Las dos avanzaban rápidamente por los oscuros pasillos metálicos del búnquer, no se toparon con más presencia enemiga, cosa extraña.

Las dos prosiguieron hasta llegar a una estancia amplia con muy escasa iluminación. Solo se podían divisar dos puertas: Por la que habían accedido y otra al otro extremo de la sala, aparentemente tan blindada cómo la de la entrada del búnker.

-Bien, los calabozos deben estar en el otro lado de ésa puerta.- Murmuró Zelda, pensativa, luego se dirigió a Kairi.- ¿La podrás abrir con tu arma?

-Debería.- Respondió la joven.- Apresurémonos.

Ambas reanudaron su marcha hacia la puerta, pero un pesado ruido metálico las obligó parar. Empezaron a escuchar pasos pesados que provenían de la oscuridad absoluta. Finalmente alcanzaron ver una enorme figura que se aproximaba a ellas: La figura de un caballero enorme embutido en una armadura negra armado con una enorme espada y un colosal escudo.

-Un Ferrus... Supongo que no nos lo podrían tan fácil.- Dijo Zelda preparando su arco.

-Me enfrenté a uno con Link.- Soltó Kairi con serenidad.- Podemos con él.

De pronto, de la oscuridad surgieron otras figuras, más pequeñas, completamente negras y con ojos amarillos brillantes.

-¿Además tienen Sombras?

-¿Son difíciles de matar?- Preguntó Zelda al verse rodeada.

-No, tranquila.

Los sincorazón empezaron a moverse, todas las Sombras se reunieron junto al Ferrus, quién se mantenía ahí quieto. De repente, todas las Sombras empezaron a fundirse con el cuerpo el formidable caballero oscureciendo figura.

-¿Qué demonios? Kairi, no entiendo nada.- Zelda lucía cada vez más nerviosa.

-Yo tampoco, las Sombras no suelen comportarse de éste modo.- Kairi tampoco podía ocultar su nerviosismo, invocó su llave-espada y se puso en guardia.

Cuando todas las Sombras se fusionaron con el Ferrus, éste cambió su forma: Su tamaño aumentó, su armadura se volvió aún más gruesa, su espada, que ya era amenazante, tomó una forma más grande y tosca, de su hoja salían lo que parecían ser las zarpas de las Sombras y de su yelmo emanaban tres luces amarillas, presuntamente eran sus ojos.

-Ésto no me gusta nada...- Murmuró la hyliana apuntando su arco y tensando una flecha.

El Ferrus miró a sus dos enemigas, puso el escudo al frente y preparó su mandoble sin decir nada, ni tan solo un simple gruñido. Ambas se lanzaron al ataque, estaban demasiado cerca de su objetivo para ahora echarse atrás...


La batalla en los laboratorios ya había empezado, Link iba esquivando los pesados golpes que lanzaba el doctor Cortex en su nueva forma. En el transcurso de ésa pelea, fueron destruidas mesas, armarios y casi todo el contenido de dicho laboratorio a causa de la falta de precisión del doctor.

El hyliano aprovechaba los torpes golpes de Cortex para atacar sus gruesos brazos con la Espada Maestra, aunque no parecían surgir demasiado efecto.

-Vamos, deja que aplaste tu cabeza contra el suelo.- Soltó volviendo a ponerse en guardia con una grotesca sonrisa dibujada en su rostro.- Ya has visto que tu pincho no me hace nada.

-Cuando más poderoso es el enemigo más poderosa es ésta espada.- Respondió Link seriamente.- Lo que significa: Pese a tu tamaño, no eres gran cosa.

-¿¡QUÉ!?

Cortex lanzó un poderoso puñetazo a Link, que éste pudo bloquear con su escudo, aunque no pudo evitar retroceder ante tal fuerza. Ahora, a una cierta distancia del mutado doctor, Link guardó su escudo y sacudió su mano derecha adolorida, si no fuese por su escudo, hubiese acabado con el brazo roto.

Cortex vio cómo Link envainaba la Espada Maestra y le daba señas con la mano para que atacase. Él se lo tomó como un desafío, así que se abalanzó hacia el hyliano dispuesto a destrozarlo de un puñetazo.

El hilyano rápidamente tomó de nuevo la empuñadura de la Espada Maestra para desenvainarla a la velocidad del rayo. Esquivó el fuerte golpe del doctor y efectuó un potente corte en su brazo.

Cortex gritó de dolor, agarró su brazo herido y retrocedió. Estaba sangrando, era una herida profunda.

-¿¡Cómo es posible!?- Exclamó el doctor mirando a Link con odio.- ¡Ni siquiera deberías arañarme con esa espada!- Luego sus ojos se enrojecieron y preparó otra carga contra el hyliano.

Éste se bastó en volver a esquivar el impacto, ésta vez más torpe e impreciso que el anterior, y contraatacar. Así mismo, Link sacó su escudo y le propinó un fuerte golpe con él a la enorme cabeza de Cortex, tirándolo al suelo.

-No...- Alcanzó a decir el doctor.- Otra creación que se vuelve contra mí...- Acto seguido cerró los ojos y echo la cabeza hacia atrás, quedando inconsciente.

De pronto, el mutado cuerpo de Cortex empezó a cambiar de nuevo, volviendo a su estado normal poco a poco.

Link guardó su escudo y envainó la Espada Maestra, suspiró al ver que el combate había terminado. Luego miró la puerta dónde se escondían todos ésos seres idénticos a él y cerró el puño.

-No dejaré que lo que me devolvió a la vida se repita...- Murmuró con seriedad. Luego, de su alforja mágica sacó una bomba proporcionada por los goron y se quedó mirándola durante unos instantes.- Si de éste laboratorio ha salido todo ésto... Será mejor enterrarlo aquí...


La explosión del laboratorio fue visible desde el exterior, dónde las cosas estaban cada vez peor: Cada vez aparecían nuevos soldados que intentaban cazar al Soldier, quién no paraba quieto ni un segundo mientras el Sniper le apoyaba desde lejos. El duelo entre Gant y Claw seguía sin descanso, sus sablazos no cesaron ni ante el estruendo causado por la explosión.

Ambos intercambiaban golpes en medio de todo el caos. Gant lograba bloquear los ataques de Claw, aunque se veía obligado a retroceder cada vez a causa de su abrumadora fuerza. Finalmente Claw lanzó un potente tajo vertical que Gant logró bloquear al último segundo, iniciando un forcejeo. El hombre de negro se vio obligado a agarrar la hoja de su llave-espada con su mano robótica para frenar la fuerte presión que ejercía su contrincante con una sola mano.

-Es como enfrentar a un ratón contra un tigre, niñato.- Se burló Claw ante la inferioridad de su oponente.- Ten algo de decencia y déjate matar con algo de dignidad.

-Si tú eres el tigre, voy a colgar tu cabeza en la pared.- Respondió él con dificultad intentando resistir con todas sus fuerzas.

-Cada vez que hablas te vuelves más patético.

Gant, viendo que no podría zafarse de él con su propia fuerza, accionó el propulsor de su codo robótico. Claw se sorprendió ante lo que estaba viendo, hasta que el propulsor se activó a su máxima potencia, liberando a Gant de ése forcejeo y obligando a Claw a retroceder.

En ése momento Gant se lanzó al ataque, no con su llave-espada, ésta vez el mercenario usó sus puños. Empezó a golpear el rostro de Claw repetidas veces con ambos puños, aunque no parecía surgir demasiado efecto, finalmente decidió terminar su aluvión de golpes con un potentísimo puñetazo usando su propulsor de codo directo a la mejilla de su oponente. Tal golpe logró desestabilizar un poco a Claw, aunque no logró tirarlo al suelo, además, éste respondió rápidamente con un fuerte golpe con su grueso escudo justo en la frente de Gant tumbándolo al instante.

-Vamos, Gant, lo estabas haciendo muy bien... -Dijo Claw para luego soltar una risa burlona.- Venga, levántate una vez más antes de que te mate, ¿Quieres?

-Claro...- Respondió con odio, poniéndose en pie.

En cuanto el mercenario se recuperó, solo pudo ver a Claw preparando su siguiente golpe con su mandoble en alto y una grotesca sonrisa en el rostro. Fue tan rápido que, pese al intento de Gant de esquivarlo, no logró evitar el golpe por completo, cortando parte de la mejilla izquierda del mercenario y mandando a volar su máscara de hierro.

Gant retrocedió al instante llevándose ambas manos en su rostro sangrante mientras miraba a Claw con ira.

-Venga ya, ha sido un corte de nada.- Se burló Claw relajándose.- Te aseguro que eso no se compara a lo que te espera...

No pudo terminar la frase, se quedó mudo al ver el rostro de su ponente una vez lo descubrió: El corte de su mejilla había llegado a traspasarle su monstruosa boca hasta finalizar en la parte derecha de su quijada. Claw se quedó mirando ése rostro monstruoso por un momento, al parecer no se esperaba ver que lo que se encontraba frente a él era lo se escondía tras ésa máscara.

Los soldados que estaban en el lugar y vieron el rostro de Gant se quedaron paralizados por el miedo, para luego huir ante las protestas de sus compañeros.

-Eres más feo de lo que esperaba...

-Ha sido un golpe rastrero...- Soltó Gant limpiándose la sangre de la cara.- Vale, muy bien, si quieres jugar sucio, estoy dispuesto.

Claw sonrió, luego se puso en guardia y golpeó su escudo con la empuñadura de su espada.

-¿Aguantarás un segundo asalto?

Gant invocó una vez más su llave-espada y desplegó la hoja dentada de su brazo robótico. Luego miró a su enemigo directamente con serenidad.

-No, no voy a aguantar un segundo asalto, no voy a jugar a ningún juego ni a mantener un duelo contigo.- Dijo sin apartar su fría mirada.- Simplemente voy a quitarte la vida...

-Si... ¡Ahora te escucho!- Claw soltó una gran carcajada.- No hay nada mejor que acabar con alguien que realmente lucha por su vida.


Kairi esquivó el mandoble del enorme ferrus con una voltereta lateral.

La oscuridad del búnker dificultaba la lucha de Kairi y Zelda contra el ferrus. La hyliana se mantenía algo alejada del formidable enemigo para poder disparar sus flechas con comodidad mientras que Kairi intentaba mantener el combate cuerpo a cuerpo, aunque con dificultad.

Los ataques del colosal monstruo eran arrojados con furia y con muchísima fuerza, cada vez que la joven esquivaba un golpe y el mandoble tocaba el suelo, éste se agrietaba, causando un gran temblor.

-¡Retrocede, Kairi!- Exclamó Zelda con decisión mientras tensaba su arco.

Ella obedeció y dio un salto hacia atrás para mantener la distancia. La hyliana apuntó con su arco a la cabeza del ferrus, la punta de su flecha empezó a brillar con luz dorada. Cuando soltó la flecha brilló aún más, iluminando toda la sala durante su trayectoria hasta alcanzar la cabeza del monstruo. El ferrus retrocedió, rugiendo de dolor dejando caer su espada.

-¡Bien hecho!- La felicitó Kairi con energía.

De repente, el ferrus se recuperó, miró a Zelda y volvió a rugir. De pronto, del interior de su yelmo empezó a brillar una fulgurante luz anaranjada, solo visible por las rejillas de dicho yelmo. Ésa luz pasó a ser un conjunto de llamas danzantes hasta que fueron lanzadas en forma de columna de fuego hacia Zelda, quién estaba desprevenida. Ella cerró los ojos ante tal ataque y se cubrió con los brazos en un vano intento por protegerse.

Cuando abrió los ojos se encontró frente a ella a Kairi quién estaba bloqueando las fieras llamas con la brillante barrera del hechizo "Reflejo", protegiendo a ambas.

-Resiste, Zelda.- Dijo Kairi sin apartar la mirada.

La joven intensificó su hechizo, expandiendo la barrera para así disipar las llamas hasta que se apagaron, volviendo a oscurecer la sala.

Antes de poder decir nada más, el ferrus ya había recuperado su espadón y lanzó un feroz corte vertical a ambas, obligando a las dos a separase para evitar el ataque.

-Éste ferrus no es como ningún otro, ha resistido un golpe con una flecha de luz.- Mustió Zelda mientras se recuperaba.- Debería haber desaparecido.

-Pero le ha hecho retroceder.- Soltó Kairi sin dejar de ver al colosal monstruo, quién volvía a alzar su mandoble.- Zelda, tú sigue disparando flechas, yo me encargaré de que no te ataque.

-¡Es demasiado peligroso!

-Lo sé...

Kairi se lanzó hacia el ferrus, esquivando el nuevo tajo vertical que el monstruo había lanzado. Cuando llegó a escasos metros de ésa formidable criatura, ella pegó un enorme salto para llegar a la cabeza del monstruo y lanzar un tajo con todas sus fuerzas, aunque de nada sirvió, pues su llave-espada revotó con el impacto.

Kairi permaneció en el aire usando la magia de viento, revoloteando al rededor del ferrus para confundirlo, conectando algún que otro golpe esporádico, que no surgían demasiado efecto..

Zelda, por su parte, decidió hacer caso a Kairi al fin. Empezó a disparar flechas de luz lo más rápido que podía hacia el monstruo.

El ferrus parecía resistir las flechas de Zelda, aunque tales ataques le obligaban a retroceder a causa del dolor. Al parecer había volcado casi toda su atención en Kairi quién seguía con la misma táctica. Él intentaba golpearla con su mandoble, pero ella era demasiado veloz para atinarla.

Finalmente, una de las flechas de luz consiguió atravesar la rendija del yelmo del monstruo, impactando directamente en su ojo derecho, causando que el ferrus soltase sus armas y se llevase las manos al rostro, rugiendo de dolor, Kairi se volteó para ver a la hyliana.

-¡Buen disparo!- Le felicitó ella algo más relajada.

-Gracias...- Respondió Zelda entre jadeos, aunque luego abrió los ojos de par en par.- ¡Kairi, cuidado!

Cuando la pelirroja se giró para encarar al ferrus, éste le había lanzado un enorme puñetazo a Kairi, mandándola a volar hacia Zelda. La hyliana soltó su arco y dio un salto para atrapar a la joven, aterrizando ambas violentamente al suelo.

-Tendría que haberlo visto a venir...- Se lamentó Kairi muy adolorida, se sentía como si le hubiesse arrollado un tren, su boca le sabía a sangre y a duras penas se podía mover.

-Las dos deberíamos...- Trató de decir Zelda quién se encontraba debajo de Kairi, al parecer se había llevado todo el impacto del aterrizaje.

Cuando ambas alzaron la vista, pudieron ver al Ferrus aferrando su mandoble y apuntándolas alas dos, dispuesto a acabar con todo de una estocada.

-¿Te puedes mover?- Preguntó la hyliana con temor a su posible respuesta.

-No...

-Yo tampoco...

Las dos vieron como el mandoble se aproximaba hacia ellas, sin posibilidad de evadirlo. Kairi, al verse perdida, solo pudo rebuscar en su bolsillo la solución a esa situación, estaba desesperada. Finalmente encontró cierto objeto y lo aferró con fuerza.

-¡Que esto funcione!- Gritó ella con todas sus fuerzas.

De pronto una luz cegadora iluminó toda la sala, ellas solo pudieron oír un pesado choque metálico, Cuando la luz se disipó pudieron ver a una figura que se interponía entre ellas y el mandoble. Ante las dos sorprendidas jóvenes se encontraba alguien embutido en una gruesa armadura naranja y roja con grandes hombreras redondas y propulsores acoplados en su espalda, parecía una armadura sacada de un futuro distante.

Dicho guerrero estaba bloqueando el golpe del ferrus con solo sus brazos blindados y aferrando el mandoble con su mano izquierda, ya que en su brazo derecho no se veía mano alguna, solo un cañón verde.

-¿Quién es ese?- Dijo Zelda con dificultad.

-Ha salido del amuleto de invocación que me dio Link...

El guerrero apuntó con su cañón al yelmo del monstruo, disparando rápidamente tres misiles verdes que hicieron impacto directo, tirando al ferrus al suelo.

El sujeto se volteó y vio a las dos chicas malheridas en el suelo a través del visor verde de su casco. Le atendió la mano a Kairi y le ayudó a levantarse, luego ayudó a Zelda.

-Me alegra ver que ambas estáis bien...- Dijo al fin ése misterioso sujeto, su voz parecía algo distorsionada, era semejante a la de un robot.

-Gracias, pero aún no está muerto.- Soltó Zelda recuperándose de sus recientes heridas.

-Veo que por muy avanzado que sea mi armamento, a ésa cosa no la matará una arma convencional.

-Podría matarlo un Sanctus a toda potencia.- Mustió Kairi.- Pero he gastado mucha magia ya...

-Podría prestarte parte de mi poder.- Respondió la hyliana.- Aunque dudo que esté mucho mejor que tú.

Un ruido las alertó, al parecer el ferrus volvía a levantarse para recuperar su arma.

-No tenemos tiempo.- Exclamó el sujeto.- Posad las dos las manos en el cañón y traspasadme vuestro poder, podemos acabar con él de un solo ataque-

Ellas se miraron perplejas, dudaban, pero no tenían demasiadas opciones. Ambas hicieron caso y empezaron a traspasar casi todo el poder que les quedaba a ése extraño cañón acoplado en el brazo de aquel sujeto. Éste empezó a iluminarse y a emitir extraños ruidos. Cuando se fijaron en el ferrus volvía a preparar su aliento de fuego para carbonizar a los tres de una vez por todas.

-No puedo usar reflejo mientras estoy haciendo ésto.- Dijo Kairi con prisa y preocupación.

-No os preocupéis, confiad en mí...- Respondió el sujeto con serenidad.

Al frente suyo, la figura del monstruo casi había desaparecido tras las llamas.

Antes de ser alcanzadas por el fuego, el cañón emitió un sonoro pitido, indicando que estaba listo para ser disparado. De pronto, un colosal rayo dorado fue disparado por ése cañón, ensordeciendo cualquier otro ruido de la sala. Kairi y Zelda salieron disparadas hacia atrás a causa del terrible retroceso de tal ataque. El rayo atravesó las llamas, que se apagaban ante el avance del rayo hasta impactar de lleno al pecho del monstruo. El ruido del disparo se mezcló con los alaridos de dolor del monstruo mientras que la habitación era completamente iluminada.

Kairi y Zelda solo podían mirar perplejas ése formidable ataque, realmente causaba terror...

Cuando el rayo se disipó no vieron al monstruo, solo sus piernas, que no paraban de echar humo, al parecer, el resto de aquél ser había sido completamente desintegrado...

-Por los dioses...- Mustió la hyliana.- Nunca había visto nada así.

La armadura del sujeto había sufrido el feroz impacto del retroceso de aquél disparo, así que sus placas empezaron a tambalearse y a desprenderse de aquél sujeto una una, dejando ver quién se escondía en esa extraña armadura.

Kairi se quedó con la boca abierta, ella esperaba ver a un formidable guerrero curtido en mil batallas y fornido, pero lo que vio disentía mucho de su idea: Se encontraba ante una mujer esbelta y atlética, vestida con un extraño traje azul ceñido a su cuerpo, su vello rostro era enmarcado por unos ojos fríos azules y su melena rubia permanecía amarrada en una cola de caballo.

La mujer, después de recuperarse, se a cerco a la pelirroja.

-Bueno, Kairi, creo que de momento mi misión ha concluido.- Dijo con una voz totalmente femenina, al parecer era su casco lo que le distorsionaba la voz.

-Eres... Una chica.- Alcanzó decir ella sin dejar de sentirse incrédula.

-Éso parece, sí...

-Y sabes mi nombre...

-Aunque esté en un amuleto puedo percibir mis alrededores.- Respondió con media sonrisa.- Por cierto, mi nombre es Samus, Samus Aran.- Terminó ofreciéndole la mano a Kairi para estrecharla.

-Mucho gusto.- Al fin la pelirroja recobró el sentido.- Y muchas gracias, Samus, si no llega a ser por ti...

-Yo no habría acabado con el monstruo sin vuestra ayuda.- Respondió con algo más de amabilidad.- Ésta victoria es de las tres.

Acto seguido Samus desapareció dejando solo el amuleto de invocación en el suelo, la joven se apresuró en recuperarlo para luego guardarlo junto con el amuleto de Arkantos.

-Deberíamos seguir.- Inquirió Zelda.- Dudo que nos encontremos con demasiados obstáculos.

-¿Que tal si esperamos un poco, así podré recuperar mi poder mágico y curarnos a las dos.- Respondió Kairi exhausta.- Creo que nos lo merecemos...

-Bueno.- Dijo con un suspiro.- Supongo que llevas razón.


Link, decidió salir al exterior de la base cargando con el inconsciente Cortex sin demasiada dificultad, pues su estatura le concebía poco peso, excepto su cabeza.

El hyliano se disponía a buscar la Torre Oscura para que N. Gin lo interrogase. Intentaba hacer caso omiso de los sonidos de disparos, explosiones y choques metálicos que iba oyendo por el camino, sabía que se trataba de sus compañeros, pero debía confiar en ellos, aunque quería ayudarlos, tenía que resignarse a no interponerse...

Finalmente llegó ante las puertas de la torre, no encontró demasiada seguridad, pues los soldados estaban demasiado ocupados con el resto de sus compañeros. Lo único que encontró fue al cuerpo de un soldado muerto, con una profunda herida de disparo en el pecho, tendido ante las puertas de la torre.

Link, pasó por el lado del cuerpo del soldado e intentó abrir la puerta, pero no pudo, al parecer se encontraba atrancada desde el interior.

-Vaya, lo que me faltaba...- Suspiró.

De pronto, algo le alertó: Una veloz sombra por encima de su cabeza, tapando por un instante la luz de la luna. Se trataba de un ave que se encontraba a una gran altura, el animal no había pasado por casualidad, ya que sus movimientos empezaron a dibujar círculos, algo típico en los buitres o en los cuervos.

Link se fijó en los colores vivos del emplumado de la cola del animal, contrastaban enormemente con el resto de su plumaje, que era oscuro.

-Puedo verlo bien, y eso que está a gran altura. O mis ojos me engañan o...- Luego abrió los ojos como platos.- ...O es un ave enorme...

Dejó caer al inconsciente Cortex al suelo y arrancó a correr hacia la puerta principal. Lucía preocupado, como si ésa ave anunciase un mal augurio, uno muy malo...


Claw y Gant continuaban su particular duelo sin cesar, intercambiaban golpes a la velocidad del rayo, ahora la superioridad de Claw no era tan evidente, ya que el hombre de negro, combinando su llave-espada y la hoja dentada, estaba dando más combate que antes.

El Soldier continuaba mareando a los soldados enemigos con sus peculiares saltos y volando por los aires a algunos enemigos cuando veía la oportunidad mientras que el Sniper se dedicaba a cazar cabezas con su rifle desde una distancia segura.

Ésa escena tan demente se vio interrumpida ante el estruendo de una batería antiaérea al ser disparada, dejando a todos perplejos. Luego hubo una explosión en medio del cielo, de ella descendió un cuerpo envuelto en llamas que se dirigía directamente hacia Claw y Gant.

Ambos, al ver eso, dieron un gran salto hacia atrás. Ante los dos, se estrello el extraño y colosal cuerpo, agrietando parte del suelo por el impacto.

Todos vieron que se trataba de un pájaro monstruoso, algunos hubieran huido de no ser que el enorme ser estaba muerto.

-¿¡Es cosa tuya!?- Inquirió Claw a Gant furioso.

-A mi no me mires, yo invoco monstruos de debajo de tierra, no monstruos voladores.

De pronto, algo estaba golpeando el portón de hierro de la base, todos cesaron sus ataques por completo y retrocedieron. Se escuchaban gritos de una multitud de seres. El portón no tardó en ceder para luego abrirse de par en par, revelando un ejército de monstruos y a su aparente líder: Un hombre oscuro con armadura negra y de cabello rojo intenso como la sangre misma.

-Vosotros que osáis a invadir mi mundo, renunciad a vuestros líderes y uníos a mi si no queréis morir.- Fueron las palabras de aquél hombre.

-¿Y quién eres tú?- Escupió Claw con asco.

-Soy Ganondorf, conquistador de Hyrule, amo y señor de la oscuridad, y pronto, de todos vosotros, insignificantes insectos.- Anunció con superioridad.

-Éso sí que es una buena distracción...- Murmuró Gant.

-Oh, de acuerdo, sí...- Claw señaló a Ganondorf con el dedo.- ¡Soldados, llenadlo de plomo!

Todos los soldados dispararon sus fusiles al gerudo hasta quedarse sin balas, levantando una enorme humareda al rededor de Ganondorf. Cuando ésta se disipó, el hombre seguía ahí sin inmutarse.

-¿A caso es inmune a las balas?- Claw, al igual que el resto, estaba perplejo.

-Muy bien, decidís morir. Que así sea...- Ganondorf chasqueó los dedos, para que sus huestes se lanzasen al ataque.- Saciaros con su carne.

El ejército monstruoso se abalanzó cual jauría de lobos hacia los soldados, quienes no podían hacer más que disparar y retroceder. Por cada monstruo abatido le remplazaban tres más. Los soldados alcanzados por los monstruos eran despedazados brutalmente.

-¡Que traigan tangues, necesitamos a todo el mundo aquí!- Gritó uno de los soldados sin dejar de disparar.

Entre todo ese caos, es Soldier se reunió con el Sniper para luego alejarse de aquél penoso escenario, ya que les escaseaba la munición a ambos. Gant, por su parte, miró a Claw, quien seguía atónito observando aquella escena. En ese momento, Ganondorf se acercaba a paso lento y despreocupado hasta encarar a los dos mercenarios a pocos metros.

-Veo que vosotros dos no sois como el resto, no usáis ésas patéticas armas tan ruidosas.- Primero miró a Claw.- Pareces un guerrero experimentado y curtido, pero he matado a cientos como tú.- Luego miró a Gant, fijándose en su rostro.- Tú, pareces una persona que ha jugado con poderes oscuros con mal resultado, pero no te equivoques, mi dominio de la magia oscura no tiene rival...- Se cruzó de brazos y afiló su mirada, ya de por si sombría.- ¿Quién de vosotros dos quiere morir de forma gloriosa, a manos del gran Ganondorf?

-Puestos a elegir...- Murmuró Gant, luego señaló a Claw.- Éste de aquí, gran Ganonford.- El gerudo miró a Gant con severidad, había notado que el hombre de negro había pronunciado mal su nombre, aunque luego centró su atención en Claw.

-Eres un cobarde rastrero... ¿Lo sabías?- Dijo el mercenario poniéndose en guardia, luego miró a Ganondorf a los ojos.- Muy bien, voy a hacer que te tragues toda ésa prepotencia y luego la expulsarás cuando te abra en canal.

El imponente gerudo sonrió y extendió ambos brazos, desafiando al enorme mercenario a que lanzase su mejor golpe. Éste preparó su pesado escudo púrpura, la monstruosa boca grabada en la superfície de dicho escudo se abrió, expulsando ése gas tóxico que Gant conocía. El gas cubrió la silueta de Ganondorf por completo, luego Claw tomó aire y cargó contra el gerudo mientras aguantaba la respiración, desapareciendo en la nube de gas púrpura. Gant solo pudo escuchar un golpe metálico.

Cuando el gas se disipó, las siluetas de ambos volvieron a ser visibles, revelando a Ganondof agarrando el mandoble de Claw por la hoja, una pequeña hilera de sangre la recorría hasta llegar a la guardia. El enorme y fornido mercenario tiraba de su arma en un vano intento de liberarla de su prisión. El gerudo miró esa arma con interés.

-Me gusta ésta espada.- Dijo exhalando el gas púrpura de sus pulmones. Luego le brindó a Claw una mirada severa.- Me la quedo...

Acto seguido, Ganondof le propinó un potentísimo puñetazo cargado de energía oscura al estómago de Claw, mandánolo a volar por los aires. El gerudo se quedó ahí esperando que el adolorido Claw aterrizara violentamente en el duro suelo de espaldas. Ganondorf se acercó al mercenario, que intentaba levantarse para hundir su bota en su mejilla.

-No te levantes, ya te mataré luego.- Recuperó la espada de Claw del suelo y la miró, luego empezó a lanzar mandobles al aire para probar ésa arma, parecía que esgrimiese un puñal en vez de un espadón. Miró a Gant sonriendo y le apuntó con el arma.- Bueno, chico, vas brindarme una mejor lucha que tu amigo, o harás el ridículo cómo él.

-Yo...- Por primera vez Gant se había quedado sin palabras, empezaba a sentir miedo ante aquél formidable hombre que se encontraba ante él.

-Vamos, responde.- Insistió el gerudo con severidad, empezando a perder la paciencia.

-Bueno...- Tragó saliva.- ...Sí...

-¿Sí, qué?

-...Sí, voy a ofrecerte el combate de tu vida.- A causa de los nervios, empezó a marcarse el farol más exagerado que se le pudo ocurrir:- Voy a darte tal paliza que no te va a reconocer ni tu padre.

Ganondorf rompió a reír a carcajadas ante las absurdas palabras de Gant.

-Además, tu capa es ridícula.- Ante ésas palabras, las carcajadas del gerudo se silenciaron, el hombre se puso serio y miró a Gant con severidad, asustándole.- Vale, me he pasado...

De pronto, Ganondorf se lanzó sobre Gant a la velocidad del rayo preparando una estocada con el espadón de Claw. El mercenario bloqueó el ataque a duras penas, aunque no pudo evitar retroceder ante la abrumadora fuerza del gerudo.

Cuando se recuperó, Gant desplegó su hoja dentada, preparando su contraataque, aunque Ganondorf ya no se encontraba ante él.

-Vale... Teletransporte.- Murmuró el mercenario.

Cuando echó la vista atrás, se encontró con su enemigo, quién le propinó un fuerte puñetazo en la cara. Gant salió disparado a causa del gran golpe hasta colisionar con una de las paredes de la base.

-Chico, no me digas que ya estás muerto...- Dijo Ganondorf, mientras se acercaba al maltrecho Gant.

-No...- Alcanzó a decir el mercenario con dificultad. Logró levantarse con un esfuerzo titánico. Notó que su boca sangraba, vio en el suelo algo familiar para él de entre la sangre y lo recogió: Era un colmillo, uno de sus colmillos.- ...Oh venga ya...

Gant se guardo dicho colmillo en uno de los bolsillos de su gabardina, se limpió la sangre de la boca y miró a Ganondorf, quién no dejaba de sonreír.

-Bueno, ¿Y si lo apostamos todo a un último ataque?.- Soltó el gerudo de repente, con tono burlón.- Tu mejor baza contra la mía, a ver que pasa.

-Vale, pero no vale teletransportarse para esquivarlo.- Respondió Gant, luego tosió.- Uno mágico...

Ganondorf empezó a reír, aunque al parecer aceptó finalmente. Clavó la espada en el suelo, luego, su cuerpo empezó a levitar, quedándose suspendido en el aire, mirando a Gant desde arriba. Alzó ambas manos empezando a reunir magia oscura en una esfera de luz verdosa entre sus manos, dicha esfera se hacía más grande a cada segundo que pasaba.

Al cabo de unos instantes, el gerudo lanzó dicha esfera, ahora gigantesca, hacia el mercenario. Éste finalmente respondió: Abrió sus fauces y, del interior de su monstruosa boca, disparó un potentísimo rayo negro, acompañado de un intenso rugido por parte de Gant, hacia la esfera. Era el mismo ataque que usó contra Kairi en su último entrenamiento.

Una vez el rayo alcanzó la esfera causo un potente estruendo, el avance de la misma disminuyó, aunque no llegaba a detenerse. Mientras que Gant estaba ocupado lanzando el rayo, Ganondorf aprovechó para volver al suelo suavemente y recuperar su nueva espada.

Al fin, el rayo oscuro logró atravesar la esfera, aunque ésta se dividió en otras más pequeñas y rápidas que se dirigían directamente hacia el mercenario. Éste cesó su ataque y contempló lo que se le venía encima. El ataque de Ganondorf impactó directamente hacia la posición que ocupaba Gant. Cada esfera que impactaba provocaba una fuerte y sonora explosión, la figura del hombre de negro desapareció por completo.

-Bueno, se puede decir que ha sido una buena muerte...- Murmuró el gerudo.- Aunque no quede ningún cuerpo que enterrar.

-No estés tan seguro...

Ganondorf se giró para ver a Gant empuñando su llave-espada, quién lanzó un feroz ataque al gerudo que consiguió bloquear con su arma, iniciando así un forcejeo.

-Te has teletransportado, has infringido tus propias reglas, chico.- Dijo el hombre, aunque en su rostro había dibujado media sonrisa.

-Al igual que tú, ése no era tu mejor ataque...- Respondió el otro con cansancio.- Ambos somos unos tramposos.

Ganondorf ejerció más fuerza, tirando a Gant al suelo en el proceso. El gerudo se acercó a él y lo miró.

-Sabes, no me caes del todo mal, si hubieses aceptado mi oferta ahora podrías estar luchando a mi lado.- Luego agarró al mercenario del cuello con solo su mano derecha y lo levantó. Los pies de Gant ni siquiera tocaban el suelo.- Casi me da pena tener que matarte...

Ganondorf empezó a ejercer presión sobre el cuello de Gant, mientras éste se aferraba al brazo del gerudo, intentando respirar por todos los medios, pero no lo conseguía.

De pronto, en el dorso de la mano de Ganondorf, apareció un símbolo brillante de luz dorada: Tres triángulos formando uno más grande, el triangulo superior estaba brillando con fuerza, mientras que los dos restantes solo eran visibles por su contorno, se trataba de la Trifuerza del Poder. El gerudo se sorprendió ante ése echo, miró hacia los lados, y vio algo que consiguió su atención en la lejanía: La figura de un guerrero con la misma luz dorada de Ganondorf en el dorso de su mano izquierda, La Trifuerza del Valor.

El gerudo soltó a Gant de golpe, éste se llevó las manos al suelo y empezó a toser, cayendo inconsciente boca abajo a causa del agotamiento instantes después. El hombre recuperó su espada y se aproximó al guerrero a paso calmado, cosa que el otro imitó hasta encontrarse cara a cara.

-Llevo siglos esperando éste día.- Dijo Ganondorf con una amplia sonrisa macabra.- Al fin nos volvemos a ver, Link.

El hyliano, sin mediar palabra y sin cambiar su mirada serena, desenvainó la Espada Maestra y preparó su escudo. No necesitaban decir más, ambos se conocían demasiado bien. Los dos se pusieron en guardia. Ni siquiera los monstruos, quiénes habían conseguido avanzar, osaban acercarse a los dos. Ambos estaban apunto de desencadenar ésa lucha que haría temblar los cimientos de la base, de las montañas del Pico Nevado y de todo Hyrule...


Los pasillos del interior de la base estaban desérticos, lo único perturbaba ésas vacías estancias era la luz roja intermitente y el molesto estruendo de la alarma.

El Spy, llegó hasta la puerta que conducía al hangar del Metal Gear. Miró a su alrededor, pero no vio a nadie, así que decidió desactivar su camuflaje óptico.

-Parece que soy el primero...- Murmuró para si con una sonrisa.

-Casi, por cinco segundos.- La desgarrada voz de Snake sobresaltó al Spy, se giró para encontrarse con el soldado.

-Lástima...- Dijo el Spy, para luego encenderse un cigarrillo.- Tras ésa puerta está nuestro objetivo, el Metal Gear, ¿Verdad?

-Correcto, no sabemos qué nos espera.- La expresión de Snake se mostraba serena.

El soldado se descolgó su G3 de su espalda, al igual que el Spy, que sacó del bolsillo interior de su traje su revólver.

Abrieron la puerta con cautela para luego acceder a ella, entrando, al fin, al hangar.

Se trataba de un oscuro hangar colosal, repleto de depósitos de combustible, cajas de munición, cajas de herramientas por todas partes y, finalmente, una enorme figura metálica, un robot bípedo, oculto por la oscuridad del lugar.

Ambos avanzaron con cautela, moviéndose de cobertura en cobertura. Toda precaución era poca. Parecía como si nadie estuviese custodiando el lugar. No tardaron en llegar hasta el enorme robot, el Metal Gear. Ambos vieron una sombra sobre dicho robot: La sombra de un hombre.

-Se nos han adelantado.- Bufó el Spy.

-¡Intenta entrar en el Metal Gear!- Exclamó Snake con prisa apuntando con su fusil a dicha sombra .- ¡Dispara!

Ambos abrieron fuego, pero estaba oscuro, a penas podían distinguir ésa figura con el resto de oscuridad. De pronto, de lo alto de ése robot, la figura lanzó lo que parecía ser un rayo eléctrico hacia ambos, derribándoles en el proceso.

Snake, desde el suelo, soltó su G3, ya que las balas de su cargador habían explotado, y desenfundo su fiel Colt 1911 con una sola palabra en mente:

-Volgin...

-Tranquilo, Snake...- La voz grave y desgarrada del militar hizo eco por todo el hangar.- Seras testigo del poder de éste monstruo muy pronto. ¡Contempla, el Metal Gear RAPTOR!

-Spy, levanta.

El larguirucho hombre del traje rojo se levantó con dificultad, su arma estaba intacta, al parecer había gastado las seis balas del tambor de su revólver antes de la descarga eléctrica.

-Maldición... ¿Acaso aquí todos tienen poderes raros?- Soltó el Spy con indignación.

De pronto, del interior del Metal Gear, sonó un intenso rugido: EL RAPTOR había encendido sus motores. La sombra de Volgin ya no era visible, presuntamente había accedido dentro del robot para pilotarlo.

-Mierda... ¡Corre, Spy! Gritó Snake mientras se levantaba a toda prisa.

A parte del rugir de los motores, otro sonido se hizo presente: El de ametralladoras gatling al empezar a girar. Ambos arrancaron a correr a toda prisa en dirección contraria al robot para encontrar un escondite mientras que el Metal Gear abría fuego. Las balas pasaban silbando por encima de Snake y del Spy. Rápidamente encontraron una cobertura tras una gruesa columna de hormigón, que se iba destruyendo poco a poco por cada balazo del Metal Gear. En ésas, Snake se apresuró para encender su comunicador.

-¡Atención, el Metal Gear está operativo, hemos fracasado en nuestra misión!- El curtido soldado intentaba que su voz sonase por encima de todo el ruido de las ametralladoras del robot.- ¡Buscad un escondite seguro!- Suspiró con resignación.- Corto y cierro.

-Snake, si consigues una distracción, podré hacer que nos dé un par de segundos.- Dijo el Spy decidido.

-¿Cómo?

-Con ésto.- De su traje, sacó un extraño dispositivo rectangular de metal dotado de cables: Un zapador.

Snake asintió, ninguno de los dos tenía más opciones, sabían que la columna cedería tarde o temprano.

Snake saltó hacia un lado y empezó a correr hacia otra cobertura. El Metal Gear dejó de disparar a la ya maltrecha columna para centrarse en Snake. El Spy aprovechó para acercarse al robot rápidamente para plantarle el zapador en una de sus paras. El dispositivo liberó una potente descarga eléctrica que inutilizó las ametralladoras por un instante, cosa que ambos agentes aprovecharon para huir por la puerta por la que habían entrado antes.

Los dos, ya de vuelta al pasillo pudieron tomarse un respiro. De pronto se oyó un tremendo golpe que sacudió las paredes seguido de unos pasos metálicos pesadísimos se alejaban. Ambos se asomaron para ver que el hangar se encontraba vacío y la puerta principal totalmente destruida.

-Ha sacado ése monstruo a pasear...- Mustió el Spy.

-¿Y cómo se supone que destruimos ésa cosa, ahora que anda suelta?- Dijo Snake.

-¿No eras tú el experto?- Se quejó el hombre enmascarado.- Más nos vale encontrar algo lo suficiente potente para hacerlo explotar...

-Muy cierto...