Harto.. Exhausto.. Hasta la coronilla.. Mamado

Esas eran las palabras correctas para describir el estado anímico de Milo..

¿De qué estaba harto, exhausto y mamado? Pues de ese par de hermanos que se coqueteaban el uno al otro pero no se declaraban de una maldita vez...

Si un sólo corazón imaginario le daba en la cara una vez más...

Y desgraciadamente para el escorpiano, tuvo que ver a esos dos melosos, Aioros descansando en el regazo del menor mientras este le acariciaba el pelo y se miraban a los ojos, como siempre esa condenada esencia rosadita que ya le pateaba las bolas a los demás...

Un corazón rosado imaginario flotó lentamente, tentativamente, provocativamente hasta la cara del Peliazul para luego explotar lindamente en la nariz de Milo..

Uuuuuh ¡esto ya fue demasiado! — Milo se puso de pie con varias venas debajo de su flequillo y a grandes zancadas, abandonó el coliseo y se dirigió a las casas, ignorando soberanamente a Camus y Afrodita quienes le preguntaban a dónde iba.

A estas alturas ya le importaba una mierda si todos lo reprochaban, si Shion lo sermoneaba o si Athena lo sancionaba... Si esos dos no hacían nada al respecto él lo haría..

Minutos después...

Después del entrenamiento y una ducha, cierto caballero de Leo salía de su cuarto, ya vestido y secándose el pelo con una toalla, se sorprendió cuando sus ojos verdosos se encontraron con algo que no estaba ahí cuando entró...

Una caja blanca sencilla puesta pulcramente sobre el comedor, sin adornos, sin nota, nada...

Ikki estaba en Japón así que él era el único que vivía ahí...

Se acercó al comedor y abrió cautelosamente la caja, encontrando varios bombones en su interior que francamente, tenían muy buena pinta...

Eran precisamente los que le gustaban, pero la parte cautelosa en su cabeza le decía que bien podrían estar envenenados...

Pero esperen ¿Cuando Aioria ha hecho caso a su cabeza?

Agarró un bombón y se lo llevó a la boca sin muchos miramientos, no pudo evitar sonreír y hacer un ruido de satisfacción...

Estaba delicioso, más de lo normal..

Cerró la caja y la dejó a un lado de la cocina, para luego dirigirse a su habitación, después averiguaría quien le había dejado aquellos bombones...


Mientras tanto, el Santo de Sagitario bajaba por las escaleras, saliendo de Escorpio y pensativo...

Iba de camino a visitar a su hermano y pareja (Aunque él no lo sepa) aunque algo perturbado por la expresión oscura que puso el guardián Peliazul cuando se encontraron...

Parecía tramar algo..

Pero Aioros prefirió no darle importancia y continuar, en el fondo sabía que no quería saber lo que atravesaba la cabeza de Milo...

Aunque según Kanon, no había mucho que ver realmente...

Simplemente se concentraría en pasar un tiempo de calidad con su amado, aunque no pudiesen ser algo más, le bastaba y sobraba con tenerlo a su lado...

Sería una velada como cualquier otra, pensó..

Que equivocado estaba

Aioria se hallaba en serios problemas...

Al principio sólo sintió un ligero mareo y una sensación rara en el estómago, que atribuyó al cansacio, pero eso fue sólo el inicio...

Empezó a sentir un calor insoportable en su cuerpo y un cosquilleo en su abdomen que luego bajó hacia cierta zona que comenzó a despertar...

No entendía lo que le sucedía, poco a poco esas sensaciones fueron aumentando al grado de que tenía una tienda de campaña en sus pantalones, se sentía adolorido, cansado y excitado.

Aioria estaba excitado..

¡Y por Athena! Su hermano llegaría en cualquier momento..

Su respiración estaba acelerada y entrecortada, sus mejillas tenían un bonito sonrojo y tenía la frente ligeramente perlada en sudor, tenía la camisa completamente desabrochada en un intento desesperado de bajar el calor y lo más notorio era el bulto entre sus piernas..

— ¡Aioria! – Los ojos llorosos de Aioria se abrieron como platos al oír a su hermano llamarlo...

¡No podía dejar que lo viera en ese estado!

—¡Aioria, sé que estás aquí! — El tono levemente juguetón del mayor estremeció al leonino mientras miles de ideas pecaminosas atravesaban su mente..

Rezó por que Aioros no mirase en su habitación, pero todos sabemos que los dioses nunca están de su lado..

La puerta se abrió y la figura de Aioros se hizo ver, Aioria tembló como una hoja...

— N-Niissan — Se incorporó torpemente hasta quedar sentado en la cama y apartó la mirada — N-No quiero que me.. Veas así.

— ¿Q-Qué te pasó, Aioria?

Aioros entró en la habitación completamente confiado de que Aioria estaba jugando como cuando eran niños, pero nunca hubiera imaginado lo que encontró..

Su hermano tenía la camisa completamente abierta, dejando a la vista su hermosa piel dorada y sus pezones rosados, sus labios estaban húmedos y se abrían producto de los jadeos, su rostro tenía un adorable sonrojo y sus ojos estaban llorosos..

Una visión pecaminosa y enormemente erótica que Aioros sólo veía en sus sueños húmedos..

— N-No lo sé — El menor contestó entre jadeos — Y-Yo no sé que me.. ¡Ah! — Un gemido se le escapó producto de la presión en sus pantalones...

Ese sonido que de a poco se iba repitiendo fue el colmo para Aioros, quien ya tenía su pantalón hecho una carpa al ver a su hermano de aquella manera...

La mano de Aioros, que anteriormente apretaba con fuerza el pomo de la puerta en un intento desesperado por mantener la cordura y no abalanzarse sobre el menor, se separó del pomo que quedó notoriamente deformado...

Aioria hacía un último intento de recomponerse, pero sentía su cuerpo demasiado pesado y caliente como para ponerse de pie..

Se estremeció cuando un dedo le alzó la barbilla hasta que sus ojos se encontraron con los del mayor...

Oscurecidos de deseo...

— Pobrecito — El timbre de voz profundo y gutural que escapó de la garganta del castaño mayor obligó a Aioria a temblar y gemir, aquellas sensaciones empezaban a empeorar con la presencia del arquero, quien se arrodilló frente a él y le acarició tiernamente la sonrojada mejilla — Te ves mal, déjame ayudarte — Y lo que menos se esperó fue que Aioros lo sujetara de la nuca y uniera sus labios.

Pero no demoró nada en abrazar el cuello del mayor para acercarlo más a su acalorado cuerpo, en menos de lo que canta un gallo el beso pasó de ser tierno a candente, la lengua del mayor se coló sin permiso en la boca del leonino quien dejó escapar un gemido ahogado y torpemente correspondía, Aioros acariciaba sin miramientos el cuerpo del menor, la saliva se escurría por la boca de este último y de cuando en cuando sus dientes chocaban, enviando descargas eléctricas que impulsaba a ambos a gemir.

Aioros usó su peso para que Aioria cayese de espaldas sobre su cama con el mayor tendiéndose sobre él, se separaron por aire con un hilo de saliva aún conectandolos pero aquél beso sólo aumentó las ansias de los dos...

— ¿Te duele? — Aioros soltó con tono entre preocupado y lujurioso mientras movía su rodilla entre las piernas de Aioria, que gimió gloriosamente ante el contacto con su intimidad — Veo que sí ¿Cómo podría ayudarte? —Un último susurro en el oído de Aioria, quien el doble de sensible jadeó

Aioros recorrió con sus labios y dientes la oreja, mejilla y finalmente el cuello de Aioria, mientras su mano se deslizaba lenta y desquiciantemente sobre el pecho expuesto del menor y su rodilla no paraba de rozar la entrepierna del castaño claro, quien sólo atinaba a gemir y apretar las sábanas entre sus manos..

Debía ser un sueño...

Aioros se aseguró de dejar marcas bien claras en el cuello de Aioria, quería dar a conocer que ahora su hermano tenía dueño. Pese a quien le pese.

Quitó de un tirón la camisa de Aioria de sus hombros y se dedicó a probar sus pectorales, pasó la lengua por uno de sus pezones haciendo que Aioria se arqueara y gimiera melódicamente, de modo que empezó a juguetear con el pezón en su boca hasta dejarlo rojo y erecto mientras con sus dedos jugueteaba con el otro pezón, deseando oír más de esos gloriosos sonidos mientras que Aioria tironeaba la camisa de Aioros en un intento de arrancarsela, Aioros de inmediato lo ayudó.

Una vez ambos estuvieron con los torsos desnudos se estremecieron al sentirse piel contra piel, Aioros continuó su tarea de probar el cuerpo de su pequeño hermano, jugó un momento con el ombligo y de un tirón se deshizo del pantalón y la ropa interior, primero torturó a Aioria chupando su cadera, sus muslos internos y su pelvis, alentado por los gemidos y súplicas del menor..

— N-No juegues.. Conmigo, Aioros — Susurró jadeante entre reproche y súplica.

Reaccionando Aioros rápidamente engulló el falo de Aioria y lo lamió y chupo de manera sorprendentemente experta, quien por su parte soltó un fuerte grito, a la vez que metía uno, dos y tres dedos en la entrada del menor, preparándolo..

Aioria se aferraba con ambas manos a las sábanas soltando sonoros gemidos mientras de a poco perdía la cordura, gimió de protesta cuando repentinamente Aioros separó su boca y dedos de su cuerpo, justo cuando estaba por venirse...

Pero la fugaz mirada depredadora y hambrienta que este le envió antes de ponerlo boca abajo en el colchón lo hizo temblar..

Su respiración se agitó más (De ser posible) cuando oyó una cremallera y el sonido de tela caer al suelo, el cuerpo de Aioros tumbarse nuevamente sobre él y su errática respiración en su oído.

— Mira cómo me tienes, hermanito — Aioros restregó su palpitante erección contra las nalgas del menor, quien contuvo el aliento al sentir ese enorme falo — Pero es tu decisión ¿Serás mío?

— S-Sí, quiero ser completamente tuyo.. Nissan.

Aioros sonrió, sujetó la cadera de su hermano y entró lentamente, ambos gimieron al unirse por completo y Aioros tuvo que hacer acopio de la poca cordura que le quedaba para no arremeter al menor como un salvaje.

Inició un vaiven lento y tierno, pero que cada vez se volvía más frenético hasta que la cama empezó a sacudirse ante sus movimientos, Aioros no se separaba del oído del menor, soltando gruñidos y frases posesivas...

— Eres mío — Le decía entre gemidos y jadeos — No dejes que... Nadie te toque... Sólo yo lo haré.

— ¡Ah! Sí, soy tuyo

Llegó a un punto en el que el mayor levantó la cadera del leonino hasta ponerlo en cuatro, embistiendole con más fuerza y los gemidos aumentaron de volumen, Aioros sólo se sentía encenderse más al ver su hombría entrar y salir de la rosada entrada de Aioria, finalmente ambos soltaron un alarido mientras sus orgasmos los golpeaban con un fuerza, Aioria se vino manchando sus sábanas y Aioros llenó el interior de Aioria...

Se derrumbaron tratando de regular sus respiraciones, se miraron con sus ojos brillantes y sonrientes, Aioria levantó su mano para acariciar el rostro del mayor..

—Te amo —Admitieron a la vez para luego besarse tiernamente..

Pero Aioria gritó sorprendido cuando repentinamente Aioros lo levantó, pegó su espalda a la pared de la habitación y de una estocada entró en él, un grito ahogado salió del leonino..

— No creas que no hemos terminado — Susurró Aioros en su oído mientras empezaba a embestirlo fuertemente, sacándole gritos — Es tu culpa por provocarme..

Mientras ellos estaban en lo suyo, no se fijaron de que escondido tras la puerta se hallaba cierto Peliazul con una cámara de vídeo en manos y una sonrisa triunfante...

Al final esos bombones afrodisíacos que la fujoshi pervertida de Shaina le dio sirvieron para algo..

Mataría dos pajaros de un tiro, logró que esos dos se confesaran al fin y de paso, podría compensar el regalo de cumpleaños que olvidó darle a Athena...

- ¡Eres un genio, Milo! - Pensó orgulloso de sí mismo..


Juro que tengo la cabeza echando humo por escribir esto, yo leo lemon, no lo escribo...