Empezaba a nevar sobre las montañas del Pico Nevado. Todos los Neosombra miraban a Gant, cómo si hubiesen visto a su presa. El mercenario, por su parte, ya tenía los ojos totalmente enrojecidos y sus iris prácticamente ni existían. Claw, se mantenía inmóvil, expectante de qué era lo que estaba a punto de pasar.

En cuando el primer copo de nieve cayó sobre el frío y agrietado suelo de la base, todos los sincorazón se lanzaron sin piedad alguna sobre Gant. El hombre de negro no invocó su llave-espada, ni siquiera desplegó la hoja dentada de su brazo derecho, simplemente soltó un intenso rugido, lejos de sonar cómo un grito humano, y se lanzó al ataque totalmente desatado, desarmado, pero con sus monstruosas fauces totalmente abiertas.

Cuando se inició el choque, Gant empezó a despedazar brutalmente a todos los sincorazón que encontraba a su paso bastándose con sus manos y sus colmillos. Más que una lucha propia de un portador de la llave-espada, parecía la lucha por la supervivencia de una bestia feroz. Los Neosombra rápidamente cercaron a Gant, empezando a atacar con sus garras al ya desatado mercenario. Cada ataque recibido parecía hacer que el hombre de negro se enfureciera más y atacase con más fuerza, en vez de frenarlo o agotarlo.

-No sabía que te volvieras tan loco, niñato.- Dijo Claw con sorna, parecía divertirse ante tal lamentable espectáculo.

Gant ya no podía oír las burlas de su enemigo, él continuaba con su batalla personal: lanzándose a la yugular de todo sincorazón que podía, arrancándosela con sus grandes colmillos, para luego acabar con el siguiente a base de puñetazos. No obstante, pese a la brutalidad de Gant, el ataque de los Sincorazón era constante: los rápidos movimientos de los Neosombra siempre iban acompañados por un aluvión de zarpazos que casi siempre impactaban con su blanco.

Finalmente, gran parte de los Neosombra se lanzó sobre Gant haciéndolo desaparecer bajo todos ésos monstruos. Claw empezó a reír a carcajadas, dando por terminada la pelea.

De repente, la pila de monstruos empezó a desmoronarse mientras que el mercenario emergió de ella repleto de heridas sangrantes y demás magulladuras. Rápidamente, el hombre de negro pegó un enorme salto en medio de toda la confusión, ya en el aire, empezó a cargar magia oscura en sus fauces para luego liberarla en forma de un enorme rayo negro acompañado por un intenso rugido hacia la pila de Neosombras. Antes de que los sincorazón pudiera huir ante tal ataque fundiéndose en el suelo, el tremendo rayo impactó contra ellos, eliminando todo rastro de aquella infame pila, destrozando el suelo, ya agrietado, y dejando a Claw sin palabras.

Aterrizó bruscamente contra el maltrecho suelo, aunque no tardó volver a levantarse, jadeando, mirando fijamente al enorme hombre sin pestañear. Gant empezó a acercarse a Claw cómo si su único propósito en la vida era desollar a ése hombre. Los Neosombra restantes intentaron defender a su amo. El primer sincorazón que llegó hasta el hombre de negro, fue recibido por un brutal puñetazo que, en vez de enviarlo lejos, atravesó el pecho del monstruo, matándolo al instante; El segundo fue atrapado por ambos brazos, Gant colocó su pie en su abdomen y empezó a tirar hasta que sus extremidades fueron arrancadas de sus hombros.

Sucesivamente los Neosombra fueron cayendo uno a uno hasta que el ya irreconocible Gant llegó ante Claw, quién seguía atónito. Finalmente el enorme hombre reaccionó poniéndose en guardia.

-Lo admito, no me esperaba ésto.- El enorme hombre se mostraba hasta algo nervioso ante tal exhibición de brutalidad y la expresión del rostro del hombre de negro, cosa que nunca antes había visto.

-Voluntad férrea, sin temor al tormento.-Masculló Gant de repente con su voz lejos de ser su voz original. Se quedó mirando a su enemigo por un momento. De repente, empezó a sonar un ruido de lo más grotesco en las monstruosas fauces del mercenario, el colmillo que perdió frente a Ganondorf fue remplazado por uno nuevo que emergió de sus encías de golpe. Luego se tornó el cuello y dibujó una grotesca sonrisa mientras sus recientes heridas empezaban a cerrarse.- Ese es el camino de la venganza. Volverás a ver a Rourke, dile que vas de mi parte.

-Inténtalo, desgraciado.- Claw afiló su mirada, apartando su nerviosismo.- No me importa que ahora seas un especie de monstruo, tu destino será el mismo.

-Lo que has visto hasta ahora no es nada.- Gant finalmente desplegó su hoja dentada, manteniendo su expresión de maníaco.- Y luego de ti, irá el jefe, ¡Y por último Arktos!


El paso del monstruoso carnero era cada vez más rápido, no perdía de vista a su objetivo, Kairi, quién permanecía inmóvil.

Cuando el sincorazón llegó hasta Kairi, ésta lo recibió con una potente magia "Electro" que impactó directamente, provocando que el enorme monstruo se desviase de su trayectoria para luego frenar en seco.

-No parece tan peligroso como un Bégimo...- Murmuró ella, en vista de la torpeza del sincorazón.- Dudo que sea demasiado complicado.

El carnero se volteó para volver a ver a Kairi bajando su cabeza, dispuesto a atacar de nuevo. Ella se preparó para cualquier ataque que pudiese desencadenar ése monstruo.

Ésta vez la criatura cargó electricidad en sus cuatro cuernos retorcidos para luego dispararla hacia la joven. Ella se bastó en usar "Reflejo" para protegerse de dicho ataque, aunque con una expresión de resignación en el rostro.

-Genial, he usado un ataque eléctrico sobre un monstruo que controla la electricidad...- Se dijo Kairi con fastidio.- Hora de usar otra táctica.

El sincorazón volvió a cargar hacia Kairi, ganando una considerable velocidad en poco tiempo. La joven, viéndose algo acorralada, decidió emplear magia de viento para elevarse y esquivar el ataque. A causa del frío a Kairi le costaba mantener la concentración, provocando que su vuelo fuese más torpe de lo habitual. El sincorazón no se detuvo, avanzó hasta colisionar con la pared rocosa del paso, causando un leve desprendimiento. La joven aprovechó para tomar cierta distancia para luego descender hasta volver al suelo.

El monstruo se recuperó rápidamente para luego volver a encarar al a joven, jadeando con furia.

-El mismo ataque otra vez...- Ésta vez Kari se dirigió al enorme carnero, como si esperase una respuesta.- Para tener dos cabezas, no eres muy listo.

El sincorazón gritó de pura ira, empezó a cargar electricidad en sus cuernos, aunque no la disparó, sus dos cabezas empezaron a girar y empezó su envestida. Durante el recorrido, la electricidad de los cuernos del monstruo empezó a repartirse por todo su cuerpo hasta que su figura desapareció ante la centelleante luz azulada de los rayos eléctricos.

Kairi, en vista de lo que se le venía encima, guardó su llave-espada para luego extender ambos brazos mientras su cuerpo empezaba a emitir luz blanca. A pocos metros del fatal impacto, la joven lanzó un potente "Sanctus" directamente hacia al monstruo, cosa que provocó que el monstruo gritase de dolor y cayera al suelo, desvaneciendo toda la electricidad de su cuerpo, aunque seguía avanzando por la inercia. A escasos metros de ambos, Kairi decidió terminarlo con un último golpe final: Dio una vuelta completa sobre si misma para luego volver a invocar a Prometida a la velocidad del rayo, empuñarla con ambas manos y efectuar un tajo en diagonal con todas sus fuerzas sobre ambas cabezas del monstruo, imitando el "Tajo Relámpago" que Link solía hacer a veces.

A causa de tal golpe, ambas cabezas del monstruo fueron cortadas limpiamente, matándolo al instante.

Ella, aliviada, se relajó por un momento, aunque no duró, pues los pequeños temblores sísmicos volvieron a hacerse presentes. Ella echó la vista hacia el camino que conducía hacia la base, vio cómo una enorme nube de nieve polvo bajaba por el paso de la montaña. Al forzar la vista pudo distinguir que se trataba de un grupo de sincorazón iguales al que acababa de liquidar, unos diez.

-Más de ellos, genial...- Se dijo ella con sarcasmo y amargura, luego observo cómo los copos de nieve empezaban a caer en mayor número que antes. Ella sonrió ante la absurda situación en la que se encontraba.- Maldita la hora en que salte de ése dichoso camión...

Volvió a prepararse, para pelear. Ella sabía que diez de ésos seres serían mucho peor que luchar con uno solo, pero aún le quedaba esperanza, no estaba dispuesta a ceder ni un solo milímetro, no estaba dispuesta a caer ante ellos, ya no era una niña indefensa.

Los camiones al fin alcanzaron al Soldier a bordo del Metal Slug, los tres vehículos pasaron cerca de dónde residían sus antiguos transportes, quiénes miraban por la ventanilla, pudieron ver cómo eran abordados por los antiguos prisioneros de la base de Volgin.

No se detuvieron en ningún momento, pues a lo lejos podían deslumbrar a Ganondorf galopando su caballo negro a toda velocidad.

-Estaremos a mitad de camino del paso del Pico Nevado.- Mustió Zelda.- Ojalá Volgin no pase de la región de Lanayru.

-Al parecer Gant ha hablado con los del castillo, creo que quieren luchar.- Contestó Link con desánimo, aún afectado la ausencia de Kairi.

-Puede que frenen su paso e impidan que avance hasta la Montaña de la Muerte.- Añadió Snake desde el asiento del piloto sin dejar de mirar el camino, aunque con un dejo de esperanza en su voz.- Al parecer, mantener a ése tal Elroy con vida fue una buena idea.

-Ya veo...- Murmuró la hyliana con algo de molestia.

El único que no había hablado en ése camión fue N. Gin, quién miraba por la ventanilla que daba al otro camión con interés.

-Ése Engineer está loco...

-¿Qué pasa, N. Gin?- Link se acercó al cyborg para poder ver lo que su compañero estaba observando con tanto interés.

Ambos vieron cómo el susodicho se encontraba sobre el techo de su vehículo, montando lo que parecía ser una torreta automática con dos pequeños cañones giratorios gatling. El hombre se volteó para ver tanto a Link como N. Gin mirándole desde su ventanilla. El Engineer se limitó a brindarles una de sus acostumbradas sonrisas y saludarles con la mano de forma amigable, los dos imitaron ése último gesto.

-Es un experto en montar ésas cosas para que disparen solas a sus enemigos.- Dijo Link sin apartar la mirada.

-¿No sabe que es peligroso?- Soltó N. Gin sin dejar de saludar al Engineer y fingir una sonrisa.- Se puede caer en cualquier momento.

-Todos ellos están locos.- Añadió Zelda desde su asiento.- Después de ver lo que hace ése Soldier con su lanzacohetes, ya no me sorprende nada.

-Pues deberías ver los nueve al completo en acción.- Respondió el hyliano, algo más animado.- Nunca había visto un grupo tan caótico actuar de una manera tan efectiva, con cada miembro usando sus propias tácticas supliendo las carencias de sus compañeros y viceversa.- Luego miró a Zelda.- Más te vale darles una buena paga.

-Si salimos de ésta, hasta haré una estatua en su honor.- Soltó ella con una pequeña sonrisa al fin. Aunque luego echó la vista a su propia ventanilla, ocultando su expresión de preocupación al resto para luego murmurar para si misma.- Si salimos todos de ésta...

Gant, ya totalmente desatado y enloquecido, se lanzaba a por Claw cómo un veloz felino a su presa. El enorme hombre le costaba mantener al mercenario a raya, pues él estaba acostumbrado a luchar contra oponentes dispuestos a mantener un duelo, conscientes de sus actos, con miedo en sus corazones... Pero éste no era el caso.

Claw, incapaz de pasar a la ofensiva, esquivaba los ataques de su enemigo cómo podía, en algunas ocasiones hasta golpeaba a Gant con su escudo para que retrocediese, aunque el otro rápidamente volvía a la carga con más furia. En uno de ésos envites, Claw logró preparar su espada lo suficientemente rápido para sorprender al desquiciado mercenario, logrando un potente corte en la cara de Gant, éso lo hizo retroceder por un momento, quejándose por el dolor.

-Deja de comportarte como un loco y pelea de verdad.- Exigió Claw con molestia.

Gant no respondió, simplemente alzó la mirada para revelar cómo ésa herida dónde brotaba sangre negra se cerraba a los pocos segundos, sorprendiendo a Claw. El mercenario volvió al ataque de inmediato tras soltar de nuevo un intenso rugido, cada vez más lejos de parecerse siquiera a un humano.

El enorme hombre lo estaba esperando ésta vez, con su escudo al frente sujetado con firmeza y su espada lista para dar una estocada. Cuando Gant llegó ante él esquivó la estocada de su contrincante con un salto para luego subirse sobre el canto superior del escudo de Claw, en cuando éste intentó reaccionar con un nuevo ataque, Gant volvió a saltar, ésta vez por encima del hombre, aprovechando la ocasión para propinarle un corte en su espalda justo después de aterrizar. Claw, gritando de dolor, se giró para golpear al hombre de negro con su escudo con todas sus fuerzas, mandando a Gant lejos.

Cuando el mercenario se recuperó del golpe, miró la sangre de su enemigo sobre su hoja dentada, luego miró a Claw con una grotesca sonrisa.

-Has conseguido un golpe, pero yo aún te llevo ventaja.- Masculló el hombre reprimiendo el dolor.

Gant intentó pronunciar unas palabras, aunque distaban mucho de tener algún sentido.

-Ya me has hartado, niñato.- Proclamó con ira.- Voy a hacerle un favor al mundo y a ti mismo: En éste momento, acabaré con tu miserable existencia.- No se trataba de una burla, su tono de voz nunca fue tan serio.- ¡Vamos, ven a por mi!

El mercenario, como si hubiese oído lo que llevaba esperando oír durante toda su vida, se lanzó al ataque una vez más, la hoja dentada estaba preparada, sus fauces totalmente abiertas y su demencia estaba peor que nunca. Claw volvió a preparar su escudo, haciendo que la boca gravada en él se abriese, volviendo a soltar ése gas púrpura una vez más. Gant no frenó su carga por ése hecho, aligeró su paso hasta meterse de lleno en ésa toxica nube de gas nocivo. Una vez, ambos contrincantes fueron cubiertos por el gas, solamente se pudo escuchar el sonido de una hoja de hierro atravesando carne y destrozando huesos.

Cuando la nube de gas se disipó con los gélidos vientos del Pico Nevado, ambos guerreros se encontraban uno frente al otro, con muy escasa distancia entre ellos. La ya ensangrentada hoja dentada de Gant se encontraba justo al lado del cuello de Claw, mientras que la espada del segundo había sido clavada en el torso del mercenario, quién se mantenía con la cabeza baja y con su mano izquierda sujetando la muñeca de Claw.

-Ya está...- Murmuró Claw con una sonrisa de triunfo.- Al fin...

El hombre se dispuso a retirar su espada del cuerpo de su enemigo, pero algo se lo impedía. Aún había fuerza en el brazo de Gant, quién empezó a respirar de forma muy pesada, exhalando el gas del escudo de Claw mezclado con un especie de humo negro.

-No...- Claw empezó a ponerse nervioso.- Deberías estar muerto.

Gant empezó a levantar la cabeza, encarando a Claw una vez más. Los pequeños ojos oscuros del hombre se encontraron con los ya totalmente enrojecidos ojos de su enemigo, que ni siquiera parpadeaban. Claw empezó a sentir algo que hacía tiempo que no sentía: Miedo. Intentaba retirar su espada con todas sus fuerzas, pero no podía, tuvo el deseo de soltar su arma y largarse, pero sus piernas no le respondían, solamente veía los ojos de un monstruo desquiciado que no se despegaban de los suyos.

-¿Qué... Qué vas ha...?

Claw no pudo terminar la pregunta, pues Gant de golpe abrió sus fauces y mordió la clavícula de Claw y parte de su cuello con anormal fuerza. Éste soltó un profundo alarido de dolor, mientras brotaba sangre de la zona de la mordida. Aprovechando ésto, Gant guardó la hoja dentada para empezar a preparar su propulsor de codo a toda potencia, hasta parte del blindaje de su brazo robótico paro a sus nudillos, desplegando cuatro pinchos metálicos en ellos. El mercenario, desencadenó el mayor puñetazo de su vida sobre el pecho de Claw, su coraza se abolló totalmente, causando que el impacto diese de lleno a su objetivo real. Por encima del tremendo alarido de dolor de Claw, se pudo escuchar el sonido de costillas partiéndose, mientras que el enorme hombre escupía sangre a causa del tremendo golpe.

El impacto fue tal, que mandó al colosal hombre por los aires, causando que la zona dónde mordía Gant fuese en parte desgarrada. Cuando Claw aterrizó sobre el maltrecho suelo los gritos cesaron, el hombre no se movía.

Finalmente, Gant miró su torso, la espada seguía ahí clavada. Agarró fuertemente la empuñadura y se extrajo dicha arma acompañado por un potente rugido de dolor. De la herida, ya sangrante, empezó a brotar sangre negra, tanto en su espalda como en su torso. La herida empezó a cerrarse lentamente, aunque el dolor no cesaba, Gant cayó sobre sus rodillas, sumergido en ése intenso dolor hasta que empezó a disminuir muy lentamente.

Al fin Gant obtuvo fuerza suficiente para levantarse una vez más ayudándose de su brazo izquierdo, pues su brazo robótico ahora permanecía inmóvil, muerto...

Se acercó a Claw con dificultad, el hombre estaba malherido, más aún respiraba. El mercenario quería rematar a su enemigo con un rayo oscuro a bocajarro, así que empezó a cargar dicho ataque con las fuerzas que le quedaban, reuniendo casi todo su poder oscuro en sus fauces una vez más.

Antes de acabar con su cometido, el mercenario fue duramente arrollado por una fuerte y gélida corriente de viento acompañada por nieve y fragmentos de hielo. Ése repentino golpe provocó que Gant cayese al suelo, cuando alzó la mirada, vio algo, algo que hacía tiempo que quería ver. Tras quedarse boquiabierto durante unos segundos, se volvió a levantar, con una sonrisa en su rostro. Cuando se preparó para cargar de nuevo, fue alcanzado por un rayo azul como el zafiro, dejándolo congelado.

-Veo que he llegado justo a tiempo...- Dijo alguien que se aproximaba a Claw a paso calmado.

El hombre lentamente abrió un ojo, pues no le quedaban fuerzas para abrirlos ambos, cuando vio a aquel sujeto, suspiró con alivio, a pesar de todas sus heridas.

-Arktos... Me has salvado...- Masculló Claw con muchísima dificultad, sin poder evitar toser sangre.

-No hables, ahorra tus energías.- Arktos chasqueó los dedos y aparecieron de la nada unos cuatro seres de hielo delgados y dotados con cuernos en sus pequeñas cabezas: Chilfos. El hombre se dirigió a esos seres por un momento.- Llevaos a Claw en un lugar seguro y tratad sus heridas.

-Espera, deja que remate a ése desgraciado...

-¿Rematar? Acabo de evitar que él te rematase a ti.- Le reprochó con serenidad.- Te ha ganado, Claw, tienes que reconocerlo.

-Pero...

-Además, ahora, si quieres vivir hasta mañana, será mejor que te cuiden las heridas.- Anunció él finalmente.- Llevároslo.

Los chilfos al fin cargaron con Claw y se lo llevaron a un lugar seguro, mientras que Arktos se acercaba al congelado Gant.

-Tranquilo, no he venido a matarte, Gant.- Dijo como si el mercenario pudiese llegar a escucharle.- No será como la última vez que estuviste congelado. Solo quiero recordarte una cosa.- Arktos se acercó a la singular escultura de hielo de mirada perdida.- Si estás aquí es por algo: Volgin. Y encima vas con la joven Kairi, así que supongo que tu deber es protegerla, así que hazlo...

De pronto la mirada perdida de Gant se centró en Arktos a través del hielo con ojos inexpresivos, pero afilados como cuchillas, cosa que hizo sobresaltar al peliazul. Otro chilfos apareció por orden de Arktos.

-Recuerda que hay cosas más importantes que nuestra disputa, así que piénsalo bien cunado te descongeles, decide tus prioridades.- Arktos luego se dirigió al chilfos.- Cuando se calme, déjalo libre.

El ser de hielo asintió y el hombre empezó a alejarse, dejando a ésos dos solos en completo silencio.

Los vehículos, sin aminorar para nada su marcha, lograron alcanzar a Ganondorf a lomos de su caballo negro de crines escarlatas. En cuando el grupo adelantó al jinete, se ganaron la severa mirada de Ganondorf. Quiénes cruzaron su mirada con la del gerudo, notaron quebrarse su espíritu, pocas veces avían visto una expresión tan fría como la de Ganondorf.

Al tomar bastante distancia frente al gerudo, al fin divisaron al Metal Gear a la lejanía, cerca del final del paso de la montaña, aproximándose a la presa que atravesaba el Río Zora.

-Snake, debemos interceptarlo antes que llegue a Eldin.- Dijo Zelda con seriedad.- Tenemos que destruir a ésa cosa y a quién va dentro de él.

-Pero tenemos un camión repleto de munición, no nos podremos acercar.- Respondió pensativo.- Así que cunando lleguemos hasta el Metal Gear deberemos abandonar el camión de inmediato y enfrentarlo a pie.

-¡Pero en las llanuras hay muy pocos escondrijos, dudo que aguantemos mucho contra él en campo abierto.- Respondió N. Gin alterado.- El único que podría dañar al RAPTOR sería el Soldier con el tanque.

-Te olvidas de Ganondorf, amigo.- Soltó Link con total serenidad.- Ya habéis visto de lo que es capaz, y, creerme, aún no lo habéis visto todo lo que es capaz de hacer.

-¿No te guardarás algún as en la manga, Link?- Preguntó el soldado al hyliano con sarcasmo.- ¿O acaso el único que tiene golpes escondidos es ése Ganondorf?

-Con razón sale en casi todas las leyendas de Hyrule.- Dijo Zelda frotándose la sien con preocupación.- Siempre es referido como el "Mal Encarnado" o "Señor de Tinieblas", poseedor de un poder inigualable...- Luego ella miró a Link.- Pero siempre acaba vencido, ¿No?

-No siempre... A lo largo de nuestra historia siempre hemos luchado a muerte, a veces yo ganaba, a veces él ganaba...- Link miró hacia la luna trasera, desde dónde se podía ver al gerudo, ya a lo lejos, cabalgando.- A lo largo de los siglos yo me he ido reencarnado, renaciendo... Pero él... Él siempre ha sido el mismo hombre, desde tiempos inmemoriales...- Suspiró.- El único hombre que he visto morir de pie, negándose a mostrar ni un ápice de debilidad, incluso después de su muerte...

Tras ése relato, N. Gin tragó saliva asustado, Zelda también estaba nerviosa, conocía la historia de Ganondorf, pero no con ése lujo de detalles. Snake también permaneció en silencio, tras las palabras de Link, no se atrevía a decir nada más.

Poco a poco, iban llegando al final del paso de la montaña mientras el Metal Gear llegaba hasta la presa del Río Zora. Habían recortado muchísima distancia en poco tiempo... Se acercaba la hora de la verdad...

Snake contactó por radio con los demás vehículos.

-Spy, ¿Qué tal vais?

-"Armas cargadas y listas, estamos preparados".- Contestó éste por radio.

-¿Soldier?

-"Listo para dejar a ése pedazo de chatarra como un colador".- Respondió el hombre entre risas.

-Bien...- Luego Snake se dirigió a sus compañeros de transporte.- ¿Y vosotros, amigos?

-Estoy preparada.- Dijo Zelda con serenidad.- Ansío liberar éste mundo de ése desgraciado.

-...Espero que todo vaya bien...- Añadió con algo de temor en su voz robótica.- Supongo que más preparado no podré estar.

-Me alegra oírlo, amigo...- Respondió Snake con una pequeña risa.- ¿Y tú, Link?

-Sí...- El hyliano empezó a asentir suavemente, no para convencer a sus compañeros sobre su decisión, sino para convencerse a él mismo. Aunque finalmente se reafirmó con gran serenidad:- Estoy preparado.

La base militar de Volgin permaneció en silencio sepulcral hasta que, de la Torre Oscura, empezó a sonar un intenso ruido que se intensificaba más a cada segundo.

De golpe, desde el punto más alto de dicha torre, se desencadenó un colosal rayo negro que se elevó hasta los cielos. Ése rayo ganó aún más potencia hasta ser el doble de grueso que el propio edificio. Cuando el ruido ya era totalmente insoportable, el suelo empezó a temblar, agrietándose en el proceso. La torre empezó a desmoronarse, pedazos de ella empezaron a precipitarse sobre los edificios de los alrededores.

Finalmente, la inmensa potencia del rayo oscuro fue demasiada para todos los sistemas y circuitos de la torre, causando que ésta explosionase con tremenda violencia.

La onda expansiva arrolló al congelado Gant y al chilfos que lo custodiaba, mandándolos por los aires hasta impactar contra uno de los muros de la base. El monstruo de hielo quedó totalmente destruido, quedándose solo en miles de pequeños fragmentos de hielo, a la vez que la prisión helada de Gant era destruida, liberándolo al fin.

El mercenario, se despertó al instante, no dejaba de temblar a causa del frío, cada herida que le ocasionaron en la lucha anterior le dolía a horrores, se sentía muy mareado a causa del gas del escudo de Claw, su boca le sabía a sangre, y sentía que su cabeza le ardía.

Con dificultad sacó de su bolsillo un pequeño frasco con un espeso líquido azul en su interior para luego engullirlo de un trago. Tras hacer una dramática mueca de asco, notó como el mareo y el dolor de sus heridas cesaba.

Luego notó que el brazo robótico permanecía inmóvil. Dejó caer el frasco al suelo para rebuscar en sus bolsillos un cilindro amarillo con señales de precaución impresas en él. Abrió una pequeña compuerta metálica de su antebrazo derecho, dónde tendría los palmares, para sacar un cilindro igual requemado y humeante para luego reemplazarlo con el nuevo. A los pocos segundos, el brazo rodótico volvió a funcionar con normalidad.

-Vale... ¿Que ha pasado?- El mercenario no lograba recordar todo lo sucedido, recordaba a Claw ensartando su torso con una espada, a los Neosombra atacándolo... Miró a su alrededor, pero no había nadie, solo manchas de sangre en el suelo, tanto rojas como negras, junto a una espada también con sangre negra. Luego vio el humeante cráter dónde antes estaba la Torre Oscura. Decidió comunicarse con sus compañeros, así que activó el audífono de su oído.- Eh, ¿Compañeros? Creo que he acabado aquí, la torre ésa ha explotado también...

-"Me alegra oírte, chaval".- Respondió la voz del Engineer.- "Oye, ¿Crees que podrías venir? estamos cerca del objetivo. Ya de paso, busca a Kairi, saltó del camión".

-¿Y para qué hizo tal cosa?

-"Nos perseguía un bicho enorme, supongo que quería frenarlo".- Ahora sonó la voz del Sniper.- "Se quedó atrás como tú hiciste".

-De acuerdo, recibido...- Gant, terminó con la comunicación para luego soltar un profundo suspiro.- Si lo llego a saber que es tan inconsciente, me quedaba en ése dichoso camión...

De pronto, notó un tenue sonido por encima de su cabeza, alzó la mirada para ver un pequeño y extraño artilugio rojo volando a gran altura, dirigiéndose hacia el Este. Gant no perdió tiempo: Extendió su brazo izquierdo y reunió magia oscura en él, intentando abrir un portal, aunque no lo conseguía, pues seguía agotado.

-Entiendo...- Masculló con molestia.- Espero que esos prisioneros estén fuera, pues...

Posó su mano izquierda en el suelo y liberó un pulso oscuro, algo que ya había hecho antes. No pasó demasiado tiempo hasta que el suelo volviese a temblar y a agrietarse una vez más. El mercenario dio unos pasos hacia atrás para ver cómo una porción del suelo se desmoronaba dejando un enorme agujero. De él emergió una colosal escolopendra negra con el símbolo de los sincorazón dibujado en el tórax: El Trepador Abismal.

El enorme monstruo se detuvo a pocos metros de Gant, quedándose totalmente quieto, éste se dispuso a subir sobre el sincorazón.

-Mejor que un caballo...- Murmuró. Luego avanzó hasta estar sobre la cabeza de la enorme escolopendra, las grandes antenas del Trepador Abismal se enredaron en las piernas de Gant hasta rodearle la cintura. De pronto al mercenario se le vino algo en su mente:- Arktos.- Recordó que lo había noqueado y congelado, así que podía andar cerca y seguro que se había llevado a Claw. Él miró hacia el resto de la base y hacia su puerta principal con dudas. Finalmente apretó los colmillos con rabia y resignación al igual que su puño.- Otro día te pillaré, Arktos...

El Trepador Abismal empezó a avanzar a toda velocidad hacia el paso de la montaña para iniciar su descenso, en busca de Kairi, aunque el hombre de negro intuía que no sería una tarea demasiado complicada.

En el paso de la montaña había una inmensa nube de nieve- polvo originada por los enormes sincorazón cargando contra Kairi sin piedad, de los diez originales ya solo quedaban seis. Kairi, frente a ellos, magullada y agotada, empuñaba a Prometida con toda la firmeza que le permitían sus fuerzas.

El primero de los seis carneros monstuosos cargó envuelto de electricidad. Kairi se veía incapaz de lanzar más "Sanctus" para protegerse, así que no podía confiar en su poder mágico. Cuando la bestia llegó hasta la joven, ella hundió su llave-espada en uno de los cráneos consiguiendo matarlo, aunque llevándose una potente descarga eléctrica que la echó para atrás al instante.

Cuando la joven se recuperó, otros dos se lanzaban al ataque a toda velocidad. Pudo esquivar el primero dando un paso lateral hacia la izquierda para luego clavar su arma en el costado del monstruo, aprovechando la velocidad del sincorazón para efectuar un tajo quellegaba hasta sus partes traseras. El segundo, sin embargo, no pudo ser esquivado, aunque impactó directamente, no alcanzó a ensartar a Kairi con sus retorcidos cuernos durante el arrollo. La joven fue lanzada hacia atrás a causa del duro golpe, cayendo de espaldas en la nieve.

Ella clavó a Prometida en el suelo, apoyándose sobre ella para poder levantarse de nuevo con suma dificultad, jadeando y adolorida, pero con la mirada afilada, clavada en ésos sincorazón. El monstruo, repleto de ira ciega se cargó de voltaje y volvió a envestir. Kairi, sentía un tremendo dolor en la pierna derecha, así que no podría esquivarlo, así que preparó su arma, esperando a que el monstruo llegase.

De pronto, entre Kairi y el carnero, cayó algo parecido a un colgante de cobre, cuando tocó el suelo apareció un potente fogonazo de luz blanca que cegó tanto a Kairi como a los sincorazón. Cuando la luz se apagó y la joven volvió a abrir los ojos, vio que ante ella avía aparecido un sujeto, de espaldas a ella: Un guerrero de casi dos metros de alto, vistiendo una gruesa armadura blindada negra bastante desgastada que cubría todo su cuerpo dotada de un faldón de tela rojizo en mal estado, en su mano izquierda cargaba con un enorme escudo rectangular también negro semejante al de un legionario, empuñaba un colosal espadón con cierto parecido a una espada "gladius" reposando sobre su hombro y su cabeza era totalmente cubierta por un yelmo negro.

-¿Un ferrus?- Se preguntó Kairi con temor, pues ya era lo que le faltaba.

El monstruoso carnero se recuperó y volvió a cargar con fuerza hacia ambos. El sujeto no dio ningún paso, simplemente puso su grueso escudo al frente y aguardó. Cuando el monstruo impactó sobre el escudo, el guerrero no llegó a retroceder ni un metro, dejando asombrada a Kairi ante tal despliegue de resistencia.

Aunque la corriente eléctrica del sincorazón pasó al formidable guerrero a través de su escudo y su armadura, no mostró ningún signo de dolor, ni siquiera un quejido. El sujeto dio un fuerte empujón con su escudo a la bestia, obligando a que retrocediera. Cuando ésta volvió a la carga, el guerreo colgó su escudo en su espalda y empuñó su espadón con ambas manos. Cuando llegó hasta él, el carnero fue recibido con un fatal tajo vertical que impactó directamente sobre su cabeza. El tremendo golpe hizo que el carnero fuese frenado en seco y hasta enterrado en parte en la nieve, perecía más el impacto de un colosal martillo de guerra que el de una espada. Él retiró su arma del cuerpo sin vida del carnero, había conseguido partir el cráneo del monstruo en dos y gran parte del restante.

Cuando el monstruo muerto se desvaneció en humo negro, todos los restantes se dispusieron a envestir, todos a la vez.

El guerrero volvió a preparar su escudo, esperando el golpe. Kairi, asombrada por la inmensa fuerza de ése sujeto, comprendió que de alguna forma estaba de su parte, así que se puso a su lado empuñando su llave-espada con decisión.

De la nada, una monstruosa escolopendra colosal, arrolló dos de los tres sincorazón, dejando a solo uno en medio de la envestida. Kairi se quedó tan boquiabierta tras la aparición de ése nuevo monstruo que se olvidó por completo del carnero, aunque no tardó en recobrar el sentido en el momento que oyó el fuerte choque del sincorazón frente al escudo del guerrero.

El sujeto había vuelto a interponerse entre Kairi y el monstruo, manteniendo a raya a la bestia, quién trataba de avanzar, aunque le resultaba imposible. Ésta vez el guerrero se retiró con un paso hacia atrás, manteniendo el escudo clavado al suelo, poniéndolo en diagonal. El sincorazón finalmente avanzó un paso, quedando por encima del escudo de hierro. El formidable caballero aprovechó ése hecho para soltar su espadón, aferrar su escudo con ambas manos, y, demostrando una fuerza sobrehumana, levantó al carnero por encima de su cabeza para luego tirarlo hacia un lado. Cuando el guerrero se recuperó fue a recuperar su espadón para rematar la bestia, pero Kairi ya había hundido su llave espada en el costado de ése ser, acabando con él.

Cuando ella se giró, se encontró con el torso blindado del guerrero, ella alzó su cabeza con duda para encarar a ése sujeto, aunque solo pudo ver las cuatro rendijas su yelmo. El sujeto no medió palabra alguna, simplemente se podía oír su respiración a través de su yelmo. Francamente, a Kairi le perturbaba estar tan cerca de él, había demostrado ser una auténtica bestia en combate, así que no deseaba tenerlo como enemigo. Aunque finalmente el enorme sujeto volvió a cargar su espadón sobre su hombro y se alejó de ella.

Luego, Kairi vio cómo los dos monstruosos carneros restantes eran vencidos por la colosal escolopendra negra: Uno estaba siendo víctima de una potente restricción, con el cuerpo del enorme insecto rodeando a ése ser ejerciendo una brutal presión; El otro en cambio, acabó en sus mandíbulas, llevándose unas horribles mordidas.

Cuando ambos carneros se desvanecieron en humo negro, la gigantesca escolopendra se acercó hacia Kairi y el guerrero.

Ella volvió a empuñar su arma, pero el otro permaneció ahí quieto, ni siquiera alzó su escudo.

-¿Sabes? Si te dedicas a seguir mis pasos acabarás mal, Kairi.- Dijo Gant, apareciendo por sobre la cabeza del monstruo.

-Oh, eres tú...- Respondió ella con alivio.- Es cierto, no me acordaba que podías controlar a ésos bichos.

-Es el Trepador Abismal. ¿Recuerdas?- Corrigió el mercenario con algo de molestia. Luego se dirigió hacia el formidable guerrero que permanecía junto a la joven.- Buen trabajo, Tarkus, has mantenido a la princesa del corazón sana y salva.

El sujeto, aparentemente llamado Tarkus se giró para encarar a Kairi una vez más. Volvió a colgar su escudo en su espalda ante la mirada de incomodidad de la joven. Éste se limitó a tenderle la mano sin decir nada. Ella, tras dudarlo un poco, finalmente le dio un apretón de manos a Tarkus, mientras éste volvía a brillar con luz blanca para luego desaparecer. Lo único que quedó fue el colgante que se elevó a unos metros del suelo para luego volver a Gant.

-Escucha, más nos vale ponernos en marcha ya.- Demandó el mercenario.- Rápido, sube.

-No...

-¿¡Qué!?

-¿No podrías invocar a un sincorazón semejante a un caballo?- Preguntó ella con disgusto.- No me gusta la idea de subirme a un insecto enorme...- Luego se animó un poco.- Siempre puedo ir volando con un hechizo de viento.

-Será posible... Con este frío te vas a estrellar y yo me quedaré sin paga, y seguramente sin cabeza si se entera Link.- Gant se puso serio, tomando un tono más severo.- ¡Aparca tu asco a los insectos por un momento y sube a la dichosa escolopendra, no te lo voy a decir más veces!

Ante la imposibilidad de intentar razonar con Gant, Kairi finalmente accedió, acercándose al Trepador Abismal por uno de los costados y subiendo sobre su cuerpo con una larga mueca de asco. Una vez arriba se acercó hacia el mercenario, quién seguía sujeto a las antenas del monstruo. Él miró por encima de su hombro para ver a la joven.

-Bien.. Empecemos a...

No pudo acabar la frase, pues Kairi clavó sus ojos en los de Gant con expresión seria. Ella se fijó en lo enrojecidos ojos del mercenario, algo que ya había visto antes.

-¿Has vuelto a perder los estribos, verdad?- Ahora era Kairi quién sonaba severa.- Te dije que no lo volvieras a hacer.- Gant fue incapaz de aguantarle la mirada.- ¿Y que has hecho con Claw? ¿A caso lo recuerdas?

-No... O se lo han llevado o me lo he comido, yo que sé.- El hombre de negro sacudió la cabeza.- Pero olvidemos el tema.

-¿Y desde cuando tienes un amuleto de invocación?

-¡Ya basta de preguntas!- Exclamó.- Vayámonos ya, tus amigos nos esperan.

-De acuerdo, pero luego voy a querer una explicación.- Demando ella con molestia, aunque no duró demasiado.

-Te prometo que luego te pongo al día, ahora agárrate fuerte, iremos campo a través.

-¿Disculpa?

-Por las paredes rocosas, tranquila, el Trepador podrá bajarlas sin problemas.- Explicó él con cierto aire de orgullo.

Kairi, con algo de recelo, se aferró a la cintura del mercenario.

-Usar a un "Trepador" para bajar una montaña...- Murmuró Kairi.

-Irónico, ¿Verdad?

-Aún no te he dado las gracias por ayudarme.

-Luego me invitas a una cerveza en cuanto lleguemos a Vergel Radiante y estaremos en paz.

De pronto el monstruoso insecto pegó un agudo chillido para luego empezar su descenso a través de las paredes rocosas de la montaña a toda velocidad. Kairi se aferraba con fuerza a Gant, quién se mantenía perfectamente sujeto gracias a las antenas del monstruo, incluso estando totalmente en vertical.

En lo alto de las almenas del castillo, un soldado corría a toda prisa para ver a su superior, Elroy, quién se mantenía de pie gracias a un par de muletas.

-¡Señor, el Metal Gear se aproxima!- Exclamó el soldado con urgencia.

El nuevo jefe del castillo se puso serio, miró a sus compañeros, aunque estaban armados, se les notaba nerviosos. Él suspiró para luego dirigirse a todos ellos.

-¡Bien, caballeros, hoy es el día que le devolveremos el favor que nos hizo ése desgraciado!- Exclamó para motivar a todos los presentes.- ¡Él nos abandonó a nuestra suerte declarándonos como escoria y como sus enemigos, le demostraremos que ése fue el mayor error de su vida!- Todos los soldados soltaron un fuerte grito de guerra, cosa que animó a Elroy.- ¡Bien, llevad los lanzamisiles a las almenas, ametralladoras a las ventanas de los pisos inferiores, francotiradores, ocupad las torres!

-¿Y nosotros, los fusileros?- Preguntó uno de los soldados.

-Preparaos para el combate en campo abierto, un grupo pequeño se enfrentará al Metal Gear, van a necesitar todo el apoyo posible. Pero sed cautos, llevaos con vosotros granadas anticarro y los Stinger que podáis.- Respondió con un dejo de culpabilidad, pues sabía que no todos volverían de ésa arriesgada misión.

-¡A la orden!

Varios soldados abandonaron las almenas para descender hasta la planta baja del castillo. Elroy se acercó a los muros de las almenas, contemplando las llanuras ante él, sin percatarse que alguien seguía sus pasos.

-¿Y yo qué hago?- De detrás de él sonó una voz ronca y profunda.- No querrás que me quede sentado para ver cómo os lleváis toda la gloria.

-Si has venido a ayudar, ve con los fusileros, tus habilidades serán más efectivas con ellos...- Elroy se giró para encarar a un enorme hombre embutido en una gruesa armadura amarilla y negra, recubierta de escamas celestes, su brazo derecho acababa con un guantelete con forma de garra, solo se le podían ver sus ojos pequeños y marrones, clavados en el jefe del castillo.- ¿No querías enfrentarte a Volgin personalmente? Ahora es tu oportunidad, Voleph.