La victoria
Los 185 minutos más largos de su vida. Aburrida jugueteaba con la pluma, la otra mano daba pequeños golpes a la mesa que se acompañaban de un ligero traqueteo de su pie derecho. Odiaba las juntas de negocios, no comulgaba con la idea de que el cliente tiene la razón y eso le traía como consecuencia maratónicas reuniones de trabajo.
Sus asesores le insistían en tomar decisiones que iban contra su ideales o su instinto, en especial cuando se trataba del diseño de arsenales y armamentos. La presente junta no era la excepción.
El buen humor que le caracterizaba simplemente se esfumó. Adoraba diseñar y crear pero no estaba cómoda liderando una empresa que con frecuencia vivía en el ojo de huracán por el mal prestigio que dejaron sus antiguos dueños. Hasta modificó el concepto y nombre de la compañía para dejar de incursionar en áreas bélicas. No resultó.
-Señorita Briefs –la interrumpió su calvo asistente –Tiene un mensaje de la escuela de su hijo –le pasó el recado mediante una nota. El breve escrito le reportaba que el viaje de grupo iba bien, por lo tanto los alumnos estarían de regreso mañana por la tarde.
-Gracias –susurró Bulma cuando recibió la nota –Necesito un café, sabes como me gusta y esta vez no olvides que lo tomo sin azúcar –amenazó a su asistente.
-Enseguida señorita –nervioso el asistente salió del espacio destinado para las juntas. Su jefa era muy guapa, inteligente y agradable pero al ponerse de malas perdía todo el encanto del mundo.
Sus oídos solo captaban el murmullo de las voces que exponían los temas agendados en la reunión. Su mente pensaba en Kyabe, aunque no tendría de qué preocuparse, el origen saiyajin del niño lo hacía más fuerte y hábil que el resto, sabía cuidarse perfectamente.
Más de un año había pasado desde que el pequeño se alejó de su familia, al principio lo notaba algo decaído y triste, pero al transcurso de los meses se fue adaptando a su nuevo hogar. Hasta decidió enviarlo a una escuela terrícola para que conviviera con otros niños de su edad, buscaba distraerlo de la incertidumbre del futuro de sus hermanos.
Las últimas noticias que envió Tarble a Jaco parecían alentadoras, sin embargo carecían de pormenores. Pero aunque estuviese codificada la información no arriesgarían al pequeño Kyabe señalando su ubicación mediante el rastreo de mensajes.
El único dato que se llegó a saber fue la inminente muerte del Rey Vegeta en el juicio por combate, eso desató la rebelión de las fuerzas conservadoras. Por obviedad ahora su amado príncipe se convirtió en el soberano de Sadala.
Suspiró al pensar en él. En todo el tiempo que pasó no dejó de recordarlo ni un solo instante, en cada segundo se presentaba en su pensamiento. Entre sus meditaciones llegó a pensar en qué hubiera pasado si eligiera la opción de quedarse a vivir en Sadala. Tanta presión de llevar una compañía no le hacía del todo feliz.
-¡Disculpen! –ingresó a la sala de juntas el asistente –señorita un cliente quiere verla –expresó con el rostro líbido.
-Estamos ocupados –dijo un señor acomodando su bigote.
-Amenazó con volar el edificio si no sale la presidenta a conversar con él –por los nervios el chico comenzaba a sudar a mares –dice que su tecnología es obsoleta.
-¿Qué? –Bulma se levantó de golpe pegando en la mesa –a mí nadie me dice que nuestra tecnología es obsoleta. ¡Ven como trae consecuencias eso de lidiar con terroristas!-se dirigió a sus equipo directivo.
Acomodando su traje sastre avanzó por el pasillo para encontrarse con el cliente problemático. Por fortuna tenía carácter, eso le daba ventaja sobre cualquier cliente incómodo y no se iba a dejar intimidar por nada ni nadie.
-¿Qué se piensa ese hombre? –murmuraba apretando los dientes en su avance.
Justo cuando pensaba en soltar un sinfín de amenazas hacía el cliente, notó una silueta conocida. Ese hombre con los brazos cruzados que miraba a la ventana tenía un peinado muy particular, un corte que apostaba no tenía ningún otro en todo el universo. Estuvo a nada de reprender a su asistente por darle un café aderezado de alucinógenos.
-¿Este era el grandioso planeta que extrañabas? –le preguntó de espaldas cuando la escuchó acercarse haciendo ruido con sus tacones –Es ruidoso y ajetreado.
-¿Qué haces aquí? –le preguntó conteniendo las ganas de correr a llenarlo de besos. Muchos espectadores para su gusto, no quería desatar rumores. Además Vegeta no era partidario de manifestar sus emociones en público.
-¿Perdón? –se giró Vegeta con mirada divertida -¿qué clase de pregunta es esa?
-Una pregunta no muy inteligente –rió nerviosa.
-¿Dónde está Kyabe?-preguntó Vegeta acercándose a ella.
-Salió de excursión -le contestó mordiéndose el labio para controlarse –Asiste a una escuela terrícola.
-Tenemos mucho que hablar –Pronunció sin apartarle la mirada. También Vegeta luchaba con sus demonios internos al tratar de no hacerla suya en ese momento.
-En definitiva hay muchas cosas por conversar –ella sonrió apretando los labios –le diré a mi asistente que cancele todo –le dijo señalando con su mano que debía alejarse para llamar al chico -¡Krilin!
Minutos más tarde Bulma regresó con su portafolio para encontrarse con el saiyajin. Antes de expresar cualquier palabra Vegeta la jaló hacia él para llevársela volando.
-¡Están secuestrando a la presidenta!-Gritó una secretaría
-¡No, no! –negó Bulma desde las alturas -¡Todo bien! No es un secuestro.
-¿A dónde Vamos? –preguntó Vegeta aspirando el olor de Bulma pues la llevaba pegada a su cuerpo.
-A la zona donde se encuentra mi casa –le dijo ella cerrando los ojos. Reaccionó al ruido de las fosas nasales del príncipe que aspiraban su aroma –Es en la parte trasera del edificio.
Vegeta se sintió algo decepcionado por no tener una mayor distancia que recorrer con la terrícola. Pero saber que su casa se encontraba tan cerca le asomó una sonrisa de satisfacción.
-Es allí –señaló Bulma. Mientras Vegeta descendía al punto indicado.
El ahora rey contemplaba cada rincón de la casa, era bastante lujosa y amplia. La terrícola estaba cumpliendo su sueño.
-¡Bienvenido a mi humilde hogar! –expresó Bulma pero no continuó su discurso de bienvenida porque Vegeta la aprisionó contra la pared.
Entre besos y caricias lo guió a la habitación más cercana. La charla podría esperar, el deseo por tomarse no daba tregua. Cada prenda representaba un obstáculo, la ansiedad fue tan intensa que solo alcanzaron a quitar lo necesario para saciar la pasión.
Los acelerados gemidos de ambos inundaban la habitación, pasó una eternidad desde el último encuentro.
Haciendo lo posible por regular la respiración Bulma se recargó en pecho de Vegeta. Mientras que el hombre no la quería soltar, la distancia solamente le confirmó que no quería estar con nadie más. Ella era la indicada.
-Eso fue intenso –jadeó Bulma –parece que alguien me extrañaba.
-Para nada –Vegeta contuvo una sonrisa.
-Eres un mentiroso –Bulma le palmeó el pecho en desaprobación por sus palabras.
-Ya no me hablas de usted –la miró el saiyajin.
-Ya no trabajo para ti –sonrió Bulma.
-Deberías hablarme con respeto –sonrió Vegeta –Estás frente al nuevo rey.
-Lo siento su majestad –ronroneó ella incorporándose para quitarse lo que restaba de ropa–prometo ser más respetuosa.
Vegeta la miró terminar de desnudarse pero al recorrer con su mirada cada parte del cuerpo de la mujer notó una cicatriz.
-Esa cicatriz –Vegeta se acercó para inspeccionar la cicatriz en la parte más baja del abdomen. A menos que alguien le hubiese atravesado una espada esa marca significaba una cosa.
-No es nada –dijo la científica con una expresión lívida –una cirugía menor.
Bulma olvidó ese detalle, el médico le dijo que pasarían varios meses hasta que se borrara del todo la cicatriz y estuviera lista para usar bikini. No era algo importante, pero estaba tan apresurada porque Vegeta la hiciera suya que no advirtió las consecuencias.
-¿Por qué no lo dijiste antes? –la tomó del brazo mirándola fijamente a los ojos.
-Cuando nos fuimos de Sadala no estaba segura –dijo suspirando –pensé que el príncipe también recibía su dotación anticonceptiva, pero resultó que no.
-Así era, hasta que se anunció mi compromiso y en automático me hicieron ir por una dosis que anularía los efectos –confesó fijando aún más la mirada -¿dónde está?
-Con la niñera –Le dijo al tiempo que se apartaba de él.
-¿Cuán pensabas decirme? –le preguntó serio. Tenía un heredero en el planeta Tierra y Bulma ni siquiera se dignó en darle una pista de su existencia.
-No era algo que se puediese comunicar por mensaje –se excusó. Molesta por la actitud de Vegeta se levantó para buscar una bata que le cubriera la desnudez –además no me diste el tiempo para decirlo.
-¿Por qué te cubres? –le preguntó con mirada traviesa –aún no terminamos.
Los dramas también podrían esperar. Ninguno dejó que eso fuera impedimento para fundir sus cuerpos nuevamente.
Una par de horas más tarde una voz masculina interrumpió sus jugueteos.
-Estamos de regreso –dijo la voz ronca tocando la puerta.
-¡Enseguida salgo! –gritó Bulma que se levantó para colocarse la bata.
La mujer abrió la puerta para tomar a un bebé regordete de ojos azules y cabello lila. Traía un curioso gorro en la cabeza.
-Gracias Piccolo, me encargaré de él –se despidió del hombre verde que le entregó al pequeño.
-Vamos Trunks –le dijo al bebé –te quiero presentar a una persona -El bebé se abrazó a ella balbuceando cosas sin sentido para Vegeta.
-¿Él es mí? –el rey pausó la pregunta. El choque de realidad lo paralizó, no era lo mismo sospechar que tenía un hijo a verlo allí enfrente.
- Trunks saluda al Rey de Sadala –sonrió Bulma –A tu padre –se le cortó la voz.
El bebé se aferró a su madre, el hombre era un completo desconocido. Temeroso giraba su cabecita para observar al rey, se le veía con cierta mezcla de temor y curiosidad.
-¿Quieres cargarlo? –le preguntó la científica.
-No sé cómo hacerlo –titubeó el saiyajin –en mi planeta los críos pasan los primeros años de su vida en una cápsula de crianza.
-Eso explica la razón de su frialdad hacia otros –sonrió Bulma –¡Vamos no muerde! –lo animó extendiendo los brazos para acercarle a su vástago.
En un inicio Trunks lo miró desconcertado, no entendía quién era ese hombre. Lentamente Vegeta intentó sostenerlo con algo de torpeza. El aroma de un bebé le pareció hechicero, activó en su sistema algo desconocido.
-Ven acá amor –se lo arrebató Bulma cuando el niño comenzó a llorar –te asusta ese hombre amargado, tranquilo cuando lo llegas a conocer es todo un amor –rió meciendo al pequeño.
-Espera un momento –recapacitó Vegeta –Dijiste que estaba con la niñera y te lo entregó un namekiano.
-¿Qué esperabas? –le respondió mientras apretaba a Trunks sobre su pecho y le frotaba la espalda para tranquilizarlo –es un niño con sangre saiyajin, una niñera humana no habría podido con él.
-¿Dónde lo encontraste? –preguntó curioso.
-En Namek cuando abandonamos Sadala hicimos una escala en aquel planeta para buscar las esferas legendarias, pedir un deseo y así llegar a la Tierra –explicó sin dejar de consolar a su hijo –Piccolo es una excelente opción para ayudarme con Kyabe y Trunks, es fuerte, sabe de entrenamientos y lo mejor de todo –hizo una pausa dramática –es asexual, por su condición tiene como que activado ese instinto paterno.
-Interesante –alcanzó a decir mientras buscaba acortar distancia con ella.
El pequeño volvió a llorar, ahora con mayor intensidad por ese motivo Vegeta retrocedió en su avance.
-Lo siento es algo huraño –se disculpó Bulma –no tengo idea a quien salió –comentó con ironía.
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Desde el balcón Vegeta contemplaba las luces de la Capital Oeste. Reflexionaba sobre el día tan emocional que vivió, en especial al conocer que tenía un heredero. Sospechaba que engendrar un hijo era una posibilidad, no se le ocurrió preguntarle a Bulma si ella usaba algún método anticonceptivo y en esos momentos era lo que menos le importaba.
-Ya se durmió –dijo Bulma alcanzándolo en el balcón –tener un hijo es algo complicado, bueno según todo el mundo tengo dos hijos: Trunks y Kyabe.
-Siempre has sido como una madre para Kyabe –afirmó el nuevo rey.
-Lo sé –sonrió Bulma mientras se recargaba en el hombro de Vegeta.
-Mi padre murió y eso desató una guerra –comentó él con pesadez –no fue sencillo retomar el orden, por fortuna el trabajo de acercamiento que hicieron tú y mis hermanos con el pueblo hizo que tuviésemos más aliados civiles. Se perdieron muchas vidas.
-Daños colaterales de una guerra –suspiró Bulma abrazándolo.
-Odio ser rey –hizo una mueca –es complicado saber que tu decisión puede afectar el destino de otros.
Vegeta se giró para mirar a Bulma a los ojos y sostener sus manos.
-Te necesito conmigo –soltó sin decir más –soy mejor cuando estamos juntos.
-Pero –Bulma no alcanzó a terminar de protestar.
-Vengan conmigo –sonó más a una orden que a propuesta –las aguas se han calmado y saber que protegiste a parte de la familia real te ha sumado puntos a favor.
-¿Y el compromiso con Kale? –preguntó, era un cuestionamiento que se contenía de hacer.
-Es hija de un traidor y al reencontrarme con ella comprobé la verdad –expresó nostálgico.
-¿Qué verdad? –indagó ella buscando la respuesta que deseaba.
-Que solamente tengo ojos para una terrícola escandalosa –asomó su dentadura al ver la reacción de sonrojo que mostró Bulma.
-¡Jefecito! –gritó Bulma abalanzándose para besarlo.
-Contratada de vuelta –dijo entre las pausas del beso.
-¿Están haciendo otro bebé? –se escuchó la voz de Kyabe -¡quiero más sobrinos!
-¡Jovencito! ¿No se supone que estás en una excursión? –preguntó Bulma algo irritada.
-Desde medio día sentí el ki de Vegeta y por eso vine –se rascó la cabeza.
-No tienes rastreador –Dijo Vegeta mientras se acercaba a su hermano para abrazarlo –es bueno volver a verte mocoso.
-También te extrañé –se aferró Kyabe al hermano.
-Piccolo le enseñó a Kyabe a leer los poderes de pelea y a esconder su ki –explicó Bulma.
-¿Qué pasará ahora? –preguntó el niño. Deseaba conocer su futuro.
-¡Todos de vuelta a Sadala! –pronunció Bulma emocionada.
Era bueno regresar a su nuevo hogar. Descubrió que no debes aferrarte a sueños pasados, en ocasiones puedes construir nuevas metas de vida y rodearte de las personas que te hacen feliz. Ser la reina de un planeta jamás le cruzó por la mente pero sería la reina más hermosa e inteligente de Sadala.
FIN
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¡El último capítulo! Se preguntarán por qué lo situé tiempo después. Mi respuesta es simple, responde a que Bulma tenía que vivir su sueño para lograr deliberar si eso por lo que luchó desde que era pequeña la hace sentirse completa.
Gracias por leer y apoyar mis historias, espero algún día animarme a escribir la secuela para aclarar un par de lagunas en el final de la historia. Pensé en el título "luchando por el amor", tengo ideas en la cabeza, sin embargo no las he plasmado.
P.d. siguiendo el buen consejo de DesertRose, decidí ampliar mis horizontes a la página naranja de fics jejeje Si algún día pasan por allí me buscan con el mismo nombre: Karenina2186
