Snake ya había llegado al poblado de la Montaña de la Muerte, ayudando al soldado herido a caminar. La mayoría de residentes empezaron a quejarse por la presencia del acompañante de Snake, pero él los ignoró y dejó al soldado ante a un médico. Una vez hecho éso se acercó a la cabaña de Zelda, cuando pasó por la puerta se encontró a Kairi sentada en una silla, distraída mirando por la ventana.

-Vaya, veo que ya estamos todos.- Dijo el hombre sonriendo.

-¡Snake!- La joven se levantó de un salto y abrazó a su amigo con fuerza.- Me alegra verte.

-Lo mismo digo.

De pronto Zelda apareció del interior de la cabaña, con semblante serio. Snake se separó de Kairi al verla, ambos prestaron atención a la hyliana.

-¿Tenemos noticias de Link?

-Ha acabado con el Deviljho.- Respondió con un dejo de alegría.- Es un chico duro...

-¿Y dónde está?

-Me dijo que vendría después y me pidió que trajera a un soldado enemigo herido para que lo curasen.

-¿¡Qué!? No quiero bromas, Snake.- Zelda empezaba a perder la compostura.

-No miento, el soldado está siendo tratado por el médico.

-Me niego, voy a hablar con el médico ahora mismo.- Dijo empezando a andar hacia afuera.

Kairi se excusó con Snake y siguió a Zelda, hacia la gran cabaña de lona del médico.

-Zelda, tranquila, solo es un soldado.- Kairi trató de apaciguar a su amiga.

-Se trata de un enemigo, no puede quedarse aquí.- Respondió sin detenerse.

-¿Y si sus heridas son graves? No puedes dejarlo ahí fuera para que muera.

-Estamos en guerra y la estamos perdiendo.- La hyliana se detuvo y encaró a la pelirroja con semblante severo.- Cada soldado enemigo que muere supone un paso más cerca para poder recuperar nuestro mundo. Que el Deviljho estuviese aquí fue obra suya y han muerto tanto hylianos como goron para que ése monstruo no llegase hasta aquí.

Kairi no supo que responder ante la seria mirada de Zelda, tenía razones para hacer lo que quería hacer, aunque a ella no le parecía lo correcto. La hyliana reanudó la marcha hasta llegar a la cabaña del médico seguida por Kairi, quién se negaba a darse por vencida. Cuando entró en la gran cabaña pudo ver al hombre en cuestión tumbado en una de las numerosas camas mientras que un ombre anciano le trataba las heridas.

-Deja de curar a ése hombre, se trata de un enemigo!- Exclamó ella, notablemente enfadada.

-Sí, señora.- Respondió el anciano al instante. Se levantó y dejó los instrumentos quirúrgicos a un lado. Pero no pudo dar ni un paso, pues una hoja de hierro dentada proveniente de detrás suyo se poso ante su cuello.

-No, doctor, quédese, está haciendo un buen trabajo.- Gant apareció de detrás del médico, la hoja que amenazaba al hombre era la de su brazo robótico. El mercenario retiró su arma y con la mano izquierda agarró la cabeza calva del hombre y lo empujó con suavidad para que volviera a sentarse y prosiguiera con su trabajo.

-¿¡Se puede saber qué haces!?- Exclamó ella totalmente incrédula.

-Lo que debo hacer.- Respondió simplemente.- Defender a un amigo.

-Ellos han masacrado a mi pueblo.- Dijo Zelda con un tono más serio y menos nervioso.- Así que apártate.

-¿Y dejar que lo mates? Lo dudo.- Soltó con serenidad.

-Gantaro...- Mustió el hombre postrado en la cama, ahora recubierto con vendajes.

-Tranquilo, Elroy, yo me ocupo de ésto.- Respondió Gant sin voltearse.

Ambos intercambiaron una mirada desafiante, Zelda definitivamente quería deshacerse del intruso que el médico, ahora aterrado, estaba tratando. Gant ni siquiera había guardado su extraña arma, estaba dispuesto a desafiar a quién fuese para ayudar a su viejo conocido. Kairi, quién se había hartado de estar mirando ésa escena con cara de horror, tomó una bocanada de aire y se interpuso entre los dos.

-¿Que haces?- Preguntó Zelda incrédula.

-Evitar que los dos hagáis una estupidez.- Aunque la mirada de Kairi se mantenía seria, no podía evitar el leve temblor de su voz.

-Kairi, si me ayudas a ti también te considerarán una enemiga.- Dijo Gant con severidad.- Mantente al margen.

-¡Me niego!- Exclamó.- No voy a dejar que éste poblado se convierta en un campo de batalla.

-Escuchadla, amigos, parece ser la única que tiene sentido común.- Los tres pudieron oír ésas palabras que provenían desde el exterior de la tienda.- Ya veo que no os puedo dejar solos...

Los tres se quedaron confusos, Zelda, quién era la que estaba más cerca de la entrada se asomó para ver quién era, de pronto abrió los ojos de par en par y retrocedió un par de pasos. El recién llegado entró a la tienda con calma, posó una mano sobre el hombro de la hyliana para tranquilizarla, luego miró a Kairi, quién no se atrevía decir nada a causa del asombro.

-¿Acaso ya no te acuerdas de mi?- Preguntó de manera divertida.

-No me lo puedo creer...- Ella empezó a acercarse hasta que llegó justo frente a él y miró directamente a sus ojos azules. Ella simplemente lo abrazó con toda la fuerza que pudo ejercer.- Link...- Fue lo único que pudo decir.

-Vaya...- Mustió él, ése abrazo le tomó un poco por sorpresa, aunque luego le correspondió y sonrió.- Yo también te he echado de menos.- Luego vio a Gant por encima del hombro de la joven, quién finalmente guardó la hoja dentada de su brazo.- Me alegra verte a ti también.

-Ya, bueno, gracias...- Dijo el mercenario, pues tampoco no sabía que decir.

Gant se acercó a Link, quién seguía atrapado por los brazos de Kairi. Lo único que pudieron hacer fue estrecharse la mano mutuamente mientras que el hyliano seguía en su particular "prisión". Finalmente Kairi se separó de su amigo, estaba emocionada.

-Será mejor que dejemos descansar a nuestro invitado mientras lo curan.- Dijo Link, refiriéndose a Elroy.- Vayamos fuera, quiero que me contéis todas vuestras andanzas.

-¡Lo mismo digo!- Soltó Kairi con alegría.

-Link, ése soldado...- Empezó a decir Zelda con duda.

-Lo sé, también quiero hablar contigo, te debo una buena explicación.

Zelda asintió con la cabeza y salió de la tienda, los tres restantes hicieron lo mismo con tranquilidad. La hyliana, aún molesta, se fue a hablar con los goron, quiénes eran los que más desaprobaban la presencia del soldado Elroy. Gant, por su parte, se fue a hablar con , pues hacía demasiado tiempo que los dos no se veían, el cyborg se sorprendió al ver la nueva apariencia del brazo robótico del mercenario. Kairi y Link dieron un paseo por el poblado.

Mientras ambos caminaban la joven pudo observar que todo aquél con quien se cruzaban o bien saludaba a su acompañante con la cabeza o retrocedía con respeto para dejarlo pasar. El rubio no perecía sentirse demasiado cómodo ante el comportamiento de las personas con quién se encontraba.

-Pocas veces he tenido un reconocimiento así por mis actos, nunca he podido acostumbrarme...- Murmuró Link, luego volteó para ver a Kairi, quién seguía a su lado, sonriendo.- Parece ser que tú eres la única que me mira con los mismos ojos, incluso puedo notar algo de burla.

-¿Y cómo quieres que te mire?- Soltó ella con tono divertido.- Después de tanto tiempo preguntándome a dónde habías ido, y de repente apareces aquí con un vestido como el mío.- Empezó a reírse.- ¡Es buenísimo!

-Se llama túnica.- Respondió, fingiendo molestia, aunque sin demasiado éxito. Luego suspiró y sonrió.- Sabes, muchas veces me he preguntado si estarías bien, si podías superar las dificultades por ti misma. Ahora me doy cuenta que me preocupaba en vano, para bien.

-Bueno, siempre he contado con algo de ayuda, pocas veces he luchado sola.- Dijo Kairi borrando su sonrisa de su rostro.

-No me refiero a luchar, éso es lo de menos.- Respondió regando con la cabeza.- Me refiero al lidiar contigo misma, tomar decisiones importantes, ése tipo de cosas que aparentemente son simples, pero que no lo son.

-He hecho lo que he podido.- Mustió con algo de duda, acto seguido Kairi se acordó de algo.- Tu escudo, es verdad, Link, tengo tu escudo y tu arco.

-Tranquila, ya lo recuperaré.- Dijo él con tranquilidad, deteniéndose frente a una pared de roca.- Ahora voy a hacer algo que quería hacer desde que he llegado aquí... Sentarme un rato.

Kairi resopló ante la actitud de Link, aunque no dejó de sonreír. El hyliano descolgó su espada envainada de su espalda y la recostó en la pared rocosa junto a él para finalmente sentarse y recostarse en la roca. La pelirroja se extrañó al ver ésa arma, pues nunca la había visto.

-Dime, Link, y esa espada...- Empezó a decir ella con algo de duda.

-Es la Espada Maestra, he empuñado ésta espada en la mayoría de mis batallas en el pasado, tiene el poder de repeler el mal y la oscuridad.- Al ver la cara de duda de Kairi, Link sonrió.- Ven, siéntate, te contaré su historia, pero te aviso, va a ser algo larga...


-Jefe, tengo noticias.

Volgin estaba en su despacho observando el exterior a través de un gran ventanal mientras fumaba un puro. Cuando oyó al sujeto que se encontraba junto a la puerta, interrumpió su cometido y se sentó en su cómoda silla de despacho.

-Doctor Cortex, hacía tiempo que no tenía noticias de ti.

-He revisado los datos del dispositivo que N. Gin instaló al Deviljho.- Empezó a decir el hombrecillo cabezón mientras se acercaba a la mesa de despacho.- Indican que las constantes vitales del monstruo han desaparecido.

-Vaya...- Volgin se recostó en su silla con una sonrisa en su maltrecho rostro, luego se puso serio.- Seguro que no hay errores, ¿Verdad?

-Durante todo este tiempo el dispositivo no ha fallado, no existe ninguna razón para que lo haga ahora.- El doctor soltó una pequeña risa.- N. Gin será un cobarde, pero no es ningún incompetente.

-Entonces el hijo pródigo ha vuelto...- Murmuró volviendo a sonreír.

-¿Deberíamos perseguirlo?

-No, él vendrá hasta nosotros.- El hombre dio una calada a su puro.- Además, al RAPTOR le falta poco para estar terminado, será mejor mantener a todos nuestros efectivos aquí.

-¿Los de la planta de explosivos también?

-Poco necesitamos de ellos a estas alturas, que mantengan sus puestos.

Cortex se despidió y abandonó el despacho, dejando a Volgin solo mientras que se terminaba el puro. Se volvió a levantar para mirar por el ventanal de nuevo, contemplando el paraje nevado del exterior.

-Ya queda poco... -Empezó a decir con satisfacción en su voz.- Pronto tendremos las dos partes de la Trifuerza restantes y al fin seré libre...


El Sol empezaba a esconderse entre las lejanas llanuras del oeste, ya había poca actividad en la aldea de la Montaña de la Muerte. Zelda convocó Kairi, Snake y a Link en su cabaña, aunque N. Gin y Gant se sumaron sin permiso. Todos estaban reunidos rodeando una mesa, con un candil encendido y un mapa sobre ella.

-Ahora que ya estamos todos, tenemos que planear el ataque al castillo.- Anunció la hyliana con decisión.- Puede que el Deviljho ya no esté, pero aún existe la amenaza de los soldados enemigos.- Lanzó una rápida mirada severa hacia Gant y luego otra a Link.

-No nos podemos arriesgar a un ataque directo, la munición es escasa y los goron son un blanco fácil en campo abierto.- Añadió Snake con los brazos cruzados.- Lo mejor sería que se infiltrase un grupo pequeño para mermar sus fuerzas y...

-Insisto en que puede que el jefe ya no esté ahí.- Exclamó N. Gin, quién a duras penas asomaba la cabeza por encima de la mesa.- Elroy me lo ha confirmado.

-Ya te he dicho que lo te diga ése soldado no tiene validez para mi.- Respondió Zelda con desdén.

-No puedo negar que lo que dice N. Gin tiene sentido.- Dijo Snake de lo más pensativo.- Dudo que Volgin se haya quedado en el castillo todo el tiempo.

-Tiene razón.- Irrumpió Kairi, causando que la joven se convirtiera en el blanco de todas las miradas.- Es imposible que nadie se arriesgue a quedarse cerca de ése monstruo colosal esperando que lo devore.

Todos permanecieron en silencio, pensando en algún plan. La pelirroja miró a su alrededor, viendo que todos estaban concentrados.

-Y si no está en el castillo, ¿Dónde está?- Se preguntó Link.

-Seguro que está en su base principal, la empezó a construir antes de la guerra.- Explicó el cyborg.- Pero no sé como llegar hasta ahí.

-¿Conoces a alguien que sepa el camino?- Inquirió Zelda.

-Sí...- Luego miró a Gant.- Éste.

Todos miraron al mercenario, quién permanecía ahí mirando el candil encendido sin pronunciar palabra. Kairi le dio un codazo para que reaccionase. Éste apartó la mirada de la única luz de la cabaña y miró a su alrededor.

-¿Qué?

-¿No estabas escuchando?- Preguntó Kairi sin poder creérselo.

-Pues no, estaba pensando en mis cosas.- Respondió sin más, causando que todos los demás resoplasen con desdén.- Perdón, ¿Cual era la pregunta?

-¿Has estado en la otra base de Volgin, sí o no?- Snake procuró ser lo más claro posible.

-Oh, sí, es horrible: Una fortaleza de muros de hormigón armado, repleta de soldados dementes, nada que ver con los del castillo y con algunos sincorazón por ahí.

-Entonces sabrás su ubicación y el camino que hay que seguir, ¿Cierto?- Presupuso Zelda.

-A ver...- Gant tomó el mapa de la mesa empezando a analizarlo.- Luz, por favor.

Link agarró el candil de la mesa y lo acercó a Gant. Éste empezaba a buscar con el dedo. Kairi quién estaba a su lado, pudo escuchar cómo el mercenario empezaba a contar en voz baja y a farfullar algunas cosas sin sentido.

-... Al oeste, en la zona del Pico Nevado.- Gant depositó el mapa sobre la mesa y señaló la ubicación.- Volgin quería una zona poco accesible para sus enemigos, al sur, está la planta de procesamiento de explosivos, lejos de la base principal... Y existen dos caminos: Por el Pantano de Hylia o por el norte de Lanayru...

-Entonces ya sabemos a dónde ir...- Murmuró Link.

-Hay una cosa más.- Anunció N. Gin, con algo de preocupación.- Estoy seguro que Volgin sabe que el Deviljho ha muerto, el dispositivo que le instalé seguramente habrá dejado de enviar datos de sus constantes vitales.

-¿Éso qué significa?- Preguntó Zelda.

-Pues que habrá llegado a la conclusión de que Link ha vuelto y ha acabado con el monstruo.- Empezó a explicar el cyborg.

-Y con Link aquí, la moral de los hylianos subiría y planearían un posible ataque.- Añadió Snake con los brazos cruzados.- Y si dejamos el poblado sin protección, podría ser vulnerable.

-Entonces deberemos dejar aquí el máximo número de gente para defender...- Concluyó Zelda.- Solo podremos enviar un equipo pequeño cómo máximo.

-¡Nosotros!- Exclamó Kairi, con los ánimos levantados.

-¡Éso, nosotros!- Le apoyó Link de misma forma.

Snake miró a todos los presentes y soltó una pequeña risa burlona, causando que los ánimos de Kairi y Link cesasen poco a poco.

-Veamos, hagamos un recuento.- Dijo el hombre del parche.- Estoy yo: Que aunque tenga experiencia en infiltraciones, saben quién soy. Zelda: La reconocida líder de la Resistencia Hyliana. Link: Que seguramente estarán buscando. N. Gin: Reconocible en cualquier parte ya que tiene un maldito cohete incrustado en el cráneo. Gant: Acusado de traición y pendiente de ser juzgado, en otras palabras, buscado. Y finalmente tú, Kairi: Que, a parte de no tener experiencia en éste campo, eres reconocible, se te ve desde lejos por el color de tu pelo y de tu vestido rosa, no tienes ninguna noción de tácticas militares y tu experiencia con armas es limitada.- Acabó su discurso con una sonrisa sarcástica.- Un equipo ideal...

-¡Oye!- Exclamaron Link y Kairi a unísono algo ofendidos.

Después de éso todos volvieron a permanecer en silencio. Parecía que nadie hallaba una solución sólida ante ése dilema. Finalmente Kairi murmuró algo.

-La solución es tener a gente experimentada...

-Y armada hasta los dientes...- Añadió Snake.

-Si tuviéramos el dinero suficiente para contratar un equipo de mercenarios tendríamos por dónde empezar.- Dijo N. Gin con desdén.

-El dinero nos sobra...- Dijo Zelda de repente, causando que a Gant se le abriesen los ojos como platos.- Pero no tenemos dónde gastarlo, y aquí no hay ningún grupo de mercenarios.

-Un momento...- A Kairi se le ocurrió algo, luego miró a Link.- Nosotros conocemos a un equipo completo de mercenarios, experimentados y armados.- Todos sintieron interés por las palabras de la joven.- Hay un francotirador profesional, un espía capaz de volverse invisible, un experto en demoliciones, un loco con un lanzallamas... Y la lista sigue.

-Interesante...- Murmuró Snake.- ¿Están aquí?

-No...

-Pero podemos traerlos hasta aquí.- Irrumpió Link.- Kairi, puedes pedirle a Cid que los traiga, a lo mejor la otra nave, el "Ícaro", ya está arreglada.

-Pues sí... Seguro que su mundo consta en su base de datos, podría ser.- Luego golpeó la mesa con ambas manos entusiasmada.- ¡Claro! ¡Se puede hacer!

-¿Con qué capital contáis?- Inquirió Gant con curiosidad.

-Lo suficiente para comprar un castillo nuevo.- Respondió Zelda con serenidad.- Desde que estamos en ésta situación hemos utilizado el trueque.

-Mola...- Dijo el mercenario sin más.

-Entonces creo que está deicidio: De momento nos mantendremos a la espera hasta que ése equipo llegue.- Anunció Snake.

-Necesitaremos un transporte por tierra también.- Dijo Gant.

-¿Y por qué no usar la nave?- Preguntó la pelirroja aún entusiasmada.

-Ésa base cuenta con numerosas defensas antiaéreas, no es una buena idea...- Respondió el mercenario.- En el hangar del castillo debe haber el camión que Carolina arregló. Me acercaré ahí y lo comprobaré.

-¿Desde cuando eres tan servicial?- Inquirió Zelda algo desconcertada.

-Desde que me he enterado de que estáis podridos de dinero.

-Entiendo...


De pronto, un portal negro se abrió, de él emergió la oscura figura de un hombre. Cuando dicho portal desapareció detrás de él, el sujeto echó un vistazo a su alrededor: Se encontraba frente a un cenagal, él lo recordaba cómo un lago de aguas cristalinas repleto de vida. Aunque de poco lo importaba. Dio una gran bocanada de aire para comprobar lo que temía: Estaba de vuelta.

-Estoy en casa...- echó la cabeza hacia atrás y soltó un gran grito.- ¡Al fin, el gran Ganondorf está en Hyrule!- Luego volvió en sí.- Un momento...- Bajó la cabeza y empezó a mirar a sus alrededores, buscando algo.- No hay nadie... Ningún séquito anunciando mi regreso...

Ganondorf empezó a buscar alguna muestra de vida por los alrededores. Tras un rato, divisó una figura moviéndose a lo lejos, así que decidió ir a inspeccionar. Descubrió a un extraño ser con forma humana, anormalmente grande y pasado de peso, solo iba vestido con unos pantalones cortos verdes raídos. Parecía que buscaba algo para comer. Ante el hecho de que Ganondorf no se preocupó de ser silencioso, el ser se giró para encarar al intruso, revelando un rostro semejante al de un cerdo. El gerudo también se fijó que el ser estaba empuñando un arpón, seguramente pretendía pescar en el cenagal.

-Un moblin... Bueno, es mejor que nada...

-¡ENCONTRAR COMIDA HUMANA!- Exclamó el ser la mar de entusiasmado.-¡HOY CENAR CALIENTE!

A Ganondor le sorprendió un poco la reacción del moblin. El obeso ser se abalanzó hacia al gerudo gritando como un loco y esgrimiendo su arpón de una forma burda y torpe.

El hombre se bastó en dar un paso a un lado para esquivar el golpe. Luego el moblin intentó golpear al gerudo con su arma como si fuese un garrote. Ganondor atrapó el arpón con una mano, tiró de él, causando que el ser lo soltase, para luego lanzarlo lejos.

-¡TÚ SER FUERTE!- Exclamó el moblin.- PERO NO TAN FUERTE COMO...

El moblin no pudo acabar la frase, pues Ganondorf le dio una fuerte bofetada a su rostro porcino, luego otra, y otra... El gerudo se pasó unos tres minutos abofeteando la cara del obeso ser sin parar, el sonido de los golpes hacían eco. Finalmente Ganondorf acabó su castigo al moblin hundiendo su puño en su morro, mandándolo al suelo.

-Será posible... Ésa es la recompensa por darles un uso a éstos bichos...- Murmuró el hombre entre dientes, luego le dio una patada a las lorzas del moblin.- Vamos, levántate...

Adolorido y con la cara totalmente hinchada, se levantó, incluso escupió un par de dientes.

-Para que aprendas a respetar a tu rey...- Dijo Ganondorf con seriedad.

-NO CONOCER A TI, JEFE SER VOLGIN.- Respondió con dificultad, tratando de vocalizar lo mejor posible.

-¿Quién demonios es Volgin?

-INVADIR MUNDO, EXPULSAR MOBLIN DE SU HOGAR Y A HYLIANOS.

-¿¡Qué!?- Ganondorf no podía creer que alguien más hubiera invadido su mundo, al fin y al cabo, era su trabajo...- Llévame hasta los tuyos y contádmelo todo. ¡Pero que me lo explique alguien que hable bien!- El moblin empezó a andar con dificultad, el gerudo lo empujó con su pie.- ¡Vamos, muévete, saco de grasa inmunda!- El moblin, totalmente aterrado, empezó a correr. Ganondorf se lo quedó mirando un momento.- Está claro que no ha pasado hambre, sus lorzas suben y bajan a cada zancada.- Soltó una pequeña risa.- Cómo he echado de menos este mundo...- Luego se puso serio y empezó a seguir ése torpe ser.- A ver que me he perdido durante todos estos años...