A juzgar por la posición del Sol, era casi medio día, unas extrañas nubes oscuras se podían divisar en el horizonte. El grupo de guerreros salían del gran comedor, atravesando la mitad del poblado nevado.

-Será mejor que nos preparemos...- Dijo el Medic con serenidad.- No sabemos cuánto tardarán en llegar.

-Tenemos tiempo.- Soltó el Engineer de repente.- Tardarán un tiempo aún.

-¡En ese caso tenemos que avisar a los demás!- Exclamó el Heavy la borde del grito.

-Yo iré a buscar al Demoman y al Soldier.-Dijo el Sinper.- Heavy, tú puedes ir a buscar al Scout y al Spy.

-¿Y nosotros?- Preguntó Kairi de repente, causando que todos se sorprendieran.- Queremos ayudar.

-Que vayan a buscar al Pyro.- Dijo el Medic con una sonrisa algo macabra.- Engineer, acompañalos, nunca se sabe qué podría pasar...

Kairi, al ver la expresión del Medic, empezó a preocuparse y a arrepentirse de haberse prestado en su ayuda, pero ya era tarde para echarse atrás. Kairi, Link y el Engineer fueron en busca del Pyro, por el camino Link empezó a conversar con el Engineer.

-¿Cual es la causa de tanto revuelo?- Preguntó el rubio.- Debe ser algo importante.

-Bueno, digamos que esperamos un ataque.- Respondió él muy seriamente, causando que Link y Kairi se sorprendieran.- Nos superarán en número, por eso necesitamos reunir a todo el equipo.

-¿Quién os quiere atacar?- Pregunto la muchacha algo curiosa.- ¿Habéis hecho algo malo?

-No, claro que no.- Respondió echándose a reír, aunque luego se puso serio.- Vendrá un ejército de hombres de metal, bueno, más bien dicho... Robots. Esos robots buscan un metal muy valioso que nosotros poseemos, el Australium, un mineral muy resistente y parecido al oro. A nosotros nos fue encomendado defender ésta zona hasta nuevo aviso.

-Así que no tenéis alternativa...- Mustió Link.- En ese caso yo quiero ayudar.

-Hey, no te apresures, vaquero.- Dijo el Engineer con tranquilidad.- Primero vayamos a buscar al Pyro.

-¿Como lo encontraremos?- Preguntó la chica.

-Cuando huela a propano querrá a decir que está cerca.- Respondió él con una sonrisa.

Mientras tanto, en una cabaña de madera, se encontraban un par de sujetos sentados frente a una pequeña mesa improvisada, jugando a las cartas, estaba oscuro, sólo la tenue luz de un candil colgado en la pared era lo único que iluminaba la estancia. Uno de los sujetos era el Soldier, que sostenía sus cartas, mirándolas continuamente, mientras se fumaba un puro. El otro era un hombre fornido, de piel muy morena, sólo disponía del ojo derecho de color marrón (La cuenca del ojo izquierdo estaba tapado con un parche negro), vestía una camiseta roja de manga corta sobre otra blanca de manga larga, sobre ellas tenía un traje de protección gris, levaba unos pantalones rojos, unas botas militares oscuras y un gorro sobre su cabeza enteramente negro, a su lado tenía una botella de whisky escocés. Ambos mantenían un semblante serio, intentando adivinar las cartas del otro, la tensión se podía respirar en el aire. Hubo un silencio omnipresente hasta que se abrió la puerta de par en par, descubriendo la silueta del Sniper en la entrada, irrumpiendo la partida.

-Espero que sea importante...- Dijo el Soldier sin apartar la mirada de sus cartas.

-Lo es, ellos vienen hacia aquí.- Respondió el Sniper muy serio.- Será mejor que os preparéis.

El dúo se puso serio, ambos dejaron las cartas sobre la mesa y se dispusieron a abandonar aquella cabaña.

-Creo que me olvido algo...- Mustió el hombre moreno, luego se volteó y recogió la botella de whisky escocés de la mesa.

-Escucha Demoman, ¿En serio lo necesitas?- Preguntó el Sniper.

-Más de lo que puedas imaginar.- Respondió él, mirándolo.- Lo dejaré cuando de caza a Nessie, si te parece.

El hombre flaco no respondió, simplemente suspiró y dio media vuelta, los demás le siguieron, dirigiéndose en la cabaña más grande de todas, dónde se podía ver al Medic entrando en ella.

En ése mismo momento, dos personas se encontraban conversando. Uno era un hombre alto y delgado con ojos celestes, vestía un elegante traje rojizo, pasamontañas a juego, guantes negros y zapatos oscuros. El otro era más joven y no era tan alto, tenía un porte atlético, ojos azules, expresión despreocupada, llevaba una indumentaria parecida a un jugador de béisbol, llevaba una camiseta roja con las mangas remangadas hasta lo hombros (A pesar del ambiente, no tenía frío), pantalones verdes oscuros, deportivas marrones, llevaba una bolsa negra colgando de su espalda, unas "chapas de perro" (O chapas militares) colgando de su cuello, una gorra negra en su cabeza y un comunicador amarillo en su oído derecho junto a su respectivo micrófono. Los dos mantenían una conversación algo incómoda para ambos.

-Te lo diré otra vez, entre ella y yo no hubo nada.- Dijo el hombre alto, hablaba con un acento francés.

-¡Ja! Tú a mi no me engañas.- Respondió el muchacho.- Confiésalo, no pasa nada...

-Pero...- Intentó continuar, pero no encontró las palabras y se hartó de fingir.- Está bien, tuve un romance con tu madre.

-¿¡Y lo dices así sin más!?- Exclamó él, su expresión de despreocupación cambió a una totalmente de rabia.- Tío, debería mandarte al maldito infierno y quedarme tan ancho.

Siguieron discutiendo, hasta que se percataron de la indiscreta presencia del Heavy. Ambos se voltearon para ver al enorme hombre.

-¿Y tú que quieres?- Preguntó el joven.- Ahora no tengo tiempo para ti, gordo.

El Heavy no contestó, solamente miró fijamente a la pareja de forma seria, sin parpadear. El hombre enmascarado comprendió la situación.

-Ya vienen, ¿No?- Pregunto el hombre, el Heavy asintió con la cabeza y éste suspiró.- Vamos Scout, nos tenemos que preparar.

-Hey, alguien como tú no me da órdenes.- Dijo el chico con rencor.- Sólo eres un asqueroso Spy.

-¡Basta ya!- Gritó el Heavy, haciendo que los demás presentes dejasen de discutir y centrarse en él.- Es hora de preparar el equipo, no tardarán en llegar aquí.

El grupo se quedó en silencio y fueron a la gran cabaña, junto al resto del grupo.

Mientras tanto, Kairi, Link y el Engineer seguían buscando al último miembro del equipo. Tal y como predijo el Engineer, se podía apreciar el fuerte olor a propano a las cercanías. De repente, el hombre se paró, haciendo que los demás imitasen el gesto.

-Escuchad, tened cuidad con éste.- Empezó a decir el Engineer con un semblante serio.- Nunca se sabe lo que pueda pasar.

-¿Es peligroso?- Preguntó la muchacha algo asustada.

-No, creo que no.- Respondió pensativo.- pero es algo impredecible y nadie lo conoce lo suficiente para saber cual puede ser su reacción al veros.

-¿Debemos saber algo más?- Pregunto Link con curiosidad.

-Tiene una obsesión insana con el fuego...

Siguieron buscando hasta que dieron con él de forma exitosa. Estaba sentado en una pequeña pila de tablones. Era un sujeto rodeado de misterio, toda su cabeza estaba cubierta por una máscara de gas negra, llevaba un traje ignífugo rojo bastante ancho, unas botas negras con guantes a juego y una bombona de oxígeno colgada en su espalda. La mirada del extraño sujeto estaba fija en la tenue llama de un mechero que tenía en la mano (El mechero era del tipo "Zippo"). A Kairi no le inspiraba mucha confianza, pero no dijo nada y dejó hablar al Encineer.

-Pyro, debemos ir a prepararnos.- Dijo el hombre con serenidad.- Las máquinas se aproximan.

El sujeto no respondió, simplemente apagó su mechero, alzó su mirada para ver a su compañero y luego observó a las dos personas restantes, eran extraños para él.

-Tranquilo, son amigos.- Explicó el Engineer, tratando de evitar posibles problemas.- Confía en mi, ellos no son una amenaza.

El silencio del Pyro provocaba una atmósfera algo incómoda para los demás presentes. Finalmente, el individuo enmascarado se levantó y sacó de detrás de la pila de tablones, un terrorífico y enorme lanzallamas, causando la alarma de los demás. A pesar de eso, el enmascarado no presentó intención de atacar, simplemente se fue hacia la gran cabaña junto a los demás, desando a Kairi, Link y el Engineer perplejos.

-Es un tanto extraño.- Dijo Link sin apartar la mirada del Pyro que se alejaba.

-Puede, pero es muy bueno en el campo de batalla.- Respondió el Engineer.- Es un peligro para los enemigos.

-Es bueno saberlo...- Murmuró Kairi con tono sarcástico.

El pasar un breve momento, el grupo siguió al Pyro hacia la gran cabaña. Kairi estaba nerviosa, sería su primera batalla en esas condiciones, pero no podía echarse atrás. Ellos necesitaban cuanta más ayuda mejor, además, la su nave aún seguía dañada en medio de la nieve. Las alternativas iban disminuyendo progresivamente.

En ese mismo momento, en el interior del vehículo acorazado de Gray Man, la voz de Voleph resonaba en la instancia con un enorme eco.

-¡Debes hacerlo!- Gritaba el enorme hombre.- ¿Porqué crees que necesitábamos tu ayuda?

-¿Ahora necesitáis mi ayuda?- Se oyó la apagada voz de Gant con tono de sorna.- Pensaba que era un inútil manco...

-Y lo eres, solo necesitamos tu energía.- Respondió Voleph muy secamente.

-Caballeros, no es necesario discutir.- Dijo de forma repentina una voz demacrada por la edad.- Nuestros enemigos están allí afuera.

Ambos se voltearon y vieron al anciano embutido en su traje gris, Gray Mann, que avanzaba hacia ellos por la oscura estancia, repleta de decenas figuras humanas metálicas que permanecían inmóviles. Sus pasos resonaban por toda la sala construida enteramente de metal.

-Señor Mann, éste sujeto no quiere cumplir con su parte.- Dijo Voleph con un dejo de rabia hacia el hombre de negro.

El anciano se quedó pensando unos breves instantes, luego miró directamente a Gant con sus maliciosos ojos. Gant no pudo evitar sentirse intimidado por la mirada de Gray. El anciano sonrió se dispuso a hablar.

-¿Cree que está en un buen momento para negociar?- Dijo Gray sonriendo, luego, puso una expresión seria, se acercó a Gant y le agarro del cuello de su gabardina con ambas manos.- Me estoy jugando mucho aquí, muchacho. Necesito ése Australium como sea, no me importa lo que tenga que hacer para conseguirlo.

-¿Y si me niego?- Preguntó Gant, tratando de aguantarle la mirada al viejo.

-Pues mataré a tu amigo, N. Gin.- Respondió sin inmutarse. Gant en se lo creyó al principio, pero después de ver la expresión del anciano empezó a dudar.

-Es el único que ha seguido tus órdenes a rajatabla.- Dijo él, tratando de mantener la compostura.- ¿Realmente estás dispuesto a matarlo?

Ante ésas palabras, Gray soltó la gabardina negra de Gant, se giró y empezó a alejarse, no obstante, se detuvo y miró al hombre de negro de reojo.

-Maté a mis dos hermanos gemelos para llegar hasta aquí...- Dijo el anciano, a pesar de sus palabras, no mostraba ningún pesar en ellas.- No me importa la vida de ése infeliz... Ni la tuya tampoco. Tú decides, guerrero de la llave-espada ¿Permitirás que ése engendro, al que llamas compañero, muera por tu culpa?

Gant no respondió ante éso, no era capaz de encontrar las palabras necesarias, sólo podía pensar en hundir su llave-espada en el pecho de ése horrible hombre. Gray, por su parte, reanudó su marcha sin esperar respuesta alguna del hombre que tenía a sus espaldas. Finalmente, Gant, contuvo su furia y se dirigió a Voleph.

-Está bien...- Dijo con algo pesar.- ¿Qué debo hacer?

-Sígueme. Dijo Voleph con serenidad.

El enorme hombre empezó a andar en dirección dónde se fue Gray, Gant le siguió sin confiar del todo. Después de atravesar toda la sala, accedieron a otra estancia, pasando por una pequeña puerta metálica. La sala era notoriamente más pequeña que la otra, lo que más destacaba era la amenazante silueta de un robot humanoide de unos cuatro metros de alto.

-Lo que tienes de hacer es simple.- Explicó Voleph sin dilación.- Tienes que brindarle a éste robot tu energía oscura.

Gant miró al ser de metal que tenía enfrente suyo con asombro, luego bajó la mirada y suspiró. De repente, empezó a reunir fuerzas, creando unas extrañas llamas negras que emanaban de su cuerpo, sus fríos ojos castaños dibujaron una mirada de ira y furia. Lentamente, posó su única mano en lo que sería la espinilla del robot, y se dispuso a transferir ésa energía al gigante de metal. En el proceso, el hombre de negro no pudo evitar soltar un desgarrador grito de agonía, asustando a Voleph. Cuando acabó, Gant se desplomó al suelo a causa del enorme agotamiento. Voleph no pudo evitar sonreír (Aunque no se podía ver a causa de su máscara negra), agarró a Gant por la gabardina y se lo puso sobe su hombro derecho sin ninguna dificultad.

-Al fin.- Musitó sin parar de mirar al enorme robot que se encontraba delante suyo.- El Señor Mann se alegrará, por fin.

El enorme hombre se alejó, dejando al enorme ser de metal solo. Empezaron a aparecer oscuras llamas del cuerpo del robot, sus ojos artificiales empezaron a brillar con una potente luz roja y su motor empezó a rugir con furia... El momento de la verdad estaba cada vez más cerca...