Se respiraba tranquilidad en las cercanías del coliseo, Kairi, Hércules y Fil estaban cerca de la entrada, sentados en los escalones de ésta. Estuvieron hablando un buen rato, Sora le había hablado tanto sobre el héroe, que era como si ya le conociese. Hércules le habló sobre lo que su amigo hizo por él tiempo atrás.
-¿Y por qué estabas en esa cueva tan oscura, Herc?- Preguntó Kairi.
-El Inframundo. Mi tío, Hades, trama algo, hacía tiempo que no movilizaba a los sincorazón contra mí.- Explicó él con la mirada perdida.- Me gustaría preguntarle en persona, pero no puedo dejar el coliseo solo, ya fue destruido una vez, no quiero que vuelva a pasar.
-Ya, me lo han contado, fue un monstruo de varias cabezas ¿No?
-Si, la Hidra.
Hubo silencio durante unos minutos, Kairi no podía parar de mirar la entrada del inframundo que se encontraba frente a ella.
-Iré yo.- Dijo de repente.
-¿Qué?
-¿¡Estás loca!?- Exclamó Fil, no había abierto la boca desde entonces.- ¿Cómo quieres adentrarte al Inframundo? No podrás salir viva de ahí, menos estando sola.
-Creo que me las sabré apañar, además, Hades no espera que yo vaya al Inframundo.
-Kairi, es una mala idea, intentas adentrarte en un lugar muy peligroso.- Hércules trató de disuadirle.- Pocas personas han vuelto con vida.
-Sora lo logró, ¿No?
-No es lo mismo...
Tras un largo y tedioso debate, finalmente Kairi se adentró al Inframundo contra las opiniones de sus compañeros, para su seguridad Hércules le prestó un especie de medallón con el símbolo de un rayo, diciendo que se trataba de "La piedra del Olimpo", luego la pelirroja se dirigió a su objetivo. Estar en el Inframundo provocaba una sensación muy rara, no paraba de tener frío, además, se sentía débil, aunque éso no la frenó para nada. Pudo fijarse mejor en el aspecto del Inframundo, hasta dónde alcanzaba la vista, parecía ser un conjunto de cavernas oscuras interconectadas, se podían oír gritos de lamentos si uno prestaba atención y todo estaba rodeado por una tenue niebla blanca al nivel del suelo, al menos, parecía niebla. Aunque fue su decisión, Kairi no se sentía del todo segura, así que se armó previamente con su llave-espada. Empezó a avanzar, siguió la dirección dónde iba la niebla a través de los túneles mientras que el sonido de los lamentos se intensificaba.
-Sabes, tengo miedo de lo que Hades pueda desatar.- Sonó una voz a lo lejos.
-Sí, todas las veces que lo ha intentado ha acabado en tragedia.- Respondió otra voz más grave.
La pelirroja se sobresaltó, no quería ser descubierta aún, así que decidió en esconderse tras unas estalagmitas apartadas del camino. Entre ellas, pudo ver quiénes se acercaban: Dos pequeñas criaturas semejantes a demonios dotados con pequeñas alas en sus espaldas, uno era azul y muy delgado, mientras que el otro era todo lo contrario, era de color rojo y muy gordo.
-Además, no sabemos si ése hombre podrá acabar con Hércules.- Continuó hablando el demonio rechoncho.
-Desde que ése extraño llegó aquí, están pasando cosas muy raras... Y que algo sea raro en el Inframundo, tiene narices.
Ambos continuaron su paseo perdiéndose entre la niebla sin parar de conversar. La joven suspiró aliviada, parecía que había pasado inadvertida, así que no perdió tiempo, sabía que iba en la dirección correcta.
-Vaya, ése hombre podría ser un buen campeón, pero dudo que dé su brazo a torcer.- Dijo Hades pensativo.- No he tratado mucho con él que digamos.
-Ni siquiera él se atreverá a desafiar a un dios.- Respondió Arktos cruzándose de brazos.
-Ya, pero su alma se encuentra en la parte más profunda del Inframundo, dónde se encuentran los criminales más dementes de la historia.
-Bueno, pero eres el señor de los muertos, estoy plenamente seguro que no pondrá pegas.- El guerrero peliazul sonaba algo falso.- Pero la decisión es tuya, ¿Quieres éste posible campeón o no?
-Hmmmm...- Hades empezó a pensar, reflexionó sobre las posibles soluciones, no paraba de rascarse su gran barbilla.- Bale, decidido, los días del niño de papá llegarán a su fin.
Kairi continuó su avance por las cavernas, intentaba imaginar que le dirían sus amigos. Sora le diría: "Confía en lo que te dicte el corazón y lo conseguirás", una frase bonita, pero en el momento, poco práctica. Riku seguramente le aconsejaría: "Si la situación lo merece, usa la oscuridad a tu favor", eso era algo más útil. Link le advertiría: "Conoce tus habilidades y tus limitaciones, tienes que conseguir expandir tus puntos fuertes para reducir tus puntos flacos". No supo por qué razón la voz de Gant también retumbó en la cabeza: "Lo siento, necesito un incentivo para soltar un consejo, no, en cheques no, yo prefiero en 'cash', no me vas a estafar". Éso último la dejó un tanto descolocada. En ese preciso instante, llegó a una estancia bastante extraña: Una caverna bastante grande dónde la única senda era un camino rocoso bastante retorcido que llegaba hasta una gran puerta negra, el resto del lugar era un enorme foso dónde caer era una muerte segura, toda la caverna estaba iluminada por una extraña luz verde. Ella vaciló un poco al principio, pero se decidió, empuñando con fuerza a "Prometida", se encaminó a lo desconocido. La serenidad del lugar no tardó en verse corrompida, de la nada emergieron un gran número de sincorazón.
Eran monstruos embutidos en armaduras oscuras junto a otros seres con forma de perro de patas cortas y con gran cabeza.
-No pienso pararme aquí...- Murmuró para sí misma, no estaba acostumbrada en combatir sola, pero había enfrentado a peligros mayores en el pasado, no parecía un desafío muy complicado para ella.
Sin pensarlo mucho, todos esos seres oscuros se abalanzaron hacia ella, Kairi se quedó en el sitio, esperando su primer golpe. Colocó su arma en horizontal, ésta empezó a desprender una tenue luz blanca. Cuando los sincorazón llegar a ella listos a acabar con la vida de su oponente, apareció una cúpula blanca alrededor de la joven, no pudieron frenar su avance, cuando el primero de ellos golpeó la cúpula, ésta hizo una especie de explosión, dónde los fragmentos salieron disparados por todas partes, derribando a todo sincorazón cercano. No tardaron en aparecer más y más, así que Kairi decidió que no tenía tiempo de enfrentarse a todos uno a uno, arrancó a correr evitando todo lo posible a los enemigos, aunque más de una vez se vio necesitada en derribar alguno con su arma para poder continuar. Cuando llegó a la puerta, aparecieron otros dos sincorazón enormes (Más bien obesos) bloqueando el paso. Rápidamente, ella invocó una magia "electro" para descolocarles para luego saltar sobre ellos y pasar velozmente.
Kairi al fin llegó a los aposentos de Hades, dónde estaba su trono, aunque no vio a quién quería, solo había una figura dándole la espalda, mirando a lo que parecía ser una ventana (En realidad era un agujero en la pared rocosa), dónde había una vista detallada de todo el Inframundo. Ella guardó silencio, avanzó de forma cautelosa hacia el sujeto empuñando su llave-espada con ambas manos.
-¿Qué se necesita para que una princesa del corazón se esté quieta?- Dijo la figura de repente, Kairi paró en seco y se puso en guardia.- El Inframundo no es lugar para ti, joven guerrera.- Tras eso, el sujeto se giró para encarar a la pelirroja.
-Arktos...- Se sentía en apuros, no esperaba encontrarse con él tan pronto. Intentó ocultar su temor aunque costaba.- ¿Qué estás haciendo en éste mundo?
-Podría plantearte la misma pregunta, jovencita.- Respondió mientras se recostaba en la pared cruzándose de brazos. No mostraba ninguna emoción hostil, se mantenía relajado.- Venir hasta aquí a sido una imprudencia bastante grande por tu parte. Dime, ¿No está el hyliano contigo?
-Opinó que ésto no merecía su atención.- Mintió, tratando de descolocar a Arktos.
-Mentirosa, se fue después de ti, así que no podía saber dónde te encontrabas.- Éso tranquilizó un poco a Kairi, hasta el momento, no podía evitar pensar que Link seguía preso, a pesar de las palabras del espectro. Mientras tanto, el peliazul seguía inflexible.- En fin, sea como sea, ahora no tienes a nadie que te proteja, y no voy a dejar que te entrometas aquí.
Ella dio un par de pasos atrás mientras veía a Arktos incorporarse y avanzar hacia ella. Kairi seguía en guardia, tampoco sabía cómo podía salir de ésa, aquél hombre, quién la secuestró cuando estaba en su hogar, quién venció a Gant con suma facilidad, estaba allí, y tampoco había nadie cerca, estaban solos. Él no se paró, se mantenía sereno sin apartar su férrea mirada de la joven, extendió su mano para crear una espada de hielo.
-Espero que no te importe el frío.- Dijo de repente, el aire del lugar se volvió casi gélido.
Arktos lanzó su primer tajo a Kairi, ella apenas pudo reaccionar ante tal velocidad interponiendo su llave-espada, éso desencadenó una lluvia de cortes por parte del hombre a una tremenda velocidad, ella intentaba bloquearlos por todos los medios, pero tantos veloces tajos, no pudo evitar algunos cortes superficiales en brazos y piernas. Tenía que buscar la forma de salir de ésa situación, así que pensó algo simple, mientras se defendía de Arktos, Kairi invocó una gran llama que recorría toda la hoja de su arma. Cuando la espada del mercenario tocó el arma ígnea de su oponente, se derritió al instante. Éso desconcertó un poco al hombre, cosa que Kairi aprovechó para propinarle un potente tajo a la altura del estómago, él retrocedió unos escasos centímetros, aunque no mostró ningún dolor severo.
-Buen intento.- Al acto, él le dio una horrible bofetada que mandó a la joven al suelo.- Sabes, mi armadura anula el fuego, así que olvidate la magia elemental.
Kairi intentó arrastrarse para alejarse un poco de su oponente ante su burlona mirada, no se le ocurría ninguna posible estrategia. Se levantó y volvió a ponerse en guardia.
-Veo que no te rindes.- Arktos creó una nueva arma de hielo, ésta vez, una alabarda.- Pero para ya de hacer el ridículo, no puedes vencerme, y menos sola.
De repente Kairi obtuvo una posible respuesta, "No puedes vencerme, y menos sola", no estaba sola, en absoluto, disponía de alguien dispuesto a dar su vida por ella que siempre había esperado pacientemente a su llamada. La pelirroja no lo dudó más, usó de nuevo la magia de fuego, pero de forma distinta: Rodeó a su oponente con lenguas de fuego colosales, encerrándolo en un especie de cilindro de fuego. Arktos estaba de lo más confundido, no sabía cuales eran las intenciones de Kairi, así que se zafó de su prisión lo antes posible. Las llamas pronto desaparecieron ante la fuerte ráfaga de aire gélido, en ése momento, el hombre pudo ver a Kairi sosteniendo algo en su mano izquierda. De repente, una columna de una fuerte luz dorada apareció de la nada frente a la muchacha, sonó un potente sonido parecido a un grito de guerra de todo un ejército que resonó por toda la sala, la luz desapareció suavemente, dejando ver a aquél valiente guerrero que ayudó a Kairi en el bosque de Ferngully, vestido con su armadura ligera dorada y armado con su lanza plateada, Arkantos.
-¿Quién es ése?- El peliazul se mostraba perplejo.
-Arkantos, mi invocación.- El guerrero invocado se volteó para mirar a Kairi con cara de extrañado, ella respondió con media sonrisa algo forzada ante la total ignorancia sobre datos de él.
-Vaya nombre más ridículo.- Soltó el otro de repente, aunque a decir verdad ambos nombres eran bastante semejantes.- Da igual, atravesaré a ése hombre para llegar hasta ti.
-Etimos.- Dijo simplemente Arkantos poniéndose en guardia.
El ambiente de Vergel Radiante al fin volvió a calmarse, el ataque de ésos seres oscuros fue repelido con éxito gracias a la rápida reacción de León y los demás, todos ellos, volvieron a la casa de Merlín magullados y agotados. El mago les ofreció descanso en su hogar, algo ya típico.
-Parece que no aprendes, no tendrías que entrar en combate tan pronto.
Gant, quién se encontraba junto a la puerta de entrada, apoyado en ella, buscando un respiro. Al oír ésa voz femenina hablándole, se giró para encarar a Aerith.
-Parece que te he curado por nada.- Le reprochó ella.
-Hablas como mi madre.- Resopló él.- ¿Qué tal están los demás?
-Bien, muy bien.- Respondió.- El que me preocupa eres tú, después de haber estado al borde de la muerte, te has enzarzado en una batalla demasiado fuerte.
-Me lo ordenó Cid, él es el que paga.
-Tendré que hablar con él.- Aerith salió a la calle, a un par de pasos de la entrada.- ¿Que tal lo pasará Kairi?- Miró hacia el cielo nocturno.- Temo por ella.
-Personalmente, espero que haya mejorado.- Soltó él sin pensarlo.- Volgin tenía mucho interés por el Coliseo del Olimpo... Pero ella nunca ha dejado de sorprenderme, la verdad.
-¿A qué te refieres?- La joven castaña se giró hacia Gant.
-¿Has visto la herida que tengo en el pecho?
-Si, pero fue cuando traté tus heridas junto a Merlín, no te imagines cosas raras ahora.- Se le notaba incómoda.
-Tranquila. Ésa herida me la hizo ella, me lanzó un sanctus.
-Pero si es un hechizo que muy pocos dominan, incluso para Merlín es complicado.
-A eso me refiero.- Gant suspiró para luego soltar una débil y corta risa.- Tiene un potencial increíble, aunque ella aún no lo sabe.
Los sonidos de lucha no paraban de salir de los aposentos de Hades, por primera vez, Arktos luchaba en serio, sentía que su enemigo era capaz de acabar con su vida. Arkantos no daba tregua, atacaba salvajemente al peliazul con su lanza, el otro se defendía con dos espadas de hielo. Kairi aprovechaba la situación para sumarse a la lucha. Ambos lanzaban ataques a discreción, aunque el guerrero, costosamente, lograba bloquearlos todos. Pasaron unos pocos minutos hasta que algo les perturbó a todos, una espesa nube de humo negro apareció de repente en medio de la habitación, cuando el humo empezó a desaparecer, se descubrió la oscura silueta de Hades. Los dos se apartaron de Arktos al instante.
-Arktos, todo está listo, ¿Vienes o qué?- Preguntó el dios algo indignado.
-Creo que éste no es el momento.
-¿No es el momento? Con lo pesado que te has puesto con conseguir a alguien capaz de vencer al niñato de Hércules, y ahora dices que no es el momento.
-No estoy solo.- Respondió educadamente.
Hades se volteó para ver a los dos intrusos, cuando identificó a uno de los dos, su cara se convirtió en un poema.
-Arkantos, ¿Qué haces aquí otra vez?- Se sorprendió negativamente al verlo.
-Acudir a la llamada.- Respondió simplemente, Kairi se quedó atónita cuando le oyó hablar en su idioma.
-No deberías atacar a mis amigos, atlante.- Le advirtió Hades.- No tengo nada contra ti, pero tampoco te tengo ningún aprecio, así que...- Se inclinó un poco hacia él y alzó las cejas.
-Pues dile a tu lacayo que no ataque a mi protegida.- Respondió con decisión.
Hades se quedó callado por unos momentos, miró detalladamente a Kairi, luego sus ojos se posaron en el arma que empuñaba, la recordaba, recordaba la llave-espada.
-Tú no eres el niño-llave que conozco, aquél metomentodo.
-Está claro que no...- Murmuró ella.
-Es la amiguita de ése niñato llamado Sora, el que te ha causado tantos problemas.- Saltó Arktos de repente.
-¿¡Qué!?- Las llamas azules de su cabeza se volvieron rojas y se extendieron a sus hombros, además, su grisácea piel también se volvió roja.- ¡Ahora que ya le había olvidado, viene ésta niña a tocar las narices! ¡Ya había conseguido dejar de tener pesadillas con ése maldito niñato!- Hades había perdido la razón, empezó a andar en círculos compulsivamente.- ¿A caso hay una secta con el tema de la llave gigante o qué pasa? ¡Cada vez hay más, se multiplican como conejos, maldición!
-Hades, sugiero que eliminemos al guerrero ése y me dejes capturar a la chica.- Pidió el peliazul creando una nueva espada de hielo.
-Naaah, hice un trato con mi hermano Poseidón, quería matar a Arkantos él mismo, y no nos conviene enfurecer a mis hermanos aún.- Volvió a la normalidad de golpe. Se acercó a Kairi para verla más de cerca, ella no pudo evitar sentirse intimidada ante el aspecto de Hades.- Luego nos ocuparemos de ella, si sigue viva hasta entonces.- El aliento del dios de los muertos olía a cenizas. Se incorporó y se dirigió hacia su aliado.- Vamos, tenemos cosas que hacer.
-Pero...
-¡Muévete, todo ésto fue idea tuya, así que más te vale largarte de aquí!
-... De acuerdo...- Resignado y furioso, Arktos se giró y se fue por la puerta, dando un gran portazo tras de sí.
Tras irse el peliazul, Hades se dirigió a ése extraño dúo, dejó escapar una risa enseñando sus afilados dientes.
-Niña, si logras salir de aquí, quiero que le digas una pequeña cosa a mi sobrino, Hércules.- Se mostraba seguro.- A medianoche, tendrá un duelo contra mi nuevo campeón, y si informa de ésto a papi, desataré algo mucho peor para él.- Acto seguido desapareció.
Los aposentos de Hades se quedaron en silencio, Kairi miro por un momento a Arkantos, aún desconocía hasta dónde llegaba su poder, además él conocía a Hades, quizás se conocía bien el Inframundo, quizás. De repente alguien empezó a aporrear la puerta con fuerza y rabia.
-¡Atlante, se que estás ahí, sal de tu escondite!- Ésa voz no sonaba a humana, era extremadamente ronca, además estaba acompañada de una agitada y profunda respiración de lo más terrorífica.
-De todos los lugares del Inframundo, tenía que venir aquí.- Murmuró Arkantos.
-Me he perdido, ¿Qué pasa?
-¿No tuviste suficiente? No querrás que te vuelva atravesar con mi lanza, Camos.
-¡Insolente, colgaré tu cabeza de mi mástil y luego lo lanzaré al Río Estígia!
-Arkantos, dime qué pasa.- Le pidió Kairi algo agitada.
-Permanece detrás de mí, los minotauros son criaturas de lo más peligrosas.
-¿Minotauro?- Ella volvió a posar su mirada hacia la puerta negra con algo de temor, ésta no paraba de sufrir los repetidos golpes de quién se encontraba tras de ella, incluso empezaba a agrietarse.
