10. Perdiendo la confianza

No supo cómo, ni cuando la convencieron. Esos príncipes tenían una capacidad de manipulación tremenda, en especial Kyabe, quien con sus ojitos rasgados lograba conmoverla y hacer su voluntad. Tarble y Milk, morían de curiosidad por jugar con las pistolas de pintura, su pequeño hermano les comentó que fue una experiencia sumamente entretenida.

Aprovecharon que Vegeta salió a cumplir un par de pendientes como futuro rey, así que con seguridad no lo verían llegar hasta altas horas de la noche. Por tanto armaron un circuito de batalla para comenzar el enfrentamiento. Gracias a la extraordinaria fuerza de los pupilos, no fue complejo trasladar obstáculos para esconderse de los enemigos.

El equipo conformado por Kyabe y Bulma permanecía agazapado tras unos barriles de cerveza. Intentaban no hacer ruido para tomar por sorpresa a sus rivales, quienes los estaban superando en disparos.

El oído de Bulma se agudizó, hizo una señal a Kyabe para mantener el silencio e indicarle que ella comenzaría a disparar cuando estuviera el enemigo cerca. El pequeño asintió comprendiendo las indicaciones de su tutora. La científica comenzó a incorporarse lentamente, para acomodarse en posición de disparo. Llevada por la adrenalina se giró con rapidez y descargó su pistola con suma agilidad.

-¡Otra vez! –gritó con molestia Vegeta mirando su armadura manchada-¡Con un demonio!

¡Noooo!–gritó una pálida Bulma al ver a su supuesto enemigo –Se supone que estaría ocupado, ¡cómo se le ocurre atravesarse!

El príncipe la miró con los ojos entrecerrados, parecía pensar en una serie de maldiciones para exclamar. Mientras que sus hermanos con suma lentitud se alejaban de la zona de peligro.

-¡Trae acá! –Le ordenó Vegeta a Kyabe, indicándole que le acercara el arma -¡Date prisa!-lo presionó.

-¡No los castigue! –rogaba Bulma –¡Es mi culpa!

-¡Tienes 10 segundos para correr! –Amenazó Vegeta apuntándole a la científica -10, 9…

-¡No sabe con quién se mete! –Afirmó Bulma comprendiendo que el príncipe se unía al juego y echándose a correr para librase de su mira.

Los equipos fueron reagrupados y hasta Kakaroto debió entrar al juego para emparejar los integrantes. Desde sus posiciones de vigilancia Nappa y Raditz los contemplaban con envidia, veían que la estaban pasando sensacional, como ellos la gozaron días atrás.

Bulma se dedicó a cazar a Tarble, lo ubicó cerca del frondoso árbol del jardín. Se acercó a él con cautela, habían eliminado a Milk y Kakaroto. Esperaba el momento exacto para disparar en el pecho y eliminar a su pupilo más destacado.

La mujer estaba allí lista para eliminar a Tarble, la terrícola era sumamente agresiva en juego. No tenía piedad por ninguno y al parecer Tarble no sería la excepción. Tomó el arma, le apuntó para anularla del juego pero al jalar el gatillo notó que estaba descargada, se maldijo por gastar inútilmente cada disparo en la mocosa.

Al príncipe de los saiyajin nadie le ganada, ni en un estúpido juego terrícola, así que evitaría a toda costa que eliminara a su hermano. Cuando la científica se colocaba en posición de disparo corrió hacia ella para tirarla al piso y evitar un disparo certero.

Bulma sintió que algo caía tras ella, asustada pronunció un grito que alertó a Tarble. El aire le faltaba, el cuerpo que le cayó en la espalda era sumamente pesado. Vegeta disfrutaba el aroma del cabello de la mujer, era embriagante sentirla tan cerca y divertirse como unos mocosos.

-¡No puedo respirar!-pronunció Bulma con dificultad.

-Lo siento -dijo Vegeta separándose y ayudándola a incorporarse.

-¡Eliminado! –Bulma fue rápida, aprovechó la distracción para disparar al príncipe.

-¡Maldita tramposa! –se enojó el príncipe intentándole arrebatar el arma. Era imposible controlar la risa ante las caras de Bulma y lo divertido del juego.

Bulma y Vegeta se transformaron en dos niños pequeños que se arrebataban un objeto. Cada uno destellaba un brillo en sus ojos que iluminaría galaxias enteras. El príncipe no podía explicar qué tenía esa mujer que lo obligaba a disfrutar más de la vida, lo hacía redescubrir la alegría que creía perdida hace años.

En el forcejeo Vegeta sometió a Bulma, cuando estaba sobre ella le sonrió como a nadie en el mundo. Por su parte la mujer devolvió la sonrisa, para después morder su labio en señal de intentar controlarse y no comérselo a besos.

-¡Ganamos! –Llegó gritando de emoción Kyabe, hasta que observó a los adultos tirados en el piso uno sobre el otro -¿Están haciendo bebés?

El comentario de Kyabe en definitiva sonrojó al príncipe y la científica, quienes rápidamente cortaron distancia, pero que dejaron ver sus caras coloradas de la pena.

-¿Voy a tener un sobrino? –Preguntó Kyabe.

-¡Deja de decir estupideces mocoso! –se enfadó Vegeta.

-Tarble dice que cuando un chico y una chica se quieren ¡hacen bebés! –Comentó el pequeñín orgulloso de sentirse todo un experto en relaciones sentimentales.

-¡Ahora voy a matar a Tarble!, permiso –Se levantó Vegeta buscando a su hermano, ¿quién se creía para dar ese tipo de pláticas a un niño tan pequeño?

Bulma no pudo contener la risa, pasó de estar apenada a divertida. En ocasiones Kyabe tenía las ocurrencias exactas para ser tan inoportuno y gracioso. Lo adoraba, a él y a cada uno de los saiyajines de esa familia. Habría sido una tonta cuando decidió irse, por fortuna Vegeta a su manera logró traerla de vuelta.

El problema era que después de la carrera y de jugar con él, no podría sacárselo de la cabeza. Ya no le gustaba, ahora con todo y su mal carácter, se hizo un lugar en su corazón.

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El día fue agotador desde los pendientes de ser un príncipe hasta la convivencia con sus hermanos en el juego de las armas con pintura. Al terminar de quitarse toda la pintura del cuerpo, retomó sus documentos pendientes, allí pasó el resto de la tarde y hasta entrada la noche.

No podía sacarse de la cabeza la proximidad con la científica, era desesperante el recuerdo de su mirada y el olor que desprendía. Sin duda era una mujer con mucho carácter, competitiva y agresiva, de no ser por su nivel de pelea y sus singulares ojos y cabellos bien podría hacerse pasar por un saiyajin.

Antes de dirigirse a su habitación sintió la presencia de Bulma con su hermano Kyabe. El reloj marcaba altas horas de la noche, a lo que suponía que el pequeño no estaba siguiendo las reglas de dormir temprano. Molesto apresuró el paso con la finalidad de reprenderlos por interactuar a deshoras.

Se sorprendió al contemplar al pequeño y la científica dormidos profundamente. Bulma con el brazo derecho estirado abrazaba al pequeño y con la otra mano sostenía un libro en su pecho. Con sigilo se acercó para mirarlos, en especial a la mujer. Con suavidad pasó una mano por su cabello, hacía tiempo que deseaba tocarlo.

-Lo siento me quedé dormida –se despertó Bulma cuando sintió el toque, frotaba los ojos con sueño.

-No te preocupes –Respondió en un susurro Vegeta separándose de ella–Gracias por lo que haces por él.

-No tiene que agradecer, su hermanito es un amor –Bulma miró al pequeño y le acarició el cabello.

-Jamás conoció a nuestra madre –suspiró Vegeta sentándose en el borde de la cama.

-Debió ser una mujer valiente por cierto, ¡tener 5 hijos!, supongo que las familias numerosas son una tradición saiyajin –rió Bulma.

-En la familia real sí, es para asegurar la herencia al trono –Respondió Vegeta.

-¡Vaya! Y ¿usted cuántos mocosos quiere? –le preguntó la científica con aire divertido.

-Ni si quiera he pensado en quién será la futura reina, mucho menos en cuántos mocosos quiero tener –se molestó Vegeta por la pregunta, intentaba susurrar para no despertar a su hermano.

-¡Uy qué amargo! –exclamó Bulma manoteando para expresar enfado debido a la imposibilidad de hacer ruido. –Era solo una pregunta.

-¿Por qué te querías ir? –preguntó Vegeta, después de arrepintió por hacer el cuestionamiento –¿Qué travesura te hicieron mis hermanos para que huyeras?

-Ninguna –suspiró Bulma –fueron malos entendidos.

-¿Solo eso? –preguntó incrédulo –Siempre tienes explicaciones hasta por los codos y ahora simplemente contestas que "malos entendidos".

-Sí, y el miedo de seguir encariñándome con cada miembro de esta familia y no ser capaz algún día de irme –dijo con melancolía y mordiendo su labio inferior para contenerse de expresar que hasta a él le tomó demasiado cariño.

-Entonces no te vayas –levantó la mirada el príncipe pero de inmediato la apartó.

-Mis metas de vida no me lo permitirían –la científica cerró el libro de cuentos sin mirar al príncipe –Además Kyabe un día no necesitará más cuentos y Tarble podrá ser un desarrollador tecnológico autosuficiente. Como bien lo dijo una vez, simplemente soy una empleada más en la familia.

-¿Y con Broly? –la detuvo Vegeta antes que se retirara –Porque si no tienes expectativas en ésta familia, entonces no estás tomando enserio a mi hermano.

-¿Qué le importa?, su hermano ya es muy mayorcito como para tomar sus decisiones, supongo que no le parece que salgamos –se molestó Bulma, porque esa pregunta estaba fuera de lugar –Claro una simple terrícola como yo no es digna de ganar el corazón de un príncipe Saiyajin.

-¿Qué sucede? –preguntó Kyabe despertando ante el escándalo.

-Ve, ya despertó al niño –le reclamó la científica a Vegeta.

-¿Yo? –se enfadó –¡fuiste tú y tu escandalosa voz!

-Ahora me ayuda a dormirlo –le advirtió ella.

-No es un bebé como para arrullarlo a dormir –se quejó Vegeta.

-Kami libre a sus futuros hijos con un padre así de amargado –Se preocupó Bulma regresando a la cama con el pequeño.

-Vamos Vegeta –lo convencía Kyabe haciéndole un espacio en la cama –recuéstate a mi lado.

-Está bien, pero si no te duermes en 10 minutos me voy –aceptó su hermano mayor a regaña dientes.

Bulma abrazó a Kyabe para acomodarlo sobre su hombro, mientras que Vegeta se recostó cruzado de brazos. El ambiente que se generó era tan cálido que el trío se quedó profundamente dormido, hasta que la vejiga del pequeño lo hizo levantarse al baño. Con sigilo Kyabe se movió del agarre de Bulma. Tampoco Vegeta pareció notar la ausencia.

Un rato después Kyabe llegó a la habitación de su hermano Tarble para pedir asilo, porque su cama estaba totalmente invadida.

-¡Tarble! –susurraba el hermanito sacudiéndole el cuerpo –Tarble

-¿Qué quieres? –le respondía entre sueños el pre adolescente.

-¿Puedo dormir contigo? –le preguntaba Kyabe.

-Ya estás grandecito para tener pesadillas y buscar compañía, eres un saiyajin –respondía Tarble acomodándose en otra posición para dormir.

-No es por eso –se ofendió el pequeño –Es que mi cama está ocupada por Bulma y Vegeta.

-¡¿Qué?! –se levantó Tarble de golpe lanzando las sábanas por los suelos.

-Sí, ¿quieres ver? –dijo Kyabe.

Juntos emprendieron el camino a la habitación del más pequeño. Los ojos de Tarble no lo podían creer. El frío de su hermano Vegeta dormía plácidamente junto a su tutora, ella lo tenía brazado del pecho mientras el príncipe recargaba la cabeza en el hombro de la científica.

Por un momento pensó en despertarlos para reclamar la falta de seriedad de Bulma a su hermano Broly, pero entonces recordó lo que Milk le decía. Su hermana no se cansaba de repetir que Vegeta estaba loco por Bulma, aunque le costara reconocerlo y por eso se comportaba como todo un patán, porque no quería evidenciar sus sentimientos.

Todo cobraba sentido. Bulma era la única que logró hacer participar a Vegeta en un juego, la única que retó al príncipe de todos los saiyajines a una carrera de naves. Al parecer también sería la única capaz de quitarle ese carácter de los mil demonios que tenía.

-¡Vamos hermanito! –le decía Tarble –déjalos dormir.

-¿Te imaginas si Bulma se casara con Vegeta? –se lo preguntaba Kyabe mientras regresaban a dormir –¡Así nunca se iría!

-No te imagines cosas –reía Tarble ante tal ocurrencia. Una ocurrencia que ya no le parecía tan descabellada.

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Qué sueño tan reparador, hacía años que no lograba descansar tan profundamente. Abrió los ojos con calma para estirarse pero no esperaba ver lo que se encontró junto a él. La científica lo tenía abrazado con fuerza y la cabeza recargada en su hombro. Sentía que un movimiento en falso y podría despertarla. Ninguna misión le pareció tan delicada como moverse sin despertar a la mujer.

-¡Ahhhhhhhhhhh! –se escuchó un fuerte grito después de que Bulma abrió los ojos y se topó con el príncipe frente a frente -¡suélteme!

-¡Tú eras la que no me soltaba!-se quejó Vegeta.

-¡Ya quisiera! –se ofendió Bulma.

-¡Lo mismo digo! –le respondió también ofendido.

-¿Qué sucede? –llegó Milk agitada. Pero no necesitó mayor explicación cuando los vio todavía semi recostados en cama -¿de qué me pedí?

-¿Cómo te vas a perder de algo? –se sonrojó Bulma –Aquí el señor que se durmió en mi cama.

-No es tu cama –le aclaró Vegeta sentándose en el borde de la cama -¿Por cierto dónde está ese maldito mocoso? –en su mente pensaba que era el verdadero culpable de ese enredo.

-Habiendo tantas camas en la casa y deciden hacer sus cosas en la del pequeño Kyabe –Reía Milk -¡qué gente tan enferma!

-¡Cállate mocosa! –le gritó Vegeta saliendo de la habitación.

-¿y? –preguntó curiosa Milk.

-Nos quedamos dormidos con Kyabe –pronunció nerviosa.

-¿Ajá? –no le creía -¿Y Kyabe?

-No tengo idea -se levantó Bulma acomodando su ropa –Pensé que Vegeta era Kyabe y por eso lo abrazaba dormida.

-Entre Kyabe y Vegeta hay muchísima diferencia –Se carcajeaba la princesa.

-¿Por qué me pasan éstas cosas a mi? –se preguntaba Bulma palmeándose la frente.

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Pasaron los días, Vegeta no estuvo mucho en casa. El peso de ser el heredero le comenzó a caer encima, su padre insistió en acercarlo a eventos diplomáticos y aburrido papeleo. Lo cual hacía ponerlo de malas, además difícilmente se topaba con Bulma, porque a su regreso a casa se postergaba y cuando arribaba todo el mundo dormía.

Una noche escapó de las garras de su padre, regresó más temprano de lo usual y encontró a sus hermanitos animados manejando un artefacto. Kyabe y Tarble peleaban por mantener el control del aparato, hasta que decidió mediar la situación antes de que se agarraran a golpes.

-¡Traigan eso para acá! –les ordenó Vegeta.

-¡Es mi turno! –Se molestaba Kyabe.

-¡Para ti siempre es tu turno! –contestaba Tarble.

-¡Si no me dan esa cosa juro que la destruiré y nadie jugará con ella! –amenazó el hermano mayor.

A regala dientes los niños cedieron el control, a lo cual vegeta lo inspeccionó con detenimiento.

-Es un dron, lo armamos con Bulma –Explicó Tarble al ver la cara de duda de su hermano –tiene una cámara integrada y podemos moverlo al sitio que queramos para espiar a la gente.

-Eso es de mala educación –los reprendió Vegeta mirando la pantalla del control e intentando dirigir el aparato para que se elevara por los cielos.

-Ese botón es para encender la cámara –le mostraba Tarble, mientras Vegeta seguía su consejo.

Lo que la cámara del dron proyectó no era una escena apta para menores, con grandes reflejos Tarble cubrió los ojos de Kyabe para evitar un trauma de infancia severo.

-¡Oye! –se molestó Kyabe -¿qué estaban haciendo mi hermana y Kakaroto?

-Fuera de mi vista los dos –Les indicó a sus hermanitos –A su habitación.

-¿Pero por qué estamos castigados? –se quejó Kyabe mientras Tarble lo jalaba intentando explicar que no molestara más a Vegeta.

La ira de Vegeta creció. Ver por el monitor a su hermana y su mejor amigo en situaciones sexuales no es lo que un hermano mayor espera. A parte de ser incómodo, sintió un deseo insuperable de partirle la cara el estúpido de Kakaroto. Localizó la ubicación de la pareja y fue a su encuentro.

-¿Qué demonios hacen? –Gritó Vegeta, quien sí sabía que hacían, pero no supo qué otra cosa decir.

-¡Vegeta! –exclamó Gokú separándose de la princesa y cubriéndose.

-¡Fuera de mi vista! –lo empujó Vegeta –¡Te estás aprovechando de una niña!

-¡No es así! –Milk quiso interceder por su novio -¡ambos queríamos!

-Me tiene sin cuidado lo que quieran –resopló Vegeta –Kakaroto te vas inmediato al palacio y allí aguardarás mis órdenes. Haz traicionado mi confianza –le apuntó con amenazadoramente -¡y tú mocosa, cúbrete! –Le ordenó.

Gokú no quiso explicar nada, conocía de sobra a su amigo e intentar conversar cuando se encontraba de mal humor era el peor error del mundo. Lo dejaría tranquilizarse y expondría que él tenía intenciones serias con su hermana.

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Bulma estaba en una conversación superficial con Broly, hacía minutos que quería cortar la plática porque hablar de los músculos del chico no le parecía en absoluto interesante. Tenía un cuerpo divino pero comenzó a descubrir en él, esa parte vanidosa que no le agradaba en los hombres. Justo en ese momento un par de gritos y maldiciones le dio la excusa perfecta para zafarse.

-Broly –detuvo su explicación –Me parece escuchar el llanto de tu hermana, debo investigar luego te devuelvo la llamada.

-Pero no hemos terminado –alcanzó a escuchar las últimas palabras del chico antes de cortar la transmisión.

Bulma interceptó a la princesa rumbo a su habitación, la abrazó con fuerza porque necesitaba un hombro en quien llorar, aunque se lo llenara de mocos.

¿Qué pasó? –preguntó la científica.

-Oh, Bulma –sollozó la princesa –Vegeta nos descubrió.

-¿Por qué no inventaron alguna excusa de un simple beso por curiosidad? –preguntó Bulma frotando su mano en la espalda de la chica.

-Porque nos encontró en algo más que un simple beso –aumentó la fuerza de su llanto.

Con justa razón Vegeta se había enojado con ellos, vaya hasta ella sentía ganas de agarrar a bofetadas a la pareja por ser tan descuidados. Se los había advertido pero ninguno pareció tomarle importancia.

-Ahora mandó a mi Gokú al palacio –se limpiaba las lagrimas –Nos está separando.

-Les advertí que fueran cuidadosos –suspiró Bulma –es un amor prohibido.

-¿Qué sabes tú de amores prohibidos? –se molestó la princesa y se retiró a su habitación dejando a Bulma anonadada.

Milk demostró ese carácter rebelde y caprichoso que tenía. Esperaría a que se calmara para conversar con ella y animarla. Antes de salir del laboratorio la transmisión de monitor marcaba otra llamada de Broly, con desgano tuvo que atender el llamado, sería importante contarle que Vegeta descubrió a su hermana con Gokú.

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-Quiero Hablar contigo –Pronunció Vegeta con voz seria ingresando a la habitación de su hermana.

-Yo no –le gritó Milk desde su cama arrojándole una almohada –No tenías derecho de mandarlo al palacio, alejarlo de mí –Se sentó en la cama para mirarlo –¡Entiende que ya no soy una niña!, lo amo y tengo necesidades, no me vengas con a sermonear por favor.

-No tienes ni idea de a lo que vengo mocosa –Se molestó, cambió su serenidad por enojo.

-¿A qué más puedes venir? –le preguntó mirándolo de forma desafiante -¿A decirme que lo vas a desterrar del planeta por salir con la hermana de su mejor amigo?, ¿o vas a salirme con las tonterías de que no es digno de mí?

-¡Baja el tomo de voz mocosa! –le respondió Vegeta acercándose a ella –Porque entonces me tientas a que cambie mi decisión.

-¿Entonces ya elegiste por mi? ¡hiciste una elección sin consultarme! –se tiró a la cama a berrear.

-¡Cállate y escucha! –la reprendió el príncipe –y mírame cuando te hablo.

A regaña dientes Milk se incorporó de la cama para mirar de frente al hermano, con sus manos secó las lágrimas y respiró profundo. Conociendo a Vegeta la decisión sería una sentencia de muerte o distanciar a su amado.

-Kakaroto está en el palacio –dijo él.

-Eso ya lo sé –se quejó la princesa.

-Déjame terminar, está allí porque necesita con urgencia una inyección de control natal –Explicó Vegeta. Cuando mencionó ese detalle la mandíbula de la princesa cayó hasta el suelo. Eso no se lo esperaba –Si estuvieras más atenta y dejaras de lloriquear sentirías su ki acercándose a la casa.

-¿Escuché bien? –Milk parpadeaba incrédula.

-¿Qué estás sorda? –torció los ojos Vegeta incómodo –No quiero sobrinos por ahora.

-Gracias, gracias, gracias –Saltó de la cama para llenarlo de besos –¡eres el mejor hermano del mundo!

-Barbera –la apartó porque le molestaba tanto besuqueo –Además una parte de mí se lo imaginaba, últimamente los veía muy juntos.

-¿Por eso nos mandaste a misión? –preguntó Milk.

-Sí –Vegeta respondió serio –Pero se atravesaron otras cosas y no pude comprobar mis sospechas.

-Bulma tenía razón –habló la princesa en voz alta.

-¿Ella lo sabía? –preguntó el guerrero levantando una ceja.

-Sí, de hecho nos estuvo ayudando para que no te dieras cuenta –ella apretó la boca con nervios –No la regañes, fue por una buena causa.

La cabeza de Vegeta comenzó a revolucionarse y atrabajar a mil por hora, todo cobraba sentido las flores que supuestamente le dio Kakaroto, la salida a buscar ropa y hasta el desmayo que fingió cuando se inventó el cuento de que eran novios.

-Es una alcahuete –se cruzó de brazos molesto -¿Quién más sabía?

-Broly –susurró Milk.

-¿Quién? –preguntó Vegeta que no la alcanzó a escuchar.

-Broly –Pronunció un poco más fuerte pero con temor.

-¿Broly?, ese maldito me va a escuchar, otro solapador del demonio. Todos sabía menos yo –Se enfadó el príncipe -¿No me tienen confianza?

-No –se tapó la cara Milk con pena de ser tan sincera –Eres muy cerrado y terco.

-Vuelve a decir eso y mando a Kakaroto de regreso al planeta Tierra –la amenazó con burla.

La princesa rió e hizo un gesto con la mano que indicaba que se quedaría callada.

-Parece que ya está llegando el susodicho –suspiró Vegeta al sentir el ki de Kakaroto –Ve a su encuentro –respiró incómodo -y por favor aprendan a ser más discretos y reservados, Kyabe casi los ve en pleno momento.

-Lo prometo –sonrió la princesa tomando rumbo al balcón.

-Me cuesta creer que ya no eres una mocosa –le revoloteó el cabello Vegeta –y de todos los saiyajines del planeta Kakaroto es el candidato más aceptable.

-Tomaré ese: "aceptable", como el referente de un futuro esposo –Guiñó el ojo la princesa.

-No te emociones tanto –le advirtió su hermano –Espero que un futuro muy lejano mis futuros sobrinos hereden la inteligencia de nuestra familia –se frotó las sienes.

-Por eso, tú estás buscando una candidata inteligente –le respondió Milk con complicidad.

-¡Eso ya fue! –se molestó Vegeta -¡Lárgate por Kakaroto antes de que me arrepienta!

-Solo una cosita –regresó la princesa sobre sus pasos –Broly y ella aún no tienen nada formal, solamente están saliendo. Así que tienes oportunidad hermanito –Salió volando por el balcón antes de escuchar alguna represalia del hermano.

Apretó los ojos con enfado, qué necedad de su hermana por engancharlo con esa terrícola. No le ayudaba mucho a sacársela de la cabeza, en cada momento pensaba en ella y hasta creía alucinarla por todos lados, por ejemplo en ese instante que sintió entrar su aroma y le pareció escuchar su voz.

Bulma entró a la habitación de la princesa, miró una sombra tras las cortinas del balcón. Era urgente sacar todo lo que tenía dentro, sabía que la princesa no tenía ánimos de escuchar problemas mientras tenía a su amado muy lejos, pero era la única persona en la casa con quien podía confesarle que el príncipe Vegeta se metió muy profundo del corazón. Sin pensarlo comenzó su soliloquio, intuyendo que la princesa la escuchaba.

-Ya sé cómo te sientes, estás peor que yo. Pero quería hablar con alguien. Últimamente no hago las cosas bien, en lugar de cortar distancia termino acercándome más. No sé, yo pensé que podía estar con tu hermano Broly, que íbamos a ser felices, la realidad es que no me fluye el amor por él, lo ubico más como un amigo –Pausó suspirando -la verdad es que tenías razón y desde hace tiempo no me puedo sacar de la cabeza a…

-¿A quién? –preguntó Vegeta con curiosidad entrando del balcón.

-¡Pero qué entrometido! , ¿no le enseñaron a no escuchar conversaciones ajenas? –Gritó Bulma con una mezcla de molestia y nerviosismo. Unas palabras más y confiesa sus sentimientos por él.

-Tú eres la que habla sola sin verificar a quién le cuentas tus cosas –respondió Vegeta molesto porque no le dio una respuesta. Más fue su enfado por saber que había otro rondando la cabeza de la científica y no su hermano.

-Tiene razón, además usted qué va a saber de sentimientos –Dijo Bulma mirándolo con decepción –Se entera de la relación de su hermana y manda a Gokú al palacio para alejarlo de ella. Los separa porque seguramente piensa que no es el indicado para la princesa, ¡déjelos que sean felices!

-¿Terminaste? –le preguntó Vegeta con indiferencia.

-No, ¿usa el corazón para otra cosa que no sea para bombear sangre al cuerpo?, porque parece que no le funciona para sentir –Bulma le dijo con furia –¡seguramente piensa que cuando uno siente mariposas en el estómago es por indigestión y no por amor!

-¿Estás segura de lo que dices? –él se acercó para mirarla a los ojos.

-Sí, porque con su facha de guerrero frío no se da cuenta de cuánto lo han necesitados sus hermanos y de ¡cuánta comprensión necesita su hermana que está enamorada! –le gritaba molesta.

-¿Enserio crees que no sé nada de lo que es pensar en alguien imposible? –se acercó a Bulma para sostenerla de los hombros y mirarla a los ojos con mayor detenimiento.

La razón se fue de vacaciones, su mente no funcionó y el impulso fue más fuerte, plantó sus labios con los de la mujer para comenzar un beso apasionado. Bulma extendió sus brazos para rodear al príncipe, mientras él mantenía sus manos en el rostro de la científica. Sus besos lo hacían sentirse vivo, llenándose de una sensación de poder que ni el mejor entrenamiento podría brindarle.

-No –se separó Vegeta como si el beso le quemara –Eres la chica de mi hermano, no puedo perder su confianza –pensó apartándose aún más.

-Tampoco quiero lastimar a Broly. No sé que es peor seguir una mentira o decir la verdad. Es un gran chico pero mi corazón solamente puede verlo como amigo –Pensaba Bulma, suspiró

-¡No puedo! –Pronunció molesto y salió de la habitación sin mirar a la científica.

Bulma lo miró salir. Tocaba suavemente sus labios con su mano derecha, se habían besado en ocasiones anteriores pero ahora lo sintió diferente. Percibió mayor calidez en el contacto, se sintió tan completa cuando unieron sus labios.

Se enfadaba con ella misma, se volvió la típica chica que prefiere al hombre malo y frío, en lugar de elegir al bueno y caballeroso. Por lo menos ahora sabía que el Príncipe Vegeta sentía algo por ella, su hermana le comentó un par de cosas pero le eran inverosímiles.

Sumado a elegir al chico malo, tenía la sensación de culpa con Broly, era tan buen partido que no se merecía ser traicionado. Ella odiaba la infidelidad, si bien no habían formalizado su relación y se limitaron a salir para conocerse mejor, sentía que estaba traicionando la confianza.

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El entrenamiento comenzaba muy temprano, tuvo que acostumbrarse a la rutina de meditación que descuidó estando en Salada, pero el ajetreado mundo de convivir con sus hermanos no le permitía tomar enserio sus sesiones de meditación, pues eran poco los instantes que podía convivir con ellos.

-Miren lo que trajo el cambio de lunas –sonreía Broly cuando reconoció a Celery llegando a la zona de entrenamiento.

-¡Qué gracioso!-dijo con sarcasmo la mujer de la larga cola de caballo.

-Te ves linda con esa ropa –reía el chico burlándose del uniforme de Yardrat.

-¿No tienes a quien molestar? –torció los ojos la guerrera –Estas malditas cosas no dejan ver mi tonificado cuerpo, ¡son horribles! –pronunció fastidiada.

-Uno se acostumbra –le palmeó el hombro -¿y qué te trae por acá?, ¿también sufres ataques de ira? –preguntó rodeando a la chica.

-Parece que éste mísero planeta se ha convertido en una forma de deshacerse de los hijos incómodos –torcía la boca Celery cruzando los brazos y meneando su cabeza con impaciencia.

-Claro, claro eres la hija rebelde del conde –dijo Broly avanzando al entrenamiento-¿Vienes o solamente andas por aquí de turista?

-¿Enserio tienes esa maldita sonrisa todo el tiempo?, es odiosa –soltó Celery avanzando.

-No, solo desaparece en mis ataques de ira –la miró con detenimiento -¿Quieres una muestra?

-Me caes tan mal que no estoy segura de soportarte tanto tiempo –dijo la guerrera con sentimientos encontrados, definitivamente el segundo hijo era bastante atractivo. Las cosas con Vegeta nunca tuvieron futuro y no se veía tan mala opción un par de encuentros sexuales con Broly –Parece que mi verdadero castigo es soportar al segundo hijo del Rey Vegeta.

-¿Bromeas?, soy adorable –le guiñó el ojo –y tú tan amargada.

-Yo no soy amargada, tú eres demasiado alegre ¿seguro que eres saiyajin? –Le respondió acercándose a él para posarle ambas manos en el pecho con forma retadora.

-Ves, por eso sigues sin encontrar pareja –respondió Broly –Eres atractiva y fuerte, pero tu carácter apesta.

-¿Perdón?, eres mayor que yo y sigues soltero –resopló ofendida acercándose al pecho del chico para empujarlo–Debes hartar a todas tus novias con tanta sensibilidad.

-Vamos a entrenar, nos están llamando –desvió el tema Broly porque la proximidad con Celery se tornó peligrosa.

-Anda guapo –le palmeó en el trasero Celery–Muéstrame cómo se hacen las cosas aquí.

Broly aclaró su garganta, en definitiva Celery era una guerrera atractiva y diestra en el arte del combate. Sería demasiada tentación tenerla viviendo peligrosamente cerca, no llevó la cuenta desde su último encuentro sexual pero sin duda transcurrió demasiado tiempo y la mujer parecía ser una fiera en la cama.

De repente sintió un choque de realidad, prometió hacer las cosas diferentes con la científica, pero su relación no avanzó demasiado, trataba de llamarle cada ocasión que podía pero no la escuchaba entusiasmada con sus pláticas y cuando estuvieron en sus citas ni siquiera le permitió que la besara. No tenía claridad en sus sentimientos, la distancia estaba rompiendo lo poco que habían construido.

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Continuará…

11. Perdiendo la cabeza

Lo sé, ¡todos odiando a Broly a partir de éste capítulo! Pero es que es el complemento ideal para Celery, así como Bulma es el catalizador de Vegeta.

Realmente Celery no es tan Bitch, la mueve su estilo de crianza en la idea de que todos deben ser de raza pura (muy Draco Malfoy) y obvio ella no sabe que Broly estaba saliendo con Bulma.

Saluditos

P.d. Me motiva leer sus reviews para conocer cómo van recibiendo la historia.