Hades estaba sentado en su trono de piedra, con las manos tapando su cara y inclinado hacia adelante, intentando conseguir algo de serenidad, cosa que no podía conseguir. Arktos entró a sus aposentos con tranquilidad aunque serio.
-Ahora tu antiguo campeón, Auron, los guía hasta aquí.- Dijo cruzándose de brazos.
-El plan falla, aparece la niña con la llave-espada, tumban a Cerbero y algún idiota me destroza la puerta...- Murmuró él, apagado, alzó su rostro para ver al guerrero.- Dime, ¿Realmente a un dios le puede salir todo tan mal?
-Tranquilo, he tomado medidas al respecto.
-¿Medidas?- El dios se levantó de su trono entre sorprendido y animado.
-Si, aprovechando que estaba aquí, en el Inframundo, y que sé un poco de historia, fui cerca de las puertas del Tártaro.- Respondió sin más.
-El... Tártaro...- Hades tenía los ojos abiertos como platos.- El, el, el...- Intentaba gesticular, pero no podía.- ¡¿El tártaro?!- Exclamó con sus ojos enrojecidos, las llamas de su cabeza se volvieron rojas y se extendían hasta llegar a sus brazos, ardiendo con más fuerza que nunca. Se acercó a Arktos y lo agarró de los hombros apretándolo con fuerza. Acercó tanto su cara a la suya que sus frentes case se tocaban.- ¡¿Acaso quieres morir?! ¿¡Qué demonios has hecho allí?!
-Exactamente, dos cosas muy simples.- Respondió quitándose a Hades de encima con tranquilidad.- Primero he abierto un poco una de las puertas, ya que solo las manos de un mortal las puede abrir.- Ésas palabras le sentó al dios como si le apuñalaran en el pecho con una lanza.- Lo segundo fue llamar a unos extraños seres: La prole del Tártaro, o algo parecido, para que nadie se acercara.
-¿Cuando lo hiciste?- Preguntó sin poder creerlo.
-Ayer.
-¡Maldición, maldición, maldición!- Empezó a gritar dándose la vuelta, mirando a su trono, intentando tranquilizarse.- Bueno, aún ay tiempo, puedo arreglarlo.
-Ha escapado un titán.- Soltó Arktos con media sonrisa, volviendo a cruzarse de brazos. Hades se volvió a girar, estaba incrédulo.- Se parecía a una estatua de arcilla andante, ha matado a los guardias que custiodaban la puerta.
-No, no, no ,no...- Empezó a negar con la cabeza, luego miró al guerrero a los ojos.- ¡¿ Y cómo has podido evadir a los guardianes hecatónquiros?!
-Dije que iba de tu parte, éso es todo...
-Chico...- Hades estaba furioso, pero intentaba controlarse.- ¿Sabes lo que has hecho? Has liberado al titán vástago de Prometeo, buscara la destrucción, no solo del Olimpo, también de todo éste mudo. Es el único titán capaz de abrir paso a los titanes mayores.
-Por éso, creí que te gustaría reunirte con el resto de tu familia, ¿No fuisteis tú y tus hermanos quiénes enceraron a vuestro padre, Cronos?- Luego reflexionó.- Ah no... Que intentó devoraros, es cierto... Bueno ahora poco importa.
-¡Bastardo!
Hades lanzó un puñetazo a Arktos, aunque éste se echó a un lado para esquivarlo y luego dio un salto hacia atrás para tomar distancia.
-¡Nos has condenado!
-¿Acaso crees que me importa?- Arktos no podía ocultar su sonrisa.- Ésta será la última vez que me verás.
-¡No te falta razón!
El dios concentró su poder en una esfera de fuego en la palma de su mano, ésta creció hasta ser del mismo tamaño que Hades. La lanzó hacia Arktos e impactó, explotando en una nube de humo y llamas. Cuando el humo se disipó reveló un enorme muro de hielo, gran parte derretido, y nadie detrás de él, Arktos había escapado. Hades, en plena cólera, destruyó el muro con otra bola de fuego. Tras éso, respiró un poco e intentó tranquilizarse, no podía perder el tiempo en buscar al traidor.
-¡Sombras!- De repente unos cinco entes flotantes aparecieron a su alrededor, eran fantasmas con forma de esqueleto humano vestidos con largas túnicas moradas con capucha, en lugar de piernas, le salía un extraño vapor verde de debajo de sus túnicas.- Quiero que un grupo pequeño vaya a buscar al titán, salid del Inframundo si es necesario, las demás, id a cerrar la puerta del Tártaro. ¡Vamos!
Los entes asintieron para luego irse a toda prisa, se oyó un gran grito agudo al exterior, luego lo acompañaron otros chillidos parecidos, las sombras se habían mobilizado.
-Será mejor no decir nada, de momento...- Murmuró mirando para un lado y para otro
En aquél momento, Auron, quién ya conocía todos los recovecos del Inframundo, guiaba a Hércules, Kairi y Ganondorf, éste último aún estaba algo mareado. El acostumbrado silencio espectral de las cavernas estaba siendo interrumpido por perturbadores gritos tremendamente agudos y estridentes. Auron se paró en seco.
-Las sombras del Inframundo perecen muy revueltas...-Murmuró.
-¿Sombras?- Kairi se puso en guardia.- Pensaba que Hades no usaría a los sincorazón.
-Tranquila, no se refiere a ésas sombras.- Dijo Hércules posando su mano sobre el hombro de la chica, ella se extrañó.- Se refiere a espíritus que deambulan por el Inframundo, siguen las órdenes de Hades, aunque no suelen ser peligrosas.
-Tenemos que saber que pasa aquí, puede que estemos en peligro.- Se notaba prisa a la voz del guerrero.
-Tienes razón.- Respondió el semidiós.
-¡Un momento!- Ganondorf, quién había estado callado desde entonces, se acercó a Auron, parecía molesto.- ¿Ahora decís que queréis dejar de buscar a Hades?
-En efecto.-Anunció Hércules.
-¡Inadmisible!- Gritó con furia.- No voy a dejar que por algo tan trivial cómo un grito de un fantasma me aparte del camino.- Los demás se quedaron callados. El gerudo resopló.- Da igual, continuaré solo.
-Espera, Ganondorf, puede ser peligroso...- Empezó a decir Kairi.
-Para mi no, tendría que haber ido solo desde el principio.- En ésas, empezó a caminar, alejándose del grupo.
Kairi intentó decirle algo al respecto, pero Hércules la detuvo posando una mano sobre su hombro, cuando ella se volteó para ver a su amigo, él negó con la cabeza. Al fin dejaron que el gerudo se váyase, lo observaron mientras se alejaba hasta que la oscuridad le envolviese del todo.
-No me gusta dejarlo a su suerte, pero creo que ésto es más prioritario.- Dijo el héroe.- Auron, ¿Qué crees que deberíamos hacer?
-Necesito algo de silencio.- Sus dos compañeros, algo confusos, no mediaron palabra, solo se podían escuchar los gritos de las sombras que no paraban quietas. Al cabo de unos veinte segundos, Auron se dirigió al dúo.- He entendido una palabra: "Superficie".
Hércules se quedó estupefacto, parecía que el horror estaba en su mirada, pues estaba inmóvil. A Kairi le preocupó ése echo, ella, por si acaso, revisó su bolsillo para confirmar que tenía la piedra de invocación a mano, en aquél momento era una de sus más valiosas armas.
-¿Entonces tenemos que volver a la superficie?- Al fin la joven logró sacar al semidiós de su trance.
-Eh...Si... Si, tenemos que revisar, al menos yo no estaré tranquilo hasta comprobar que el coliseo está a salvo.
-Con lo que costó reconstruirlo después de lo de la Hidra, ¿Verdad?- Resopló Auron con un pequeño dejo de sarcasmo.- Os acompañaré, creo que no os vendrá mal un guardaespaldas.
-Por supuesto.- Respondió la pelirroja.
Los tres asintieron para luego arrancar a correr en dirección a la superficie.
El Sol se ponía en la aldea de Moga, todos los lugareños se habían enterado de la muerte de la Rathian, la mayoría estaban esperando al grupo de cazadores para darles las gracias, el centinela dio el aviso de que el grupo se acercaba muy lentamente desde el bosque, aunque no venían solos.
-Están arrastrando algo...- Mustió el centinela.
-¿Es lo que creo que es?- Su compañero se mostraba atónito.
-Creo que si...
-¿Es legal hacer eso?
-Pues, la verdad... No tengo ni idea.- El centinela se rascó la cabeza.
Los cuatro cazadores tiraban de una gruesa cuerda cada uno, ésas cuerdas, a su vez, estaban atadas al cuerpo muerto de la Rathian.
-Menuda idea, Voleph...- Murmuró Deela mirando con recelo al enorme hombre, se mostraba agotada y molesta.- Dudo que a nadie más se le haya ocurrido ésta idea.
-No me extraña.- Dijo Link sin apartar la mirada del frente.
-¿Que queríais que hiciese?- Voleph intentaba escudarse cómo podía.- Vosotros matáis a monstruos, los troceáis un poco y luego los dejáis ahí tirados para que se pudran. ¿¡Sabéis la cantidad de armas y armaduras que se puede hacer con un monstruo entero!?
-Pues toda para ti, amigo.- Dijo Argos, ya agotado.- Solo espero que el gremio de cazadores no se entere de que estamos llevando un monstruo de más de trescientos quilos a un herrero, ni quiero saber la cara que pondrá cuando la vea.
-Dijisteis que sería la última misión juntos.- Respondió Voleph.- Pues ahí tenéis un bonito recuerdo.
Tras una larguísima hora llegaron hasta la aldea de Moga, dónde les recibieron todos muy sorprendidos al ver la enorme criatura muerta frente a ellos.
-¡Agua!- Gritó Argos con desesperación, su cara estaba roja y empapada por el sudor. Sus compañeros mostraban signos de cansancio, aunque no tan dramáticos.- Necesitamos agua...
Uno de los aldeanos fue a buscar bebida para los cazadores, mientras tanto, el herrero se acercó al grupo, se miró a la Rathian abatida de arriba a bajo.
-¿Tengo que tomármelo cómo trabajo?
-Lo que sobre te lo puedes quedar, viejo.- Respondió Voleph.
-Dejadlo aquí, de momento...- Resopló.- Veré que puedo hacer.
Los tres volvieron al coliseo al fin, cuando se acercaron a la entrada, pudieron ver a Fil abriendo las puertas y aproximandose al grupo a toda prisa.
-¡Herc, HERC!
-¿Qué sucede, Fil?
-¡Se acerca, se acerca!- El sátiro intentaba vocalizar, peo le era complicado debido a su nerviosismo.-¡Ti-ti-ti-TITÁN!
En ese preciso instante, la tierra tembló al son de unos pasos, cada vez eran más intensos, incluso los muros del coliseo se tambaleaban. Hércules se sorprendió, se mostraba incluso algo temeroso, desenvainó su espada inmediatamente, luego se dirigió a sus compañeros.
-Sé lo que se aproxima, será una lucha muy peligrosa, no os puedo obligar a pelear.- Hizo una brebe pausa para soltar un suspiro.- Si queréis huir, estáis en vuestro pleno derecho.
-Huir...- Murmuró Auron soltando una pequeña risa amarga.- Sabes muy bien que yo no pienso huir.
-Ni yo.- Añadió Kairi con decisión, invocó su llave-espada. Incluso Auron se sorprendió por el semblante serio de la joven.- Ni siquiera he encontrado la cerradura, así que aunque me marche no habré avanzado.
-Vaya...- Hércules suspiró.- No os voy a negar que permanecer aquí será muy peligroso, así que si queremos luchar, debemos permanecer unidos, pero tampoco podemos confiar en que un compañero nos proteja, ¿Me explico?
-En la ofensiva atacar todos juntos, pero a la hora de defendernos debemos ser lo suficientemente independientes.- Dijo Auron. Hércules asintió.
Hércules lideró la marcha hacia el interior del coliseo, seguido por muy de cerca por Kairi, Auron iba tras ellos e incluso Fil les acompañó. Una vez en la arena, notaron que el ambiente estaba cambiado: El cielo había tomado un color rojizo, aunque la hora del crepúsculo no había llegado aún, el aire estaba viciado y el suelo estaba más caliente de lo común. Todos vieron cómo una bandada de pájaros volaban en dirección contraria de dónde provenían los fuertes y terroríficos pasos. El semidiós se colocó los dedos pulgar e índice para dar un silbido que hizo eco.
-¿Acaso estás llamando al titán, Herc?- Preguntó Fil, extrañado.
-A Pegaso, necesitaremos toda la ayuda posible.
-En ese caso...- Kairi sacó de su bolsillo su amuleto de invocación, Arkantos le había brindado una ayuda decisiva durante las dos veces que lo invocó, y se hacía una cierta idea de lo que les venía encima. El amuleto volvió a brillar con luz dorada, ésa misma luz creó una columna desde el cielo hasta la arena, de ella emergió el magnífico guerrero de armadura dorada armado con su lanza plateada.- Amigos os presento a...-
-¡Arkantos!- Exclamó Hércules, cortando a Kairi.
-¿Os conocéis?- Preguntó ella, confundida.
-Alguna ocasión luchamos juntos.- Respondió el guerrero invocado, luego, se dirigió a Hércules.- Es un honor volver a luchar de tu lado, Hércules, hijo de Zeus.
-Lo mismo digo, tener al mejor héroe de la Atlántida de nuestro lado es un privilegio.
-Eh, compañeros, dejemos de hacernos la pelota, creo que lo que se aproxima requerirá toda nuestra atención.- Auron consiguió que el grupo volviese a ponerse serio, pues los pasos ya estaban muy cerca.
Todos encararon la pared del coliseo, sabían que detrás de ella estaba el peligro. De pronto, los pasos pararon, hubo un silencio sobrecogedor, solo se podía oír el viento que silbaba entre las paredes de roca. Estaban en guardia, todos ellos, esperaban lo peor, sabían que tras los muros del coliseo aguardaba, silenciosamente, aquél que ansiaba la destrucción. Sin previo aviso, por encima del muro aparecieron unas diez bolas ardientes que impactaron al suelo, frente al grupo. Ésas bolas, ya en la arena, empezaron a moverse, cada vez más violentamente, hasta tomar la forma de seres con aspecto humano, de unos dos metros y hechos de arcilla.
-¡Son los prometeos, acabad con ellos o surgirán más!- Exclamó Arkantos mientras se abalanzaba hacia ellos sin piedad.
El resto imitaron el gesto, mientras tanto, las criaturas, empezaron a avanzar de forma torpe y descordinada hacia ellos. El atlante atravesó el primero con su lanza, éste cayo muerto al instante, Hércules le seguía de cerca, quién derribó a dos con una embestida, luego les rebanó el cuello con su espada, Auron tampoco tenía dificultad, pues, pese a cargar con una espada tan pesada cómo ésa, era sumamente rápido, así podía despachar a varios enemigos en unos pocos ataques, rápidos pero tremendamente contundentes, pues fue capaz de cortar por la cintura a tres prometeos antes de que le tocasen, Kairi usaba su agilidad para esquivar los lentos puñetazos de los enemigos, debido a su condición física, le llevaba algo más de tiempo acabar con ellos, pero cuando se veía con dificultades, echaba mano de su magia elemental para acabar el trabajo, Fil era quién tenía más dificultad, pues al igual que los enemigos, solo disponía de sus puños, así que para él era un mano a mano contra sus enemigos, y, pese a su edad bastante avanzada y a su corta estatura, su agilidad de sátiro y sus fornidos brazos eran suficientes para defenderse. Kairi estaba sorprendida, en poco tiempo, ella y sus compañeros acabaron con sus enemigos, se sentía bien, notaba que cada vez más era mejor en el combate. Aquella buena sensación no tardó en esfumarse, un colosal rugido asoló todo el coliseo, una enorme mano empezó a asomar por lo alto de uno de los muros hasta agarrarlo por la parte superior, luego otra. El grupo se puso en guardia, no se podía negar que estaban nerviosos, la joven notaba que le temblaban los brazos. Finalmente, por lo alto del muro, asomó una enorme figura de aspecto humano. Todos se asombraron al ver aquél ser parecido a las criaturas que acababan de vencer: Era un ser hecho de lo que parecía ser arcilla sólida de un tono grisáceo adornada con piedras y restos de madera podridos, su figura era la de un hombre fornido, y su cabeza sólo disponía de una gran boca sin dientes y unos ojos amarillos amenazantes. Kairi, al igual que Fil, estaba aterrada, incluso Hércules se mostraba nervioso, los únicos que intentaban mantener la compostura eran Arkantos y Auron. El monstruo se los quedó mirando en silencio, primero a uno, luego a otro... Parecía un niño pequeño decidiendo qué dulce comer.
-Va a costar...- Mustió Auron finalmente.
-Nadie lo puede vencer directamente.- Murmuró Arkantos.- Necesitaremos ayuda divina...
El titán no esperó más, empezó a golpear el muro cual gorila para poder pasar, no parecía ser capaz de saltarlo, aunque le llegaba por la cintura. Cada impacto provocaba que la pared de gruesa roca se resquebrajase cada vez más.
-¡Herc, es demasiado grande!- Fil parecía estar al borde de la histeria.- ¿Seguro que quieres luchar?
-Tampoco podemos huir.- Respondió el semidiós.- Cuando traspase el muro, será nuestra oportunidad de atacar.
-¡También la suya!- Exclamó Kairi.- Deberemos separarnos para no ser un blanco fácil.
El ser finalmente destruyó por completo el muro que le separaba del grupo, dejando ver su figura por completo, más o menos eran unos cincuenta metros de monstruo. Dio un paso hacia delante, él sólo vehia pequeñas figuras que se movían alrededor de su pie. No dudó, eligió a una de ellas y lanzó un tremendo golpe con ambos puños. A causa del impacto, Kairi, quién era la más próxima, pudo esquivarlo, pero no pudo evitar salir evitada a causa de la gran fuerza del golpe. Aterrizó cómo pudo, aunque se las arregló para recuperarse rápidamente. Cuando el polvo se disipó, pudo ver a Auron subiendo por el brazo del coloso. Corría cómo si fuese por un camino llano, algo sorprendente. Cuando llegó al hombro, empuñó con fuerza su espada para lanzar un fuerte mandoble al cuello. El monstruo ni se inmutó, simplemente se llevó la mano al cuello, agarró al guerrero y lo lanzó contra el suelo. Auron aterrizó violentamente, adolorido. Kairi fue rápidamente a ayudarlo, junto con Arkantos, ambos le ayudaron a levantarse.
-Es fuerte...- Mustió.
-Auron, deja que te cure.- Empezó a decir ella.
-No, guarda tu magia, la vas a necesitar.- Respondió.
-Tiene razón, Kairi, si quieres sobrevivir tendrás que pensar por tu propio bienestar.- Le reprochó Arkantos.- Y también en confiar en las fuerzas de tus compañeros de armas.
En aquél momento, Hércules, junto con Fil, estaba frente al titán, éste volvió a atacar, ésta vez con un solo puño. El semidiós agarró el colosal puño con ambas manos, frenando su avance, aunque con gran dificultad. Fil iba animando a su pupilo. Kairi y Arkantos dejaron reposar a Auron y se lanzaron al ataque. Imitaron en cierto modo al guerrero, pues ambos ascendieron por el brazo, aunque ésta vez cada uno acabó en un hombro diferente, uno a cada lado. El atlante pegó un salto final para llegar a lo alto de su cabeza y clavar ahí su lanza. El titán empezó a sacudir con la cabeza, cosa que obligaba a Arkantos a aferrarse a su arma para no caerse. Kairi al ver éso se dio cuenta que la espada de Auron aún estaba clavada en el cuello del monstruo, entonces un pequeño plan se le ocurrió. Su llave-espada empezó a desprender una luz gris, ésa luz pasó a su mano izquierda.
-¡Magneto!
La misma luz llegó a la espada del guerrero, atraiéndola hacia la chica, desgarrando el cuello del monstruo. Cuando la espada llegó a ella, intentó empuñarla, aunque dado su peso, Kairi se desestabilizo, perdiendo el equilibrio. Se vio obligada a clavar su llave-espada en el hombro del titán para no caerse al vacío. El monstruo se estaba desquiciando, pues sus movimientos eran cada vez más fuertes. A causa de éso, Kairi soltó accidentalmente la espada de Auron, ésta cayó a la arena. La pelirroja al final soltó la empuñadura de su arma, cayendo también al vacío. En plena caída, ella cerró los ojos con fuerza, estaba todo perdido para ella... Desde abajo, Auron, al ver a Kairi cayendo, intentó colocarse para atraparla antes de que impactara contra el suelo, pero su pierna estaba herida, no podía evitar cojear, así que era demasiado lento. Pero algo pasó, el cuerpo de la joven fue rodeado por una luz blanca, creando una esfera, quedando ella en el interior. Cuando impactó contra la arena, la esfera se rompió en mil pedazos, pero la chica parecía estar bien, pues se levantó por su propio pie.
-Estoy... ¡Viva!- No se lo podía creer, estaba feliz, no cabía en su jubilo. Luego miró arriba.- Oh no, Arkantos...¡NO!
El atlante tampoco podía aguantar más, así que se soltó, para él sí que parecía haber acabado todo. Súbitamente, una veloz sombra descendió de los cielos, recogió a Arkantos y aterrizó en tierra firme. Kairi pudo ver a su compañero sobre los lomos de un majestuoso caballo blanco de crines y cola azules y dotado de un par de hermosas alas blancas. El atlante parecía estar a salvo.
-¡Pegaso!- Exclamó Hércules.- Me alegra verte, amigo.
-Veo que soy el único que no aterriza en condiciones...- Murmuró Auron mientras recogía su espada del suelo.
De pronto, una enorme sombra se les echó encima, todos miraron hacia arriba para ver el enorme pie del titán, les iba a aplastar. Intentaron huir, pero no les daba tiempo.
-¡Agachaos!- Gitó Hércules.
Todos obedecieron, excepto Fil, que parecía no necesitarlo. El semidiós plantó ambas manos a la planta del pie del titán, frenándolo en el proceso.
-¡Huid, no voy a poder aguantar!
-No te dejaremos aquí.- Espetó Arkantos.
De pronto algo se aproximó al coloso, parecía un cohete que volaba directamente a su cara, aunque era de color púrpura. Ése cuerpo extraño impactó directamente dónde debería tener la nariz, haciendo que el monstruo se tambalease. El grupo aprovechó ése momento para alejarse del colosal pie del monstruo, luego, pudieron ver que el ser se recuperaba del golpe, mientras que una figura descendió, aterrizando entre ellos y el titán.
-¡Ganondorf!- Exclamó Kairi, estaba muy sorprendida, al igual que el resto del grupo.
-¡Gigante estúpido! Te doy una alternativa: Sé mi aliado o muere. ¿¡Qué me dices!?- El titán, furioso, soltó un potente rugido que ensordeció a todos los presentes, aunque el gerudo fue el único que no se inmutó.- Lo tomaré cómo un no...
El titán empezó a avanzar nuevamente hacia sus enemigos, ellos se volvieron a poner en guardia.
-¡Esperad!- Anunció Arkantos.- Hércules, tengo que pedirte que te quedes atrás.- El semidiós no comprendía a su colega, éste intentó explicarse mejor:- Sólo le podremos vencer con el poder de un dios, intenta hablar con tu padre.
-No creo que nos ayude.
-A mi me ayudó en su día, intentémoslo.- Luego se dirigió a sus demás compañeros.- Tenemos que conseguir que el titán retroceda.
-Estás desarmado, nosotros nos ocuparemos.- Espetó Auron.
Hércules retrocedió con recelo, hincó una rodilla y empezó a meditar, mientras que Arkantos y Fil se quedaron frente él, los demás estaban frente el titán. Kairi se preparó para luchar: volvió a invocar su arma, que desapareció del hombro del titán y volvió a aparecer en su mano. Notó algo tocándole el hombro, se volteó para ver a Pegaso. Ella le comprendió al instante, montó sobre su lomo y ambos arrancaron el vuelo en dirección al titán. Ganondorf se paró para observarlos, se mostraba algo celoso, pero luego negó con la cabeza.
-No necesito un potro con alas para tumbar a ése monstruo.- Dijo para él mísmo.
Auron soltó una pequeña risa, entonces puso su mano sobre su "botijo" para luego destaparlo.
-¡Intentaré retrasarlo un poco!- Gritó.
Auron llenó su boca con el contenido de ése recipiente para luego escupirlo sobre la hoja de su espada, ésta empezó a desprender una energía con forma de llamas negras, agitó su mandoble verticalmente y ésa aura salió disparada en forma de esferas oscuras que impactaron directamente sobre el cuerpo del monstruo, éste retrocedió.
-¡Creo que le podré hacer caer, pero necesito tu ayuda, Ganondorf!- Pidió Kairi a lomos de pegaso.
-¡Si, por supuesto que la necesitas!- Dijo cómo si fuese algo obvio, luego se fijó qué el titán volvía a acercarse.- ¡Retrocede y carga contra él, espero que pongas todas tus fuerzas en ése ataque!
Ella asintió con decisión, se alejó por un momento, paró y tomó aire. Acarició la crin de Pegaso.
-¿Preparado?- Susurró a la oreja del equino. Pegaso relinchó con fuerza y decisión.
Ambos volvieron a la carga, Kairi concentró toda la energía que le quedaba en su arma, ésta empezó a brillar con luz blanca. Mientras cargaba, vio a Ganondorf pegar un gran salto en la misma dirección, notó que todo su brazo derecho ardía con llamas púrpuras. Arkantos se quedó mirando aquella escena asombrado.
-Puede que no os pueda ayudar directamente, pero...
El atlante puso toda su alma en un gran grito de guerra que resonó por todo el coliseo, de pronto Kairi y Ganondorf fueron rodeados por llamas azules, la joven se sentía con más fuerzas, lista para acabar con el titan. Finalmente, Kairi clavó su llave espada en la frente del monstruo al mismo tiempo que Ganondorf efectuó su puñetazo cargado de poder oscuro justo a su lado, el titán no pudo evitar caer de espaldas violentamente. Kairi se quedo en el aire a lomos de Pegaso, el gerudo, en cambio, cayó junto el monstruo, aunque no se hizo ningún daño al aterrizar. Ganondorf bajó de encima del enorme ser, aunque éste se volvió a levantar.
-¿Cómo es posible?- El gerudo se mostraba incrédulo.
De pronto, un manto de nubes de tormenta asoló el cielo, Hércules volvía a estar de pie.
-¡Apartaos todos!- La alerta del semidiós llegó a todos sus compañeros, luego alzó su mirada a los cielos.- ¡Padre, es hora de acabar con él!
Sin previo aviso, un enorme rayo cayó sobre la cabeza del titán, la lanza de Arkantos, que aún se encontraba clavada allí, actuó cómo pararrayos, ayudando a la electricidad a entrar en el cuerpo del monstruo. Éste explotó en miles y miles de pedazos de arcilla, la lanza del atlante cayó cerca de su dueño, éste la recuperó para alzarla. De pronto, de dónde estaba el titán, apareció una cerradura negra enorme, Kairi hizo lo propio: Apuntó su llave-espada hacia la cerradura y disparó un rayo de luz hacia ella, abriéndola en el proceso.
