11. Perdiendo la cabeza
Un sin número de pensamientos en su cabeza y sentimientos en su corazón. Juraría que su mente le estaba jugando una broma de mal gusto, no se creía que el amargado del príncipe Vegeta la hubiese besado. Se lamentaba por tomar una decisión apresurada con Broly, por no tener el valor suficiente para ser sincera, por no tener el coraje de aceptar que no podría ofrecerle más que un sentimiento de amistad.
El nudo en el estómago y el corazón latiendo intensamente no la dejaban dormir. Por lo que se dirigió a la cocina para beber un vaso de agua, necesitaba refrescarse. Para su sorpresa encontró una sombra conocida que sostenía en las manos algunos alimentos y restos de comida de la cena.
-¡¿Gokú?! –Exclamó Bulma.
-¡Holaf! –respondió saludando con la boca llena.
-¿No te habían trasladado al palacio?- preguntó con curiosidad acercándose para ayudarle a colocar los alimentos sobre la barra de la cocina.
-Eso pensamos –Expresó Gokú para luego seguir comiendo.
-¿Puedes dejar de comer aunque sea dos minutos? Quiero saber que pasó –le exigía la científica.
-Es que tengo mucha hambre –Se justificó el saiyajin –Pues no hay mucho que contar, Vegeta me mandó al palacio al servicio médico.
-¿Te golpeó? –se asustó Bulma.
-Ganas no le faltaron –rió nervioso –Lo que sucede –hizo una pausa para tragar el alimento –es que los varones saiyajines que iniciamos una edad sexual activa estamos obligados a recibir una inyección anticonceptiva.
-¿Entonces me estás diciendo que nunca habías…? –preguntó Bulma incrédula haciendo movimientos con las manos.
-No –se sonrojó Gokú.
-¿A tu edad? –La científica abrió los ojos de par en par.
-Pues es que solamente me gusta pelear, esas cosas no me llamaban la atención –Explicó con pena.
-¡Vaya! Son fuertes declaraciones –se asombró Bulma.
-Entonces en conclusión Vegeta nos dio su bendición para seguir juntos –Gokú cambió de tema pues estaba algo incómodo.
-¿Enserio? –la chica estaba anonadada ante tal afirmación, miró a Gokú que seguía engullendo y se limitó a asentir con su cabeza.
-¿Todo bien? –preguntó el guerrero cuando vio a su amiga suspirar y apagar su mirada.
-No, traicioné a Broly –respiraba profundo ella para no comenzar a sollozar.
-¿Qué?, ¿cómo? –la interrogó el saiyajin.
-Vegeta y yo nos besamos –pronunció con pena.
-Así que al fin se decidió el amargado –se emocionaba Gokú –Me da gusto por ambos.
-¡No Gokú! No fue algo bueno, estoy saliendo con su hermano –se ofendía Bulma –No quiero ser la persona que rompa una relación entre hermanos.
-Y tú ¿A cuál hermano eliges? –Gokú pausó la mordida de una pierna de cerdo.
-Yo, yo-tartamuedó la científica sin pronunciar una respuesta concreta.
-¿Vegeta? –la miró el guerrero -¿Broly?
-Si te digo la verdad promete que será un secreto y que no lo dirás a nadie –Dijo Bulma sonrojada.
-Ya sé –sonrió Gokú –Por tu cara debe ser el gruñón de Vegeta.
-Noooo –intentó negar Bulma pero sus gestos denotaban otra cosa.
-A ver si le quitas ese pésimo carácter que tiene, es mi mejor amigo pero ya le hace falta una novia de verdad –reía Gokú –y no una inventada.
-Pero –titubeó Bulma -¿Qué hago con Broly?, ¿Qué pasará cuándo se entere que su hermano y yo nos besamos?, ¿qué tal si le da un ataque?
-Dile la verdad, no sigas dándole falsas esperanzas –dijo Gokú abriendo un refractario lleno de sobras de comida.
-Pero soy una simple terrícola –suspiraba ella –Jamás me aceptarán en la realeza.
-Bajo esa idea entonces no podrías salir con ninguno de los dos príncipes –señaló Gokú sin dejar de masticar.
-Tienes razón –Entre sus comentarios Gokú le dio la solución. Una solución que ya se había planteado semanas atrás –Además mi futuro no es aquí.
-Piensa que Broly puede conseguir a cualquier chica, pero Vegeta es más selectivo y parece que eres justo lo que siempre buscó –Le dijo traviesamente su amigo.
-¡Deja de meterte en lo que no te importa Kakaroto! –se escuchó la voz llena de enojo de Vegeta.
-¡Vegeta! –Se sobresaltó Gokú que lo hizo tirar el plato que estaba utilizando.
El estómago de Bulma se contrajo, había en él un nudo tan apretado que le cortaba la respiración. Desvió la mirada porque si volvía a ver esos ojos negros no iba a ser capaz de controlarse y acabaría besándolo de nuevo.
-No me tienes muy contento, así que no agregues a la lista: entrometerte en mi vida –le advirtió apuntándole de manera amenazadora.
-Intentaba ayudarte –se rascó la cabeza Gokú.
-Nadie pidió tu ayuda –Gritó Vegeta más enfadado.
-Vegeta –lo interrumpió su amigo –Ya se te fue la chica –señaló la dirección donde desapareció Bulma.
-No la voy a seguir –Se cruzaba de brazos el príncipe.
-Vamos, se te nota que te mueres de ganas por besarla otra vez –lo codeó Gokú.
-Maldita chismosa –se molestó vegeta –Me va a escuchar, No tiene por qué andar contando las cosas.
-Me da gusto que al fin te animaras –sonreía Kakaroto.
-No vengo a hablar de eso. Vengo a conversar sobre mi hermana –puntualizó Vegeta.
-Mira –se levantó de la barra de la cocina –Quiero hacer las cosas bien, yo la amo.
-Más te vale –entrecerraba los ojos el príncipe –De lo contrario te cortaré en pedacitos tan pequeños que las hormigas podrán cargar tus restos. Te cortaré con el cuchillo menos filoso del universo y haré que sufras mucho, mucho dolor ¿entendiste?
-¿Qué crees que opine tu padre? - Gokú asintió con cara de miedo pero respiró profundo para hacer la pregunta.
-Kakaroto, te conozco desde que no sacábamos los mocos juntos, así que yo abogaré por ustedes ante mi padre –confesó –Si ya aprueba mi relación con una terrícola, creo que un saiyajin que no pertenece a la realeza no será problema.
-Uy –lanzó una risita pícara Gokú –El gran Vegeta está admitiendo que está en una relación con una terrícola.
-¡Otra vez el mismo tema! –se enfadó el primogénito.
-Tú la mencionaste –seguía riendo Gokú –¡te trae loco!
-Es la chica de mi hermano –murmuró entre dientes cruzándose de brazos.
-Ya te lo había dicho, el corazón de Broly es algo inestable. Queda prendado de toda chica a la que conoce –Continuó buscando algo más para comer –Bulma es guapa, inteligente y tiene una hermosa sonrisa.
-¡Cuidado con lo que dices Kakaroto! –Lo miró entrecerrando los ojos.
-¡Uy alguien está celoso! –decía nervioso Gokú.
-No imagines cosas, lo digo porque éstas saliendo con mi hermana –le apuntó amenazadoramente –solamente debes tener ojos para ella ¿entendido?
-Tu hermana es única y la respeto, pero como buen amigo de Bulma no puedo evitar en tener presentes sus virtudes –le aclaró.
-Pues tiene más defectos que virtudes, es horriblemente escandalosa, se viste de manera vulgar, no tiene ningún respeto por la autoridad, le mete ideas a mis hermanos, no sabe pelar, es desordenada, perezosa y, y, y –apretó los puños para evitar seguir hablando, pues los insultos se iban a transformar en palabras como: hermosa, alegre, valiente y agresiva –Quisiera enviarla lo más lejos posible, su presencia me altera y no quiero verla nunca más.
-No me sorprende –escuchó la voz desilusionada de la mujer que regresó en un intento por reencontrase con el príncipe –Sabía que su concepto de mí no era el mejor. Pero descuide fingiré que no existo en ésta casa.
El corazón de Bulma se fraccionó en millones de pedacitos, en una horas pasó de latir con fervor por el príncipe, a romperse por culpa de la decepción.
-No quise –titubeó Vegeta ante la sorpresa.
-No se preocupe, hace unas horas me llamaron para decirme que probablemente en 3 meses esté de vuelta en mi antiguo empleo. Ya veo la razón de su insistencia por buscarme un ascenso en la Patrulla Galáctica. Si no me quiere en su vida, es su problema, pero por fortuna sus hermanos sí me quieren aquí, por eso no me largo en éste instante –le apuntó con el dedo con una mirada que mezclaba dolor y decepción.
Vegeta quiso refutar lo que escuchó Bulma, pero la presencia de Kakaroto lo detenía en volver a besar a la científica, acorralarla contra la pared y confesarle que a pesar de sus miles de defectos, le aceleraba el corazón despertándole sentimientos que jamás había experimentado. Pero era mejor así. Un saiyajin mantenía su palabra, prometió respetar la relación de su hermano. Con Bulma aborreciéndolo sería más sencillo mantener la distancia para no perder la cabeza.
-Bulma, yo creo que Vegeta no quiso decir eso –la interrumpió Gokú.
-¡Cállate! –pronunciaron Vegeta y Bulma al unísono generando que el amigo se encogiera de hombros ante la orden.
-Pues será difícil que pases desapercibida con tan escandalosa voz –Se burlaba el príncipe tratando de parecer indiferente.
-Entonces no se atreva a dirigirme la palaba, vaya a insultar a otra que se deje –le advirtió tomando rumbo a su habitación.
Tuvo el pretexto adecuado para ir al encuentro de la científica, una parte suya quería comérsela a besos y la otra no volvérsela a cruzar jamás en su camino. Odiaba tenerla tan cerca, aunado a ello dejaba su olor impregnado por toda la casa.
-¡Todavía no terminamos! –la alcanzó, porque para él aún no estaba terminada la conversación.
-Cierto, me falta decirle que no sé ha dado cuenta –hizo una pausa para mirarlo a los ojos.
-¿De qué no me he dado cuenta? –preguntó traviesamente Vegeta esperando una confesión.
-De que, de que –titubeó Bulma antes de confesar, pero la imagen de Broly pasó por su mente –De que me desvivo por sus hermanos, soy tutora pero hago todo lo posible porque esos pequeños sientan el amor que usted y su padre les han negado. Así que le pido que deje de hacer mi vida una tortura con su personalidad amargada.
-¿Una vida de tortura? –rió Vegeta socarronamente –Seguramente tus únicos problemas en la vida son saber qué prendas te pondrás o cómo peinarás tu cabello. No sabes nada de sufrir.
-Claro –respiró Bulma ofendida -¿Qué va a saber de sufrir una chica huérfana? Una niña que vivió en cientos de lugares adoptivos, una niña que muchas noches se fue a la cama sin probar alimentos o que tuvo que hacer de todo para que no la ultrajaran extraños –Los ojos de Bulma se cristalizaron, pero contuvo el llanto, no quería verse débil ante el príncipe –Una mujer que perdió al amor de su vida en un accidente.
-No sabía –Pronunció un Vegeta desconcertado siguiéndola.
-Usted nunca sabe nada, todos hemos sufrido pero está en nosotros ser felices y elegir ver lo positivo de la vida o sentarnos a renegar de nuestra suerte amargándonos la existencia –la científica apresuró el paso a su habitación y la cerró dando un portazo.
Vegeta permaneció recargado fuera de la puerta, la culpa lo hacía sentir como un vil insecto. El veneno que pronunció para alejar a Bulma se le salió de control, terminó lastimándola de más. No merecía en su vida una mujer así, sus personalidades eran tan abismales pero a la vez tan complementarias.
Se sentía derrotado, la sensación de perder era insoportable. Ni cuando la científica besó a su hermano sintió ese vacío en su estómago. Él no había perdido a la chica a manos de Broly, la perdió por sus acciones, por su actitud y sobretodo la estaba perdiendo por su orgullo.
Dentro de la habitación Bulma contenía las lágrimas, percibió la sombra del príncipe fuera de la puerta. No entendía qué le sucedía a ese hombre, un día era el ser más caballeroso del universo y la besaba, mientras que al otro le pronunciaba miles de insultos.
Estrujando su almohada se lamentaba por fijarse en el peor hombre del universo, un saiyajin frío, calculador, orgulloso y amargado. Un bloque de hielo hecho persona. Al final un cobarde que no era capaz de admitir sus sentimientos y prefería resaltarle sus defectos a todas horas. Minutos después observó la sombra retirarse para después comenzar su concierto de llantos y sollozos, los cuales se prolongaron hasta altas horas de la madrugada.
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El gran Patriarca Pybara estaba harto de las quejas, desde la llegada de la jovencita Saiyajin los entrenamientos se salieron de control, ningún Yardratiano quería seguir entrenando a la dupla de saiyajines. Sus discusiones y enfrentamientos se salían de control, lograban destruir todo a su paso en su afán de demostrar quién tenía la razón o quién era más fuerte.
-¡No me mires así! –se molestó Celery mientras restregaba una taza de baño –Tú fuiste quien nos metió en esto –dijo con una expresión de asco.
-¿Yo? –la miró Broly tallando otro escusado –Tú eres la que me está retando todo el tiempo, tal vez te gusto y por eso insistes en pelear conmigo para sentir mi proximidad –se burló el príncipe.
-¿Perdón? –se ofendió Celery agitando su larga cola de caballo –¡Eso quisieras!, te crees el ombligo de la galaxia, no te besaría ni aunque fueras el último saiyajin del universo.
-Ya basta, por favor –se molestó Broly –trae acá ese cepillo, lo necesito para seguir limpiando.
-No te lo doy –le enseñó la lengua Celery –Es el único cepillo decente para tallar los pisos, si lo quieres quítamelo.
-Trae acá mocosa malcriada –se abalanzó para arrebatarle el utensilio de limpieza.
Celery y Broly comenzaron un forcejeo tratando de arrebatarse el cepillo, el chico no midió su fuerza porque sabía de sobra que ella no era precisamente un tierno e indefenso conejito. Debido a la lucha de poder, el piso enjabonado los hizo resbalar para caer uno encima de otro. Sus labios estaban peligrosamente cerca, el cuerpo de Celery sobre de él, por un instante olvidaron el cepillo.
-Ves como sí te gusto –sonrió Broly intentando cortar el momento.
-¡Quita tus sucias manos de mi cuerpo! –le advirtió la chica.
-Lo siento –se apenó un yardratiano que ingresaba al sanitario –Pienso que hay sitios más higiénicos para tener relaciones –comentó sonrojado y saliendo los más rápido posible.
-Ves lo que has logrado, ahora todo el mundo pensará que peleamos porque entre nosotros existe tensión sexual –expresó Celery sin moverse del lugar que ocupaba en el pecho de Broly.
-No me importa lo que piensen los demás –se intentó incorporar pero al hacer el movimiento sus labios "accidentalmente" se toparon con los de la chica. El efímero contacto generó descargas eléctricas entre ambos. Permanecieron en silencio un par de segundos desconcertados por lo que acaba de suceder.
-¿Quién te crees intentando besarme? –reaccionó ella rompiendo el momento incómodo.
-Fue un accidente –se excusó él.
-Un conveniente accidente–se ofendió la chica separándose- Así le dices a todas ¿verdad?, detén al príncipe seductor que tienes –le advirtió -no pretendo ser una más de tu lista de conquistas.
-Ni yo quiero que lo seas –suspiró Broly.
El segundo hijo perdió la cabeza, no pudo controlar sus impulsos y sujetó a la guerrera por los hombros para besarla con pasión. No le importó nada, ni estar en un lugar público y menos el fallido intento de relación con Bulma.
La realidad es que ni Broly, ni Celery pudieron esperar, sus acaloradas discusiones los llevaron a un camino apartado donde consumaron la atracción que se forjó desde su reencuentro. La chica lo beso con singular deseo, le mordió el labio inferior logrando despertar el miembro dormido del guerrero. No había conocido ese lado salvaje de Celery, la conexión sexual era sorprendente, lo que uno hacía lo estaba pensando el otro. No le importó nada, solamente dar rienda suelta al deseo. Ese deseo que se desató los siguientes días y noches.
Le remordía la conciencia tener encuentros con Celery, pero esa chica lo ponía de cabeza. Pensaba que tal vez lo de Bulma fue solamente una confusión, al final la sentía más como una amiga que como una pareja. En un principio le atrajeron sus ojos e inteligencia, pero la distancia les hizo perder la escasa magia que se había formado.
No era un cobarde, no podía decirle la verdad a Bulma a través de una llamada. Necesitaba encontrar un pretexto para regresar Sadala y poner en claro sus sentimientos.
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Como era de suponer las semanas pasaron sin encuentros entre Bulma y Vegeta, ambos permanecieron sumidos en sus obligaciones. La científica en particular trabajando con el desarrollo de la cámara de gravedad para los entrenamientos de Tarble, se convirtió en la excusa perfecta para matar el tiempo encerrada, haciendo intentos en vanos por apagar sus sentimientos.
Intentaba transformar el amor en resentimiento, pero no podía, no era suficiente el dolor para apagar la llama que el amargado príncipe encendió en su corazón. Por su parte Broly parecía sospechar algo, porque la llamaba con menos frecuencia y no era capaz de mirarla de frente desde el otro lado de la pantalla.
Claramente se quedó sin ningún chico. Estaba bien, era lo mejor. Comenzaba a retomar la idea de pasar el resto de su vida sola, jamás debió abrir su corazón.
-Bulma ¿podemos usar el dron? –preguntó Tarble sacándola de sus pensamientos.
-Ah, claro chicos –se acomodó para guardar algunas herramientas en su caja –Está en el panel de control exterior de la cámara de gravedad.
-¿No vienes con nosotros? –preguntó Kyabe –Te estás volviendo aburrida como Vegeta, ya no juegas con nosotros.
-Lo siento –soltó una risa apenada Bulma -¿Les parece si se adelantan?, termino de guardar la herramienta y prometo que dejo para mañana la configuración del panel de control interno.
-Perfecto, te esperamos afuera –dijo Tarble.
Odiaba ser tan desordenada, si acomodara con propiedad sus herramientas de trabajo no tendría problemas para guardarlas. Distraída en buscar cada pieza no se percató de que estaban Tarble y Kyabe peligrosamente cerca del panel de control exterior, mientras se arrebataban el control del Dron.
-Trae acá enano –dijo Tarble jalando el control.
-Ya casi te alcanzo y eso que me doblas la edad –le respondió el pequeño jalando la mano de su hermano.
-Siempre quieres ser el primero –se molestó Tarble.
-No sabes compartir –Se quejó Kyabe haciendo una rabieta que lo lanzó sin querer al panel de control, su toque inició la secuencia de aumento en la cámara de gravedad. Ambos chicos continuaron su discusión sin notar que su tutora se había quedado dentro y comenzaba a ser sometida por la presión.
Justo al recoger el último destornillador comenzó a oscurecerse la cámara, sus ojos se abrieron de par en par. Cuando intentó reaccionar le fue imposible moverse para teclear los comandos que controlaban la fuerza de gravedad, la presión era demasiada, en cuestión de segundos moriría sin poder batallar por su vida.
Dentro del forcejeo Tarble miró una luz en el panel de control que le generó escalofríos, la cámara de gravedad estaba encendida y comenzó a percibir el ki de su tutora disminuyendo considerablemente. Nerviosos corrió a teclear los códigos que detuvieran la secuencia de entrenamiento, pero por más que apresuraba sus dedos parecían reaccionar más lento que de costumbre.
-¡Corre por ayuda médica! –Le gritó a Kyabe mientras detenía la secuencia -¡Apresúrate!
El pequeño Kyabe se armó de valor al mirar como se abría la compuerta para dejar ver el cuerpo inerte de su tutora. Como buen chico valiente no tuvo tiempo de ponerse a llorar de preocupación, sabía que debía accionar.
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Regresó temprano a casa, olvidó una carpeta de papeleo en su despacho. Últimamente había pedido la cabeza y tenía dificultades para concentrarse. Apostaba porque la lejanía con Bulma lo pusiera de nuevo en concentración, pero no fue así.
Al arribar llamó su atención el silencio sepulcral de la casa, eran las horas comunes en que los mocosos estaban en la sesión de juegos que les daba su tutora, así que siempre generaban un escándalo infernal. Rastreó la presencia de sus hermanos ubicando a todos en la zona de enfermería, eso lo alertó, sabía que los mocosos eran resistentes y rara ocasión se paraban con alguna emergencia médica.
Los dos pequeños y la rebelde de su hermana estaban sentados en el piso del pasillo, su mirada denotaba una mezcla de preocupación y tristeza. Como buena familia de guerreros los habían educado bajo la premisa de que el llanto era signo de debilidad, pero los sentía completamente devastados.
-¿Qué sucedió? –preguntó el hermano mayor.
-Es Bulma –suspiró Milk.
Al escuchar el nombre de la científica sintió una opresión en el pecho con una mezcla de frío recorriendo todo su cuerpo.
-Estábamos peleando con Kyabe y activamos la secuencia de la cámara de gravedad –suspiró Tarble para que no se le siguiera cortando la voz –Ella estaba dentro.
-Estuvo en un tanque de recuperación algunas horas –dijo la princesa frotando su cabeza con frustración –Pero no ha recuperado la conciencia.
-¡Ven lo que ocasionan! –resopló Vegeta con furia –Sus malditos juegos pusieron en riesgo la vida de Bulma –se sorprendió llamando a la científica por su nombre pero continuó su regaño –Tú principalmente mocoso –se dirigió a Tarble –Ya no eres un chiquillo, comienza a madurar.
-Déjalos en paz –se levantó Milk –suficiente tienen con sentirse culpables, no los perturbes más, ya habrá tiempo para represalias y castigos.
-Avisen a Broly –dijo Vegeta no muy convencido.
-Ya me comuniqué con él –respondió Tarble –llegará lo más pronto posible, está buscando la nave más veloz.
-No puedes entrar –dijo la princesa cuando notó que Vegeta ingresaba a la enfermería.
-¡Hago lo que quiero niña! –respondió molesto.
La sensación de ver a la científica con mascarilla de oxígeno y algunos vendajes lo dejó abatido. Pensaba que con la lejanía comenzaría a olvidar sus sentimientos, pero verla allí tan indefensa y al borde de la muerte le recordó cuan prendado estaba de la mujer.
Se acercó a ella, los sonidos de los aparatos que monitoreaban sus signos vitales era la música de fondo. Con su mano acarició suavemente su frente, temía hacerle daño. Era doloroso ver los hermosos ojos azules apagados.
-¡No te vayas! –suspiró el príncipe –Eres una luchadora, no sé qué haría esta familia sin ti. Es más –pausó para sentarse a su costado –No sé qué haría sin ti. No te das cuenta que soy un hombre que te ama oculto detrás de un amargado e intolerante jefe.
Un sonido de varios cuerpos cayendo finalizó su declaración. Miró a la puerta y encontró a sus tres hermanos tirados cual fichas de dominó, parecía que estaban escuchando tras la puerta que no estaba bien cerrada, eso los hizo perder el equilibrio.
-¡Son una bola de metiches! –gritó molesto Vegeta –No quiero a nadie rondando por los pasillos, generan disturbios.
La cara de susto de los hermanos fue épica, siempre le tenían algo de miedo y respeto. Pero cuando lo escucharon abriendo su corazón entendieron que habían estado en el lugar y momento equivocado, así que sin refutar caminaron con prisa lejos de la enfermería.
En su camino no pudieron evitar hacer comentarios sobre lo que habían escuchado. Tarble principalmente se encontraba anonadado, el amargado de su hermano estaba enamorado de una terrícola. Ese Vegeta elitista, orgulloso y futuro heredero al trono.
-Tenías razón Milk –pronunció cuando estaban muy lejos de la percepción auditiva de Vegeta –Le gusta Bulma, no sólo le gusta –aclaró –Está enamorado.
-¡Lo sabía! –exclamó triunfante Kyabe –Bulma será oficialmente parte de la familia.
-No te hagas muchas ilusiones –le dijo en un suspiro Tarble –Vegeta es duro de pelar y no es tan sencillo que venza su orgullo.
-Cuando despierte Bulma tendremos que darles una pequeña ayuda –guiñó el ojo la princesa con la esperanza de la pronta recuperación de la científica.
-¿y Broly? –pregunto Tarble.
-Lo entenderá –Milk palmeó la espalda de su hermano para tranquilizarlo.
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Tenía muchos pendientes en palacio, pero le encargó a Kakaroto que informara a su padre que estaba indispuesto. No quería apartarse ni un segundo del lado de Bulma. Se sentía impotente, un guerrero tan poderoso y no tenía la fuerza para hacer despertar a la mujer de sus sueños.
Años atrás pensó que Kale era la indicada, pero solamente fueron cursilerías de adolescentes. La saiyajin era una guerrera extraordinaria, llena de valor y coraje pero jamás se sintió tan completo con ella. La gota que derramó el vaso fue cuando lo invitó a recorrer en universo en una misión permanente, ambos disfrutaban de la aventura. Pero no tuvo el valor de abandonar a sus hermanos ante el recién fallecimiento de su madre y el desentendimiento total de su padre.
Ver crecer a sus hermanos fue la mejor decisión que pudo tomar. Solamente cuando hacían travesuras se lamentaba un poco no haber partido con Kale. Ahora lo único que lamentaba era no haber conocido a Bulma antes, de haber llegado en ese tiempo habría sido de gran ayuda en la crianza de sus hermanos. La mujer odiaba que le dijeran que era una niñera, siempre resaltaba que su trabajo se limitaba a ser tutora de los chicos. Pero su personalidad le hacía preocuparse en el bienestar de cada uno.
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Su cabeza no procesaba adecuadamente, apenas abrió los ojos para escanear con la mirada la habitación. Quiso reunir las fuerzas necesarias para levantarse, pero el cuerpo no le respondió. En su desesperación alcanzó a mover la cabeza que le hizo notar la presencia de Vegeta, quien dormía profundamente recargado en sus brazos cruzados, acomodado sobre una mesa junto a la cama.
La oscuridad de la noche le indicaba que él, estaba velando su sueño. Parecía estar pendiente de su recuperación. No tuvo tiempo de cavilar más, los párpados le pesaron y cayó nuevamente en profundo sueño.
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El tiempo corría, Bulma no daba señales de querer despertar. El pequeño Kyabe la visitaba todos los días y observaba muy de cerca la actitud de su hermano que no se separaba de ella. Milk y Tarble se ofrecieron en cambiar su lugar para darle un descanso, pero él se había negado rotundamente argumentando que eran un par de inútiles que no sabrían qué hacer en caso de emergencia.
-Vegeta –titubeó Kyabe -¿te parece si intentamos algo para despertar a Bulma?
-No estoy para juegos mocoso –torció los ojos Vegeta.
-No es un juego –se ofendió el pequeño –Bulma me contó una historia donde una chica no se despertaba, entonces buscaron un príncipe para que la despertara.
-¿y el punto es? –preguntó el hermano mayor sin entender.
-¡Pues el príncipe besó a la chica para que despertara! –exclamó Kyabe como quien tiene una epifanía –tú y yo somos príncipes, pero te cedo mi lugar para que la beses.
-No digas tonterías –Vegeta volvió a torcer los ojos.
-No perdemos nada con intentarlo –sugirió el hermanito.
-Mira, esas historias son cuentos, no es la vida real, no funcionan –se enfadó Vegeta ante la insistencia.
-Entonces –se acercó Kyabe a Bulma –yo la besaré, también soy un príncipe y más valiente que tú –le mostró su lengua en señal de burla.
-Más respeto mocoso, que no somos iguales –se acercó Vegeta para amenazar a su hermano pero sus ojos no daban crédito a lo que veían.
El pequeño Kyabe besó con ternura la frente de Bulma, luego se recostó en su hombro y la abrazó. Ante tal gesto una adormilada mujer abrió los ojos y sonrió al ver el causante del cosquilleo en su frente.
-¡Bulma!-gritó de emoción el pequeño, pero estalló en llanto –Lo siento, lo siento, fuimos unos tontos –sollozaba –prometemos compartir y no volver a pelear, te hicimos daño.
-Mi niño –lo abrazó con dificultad la científica para frotar su espalda y consolarlo –fue un accidente.
-Por lo menos funcionó lo del beso –se limpió las lágrimas y miró a Vegeta.
-¿Beso? –preguntó una confundida Bulma.
-¡Pues el beso de un príncipe!, te besé y despertaste –la abrazó con fuerza.
-¡Wow! –se sorprendió ella –Parece que he encontrado mi pequeño príncipe azul –le guiñó el ojo.
-Me encantaría pero Vegeta…-un pellizco en su brazo interrumpió la confesión de Kyabe -¡ouch!
-¡Cállate mocoso! –lo amenazó Vegeta soltando su piel –Deja descansar a la mujer.
-Iré a contarle a Tarble y Milk, la buena noticia –pronunció Kyabe sobándose el brazo y despidiéndose de Bulma.
-¿Qué me paso? –preguntó a Vegeta mientras Kyabe salía de la enfermería.
-Quedaste atrapada en la cámara de gravedad y tu cuerpo colapsó –explicó Vegeta, armándose de valor para confesar los sentimientos que ya le había expresado cuando estaba inconsciente –Estuviste inconsciente dos días…
-Permiso su majestad –apareció un saiyajin regordete llevando una serie de notas –El príncipe Kyabe me dijo que había despertado, necesito hacer una revisión –indicó –también debe comentar a sus hermanos que es necesario que la señorita evite emociones fuertes, necesita reposar un par de días más.
Esas no eran las palabras que Vegeta deseaba escuchar, su confesión debía esperar. En el fondo sintió alivio, se consideraba el guerrero más valiente del universo pero perdía todo el valor cuando se trataba de abrir su corazón. Como buen saiyajin odiaba las cursilerías, no era de los que dedicaban versos románticos, ni de los que escribían cartas. A decir verdad, desconocía cómo expresar amor de pareja, en su mente solamente pensaba en el sexo como forma de relación de pareja.
De mala gana se retiró para dejar al médico hacer su trabajo. Aprovecharía para comer algo y darse un baño. Se despidió de Bulma haciendo un pequeño gesto con la cabeza.
Ella lo miró por detrás del cuerpo del hombre que la examinaba, suspiró. En sus delirios le pareció ver al príncipe Vegeta cuidando su recuperación. Negó con la cabeza ante lo descabellado de la idea, ya no quería ilusionarse.
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Continuará…
12. Perdiendo la esperanza
Gracias por sus reviews constantes: Des3rtR0se00, Juanita Perez1, AnneBrief7, Toepiek, Majo29, Bv247. Me da un vuelco en el corazón leerlos y saber que disfrutan la historia.
Tardé más en actualizar porque estuve algo enferma. Mis malestares no me permitían concentrarme para escribir.
Disculpen si el capitulo tiene más errores de redacción y ortografía que de costumbre, pero tuve menos tiempo para revisarlo.
