Hola a todos, siento que éste capítulo sea más largo de lo normal, la explicación de éste hecho es que son dos capítulos unidos que me quedaron muy cortos y no ocurría mucha acción que digamos, así que no he encontrado justo para vosotros publicarlos por separado y tenerles esperando tanto. Así que os dejo con éste, el final del primer capítulo y el principio del segundo están señalizados con una línea, por si queda un poco lioso.
Les pido disculpas de antemano, gracias por vuestro tiempo.
-¿Z-Zelda?- Los ojos de Link estaban abiertos de par en par, no lo podía creer, ése rostro tan familiar que había visto tantas veces, ¿Realmente era aquella chica que conocía? Imposible, había pasado mucho, mucho tiempo. Pero cabía la posibilidad de que fuese una descendiente o una reencarnación, en todo caso, ella no le reconoció, así que prefirió mantener las formalidades, pues, para ella, era un completo desconocido.
Kairi alzó su llave-espada, ésta empezó a brillar con una cegadora luz blanca, luego, ésa luz, se dividió en varios rayos que fueron directos a las cerraduras de las puertas de las celdas, dejando libres a los presos. Todos salieron al poco tiempo, cosa comprensible, estaban ansiosos para respirar aire fresco. La mayoría lucían como Link, eran hylianos, un poco desnutridos y vestidos con ropa deplorable y sucia. Un par de ellos ,en cambio, eran criaturas humanoides enormes, de piel amarillenta, repletos de tatuajes, vestidos con tan solo un taparrabos, sus brazos eran muy musculosos, sus espaldas estaban repletas de rocas pequeñas y sus caras disponían de ojos pequeños totalmente redondos, una nariz casi inexistente y una gran boca de enormes labios. Kairi nunca había visto un ser parecido en su vida.
-¿Son humanos?- Murmuró ella.
-Son goron, la tribu de las montañas.- Respondió Zelda mientras se acercaba, dejando ver un especie de taje azul algo ceñido parcialmente cubierto con una pechera blanca un poco gastada, zapatos azules y mitones blancos. Su rostro se mantenía serio, se notaba que sus ojos azules fueron testigo de mucha penumbra.- Gracias por liberarnos, no sé cómo os lo puedo agradecer.- Su voz denotaba amargura y su mirada se mantenía baja.
-Para empezar, podrías hacerme un breve resumen.- Link intentaba mantener su voz lo mas clara posible, aunque era una tarea difícil.
-¿Un resumen?- Ella alzó la mirada.
-¿Que le ha pasado a Hyrule? No he visto ningún deku en el bosque ni ningún zora en su antiguo río, que por cierto, ahora es un pantano.- El rubio tenía muchas más preguntas, pero intentó contenerse en medida de lo que pudo.- También me he percatado de que los soldados que os han mantenido cautivos eran humanos, y siempre ha habido una relación buena entre hylianos y humanos.
Zelda suspiró, mientras que Kairi intentaba entender que era un deku y un zora.- Los deku ahora viven ocultos en cavernas subterráneas y los zora permanecen en sus dominios, aunque están en franca decadencia, los más valientes viven en el antiguo santuario del Lago Hylia . Lo demás no lo sé.
-No lo sabes...- Murmuró Link cruzando los brazos y esbozando media sonrisa. La pelirroja estaba cada vez más perdida.- Siempre intentando proteger a tu gente, éso nunca cambia.- Sacudió la cabeza.- No, nunca cambia, es la misma Zelda de siempre.
-¿Acaso nos conocemos?- Escupió ella con el ceño fruncido.
-No, no.- Link sintió que era mejor no hablar más de la cuenta.- Pero, todo está demasiado cambiado desde la última vez que...- Entonces cerró la boca al instante.
-La última vez que...¿Qué?- Dijo uno de los dos goron.- Habla.
-Bueno... Digamos que hecho de menos las bulliciosas calles de la ciudadela, la belleza del Lago Hylia y la gente sencilla de por aquí...- Puso la mirada baja, ya no le importaba hablar o no.- Recuerdo cuando la paz reinaba sobre ésta tierra, mientras la familia real gobernaba a los hylianos desde éste mismo castillo... Los Nohansen Hyrule.
Zelda se quedó boquiabierta, al igual que los demás presos, ¿Cómo podía saber todo éso?
-¿Quién eres tú?- Masculló ella sintiéndose confundida.- Hace tiempo que la realeza dejó de gobernar, poca gente conoce la historia, pero casi nadie recuerda su apellido. Dime, ¿Eres alguien cercano a la antigua nobleza?
-¡Por los dioses, no, eran un puñado de niños ricos y mimados!-Respondió con un resoplo.-Solo soy alguien que ha escuchado la historia de éste mundo muchas veces y que está dispuesto a ayudaros, a todos vosotros.
-No le faltes al respeto, extranjero.- Le señaló uno de los reclusos a Link a modo de amenaza.
-¡Eso, eso!- La voz grave de uno de los goron hizo resonar por toda la prisión.- No te pases de listo.
-Calmaos todos.- Kairi se interpuso rápidamente, intentaba mantenerse cuerda.- Primero salgamos de aquí, seguro que nos buscan.
-Pero...
-Link hemos dejado a Sanke totalmente solo, ¿Acaso no lo recuerdas?
El hyliano se calló al instante, Kairi tenía razón, sabía que Snake era un soldado curtido, pero quizás necesitaba ayuda. Link anhelaba una explicación sobre qué pasó con su mundo, al que juró proteger, aunque también sabía que ése no era el momento, seguro la alarma ya había sonado.
-De acuerdo, tienes razón Kairi.- Admitió.- Primero necesitamos sacar a toda la gente de aquí y llevarlos a un lugar seguro.
-De éso me encargo yo.- Soltó Zelda con decisión.- Conozco muy bien éste castillo, además, tenemos nuestro propio escondite, estaremos bien.
-¿Estás segura?- Preguntó la joven.
-No te preocupes.- Dijo con amabilidad.- Por cierto, ¿Cual era tu nombre?
-Es Kairi.
-Gracias.- Le estrechó la mano a la joven, luego miró a Link.- Estoy en deuda con vosotros, amigos. Si vais a la Montaña de la Muerte seréis bien recibidos.
-Podríamos ser espías.- Le reprochó Link.
-Tú eres un hyliano, como yo, y Kairi no tiene malicia alguna en sus ojos. Además nos habéis devuelto la libertad, estéis en nuestro bando o no, estoy en deuda.- Zelda se animó a sonreír al fin.
-Vale, vale.- Link se encogió de hombros.- Kairi y yo somos los únicos que vamos armados, os abriremos camino en medida de lo que podamos, sé que los goron pueden defenderse bien, podrían vigilar la retaguardia.
-No será necesario.- Uno de los hylianos dio un paso al frente, lucía un aspecto juvenil, pelo alborotado castaño, ojos marrones y tez pálida, sobre su cuerpo delgado vestía una camisa y pantalones grises casi destrozados más unas botas negras.- Conozco un acueducto antiguo que nos sacará de aquí.
-¿Estás seguro de que no habrán guardias?- Preguntó Kairi.
-Confía en Shiro, es uno de los mejores exploradores de los que disponemos.- Respondió Zelda posando su mano en el hombro del muchacho, se notaba que ella era un poco más alta que él.- No os preocupéis más por nosotros, nos las apañaremos. Además, disponemos de dos goron que nos protegen.- Cuando ambos oyeron ésas palabras empezaron a sacar bíceps, orgullosos de su fuerza.- Id y haced lo que tengáis que hacer.
Cuatro guardias llevaban a Snake esposado, guiándole a través de los pasillos en pos las mazmorras. El curtido soldado estaba desarmado e indefenso. Mantenía su mirada en el suelo aunque alguien le llamó la atención.
-Señor Arktos.- Dijo uno de los guardias sobresaltado.
-¿Éste es el famoso espía?- Se mantenía impasible con los brazos cruzados, entonces se acercó a Snake y le miró directamente a los ojos.- Tranquilo, tipo duro, volverás a ver al jefe.- Sonrió.- Supongo que conoces su pasión por la tortura.
Snake no respondió, no era necesario gastar saliva ante ése comentario, simplemente alzó la mirada con indiferencia fingida hacia uno de los guardias.
-¿Podemos darnos prisa? No tengo todo el día.
-Hey, no me ignores.- Soltó Arktos claramente ofendido.- Hacer oídos sordos no te va a salvar.
Snake encaró al fin a Arktos con una expresión casi gélida.- Mira, niño, me han cortado, disparado, quemado, golpeado y un montón de cosas más, créeme, sea lo que sea, no será nuevo para mí.
-Escúchame, no creas que...
-¡Jefe, cuide su lenguaje!- Interrumpió Gant de repente mientras se acercaba. Nadie se había percatado de su presencia hasta ése momento.
-¿Al final soy tu jefe?
-Piensa que si, mientras que lo decido. ¿Y Claw?
-Con Voleph.
-Bueno, deja que lleve yo a Sake a la prisión, y que los guardias vuelvan a sus puestos.
-Es Snake...- Murmuró él ante la absoluta falta de memoria de Gant.
-Bueno... Supongo que es una bonita iniciativa para empezar a trabajar para mí.- Dijo Arktos con superioridad, demasiada incluso.
Al cabo de unos instantes, los guardias y el mismísimo Arktos dejaron a Gant y a Snake a su recaudo. Snake recordaba perfectamente su breve enfrentamiento, así que se esperaba lo peor. Ambos empezaron a andar, Gant le guiaba tirando de sus esposas, la cadena era lo suficientemente larga como para agarrarla con comodidad.
-¿Se trata de una venganza?- Preguntó por lo bajo.
-Nada de éso.- Soltó sin pensarlo.- Las cosas se van a complicar, mucho.
-¿De qué hablas?
El hombre de negro guardó silencio por un momento. De repente, levantó un poco su gorro de lana negro para descubrir su oreja derecha, dotada con un especie de audífono. Con el dedo índice apretó un botón del comunicador, sin parar de andar en ningún momento.
-Lo tengo... Si... ¿Dónde te lo entrego?
Snake empezó a preocuparse, no entendía nada.
-Aún no me has dicho para qué lo quieres... ¿En serio?- Gant se dirigió al soldado esposado que le seguía tras de él.- Dice que tienes experiencia luchando contra monstruos colosales.
-¿Quién, yo? He destruido monstruos de metal si a eso te refieres.
-No, no. Me refiero a monstruos normales, de carne, huesos, escamas y todo éso.- No sabía del todo como explicarlo.- Me han dicho que abatiste a un rathalos, a un tigrex y no se qué más.
-¿Disculpa?
El comandante Rourke se encontraba paseando por los pasillos del segundo piso, todo guardia que cruzaba su mirada con él le saludaba cómo haría cualquier soldado a su superior. Sin rumbo aparente, continuaba sin hacer ningún caso a sus subordinados, llevando en su mano el comunicador negro, estaba tenso, era la primera vez que esperaba la llamada de su superior. Aún no sabía si era algo importante o no, así que decidió reforzar la guardia en varios lugares del castillo por si acaso.
Sin previo aviso, su comunicador sonó, era Volgin.
-¡Señor!- Exclamó al instante.
-Comandante, reúnete conmigo en mi despacho.- La voz de su jefe denotaba agotamiento, quizás por su combate con Snake.
-¿Puedo preguntarle por qué razón, señor?
-Para mi propósito necesito a mis hombres más importantes a buen recaudo.-Respondió con seriedad.- Llama al doctor Cortex, a Arktos y a Claw.
-Pero señor...
-¡Ahora!
Al norte del castillo, fuera de los altísimos muros, varios soldados se encontraban frente a la entrada de una antigua cueva bloqueada con barrotes de acero totalmente nuevo. De ella, emanaba una profunda respiración amenazadora y algunos escalofriantes gruñidos. Gracias a un par de antorchas a cada lado de la cueva, se podía ver perfectamente cómo los soldados tiritaban, a pesar de que era una noche cálida.
-Aún no sé por qué razón quieren a éste bicho.- Dijo uno de los soldados, aferrándose a su fusil con todas sus fuerzas. Su temblorosa voz demostraba su miedo.
-Lo único que me preocupa es cuando salga.- Señaló su compañero.
-¿¡Pero va a salir!?- Escupió con temor el miembro más joven de los tres.
-Claro, piensa el daño que puede hacer un monstruo así.- Soltó él.
-Dicen que hasta los cazadores de monstruos más experimentados le temen.- Dijo el más miedoso de los tres.- No quiero estar aquí.
-¡Hey, si Mort, que es el más joven de los tres no se queja, tú tampoco!
Los comentarios de los tres soldados se cortaron en seco cuando un profundo y desgarrador rugido salió desde el interior de la cueva. Todos aquellos que se encontraban cerca tuvieron que taparse los oídos, entre los fríos barrotes metálicos de la cueva se asomaron un par de grandes ojos amarillos, repletos de ira, sedientos de sangre y esperando ansioso salir de su prisión fría y húmeda para ajusticiar quienes le encarcelaron...
-Tenemos que ir al hangar.- La voz de Gant provocaba que los nervios de Snake estuviesen a flor de piel.
Se encontraban ante una pequeña puerta de madera, al parecer daba a la parte trasera del castillo. El hombre de negro abrió la puerta con cuidado, sabía que si algún guardia veía a Snake fuera del castillo sospecharía.
-Yo iré delante, cuando te haga una señal me sigues.- Se giró para mirar al soldado a los ojos.- Pero entérate, si intentas escapar daré la alarma sin dudarlo, y tú no estás en condiciones para luchar.
Snake soltó un leve gruñido, odiaba estar en ésa situación.- Entiendo.- Soltó simplemente.
Gant asintió y se dispuso a salir por la puerta, pisar la hierba del exterior y notar el frescor de la noche era de los más reconfortante, aunque la misma oscuridad nocturna dificultaba ver si habían guardias a los alrededores. Ante la duda, Gant hizo una señal con la mano para que Snake se acercase, él obedeció. Cuando el soldado llegó hasta él, ambos corrieron al hangar, accediendo por una de las puertas laterales. El interior estaba oscuro, vacío y silencioso, solamente la imponente presencia de los vehículos de guerra eran apreciables, inmóviles y callados.
-¿Me vas a contar ya para qué me quieres?- Escupió Snake al fin, harto de todo ése silencio.
-¿Que te parece si te lo explico yo?- Dijo , apareciendo repentinamente de entre las sombras.- Supongo que tú eres Snake, eres bastante famoso aquí, yo soy .
-Pero que...- Murmuró Snake para sí mismo. Había visto cosas raras las últimas horas, pero la apariencia de era demasiado.
-Si, soy un cyborg.- Suspiró.- En fin, te necesitamos para un propósito en especial.
-¿Tú crees?- Soltó el soldado de forma sarcástica.
-Al norte de aquí hay una cueva.- Empezó a explicar, ignorando el comentario de Snake.- Dentro de ella se encuentra un monstruo, el Deviljho, un monstruo enorme, violento y voraz. No sabemos cando lo liberarán, pero será pronto. Desconocemos los motivos, pero resulta ser una seria amenaza para nuestros compañeros, los soldados de ésta base.
-¿Tengo que salvar a mis enemigos?- Snake alzó una ceja, todo éso le parecía una broma de mal gusto.
-No tienes muchas opciones, Sake- Dijo Gant con los brazos cruzados.
-¿Qué te pasa con los nombres? Además si os tengo que ayudar, requiero una condición.
-Soy todo oídos.- Dijo con serenidad.
-Al hyliano y a la chica. Sabéis de quien hablo, ¿Verdad?
-Mucho a mi pesar, si, lo sé.- El hombre de negro dejó caer sus hombros con la mirada baja.- Te refieres a Kairi y al rubito ése, si no me equivoco.- Snake asintió con la cabeza.- Dime dónde se encuentran.
Kairi y Link ya habían conseguido salir de las frías y húmedas mazmorras, se habían separado de Zelda y los suyos, conocían la zona, al parecer. Hasta el momento, no habían sido vistos, pues la mayoría de guardias tenían sueño, prueba de ello eran los largos bostezos que soltaban todo el tiempo. Ambos pudieron llegar sanos y salvos frente las salas de pruebas, dónde se ocultaron antes de encontrarse con Snake horas atrás.
-¿Has tomado en consideración por dónde empezar a buscar?- Soltó Link entre jadeos.- Venir corriendo hasta aquí no sé si ha sido una gran idea.
-Intento pensar, Link.- Dijo ella, buscando un respiro.- Veamos, seguro que ya no estará en la biblioteca, y sé que no tiene interés en los laboratorios.- Bajó la mirada con resignación.- Estoy completamente en blanco.
-Bueno, bueno, ya pensaremos algo.- Dijo él en un intento para animar a su amiga.- Será mejor buscar un lugar tranquilo, sin guardias.
-Cosa difícil.- Respondió ella con la misma resignación.
-Tengo un lugar en mente.- Chasqueó Link de repente.- Vamos, te mostraré el camino.
Volgin estaba sentado en su despacho, rodeado por sus subordinados más valiosos, estaban de pie al rededor de la mesa de despacho, observando a su superior, que era el único que estaba sentado, fumando un puro. La oscuridad de la noche no proporcionada ninguna luz a través de las ventanas, aunque ése no era un problema, ya que la habitación, a diferencia de gran parte del resto del castillo, contaba con una buena iluminación eléctrica.
-Bueno señor, ya los he reunido a todos.- Dijo Rourke con vacilación.
-Bien hecho, comandante.- Respondió sin mostrar ningún ánimo.
-¿Podemos saber para qué estamos aquí, señor?- Arktos habló ésta vez, mientras que Claw le lanzó una mirada temblorosa, temía de que ése comentario ofendiese a Volgin.
-Doctor, por favor.- Soltó simplemente.
Cortex se sobresaltó y se apresuró a buscar algo dentro de una caja de cartón pequeña que tenía en las manos. Sacó un tipo de pulseras un tanto extrañas. Todos se sorprendieron ante la aparencia de ésos dispositivos: Se trataba de pulseras plateadas con tres pequeñas luces: verde, naranja y rojo, más otra luz un poco más grande de color azul.
-Tomad, y ponéroslas.- Ordenó el doctor mientras las repartía entre los presentes.- Se trata de un dispositivo que, dependiendo de el lugar dónde se encuentre el Deviljho, una de las luces se encendrá: Verde si está lejos, naranja si se encuentra a los alrededores, a unos quinientos metros, y rojo si está más cerca. La luz azul brilla cuando el dispositivo que le insertamos al monstruo funciona correctamente.
-¿Era ése que hacía que no atacase?- Preguntó Claw.
-Exacto.
-¿Vamos a repartir las pulseras a todos los soldados, señor?- Rourke se mostraba algo más aliviado ante ése dispositivo.
-Solo se han creado cinco, no hay más.- Dijo Volgin mientras se levantaba y se dirigía a una de las grandes ventanas, observando el oscuro cielo nocturno.- Los soldados de por aquí son novatos, soldados rasos. Son prescindibles, así que también será un ahorro en recursos al no fabricar tantas pulseras.
-Pero señor...
-¿Dudas de mi criterio, comandante?- Se giró él con tono y mirada severa.- Todo ésto es confidencial, así que no digáis nada a nadie, es una orden. El Deviljho será liberado dentro de cuatro horas, así que debéis estar preparados.
Gant salía de las mazmorras, horrorizado de que estuviesen vacías, los dos que buscaba ya no se encontraban allí, así que debía buscarlos por todo el castillo y eso lo complicaba todo aún más. Mientras subía por las escaleras, abandonando el nivel subterráneo para acceder a la planta baja, se sentía algo perdido. Sin previo aviso, notó un leve pitido proveniente de su audífono:
-Gant, tenemos problemas.
-¿Podrás, algún día, darme buenas noticias?
-¡Déjate de bromas, el jefe va a soltar al Deviljho dentro de cuatro horas!- Exclamó con alarma.
-Espera, ¿¡Qué!?
-¡Date prisa!
-De acuerdo, voy enseguida.
Al terminar la transmisión, Gant intentó calmarse, no podía estar buscando a ésos dos durante toda la noche. Tomó una buena bocanada de aire y cerró los ojos, intentando concentrarse. Reunió un poco de magia oscura en sus dedos y se la pasó a ambas sienes para que llegase a sus ojos. De repente su forma de ver las cosas cambió de forma drástica: Todo a su alrededor lo veía con tonos grises, sólo las numerosas huellas del suelo eran blancas. Las huellas de pies eran cientos, puede que miles, pero todas tenían un parecido: Eran de suelas de botas militares, excepto unas más finas y pequeñas.
-Te tengo...- Murmuró satisfecho.
Así que Gant siguió ése rastro, sabía que aquellas huellas eran las de Kairi, o, al menos, podrían ser de ella. Daba igual, decidió seguir el rastro sin dudarlo ni un instante.
-Entonces, ¿Para que quiere al monstruo?- Le preguntó Rourke a Arktos mientras caminaban por los pasillos, seguidos de cerca por Claw.
-¿Te acuerdas del hyliano que resucitamos?- El comandante asintió.- El jefe quiere hacerlo combatir con él, y ahora que se encuentra en éste mundo, puede ponerlo a prueba.
-Yo creo que el rubito no tiene ninguna oportunidad, el Deviljho lo devorará sin más.- Soltó Claw sin preocupación alguna.
-No se, aquél tipo es fuerte.- Murmuró el peliazul pensativo.- Se enfrentó contra Gant, derribó al Trepador Abismal y a Voleph.
-Bueno, Voleph es un necio, el Trepador no es muy poderoso que digamos.- El enorme guerrero dibujó una grotesca sonrisa.- Además, Gant es un debilucho, así que tampoco se cuelgue muchos galardones.
-En todo caso, la presencia del Deviljho es para poner a prueba al hyliano.- Aclaró Arktos tajante.
-Seguro que acaba con la vida de cientos de soldados.- Gruñó Rourke.- Sería mejor evacuar la base.
-Las órdenes del jefe han sido claras.- Advirtió el peliazul.
-Lo sé, pero...- El comandante se paró en seco para encarar a Arktos y a Claw.- Creo que la vida de nuestros muchachos es más importante.
-Supongo que tienes razón...- Murmuró Claw con voz ronca.
-Será mejor llamar a los de comunicaciones y evacuar el castillo.- Dijo Rourke mientras se giraba y reanudaba la marcha, dando la espalda a los otros dos.
Arktos miró a Claw con severidad, le ordenó algo en silencio asintiendo con la cabeza. El otro comprendió perfectamente lo que quería su compañero. Silenciosamente, Claw desenvainó su espada lentamente para no hacer ruido. De repente, se acercó a Rorke, le tapó la boca con su mano izquierda mientras que clavaba su espada en la espalda del comandante. El grotesco sonido de la hoja de metal atravesando su pulmón derecho y sus costillas hicieron eco por todo el pasillo. El chaleco antibalas no supuso ningún obstáculo, pues parte de la espada asomaba en su pecho. Ahora su espalda y pecho estaban repletos de sangre.
-Al final la sospecha del jefe era cierta.- Dijo Arktos mientras se cruzaba de brazos.- Nuestro comandante es un bocazas.
-Era.- Aclaró Claw. Puso su pie en la espalda de su víctima y empujó para sacar su espada, ahora llena de sangre. El cuerpo sin vida de Rourke cayó violentamente al suelo, llenando su alrededor del rojo fluido.- ¿Qué hacemos con él?
-Iré a llamar a mantenimiento para que limpien éste estropicio.- Respondió.- Quítale la pulsera a Rourke y tira su cuerpo al pantano.
-¿No lo echarán de menos?
-Necesitamos una cabeza de turco.- Murmuró rascándose la barbilla.- Alguien a que los soldados puedan odiar, que no esté dentro del ejército, ningún soldado mataría a su superior.
-¿Piensas en el mismo que yo?- Dijo Claw mientras limpiaba su espada con un trapo blanco.
-Gant... ¿Crees que tenía motivos para matarlo?
-¿Y que más da? Todos tenían razones para acabar con él.- Respondió con rudeza.
Kairi y Link seguían su marcha silenciosa por el gran vestíbulo, no habían guardias por los alrededores, cosa rara.
-Debe ser el cambio de guardia, supongo.- Murmuró Link para sí mismo.
-Aún no me has dicho a dónde vamos.- Le reprochó Kairi.
-A los jardines, son preciosos. O al menos, los recuerdo así.- Respondió con buen ánimo.
-¡No tan deprisa!- Gritó una voz jadeante que se acercaba a ellos.
Ambos se giraron para ver quién era. Se trataba de Gant, quién había recorrido todo el camino corriendo, se acercó con pasos pesados y torpes, se notaba de que estaba agotado, no podía parar de jadear.
-Gant...- Murmuró Kairi invocando su llave-espada.- ¿Qué quieres?
Él no respondió, cuando llegó hasta ellos, posó ambas manos en sus rodillas mientras que buscaba un respiro, parecía que estuviese enfermo, ya que sudaba a mares y su rostro estaba rojo.
-¿Brazo nuevo?- Señaló Link con curiosidad.
- S-si, nuevecito.- Balbuceó entre jadeos, finalmente, tomó una gran bocanada de aire y se calmó un poco.- Bien, escuchad.
-Nada de éso, no tienes que decirnos nada.- Irrumpió Kairi fugazmente.- Tampoco te escucharemos.
-Pero...
-¡No insistas!- Los ojos de la chica se mostraba inflexibles, apuntó su arma al pecho de Gant.
-Espera, espera, espera...- Dijo alzando las manos a la altura del pecho, aclarando que no iba a atacar.- Sé dónde está vuestro amigo, el espía.
-Cálmate, Kairi.- Intentó tranquilizarla Link mientras bajaba la llave-espada de la chica con la mano.-Gant, ¿Puedes darnos una explicación?
-No tenemos mucho tiempo.- Anunció Gant con prisa.- Pero necesito la ayuda de vuestro amigo y él me ha puesto la condición de que os trajese hasta él.
-Entiendo...
-Link, no me digas que crees en él.- Bufó Kairi incrédula.- Ha intentado matarnos.
-Eh, eso no es del todo verdad, sólo he intentado capturaros vivos.- Aclaró el hombre de negro.
-Así no lo arreglas.- Le reprochó el hyliano.- Da igual, Si te hacemos caso, ¿Nos das tu palabra de que no intentarás nada?
-Te doy mi palabra de mercenario.
-Link, no...
-Kairi, tampoco tenemos opciones, querías encontrar a Snake, y si ésta es la única manera, que así sea.
Tras una breve discusión, Kairi decidió seguir a Gant, aunque sin perder su recelo ante él. Los tres se dirigieron en dirección al hangar. Durante su trayecto, sonó una voz por megáfono.
-ATENCIÓN A TODOS LOS PRESENTES, SE HA ENCONTRADO EL CUERPO DEL COMANDANTE FLOTANDO EN EL PANTANO SIN VIDA, SEGÚN UNA FUENTE FIABLE DE INFORMACIÓN, EL PRESUNTO ASESINO ÉS NUESTRO ANTUIGUO ALIADO GANTARO DRUMAR, ALIAS GANT. SE ORDENA QUE QUIEN LO VEA LO TRAIGA ANTE EL JEFE PARA AJUSTICIARLO.
Ante éso, el hombre de negro se giró y alzó la mirada para ver el megáfono de la parad con horror en sus ojos.
-¿Perdona?- Fue lo único que pudo decir con sentido.
-Gant ¿Qué has hecho?- Kairi estaba atónita, no se esperaba éso de él, aunque fueran enemigos.
-¿Te llamas Drumar?- Preguntó Link alejándose completamente del tema.- ¿En serio?
