque aprecio a Bulma –le susurró.
-¡Qué cara hermanito! –se burlaba el segundo hijo –Tienes una resaca del tamaño de cinco soles.
-¡Cállate! –se molestó Vegeta.
-Eres un envidioso –se quejó Broly palmeando el hombro del primogénito–No me invitaste a tu fiesta.
-¡Quiero estar solo! –exclamó mientras se dirigía a su habitación –No quiero que nadie me moleste en todo lo que resta del día.
En el camino se topó con la persona que menos deseaba. Se apretaba tan fuerte las sienes de la cabeza que no percibió a la mujer que distraída caminaba anotando una lista de actividades.
-¡Fíjese dónde camina! –le gritó Bulma molesta al chocar con el príncipe e intentando seguir de largo.
-No te fuiste –alcanzó a decir Vegeta aclarando su garganta. Pero la científica continuó su paso ignorando completamente sus palabras.
-Dejé en mi representación un holograma –dijo con sarcasmo Bulma siguiendo de largo.
-Mi padre vuelve mañana –dijo serio Vegeta.
-Gracias por el dato –respondió ella a la distancia.
-Recuerda que tenemos un trato –apuró el paso Vegeta para alcanzarla.
-Sobre eso –se volteó la científica con cara enfadada y gritando–Ya está grandecito para andarse inventando novias. Después de lo que pasó anoche no me seguiré prestando a su juego infantil.
Cuando salió el tema de la noche anterior pensó seriamente en preguntarle a la científica qué ocurrió, pero la incertidumbre no le permitió emitir la pregunta. Temía que el alcohol le hubiese soltado la lengua para confesar uno que otro deseo oculto con la mujer.
-¿Qué quieres a cambio de seguir con el engaño? –le preguntó Vegeta con voz hueca porque los gritos le retumbaban en cada espacio de su cabeza.
-Ni por todo el oro del universo podría continuar –le respondió con menosprecio decidida a reanudar su avance –Madure y consiga una novia de verdad.
-Podría ayudarte para que regreses a tu antiguo empleo –le propuso el príncipe –hasta conseguirte un ascenso.
Bulma se detuvo apretando con fuerza los ojos. Ésa era una oferta demasiado tentadora, una de sus metas de vida era convertirse en la jefa de desarrollo tecnológico de la Patrulla Galáctica. Sin duda el príncipe había encontrado su punto débil.
-Lo pensaré –Para contestarle se volteó mirándolo detenidamente.
-Los libros aún son tuyos, no tienes que devolverlos –le dijo Vegeta inseguro cuando recordó que la científica le devolvió los libros dejándolos en la habitación del príncipe.
Bulma no respondió, se limitó a caminar con rapidez sin mirar al príncipe que la observaba perderse entre los pasillos. Como príncipe jamás tenía que pedir disculpas, él era un fuerte guerrero, entrenado para librar cualquier batalla que se le presentara. Ahora estaba librando una batalla sumamente complicada, luchar contra las emociones y deseos que despertaba esa mujer terrícola.
-Bulma –la llamó Milk siguiéndola a su habitación –Necesito hablar contigo.
-¿Qué necesitas? –preguntó la científica abriendo la puerta de su habitación.
-Es sobre mi hermano –decía nerviosa la princesa –Vegeta.
-Si vienes en su representación a preguntar sobre lo que sucedió anoche, por favor dile que si es tan valiente como dicen todos en este planeta, pues entonces que venga él y me lo pregunte –se molestó Bulma.
-Lo siento, yo –ahogó sus palabras apenadas la chica del cabello negro.
-Discúlpame –le puso Bulma la mano en el hombro –tengo la cabeza revuelta. No quise hablarte en ese modo, es solo que tu hermano tiene una personalidad muy particular, que me pone… -hizo una pausa para definir lo qué le despertaba el príncipe -los nervios de punta.
-Parece recíproco –sonreía la princesa -¿No será que te gusta su personalidad? –le decía ella traviesamente.
-¡Qué va a ser! –se ofendió Bulma –tu hermano y yo somos como el agua y el aceite, ni de broma nos podríamos juntar.
-Pero si de ciencia hablamos, nos enseñaste que los opuestos se atraen –le insistía Milk.
-Ya deja de insistir –le respondió Bulma entre molesta e incrédula –el futuro rey jamás posaría sus ojos en una plebeya terrícola.
-Señoritas –las interrumpió Broly con voz galante –les traigo una buena noticia, el gruñón de Vegeta se encerró en su habitación y nos ha dejado la tarde libre, las esperamos en los jardines para divertirnos un rato, hasta Kakaroto está invitado.
-Perfecto –se emocionó Milk –Voy a ponerme algo más cómodo –salió corriendo.
-¿Qué dice usted señorita tonterías? –le preguntaba Broly interesado -¿Nos acompaña?
-Gracias por la invitación, pero no me siento de humor –se justificaba Bulma –Otro día será.
-De verdad, no dejaré que te juntes con Vegeta porque te está volviendo igual de aguafiestas –le decía el príncipe con un toque de lástima.
-No es por eso –sonreía la científica ante el comentario.
-Puedo hacer que cambies tu humor –Broly se le acercaba con mirada seductora –Ponme a prueba.
-Está bien –suspiró la chica de cabello azul –Me cambio y los alcanzo –entró con gran velocidad a su habitación, dejando al príncipe con los labios dispuestos a dar un beso.
La boca del príncipe besó la puerta de la habitación, sin duda la chica anticipó sus movimientos. Se prometió respetar a la mujer de su hermano, pero estaba considerando confesar a Vegeta que también estaba interesado en la chica.
El ambiente en la casa de la familia real saiyajin se percibía más relajado y animado. La visita del segundo hijo les trajo alegrías a los hermanos. Bulma estaba impresionada por las habilidades de Broly para hacerla reír, gracias a él nuevamente olvidó los malos ratos que le hizo pasar Vegeta.
-¿Por qué tu Broly no pasa más tiempo en casa?, ¿por qué va a otro planeta a entrenar? –preguntó curiosa Bulma a la princesa, mientras observaba cómo el príncipe jugueteaba con sus hermanos.
-Ese es un secreto familiar –suspiraba la princesa sentándose bajo un árbol.
-Entiendo –dijo Bulma apenada por meterse en algo que no era de su incumbencia y tomando lugar junto a ella.
-Broly tiene un problema con el manejo de su ira –confesaba Milk –cuando algo le detona esa emoción, no es capaz de controlarse y puede dañar a sus seres queridos. Solamente con meditación en el planeta Yardrat ha logrado controlar su problema.
-Parece tan tranquilo –decía la científica incrédula –me parece disparatada tu confesión.
-Lo sé, es una persona alegre y pacífica –la princesa levantaba los hombros en señal de no tener una respuesta.
-Tu hermano Vegeta me dijo que mañana llega tu padre –le cambiaba el tema Bulma –Me pidió que continuáramos con la mentira de nuestra relación ante tu padre.
-¿No quieres continuar? –le preguntaba la chica de cabello negro.
-No lo sé –Bulma pensativa recargó su barbilla en su mano derecha.
-Continúa –le respondió la princesa pensando que era la única forma que tenía su hermano para encontrar un pretexto para relacionarse con Bulma –No creo que dure mucho la mentira, siempre la verdad sale a la luz.
-Eso espero, me preocupa que una mentira lleva a otra, luego todo se convierte en una gran bola de nieve –la científica imitaba con sus manos el rodar de la bola –y un día cae sobre ti –Movió las manos simulando el aplaste de la nieve.
-No conozco la nieve pero entiendo el punto –Respondió Milk –aunque puede suceder que esas mentiras los lleven a un matrimonio y todos en esta casa seriamos muy felices cuando le quites lo amargado a mi hermano –terminó una risa burlona.
-¿Tu hermano casado con una plebeya terrícola? –Bulma le secundaba la risa –Eso jamás ocurrirá, primero caería nieve en Sadala que tu hermano se casara conmigo.
-Uno nunca sabe –le guiñaba el ojo la princesa.
Milk le daría una oportunidad al testarudo de Vegeta, pero le advertiría que tratara con respeto a la científica, de lo contrario tomaría partido en el bando de Broly para ganar el corazón de Bulma.
Continuará…
6. Batallando con la atracción
(Las cosas se pondrán interesantes)
