Era imposible de creer...
Simplemente imposible, pero era así, nadie podía creerlo...
Nadie podía creer que Aioria estuviera muerto, era algo inconcebible..
Había algunos como Milo y Marín que se les veía en todas partes lo afectados que estaban, el primero por despedir a su mejor amigo, a quien lo apoyó en todo momento pese a lo mal que le trató en el pasado e incluso lo alentó a declararsele a Camus, la segunda despedía a un gran amigo, al que consideraba su familia.
A otros como Shura y Deathmask, los remordimientos los carcomían, el primero porque fue básicamente su culpa la infancia traumatica del que fue el Caballero de Leo, el segundo por lo mismo y por haberlo tratado igual o peor que Milo.
También estaban otros que sufrían igual pero sentían que así estaba mejor ya que Aioria no sufriría más en este mundo, entre ellos estaban Shion y Shaka...
Finalmente, estaba Aioros..
Decir que el Santo de Sagitario estaba destrozado era decir poco, desde el funeral de Aioria en la que descargó su dolor y consternación, desde el aquella vez en la que gritó y lloró hasta perder la voz, estaba claro que ya no era el mismo, se había encerrado en la casa de Sagitario y nunca salía de allí, únicamente a través de Seiya era que los Dorados tenían noticias sobre su compañero de armas.
– Está muy mal, lo oigo llorar por las noches y no deja que entre a su habitación, se la pasa diciendo que es su culpa y me grita cuando le digo lo contrario — Explicó el Pegaso
Se preguntarán ¿Qué había sucedido?
Todo se remonta a meses después de su victoria contra Loki y después de que Athena los revivió, en la que Aioria empezó a sentirse mal durante las mañanas, tenía dolores de cabeza y mareos fuertes, nada grave al principio.
Pero con el paso del tiempo, los síntomas de Aioria eran cada vez más alarmantes, sufría una tremenda debilidad que lo dejaba en cama todas las mañanas, sus piernas temblaban y fallaron varias veces, en una ocasión llegó a golpearse la cabeza y se hizo sangrar, asustando a Ikki y a Aioros, quien estaba de visita..
El Fénix y el Centauro trataron por todos los medios de que fuera al médico, pero siendo el León orgulloso que era, Aioria afirmó que no era nada, que seguramente era un virus, que no comía o dormía bien.
No tomaron importancia hasta que fue demasiado tarde, más específicamente cuando Aioria colapsó en el Coliseo, lo mandaron a revisar y la noticia que les dio Saori hizo que a Aioros se le fuera el mundo abajo..
Al parecer, antes de ser derrotado por ellos Loki había plantado una especie de "Semilla" en el corazón de Aioria que mientras germinaba con el paso del tiempo, contaminaría la sangre del Santo de Oro, debilitandolo hasta que finalmente muriera, después de la batalla Aioria no mostró reacción debido al poco tiempo que pasó en vida, pero el dichoso brote empezó a actuar cuando Saori los devolvió a la vida...
Lo peor era que el virus estaba demasiado avanzado para evitar el inminente fin de Aioria y su tiempo de vida no podía ser más de un mes, pero por supuesto... Podía ser menos..
Todos sufrieron ante aquella desgarradora noticia, pero Aioros ni siquiera pudo asimilarlo, acusó a Athena de mentir y huyó al Coliseo donde presa de la histeria mandó abajo varias columnas a punta de puñetazos y patadas hasta lastimarse nudillos y piernas mientras lloraba amargamente y negaba a gritos el destino de su amado. Afrodita tuvo que usar una de sus rosas para sedarlo.
Al enterarse de su enfermedad, increíblemente Aioria actuaba como si nada estuviera pasando, sonreía como siempre, trataba a la gente como siempre y conservaba su carácter de siempre, ni siquiera parecía estar poniendo cara de valiente.
Llegaron a sentir envidia del leonino por su capacidad de ignorar soberanamente su enfermedad, cuando ellos aguantaban las lágrimas al verlo cada vez más débil, más incapaz de seguir los entrenamientos, más delgado y pálido...
Pero a pesar de eso, Aioria sabía perfectamente que iba a morir, simplemente que no quería que sus compañeros y amigos lo miraran con lástima, que sufrieran por él al menos más de lo que ya lo hacían.
No fue hasta una semana antes que finalmente se quebró ante su hermano, quien sólo pudo cobijarlo en sus brazos, como cuando era un niño con pavor a la oscuridad.
- Tengo miedo.. No quiero morir.. ¡No me abandones! - Fue lo último que dijo Aioria antes de estallar en llanto en el pecho del mayor.
Y esa también fue la última vez que Aioros pudo hablar con el amor de su vida, la última vez que pudo abrazarlo, la última oportunidad de confesarle su amor... Pero no lo hizo.
Y cuando Aioria finalmente dejó este mundo, Aioros no pudo ni siquiera reaccionar, se había vuelto un muerto viviente, no pudo llorar, no pudo gritar hasta el funeral en el que comprendió que no era una pesadilla..
Su adorado Aioria estaba muerto, no volvería a verlo, a oírlo, a abrazarlo... Nunca podría amarlo.
Dos meses pasaron desde la muerte y el entierro de Aioria, ahora sufrían también la de Aioros..
Seiya lo había encontrado en el suelo de su cuarto, el espejo estaba roto, el puño de Aioros sangraba copiosamente al igual que sus muñecas y garganta, junto a él sólo había una nota que decía...
Volveré contigo, mi amor
Porque Aioros había sido capaz de soportar la pérdida de un amigo, una derrota, cualquier batalla, pero no pudo soportar la pérdida de su hermano y único amor...
No soy de escribir cosas tristes, pero me inspiré en una antigua historia de una autora de Wattpad pero que la borró..
