9. Perdiendo terreno

Recargó su cabeza en el vidrio de la estación de naves, en algunos minutos llamarían para que abordara su transporte a la primera escala que la trasladaría hacia la estación espacial donde vivía Jaco. Arribaría de sorpresa por la repentina decisión de abandonar Sadala para de alejarse de la familia real.

-A todos los pasajeros –interrumpió una voz desde el monito de la estación –se les comunica que por causas de fuerza mayor hemos cerrado hasta nuevo aviso los vuelos espaciales.

-No puede ser, en todo el universo existen vuelos retrasados –pensaba Bulma torciendo los ojos–Espero que pronto abran la circulación, no pertenezco aquí –suspiraba

Se levantó para estirar las piernas, pues llevaba cerca de dos horas sentada y no era el ejemplo de paciencia esperando. Una voz le congeló su pose de estiramiento.

-Estoy buscando a la ladrona que se llevó la nave de Raditz –Dijo Vegeta a sus espaldas.

-Yo no me la robé –volteó Bulma ofendida para verlo con los brazos cruzados –La tomé prestada para llegar aquí, dejé una nota para devolverla.

La científica esquivó la mirada, su Bulma interior daba saltitos de emoción porque el príncipe llegó para llevarla de vuelta. Por lo menos eso era lo que imaginaba, la excusa de la nave le parecía una reverenda tontería.

-¿Me va a encerrar en algún calabozo o dictar sentencia de muerte por tomar prestada una nave? –preguntó Bulma intentando parecer indiferente –O viene a pedirme que no me vaya.

-En absoluto –sonrió Vegeta con indiferencia –Vine porque tenemos algo pendiente.

-¿Qué podría haber quedado pendiente? –preguntaba Bulma. Su mente quería gritar de emoción por la voz seductora del príncipe, pero después recordó que estaba saliendo con su hermano.

-Te ofrecí ayudarte a recuperar tu antiguo empleo –Vegeta se aclaró la garganta –aún está en proceso, además no sé que les hiciste a mis hermanos que no se sienten listos para dejarte ir – su voz interior le decía que ni él estaba listo – y lo más importante, me debes una salida a pilotear naves.

-¿Es enserio? –preguntó Bulma incrédula –¿vino aquí porque quiere pilotear naves?

-Dijiste que eres buena en ello, entonces demuéstralo –hizo una pausa –jamás he sido bueno con las palabras ni con las personas, así que te propongo una competencia de naves y una apuesta.

-No tengo dinero para apostar –se quejó la científica.

-No es necesario, sí tu ganas presionaré mis contactos para que regreses a tu antiguo empleo los más pronto posible, pero si yo gano –se acercó retadoramente a ella –te quedas a cuidar a los mocosos por un tiempo más.

-Tentador, pero mi nave saldrá en cualquier momento –se puso en firmes para no hacer notar que el príncipe la estaba intimidando –además no soy niñera.

-Nadie podrá irse del planeta hasta que dé la orden, detuve las salidas espaciales –sonrió Vegeta con aire triunfal.

-¡Eso es abuso de poder! –se molestó la científica.

-¿Qué dices? –la miró retándola -¿o tienes miedo?

-Aquí nadie tiene miedo, era de los mejores pilotos en mi planeta, usted debería tener miedo –se acercó a Vegeta apuntando con el dedo en pecho -¡Acepto!

-Éste no es lugar para aceptar los términos y condiciones de nuestro enfrentamiento, así que te veo en el palacio. Allí elegiremos naves y el trayecto –indicó el príncipe.

-Ya elegí mi nave –apuntó a la nave de Raditz que se veía a lo lejos en la estación.

-¿Ese cacharro? –se sorprendió el hombre -¿estás segura?

-Por supuesto, vaya por su nave y lo veo en la zona de inicio que proponga –respondió Bulma guiñando el ojo.

-Perfecto, te veo en las llanuras Ozaru –le indicó Vegeta.

-¿Llanuras?, no se burle de mí, por favor, hasta un bebé puede pilotear en zona de planicie –se ofendió con la propuesta.

-¡El cañón del guerrero legendario! –tosió un desconocido para dar su propuesta, parecía bastante atento a la discusión.

-Gracias señor desconocido –agradeció Bulma –¡Lo veo en el Cañón del Guerrero Legendario!

-¡Estás loca! Eso es un suicidio –se quejó Vegeta.

-¡Ay el príncipe tiene miedo! –sonrió la científica con burla –pobrecito.

-En 20 minutos te veo en el lugar pactado, recogeré mi nave en el palacio –respondió el príncipe y comenzó su avance.

¿Qué le sucede al príncipe? nadie subestima una terrícola, ya verá–pensaba Bulma mientras buscaba la nave para dirigirse al punto de encuentro. En el camino fue revisando el trayecto a recorrer en la competencia, no se veía sencillo pero se sentía lista para cualquier reto.

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En el tiempo anticipado Bulma miró llegar el príncipe con su nave, los colores y el diseño bien podrían hacerla pasar por una nave del estilo "deportivo" que tenían en su planeta. Era bastante elegante, el escudo de la familia real en el cofre le daba un toque particular.

El diseño del transporte contrincante no la intimidó en lo absoluto, la nave de Raditz no era tan atractiva e imponente a la vista, pero confiaba en el rendimiento que le ajustó hace unos meses.

Un simple detalle, parecía que el príncipe no veía solo, estaba acompañado por otras naves de curiosos que seguramente buscaban observar la carrera de naves. Sin duda retarse en público no fue buena idea, atrajo a un sin número de curiosos espectadores y uno que otro apostador.

-¡Trajo público! – le dijo Bulma al príncipe desde su nave.

-Son una horda de entrometidos –respondió el Príncipe comunicándose desde su rastreador –Traje a Raditz para que haga los honores al marcar el inicio de la competencia.

-Me parece –afirmó la científica –Veo que ha marcado el punto de llegada –le dijo mirando el mapa de su tablero.

-Que gane el mejor –dijo Vegeta con caballerosidad mientras se escuchaba el rugir de los motores, tanto Bulma como Vegeta aceleraban antes de soltar el freno.

-¿Listo jefecito? –lo retó Bulma entusiasmada encendiendo música (Paranoid-Back Sabbath)

-Listo terrícola –le respondió el príncipe escuchando la música estruendosa que enlazó la mujer a su rastreador –Muéstrame tu habilidades como piloto.

-Lo dejaré estampado en el filo de alguna roca –se burló Bulma.

-Ya veremos quién queda estampado –se burló Vegeta.

Raditz se puso entre las dos naves, no muy convencido de las locuras del Príncipe y la científica. Tenía el presentimiento de que no era buena idea un reto de tal magnitud. El terreno que recorrerían era sinuoso, solamente pilotos experimentados o alguien que conociera las caminos podría salir vivo. Contra su voluntad tuvo que apuntar con ambos dedos índices para señalar el inicio de la carrera. Mantuvo el cuerpo firme para no caer ante la ráfaga de viento que dejaron los transportes al despegar.

Sin duda la canción que puso la mujer encendía el sentido de competencia, les generaba mayor adrenalina. Vegeta comenzó llevando la delantera por un par de segundos, a lo que Bulma igualó y por unos minutos se mantuvo al frente.

En un inicio el príncipe estaba midiendo las capacidades de la científica, dudaba de las habilidades reales de la mujer, no quería ponerla en peligro, sin embargo cuando pasaron el primer tramo estrecho del cañón notó como ella giró la nave con suma agilidad para lograr pasar entre las rocas. En definitiva supo que la había subestimado, que no podía ser humillado por una terrícola, al principio pensó que debía dejarse ganar para que se fuera lo más lejos posible, era una tortura tenerla viviendo bajo el mismo techo.

-¿Eso es todo lo que tienes? –preguntó Vegeta acelerando –Te estaba probando –se mofó.

-Muéstreme todo lo que tiene, no se guarde nada –Dijo Bulma con voz segura -¡Yuhuuuuuu!-pegó un grito de emoción cuando el camino la hizo descender en picada para después elevarse esquivando más montículos de rocas.

-¡Escandalosa! –la reprendió Vegeta sin contener el sentimiento de diversión que cargaba.

-¡Aburrido como siempre! deje salir sus gritos de emoción –le aconsejó Bulma sin perder la concentración en tomar una prolongada curva.

La emoción no le dejó más opción que pronunciar varios gritos de emoción y éxtasis por pilotear. Llevaba años sin disfrutar su verdadera pasión, más de un lustro de no sentir la adrenalina de surcar los cielos retando a la suerte. Se conformaba con las misiones y sus batallas, pero siempre era necesario el toque de pilotear una nave.

-¡Quítate estorbo! –anunció Vegeta rebasando a Bulma y dando por los menos dos giros completos.

-¡Qué son esas palabras hacia una dama principito! –Expresó la científica con aire divertido. Apresuró el paso con el fin de emparejar a su contrincante.

Justo cuando se veía a lo lejos la zona de meta Bulma rebasó al príncipe, estaba por ganar, sería libre. No obstante el destino le tenía reservada una señal, porque la nave de Raditz comenzó a sobrecalentarse, apretó los puños y golpeó el tablero porque con seguridad el mono descuidado no siguió revisando con frecuencia los niveles de aceite. Cuando todo acabara iría tras el chico de cabello largo para estrangularlo.

Vegeta se sorprendió cuando se le adelantó a la mujer, vio el triunfo en sus manos. Llegó al punto de meta pactado, comenzó a desacelerar sin percibir la nave de la científica.

-¡En tu cara terrícola! –exclamó con triunfo pero no recibió comentario alguno y la música se dejó de escuchar, supuso que la mujer estaría colérica por perder el duelo -¿Briefs?, ¿Bulma?

Su corazón latió con intensidad por la preocupación, algo no andaba bien. Ella siempre tenía miles de palabras que vociferar, no podría aceptar en absoluto silencio la derrota. Comenzó a rastrear la nave pero no aparecía en la señal del radar, eso significaba que la nave de su oponente se había dañado o estrellado. Sintió un frío tremendo bajar por todo su cuerpo, retrocedió para buscar a Bulma sintiendo cómo la culpa lo carcomía. Su cabeza le decía que no era correcto navegar por el Cañón del Guerrero Legendario, era una zona peligrosa. Su estúpido orgullo le hizo aceptar el reto.

-Para su mala suerte sigo viva –la escuchó responder algo adolorida desde el rastreador–pero tengo algunas dificultades técnicas con mi pierna, se atoró.

-Ya vi los restos de la nave –dijo Vegeta buscando con la mirada la ubicación.

-Mi primer aterrizaje forzoso, todo gracias al maldito Raditz -gritaba con enojo.

-No debes estar tan mal, donde tienes ánimos de pronunciar maldiciones –reía el príncipe descendiendo cerca de la científica.

Vegeta bajó de la nave y apresuró el paso, con sus manos sostuvo dos extremidades de la nave de Raditz para liberar el espacio del piloto.

-¡Qué bruto es! –gritó Bulma de dolor -¡con más cuidado!

-¡Mal agradecida! –se molestó Vegeta, pero se detuvo a examinar la pierda de la mujer –Parece que no se rompió, ¿Qué tanto la puedes mover?

-Mover si puedo, arden los cortes en mi pantorrilla –Se quejó Bulma.

-Ah, ¡pero la mujer quería vivir una aventura en el cañón! –se quejó Vegeta intentando sujetarla para sacarla de la nave.

-Lo peor del asunto es que perdí –se irritaba la científica –perdí terreno cerca del punto de meta –estaba por seguir diciendo maldiciones cuando sintió el abrazo del príncipe para llevarla en sus brazos. Bulma ocultó su emoción, fue una carrera intensa, el hombre amargado le hizo pasar momentos extraordinarios. Ahora estaban tan cerca que percibía su olor masculino y el calor que irradiaba.

-¿Ahora nos quedamos callados? –dijo el príncipe levantando la ceja con incredulidad.

-Primero le harta mi voz y ahora se queja de mi silencio, ¿quién lo entiende? –se molestó Bulma ocultando su sonrojo.

Cual costal de papas, el príncipe la tiró en su nave para llevarla a curaciones. Tendría mucho que explicar a su hermanos, regresaría a la científica a casa, pero no sana y salva como lo prometió.

-¡Con cuidado! –se quejó Bulma –¿Qué se piensa?, que soy un costal de verduras que puede andar manejando sin cuidado alguno.

-¡Qué delicada! –Sonrió al verla toda despeinada y con la ropa algo rasgada. A pesar de estar desalineada se veía atractiva, su cara de molestia le daba un toque particular.

-Cuando me recupere –se acomodó Bulma con dolor –le pediré la revancha. No fue justo.

-Tú elegiste el transporte, confiabas en tus reparaciones –le respondió el príncipe –no me culpes por tus decisiones.

-No entiende, seguramente Raditz no hizo las prácticas de mantenimiento que le pedí –torció los ojos la mujer con desaprobación.

-Excusas –pronunció Vegeta –Por cierto Bienvenida a casa otra vez –se burló.

-Espero que sus hermanos me quieran de vuelta –suspiró Bulma.

-¿Bromeas?, si no fuera por esos mocosos no estaríamos aquí –dijo Vegeta tecleando el panel de control –¡maldita sea!

-Lo siento, sé que no soy santo de su devoción –se disculpó Bulma apenada.

-No es por eso, es que ésta maldita cosa también se está sobrecalentando –terminó su frase con un gruñido.

-¡Qué pésima cultura de mantenimiento de naves tienen los saiyajines! –se quejó Bulma –descienda, debemos esperar a que baje la temperatura del motor.

-No –negó el príncipe –Es urgente que te revisen.

-Si nos estrellamos ya no habrá tiempo para que revisen mi pierna –refutó Bulma –haga lo que digo, supongo que las naves tienen aditamentos de primeros auxilios.

-Como digas, según tú eres la experta –dijo no muy convencido.

Aterrizó con rapidez porque la pantalla indicaba un sobrecalentamiento extremo. Abrió la compuerta de la nave para abrir espacio y buscar algo que sirviera para dar primeros auxilios. El atardecer estaba cayendo en el mítico Cañón del Guerrero Legendario, Vegeta pensó en pedir apoyo al castillo pero una vocecilla le dijo que lo tomara con calma y disfrutara la parte final de su aventura.

-En diez minutos se enfriará y podremos volar -Le dijo Bulma mientras Vegeta sacaba de un pequeño costal algunos líquidos y gasas para limpiar la herida.

-No parecen tan profundas –dijo revisando los cortes y rompiéndole los jeans que traía puestos.

-¿Qué le pasa?, ¿Sabe cuánto me costó conseguir ese par de pantalones vaqueros? –se quejó Bulma cuando lo miró romper su pantalón.

-Entonces es mejor que se te infecte la herida a perder un par de pantalones –se molestó Vegeta.

-Si lo dice así me hace parecer una chica superficial –se apenó Bulma –¡Es que amaba esos pantalones!

-Esto te va a doler –le advirtió el príncipe.

Bulma apretó los puños y arrugó la nariz en señal de dolor, estaba conteniendo los gritos de ardor cuando limpiaba la herida. No iba a dejar que el príncipe la escuchará quejarse, merecido se lo tenía por tentar a la suerte en terrenos desconocidos.

Inhaló y exhaló, para después contemplar el rostro concentrado de Vegeta, se veía tan guapo con el ceño fruncido. Lo recordó pronunciando maldiciones durante su enfrentamiento de vuelo, desde la otra nave no podía ver su cara, pero la voz que se le escuchaba parecía sincera y llena de vida. Eso era lo que le hacía falta al hombre amargado, un poco de diversión.

-¡Todos fuera de aquí! –gritó Vegeta cuando sintió las presencias de varios curiosos que se acercaban.

-Espero que nos den parte de las ganancias de las apuestas –reía Bulma mirando a los saiyajines correr asustados –Pude haber roto las quinielas, porque supongo que todo el mundo apostó por usted.

-Probablemente –se burló el príncipe sentándose a un costado de la científica –No piloteas tan mal.

-¿Tan? –se ofendió ella –Bueno, ese "tan" debe ser en su idioma algo así como un cumplido.

-¿Están bien? –Raditz los alcanzó preocupado.

-Fuera de una nave destrozada y un pantalón roto, estamos bien –Respondió Vegeta con tono divertido.

-No le diste el mantenimiento necesario, imbécil –gritó Bulma intentando incorporarse para golpear a Raditz pero el dolor se lo impidió.

-Pensé que no era necesario –Se apenó el chico –Por cierto, ¡son la sensación del planeta! Todo el mundo está comentando su carrera, dicen que el príncipe encontró "la horma de su zapato", la mujer que le encaja perfectamente.

Bulma sintió una punzada en el estómago, pese a que salía con Broly parece que Vegeta no se dio a la tarea de aclarar la situación sobre el supuesto noviazgo. El comentario de Raditz se tornó bastante incómodo para Vegeta, quien parecía con la intención de pronunciar algunas palabras.

-Por lo regular las parejas discuten, nosotros nos enfrentamos en un duelo de naves para arreglar nuestros problemas –rió Bulma intentando romper la tensión.

-¿Van de regreso a la casa de campo? –preguntó Raditz

-Supongo que ya se enfrió el motor y podremos llegar sin problema a la casa –Dijo Bulma intentando levantarse.

-Vamos de regreso, antes de que los mocosos vengan a buscarte –expresó Vegeta mientras la ayudaba a incorporarse.

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Llevaban algunos minutos en absoluto silencio, desde el comentario inoportuno de Raditz el príncipe enmudeció y solamente pronunciaba las palabras necesarias.

-¿Seguro que todos sus hermanos me quieren de vuelta? –preguntó Bulma

-¿Bromeas? –contestó Vegeta sin quitar la mirada al frente –Amenazaron con generar caos y destrucción si no volvías.

-¿También la princesa? –preguntó temerosa.

-Sí –respondió el príncipe.

-Me divertí mucho –expresó Bulma intentando hacer plática –Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de algo.

-Ni yo –sonrió el príncipe –Deberías intentar aprender a volar sin utilizar naves, es también una gran experiencia.

-No podría, no creo tener esas habilidades –Dijo la científica.

-Puedes girar una nave para sortear obstáculos a gran velocidad, ¿pero no te crees capaz de hacerlo con tu cuerpo? –se extrañó Vegeta descendiendo la nave.

-¿Qué sucede? –se asustó Bulma.

-Te mostraré qué se siente volar –Dijo Vegeta saliendo del transporte –Ven conmigo.

-¿y la nave? –preguntó Bulma preocupada.

-Tengo el control para que venga a mí en cualquier parte del planeta –explicó el guerrero.

La científica descendió con problemas debido a que su pierna seguía adolorida, al titubear aterrizó directo a los brazos del príncipe y peligrosamente cerca de su rostro. Pasaron algunos segundos que se sintieron eternos, hasta que el príncipe la giró para sostenerla y alzar el vuelo.

-Sé que le caigo mal y quiere verme estampada en el suelo –respiraba Bulma –¡no me suelte! –gritó al sentir la elevación.

-Confía en mí –le susurró Vegeta al oído –déjate llevar, piensa que eres tú quien está volando sola.

Una sonrisa se pintó en el rostro de la mujer, su día mejoró considerablemente, de ser rechazada a volar en los brazos del príncipe. Sentía la frescura del viento en su cuerpo, observaba como el atardecer caía a lo lejos, mientras percibía el calor cuerpo a cuerpo del hombre que la elevaba.

Un repentino cambio en la elevación, descontroló a Bulma y la hizo exclamar un grito de susto, pero todo estaba fríamente calculado por Vegeta.

-¡Me quiere matar de un susto! –le reclamó la científica.

-No lo había pensado –reflexionó divertido el príncipe quién apresuró el vuelo para llegar lo más pronto posible a casa. Desde su visión las cosas se estaban descontrolando, no podía permitirse tanta cercanía con la chica de su hermano.

-¡Gracias! –dijo Bulma al tiempo que le daba un inocente beso en la mejilla a Vegeta cuando descendieron en los jardines –¡Fue una gran experiencia!

-Tenemos una revancha pendiente –se aclaró la garganta tratando de ser indiferente a la muestra de afecto.

-Debería intentar divertirse más –guiñó el ojo la mujer –Podrá verse joven pero tiene actitud de anciano. Es un tipo agradable cuando se lo propone.

-¿Qué son éstas horas de llegar? –Preguntó Kyabe, quien al sentir la presencia de su hermano corrió a buscarlo –Nos tienen todos preocupados –puso una actitud seria y de adulto.

-¡Qué seriedad! Hasta pareces un mini Vegeta –se mofó Bulma del pequeño y corrió a abrazarlo.

-No te vuelvas a ir –se aferró Kyabe a la científica.

-Vegeta, ¡prometiste regresarla sana y salva! –Le reclamaba la princesa –Tiene una pierna herida.

-¿Es enserio que tuvieron un duelo de naves en el cañón del Guerrero legendario? – Preguntó Tarble uniéndose al abrazo de Bulma y Kyabe.

-Veo que los chisme son más rápidos que la luz –torció los ojos Vegeta.

-Dicen que el príncipe y su novia al terminar se dieron un beso apasionado –se burlaba Milk.

-Parece que fuimos la sensación del reino –comentaba Bulma algo abrumada.

-¡Debemos celebrar! –Proponía Tarble –Bulma cena con nosotros –Miró al hermano mayor en busca de aprobación.

-Adelante, cenen con ella, yo necesito terminar los pendientes que no hice por andar cumpliendo los caprichos de mis hermanos –Subió el tono de voz en señal de reclamo.

Cuando Vegeta se alejó lo suficiente Milk se dirigió a Bulma para charlar unos minutos.

-Bulma –le dijo algo nerviosa la princesa –Lo siento, pero es que Vegeta ha pasado por tanto que no quiero que sufra más.

-Te entiendo, hoy conocí a tu hermano en una faceta diferente –suspiraba Bulma. Realmente el hombre era un extraordinario partido, guapo inteligente y decidido pero: inalcanzable –creo que hasta se divirtió.

-Hacía años que no veía ese brillo en sus ojos –sonrió Milk –¡Gracias por volver! –le brindó un cálido abrazo y juntas avanzaron al comedor.

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Azotar la cabeza en la superficie del escritorio sonaba tentador. Pensaba que la concentración para continuar los pendientes no llegaba, tantas cosas que hacer y en su mente solo rondaba una persona. Ese día competir y volar con ella fueron las peores decisiones del mundo, avivaron y encendieron sentimientos en él, sentimientos que empezaron a crecer sin control.

Recordaba su sonrisa, el valor, el coraje y hasta la falta de sentido común que tenía la mujer. No era simple mente una cara bonita, había inteligencia y agresividad en ella. De haber nacido en su planeta habría sido su reina ideal.

Jamás aprendió a ser un hombre detallista y cariñoso, la vida misma junto con los duros entrenamientos se encargaron de forjarle una coraza, una protección que se comenzaba a fracturar por la calidez y personalidad de la científica. Lamentó no accionar antes de que su hermano se enganchara con ella.

En qué momento lo convencieron sus hermanos de ir tras ella. Bueno la realidad fue que sus hermanos estaban por ir en su búsqueda cuando presumió que él llegaría volando más rápido que ellos. Por lo que decidieron esperar con paciencia en la casa a que la trajera de vuelta.

El culpable mayor fue Kyabe, quien argumentó una serie de ideas que golpearon el corazón de Vegeta, pero la que más le movió: "Todos tuvieron a mamá para que los mimara y arropara al dormir, yo no tuve a nadie hasta ahora".

Odiaba el olor que desprendía y que se impregnaba por toda la casa, ese olor humano que en ciertos días se intensificaba. El reto era superar la tentación y no traicionar la confianza de su hermano. Bulma no le estaba poniendo las cosas fáciles.

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Continuará

10. Perdiendo la confianza

Tal vez pensaron que Vegeta era quien iba a perder terreno, sin embargo es otro el que se fue a entrenar y lleva las de perder.

Amo el capítulo, que es una versión de Fast and furious con una mezcla de Star wars y las carreras de pods.

El capítulo lo iba a subir hasta el viernes, pero me adelanté, no veo caso que siga guardado en mi computadora sin compartir.