-¿Ahora eres amable?- Kairi seguía desconfiada, y con razón, aún empuñaba su arma dispuesta a atacar.- ¡No te acerques!
-Éso, ni te pienses que podrás hacer lo que te venga en gana.- Fil, rápidamente, se colocó al lado de la pelirroja, encarando al enorme hombre de negro.
-¡Esperad!- La voz de Hércules provocó que se relajasen un poco. El héroe se acercó con dificultad, estaba agotado.- Me has dejado exhausto.- Dijo refiriéndose a Ganondorf, le tendió la mano al gerudo, aunque éste ni se inmutó.
-En fin, no voy a malgastar más tiempo, tengo cosas que hacer.- Respondió secamente, dirigiéndose a la salida del coliseo.- Ése Hades pagará por utilizarme.
-¡Espera!
Ganondorf después de tomar cierta distancia del trío, se paró en seco, no por la petición del héroe, de forma súbita, cayó sobre sus rodillas para luego desplomarse sobre la arena del coliseo.
La noche llegó a su fin, la pacífica aldea de Moga llevaba haciendo ruido desde primera hora de la mañana, los pescadores volvían después de días enteros a la mar con las manos llenas de peces, la gente compraba y vendía en el mercado, también se podían oír los incesantes martillazos al yunque del herrero. Link hacía un rato que estaba despierto, al otro lado de la habitación, en su propia cama, se encontraba Voleph durmiendo, sus sonoros ronquidos no habían cesado en toda la noche, aunque no era lo que le quitaba el sueño al hyliano. Junto a su cama, sobre el suelo, había una armadura un tanto extraña, hecha de metal con algunas partes recubiertas de piel rosácea, seguramente de su primer monstruo: El Gran Jaggi. Con resignación, Link empezó a ponerse la armadura, ni recordaba la última vez que se puso una, le resultaba complicado.
-Hey, orejudo, no hagas tanto ruido...- Masculló Voleph, aún medio dormido, después hundió su cara en la almohada refunfuñando algo incomprensible.
Link continuó con lo suyo, consiguió ponerse la parte de las piernas al fin, aunque aún le quedaba el resto. De repente alguien entró en la habitación, Argos, quién parecía que no se quitaba su armadura ni para dormir.
-Veo que tienes dificultades, nunca es fácil ponerse una armadura por uno solo.- Dijo él de forma amigable.
-Dios, ¡Necesito dormir!- Gritó Voleph sin apartar su cara de la almohada, agarrándola fuertemente con ambas manos.
-No te pagan por dormir, te pagan por cazar.- Le reprochó Argos.
-¡Cállate!
-Vaya...- Mustió Link mirando a su compañero, luego desvió su mirada hacia Argos.- ¿Puedes ayudarme? Es muy molesto, ponerse la dichosa armadura.
-Claro.
Argos empezó a colocar la coraza de Link sobre sus hombros, el hyliano podía notar su peso, pero tampoco era mucha molestia. Ambos empezaron a conversar, para fastidio de Voleph, quién finalmente se despertó, bastante descontento.
-Sois un par de pesados, me voy a almorzar algo.- En ésas se fue ante las extrañadas miradas de sus dos compañeros.
-Bueno, esto ya está.- Dijo Argos al acabar de atar los correajes de la coraza, luego de éso se dirigió a la puerta.- Le pedí al herrero que te forjase algunas cosillas para ti.- Cerró las puertas tras de sí, dejando a Link solo, éste se dispuso a ponerse la parte de los brazos de la armadura. Finalmente Link salió al exterior, a la plaza de la aldea, la mayoría de aldeanos se encontraban allí, trabajando en puestos de venta o comprando en dichos puestos. El hyliano, haciendo caso de las palabras de su compañero, se dirigió a la herrería, que se encontraba cerca de la salida del pueblo, allí estaba un hombre anciano diminuto de orejas puntiagudas, ojos tan pequeños que no se sabía si los tenía abiertos o cerrados, una quijada fuerte y pronunciada y vestido con un unos pantalones azules gruesos repletos de remiendos, botas negras, un delantal marrón y una gruesa protección de tela verde que le cubría todo el brazo izquierdo, estaba trabajando el metal con un enorme martillo más grande que él.
-¡Buenos Días!- Link trató de sonar más alto que los incesantes martillazos.
-Oh, hola.- Respondió el hombrecillo parando su trabajo en seco, su voz era algo seca, aunque muy aguda.- Argos me mandó a crearte una arma.
-Así que era eso...- Murmuró él, durante un tiempo, Argos le criticaba por llevar unas armas tan simples, alegaba que "No eran armas efectivas".- No era necesario tomarse tantas molestias, pero en fin ¿Cuanto cuesta?
-Guarda tus zeniques, está pagada.- Respondió mientras se dirigía al interior de la herrería.- Quédate aquí, ahora la traigo.
Link esperó a la entrada, mientras volvía observar el mercado, se fijó que estaba sobre un gran muelle, justo encima del agua salada del mar, también se fijó en un enorme galeón mercante atracado a unos de los muelles que daban a la plaza. Los gruñidos del herrero alertaron al hyliano, ya estaba de vuelta, cargando un enorme arte facto marrón sobre su espalda, lo tiró delante de los pies de Link.
-¿Qué es ésto?
-Se nota que eres un novato, anda tómalo.
Link obedeció, lo levantó del suelo con algo de dificultad, pesaba lo suyo. Cuando ya se estabilizó pudo observar mejor ése artefacto: Era un especie de "palo" largo de metal recubierto de escamas marrones dotado de una hendidura que recorría toda la estructura, disponía de una larga empuñadura con una guardia simple de metal, junto a ésta, había una pieza hecha de escamas duras, sin filo, luego, cerca del otro extremo, había lo que parecía ser una hoja de espada de hierro, el arma en si no tenía sentido. Link no podía evitar mirar a ése aparatejo con cara de extrañado.
-Aún no lo has desplegado, hay un pequeño gatillo junto la empuñadura.- Señaló el herrero divertido.
Link examinó su arma con más atención, encontró dos gatillos, él apretó el derecho. Sorpresivamente, el arma reaccionó, la pieza cerca de la empuñadura avanzó a través de la hendidura hasta llegar cerca del extremo, tomando una forma similar a una hacha, Link se quedó impresionado.
-Prueba el otro gatillo.
Al hacerlo, la pieza volvió a su sitio original, pero la parte semejante a una hoja de hierro avanzó por la hendidura hasta llegar al lado opuesto de la arma, acoplándose a la hoja tosca, convirtiendo ésa arma en una espada colosal.
-¿Lo pillas? ¡Dos armas en una! Una hacha-espada.
-Pesa menos de lo que parece...- Mustió el hyliano, volviendo a apretar el primer gatillo, su arma volvió a su forma original.- Nunca había visto ningún tipo de arma así.
-Solo las usan los cazadores de monstruos, y hoy vais a por la Rathian, así que necesitarás una arma pesada.- Dijo el hombrecillo orgulloso de su trabajo.- Ésta arma le pusieron el nombre de "Hacha de asalto", está formada con materiales del Barroth, Argos ayudó a crearla con materiales que consiguió meses atrás al cazar varios monstruos de ésos.
-Tengo que hablar con él...
El sol estaba a lo alto del cielo, iluminando todo el coliseo, Kairi estaba sentada en las escaleras de la entrada, pensando en todo lo que pasó la noche anterior ¿Quién era el hombre que luchó contra Hércules? Sus ojos, le recordaban demasiado a los del sujeto que se hacía llamar "Ansem" y a los de Xemnas, unos ojos repletos de odio hacia todos y hacia todo. También se preguntaba a quién se refirió cuando la agarró del cuello, la facilidad que tuvo en deshacerse de Fil y cómo hacía que Hércules estuviese contra las cuerdas tantas veces, le nublaba la mente, además, nombró a Link, quizá era quién se refería, era una coincidencia demasiado grande... Se puso las manos a la cabeza mirando el suelo, en aquél momento tenía demasiadas cosas en sus pensamientos.
-Ahora, realmente me siento indefensa, todos son muy poderosos, y yo...- Empezó a murmurar para sí misma, dejando la mirada perdida por un momento. Sacudió la cabeza y se levantó de un salto.- ¡No! Me niego a renunciar, son demasiadas personas las que confían en mí.
-Niña, ¿Con quién hablas?- La profunda y grabe voz sobresaltó a la chica, se giró para ver a Ganondorf, quién salía del coliseo y se disponía a bajar las escaleras.
-Pensaba que aún estabas inconsciente.- Respondió ella retrocediendo un poco, prefería mantener cierta distancia entre el hombre y ella.
-Aún no estoy en todas mis facultades, además, he dormido demasiado y tengo cuentas pendientes.- Él no paró de descender las escaleras hasta llegar a la entrada del Inframundo.- Así que no voy a perder el tiempo durmiendo.
-¿Cuentas con quién exactamente?- Se mostraba nerviosa, incluso le temblaba algo a la voz. Al ver éso, Ganondorf no pudo evitar soltar una carcajada, cosa que a Kairi le puso los pelos de punta, era la típica risa de malvado. De repente, el hombre paró y se puso serio.
-No tengo nada contra ti, así que no te preocupes, además un gerudo nunca olvida una deuda.- Respondió con serenidad.- Dime ¿Cual es tu nombre?
-Mi nombre es Kairi.
-Yo soy Ganondorf, y ahora que nos hemos presentado, me voy.- Dio la espalda a la chica.
-Espera, si quieres ir al Inframundo, será mejor que te acompañe.
-¿Tú? Yo decidiré cuando devolverte el favor, tranquila.
-Yo también tengo cuentas pendientes, con Arktos.- Opinó que sonó peor cuando lo dijo que cuando lo pensó, parecía que buscase venganza.
-Nadie va ir al Inframundo sin mi.- Anunció una tercera voz detrás de ambos, resultó ser Hércules, quién llevaba una nueva espada envainada en su cinturón.
-No voy a cuidar de vosotros, tengo cosas mejores a las que pensar.- Respondió el gerudo muy seriamente.
-¿Acaso crees que precisamos de tu protección?- Le reprochó el héroe.
-Haced lo que queráis, pero no quiero que entorpezcáis mi paso.- Dijo, para luego entrar a la oscura puerta.
-Gracias, Herc.
-De nada, dejaré a Fil cuidando del coliseo.- Respondió guiñándole el ojo.- Vamos, ésta vez no irás sola.
Ambos se dispusieron a seguir a su nuevo... ¿Compañero? No sabían si realmente no se giraría y les asesinara a ambos de repente, por ese motivo Hércules quería ir. Los tres bajaron la larguísima escalera de luz mientras la oscuridad les iba envolviendo lentamente. Finalmente llegaron al Inframundo, a Kairi no le gustaba nada volver allí, pero necesitaba respuestas, además de su misión de encontrar la cerradura. El semidiós, tras una larga discusión, lideró la marcha, pues era el que mejor conocía ese lugar, así que empezaron a avanzar por las oscuras cavernas. Todo estaba tranquilo, no se escuchaban ni los lamentos que se se solían escuchar allí.
-Es raro no ver sincorazón aquí...- Mustió Hércules con desconfianza, aflojando el paso, cosa que provocó que Ganondorf y Kairi le adelantaran.- Ésto suele ser un hervidero.
-Es por precaución.- Respondió el gerudo sin parar su marcha.- Se dio cuenta que los puedo usar contra él.
-¿Dices que puedes usar a los sincorazón contra Hades?- Kairi se mostraba incrédula.- Es imposible que alguien cualquiera los pueda controlar.
-Cualquiera...- Ganondorf se paró en seco, causando que la pelirroja chocase contra su espalda, él se giró para ver a la chica, quién retrocedía para acercarse al semidiós.- Éso para mi es un insulto, niña, he matado por mucho menos.- Sus fríos ojos amarillos era lo único que se lograba ver con la oscuridad del lugar.- Además, cualquier necio con un poco de habilidad puede controlar a ésas criaturas tan estúpidas, buscan al más fuerte éso es todo.
En esas, el gerudo reanudó su marcha ante las miradas incrédulas de sus dos acompañantes. Avanzaron en silencio (Kairi ya no sabía ni que decir) hasta llegar a una caverna bastante amplia, iluminada por unas antorchas en las paredes, en ellas ardían llamas azules.
-Huele a cenizas...- Mustió el gerudo, parando en seco.
-Estás en el Inframundo, ¿Recuerdas?- Le reprochó Hércules.- Si buscabas un sitio agradable con olor a rosas, te has equivocado de lugar.
-No es éso, huele igual que el señor cerilla.- Respondió con frialdad, causando que sus acompañantes se parasen.- Si fuese vuestro amigo os diría que os pongáis en guardia.
De golpe, las cavernas que conectaban con ésa estancia fueron mágicamente bloqueadas por una barrera de luz, imposibilitando ninguna huida. De entre la oscuridad sonó el eco de un rugido grabe, parecía el grito de una criatura colosal. Se empezaron a oír unos rápidos pero pesados pasos, cada vez más cerca de ellos. De las sobras apareció la cabeza de un ser parecido a un enorme perro negro, era colosal, su morro, dotado de unos colmillos significativamente grandes y afilados, eran de lo más atemorizantes, sin contar sus pequeños ojos, eran un par de luces rojas. Su respiración era agitada, no apartaba su mirada de quienes estaban ante suyo, luego empezó a gruñir sin parar.
-¿Qué es éso?- Preguntó Kairi tras retroceder un poco.
-Cerbero.- Respondió el semidiós, intentando parecer.- Manteneos alerta, cuando empieza atacar es muy rápido. Y vigilad mucho, cada cabeza tiene personalidad propia.
-¿Cabezas?
El enorme can avanzó unos pasos, dejando ver que, efectivamente, disponía de dos cabezas más, todas idénticas, cada una miraba fijamente a uno de los intrusos, el grave y atemorizante gruñido de las tres cabezas a la vez era, a cada segundo, más intenso.
-Ganondorf, será mejor que te quedes atrás, tú vas desarmado.- Dijo el héroe mientras desenvainaba su gladius, cosa que Kairi imitó.
-No necesito armas para ocuparme de un chucho...- Respondió mientras avanzaba hacia el can tricéfalo.
Éste empezó a avanzar velozmente, hasta correr, hacia el oscuro hombre que se encontraba ante él, Ganondorf se preparó: flexionó ambas piernas, se agachó un poco y puso sus fuertes manos delante de él. Cuando Cerbero llegó hasta él, dispuesto a triturarlo con sus enormes fauces, el gerudo agarró la cabeza central por el morro, los demás observaron la escena estupefactos, Ganondorf no solo evitó que Cerbero le mordiera, sino que también obligo al monstruo a ralentizar su avance, el gerudo no pudo evitar retroceder unos metros por la fuerza del can, pero consiguió detenerlo al fin. Tenía la cabeza central dominada, mientras que las dos restantes intentaban morderle inútilmente, pues no llegaban.
-Por los dioses...- Murmuró Hércules, era una de las pocas veces que alguien demostraba tener una fuerza similar a la suya.
Ganondorf se hartó de ésa situación, empezó a empujar a Cerbero con dificultad, pero, lentamente, obligaba al monstruo a retroceder paso a paso. Finalmente, el gerudo le soltó y velozmente le propinó un puñetazo cargado con energía oscura al morro del ser, éste fue tumbado por un segundo, rápidamente se levantó, aún más furioso que antes, Ganondorf dio un gran salto hacia atrás, cerca de sus dos acompañantes.
-Escucha, no pongo en duda tu fuerza.- Dijo Hércules poniéndose al lado de Ganondorf.- Pero tardaremos menos si luchamos juntos.
-Cierto, no tenemos mucho tiempo.- Alegó Kairi, aún algo nerviosa por la proeza que había demostrado el gerudo.
-Bien...- Ganondorf resopló.- Si queréis demostrar vuestras habilidades, éste es le momento.- Volvió a ponerse en guardia.- No voy a preocuparme de nadie, así que más os vale ser buenos.
Link seguía a su grupo intentando ser sigiloso, cosa difícil, pues no estaba acostumbrado a llevar armadura, en cambio sus compañeros se movían con total agilidad por el bosque, avanzaron hasta llegar a un claro, allí descansaron un poco.
-Espero que estéis preparados, estamos cerca del nido de la Rathian.- Anunció Argos mientras se sentaba sobre una roca, quitándose el yelmo.
-¿Se puede saber que haces?- Preguntó Deela extrañada. Llevaba una armadura de Jaggi al igual que Link, aunque más ligera.- Tenemos que cazar a ése monstruo.
-Será mejor que tomemos fuerzas, por un momento.- Respondió él.
-¿Acaso es tan fuerte ése bicho?- Voleph aprovechó para acomodarse y afilar su espada.
-No es éso, aunque la Rahtian es un monstruo a tener en cuenta.- Argos suspiró.- Pero ésta será la última misión dónde estaremos todos juntos.
-¿Qué dices?- Link también se sentó (En el suelo), se sentía cómodo con aquél grupo, incluso se llevaba relativamente bien con Voleph, no quería separarse de ellos, no hasta cumplir su cometido.
-Cuando cumplamos ésta misión, la aldea de Moga ya no necesitará nuestros servicios, y cada uno irá por su lado, en pos de sus objetivos personales.- Argos levantó la mirada con una pequeña sonrisa algo amarga.- Así que aprovechamos éste momento de tranquilidad.
Se hizo un profundo silencio, los cazadores estaban con las miradas bajas, no prestaban atención ni al cantar de los pájaros. Finalmente, Deela alzó la cabeza, echó una mirada al cielo despejado de entre las copas de los árboles y sonrió.
-Chicos, si ésta es nuestra última misión los cuatro juntos, hagamos que valga la pena.- Dijo la chica enérgicamente, se levantó y extendió el brazo.- ¿Qué decís?
Los tres hombres se miraron entre sí en silencio, Argos y Link sonrieron y asintieron. Ambos se levantaron para posar sus manos sobre la de Deela.
-Por supuesto.- Dijo Argos con decisión.
-Hagamos que nunca olvidemos nuestros momentos todos juntos.- Añadió Link de la misma forma. Todos miraron al enorme hombre sentado que aún afilaba su espada, éste alzó la mirada.- ¿Voleph?
-Ah, ¿Yo también?- Preguntó él con sorpresa, todos asintieron, así que el hombre envainó su arma para luego levantarse.- Bueno, no se me dan bien los discursos...- Murmuró él, luego posó su mano sobre la de sus compañeros.- Pero no dudéis que los quejicas de Moga se sentirán orgullosos de habernos contratado.
Los cuatro permanecieron así durante un instante, sin hablar, no hacía ninguna falta. De pronto, un colosal rugido proveniente del cielo resonó por todo el bosque, todos alzaron la mirada para ver a un rápido borrón pasar por encima de ellos, a muchos metros de distancia, era su objetivo. Todos se miraron con decisión, asintieron y se dispusieron a seguir la dirección de ése borrón a través del bosque. Dejaron a un lado la discreción, los cuatro atravesaron el bosque corriendo, sin importar nada más. Llegaron finalmente a la cima de un acantilado dónde se podía escuchar las olas del mar debajo, la zona había dejado de lado la vida del bosque para no tener ninguna planta a la vista, era un terreno arenoso repleto de huesos de animales, monstruos y también se podían distinguir algunos huesos humanos, también habían algunas deposiciones pestilentes rodeadas de moscas.
-Preparad vuestras armas.- Susurró Argos mientras desenvainaba su lanza y preparaba su escudo.
Todos le hicieron caso, Deela, quién se quedó atrás. cargó su ballesta, Voleph desenvaino su gran espada, haciendo que el acero de la hoja silbase, un sonido que levantaba la moral al hombre, Link empuñó su arma para luego desplegarla en su forma de hacha.
-Quiero una de ésas.- Murmuró Voleph asombrado.
Los cuatro permanecieron en silencio, esperando, una táctica nada recomendada para un cazador, pero lo querían así. De pronto algo ensombreció el sol, los cuatro se sobresaltaron al ver una enorme criatura alada acercarse tanto. Aterrizó de golpe, levantando una gran nube de polvo, delante de todos, era un monstruo con aspecto de dragón, disponía de dos fuertes patas traseras repletas de púas, un par de alas enormes adornadas con patrones semejantes a las plumas de un pavo real, una cola larga y fuerte, también repleta de púas, un torso aparentemente duro, un lomo adornado con una linea escamas en forma de sierra que abarcaba toda la espalda y una cabeza afilada adornada con una gran púa que le salía de la mandíbula inferior, toda ella estaba repleta de fuertes escamas verdes, los pequeños ojos naranjas del monstruos se clavaron en los cazadores, abrió la boca, enseñando sus afilados dientes soltando aun soplido de aire muy caliente, empezó a patear el suelo con una de sus patas, como si fuese un toro.
-¡Va a embestir, todos a un lado!- Gritó Argos.
El reptil efectivamente corrió hacia el grupo, todos saltaron a un lado, sorpresivamente, el ser no se giró, siguió recto hasta pararse por completo, luego se volteó para encarar a Deela.
-Espero que te guste la pólvora.
La chica disparó un proyectil explosivo directo a la cara del reptil, provocando que éste retrocediera, rugiendo de dolor. Cuando el humo se disipó, la Rathian tenia la boca llena de fuego, Deela, instintivamente se tiró al suelo. El monstruo disparó una enorme bola ígnea que pasó por encima de la chica y le dio de lleno a Voleph, quién estaba detrás de ella, el hombre salió disparado por el impacto, aterrizando dos metros atrás.
-¡Quema, quema!- Gritaba mientras rodaba por el suelo.
Argos, viendo que su compañera se levantó y se alejo del monstruo, puso su lanza en posición y arrancó a correr, preparando una estocada. El lancero alcanzó impactar con una de las patas de la Rathian, aunque, ésta respondió con un golpe con la otra pata al pecho de Argos, haciendo que cayera al suelo, luego lo aplastó con su enorme zarpa, inmovilizando al lancero. La Rathian se disponía a morder al indefenso Argos cuando escuchó un intenso silbido, ella se volteó para ver a Link, éste, realizó un golpe ascendente con su hacha-espada directo a la barbilla, desestabilizado al reptil, cosa que Argos aprovechó para liberarse y recuperar del suelo su lanza y su escudo. La Rathian, en venganza, empezó a agitar sus alas hasta que sus patas dejaron de tocar el suelo, la intensa ráfaga de aire y polvo que provocó en el proceso obligó al hyliano a taparse los ojos, cuando se recuperó, el monstruo, a pocos metros sobre el suelo, dio una vuelta vertical sobre sí misma, golpeando a Link con su cola, éste pudo notar cómo algo puntiagudo atravesó su armadura y penetró en su abdomen, mandándolo a volar a varios metros. Voleph, quién estaba enfadado y repleto de quemaduras, corrió hacia la Rathian y golpeó la cola del monstruo con su espada (Gracias al alcance de la arma, el golpe fue un éxito). La Rathian se destavilizó y cayó al suelo. Deela aprovechó para dispararla con una serie de proyectiles especiales, cuando impactaban dejaban ir una corriente de alta intensidad que pasaba por todo el cuerpo de la Rathian. Ésta se levantó velozmente, volvió a remontar el vuelo, pero no sin disparar otra bola de fuego a Deela, ésta vez no la pudo esquivar, la mandó al suelo. La bestia, voló alto, y desapareció de entre las nubes.
-¡Madre mía!- Exclamó Voleph atónito e indignado, envainado su espada.- ¡Ése bicho no suelta prenda!
Link, aún estaba en el suelo, su cuerpo presentaba espasmos, su vista se nublaba, no tenía fuerzas para ponerse de pie. Voleph fue a socorrerle en cuanto le vio, sacó un frasco con un líquido azul claro, y se lo hizo tomar con cuidado, entonces los espasmos cesaron y Link se levantó con la ayuda de su compañero.
-Me dijeron que podía envenenar a sus presas así que compré antídotos.- Dijo mientras ayudaba a su compañero a sostenerse en pie.
-Una gran idea.- Respondió con debilidad, aunque agradecido.
Argos, quién ayudaba a Deela a apagar el fuego de su armadura y a levantarse, miró a sus dos compañeros, ambos se acercaron a ellos.
-Menudo primer asalto ¿Eh?- Dijo el lancero con una pequeña sonrisa resignada.
-No sabía que la Rathian fuera tan agresiva.- Escupió Deela con rabia.
-Espera ver al Rathalos, el macho de su especie.- Respondió él.
Los cuatro se juntaron, magullados, cansados, y algunos quemados. El silencio volvió reinar en el lugar.
-Compañeros, saquen las pociones.- Ordenó Argos con algo de pitorreo, todos sacaron un frasco con líquido verde y le quitaron el tapón. El lancero alzó su frasco.- ¡Por el segundo asalto!- Todos repitieron las palabras de su compañero y chocaron los frascos, como si fuese un brindis. Se bebieron la poción de un trago, luego a los cuatro les vino una arcada, era una bebida asquerosa.-Bueno, sigamos.- Dijo mientras se recuperaba de tal desagradable brebaje.
Todos asintieron y arrancaron a correr para volver al bosque.
Cerbero estaba cada vez más furioso, sus ataques más fuertes a cada momento, Hércules se enfrentaba al monstruo de cara, esquivando sus zarpazos y contraatacando con su arma, Kairi usaba su agilidad para atacar por los lados mientras que Ganondorf lo enfrentaba con sus puños. Llevaban un buen rato de pelea, pero Cerbero no mostraba cansancio alguno, el semidiós sabía que no irían a ninguna parte luchando cada uno por su cuenta.
-¡Necesito que alguien distraiga a Cerbero!- Soltó Hércules bloqueando uno de sus ataques.- Ganondorf, ¿Tú podrías?
-Ya que es una petición, lo haré.- El susodicho cargó otro puñetazo oscuro y le golpeó al pecho del monstruo, haciéndolo retroceder.
-¡Kairi, necesito que me ayudes!
La joven, al oír a su amigo no tardó en ir junto a él, éste envainó su arma, apretó ambos puños y se concentró, todo su cuerpo empezó a brillar, flexionó las piernas y extendió ambos brazos, uno a cada lado, con las manos abiertas, de cada una de sus palmas, apareció una bola de luz dorada.
-Usa tu llave espada, al golpear una bola saldrá disparada, apunta a Cerbero.- Dijo sin apartar la mirada.
Kairi, algo confusa, miró al enorme can, quién mantenía su pelea con Ganondorf, ella se posicionó tras una de las bolas de luz, sin dudarlo, empuñó su arma como si fuera un bate y golpeó fuertemente, la bola salió disparada hacia Cerbero, quién le dio de lleno. El impacto le dolió, pero no fue suficiente para tumbarlo, él desvió la mirada de una de sus cabezas al dúo mientras que las otras dos se concentraban en el gerudo, que no paraba de atacar al monstruo saltando hacia él e intentando golpearle con patadas y puñetazos. Cerbero, harto de Ganondorf, le dio un rápido y fuerte golpe con su zarpa para mandarlo lejos, el gerudo, sin poder hacer nada, chocó con una de las paredes rocosas, causando un desprendimiento, las rocas cayeron sobre el hombre y lo cubrieron por completo. Kairi se horrorizó ante ésa escena.
-¡Kairi, la segunda esfera, vamos!- Gritó Hércules con prisa, vio cómo Cerbero se giraba para encarar al dúo.
Ella obedeció se posicionó tras la esfera de luz restante, pero pensó algo nuevo, en vez de golpearla, hundió a "Prometida" en ella, de algún modo, la llave-espada absorbió la luz de la bola, haciendo que la hoja resplandeciese con luz dorada. Ella se puso en guardia, Hércules, desconcertado, desenvainó, no entendía que había hecho su amiga. Cerbero, ya rabioso del todo, se acercaba lentamente, de sus tres bocas salía espuma blanca, finalmente empezó a correr, mientras que ambos se preparaban para la embestida. De repente, un gran ruido hizo eco por toda la caverna, algo interceptó a Cerbero, embistiéndolo por un lado, tumbándolo en el acto. Quién había embestido al monstruo, solo podía ser Ganondorf, pues era el único a, parte de ellos dos, que estaba en esa sala, pero lo que se encontraba sobre el enorme can, no era humano: Se trataba de otro monstruo cuadrúpedo igual de grande que Cerbero, pero se asemejaba a un jabalí de pelo negro por la parte de arriba, blanco por debajo, un extraño patrón de pelo claro en forma de líneas angulosas en las extremidades, cola rojiza, una extraña melena de león del mismo color, garras en vez de pezuñas y un par de colmillos que se asomaban de su hocico hacia delante. Kairi se fijó que llevaba el mismo adorno de la cabeza que llevaba Ganondorf. Cerbero intentaba zafarse, pero el monstruo lo aprisionaba contra el suelo con sus fuertes garras semejantes a manos humanas, el can, en un intento desesperado, abrió las fauces de sus tres cabezas para disparar, cada una, una bola de fuego, las tres impactaron, dos en el pecho del ser y una en la cara, el otro en respuesta, soltó un enorme rugido, con él, empezó a escupir un extraño humo negro directo al enorme perro, que empezó a soltar gritos de dolor, incluso daba lástima verlo así.
-¡No dejéis que mate a Cerbero!- Una misteriosa voz de hombre se dejó oír ante todo el ruido.- ¡Usa tu llave para devolver a tu amigo en su forma original!
Kairi se dio por aludida, vaciló al principio, pero finalmente arrancó a correr antes de que Hércules pudiese reaccionar. La chica, cuando estuvo lo suficientemente cerca, pegó un gran salto para alcanzar la cola roja del monstruo, escaló por ella hasta llegar a su lomo. Cuando estuvo sobre la criatura, la luz de su llave-espada brilló con más intensidad, de alguna forma Kairi sabía que hacer, puso su arma boca abajo, en vertical, y la clavó en la espalda de la criatura. El chorro de humo negro se paró de repente, el monstruo empezó a dar pasos torpes sin rumbo mientras gritaba, cosa que Cerbero aprovechó para zafarse de él. La barrera de luz desapareció completamente, al enorme can le faltó tiempo para huir de la caverna, adentrándose en lo más profundo del Inframundo. El enorme monstruo dejó de luchar y se desplomó al suelo rocoso mientras que la pelirroja seguía sobre su lomo. Un humo negro envolvió a la criatura y a Kairi por completo durante un instante, cuando el humo se disipó se podía ver a Ganondorf tendido en el suelo y a la chica sentada sobre su espalda, aunque ella se quitó de ahí rápidamente.
-Vaya, no me esperaba todo ésto.- Dijo el semidiós caminado hacia el gerudo para socorrerlo, lo levantó y pasó uno de sus brazos sobre su hombro, el hombre no respondía, pero respiraba, luego el héroe sonrió.- Pensaba que ya descansabas en paz, Auron.
De entre la oscuridad, apareció un hombre alto de mediana edad, vestido con una larga gabardina roja con una hombrera al lado izquierdo sobre una especie de camiseta oscura de cuello alto y pantalones a juego, botas negras con protecciones de hierro y un gran ceñidor azul dónde colgaba lo que parecía ser un botijo, tenía el pelo oscuro con algunas canas, tez morena y su ojo izquierdo oscuro, el derecho tenía una larga cicatriz y permanecía cerrado, su brazo izquierdo cargaba una gran espada de un solo filo sobre su hombro mientras que el izquierdo permanecía colgado dentro de la gabardina, como si lo tuviese roto. Auron se acercó, su expresión fría intimidó un poco a Kairi, aunque no lo veía como una amenaza.
-No podía dejar que Cerbero muriera, causaría que todas las almas de aquí se descontrolaran.- Dijo él.
-Gracias, no me paré a pensar en ello.- Respondió Hércules con una sonrisa amarga.
-¿Qué demonios...?- Ganondorf empezó a despertar.
-Me habías asustado.- Le reprochó Kairi al gerudo de forma seria mientras que Ganondorf a duras penas la escuchaba.
-Bueno, ya que estamos todos, os puedo guiar hasta Hades si es lo que queréis.- Dijo el guerrero con serenidad.
Hércules y Kairi asintieron, y, lentamente, los cuatro empezaron su marcha.
El grupo de cazadores avanzaba sin vacilación en busca de su presa, ya había escapado unas cuantas veces, pero sabían que no le podían quedar muchas fuerzas. Aunque estaban agotados, no les impedía avanzar por el bosque de Moga. Con cada escaramuza que tenían con la Rathian, su determinación aumentaba, mientras que el monstruo estaba cada vez más débil. Mientras avanzaba, Link no podía evitar recordar su batalla con el Deviljho, ahora estaba mejor preparado para enfrentarse a él, aunque estaría solo. Cómo fuese, los cuatro llegaron a una zona despejada de árboles, cerca de su campamento, allí se encontraba su objetivo, comiéndose a un monstruo herbívoro que había cazado mientras huía.
-¡No dejéis que recupere fuerzas!- Exclamó Deela, apuntando su ballesta hacia la Rathian.
El reptil miró por encima del cuerpo de su víctima, su morro estaba manchado de sangre y de sus fauces colgaban restos de carne. La cazadora disparó otra ráfaga de proyectiles eléctricos, impactando al pecho de la criatura, aunque pareció que no le afectase, ella sabía que le dolió.
-Link, ven conmigo.- Dijo Voleph desenvainando su arma.
El hyliano se posicionó a su lado, imitando a su compañero y activando el modo de espada de su arma. Ambos empezaron a acercarse al reptil lentamente, mientras que la Rathian pasó por en cima del cadáver y fue acercándose al dúo.
-Si querías llamar su atención, lo has conseguido.- Murmuró el rubio algo sarcástico.
La Rathian echó dos pasos hacia atrás, su boca, aparte de estar repleta de restos de carne, empezó a arder, todos sabían lo que éso significaba. El reptil abrió sus fauces para escupir un chorro de fuego, cunado empezó su ataque, algo bloqueó las llamas, Argos se interpuso entre ella y el grupo con su gran escudo en alto, aguantando el tremendo calor. En ése momento, Voleph y Link se acercaron al monstruo, uno por cada lado para empezar a pegar mandobles al cuerpo del dragón. Cuando la Rathian lo notó paró su ataque en seguida, cosa que Argos aprovechó para hundir su lanza en el pecho escamoso del monstruo, éste empezó a chillar de dolor. Finalmente Deela cargó un proyectil perforador y lo disparó directo a la cabeza de la Rathian, acallando sus gritos de agonía para luego desplomarse sobre el suelo. Al verlo, el grupo, totalmente agotado, se reunió para chocar los puños los cuatro a la vez.
-Al fin...- Mustió Argos.
-Amigos, ha sido un privilegio trabajar con vosotros.- Dijo Link sonriente.
