16. La derrota

El ancestro primitivo saiyajin que robaba a la hembra apuró el paso. Condujo a su presa al mirador de la casa, allí donde la volvió a encontrar.

-¿Qué se piensa?, ¿qué soy un saco de verdura para que me traslade un lado a otro sin pedir permiso?, ¡soy algo mayorcita, puedo caminar yo solita! –Iba gritando desde el hombro del príncipe Vegeta.

-¿Es enserio?, ¿nunca guardas silencio? –resopló Vegeta.

-¿Es enserio?, ¿nunca tiene tacto para decir y hacer las cosas? –le refutó.

-No –respondió el príncipe con voz seria.

-¡Bájeme! –Insistía pegándole con los puños cerrados –si no me baja…

-Si no te bajo ¿qué? –Preguntó divertido el príncipe –no tendrías la fuerza necesaria para dañarme.

-Nunca subestime a una chica bonita e inteligente –dijo retadoramente, calmando su ansiedad.

Vegeta no respondió, la bajó con suavidad y negó con la cabeza sonriendo. Amaba esa bravura en Bulma. Desde que la conoció su actitud rebelde le atrajo. Poco a poco fue descubriendo otras virtudes que le despertaron sentimientos inexplicables, más allá de un deseo físico, se encontraba inmerso en un deseo emocional.

-Es muy retorcido pelear todo el tiempo –afirmó Bulma –Entiendo eso de la tensión sexual y las peleas pero–se sonrojó la chica.

-¿Pero? –preguntó curioso Vegeta.

-No podemos ir toda la vida peleando, qué van a decir nuestros hijos –Una apenada científica se tapó la boca con amabas manos. Ese comentario se la escapó al calor de la plática.

-Van a decir que tienen una madre escandalosa –respondió Vegeta conteniendo la risa, no estaba seguro si, su expresión era de diversión o de nervios ante el cometario –irreverente y con ningún respeto por la autoridad.

-Pobres niños con un padre tan serio –continuó el juego Bulma –Ni un abrazo les dará, se la vivirá regañándolos y diciéndoles frases sarcásticas.

-Compensaré la parte solapadora de su madre –Refutó divertido.

-Jefecito –sonrió Bulma con mirada traviesa y seductora –ya estamos peleando otra vez, pero podríamos intentar reconciliarnos.

La científica sujetó la armadura de Vegeta que tenía la guardia baja, lo aceró a ella y le plantó un seductor beso. Desde que lo conoció tuvo el deseo oculto de callarlo a besos pero sus actitudes la hicieron desistir en cada paso. Ahora entendía que el príncipe iba por la vida con dos armaduras, una para proteger su cuerpo y la otra para esconder ese caluroso corazón.

Cual alarma de reloj despertador, el comunicador de Bulma comenzó a sonar. Tenía meses de no recibir llamada de Jaco, justo tenía que marcar en el momento menos oportuno. Se planteó la posibilidad de ignorarlo, pero el sonido le impedía concentrase para estar con Vegeta.

-¿Vas a contestar? –torció los ojos Vegeta separándose del beso –recuerda que las señales están intervenidas.

-Es un comunicador de la Patrulla Galáctica, no puede ser intervenido con facilidad –le dijo Bulma revolviendo sus ropas para ubicar el aparato.

-Debe ser importante –Vegeta le sugirió sin buen modo.

-¡Jaco! –le gritó molesta –Eres la persona más inoportuna del mundo, estoy en medio de algo importante. ¿Cómo que no puede ser más importante que lo que me vas a decir?

Vegeta observaba curioso las expresiones de Bulma, le intrigaba qué clase de información podría proporcionar ese tal Jaco. Según lo que investigó era un ex compañero de trabajo de Bulma, pero saber que vivió con él le revolvía el estómago. Como buen saiyajin después de la desaparición de sus hermanos buscó información de la científica, quería descartar nexos con Freezer, uno nunca sabe qué tan cerca puede estar el enemigo, por fortuna no encontró nada que la pudiera relacionar con la lagartija afeminada.

-¡Tantos años! –gritó Bulma con una mezcla de frustración y emoción -¿Cuándo debo estar presente?

Al colgar la chica tuvo que buscar algo para sostenerse de la impresión, eufórica lanzó tremendo grito que el príncipe tuvo que taparse sus finos oídos.

-¿Qué es tan importante como para que vayas por el mundo rompiéndole los tímpanos a las personas? –preguntó Vegeta un poco irritado, le intrigaba saber.

-Soy la heredera oficial de la Corporación C&B –gritó la chica.

-¿y eso significa? –levantó la ceja Vegeta.

-Lo pondré así: mi padre fundó una empresa en la Tierra encargada de buscar desarrollo tecnológico, cuando era niña mis padres murieron en un accidente. Pero mi hermana y yo no pudimos heredar la empresa y sus ganancias porque un miserable socio de mi padre hizo arreglos legales para apoderarse de la empresa. Resulta que mi hermana ahora que es escritora, gracias a los millones que gana pudo demandar al socio y quitarle lo que le pertenece a la familia.

-¿? –la mirada de Vegeta permanecía con duda, no dimensionaba el significado de las palabras de Bulma.

-Mi sueño es fundar una compañía en la Tierra para el desarrollo tecnológico y ahora no empezaré de cero, ¡ahora lo tengo todo! –Bulma seguía embelesada por la noticia. No era para menos, llevaba años soñando con ser una prestigiosa científica en su planeta.

-Felicitaciones –alcanzó a expresar Vegeta no muy convencido –dile a Kakaroto que lleve a los mocosos al palacio cuando termine la fiesta.

-¡Príncipe Vegeta! Yo… -titubeó la científica.

Ver al príncipe alejarse volando la trajo de vuelta a la realidad. Tantos encuentros y desencuentros con Vegeta, ahora el destino le ponía a elegir entre el amor o sus metas personales, en ningún universo las dos opciones podrían conjuntarse.

Se molestó consigo misma, pero también esperaba comprensión de Vegeta. Lo tenía como un hombre coherente y fuerte, una noticia de ese tipo no podía ser algo que le afectara, pero parece que sí le hizo mella.

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Kakaroto cumplió su palabra, una vez finalizada la celebración, todos regresaron a palacio. Tarble era el menos animado por volver, dejaría a su amada Pepper. No sonaban prometedoras las posibilidades de seguir encontrándose, confiaba en que la chica lograra ingresar a las filas de entrenamiento del escuadrón élite.

Los herederos y la científica dieron una mirada de nostalgia al orfanato, pese a vivir poco tiempo allí desarrollaron un fuerte apego por los habitantes de la antigua casa.

A su llegada al palacio fueron recibidos como héroes de guerra, las historias versarían sobre los herederos del Rey Vegeta que superaron un atentado, esos chicos que lograron valerse por sí mismos.

Bulma decidió no acompañarlos al recibimiento, pidió que le asignaran una habitación para descansar, quería estar sola y meditar sobre su futuro. No quería tirar todo por la borda por un hombre, pero tampoco quería negarse a la posibilidad de estar con el príncipe Vegeta.

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La mañana siguiente como era de suponer Vegeta estaba infinitamente resentido por la actitud egoísta de Bulma. Para su fortuna el palacio era tremendamente amplio y la científica probablemente lo pasaría recorriendo los laboratorios.

Vegeta apresuró el paso a completar la reunión familiar. El rey llegó, recibió con fervor a sus hermanos prometiendo no volverlos a apartar de su lado, en medio de tanto drama y confesiones el primogénito se percibía incómodo.

-¿Qué sucede Vegeta? –preguntó el Rey.

-Sabes que no soy afecto a ese tipo de expresiones –respondió cruzándose de brazos.

-Hablando de situaciones de afecto –aclaró la garganta el rey –Hace unos días contacté a Kale para que vuelva de sus misiones, le pedí que se convirtiera en tu futura reina.

-¿Cómo pudiste? –respondió Vegeta con profundo enojo –mis hermanos estaban desaparecidos y en lo único que pensabas era en encontrarme una esposa.

-Era imprescindible mantener el linaje real –se justificó el padre –además sé que ella y tú tiene una historia.

-Una historia que se terminó hace años –Vegeta golpeó un pilar del palacio.

-Padre –interrumpió Milk –Vegeta no la ama.

-No me digas que ahora tienes sentimientos por la terrícola –lo miró el rey.

-Y si así fuera ¿habría algún problema? –lo retó Vegeta –tú mismo la trajiste con una intención más allá que educar a mis hermanos –Se acercó con paso firme –lo sé, no lo niegues.

- Pensé que solamente sería un rato de diversión en tu vida –confesó el rey.

-¿Cómo pudiste? –se unió a la molestia Tarble –ósea que tu plan jamás fue apoyarme en desarrollar mis habilidades, todo esto fue por Vegeta.

-Quién me iba a decir que la muchacha en realidad es muy diestra en la tecnología –dijo el rey acomodándose en su trono –pero aunque sea un genio ambulante, tu deber real es contraer nupcias con una guerrera fuerte de nuestra raza.

-No me voy a casar con Kale, es mi última palabra –expresó decidido.

-Como primogénito heredero al trono tienes una responsabilidad con tu pueblo, todos tienen deberes que cumplir –miró a su hija -sé de buena fuente que Kakaroto quiere ser parte de la familia, pero jamás permitiré que mis hijos se unan a guerreros de clase baja.

-Te desconocemos padre –lo miró la princesa –Jamás te preocupaste por cuidarnos, siempre nos dejaste a expensas de otros y ahora que somos lo suficientemente grandes para elegir nuestro destino, entonces sí decides participar en nuestra vida.

-¿Sabes qué hace esa mierda de la realeza? –preguntó Tarble con enfado –Una parte de ese grupo te quiere muerto y a nosotros, los únicos que te respetan son los plebeyos, son más leales que esos lame botas.

-Esos que orquestaron atacarnos –confesó Milk –estamos vivos porque un grupo de servidumbre realmente leal nos protegió, dio la vida por nosotros. Otro grupo de plebeyos nos mantuvo ocultos, aún sabiendo que sus vidas corrían peligro. Esa es la gente que vale la pena, no ese montón de basura.

-Raditz, un guerrero de clase baja, casi da la vida por nosotros –agregó Kyabe.

-Cuando llegue Broly conocerás los detalles de la traición –dijo Vegeta intentando controlar la ira.

-Veo que todos están encaprichados con personas indignas de su linaje –se preocupó el Rey, tomando una actitud exasperada.

-Piensa en lo que dices –le dijo Tarble –No es un capricho, es para que abras tus ojos más allá. Como herederos tenemos el deber de buscar alternativas en el reino, debemos evolucionar, no todos son golpes y peleas. La modernidad e igualdad debe llegar a todo Salada.

Todos los hijos salieron del salón real. Cada uno regresó a sus aposentos reales, aumentó la decepción por su padre. Aunque se jactaba de ser un bravo guerrero, la realidad es que la muerte de su amada esposa demostró lo sensible que era, al grado de apartar a sus hijos para que no le recordaran a su madre.

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La cocina, un lugar pendiente por explorar. Utilizó el recorrer cada parte del elegante palacio como una forma de distracción, avanzaba con paso apurado cuando llegó a su nariz un agradable olor a comida, se le hizo agua la boca pensar en las cosas exquisitas que se preparaban.

-Ahora que los niños están de vuelta debemos cocinar más porciones –decía una señora.

- Y pronto tendremos un banquete, el príncipe Vegeta se nos casa –escuchó Bulma mientras llegaba a la cocina. Se quedó oculta intentando pasar desapercibida.

-¿Se casa con la chica de cabellos azules? –preguntó la cocinera.

-No, escuché de mi hijo, que el rey llamó a la antigua novia del príncipe para que volviera –confesó la señora amasando con una especie de rodillo.

-¿La media hermana de la señorita Celery? –preguntó la otra mujer.

-Sí esa misma, Kale, creo que así se llama –le respondió –hace años que no viene a Sadala.

Bulma no tuvo el valor de seguir escuchando, se enteró de la información necesaria. Se sentía derrotada, ella considerando en dejar todo por Vegeta, y él corriendo a consolarse en los brazos de su antigua novia. Eso indicaba que no la había superado, que la sombra de su amor pasado siguió allí.

Contuvo el llanto, harta de derramar lágrimas por una persona que no valía la pena. Solita se buscó ese corazón roto, desde que se fijó en él sabía perfectamente que pisaba terreno sinuoso. Un final feliz nunca sería una realidad con el príncipe, tampoco es que quisiera ponerse en el papel de víctima, también aportó a la causa con su repentina emoción por recuperar el imperio que le fue arrebatado años atrás.

No se arrepintió de la noche pasional con el príncipe, sería un recuerdo hermoso que atesoraría para la eternidad. Si le dieran a elegir entre volver a estar con él una noche, lo volvería a hacer, volvería a cometer la misma satisfactoria locura.

Era tiempo de tomar decisiones, Vegeta le ayudó a elegir. Era momento de escribir ese capítulo final de su historia con la familia real y apurar su regreso a la Tierra. Para ello necesitaba hacer un viaje previo a Namek, el planeta de la primera misión de Tarble. Ese lugar donde los habitantes tenían unas esferas mágicas que cumplían cualquier deseo.

Le urgía regresar al planeta Tierra, pero la distancia era abismal, era casi un año de viaje. Mientras que Namek se encontraba cinco días, llegando buscaría las esferas del dragón para pedir como deseo ser trasladada a la Tierra y ahorrar tiempo.

Lo primero en la lista era despedirse de sus pupilos, cosa algo complicada, le dolía apartarse de esos saiyajines. Con tantas aventuras juntos llegó a sentirse como en casa, así recordaba cómo era vivir con una familia y recibir muestras de afecto. Pero esa no era su familia, ellos eran parte de otro mundo en el que una terrícola no podía embonar.

La seguridad se redobló en el palacio, no le permitían acercarse a los herederos. En vista de los recientes acontecimientos los resguardaba personal de confianza. Su corazón quería abrazar a cada uno para hacer una despedida apropiada, pero ni con sus coqueteos a los guardias logró abrirse paso.

Frustrada caminó al centro médico del palacio, aunque necesitaba una mascarilla de oxígeno para respirar bien y no sentir la opresión en el pecho, optó por solicitar algún medicamento que controlara el dolor de cabeza.

El destino tenía jugadas extrañas, cuando ingresó se topó con el príncipe Vegeta. Estaba sentado junto con un médico que le inyectaba una solución. Fue allí cuando una sacudida vino a su mente, seguida de una descarga eléctrica en el cuerpo y el comenzar a transpirar más de lo normal.

El príncipe Vegeta no recibió la dosis anticonceptiva, por lo que espió, apenas estaba reforzando. Bulma escuchó de Kakaroto esa información de que los hombres en edad sexual reproductiva son quieres reciben su dosis periódica, dio por sentado que el príncipe también acudía puntualmente.

En esa noche de pasión, ella ni siquiera tocó el tema de anticoncepción, básicamente le ganó la calentura. Confió ciegamente en que el príncipe se cuidaba, pero no, resulta que cual adolescente su tirada al vacío le iba a traer varias consecuencias.

Pasaron pocos días desde aquel momento, era precipitado hacerse una prueba y en segundo lugar si alguien se enteraba que solicitaba una prueba de embarazo los chismes correrían rápido a oídos del príncipe o del rey.

Inhaló y exhaló cerrando los ojos, pero no advirtió que Vegeta se estaba acercando.

-¿Te sientes bien? –le preguntó al verla respirando agitada y transpirando más de la cuenta.

-¡Déjeme! –se molestó ella –¡mejor vaya a esperar a su futura esposa!

-Veo que los rumores se expanden rápido pero no es un sitio para conversar –la jaló con suavidad para llevarla a un espacio más privado.

-No tenemos nada que hablar –dijo Bulma más calmada fingiendo un tono indiferente.

-Fue un mal entendido –expresó Vegeta acorralándola contra la pared.

-Un mal entendido que ya sabe todo el reino –la científica lo miró indiferente.

-Repito es un error, yo no me voy a casar con ella –se le acercaba peligrosamente.

-¿Qué quiere? –lo apartó Bulma a manotazos –que otra vez terminemos en un acostón, porque solamente así se pueden resolver los problemas. Pues déjeme decirle que las cosas no son así, puede ir pregonando en todo el universo que es el guerrero más valiente, pero siempre será un cobarde para decir lo que siente.

-¿Cómo podría decirle lo que pienso a alguien que se irá? –le preguntó cuando ella le daba la espalda –Alguien que solamente le importa la fortuna que puede ganar con un imperio tecnológico.

-No ponga palabras en mi boca –se giró para encararlo –Siempre quiere llevar las de ganar.

-¿Sabes qué es lo peor? –la miró a los ojos –Que pensé en la posibilidad de retar a la parte conservadora saiyajin, convertirte en mi reina, pero al parecer eso no es suficiente para ti –la miró.

-La gente tiene sueños y si es tanto sacrifico el estar conmigo, entonces no lo haga –le respondió con los ojos destellando en posibles lágrimas –el amor jamás será un sacrificio.

-Lo mismo digo –respondió con tono orgulloso –parece que nadie está dispuesto a ceder.

-Tenemos obligaciones que cumplir –señaló Bulma.

-Tomaré eso como un no –Vegeta apretó los puños y se alejó con rapidez.

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Varios habitantes del palacio se encontraban sufriendo. La princesa Milk sin poder ver a su amado Gokú por órdenes de su padre. Tarble lamentando la distancia con su salvaje Pepper. Kakaroto maldiciendo haber nacido en una cuna poco privilegiada, al no ser digno de casarse con una princesa.

Vegeta con la necesidad latente de explotar todo a su paso que lo llevó a un lugar deshabitado. Con que así se sentía una derrota, esa impotencia de perder algo valioso, de perder la batalla con el orgullo.

Bulma ansiosa se retiró a su habitación para verificar la fecha de su último periodo, tuvo que hacer cálculos para ajustar a la organización de meses y días con respecto a Sadala. Suspiró aliviada al saber que no estaba en su periodo fértil durante el encuentro sexual con el príncipe, eso le daba esperanza, aunque rogaba a los kamis que la semilla saiyajin no fuera tan certera. Comenzó a empacar sus cosas para abandonar el planeta, entre más hora pasara allí no sería capaz de volver a superar la tentación de estar con el príncipe.

Se visualizó para ser la futura presidenta de la Corporación C&B, una jefa ataviada con tacones que diera ordenes y diseñara tecnología novedosa. Sus ajustes al diseño "hoi poi" original de su padre le darían reconocimiento y prestigio.

Quedarse con el príncipe, no era una opción. De hacerlo podría convertirse en la Helena de Troya de los saiyajines, admitía que destacaba que en belleza como aquel personaje. Rió al pensar en tremendo disparate, una científica iniciando una guerra en Sadala, sonaba absurdo.

Extrañamente la emoción de un futuro prometedor no le llenaba del todo. Suspiró cavilando en la última noche en ese planeta, sería duro alejarse y tenía dos opciones: pasar las horas llorando o convertirlo en un momento agradable.

Decidida se levantó para tomar un baño. Al terminar se puso la mejor ropa que encontró, ideó un maquillaje improvisado con lo poco que llevó en su valija y se perfumó. Al caminar por los pasillos pensaba un plan para tener acceso a la habitación del príncipe Vegeta. Tal vez se iría, pero no desaprovecharía una noche más en los brazos de su amado gruñón.

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Para seguir leyendo el capítulo Música de fondo: The scientits –Coldplay

En el trayecto Broly miraba dormir a Celery. La chica estaba acurrucada en su hombro. El destino de la relación sería marcado por lo que dictara la corte real saiyajin, podrían señalar a Celery como una traidora, sentenciada a la pena de muerte o la absolución. Lo último daba la posibilidad de permanecer juntos y más adelante formar una poderosa familia.

Con suavidad le besó la frente de su chica, quería seguir disfrutando de su olor.

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La terapia infalible de quebrar un par de montañas y estallar rocas lo alivianó. Si bien, nada cambiaría esa sensación de vacío por lo menos le disminuyó las ganas de estrangular a cualquier alma inocente que se le cruzara en su camino.

Cerró los ojos pensando en la testaruda de Bulma, primero le hablaba sobre sus futuros hijos y después señalaba las obligaciones de ambos, él como príncipe y ella como heredera de una prestigiosa compañía en la Tierra. No la comprendía, esa chica tenía serios problemas para tomar decisiones.

Ingresó a su habitación tirando su armadura real, necesitaba tomar un baño relajante para conciliar el sueño. Antes de seguir su plan encontró un curioso bulto en la cama, por un instante pensó que su mente le estaba jugando una mala broma, su olfato también confabulaba para hacerle creer que la terrícola estaba allí.

Curioso se acercó, con seguridad al tocar la figura se desvanecería, pero no ocurrió. Al extender su mano sintió el calor que irradiaba el brazo de la científica. Intuyó que la científica buscaba algo más que charlar, la observó arreglada y perfumada lo suficiente para dar el mensaje adecuado.

La chica permaneció dormida, así que apresurado buscó estar aseado por si surgía algo entre ellos, no era casualidad que después de la dramática conversación ella lo estuviera esperando en sus aposentos en altas horas de la noche.

Un acicalado Vegeta se aclaró la garganta un par de ocasiones, subiendo la intensidad del sonido para despertar a la mujer. Pero ella ni se inmutaba.

-¡Briefs! –gritó Vegeta.

Bulma dio un brinco, su corazón latió acelerado del susto. Ser despertada en medio de un profundo sueño la hizo reaccionar cual felino asustado.

-¡Siempre tan educado! –se molestó Bulma arreglándose el peinado y la ropa –no sabe tratar a una dama.

-Una dama no se mete a la habitación de un príncipe –la miró levantando la ceja, mientras rondaba la cama.

-Vine a presentar mi renuncia oficial –mintió ella. Se puso de pie.

-¿No pudiste esperar hasta mañana? –preguntó incrédulo Vegeta.

-Es mi última noche, debo estar lo más pronto posible en la Tierra –confesó dejando escuchar una voz entrecortada.

-Gracias por notificar, buen viaje y mucho éxito –Respondió tratando de parecer indiferente mientras se dirigía a levantar del suelo su armadura.

-¿Eso es todo? –preguntó ella algo decepcionada –esperaba una despedida más –se sonrojó –más emotiva.

-¿Qué tenías en mente? –preguntó Vegeta intrigado, disfrutaba hacer sufrir a la científica –un ramo de flores como despedida, que todo el palacio organizara una caravana para guiarte a tu nave…

Una impaciente Bulma se abalanzó al príncipe, le cortó las palabras con un profundo beso. Lo comenzó a devorar como si no hubiese mañana, en realidad no habría mañana, era el encuentro final, al día siguiente la distancia abismal los separaría.

-Me costó sobornar a sus guardia, así que hagamos que esta última noche lo valga –le confesó entre besos y caricias.

-¿Y luego qué? –preguntó Vegeta separándola mientras la sujetaba de los hombros.

-No hay que pensar –sonrió ella –solamente disfrutar.

-Yo –intentó hablar el príncipe pero fue callado por beso suave.

-¡Hágame el amor! –expresó la científica excitada.

Vegeta la sujetó de los glúteos para colocarla en su cama. Debía reconocer que sus primeras fantasías con Bulma implicaron estar en alguna de sus habitaciones, la casa de campo o el palacio. Pero su primer encuentro se dio en una incómoda cama del orfanato.

Conservaron la mirada fija uno en el otro, ella se recostó con suavidad mientras que él avanzó para postrarse sobre ella.

-Te prometo que no podrás salir en pie de ésta habitación, estás advertida –le dijo Vegeta con voz sensual.

-Eso es interesante –respondió ella mientras daba pequeños mordiscos a su cuello –Veamos qué tan ciertas son sus palabras.

-No me retes mujer –gimió ante el cosquilleo que le provocaba la dentadura de Bulma.

Las caricias frenéticas se convirtieron en la expresión de amor, el deseo carnal se acompañaba de un apego emocional forjado en la breve estancia de la científica. Se complementaban, más allá de un ámbito físico, las personalidades opuestas equilibraban la efímera relación.

Vegeta rogaba porque la noche se perpetuara hasta el fin de los tiempos, ese hembra lo volvía loco. Su mente bloqueó el pensar que no se volverían a encontrar, si persistía con esa idea en la cabeza no terminaría de disfrutar las sensaciones de placer que ella le provocaba.

Entre respiraciones agitadas separaron un poco los cuerpos, ambos necesitaban llenar de aire sus pulmones. El segundo asalto estaba por venir, sin embargo Bulma se acercó al príncipe para abrazarlo y recostarse en su pecho.

-¿Me va a extrañar? –preguntó divertida.

-Tal vez –respondió conteniendo la sonrisa –Todo será paz y tranquilidad.

-Lo mismo digo –se indignó ella –Ahora no tendré un jefe amargado y regañón, seré mi propia jefa.

-¿Qué tiene de especial tu planeta? –Vegeta quiso conocer más.

-¿Bromea? La Tierra es un planeta hermoso, lleno de gran diversidad de especies. Extraordinarios océanos que abarcan tres cuartas partes de la superficie del planeta.

-Se llama Tierra ¿y está repleto de agua? –Reflexionó el príncipe.

-Cierto –rió Bulma –Cuando el gran Vegeta IV tome posesión del trono debería ampliar sus relaciones diplomáticas en la Tierra.

-¿Eso es una invitación para visitarte? –preguntó sonriendo.

-Sí, lo estaré esperando –sonrió mirándolo –espero que su futura esposa se lo permita.

-No me casaré con ella –admitió Vegeta mientras se incorporaba para verla a los ojos.

-De no ser con ella, algún día tendrá que elegir –dijo Bulma pero fue interrumpida.

-Pediste que no habláramos del futuro –Le recordó.

-Es cierto –suspiró Bulma.

-Estoy arrepentido –Afirmó Vegeta tomando desprevenida a la chica.

-¿No le gustó? –preguntó decepcionada.

-No, al contrario. Me arrepiento de que no iniciara antes –acercó su nariz a los cabellos azules para inhalar su aroma.

-Su buena vibra no ayudó mucho –Bulma torció los ojos.

-Ni tus ideas de salir con mi hermano –le refutó Vegeta.

-Entre Broly y yo jamás pasó nada –confesó Bulma nerviosa –ni un beso.

-Te vi besándolo en el palacio real –incómodo se aclaró la garganta.

-Era una situación desesperada –Bulma evadió la mirada –era eso, o que estallara en ira.

-Por eso lo besaste –sonrió Vegeta aliviado.

-Debo confesar que una parte de mí tomo esa desesperada opción, pero no sentí nada con el beso –se mordió el labio inferior –descubrí que el sentimiento por Broly era amistad, luego no tuve el valor de confesar la verdad.

-Mientras yo como imbécil conteniendo las ganas de hacerte mía –Confesó seductoramente.

-Por eso se inventó que éramos novios –La científica se acercó ronroneando a su boca –Pedirme una cita habría simplificado las cosas.

-Lo mismo dijo mi hermana –dijo sintiendo el rose de labios con Bulma.

-Intentemos recuperar el tiempo perdido –propuso ella masajeándole la entrepierna.

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Uno de los guardias llamó desde fuera, indicó que el Rey solicitaba la presencia de su hijo mayor. Broly estaba cerca de arribar, por lo que el consejo Saiyajin comenzó a reunirse.

-Debo irme –dijo Vegeta despertando a la científica con un beso en la frente –Debemos preparar todo para la llegada de Broly.

-Lo entiendo –suspiró Bulma –llegamos al fin.

-No te vayas –confesó Vegeta desde lo más profundo de su corazón.

–Lo amo tanto como para dejar que cumplas sus obligaciones como heredero–dijo Bulma llenándose los ojos de agua -Jamás podría ser la amante de un príncipe o un rey.

-Por eso me gustas más –abrió su corazón el príncipe abrazándola con fervor –por entenderlo.

-Despídame de sus hermanos, no me dejaron verlos –suspiró Bulma cubriendo su desnudez con las sábanas –Le dejé a Gokú mis cartas de despedida.

-¿Entonces cómo entraste aquí? –preguntó extrañado Vegeta.

-Gasté casi todos mis ahorros en sobornos –confesó Bulma –Debería revisar más a sus hombres de confianza.

-Tal vez pensaron que una chica terrícola no representaba peligro para el príncipe –rió Vegeta.

-Lo amo jefecito –se levantó Bulma para besarlo.

-Lo sé escandalosa –respondió para luego recargar frente con frente. Inhalar una vez más su aroma y abandonar la habitación.

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Continuará…

17. La revancha

*No me odien por el capítulo, juro que tiene un propósito. Lo cierto es que se acerca el final, les confieso que mi mente está pensando en una segunda parte pero no prometo nada, las clases a distancia no me dejan tiempo para sentarme a escribir.

The scientist fue la canción que me inspiró para realizar esta parte de la historia.

En relación a los momentos de pasión, debo confesar que soy pésima narrando lemon. Siento que me cuesta escribir algo erótico sin caer en lo vulgar (cada quien imagine a los personajes en las posiciones que guste jejeje)