Link sentía que todo su cuerpo estaba ardiendo, el calor era insoportable, estaba sudando a mares , aún estaba resentido por sus heridas y completamente desarmado. Finalmente se despertó, estaba estirado boca abajo sobre un lecho arenoso, levantó la cabeza para escupir arena, era asqueroso. Finalmente alzó la vista para comprobar dónde estaba: Arena, dunas y ninguna forma de vida vegetal alrededor, era un basto desierto. Link se levantó con dificultad para examinar más detenidamente el lugar en busca de una sombra, pero no tuvo suerte, no había ni una dichosa roca, era un mar de arena. Empezaba a pensar que el espectro, a lo mejor quería deshacerse de él, si Volgin le quería vivo, acabar con la vida del hyliano sería una buena forma de terminar con todo. Se secó el sudor de la frente con la mano, al menos el sol no estaba en el punto más alto, era un alivio después de todo. Dudoso, empezó a andar, ahora mismo, su objetivo era encontrar una fuente de agua, cosa difícil. Al pasar aproximadamente una hora, pudo ver unas tres figuras que venían directas hacia él, no sabía si eran enemigos o amigos, tampoco había lugar dónde esconderse así que esperó. A medida que se acercaban se podían distinguir: Eran transportes dotados de una vela semejantes a pequeñas barcas que surcaban aquél inmenso mar de dunas, sobre ellas habían dos tripulantes: El pasajero, que se encontraba cerca de la proa mirando al horizonte, y el timonel, situado en la popa manejando el timón. Las dos primeras embarcaciones pasaron de largo, la que iba más atrás paró cerca de Link, plegando la vela.
-¿Qué haces solo, en medio del desierto?- Dijo la femenina voz de la tripulante, asomándose sin bajar de su transporte.
El hyliano se fijó en ambos sujetos, la pasajera era una joven muchacha de inocentes ojos castaños, llevaba puesta una armadura, botas y guanteletes metálicos bastante simples, su pelo estaba oculto bajo un casco también de metal, lo único que estaba a la vista era su rostro, ligeramente sonrojado por el calor, también vio que estaba armada con una gran ballesta de más de un metro de largo amarrada en la espalda, aunque Link solo podía ver la culata fabricada en hueso que sobresalía sobre el hombro de la chica. El timonel era un hombre mayor que su compañera, era un hombre fornido de piel bronceada, su pelo corto era castaño, llevaba puestas unas gafas de piloto para protegerse de la arena, unos pantalones marrones bastante anchos y un chaleco del mismo color.
-Me he extraviado.- Respondió Link, intentando vocalizar lo mejor posible, tenía la boca totalmente seca.- No tengo nada, ni una cantimplora.
-¿A caso estás loco?- Soltó el timonel de repente.- Suerte que hemos dado contigo, chaval, podrías haber muerto.
-Sube, te llevaremos a Loc Lac.- Dijo la chica ofreciéndole la mano para ayudarle a subirse al transporte.
Link aceptó al instante, para él era una bendición, eran sus dos ángeles salvadores. Finalmente subió a la embarcación siendo ayudado por la joven. Cuando estuvo a bordo, ella le dio una cantimplora para que bebiera. El timonel izó la vela y el transporte no tardó en avanzar, cada vez más rápido.
La nave Gumi "Trirreme" avanzaba rauda por el espacio, se notaba que Kairi había practicado en pilotaje de naves, la mejora era abismal, estaba sentada en el asiento del piloto, agarrando firmemente los mandos. Tenía un cúmulo de pensamientos que le atormentaba: Link ya no se encontraba con ella, el encapuchado le dijo que estaba bien, que no se preocupase, aunque no era un gran incentivo, luego estaba Gant, quién estaba acostado, aún inconsciente y temblando, detrás suyo, enrollado con un par de mantas para mantener su calor corporal, también tenía una almohada tras la cabeza para que estuviese más cómodo. La pelirroja se sentía fatal, aunque estaba más o menos acompañada, se sentía sola, ¿Qué haría ahora? Continuar abriendo cerraduras a través de los distintos mundos era un trabajo duro, más aún sin ayuda, ya que, no sabía si Gant era enteramente un aliado o no, cuando luchó junto a ella, no actuaba por lealtad, amistad o nada parecido, simplemente era por su propio interés. También le supo mal dejar a Snake en tierra, quién se quedó con junto a los hylianos, el soldado le dijo que quería ayudar en lo que pudiese y defender en medida de lo posible la Montaña de la Muerte frente un posible ataque del Deviljho, que aún seguía libre por los campos de Hyrule.
-Al menos, Sora tenía la ayuda de Donald y Goofy.- Suspiró ella de repente.- Cómo me gustaría que él esté para aconsejarme...
Volvió a suspirar apenada, estaba claro que pensar con Sora no le ayudaría para nada, intentó sacárselo de la cabeza, sin mucho éxito, luego, pensó en Riku, todo su viaje lo hizo solo, era una persona fuerte, no solo físicamente, que también, soportar la carga de la soledad para intentar salvarlos a ella y a Sora, seguramente fue un esfuerzo titánico para él. Se decidió, tenía que ser fuerte, dadas las circunstancias, no podía permitirse ser débil ni por un segundo. Finalmente, llegó a Vergel Radiante, se alegró volver, al menos encontraría tranquilidad y apoyo. La nave aterrizó, ésta vez, cerca de la entrada de la ciudad, aún en reconstrucción. Afortunadamente para ella, Merlín vio la nave aterrizar, ya que estaba dando un paseo. Éste avisó a Aerith y a Cid, que no andaban lejos. Gracias a su ayuda, Kairi pudo llevar a Gant a la casa de Merlín, el hechicero ya conoció al hombre de negro cuando éste se enfrentó contra la chica y Link en la Gran Garganta, aunque no dijo nada, el estado de Gant se lo impidió. Cuando Aerith le vio no dudó en ayudarle, el único que se mostraba receloso era Cid, que encima cargó con Gant, era el único capaz de hacerlo. Cuando llegaron a la casa de Merlín, éste le ordenó a Cid que acostase al herido en su propia cama.
-De acuerdo, Aerith, voy a necesitar tu ayuda, el estado de éste joven no promete mucho.- Anunció el anciano.
-Si se le puede ayudar, haré todo lo que esté en mi mano, Merlín.- Respondió la chica con decisión.
-¿Quién es este tipo?- Le preguntó Cid a Kairi.- Me suena de algo, pero ahora no puedo acordarme de él.
-Es un antiguo enemigo que ha tenido problemas con sus superiores, su gente le ha hecho ésto.- Respondió ella sin apartar su mirada de él.- No sé si he hecho bien en llevarle hasta aquí.
-¿¡Un enemigo!?- El hombre no podía contener su incredulidad, incluso Aerith se preocupó.- ¿Nos has traído a un enemigo reconocido hasta aquí? La verdad, Link me inspiraba más confianza ¿Qué ha sido de él?
-Le han capturado.- Bajó la mirada con desdicha.- Aunque al menos está bien, me lo dijo el mismo que me trajo hasta aquí la primera vez.
-Vaya, lo siento.
-Muy bien, la idea es efectuar un hechizo ígneo para que la escarcha de su cuerpo no llegue al corazón.- Decía Merlín rascándose la barba.- Primero tenemos que quitarle ésa gabardina para no quemar a nuestro paciente, Aerith, tú tendrás que contener la llama para no dañarle.
-Entendido.
-Ya han probado un hechizo semejante al "piro", no creo que funcione.- Reprochó Kairi.
-¿Piro? No, usaremos la magia "firaga", que es más potente.- Alardeó el mago con orgullo.- Primero saquemos ése bozal que lleva.
Primero el mago le quitó su gorro, dejando ver su pelo marrón descuidado y sucio, Kairi nunca hubiera imaginado que lo tuviese tan largo, le llegaba casi a los hombros. Acto seguido, Aerith procedió, agarró la máscara plateada de Gant con delicadeza, Kairi estaba algo emocionada, pues nunca había visto su rostro. Cuando la joven castaña le retiró la máscara, todos pudieron ver con sorpresa, y algo de temor, el resto de la cara del paciente: Su nariz, excepto una pequeñísima cicatriz, no tenía nada de especial, pero cuando vieron su boca, todos dieron un paso hacia atrás, era algo más grande que una normal, repleta de dientes afilados y de labios casi inexistentes, parecían las fauces de un monstruo.
-No me extraña que llevase ésa máscara.- Murmuró Cid.
-¿Cómo es posible, Merlín?- Preguntó Aerith.
-Parece que nuestro amigo ha jugado demasiado con la oscuridad, y ésta ha reaccionado negativamente.- El hechicero era el único que se mantenía tranquilo.- Pero se nota que aún no le ha cambiado del todo, aún se mantiene cuerdo, ¿Verdad?- Se dirigió a Kairi.
-Sé que tiene poderes oscuros, pero ésto... Ni siquiera Riku tenía una pinta semejante.
-Todos sabemos que Riku es un chico muy especial.- Respondió la castaña comprensiva.- Él tiene un don, éste joven, en cambio, ha abrazado a la oscuridad directamente.
Link al fin llegó a Loc Lac, una curiosa ciudad en mitad del desierto, desde la lejanía se podía ver dos grandes torres. Finalmente, el pequeño bote del desierto atracó en un muelle (se trataba de un muelle pensado solo para transportes del desierto), estaba repleto de otros botes y un colosal galeón construido con madera, hierro y huesos gigantescos, aunque estaba de reparaciones, mucha gente estaba trabajaba en él.
-Bueno, ya estamos aquí, espero que lo pases bien en tu estancia en Loc Lac- Dijo la muchacha mientras se bajaba del bote a toda prisa.- Aquí nos separamos, no me voy a convertir en cazadora si no me doy prisa. ¡Adiós!
-Ésa chica... Bueno es normal entre los cazadores novatos, siempre empiezan con mucha energía.- Suspiró el timonel.- Bueno, compañero, yo también tengo cosas que hacer. Encantado de haberte conocido.
-Lo mismo digo.- Contestó Link enérgicamente mientras le estrechaba la mano al timonel.- Me hubiera gustado darle las gracias tu compañera, pero se ha ido con tanta prisa...
-Ya, en fin...
El hyliano se bajó del bote de un salto tras despedirse del hombre, empezó a andar, había una sola dirección en la que ir, así que no dudó. No tardó en llegar a una taberna que estaba conectada directamente al muelle, estaba repleta de gente, casi todos eran personas con armaduras o ropas de aventurero y armados con armas bastante extrañas: Desde espadas ridículamente grandes hasta ballestas dotadas con cañones. A pesar de la gente, el ambiente era muy alegre, todos los presentes hablaban entre ellos mientras comían y bebían, inmersos en sus asuntos. Link siguió caminando muy confuso, no sabía muy bien a donde ir o a quién acudir. "Un cuerno de diablo y un colmillo de la montaña", aún no sabía qué significaba. Al fin se decidió: Se dispuso a preguntar. Se acercó a una de las mesas de madera dónde se encontraban unas cinco personas, todas llevaban armaduras revestidas con escamas de distintos colores.
-Perdonad, acabo de llegar y me gustaría preguntaros algo.- Dijo con algo de vergüenza.
Los tres que estaban cara a él se le quedaron mirando y los dos que le daban la espalda se giraron. Se quedaron callados durante unos momentos, hasta que uno decidió decir algo.
-¿Un wyverniano aquí? Ésta es una taberna para cazadores, extranjero, pocos comerciantes se paran aquí.
-Creo que te has confundido.- Dijo tratando de no sonar mal.- Soy un hyliano, estoy buscando "el cuerno de diablo y el colmillo de montaña".- A medida que iba explicando le parecía más absurdo.- ¿A alguien le suena?
-Lo del cuerno es fácil, se trata del Diablos, un monstruo alado que también va debajo tierra.- Respondió uno de los cazadores, despreocupado.- Lo del colmillo...
-Se refiere al Jhen Mohran, el dragón anciano.- Reprochó una compañera con agotamiento.- Se nota que aún no tienes experiencia.
-Un Diablos y un Jhen Mohran.- Murmuró Link.- Vale, ¿Dónde puedo encontrarlos?
Todos estallaron en carcajadas en oír éso, algunos empezaron a golpear la mesa. El hyliano no sabía cómo sentires en aquel momento.
-Eres un tipo gracioso.- Dijo uno de los cazadores recobrando el aliento.- "Si, busco un tal Diablos, ¿Me podría dar su dirección?"- Todos volvieron a reír.- Debes ser un cazador de cierta experiencia para cazarlos, amigo.
-Muy bien, ¿Cómo me hago cazador, entonces?- Preguntó Link ante el asombro de todos. Estaba decidido en agilizar ésa misión y así volver con Kairi, además, los comentarios de los cazadores, no le gustaron para nada.
-Tienes que ir al mostrador de madera de la taberna, allí se encuentra el jefe del gremio de cazadores.- Dijo el cazador que llevaba la armadura más blindada, era el único que no se rió y, por el tono de su voz, se notaba que era el más curtido.- Es un hombre de orejas puntiagudas, como tú, además es muy pequeño, le reconocerás enseguida.
-Gracias.
Finalmente, consiguió algo de apollo, así que, Link, se aproximó al mostrador, aunque ra más semejante a una barra de bar. En todo caso, habían dos recepcionistas bastante jóvenes hablando con algunos cazadores. Sentado sobre el mostrador, había un diminuto hombre de orejas puntiagudas, con coronilla y bigote blancos, sus ojos parecían estar cerrados, llevaba puestos unos pantalones rojos, camisa blanca y un chaleco rojo. Estaba revisando unos papeles mientras fumaba con una pipa de madera. Link se decidió a acercarse a él.
-Perdone, quiero ser cazador.- Soltó de repente.
El hombre apartó los papeles por un momento para observar al hyliano, no parecía mostrar interés. Volvió a centrarse en el papeleo.
-Necesito tus medidas.- Respondió simplemente, su voz era exageradamente aguda.
-¿Mis medidas?
-Para el ataúd.
-¿Es una broma?
-En absoluto.- El hombre apartó los papeles por un momento otra vez.- Muy pocos cazadores novatos sobreviven la primera semana. Pero has tenido suerte ésta mañana han llegado dos cazadores más, te unirás a ellos. Ésta noche os embarcaréis a la isla de Moga, están teniendo problemas con una Rathian, sabes lo que es una Rathian ¿Verdad?
-Por supuesto, ¿Por quién me tomas?- Soltó Link haciéndose el ofendido, ésa mentira no se la podía creer ni él, pero quería agilizar el proceso lo máximo posible.
-Bien, ahora te atenderá la recepcionista para hacer el papeleo, luego, los herreros te darán una arma básica de cazador.
Merlín, junto Aerith, seguían tratando a Gant, mientras que Kairi se permitió ir a ver a León y a Yuffie, quiénes estaban en el mercado. Nada había cambiado, cuando la joven ninja vio a su amiga, se lanzó a abrazarla, mientras que León mantenía su frialdad ante todo, sobre todo cuando se enteró de que Kairi había traído a Gant consigo. Los tres se encontraban en una esquina de la plaza del mercado, la ninja estaba sentada sobre unas cajas de madera mientras que los otros dos estaban de pie frente a ella.
-Vamos León, ése chico tampoco será tan malo.
-Yuffie, vi lo que podía hacer, y nos atacó directamente en la Gran Garganta.- El joven guerrero se mostraba inflexible.- Aunque ahora afirme que esté de nuestro lado, que tampoco es el caso, no mostraría nada bueno de él, es más, solo mostraría su cobardía e hipocresía.
-¿Y si tiene información vital?- Señaló Kairi.- Tengo que recalcar que Gant es un mercenario, no un soldado.
-A veces, los que luchan bajo ninguna bandera, son los peores.
-Vamos, Squall, relájate un poco.- Dijo Yuffie, ya aburrida.
-Te he dicho que no me llames así...- Respondió León mientras le lanzaba una mirada fulminante.- Primero ése hombrecillo, luego Gant. Todo ésto parece ser una broma pesada.
-¿Un hombrecillo?- Preguntó Kairi curiosa.
-Si, un hombre muy pequeño, bastante cabezón, parecía una bombilla.- Explicó la ninja, le venía la risa sin quererlo.- Si quieres verlo, está con el tío de Donald, Gilito, en su tienda de helados.
Kairi se decidió en averiguar de quién se trataba, ésa descripción le resultaba algo familiar, se excusó ante sus amigos y se fue en dirección a la tienda de helados. No tardó en ver al tío Gilito, nunca lo había visto antes, aunque le reconoció al acto: Un ser semejante a un pato de plumaje blanco, algo bajo, vestido con una elegante túnica azul oscuro, un sombrero de copa negro y unas pequeñas gafas ante sus enormes ojos. Estaba comiendo un helado (Cosa complicada, a causa de su gran pico) mientras hablaba con alguien de su misma estatura. Cuando la pelirroja se acercó lo suficiente, pudo ver de quién se trataba.
-¡Olimar!
Se apresuró al ver al pequeño cosmonauta, cosa que él imitó, ambos se abrazaron (Nuevamente, Olimar perecía un muñeco en brazos de Kairi). Ver la redonda cara narizona de Olimar otra vez era de lo mejor que hubiese esperado, había perdido la esperanza de volver a verle. Cuando se separaron, el hombrecillo no pudo evitar sonreír.
-Kairi, ¿Qué tal estás?
-¿Qué haces aquí?- Preguntó con una amplia sonrisa, aún le costaba creerlo.
-Bueno, quería compensarte a ti y a Link por salvarme, así que rastree vuestra nave.- Explicó él.
-¿Rastreaste?
-Si no me equivoco, llegasteis a Ferngully siguiendo a una nave.- Kairi asintió ante éso.- La nave con la que me trajisteis, el "Ícaro" también tiene un chip rastreador, aunque la nave se quedó aquí y vosotros os habíais marchado con otra distinta, así que esperé.
-Vaya, siento haberte echo esperar.
-Tranquila.
-Vamos a ver.- Irrumpió Gilito, harto de ésa conversación.- Estábamos hablando de negocios, Olimar, así que volvamos a nuestros asuntos.
Sin poder remediarlo, el cosmonauta se vio obligado a atender al tío Gilito, aunque prometió a Kairi que hablarían luego. El pato continuó negociando con Olimar para poder vender sus helados a Hocotate, el mundo natal de Olimar.
Link al fin consiguió todo el papeleo, ya era oficialmente un cazador de rango bajo, no era gran cosa, pero era un comienzo (Comprobó que lo de sus medidas para el ataúd no era una broma). Los herreros le equiparon con un escudo pequeño y una espada corta, ambas estaban hechas de hueso de color amarillo. También le proporcionaron algo de dinero local, unos doscientos giles, dados los precios de armamento y equipo era poco, pero no le importó. Un oficial, vestido con ropajes similares a los del timonel que le llevó hasta Loc Lac, le acompañó hacia su nuevo transporte: Un gran zepelín ubicado en el piso superior de la taberna dónde estuvo cuando llegó.
-Bueno, tus dos compañeros ya están a bordo.- Anunció el oficial.-Intenta no marearte, ¿Bale?
-Tranquilo, tengo ganas de ver ésa isla de Moga.
-Por cierto, después de ti, se apuntó un tercer cazador, así que ya seréis un grupo de cuatro.
En poco tiempo vio uno de sus tres compañeros: Era un chico joven algo flaco de piel pálida, su pelo largo negro estaba un poco alborotado y sucio, intentaba mantenerlo peinado hacia atrás. Sus ojos marrones y su expresión denotaban entusiasmo, a pesar de la enorme cicatriz que le cruzaba la cara en diagonal. Llevaba puesta una armadura de acero bastante estilizada con partes pigmentadas de color azul en su mano sostenía su yelmo, que disponía con una protección para la parte superior de la cara.
-Vaya, pensaba que sólo los humanos se hacían cazadores de monstruos.- A pesar de sus palabras, sonaba amigable, le tendió la mano con cortesía.- Mi nombre es Argos, seré el lancero del grupo.
-Soy Link.- Respondió estrechándole la mano.- ¿Seremos compañeros de armas?
-Eso parece.- Señaló a una chica que estaba sentada observando el vasto desierto nocturno.- Ella es Deela, nuestra artillera.
La susodicha se volteó, cuando vio a Link se sorprendió un poco, se trataba de la chica que le salvó en el desierto.
-Vaya, parece que tendré que continuar cuidándote.- Dijo con ironía, aunque sin llegar a ser despectiva.
-Y por último.- Anunció ignorando el comentario de la chica.- Nuestro espadachín pesado, está en la bodega, es bastante cascarrabias.
-Si no os importa, me gustaría conocerle.- Dijo Link con amabilidad.- En un futuro tendremos que confiarle nuestras vidas.
Ambos asintieron, así que el hyliano se fue hacia la bodega del zepelín, cruzándose con varios tripulantes, haciendo los preparativos para el viaje. Finalmente, accedió al lugar por una pequeña puerta de madera. El interior estaba muy oscuro, repleto de cajas, armas y demás equipo, también había la silueta de un hombre bastante grande sentado, envuelto por la oscuridad y de espaldas a Link.
-¿Tú eres el cuarto integrante?- Preguntó con curiosidad.
-Ésa voz... No...- Dijo el hombre mientras se daba la vuelta.- El orejudo.
-Voleph...
Milagrosamente, gracias a los cuidados de Merlín y Aerith, Gant abrió los ojos. Su reacción fue de lo más enérgica, pues, cuando pudo, se levantó y se largó de la casa de Merlín cuando no prestaban atención. Cuando Kairi se enteró de éso, decidió ir a buscarlo acompañada por Olimar, Cid, Yuffie y León, éste último iba armado. Quién buscaban, estaba junto la nave "Trirreme".
-¡Tú!- Gritó León.- ¿A dónde crees que vas?
-¡Ni se os ocurra acercaros!- Chilló confundido.- ¿Qué hago aquí? ¿Qué habéis hecho conmigo?¿Dónde está Arktos?
-Tranquilo Gant.- Kairi le mostró un objeto que sostenía con la mano.- Toma, ésto es tuyo.
-Un momento.- El joven se tocó la barbilla con la mano izquierda, se sobresaltó al no notar nada.- Oh, no, mi bozal...
Receloso, Gant, se acercó a Kairi, vigilando a los amigos de la chica, sobretodo a León, al que ya conoció en su primera visita a Vergel Radiante. Finalmente tomó su máscara de hierro y se la colocó al instante.
-¿En serio necesitas una máscara por ocultar éso?- Dijo Cid extrañado.- No se chaval, tampoco es para tanto.
-Yo he visto cosas peores.- Respondió Yuffie de repente.
-La verdad, me da más miedo con la máscara puesta.- Murmuró Olimar por lo bajo.
-Bueno ya vale.- Cortó Gant.- Ahora debo volver a Hyrule.
-¿Para qué? Todo el mundo te busca.- Le reprochó la pelirroja.- Has estado a punto de morir, y ahora quieres volver directamente.
-Déjalo Kairi, le has salvado para nada.- Dijo León fríamente.- Además, si muere un enemigo, tendremos menos trabajo.
-¿Disculpa?
Finalmente, Kairi pudo explicarle todo lo ocurrido en Hyrule, le contó la historia que le dio Snake, lo que le pasó a Link, y su experiencia cercana a la muerte. Gant estaba consternado, solo recordaba una fuerte punzada en el hombro ante su mortal enemigo, todo lo demás era oscuridad.
-Maldito Arktos... Si no hubiese sido por el gas tóxico del escudo de Claw, le hubiera matado allí mismo, ganas no me faltaban.- Soltó un suspiro.- Pero no tengo nada más que hacer, me han dejado sin trabajo, y cada vez hay menos solicitudes para un mercenario.
-Espera, tengo una idea.- Anunció la ninja con un salto, luego obligó a Cid, León e incluso Olimar a reunirse, luego de debatir ante las extrañadas miradas de Kairi y Gant, se separaron.- Te contratamos.
-¿Pero qué dices?- La pelirroja aún no podía procesar ésa idea.
-Te dije que no sería una buena idea.- Murmuró León por lo bajo.
-¿Cuales son tus tarifas de guardaespaldas?- Preguntó Cid cruzándose de brazos.
-Setenta mil platines.- Dijo decidido.
-¡Tú no entres al trapo!-Exclamó Kairi.
-Treinta.
-Cincuenta.
-Hecho.- Concluyó el piloto estrechándole la mano al mercenario. León no pudo evitar posar su mano en la frente con disgusto.
