— Relájate y disfruta, hermanito — Susurraba Aioros apenas separando su boca del cuello del menor, que ya contaba con varias marcas.

— P-Pero Nissan.. ¡Ah! — El mayor no lo dejó terminar porque metió la mano debajo del pantalón de Aioria y había empezado a jugar con su semierección.

Aioros en un rápido movimiento inmovilizó a Aioria en la pared, sujetando con una mano sus muñecas por encima de su cabeza mientras que con la otra desabotonaba frenéticamente la camisa del menor para luego ponerse a jugar con sus pezones.

— ¡Ah, Nissan! — Aioria se arqueó, separando su espalda de la fría pared mientras sus piernas temblaban, a duras penas podía mantenerse en pie..

Las manos ansiosas de Aioros arrancaron lo que quedaba de la ropa del menor, lo sujetó del trasero forzandolo a abrazar su propia cintura con sus piernas y de una estocada se metió en su hermano.

Era una delicia, la sensación de las paredes de Aioria abrazando su hombría, las uñas de este clavandose en su espalda y qué decir de las expresión del menor con su pelo revuelto, sus labios hinchados y dejando escapar sensuales gemidos, su rostro enrojecido y sus ojos ofuscados de placer...

Su orgasmo se acercaba, su miembro palpitaba y deducía que también el menor estaba por acabar, ya casi..

Ring ring ring ring ring ring

El Sagitario se incorporó violentamente, con su expuesto pecho y su frente perlados de sudor y respirando agitado, miró primero a la ventana, era de madrugada y luego sus sábanas cubriendo sus piernas, en las que se alzaba una tienda de campaña.

Bufó mientras se frotaba el rostro con su mano ¿Ahora cómo miraría a su hermano a la cara?

Hizo una mueca ante el dolor de la erección y sólo le quedó bajarse los pantalones y complacerse...

Se esforzaba por contener sus gemidos, no quería despertar a Seiya, su mano se resbalaba producto del líquido Pre-seminal y aunque no quisiese, las imágenes de Aioria con la ropa desarreglada, con su rostro desencajado de placer y ofreciéndosele atravesaban su mente..

¿Por qué tuvo que tener un hermano tan adorable y malditamente provocativo que aunque no se lo propusiera lo tentaba cada día?

Finalmente se corrió y el blanquecino líquido manchó la cama, a la vez que el placentero grito del menor se reproducía en su mente...


Aioros atravesaba la casa de Leo con todo el sigilo que podía tratando de no hacerse oír, no podía ni mirar al Guardián sin que las indecorosas imágenes de la noche anterior se reproducieran en su cerebro como una película..

— Aioros

— ¡Aah! — El griego pegó un salto del susto mientras giraba sobre sus pies con los puños en alto, pero se tranquilizó y suspiró — Ah, eres tú, Ikki.

— Mi maestro está enfermo — Comentó el Fénix saliendo de la cocina con un tazón de agua y una toalla en sus manos — Esta mañana se derrumbó en el baño y tenía 38 grados, no parece nada grave pero creo que no podrá ir al entrenamiento.

— ¿Cómo está ahora? — Cuestionó el mayor mientras su estómago se retorcía de preocupación, el Peliazul se disponía a subir las escaleras.

— No está tan mal, pero dice que le arde la cara y no puede levantarse — Ikki arqueó una ceja y sonrió de lado — Tal vez se sienta mejor cuando te vea

Aioros tuvo que sacudir la cabeza para no sonrojarse, ese mocoso era plenamente consciente (Como todos) de sus verdaderos sentimientos por el Santo de Leo y no desaprovechaba oportunidad para incomodar al maestro de su amigo/rival y potencial pareja.

Sobre todo porque la cara del arquero y su actitud evasiva daban a entender que no tenía pensamientos muy "puritanos" hacia su maestro.

— N-No me parece buena idea..

— Está dormido — Aseguró el fénix antes de desaparecer en las escaleras.

Bueno, una miradita no tendría nada de malo, pensamientos sucios o no, seguía siendo su hermanito enfermo y él seguía preocupado..

Casi sin darse cuenta, sus pies seguían al Peliazul por las escaleras hasta el cuarto del moreno menor, donde Ikki abrió la puerta y la figura de su hermano, tumbada en la cama, se hizo ver..

Aioros se acercó con cautela, Ikki se había sentado en un banquito junto a la cama de su mestro y ahora hundía la toalla en el tazón de agua, limpiando el cuello y apoyándolo en la frente del castaño claro.

Este respiraba dificultosamente y apretaba sus ojos de vez en cuando, tenía las mejillas rojas producto de la fiebre y sudaba, estaba en pijama cubierto por la sábana hasta los hombros.

Aioros observó con preocupación a su hermano, mientras que el menor de los tres se levantó para buscar la medicina de su maestro cuando este despertara.

Aioros se quedó ahí, acompañando ql menor, estiró su brazo para tocar la frente y mejillas de Aioria, estaban hirviendo aunque había estado peor..

La escena del pasado, de un Aioria enfermo y quejándose con su dulce voz infantil mientras él se arrancaba el pelo de la angustia atravesó su mente cual saeta.

"Nissan, me siento mal"

El mayor suspiró y por impulso, se inclinó hasta que su frente tocó la húmeda del menor, un gesto tan íntimo, tan cariñoso..

— Lo siento, pequeño — Susurró y abrió los ojos.

Mala idea...

Porque estando tan cerca del rostro de Aioria, distinguía las sombras que sus pestañas formaban bajo sus enrojecidas mejillas, distinguía el pelo desordenado del menor, su aroma, distinguía sus labios.. Llenos, brillantes y húmedos que lo llamaban.

Sí, sólo él se ponía a pensar cosas en absoluto decentes cuando su hermano estaba enfermo.

Pero desgraciadamente, la expresión de Aioria en ese momento le recordaba demasiado a la que tenía en su sueño, despeinado, con su rostro rojo de excitación y contraído de placer.

Además de que esos labios no ayudaban...

— N-Nissan — Llamó Aioria jadeante entre sueños.

Sin duda, eso tampoco ayudó.

Cuando Ikki subía las escaleras con la medicina de Aioria en manos, Aioros pasó a toda velocidad hasta casi atropellarlo, dirigiéndose a toda prisa hasta la salida del templo.

Se volteó para reclamarle, pero en lugar de eso una estruendosa carcajada resonó en el templo de Leo.

Y es que Ikki había notado el rostro rojo de Aioros cuando este salía a toda prisa de la habitación de Aioria e incluso notó la tremenda erección que levantaba su pantalón.