6. Batallando con la atracción

Las personas tienen distintas formas de olvidarse de sus problemas, ella por ejemplo invertía su tiempo en arreglar cosas, por ello cuando Raditz le pidió ayuda en la reparación de su nave no dudó ni un minuto en aceptar su petición. Era una compostura sencilla, sin embargo el usar un overol de mecánico en un planeta tan caluroso no fue buena idea. Aprovechó que no había nadie para bajar el cierre frontal y dejar que su cuerpo se ventilara, ello mientras escuchaba música mediante sus audífonos y tatareaba las melodías.

Cuando creaba, ensamblaba o daba mantenimiento a diversos aparatos se olvidaba de que existía el mundo, solamente eran ella y sus herramientas. Debía apurar sus trabajos para subir a darse un baño y estar lista para iniciar los trabajos con los príncipes.

-Aparte de hermosa, eres inteligente, cantas y sabes reparar naves –le dijo Broly colocándose muy cerca de ella –Eres toda una cajita de sorpresas ¿hay algo que no puedas hacer?

-Hola –saludó ella quitándose los audífonos –Gracias por los cumplidos, pero hay muchas cosas que no hago –sonrió secándose el sudor de la frente.

-¿Cómo qué? – le preguntó Broly recargándose en la nave.

-Por ejemplo cocinar, mantener orden en mi habitación y hacer actividad física –Le respondió Bulma apretando algunos tornillos y tuercas.

Cuando Bulma se inclinó para continuar sus trabajos de reparación, el segundo hijo pudo contemplar mejor la abertura del overol de trabajo. El sudor que escurría por su cuerpo y las manchas de grasa en su cara la hacían ver tan sensual. Lo anterior también no pasó desapercibido para el príncipe Vegeta que se acercó para observar la interacción de su hermano con la científica.

-Te puedo ayudar a desarrollar condición física –se ofreció Broly sonriendo traviesamente –Entrena conmigo.

-No gracias –se detuvo para negar con la cabeza –He visto como entrenan sus hermanos y no podría aguantar ni el calentamiento.

-No me refería a eso –estaba por acercarse Broly a ella cuando llegó una persona inoportuna.

-Broly –lo llamó Vegeta cuando observó la mirada lujuriosa en los ojos de su hermano –Date prisa, nuestro padre está por llegar para tomar el desayuno, además necesito conversar con la tutora de los mocosos.

-Es una pena –se lamentó Broly mirando a la mujer –ay hermanito, eres muy posesivo con tu novia de mentiras –se burlaba.

-Déjate de tonterías –se molestó Vegeta cruzando los brazos.

-Te veo más tarde señorita tonterías –se despidió Broly resignado.

-Nos vemos –Respondió Bulma sin pausar su trabajo.

Para su mala fortuna la llave con la que trabajaba se resbaló de su mano y se metió entre algunas partes del motor, por lo que inclinó su cuerpo para alcanzarla. Vegeta por su parte contemplaba la escena, al principio era divertido ver como la mujer batallaba por alcanzar la herramienta, pero de la nada ese sentir se transformó en deseo, quería pegar su cuerpo contra ella para sostenerla y sujetarla por la espalda.

-¿Qué necesita? –preguntó incómoda después de unos minutos de sentir la mirada del príncipe.

-Una respuesta –dijo Vegeta aclarando su garganta. La pregunta de Bulma lo sacó de sus fantasías. Se preguntaba si era porque había pasado algo de tiempo desde que estuvo con una mujer o porque la científica le despertaba sensaciones inexplicables.

-Creo que no tengo otra opción –dijo Bulma tratando de parecer indiferente y sin mirarlo –Pero debo exponerle mis términos y condiciones -giró la cabeza para verlo.

-Te escucho –le respondió Vegeta sin quitarle la mirada a su escote.

-En primer lugar, si vamos a seguir con esto quiero que cumpla lo que prometió –Le señaló con mirada retadora y apuntándole con la llave que tenía en la mano.

-Lo Saiyajines de la familia real cumplimos lo que prometemos –le dijo serio.

-En segundo lugar quiero que me trate con más respeto, no sé qué ideas pasan por su cabeza pero no puede ir por la vida insultando a todo el que se le cruce en su camino –Las palabras de Bulma fueron firmes y no bajó la mirada ante Vegeta.

-Puedo con eso –respondió el príncipe acercándose a ella. Le encantaba la forma retadora en cómo lo miraba, todo el mundo temblaba al verlo pero esa terrícola lo desafiaba sin importar las consecuencias.

-Tercero y último –pausó ella no muy segura de expresar su tercer condición –Necesito saber más sobre usted, qué tal si un día su padre me pregunta algo de sus gustos o metas de vida, no sabría qué responder.

-Mi padre jamás preguntaría eso –Dijo Vegeta sin entender la idea de la científica.

-O qué tal si es al revés y le pregunta sobre mis pasatiempos o mi vida ¿qué le iba a responder? –le objetó la mujer.

-No creo que suceda, pero acepto tu tercer condición –Vegeta cerró los ojos para reflexionar -¿Algún otra cosa más?

-Sí –afirmó Bulma –Invente algo para que no tenga que ir a la mesa con ustedes cuando esté su padre. Eso de usar los cubiertos y de los modales no se me da.

-Eso es imposible –se negaba el príncipe –Las parejas de los príncipes deben comer con la familia Real.

-Ni usted, ni yo –se le ocurrió a Bulma un trato –De las tres comidas del día solamente estaré en la cena ¿le parece?

-No –fue una negación de Vegeta contundente.

-No es negociable, tómelo o déjelo –le dijo con firmeza –Invente que en el día estoy muy ocupada para sentarme a comer y realmente lo estoy.

-Reparar naves no está dentro de tu contrato –mencionó Vegeta inspeccionando la nave.

-Lo sé, pero me gusta, me mantiene ocupada y me distrae de mis pensamientos –le respondió siguiendo con sus ojos los movimientos del príncipe.

-¿Qué tipo de pensamientos puede tener una mujer como tú? –le preguntó en una forma tan sensual que ni él mismo se explicaba la razón. No podía sacarse de la cabeza la idea de acorralarla contra el cofre de la nave y besarla con pasión.

-Señorita Bulma –interrumpió nervioso Raditz cuando notó la presencia de Vegeta -¿Tendrá lista mi nave? Necesito salir a surtir algunas cosas.

Vegeta quería partirle la cara a su empleado por interrumpir el momento, no estaba pasando nada extraordinario pero tener tan cerca a la científica le comenzaba a simpatizar.

-Toda tuya -sonrió Bulma satisfecha –Le hice unas mejoras en el proceso de aceleración, cuando la pruebes me das tu opinión.

-Nos vemos en la cena –se despidió Vegeta al ver que era imposible seguir charlando con Bulma.

-Hasta entonces –se despidió ella incrédula por el tono educado del príncipe.

-Con que la novia del príncipe –comentó Raditz intentando hacer plática cuando se alejó Vegeta.

-Algo así –suspiró Bulma ante el comentario.

-Medio planeta comenzaba a creer que tenía otras preferencias –el hombre de la melena larga y alborotada confesó en casi un susurro.

-¿Qué? –preguntó Bulma abriendo los ojos de par en par -¿No le gustan las chicas? –preguntó algo decepcionada.

-Por supuesto que le gustan, es solo que siempre mantiene sus relaciones en secreto. Todo lo contrario a su hermano Broly, quien ha tenido varias novias y conquistar chicas es un arte para él. –le explicaba Raditz inspeccionando su nave –Es extraño que Vegeta en esta ocasión le dijera a su padre que tiene una pareja.

-¿Solamente su padre lo sabe o todo el reino? –la pregunta asaltó la mente de la científica.

-Todo el reino –dijo él –Eres popular, todo el mundo habla de la científica terrícola que logró conquistar el corazón del orgulloso príncipe.

Bulma suspiró, ojalá fuera cierta la última parte del comentario de Raditz. Una remota parte de ella congeniaba con la idea de tener una verdadera relación con el príncipe, pero su mente se encargaba de abofetearla diciendo que no se hiciera más ilusiones. Tal vez por esa razón decidió seguir con el juego de "los novios".

-¡Cielos! –exclamó Bulma al ver la hora –Debo alistarme para las sesiones con los príncipes –se limpiaba las manos apurada –Ponla a prueba y me das tu opinión.

-¡Gracias! –le dijo Raditz cuando vio el avance de la científica -¿Cómo podré pagártelo?

-Cuando Vegeta vaya a misión ayúdame a que los chichos salgan de paseo al pueblo –Le decía Bulma a lo lejos.

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Agitada corría tomando rumbo al comedor, se retrasó para tomar la cena con la familia real. Imaginaba la cara de Vegeta con desaprobación por su tardanza, pero cuando se ponía a trabajar perdía la noción del tiempo. La noticia del excelente mantenimiento de la nave llegó a oídos de Nappa, quién también solicitó apoyo y debía mantenerlo contento para que les ayudara a que los príncipes salieran al pueblo.

-¡Lo siento!, ¡Lo siento!, ¡lo siento! –se disculpaba Bulma con desesperación –Cuando me pongo a trabajar pierdo la noción del tiempo.

-No se preocupe señorita –respondió el Rey Vegeta bajando su copa de vino –Pensé que había discutido con mi terco hijo y por eso no quiso acompañarnos.

-Para nada –dijo nerviosa pensando en que ellos siempre la pasaban discutiendo –Es que me puse a reparar una nave y me perdí en el tiempo.

Vegeta y los hermanos estaban comiendo el postre. El primogénito la miraban con ganas de estrangularla, si sus ojos fueran dos pistolas ya habrían atinado un par de balazos.

-Si no mal recuerdo esa era su función en la Patrulla Galáctica –Dijo el Rey interesado -¿Usted reparó la nave de Raditz?, esa nave que encontré en el camino y que me sorprendió su velocidad.

-Sí esa –sonrió Bulma con orgullo –Le hice un par de mejoras, en la Patrulla Galáctica no me permitían hacer mayores cambios en el ensamblaje de los equipos.

-Esa acción me hace replantearme seriamente si está trabajando en el lugar correcto –señaló su majestad para sorpresa de todos –Me refiero a que podría aportar más al reino en los laboratorios del palacio.

-¡No! –Gritó Tarble ante el comentario –Está mejor aquí, no te la lleves.

-Tranquilo hijo –le palmeó el hombro su padre –Tal vez podría hacer una que otra visita al palacio y tú podrías acompañarla.

-Es una gran idea –se emocionaba Tarble. Su padre les había surtido de aditamentos para trabajar en la casa de campo pero realizar prácticas en un genuino laboratorio lo emocionaba.

-Estaría encantada de conocer los laboratorios del palacio –Sonreía Bulma.

-Es tiempo de dar por terminada la cena –el rey acomodaba su pañuelo en la mesa y se levantaba de su silla –Tarble necesito hablar contigo en privado. El resto pase buenas noches.

Los hijos expresaron palabras de despedida y de buenos deseos para el Rey. Pero mientras se levantaban de la mesa el padre recordó un asunto que tenía planeado.

-Por cierto Vegeta, encargué que prepararan unos bocadillos y bebidas para ti y la señorita Briefs –Dijo el Rey –Espero que con ello puedan charlar e intentar reconciliarse.

-Pero estamos bien –objetó Bulma algo nerviosa –De verdad mi trabajo me hace perder la noción del tiempo.

-Aún así, el obsequio será para que pasen una noche agradable –Sonrió el Rey.

-Gracias padre –dijo Vegeta con tono serio.

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Allí se encontraban de nuevo, juntos en la habitación del príncipe con una bandeja llena de alimentos en su mayoría postres, se acompañaban de bebidas y algunas velas aromáticas para dar un mejor ambiente.

-¡Qué bella decoración! –exclamó Bulma mordiendo su labio inferior y poniéndose las manos en el pecho.

Vegeta alcanzó a gruñir incómodo por el ambiente que su padre mandó a crear en sus aposentos. Se dirigió al baño para cambiarse el traje que traía puesto

-¡Qué delicia! –susurró Bulma sentándose en una pequeña mesa al ras de piso colocada en el centro de la habitación, unos cojines suaves la rodeaban para que se acomodaran. Tomó algunos bocadillos y de inmediato los engulló. Mientras inspeccionaba todo lo que había en la mesa, le llamaron la atención unas pequeñas frutillas rojas, ya había probado varias frutas endémicas de Sádala pero esas aún no eran degustadas por su paladar.

Al probar la primera sintió un sabor agridulce, pero la sensación en su lengua le agradó. Escupió la pequeña semilla de la frutilla y como le gustó el sabor se comió todas las que vio en el plato.

-¿Podrías comer con mayor educación? –le dijo el príncipe cuando la observó con la boca inflada de tanta comida.

-Lo siento –se disculpó Bulma hablando con dificultad por las frutas en su boca.

-Mi padre pidió que me acompañaras la próxima semana al palacio para un evento en honor a Tarble –dijo Vegeta pareciendo indiferente.

-¿Es obligatorio que asista?, como lo habrá notado eso de los modales no es mi fuerte –Lo miró Bulma con ojos de preocupación.

-Sí –afirmó el príncipe.

-Siéntese un momento –le señaló Bulma con su mano para que tomara asiento –Me pone de nervios verlo parado –Más bien la ponía de nervios su torso desnudo.

A regaña dientes él se colocó junto a la chica no muy convencido por la cercanía.

-Pide a mi hermana que te ayude con los protocolos de conducta para estar con la realeza –dijo sirviéndose una copa de vino. Ya que estaba allí decidió aprovechar la bebida.

-Asistiré porque tengo curiosidad por conocer por dentro el palacio y un poco de sus costumbres –Confesó metiendo el dedo en el betún de un pastelillo.

-Hpm –alcanzó a gruñir el príncipe con aprobación.

-Y si en el palacio nos preguntan, ¿cuál será nuestra historia? –preguntó ella.

-Que caíste rendida a mis pies –contestó el príncipe sin mirarla.

-Claro le diré que me cautivó su buen carácter –Respondió ella con sarcasmo.

-Mejor que nos unió algo que tenemos en común –pensó él cruzando los brazos.

-Debemos conocer primero nuestros gustos y pasatiempos –Propuso Bulma saboreando su pastelillo.

-No hables con la boca llena –la reprendió el príncipe.

-Lo siento es que están deliciosos –se disculpó sin dejar de saborearlos –Bueno, entonces aparte de torturar a sus hermanos ¿qué le gusta hacer?

-Yo no torturo a mis hermanos, así crecemos los guerreros con disciplina –Objetó Vegeta.

-Como diga –Respondió lamiendo las yemas de sus dedos para quitar los restos del pastelillo –Pero no ha respondido mi pregunta –lo miró fijamente -¿Qué le gusta?

-Tú –respondió Vegeta contemplándola –tú Primero –Corrigió. Los ojos azules destellaban más que en otras ocasiones, la luz que irradiaban le paralizaba la respiración.

El estómago de Bulma se contrajo logrando que un escalofrío le recorriera cada fibra de su ser, pero cuando corrigió su comentario sintió caerle un balde de agua fría.

-Bueno –Insistió ella aclarando la garganta –No hay mucho que decir, me gusta crear y ensamblar cosas, disfruto de la música, odio las actividades físicas, adoro los postres, desde los 18 años trabajé en la Patrulla Galáctica, soy pésima para madrugar…

-Lo he notado –la interrumpió Vegeta sonriendo.

-La habilidades culinarias y yo estamos peleadas –prosiguió torciendo los ojos y sin atender al comentario –amo tirarme en el césped para mirar las estrellas, espero un día regresar a mi planeta para formar un imperio tecnológico…

Ella hablaba tan rápido que su voz era hechizante, no podía quitar la vista de sus labios que se movían con singular velocidad. Por dentro el príncipe se preguntaba si serían igual de hábiles en momentos de pasión.

-Cuando estoy sola me gusta hurgar mi nariz y sacarme los mocos ¿Me está prestando atención? –le preguntó cuando notó que su receptor no parpadeaba.

-¡Sí! –mintió Vegeta algo acalorado.

-Con usted no se puede –se quejó ella –¿qué fue lo último que le dije?

-No puedo recordar todo, hablas demasiado rápido –se molestó el príncipe cuando la mujer descubrió la verdad –¡Eres muy escandalosa!

-Y usted pese a ser un príncipe es sumamente mal educado, no sabe tratar a una dama. Parece que no le han enseñado modales –se acercó a él. Debido a estar sentada en la alfombra perdió el equilibro al encarar a Vegeta, lo que hizo caer peligrosamente cerca de la cara del príncipe.

Allí estaba otra vez, esa sensación de calor y deseo, sentir el pecho desnudo del hombre la estaba haciendo perder la cordura, y así fue, no se explicó la razón pero le surgió la necesidad de besarlo con pasión. Con sus manos sostuvo el rostro del príncipe para posale sus labios.

El beso fue bien recibido por él, al inicio comenzó lento pero conforme se saboreaban uno al otro la necesidad de probar más lo orilló a cortar más la proximidad. Ninguno quería pensar, se dejaban llevar por el momento.

Vegeta justo cuando sintió los labios de la mujer se desconcertó pero no podía desaprovechar la oportunidad de volver a probar los labios de Bulma. El sabor y olor de ella aún no se iba de su sistema.

Al calor del momento él la rodeó para deslizarle sus manos por la espalda. Mientras que ella acarició los músculos de sus hombros. Ella quería parar, su cabeza le decía que eso no estaba bien pero el cosquilleo en su vientre le rogaba continuar.

-¡Vegeta! –interrumpió Tarble en la habitación. Sonaba desesperado.

El príncipe y la científica se separaron abruptamente dejando ver las mejillas coloradas de ambos. Bulma alcanzó a colocarse ambas manos en la boca con señal de arrepentimiento y dando gracias a todos los dioses del universo por la interrupción de su pupilo.

Vegeta por su parte quería estrangular a su pequeño hermano. Llegó en el momento menos oportuno y sin duda lo haría pagar en las sesiones de entrenamiento.

-¿Interrumpo algo? –dijo Tarble dubitativo cuando miró a la pareja algo acalorada y con la respiración agitada.

-Para nada –alcanzó a decir Bulma separándose de Vegeta.

-¿Qué quieres mocoso? –preguntó Vegeta intentando esconder su ira.

-¿Sabías que debo acompañarlos a la próxima misión? –preguntó nervioso Tarble.

-Sí, ya es tiempo de que acudas a tu primera misión –le dijo el primogénito mientras se levantaba para charlar mejor con su hermano.

-No estoy listo –se quejó el pequeño –No tengo las habilidades.

-Tienes 12 años, a tu edad ya había tenido mis primeras misiones –Le explicó Vegeta cruzando los brazos.

-Sabes perfectamente que no duraría en batalla –hablaba con desesperación Tarble –Mis habilidades son otras, no puedo con los combates y mi nivel de pelea es bajo.

-No quiero que sigas chillando –lo reprendió su hermano –Debes madurar y comportarte con un hombre saiyajin.

-Tarble –interrumpió Bulma, quién había salido de su trance y aún respiraba con dificultad por lo acontecido con el príncipe –Te puedo ayudar para que mejores tu rendimiento –se ofreció.

-No diga tonterías Briefs –se molestó Vegeta. Quien canalizó su frustración por enojo –No sabe nada de peleas, misiones o batallas.

-Efectivamente –se incorporó Bulma –No tengo la menor idea de qué es ir a una misión, pero la tecnología siempre es un aliado en batalla.

-Los saiyajines no utilizamos armas, si a eso te refieres –dijo Vegeta.

-No, me refiero precisamente a armas –Ella se acercó a Tarble porque no tenía valor de mirar al príncipe mayor –Podemos desarrollar juntos medidas de protección en tu armadura y más adelante idear medios para potenciar tus reflejos.

-¿Es posible eso? –preguntaba Tarble con esperanza.

-Por supuesto –respondió su tutora -¿En cuántos días parte la misión?

-Cinco días –respondió Vegeta –Pero restemos el día que por tradición debe presentarse ante la corte Saiyajin. Es un banquete que se da en honor del príncipe –clarificó.

-Entonces tenemos cuatro días –Bulma cerró los ojos con frustración –debemos comenzar ahora mismo.

Tarble y Bulma salieron de la habitación. Ese era el pretexto que la científica necesitaba para salir corriendo de la habitación del príncipe. No encontraba lógica a la lujuria que sentía.

-Bulma –le habló Tarble algo nervioso -¿pasa algo entre tú y Vegeta?

-¿Eh? –se puso nerviosa ella ante la pregunta -¿Por qué lo piensas?

-Parecía que estaban en una situación comprometedora cuando ingresé a la habitación –dijo apenado.

-Para nada –exclamó ella –Como siempre estábamos en una acalorada discusión –"una acalorada discusión de lenguas y manos"-Pensó.

-Pienso que Broly sería mejor para ti –le dijo el chico –son tal para cual.

-Oh, gracias por tu consejo pero los príncipes saiyajines y las terrícolas no somos compatibles –señaló la científica.

-Eso no es cierto, Broly es un hombre fuerte, valiente y alegre –Insistía Tarble –Espero que pronto le concedas una cita.

-Ya veremos –sonrió Bulma ante la insistencia del pupilo -¿Podrías llevar tus armaduras al laboratorio?, allá te alcanzo, debo cambiarme antes de comenzar a trabajar.

Ella seguía confundida y acalorada, por lo que le pidió a su aprendiz que adelantara a su camino a los laboratorios mientras ella bajaba a tomar una ducha de agua helada para calmar sus ánimos.

-¡Perfecto! –habló con frustración Bulma cuando ingresó a su habitación –Ahora el príncipe realmente pensará que soy una chica fácil. ¡Pero el príncipe correspondió el beso! –mantenía sus reflexiones –pensé que no tenía oportunidad con él –se mordió el labio inferior–¿a quién engaño? –se lamentaba recargándose en el marco de la puerta del baño -es un hombre, solamente respondió a sus instintos.

Pese a la ducha de agua fría, su mente le seguía trayendo a la memoria las sensaciones del encuentro con el príncipe. Solamente conocía una forma viable de terminar con el calor que sentía en su entrepierna, así que literalmente puso sus manos a la obra mientras el agua recorría su cuerpo.

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Vegeta por su parte no controló su frustración cuando salieron de la habitación y se dirigió a tirar la charola de alimentos y bebidas. Antes de lanzar todo por los aires miró un par de semillas en un extremo de la mesa.

-¡No puede ser! –apretó los puños con mayor enojo –Por eso se comportó así –después de hablar en voz alta pulverizó la mesa de su habitación.

Cómo no advirtió que el comportamiento de Bulma no era en absoluto normal. Las frutillas rojas eran un insignificante afrodisiaco en la cultura saiyajin, pero seguramente a una débil terrícola le habría alterado en su totalidad el lívido. Ahora el sentimiento de culpa lo invadía, de no haber interrumpido Tarble posiblemente las cosas habrían pasado a un mayor nivel. Él sin querer hubiese aprovechado de la condición vulnerable de la científica.

Le urgía un naño con agua fría para apaciguar su enojo y controlar el calor que le dejó el sentir los labios y la piel de la científica. Sabía que el agua no bastaría para calmar su ansiedad, así que tendría que liberar su semilla recordando el formado cuerpo de la científica y sus embriagantes besos.

Cuándo alcanzó el orgasmo se aborrecía por la práctica de adolescente que llevó a cabo para calmar su deseo. Hacía años desde la última ocasión, siempre calmaba su deseo con alguna discreta voluntaria pero ahora solamente quería poseer a la chica de cabellos y ojos azules.

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Continuará…

Capitulo 7. Batallando con los celos

¡Gracias por sus reviews me despiertan la ideas para avanzar en la historia!