8. Batallando con las dudas

Dos horas después se relajó, al principio se sintió bastante intimidada por ver a tantos saiyajines. Estaba acostumbrada a pasear por el concurrido pueblo, pero allí no llamaba la atención, porque circulaban un sin número de extranjeros. En el palacio las cosas eran distintas, todos posaban su mirada en ella desde que ingresó al banquete, algunos sentían curiosidad por su exótico color de ojos y cabello, otros por ser la mujer que logró domar al orgulloso príncipe, unos cuantos se interesaron al descubrir que su inteligencia podría dotar de alta tecnología a los escuadrones de combate.

Recibió halagos por su belleza e inteligencia, sonreía pensando que tal vez así podría sentirse una estrella de cine en el planeta Tierra. Jamás fue una chica insegura, pero todo lo vivido la alentaba a tener mejor postura y mantener la sonrisa.

El gran salón estaba conformado por varias mesas largas, con sillas de respaldo alto y sin descansa brazos en los costados. Era como estar en una película de la edad media, entre príncipes, princesas, reyes y caballeros.

Respiró profundo mientras mojaba sus manos en el lavabo, estaba algo acalorada y decidió humedeser un poco la nuca y la frente para refrescarse, todo cuidando que su maquillaje no se arruinara.

-Tu calzado es muy elegante –Dijo la princesa Milk.

-Gracias, pero lo que tiene de elegante lo tiene de incómodo –sonrió Bulma –son instrumentos de tortura para resaltar la belleza femenina.

-Te ves hermosa –sonrió Milk secando sus manos –Dejaste a varios con la boca abierta, entre ellos mis dos hermanos mayores.

-Pensé que Vegeta pondría el grito en el cielo porque no me puse un vestido tradicional saiyajin –comentó la científica acomodando las ondas de su largo cabello.

-¿Cómo lograste esas ondas en tu cabello? –le preguntó la pelinegra mirando la caída del cabello azul.

-Con los materiales del laboratorio hice una tenaza para tornear mi cabello –Bulma soltó una risa nerviosa –tiene sus ventajas saber de tecnología.

-Tendrás que prestarme tu último invento –rió la princesa pero su risa fue apagada por la intromisión de una mujer –Te espero en el salón, no tardes –se adelantó.

Bulma distraídamente continuaba acomodando su cabello, mientras que Celery se recargaba en el marco de la puerta, la miraba con los ojos entrecerrados, murmurando algunos insultos.

-¿Ya terminaste o pasarás toda la noche presumiendo tu cabello? –soltó Celery fastidiada.

-Lo siento –se disculpó Bulma, pero cambió su semblante cuando miró a la chica saiyajin quien llevaba el cabello perfectamente recogido en una larga y planchada cola de caballo –Ya me iba.

-Eres el nuevo juguete de Vegeta –la mujer habló rodeando a Bulma –yo también solía serlo –presumió –Se cansa rápido de sus parejas.

-Como sea –la científica fingió desinterés –él decidirá.

-Eres un capricho, terrana, no aspires a convertirte en la reina de Sadala –le advirtió.

-¡Soy Terrícola! –corrigió torciendo los ojos, se notaba que la mujer no era inteligente.

-¡Cómo sea! –se molestó la mujer agitando su larga cabellera –No podrías darle al futuro rey un hijo híbrido, los grupos conservadores saiyajin jamás permitirían el ascenso al trono de un impuro.

-Ya dije que me da igual, el príncipe toma sus propias decisiones –le respondió Bulma con tono retador.

-Si una parte de tuya siente aprecio por Vegeta no lo dejarías ser el hazme reír de nuestro planeta, él debe estar con una saiyajin de sangre pura –le aconsejó mirándola a los ojos –no lo expongas a una revolución civil.

-Seguramente tú quieres ese puesto –Bulma no se dejó intimidar por la mujer –Por eso tratas de meterme ideas en la cabeza.

-Piensa lo que quieras. Pero Vegeta sabe que su obligación es continuar el linaje real, así que no te hagas muchas ilusiones –Sonrió la guerrera con aire triunfante.

-Eso lo decidirá él y su padre –finalizó la científica acelerando el paso para no continuar la plática.

Bulma quería partirle la cara a Celery, pero llevaba las de perder porque su oponente claramente parecía ser diestra en las artes del combate. Pese a ser buena en los duelos verbales los comentarios que pronunció la guerrera sonaban bastante acertados. Su príncipe jamás podría estar con alguien como ella, no porque valiera menos que otras chicas, más bien por su origen.

No estaba segura la razón, pero al ingresar de nuevo al gran salón su semblante cambió, podría aspirar a una relación efímera con Vegeta, pero el destino nunca les permitiría estar juntos. Suspiró profundamente decepcionada, no odiaba a Celery por su lengua viperina, ahora le daba las gracias por bajarla de su nube.

-¿Qué tienes Bulma? –le preguntó Kyabe cuando se sentó a su lado –Te veo como triste.

-Para nada –negó Bulma, ahora era tiempo de fingir –Me siento un poco cansada, las reuniones así me agotan con facilidad.

-A mi me aburren –cruzó los brazos el niño e hizo una mueca de desaprobación –además tengo algo de sueño –bostezó el pequeño.

-Ven –lo acercó a ella –Recárgate en mi hombro para que descanses, espero que pronto regresemos a casa –a gritos pedía volver, quería terminar con la idealista noche de cuento de hadas.

-Cuéntame algo para olvidar el aburrimiento –le pidió Kyabe.

-Te contaré una historia como las que contamos en mi planeta para que los niños se duerman –sonrió Bulma.

-¿Enserio eso hacen las mamás de tu planeta? –preguntó el niño –Yo nunca conocí a mi mamá –suspiró –pasé mis primeros tres años en una cápsula de crianza.

El corazón de Bulma se estrujó, sintió pena por su pequeño aprendiz. Ella por lo menos tuvo en sus primeros siete años unos padres que la amaron y criaran con mucho amor. Que la arropaban antes de dormir y le contaban historias llenas de príncipes azules que la hicieron concebir un imaginario del hombre perfecto.

-Kyabe –dudó Bulma –¿Te gustaría que todas las noches antes de dormir te contara historias de mi planeta?

-¡Me encantaría! –gritó el pequeño de emoción -¿Serías como mi mamá?

-¡Wow! –exclamó la científica –Tranquilo pequeño, soy muy joven para ser madre –sonrió Bulma abrazándolo –Pero sería algo así como una hermana mayor, una hermana de mentiras.

-Una hermana de mentiras, así como eres novia de mentiras de Vegeta –Rió Kyabe sin despegar el abrazo.

-Algo así –Bulma soltó la carcajada.

Las palabras de la científica llegaron directo al corazón de Kyabe, sin querer hasta al frío corazón del príncipe Vegeta que escuchó gran parte de la conversación de su hermano con Bulma. Nadie se había preocupado tanto por sus hermanos, tuvieron un sin número de tutores pero cumplían su trabajo y no se preocupaban más allá. Aunado a ello, los mocosos no ayudaban en hacer química con sus maestros, porque se pasaban la vida ideando travesuras.

Todos en la familia desarrollaron un gran afecto por la científica, hasta él comenzaba a notar algo más que atracción física. La mujer tenía un sin número de defectos, pero las virtudes lo volvían loco, le aceleraban el corazón.

-Señorita Briefs, ¿podemos hablar? –pronunció Vegeta –En privado –miró a Kyabe que se acomodaba para escuchar la conversación.

-No me digan que se van a dar besitos –se cruzó de brazos el niño con mirada pícara.

Vegeta lo miró con ganas de estrangularlo por el comentario inapropiado y sugestivo.

-¿Qué son esas expresiones? –lo reprendió Bulma sonrojada.

-Ya no soy un niño pequeño, ya entiendo que los novios se dan besos –se ofendió el pequeño.

-¡Deja de hablar mocoso! –se irritó Vegeta.

-Tranquilo señor –lo calmó Bulma riendo -¿Dónde quiere hablar?

-¡Bulma, Bulma, Bulma! –se acercó corriendo Tarble –Ven conmigo, unas personas te quieren conocer.

Vaya que Tarble tenía un olfato para anticipar momentos entre Vegeta y Bulma, algunas veces lo hizo con alevosía y ventaja, otras fue circunstancial, como en ese momento, donde fue reconocido por el trabajo en conjunto para diseñar y construir su armadura de combate. Jamás en su vida se sintió tan importante, situación que deseaba compartir con su tutora. Nadie creía en él por ser tan débil, pero desconocían las habilidades intelectuales que poseía.

-Tu hermano quería hablar conmigo –le dijo Bulma a Tarble.

-Puede esperar –gruñó Vegeta.

-Te dejaron plantado –Dijo Broly a Vegeta cuando miraba a Bulma alejarse con su pupilo.

-Hpm –gruñó Vegeta cruzando los brazos.

-Ahora que todos estamos más tranquilos –tomó asiento Broly -¿tengo camino libre o no?

-No es momento para discutirlo –expresó molesto Vegeta.

-El otro día me volvieron loco los celos –sacudió la cabeza Broly con desaprobación –pero me gustaría que ambos lo intentáramos y que gane el mejor –propuso –sin resentimientos.

-Hecho –dijo el primogénito chocando la mano con su hermano.

-Te llevo la delantera –se mofó Broly –Soy más divertido.

-Ya veremos –sonrió Vegeta aceptando el reto.

-Además te vas a misión con Tarble y tendré el camino libre varias semanas –Broly emitió una sonrisa perversa.

Vegeta no pensó en ese detalle, su oportunidad era la cita para pilotear naves, pero sería al regresar de la misión. Vaya que deseaba partirle la cara a su hermano y desertar de la próxima misión a Namek.

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Sus pies estaban entumidos por usar tacones altos, deseaba quitárselos y lanzarlos muy lejos, pero ante todo no perdería la compostura. El banquete se había prolongado más de lo habitual, además andaba en busca de la princesa que seguramente estaría besuqueándose con Gokú en algún rincón del palacio, en los últimas ocasiones se habían comportado más descuidados, no dimensionaban la magnitud de su cercanía y la reacción de la familia real.

-¡Qué ustedes no tienen pudor! –les gritó Bulma cuando los encontró en medio de un beso subido de tono. Los chicos separaron su beso abruptamente, para acomodarse la ropa.

-Lo sentimos –se excusó Gokú rascando su cabeza.

-¡Estamos celebrando! –gritó de emoción Milk –Nos mandarán juntos a una misión.

-¿Qué? –preguntó incrédula Bulma.

-Tarble y Vegeta van a Namek –explicaba la princesa –Mientras que Kakaroto y yo iremos a hacer una diligencias al sur de Sadala.

-Por lo menos serán tres días juntos –Sonrió Gokú.

-¿Cómo pasó eso? –dudaba Bulma de la suerte de los chicos.

-Vegeta se lo propuso a mi padre –Brincaba de emoción Milk -¿Puedes creerlo?

-No lo creo –suspiró la científica –Aquí hay gato encerrado, o Vegeta confía ciegamente en Gokú o sospecha algo y quiere comprobar la verdad –En definitiva conocía poco al príncipe, pero lo consideraba muy perspicaz.

-Confía plenamente –Se atrevió a decir Gokú con algo de remordimiento.

-No quiero sonar como madre conservadora, pero ¿ya pensaron en eso del control natal? –tosió Bulma con un poco de pena.

-¡Qué cosas dices! –se sonrojaron ambos chicos.

-No me tienen que dar explicaciones –dijo la científica –pero tienen que cuidarse en todos los sentidos de la palabra –les guiñó el ojo.

-¿Sentiste eso? –preguntó Gokú a Milk asustado, mientras que la princesa asintió con cara de preocupación.

-¿Qué sucede? –preguntó la científica.

-Es Broly, su ki está aumentando –comenzaron a correr para buscar la ubicación del hermano.

-¿Qué lo está alterando? –analizaba Gokú avanzando –Esperemos que se logre controlar.

Bulma recordó las palabras de la princesa, quien le comentó de los ataques que sufría el segundo hijo cuando recibía emociones fuertes de enojo que se transformaban en ira. La curiosidad la llevó a seguir a la princesa, quería ver con sus propios ojos cómo un chico tan alegre se tornaba en un peligro.

-Desalojen el salón –gritaban los guardias –rápido, no se detengan.

La multitud evacuaba el salón principal, en un par de segundos solamente se encontraban Broly y Vegeta dentro del salón, el Rey tuvo que incitar a la corte real para salir del castillo lo más pronto posible.

-¡Contrólate! –Le gritaba Vegeta con desesperación a Broly –No vale la pena hacer un desastre por ese insecto.

Bulma corrió para ver más de cerca, sus ojos no lo creían. La mirada del calmado Broly estaba irradiando fuego, su cuerpo emanaba energía y pronunciaba gritos de rabia. Esa escena la conmovió y recordó esas historias donde un recuerdo feliz ayuda a calmar momentos de desesperación, sin pensarlo corrió a interponerse entre los hermanos.

-¡No Broly! –gritó ella –Respira, respira –le suplicaba Bulma intentando sostener las manos del chico.

-¡Alejate! –le advirtió Vegeta –Corres peligro.

-Mírame, mírame –seguía la súplica –Soy yo, Bulma.

La voz suplicante de la científica pareció hacer mella en el ataque del hermano, la energía que irradiaba disminuyó considerablemente. Pero no parecía suficiente, eso le provocó ansiedad a Bulma quien sin pensar tomó una decisión suicida en varios sentidos, aprovechó que el chico se inclinó un poco y lo besó.

Vegeta como espectador sintió que algo se quebraba en su cuerpo, claramente había un ganador en la contienda y para suerte: no era él. Por un instante pensó en la posibilidad de darse una oportunidad, de mandar las tradiciones saiyajin a carajo y hacer lo que deseaba, quería estar con la mujer de ojos azules, pero claramente ella no lo veía como un candidato para ser pareja.

La acción de Bulma funcionó, Broly se apaciguó y cayó rendido de rodillas ante las sensaciones que el beso le provocó y por el despliegue de energía. La científica, quería llorar cuando recordó que el príncipe Vegeta había contemplado el beso, quiso mirarlo apenada pero no tuvo el valor. A final de cuentas Celery tenía razón, ella jamás iba a ser tomada enserio por Vegeta. Pero Broly era un opción real, un verdadero caballero de armadura galante.

-¡Debo llevarlo a recuperación! –Pronunció Vegeta con una mezcla de decepción y enojo.

-Sí –Bulma asintió desde el suelo sosteniendo a Broly, le cedió el paso para que Vegeta lo cargara sobre su hombro.

La científica siguió en el piso, observó el avance de los príncipes. No se explicaba por qué tenía revuelto estómago, por qué comenzó a llorar descontrolada, sentía que cometió la peor tontería del universo. Se quitó con torpeza los tacones y los arrojó intentando sacar su frustración.

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Desde ese día no volvió a toparse con el príncipe Vegeta, no regresó a la casa de campo, partió a la misión con Tarble. Broly por su parte tardó algunos días en recuperarse pero estuvo de vuelta para buscar a la científica, su hermano le confesó que la mujer había tomado una decisión, le dejaba el camino libre y respetaría su relación.

-Me hizo tan feliz saber que me darías una oportunidad –Sonreía Broly.

-Ni siquiera recuerdas el beso –le decía Bulma mientras se sentaba en una mesita de la plaza central del pueblo.

-No lo recuerdo del todo, pero la sensación de tus labios con los míos me hizo poder controlarme –le sostenía la mano recargada en la mesa.

-Pero no siempre puedo estar allí para calmarte –le sonreía Bulma, pero su semblante no era realmente de felicidad. Era una sonrisa vacía –no me dijiste ¿qué te hizo enfurecer?

-Un bastardo llamado Turles pariente lejano de Kakaroto, comenzó a meterme ideas en la cabeza y retarme, ya traía otros problemas atravesados y estalló mi ira. Hacía tiempo que no sucedía, por lo menos 10 años. Ahora no quiero regresar a Yardrat –se lamentaba Broly –menos ahora que me diste la oportunidad de tener una cita.

-Tu padre dice que es necesario que sigas entrenando el autocontrol –suspiró Bulma –Pero puedo intentar diseñar algo para que puedas calmarte.

-Ya lo han intentado y las descargas eléctricas no son una opción –se ofendió el chico.

-No me refiero a eso, tal vez podría diseñar algo que te ayude a estimular tus endorfinas, es decir que pienses en recuerdos felices para evitar una catástrofe –propuso la científica.

-Tú eres mi recuerdo feliz –se acercó para besarla pero Bulma detuvo el beso.

-Aquí no, recuerda que para el resto del planeta aún soy pareja de tu hermano –Fue el comentario más tonto del universo, pero con sinceridad no deseaba besarlo.

-Está bien –sonrió Broly –Pero cuando lleguemos a casa te llenaré de besos.

Bulma sonrió forzadamente, estar con el segundo hijo no era lo que había imaginado. No percibía ese click que sintió cuando besó a su hermano.

Broly se dirigió a comprar algunas bebidas y alimentos en la plaza, mientras Bulma escuchaba a dos mujeres charlar animadamente, su atención se dirigió a ellas cuando escuchó el nombre de "Vegeta"

–El príncipe Vegeta es el hombre más bondadoso del universo –dijo una mujer regordeta –Siempre ordena que envíen comida al orfanato.

-Es lamentable que existan tantos niños sin padres –suspiraba una mujer extremadamente delgada –son tantos los que pierden a sus familias gracias a las misiones.

-Lo más interesante es que en semanas recientes ha enviado libros y materiales para que los niños aprendan, hasta creó un programa para que los pequeños más destacados en combate puedan aspirar a ser guerreros de clase alta.

Bulma mordió su labio inferior y llevó las manos a su pecho, no lo podía creer, era cierto lo que decía Gine ¡Vegeta en el fondo era bondadoso!, fue tan prejuiciosa al creer que era un príncipe egoísta que miraba a todo el mundo por debajo de su hombro.

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El aburrimiento es la madre de todos los vicios, pero en el caso de Bulma el aburrimiento le servía como detonador de su creatividad. Esa semana no fue la excepción, toda la familia estaba en misiones, menos Kyabe, así que buscaron idear una alternativa para matar el tiempo.

Creó una serie de armas con pinturas vegetales para jugar lo que en su planeta natal llamaban: Paintball. Hasta se preocupó por diseñar un circuito con algunos obstáculos para esconderse. El juego era prometedor, pero necesitaban refuerzos para hacerlo más interesante.

Contenía lo agitado de su respiración, su enemigo estaba cerca y escuchó los pasos acercándose, no se iba a dejar ganar por un par de saiyajines, era un juego terrícola y por lo tanto debía poner en alto el nombre de su planeta. Justo cuando percibió a su contrincante cerca, salió de su escondite y lanzó una ráfaga de disparos de pintura, sonrió al conectar por lo menos cinco tiros en su oponente.

-¡¿Qué demonios?! –gritó eufórico Vegeta limpiando la pintura de su cuerpo.

Rogaba a todos los kamis del universo que la tierra se abriera y se la tragara. Tanta era su emoción por ganar que no se fijó que el enemigo ni siquiera participaba en el juego. Hacía más de un mes que no lo veía, treinta días eternos, ahora estaba frente a ella con una mirada de pocos amigos.

-Me pueden explicar qué están haciendo –Ordenó el príncipe sacudiendo su ropaje, pero era imposible quitar la pintura.

-Son tintas naturales, con una simple lavada se quitan –explicó nerviosa Bulma –Lo confundí.

Nappa, Raditz y Kyabe se acercaron para cumplir las órdenes del príncipe. Los tres sabían que les esperaba un castigo por su rato de diversión. Todos traían el cuerpo y cabello lleno de pintura, su cara de diversión para a empalidecer por ser descubiertos.

-¡No lo puedo creer! –Gritaba molesto Vegeta –Hasta ustedes dos entraron en el maldito juego, saben que tienen obligaciones de vigilancia, no se les paga por jugar como un par de mocosos.

-La culpa es mía –lo interrumpió Bulma.

-No me vuelvas a interrumpir mientras hablo –Vegeta la miró con resentimiento, traía muchos sentimientos travesados y su irreverencia con la pistola no aportó en beneficio de la causa.

Las palabras de Vegeta le cortaron la respiración, percibió su tono de voz distinto, no era la primera ocasión que la reprendía pero ésta vez sentía diferencias en su regaño.

-Ustedes dos a sus puestos, ni se les ocurra pasar a lavarse, quédense así, decidieron comportarse como payasos entonces mantengan las consecuencias –luego cambió la mirada a su hermano –tú mocoso recibirás tu castigo en triplicar tus entrenamientos, así que vete a tomar un baño.

-No sabíamos que llegaban hoy –se intentó disculpar Bulma, pero fue ignorada por Vegeta. Ella esperaba que le dictara sentencia por ser el autor intelectual del juego. Supuso que su castigo era limpiar y acomodar el desastre que dejaron con su batalla de pintura.

Ni siquiera volteó su cabeza para pronunciarle un castigo, a sus ojos se volvió invisible. No valía la pena dedicarle una mirada, no quiso desperdiciar su tiempo en corregir a la mujer.

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Las semanas siguieron su curso con suma lentitud, o por lo menos así los sintió Bulma. Su nuevo príncipe Broly le hacía un par de llamadas al rastreador para no sentir la lejanía, platicaban de cosas triviales pero difícilmente mantenían una conversación inteligente. Era un chico divertido y atento, tan atento que caía en la tendencia de ser empalagoso. Ella necesitaba una pareja que le brindara su espacio, la miel es buena pero en exceso puede ser empalagosa.

Milk al inicio regresó de su misión embelesada por su aventura con Gokú, pero al enterarse de que Bulma salió con su segundo hermano no tomó para bien la noticia. Le reclamó el haber ilusionado a Vegeta.

-¿Cómo pudiste? –le gritaba la princesa –Le hiciste creer que era correspondido.

-Yo no hice tal cosa, ¿Cómo se supone que intuya que le gustaba si nunca lo demostró?, ¡es tan frío! –le respondió Bulma con molestia.

-Soy su hermana y difícilmente me muestra su afecto –Le refutó Milk.

-Además es tan orgulloso que no dejaría que su reina fuera una simple terrícola –Respondió la científica irritada.

-Tú no sabes nada, no formules prejuicios de mi hermano. Conozco sus defectos, pero también puedo leer sus sentimientos, ¡porque pese a todo no es un bloque de hielo! –La princesa empujó a Bulma.

-Tengo muchos talentos –respiró Bulma –pero ninguno de ellos es leer la mente, si él no dijo nada ¿cómo se supone que yo habría de suponer que estaba interesado?

-¡Ante el reino aceptaste ser su novia! –Gritó Milk

-¡Él me lo pidió! –Resoplaba la científica -¡Un día me señaló de mujer fácil! Un hombre que se interesa por ti, no se pasa la vida insultándote en cada momento o recordándote que solamente eres parte de la servidumbre.

-¡Basta! –detuvo Tarble la discusión, miró a su hermana –Bulma tomó una decisión, sabes que estará mejor con Broly, él si la sabrá valorar. Desde un inicio tú misma aceptaste que él era mejor candidato que Vegeta, no me explico por qué cambiaste de idea.

-Chicos –suspiró Bulma –Ya no quiero pelear, lo que menos quiero es fraccionar a su familia.

-Pues lo estás logrando poniendo a mis hermanos mayores en contra –la princesa volteó su mirada con desdén.

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Corrió a su habitación, al principio llevó alegría a la familia real saiyajin, ahora su decisión acarreó enfrentamientos y decepción. Se lamentaba por no tomar esa decisión salomónica de no darle oportunidad a ninguno de los hijos mayores, habría sido una sentencia sabia.

Su presencia sobraba en esa casa, miró su pequeño equipaje y decidió meter sus pertenencias en él. Se iría de ese planeta, su buen corazón no soportaba herir más a los príncipes, la solución era alejarse. Tarble había aprendido lo suficiente como para seguir desarrollando por su cuenta sus habilidades, la princesa era una chica fuerte, pero el pequeño Kyabe era quien más le preocupaba, desde que iba por las noches a contarle historias terrícolas desarrollaron mayor apego, sin duda era quien más lamentaría su partida.

No le llevó más de 20 minutos para guardar sus pertenencias, miró los libros que le regaló Vegeta pero no había espacio en su valija por varios motivos, por el reducido tamaño y por la carga emocional que representaban, optó por llevarlos de vuelta a la biblioteca.

Aprovechó el momento de la comida para escabullirse, le pidió la nave a Raditz diciendo que tenía que salir con urgencia. Por supuesto que no la robaría, simplemente necesitaba llegar a la estación de naves que viajaban a otros planetas, allí dejaría el transporte con una nota para que lo devolvieran a su dueño.

Con cautela dejó una nota en el laboratorio, un par de líneas dirigidas en particular a Kyabe, prometiéndole que le enviaría un paquete con libros de historias terrícolas para dormir. A Tarble le expresaba que ahora tenía todo para seguir desarrollando tecnología, que no la necesitaba más. A la princesa y Vegeta les pedía disculpas por las consecuencias que pudieron ocasionar sus decisiones y personalidad. No era buena expresando palabras escritas, quiso decir más pero no supo la manera.

Dio un último vistazo a la casa, suspiró, aceleró todo lo posible, un minuto más y su corazón le podría hacer cambiar su decisión.

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Continuará…

9. Perdiendo terreno

(Dejamos los títulos de batallando porque ahora se empieza a ganar o perder)

No me odien por la relación B&B, les juro que es algo necesario en la historia. Como buena fan de V&B mi historia debe unir a la pareja, así que tengan paciencia y disfruten el camino para que se consolide su amor. El próximo capítulo es de mis favoritos

P.d. Prometo contar en cómo le fue a Tarble en su primera misión.