El todoterreno avanzaba a través de la maleza con Kairi al volante y Link de copiloto indicándole el camino. Se encontraban en un punto del bosque dónde los árboles eran más altos de lo normal, incluso tuvieron que encender los faros del coche para alumbrar el camino.

-Link, ¿Seguro que no nos hemos perdido?

-Ten fe, pronto llegaremos.

No pasó demasiado tiempo hasta que llegaron a una zona repleta de niebla, dónde la visibilidad empeoraba por momentos. Finalmente llegaron ante un enorme árbol, mayor que el resto, con raíces asomando desde el suelo.

-Bien, para aquí...

Kairi, obedeció, aunque no pudo evitar frenar de forma brusca, haciendo un pequeño derrape. Ella miró a su copiloto algo avergonzada.

-Lo siento...

-Tranquila, yo ni siquiera sé conducir éste chisme.

Ambos se bajaron del coche. Kairi se fijó en las raíces de aquél colosal árbol que se encontraba ante ellos, aparentemente muerto y reseco, dichas raíces formaban una forma extraña: Un túnel.

-Supongo que debemos ir por ahí, ¿No?- Preguntó ella temiendo la respuesta de su compañero.

-Efectivamente, vamos.

La joven pelirroja, algo fastidiada, siguió a Link, quién lideraba la marcha. Ambos entraron en aquél extraño túnel compuesto de raíces. Ella se fijó que incluso dentro de ése túnel dónde no brillaba el Sol aún crecía la hierba, incluso notó que la maleza se movía sin que soplara nada de viento ahí dentro.

.Link... Tengo un mal presentimiento...- Soltó Kairi con un dejo de preocupación.- ¿No te sientes observado por alguien?

-Pues claro que sí.- Respondió el hyliano con suma normalidad, perturbando aún más a Kairi.- Estamos en el hogar de los Keaton: Los zorros fantasma.

-¿Estamos en peligro?

-Para nada, dudo que veamos a uno de ellos, simplemente les gusta asustar a la gente moviendo arbustos y otras plantas, pero son inofensivos.

Ambos continuaron hasta llegar a una posible salida de ése túnel: Un foso, un enorme foso cuyo fondo no se alcanzaba a ver.

-¿Y ahora qué?

-Ahora saltamos...

-¿¡Que!?- Kairi estaba incrédula.- No voy a saltar, ni siquiera se llega a ver el fondo de éste agujero.

-Un salto de fe.- Insistió él.- No pasará nada. Además tú puedes volar invocando ráfagas de viento, ¿No?

-Sí, podría amortiguar mi caída, pero no la tuya.

-No te preocupes por éso. Sígueme.

Acto seguido, Link se dejó caer por aquél foso ante el grito que soltó Kairi. Ella se asomó para ver a su compañero ser cubierto por la oscuridad del foso hasta perderlo de vista.

-¡Link!- Gritó ella desesperadamente esperando una respuesta, aunque sin ningún éxito.

Kairi estaba asustada y confundida, se quedó un momento mirando aquél oscuro foso, luego se apartó de él, preguntándose que hacer.

-Salto de fe...- Murmuró ella, tomando una bocanada de aire.- Salto de fe, salto de fe, ¡Salto de fe!

Finalmente arrancó a correr hacia el foso y saltó a él. Durante la caída vio cómo la luz del túnel sobre ella se alejaba hasta perderse entre la oscuridad, rodeándola por completo. Aunque, de forma inexplicable, ella empezó a ver extrañas formas de colores que se acercaban a ella desde el fondo del foso que se acercaban a ella: ¿Eran caras o máscaras? Ella dudaba si se trataba de su imaginación o era algo más.

Kairi invocó a Prometida para intentar crear ráfagas de viento, aunque tal intento fue en vano.

-Oh no...

Ella era incapaz de hacer nada para frenar su descenso. Con miedo en su corazón, cerró los ojos, esperando el final desenlace...

-Oye, despierta.

-¿Link?

-Pues claro, estamos solos aquí.

Kairi abrió lentamente los ojos, estaba tendida en el suelo en lo que parecía ser una caverna extrañamente iluminada. Link, quién estaba junto a ella le ayudó a levantarse.

-Te dije que no pasaba nada...- Le reprochó él con una leve sonrisa.

-Todo ésto es demasiado para mí.- Contestó Kairi frotándose las sienes.

-Te comprendo, créeme.

Finalmente ambos empezaron su avance por aquella extraña caverna hasta llegar junto a otro foso, aún más ancho que el anterior.

-Dime que no tenemos que volver a saltar.

-No, en éste, si nos caemos, estaremos mal.- Soltó Link, cosa que tampoco reconfortó a la joven pelirroja en absoluto. El hyliano miró hacia el otro lado del foso.- Mira ahí está la salida.- Kairi miró hacia dónde señalaba su compañero: Se trataba de un agujero en la pared rocosa de la caverna sobre un pedazo de tierra firme, vagamente tapada por un par de arbustos, ya muertos, de extraña forma.- Tendremos que cruzar hasta llegar ahí.

-Pues aquí no sopla ni pizca de viento, dudo que pueda llegar volando, mucho menos cargándote a ti, Link.

-Por suerte Durian me dio ésto.

Link sacó de su alforja mágica un extraño dispositivo: Un especie de guantelete dotado de una larga cadena enrollada a él y una garra de acero en el extremo. Luego el hyliano se fijó en el techo de la caverna: No todo era piedra, habían partes de tierra de dónde sobresalían unas largas y gruesas raíces. Finalmente apuntó con ése extraño chisme hacia la raíz más próxima a la salida. La garra de hacer se abrió de golpe.

-Kairi, será mejor que te agarres.

-Link, sigo sin entender nada.

-Recuerda cuando estuvimos en Ferngully: Súbete a mi espalda.

Ella, algo dudosa, accedió a la petición. Ésta vez era más complicado por la presencia del escudo en la espalda de Link, pero consiguió arreglárselas.

El hyliano finalmente disparó la garra de acero, revelando tener la cadena del guantelete soldada en ella. La garra voló rápidamente hasta clavarse a la raíz que Link estaba apuntando, tirando de la cadena con fuerza, incluso movió al mismísimo Link aún cargando con Kairi.

-¿Y ahora nos balanceamos?- Preguntó ella confundida.

-Podríamos, pero ése no es el funcionamiento de la zarpa.

De golpe, el guantelete de Link (O zarpa), volvió a enrollar la cadena a una velocidad pasmosa, tanta, que arrastró el brazo del hyliano hasta levantarlo del suelo junto a Kairi, quién se aferraba con fuerza a su compañero. No tardaron en llegar a su destino, para luego bajar de la raíz y aterrizar junto a ésos dos extraños arbustos.

Cuando Link se encontró con dichas plantas, su expresión cambió drásticamente, el ánimo que lucía se tornó pena y nostalgia. Kairi se acercó a él extrañada, luego se fijó en ésos arbustos, que solo les quedaba su gruesa corteza ya carcomida y agrietada. Ella pudo distinguir lo que parecía ser un rostro, aunque no humano, en dichas cortezas: El rostro del arbusto más pequeño reflejaba miedo y el más grande reflejaba ira.

-Al fin lo encontraste, amigo... No quise decirte nada, en ése momento tampoco era capaz de comprender qué paso.- Murmuró Link, cómo si hablase con el arbusto más grande, luego miró al más pequeño y posó su mano sobre su corteza.- Nos volvemos a encontrar, después de tanto tiempo...- Suspiró.- No te pude salvar, y a cambio tú me ayudaste tanto... Y ni siquiera sé tu nombre.

-Link, ¿Estás bien?- Inquirió Kairi preocupada.- Le estás hablando a un arbusto.

Cuando él se volteó, la joven pudo ver una lágrima cayendo por la mejilla del hyliano.

-¿Qué te pasa?- Ella posó su mano sobre el hombro de su compañero.

-Nada...- Respondió, secándose las lágrimas.- Es una larga historia... Sigamos.- Antes de irse, Link volvió a mirar a aquél peculiar arbusto.- Si puedes, protégenos durante éste viaje, te lo suplico.

Finalmente ambos dejaron atrás ésa instancia y a ésos dos arbustos tan singulares. Kairi estaba tanto extrañada y preocupada por el comportamiento de Link, jamás lo había visto así. En esos momentos, ella recordó lo que el hyliano le explicó durante su viaje en coche: Lo que vio en los laboratorios antes de enfrentarse a Cortex. Quizás ese hecho traumático haya dejado tocado a Link.

Avanzaron hasta ver que las paredes de roca lentamente eran substituidas por paredes de ladrillo y el suelo irregular de la caverna pasaba a ser terreno liso, conformado por losas de piedra cuidadosamente colocadas. Llegaron hasta lo que parecía ser un canal antiguo, ya seco, con un molino y demás engranajes totalmente inmóviles. Ascendieron por una pasarela de hierro chirriante y oxidado hasta llegar a una estancia cuadrada, con una única salida taponada por runa y escombros.

-Fin del camino...- Murmuró Kairi.

-Antes había una puerta, así que tras todos ésos escombros está la salida.- Anunció Link con seguridad.- Kairi, retrocede.

Ella, al ver que su compañero sacaba de su alforja mágica unas cuantas bombas, obedeció y se alejó de él. Link colocó los explosivos para luego prender la mecha. Ambos tomaron cobertura, volviendo sobre sus pasos por la pasarela de hierro. Al fin la gran explosión hizo eco por toda la sala, ambos vieron como fragmentos pequeños de los escombros saltaron por los aires.

Ambos volvieron, dónde antes habían escombros se encontraba una gruesa cortina de humo que se disipó lentamente, dejando pasar poco a poco la luz del Sol.

-Venga, salgamos.- Dijo Link.

Kairi, que aún le silbaban los oídos, siguió al hyliano hasta el exterior de aquella estancia.

Ambos se encontraron en el centro de una ciudad amurallada en ruinas desde la entrada a una antigua torre derruida, el viento levantaba el polvo de los muros, algunos de ellos derruidos. No parecía haber ni un ápice de vida en aquél lugar. Link se adelantó mirando a su alrededor alarmado, casi al borde de la desesperación.

-¿Dónde está todo el mundo? ¿Qué le ha pasado a la Ciudad del Reloj?

-No parece que viva nadie aquí, Link.- Respondió ella algo confusa.- ¿Dónde debemos ir?

-Eh... Al Este... Al reino de Ikana- El hyliano parecía algo ausente.

Link no paraba de mirar a su alrededor hasta se detuvo y echó la mirada al cielo, abriendo sus ojos de par en par.

-Otra vez no...

Kairi, confundida, le imitó, para luego echarse las manos a la cabeza, notó como sus pulsaciones aumentaron de forma drástica ante lo que vio: Lo que parecía ser la Luna, aparentemente poseída por alguna magia oscura, pues presentaba un rostro repleto de ira en su superficie; Ojos rojos brillantes sin párpados, gran nariz y una boca sin labios con los dientes a plena vista.

-¡Pero qué...!

-Pensaba que al destruirla una vez, ésta tierra dejaría de estar en peligro.- Masculló Link con algo de fastidio, luego miró a Kairi, quién seguía horrorizada.- Teniendo en cuenta la posición de la Luna: Tenemos un par de días antes de que se estrelle y muramos en el impacto. Tú decides, si quieres esperarme en un sitio seguro o me acompañas.

-Dudo que encuentre ningún sitio seguro...- Murmuró ella.- Voy contigo, aún hay tiempo, ¿Verdad?

-En ese caso, te guiaré, pero debemos ser rápidos...- Link suspiró.- Tengo que averiguar qué ha pasado con Términa.

Ambos asintieron para luego empezar su marcha a toda prisa. Ambos se abrieron paso por las calles en ruinas y desoladas, carentes de vida, para finalmente salir a campo abierto. Se encontraron ante una basta extensión desértica. No se veían animales cerca, ni siquiera una mísera ave surcando los cielos, el único signo de vida visible eran pequeñas plantas medio secas que adornaban un poco ése árido paisaje.

Avanzaron dirección Este sin pausas, Kairi pudo llegar a observar una extraña edificación a la lejanía tras las colinas: Una enorme torre de piedra antigua que llegaba hasta los cielos.

Llegaron hasta un sendero que conducía ante una pared de roca bastante alta sobre el caudal de un río que llevaba muy poca agua.

-Tenemos que escalar ésa pared, ya casi estamos.- Anunció Link algo más animado.

-Yo paso de escalar...- Soltó Kairi mientras agarraba a su compañero.- Ahora te llevaré yo.

Ella invocó una potente ráfaga de viento que elevó a ambos hasta llegar a la cima de la pared rocosa, aunque el aterrizaje fue algo forzoso. Tras reponerse, Kairi notó una extraña presencia en ése lugar: Otro pueblo en ruinas, aparentemente aún más antiguo que el anterior, a los pies de la enorme torre que había visto antes, también había un antiguo castillo amurallado, en ningún rincón había señales de vida.

-Ahora tenemos que ir al castillo.- Dijo él empezando a andar hacia una brecha en la muralla de dicha edificación.

-Link, siento algo raro en éste lugar...- Le comentó Kairi siguiéndolo con cautela.

-Tranquila, éso es algo normal aquí. Tú solo mantente detrás de mí, por si acaso.

-Éso no me tranquiliza...

Ambos accedieron al interior de la muralla por la brecha, para luego encontrarse cara a cara con el imponente edificio. Ambos entraron, pasando por los salones de antigua piedra recubiertos de polvo. El silencio de ése lugar era sepulcral, lo único que lo rompía eran sus pasos y el aire que se colaba por los agujeros de las paredes.

Finalmente llegaron a lo que parecía ser un amplio salón del trono, iluminado por dos ventanas altas con el trono al fondo dónde reposaba un mandoble con detalles de oro y un escudo hecho enteramente de ése metal (Uno a cada lado), ocupado por un esqueleto que aún conservaba algo de su ropa; Restos de una capa morada y pantalones verdes, incluso algunos adornos de oro como brazales en muñecas y tobillos y un colgante, aunque le faltaba la cabeza. Ambos se acercaron al trono a paso lento, Kairi no se despegaba de la espalda de su compañero, quién se mantenía algo tenso.

-Vos que osáis perturbar el descanso eterno de los muertos de Ikana, dad media vuelta...- Una voz de ultratumba que hizo eco en todo el salón del trono se hizo oír, cosa que asustó a la joven.- ...Si permanecéis aquí, os uniréis a nosotros...

Kairi miró por todos lados, pero no consiguió ver el origen de ésa voz. Ella cada vez estaba más asustada. De pronto, el esqueleto sentado en el trono se alzó, tomando la espada y el escudo junto a él, avanzando lentamente hacia ellos dos.

-Link...- Kairi quería irse de ése lugar y no volver, pero su compañero no movía ni un músculo.

-Demando audiencia con el soberano de Ikana, su majestad, Igos Du Ikana.- Anunció el hyliano con serenidad.- Solo hablaré con él...

-Si deseáis audiencia con el rey...- De pronto una horripilante calavera pasó flotando por encima de sus cabezas para luego aterrizar sobre el cuello del esqueleto, poseía aún algo de pelo en las patillas y en la barba, sus ojos eran un par de luces azules en sus cuencas y llevaba puesta lo que parecía ser una extraña corona de oro.- Identificaros ante el rey.

Link se arrodilló como muestra de respeto, cosa que Kairi imitó con algo de duda.

-Mi nombre es Link, majestad, me acompaña Kairi. Venimos en busca de su sabiduría.

-Ese nombre... No puede ser...- Masculló el esqueleto mientras se acercaba, aún armado.- Alzaos, los dos. Deseo veros de cerca.

Ambos obedecieron, Kairi se encontró cara a cara con ése ser. Incluso estando algo encorvado, seguía siendo más alto que ella. La joven intentaba mantenerse inmóvil, cosa complicada teniendo las cuencas de ése esqueleto justo delante a tan poca distancia y notando su aliento gélido en su rostro. Luego pasó a Link, quién se mantenía tranquilo, o al menos éso parecía.

-Vuestros ojos me recuerdan a los de un viejo amigo...- Soltó con algo de nostalgia.- Pero es imposible.

-Era un pequeño la primera vez que vine aquí, y me acompañaba un hada.- Respondió Link con una pequeña sonrisa.- De eso ya hace mucho tiempo.

-Entonces, es cierto...- Ése ser soltó sus armas para luego llevarse sus huesudas manos a la cabeza.- ¡Sois Link! ¡Realmente lo sois!

-El mismo, majestad.

-¡Por los dioses!- Exclamó para luego atrapar a Link con un fuerte abrazo, cosa que alertó a Kairi.- ¡Cuanto me alegro de veros, amigo mío!

-Lo mismo digo.- El hyliano correspondió al abrazo.

Cuando finalmente se separaron, el esqueleto volvió a voltear para ver a Kairi, quién permanecía cada vez más confusa.

-Aún no he sido debidamente presentado a ésta bella joven.- Replicó.

-Claro.- Link se acercó a ella, posando su mano en su hombro para tranquilizarla.- Kairi, te presento a Igos Du Ikana, rey de Ikana.- Luego se dirigió al esqueleto.- Majestad, ella es Kairi, una buena amiga, quién se ha aventurado a acompañarme hasta aquí.

Igos se acercó a Kairi para ofrecerle una pequeña reverencia.

-Si vos sois amiga de Link, también sois amiga mía.- Dijo él con amabilidad.- Sois bienvenida a Ikana.

-Muchas gracias... Majestad.- Se notaba que Kairi no estaba acostumbrada a dirigirse a un rey.

-Por favor, acompañadme. Demos un paseo y así podremos hablar tranquilamente.- Soltó el esqueleto, mientras empezaba su marcha seguido por los dos.- Por los dioses Link, que bien os han tratado los años.

-No mejor que a vos, seguís igual.

-Sí.. ¡Igual de muerto!- Igos estalló en carcajadas.

Kairi vio como otro esqueleto, carente de ropajes se cruzaba con ellos para acceder al salón del trono y recoger las armas que Igos había soltado.

Los tres llegaron a los jardines del castillo, aunque no hubiesen plantas...

-Bueno, ¿Y a que debo vuestra encantadora visita?- Preguntó Igos sin detenerse.

-Necesitamos un objeto mágico de gran poder que no pertenezca ni a la Luz ni a la Oscuridad.- Soltó Kairi.

-Debemos enfrentarnos a un enemigo poderoso, ya para llegar hasta él, necesitamos un poder así. Había pensado en la Espada de la Gran Hada, majestad.- Dijo Link.- Recuerdo que os la dejé a vos para que Ikana la custodiara.

-Recuerdo ésa espada... Lástima que la Gran Hada ya no esté...- Empezó a decir Igos.- ...La Espada de la Gran Hada se encuentra en la cima de la Torre de Piedra, en la entrada del templo.

-Bien.

-Está junto a "él".- En esas el esqueleto se detuvo.- Sabía que nadie que intentase subir la torre llegaría a la cima, así que dejé a ambos ahí.

-¿Quién es "él"?- Inquirió Kairi.

-No es nadie, tranquila.- Respondió Link con prisa, parecía que intentaba ocultar algo. Luego se dirigió a Igos.- Majestad, "él" ya está bien dónde está.

-Sería una lástima... Con su fuerza ése enemigo del que habláis no duraría ni un minuto, Y vos lo sabéis, Link.- Ante la expresión de duda del hyliano, el esqueleto se relajó.- Si debéis subir la Torre, hacedlo, ahí podréis decidir si os lo lleváis o no.

-Bueno, el plan es subir y bajar, ¿No?- Dijo Kairi, aparcando la confusión de la conversación anterior.- Con un hechizo de viento podré llegar a la cima en poco tiempo.

-Vos no vais a subir, joven Kairi.- Soltó Igos.

-¿Por qué?

-Puedo notar la luz que hay en vuestro corazón, un corazón totalmente puro, algo muy raro de ver. Viejas maldiciones protegen la Torre de Piedra, alguien como vos no saldría bien de ahí.- Explicó.- Link, en cambio ya tiene experiencia en el peligroso ascenso, sé que puede conseguirlo.- Al ver la cara de Kairi, Igos intentó explicarse mejor.- No intento menospreciaros, en absoluto, pero un corazón tan puro como el vuestro sería la víctima perfecta de las maldiciones de la torre, lo sé, he perdido a valerosos soldados ahí dentro.

-Kairi, Igos tiene razón será mejor que vaya solo.

-Pero...

-Tranquila, estaré bien.- Link se aventuró en bromear un poco:- Si realmente necesito ayuda no dudaré en llamarte.

-Será un largo ascenso, lo más seguro es que volváis de madrugada- Explicó Igos pensativo. Luego se volvió a dirigir a Kairi.- Si me permitís, dejad que os invite a cenar y pasar la noche en el castillo.

Ella se volteó para ver a Link, quién asintió, dando a entender que no corría ningún peligro.

-Volveré lo más rápido posible.

-Más nos vale...

-Majestad, cuando vuelva, me gustaría hablar con vos sobre el estado de Términa.

-Claro.

Acto seguido, Link se apresuró hacia la misteriosa torre, mientras que Kairi se quedó mirándolo junto a Igos.

El viejo rey, le ofreció volver al castillo, pero ella gentilmente rechazó la oferta, pues prefería dar un paseo por fuera de los muros del castillo.

Una vez fuera, se paseó por ése pueblo fantasma totalmente vacío con un montón de preguntas en la cabeza, otra vez... Y la presencia de ésa monstruosa Luna amenazando en caer no ayudaba para nada. Ella quería largarse de ése lugar, sentía que sobraba ahí. También sentía que Link estaba cada vez más raro, no alcanzaba ver el por qué: ¿Era por lo que vio en los laboratorios? ¿Era por haber recuperado la Espada Maestra?

Ella permaneció con ése lío en su cabeza, pensando que todo le venía grande, hasta que oyó un ruido. Kairi se alertó: Miró a su alrededor hasta que vio a una figura sobre el tajado de una de las casas medio derruidas, lo que parecía ser un hombre cubierto por un chal café con capucha. Dudosa, invocó a Prometida, preparada para cualquier cosa.

La figura la miró, ladeando la cabeza, para luego dar un enorme salto, aterrizando en frente la joven.

-Si quieres desafiar a un Garo, tendrás que luchar hasta la muerte.- Dijo el encapuchado, desenvainando un par de cimitarras que asomaban por debajo de su chal.

Ella, aún con dudas, decidió relajarse un poco, haciendo desaparecer su llave-espada.

-No pretendo desafiar a nadie.

En ésas, el sujeto envainó sus armas, causando que Kairi suspirara de alivio.

-Ningún vivo debería pisar Términa.- Soltó con severidad.- Éste mundo está a punto de ser destruido.

-Sí... lo sé.

-Te sugiero que abandones éstas tierras lo antes posible, o compartirás su destino.

En ésas el sujeto se esfumó sin dejar rastro alguno. Dejando a Kairi perpleja. Finalmente, ella decidió aparcar el recuerdo de ése extraño encuentro y sentarse junto a la pared de una de las casas.

Pasaron las horas hasta que el Sol ya estaba bajo, el cielo anaranjado no presentaba ninguna nube. Hubiese sido un atardecer precioso de no ser por ésa Luna que se acercaba un poco más a cada hora que pasaba...

Ya era tarde, Kairi se decidió a volver al castillo, no por su propio deseo, más bien por obligación: No le agradaba la idea de cenar junto a un no muerto mientras que Link seguía en esa dichosa torre.

Entró en el castillo, los pasillos estaban iluminados por antorchas en las paredes, se notaba todo más limpio, ya no costaba respirar a causa del polvo. En ésas, un cadáver andante vestido con ropajes oscuros destrozados a causa del tiempo (Aunque seguramente antaño eran elegantes), recibió a Kairi con una pequeña reverencia.

-Bienvenida, mi señora. La cena está a punto se ser servida, si me permite mostraros el camino...

-Eh... Claro, gracias.- Alcanzó a decir ella algo confusa.

Ése extraño sirviente empezó a caminar seguido por Kairi. Ambos atravesaron los pasillos del castillo, ésta vez custodiados por guardias no muertos con armaduras oxidadas armados con lanzas y escudos en el mismo estado. Cuando ella pasaba por delante de los guardias, ninguno de ellos reaccionaban, parecían estatuas. Llegaron hasta una gran puerta que los guardias que la custodiaban abrieron para dar paso a un gran comedor, decorado con antiguos cuadros que a duras penas se podían apreciar sus pinturas, una gran mesa de madera antigua con algunos candelabros sobre ella y el rey Igos sentado pacientemente, presidiendo la mesa.

-Mi rey, nuestra invitada ha llegado.- Anunció el sirviente.

-Muchas gracias, puedes retirarte.

El cadáver andante le ofreció una reverencia a su rey para luego abandonar el comedor, cerrando la puerta tras de sí, dejando a Kairi e Igos aparentemente solos.

-Por favor, joven Kairi, tomad asiento.- Dijo Igos gentilmente, retirando poco a poco la silla más próxima a él para ofrecerla a Kairi.

Ella titubeó un poco, se sentía incómoda ante la presencia ése esqueleto dotado de vida (Si es que se lo podía llamar vida). Avanzó lentamente hasta tomar su asiento con algo de nerviosismo. El rey dio dos palmadas para que apareciera un nuevo sirviente con una bandeja con un plato humeante, un baso, y una jarra repleta de agua, dejando el contenido de dicha bandeja ante Kairi.

-Siento no poder ofreceros un buen vino, pero ahora nuestros recursos son limitados.- Comentó Igos.

-No pasa nada, tampoco bebo vino.- Respondió ella sin más, aunque luego se lo pensó.- Eh... Su majestad.

En cuando el "camarero" se retiró, Igos se permitió tomar un tono más relajado.

-Tranquilizaos, no es necesario que me habéis con propiedad todo el tiempo.

-Pero ¿Éso no sería una ofensa?

-A estas alturas pretendo no ofenderme fácilmente, además, para ser sincero aún no os he llamado "su alteza".- Soltó el rey para la sorpresa de la joven.- Ya que vos sois una princesa ¿No es así? Seré viejo, pero un rey sabe diferenciar a otro miembro de la realeza, aunque sea de otra parte.

-Por favor... No me trates de "su alteza".- El rostro de Kairi se ensombreció por un momento.

-Como queráis.- Igos suspiró.- Y ahora comed, os lo suplico, hacía mucho tiempo que mis cocineros no preparaban ningún plato, les gustaría saber cual es su veredicto.

Kairi desvió la mirada hacia su plato: Un caldo con algunas setas flotando en él. Ella lo probó, no sabía si era por que estaba hambrienta o no, pero le pareció delicioso. Su estado de ánimo cambió, hacia tiempo que no disfrutaba de una cena así, incluso dejó de lado por un momento el hecho de que en poco tiempo Términa fuera destruida.

En poco tiempo, la joven se aventuró a conversar con Igos de forma más amigable. Él compartía historias sobre lo que alguna vez fue Ikana, la historia de su linaje y de lo orgulloso que estaba de sus ejércitos tiempo atrás.

Finalmente, las historias llegaron hasta el punto en que el rey de Ikana conoció a Link, algo más familiar para ella.

-¿Cuanto tiempo hace que conoces a Link?- Inquirió ella con curiosidad.

-Siglos... Literalmente.- Respondió con una breve risa.- Empiezo a pensar de que nuestro amigo también es un no muerto, o no me explico cómo haya envejecido tan poco desde entonces.

-Es largo de contar, digamos que lo resucitaron.- Respondió ella sin darle mayor importancia.

-Vaya... Eso es duro, créeme.- Empezó a lamentarse, su tono de voz empezaba a mostrar algo de melancolía.- Volver a la vida, ver que tus seres queridos ya no están...

-Pero todo tu reino está aquí, ¿No?

-No todo, hace mucho tiempo Ikana sufrió una maldición, éso es lo que nos mantiene en éste estado, pero, los que murieron antes de la maldición...- Igos suspiró, parecía tener un nudo en la garganta (Si la tuviera).- Mi esposa, mi hija, ambas fueron asesinadas antes de la maldición.- Hizo una breve pausa para tomar aire, ante los ojos expectantes de Kairi, que parecía ignorar la sopa por completo.- Todos a los que ves en éste castillo, más los que aún están aletargados, a todos nos falta a alguien. Solo esperamos que ésa condenada luna caiga de una vez para ver si así conseguimos reunirnos con ellos.

-Vaya... Eso es horrible.- Ella se sentía culpable por haber sacado el tema, pero luego se dio cuenta que el mismo Igos mencionó algo que le interesaba saber: la luna.- Tengo una pregunta en mente desde el mismísimo instante que pisé Términa. No sé si es lo más indicado, pero...

-...La luna y la destrucción de éste mundo, ¿Verdad?- Concluyó el rey, algo más relajado, parecía que le reconfortaba un poco cambiar de tema.- Es la segunda vez que aparece, Link ya la destruyó una vez.

-¿En serio?

-Todo fue obra de una antigua máscara demoníaca: Majora. Pero ése pequeño hyliano consiguió detenerla, y en solo tres días nada menos.- Igos no pudo evitar soltar una pequeña risa.- Creo que por aquél entonces tenía unos diez años. Con la ayuda de los antiguos guardianes de Términa: "Los Cuatro Gigantes" detuvieron el descenso de la luna, vencer a Majora y destruir la luna que ése demonio invocó.

-¿Y cómo es que vuelve estar aquí?- Inquirió ella.

-Volvió a aparecer en el firmamento justo cuando el último gigante murió, también pasó que todos los habitantes desaparecieron poco a poco y las praderas fueron engullidas por el desierto. El único sitio que no ha cambiado ha sido Ikana.

-¿Y no hay ninguna manera para detenerla? Ahora Link tiene su Espada Maestra, y yo mi llave-espada, algo podremos hacer.- Kairi dio un trago largo de agua para luego golpear la mesa con el vaso.- No me gustaría marcharme de aquí sabiendo que poco después éste mundo será destruido.

-Os lo agradezco, pero no hay nada que hacer. Los guardianes de Términa ya no están, y ahora mismo, los únicos vivos que pisan éste mundo sois vos y Link. Ikana ya hace siglos que está muerta, todos nosotros solo deseamos irnos en paz.

-¿Así que os rendís? ¿Todos vosotros?

-Nos iremos con un solo remordimiento: No devolver el favor al único vivo que alguna vez nos ayudó. El que nos hizo recapacitar, incluso enfrentándose a nosotros.- El tono de voz de Igos detonaba algo de amargura.- Link luchó contra mis huestes, incluso me venció en combate singular, no por odio, no por gloria. Luchó para hacernos entender que las disputas entre amigos o familiares provocan que los grandes reinos caigan... Como éste mismo reino.

-Espera, espera. ¿Dices que Link te venció con diez años?

-Tenía un talento innato.- Respondió el rey con franqueza, luego miró el plato de Kairi, estaba limpio.- Y decidme, joven Kairi, ¿Ya habéis tonado un veredicto?

-Oh, la sopa.- A la joven pelirroja ya había dejado de pensar en la cena hacía un rato.- Estaba deliciosa. Pero ahora me siento mal, habéis gastado los pocos recursos para que yo cene, y además seguro que he molestado a los cocineros.

-No os preocupéis por éso, los muertos no comemos, además, hacía años que los cocineros no estaban tan entusiasmados como hoy, al igual que los sirvientes y los guardias. Todos los que no cumplen ninguna función quedan en un estado de letargo perpetuo, lo que es un auténtico aburrimiento.- Igos finalmente se levantó tranquilamente.- Estoy seguro que estaréis agotada por el viaje, os están preparando los aposentos reales, los de la princesa.

-Oh, no, no puedo aceptar eso, es la habitación de tu hija.- Dijo Kairi algo alarmada.- Yo ya dormiré en una de las casas del exterior.

-Me niego, han arreglado los aposentos especialmente para vos. Ya que no queréis ser reconocida como una princesa, dejad al menos que os invite a dormir en unos aposentos dignos. - Sentenció Igos, dada por finalizada ésa pequeña discusión.- Descansad, nosotros nos encargaremos de recibir a Link en cuanto llegue. Mañana partiréis de aquí temprano, así estaréis lejos cuando Términa sea destruida.

-Aún no me puedo creer que no podamos hacer nada para remediarlo.- Ella bajó la mirada.

-Bueno, lo más seguro es que tenga la misma conversación con Link cuando vuelva.- Respondió el rey.- Pero no es razonable intentar salvar a un mundo muerto, mientras hay demás mundos vivos en peligro, ¿No creéis?

Ella no se vio con valor suficiente para contestar, realmente todos dependían de el resultado del combate entre Ganon y ese sujeto encapuchado, no podían ocuparse de Términa a la vez que intentaban proteger a los demás mundos.

Finalmente un nuevo sirviente empuñando un candil encendido accedió al comedor y se ofreció a guiar a Kairi a sus aposentos, ella de despidió del rey Igos con tanto respeto como pudo mostrar. Tras atravesar lo que le pareció un sinfín de pasillos, llegaron a dicha estancia: Una habitación amplia con un gran ventanal, muebles antiguos bastante carcomidos y una cama de plumas digna de una princesa, o al menos lo era hace tiempo. El sirviente dejó sola a Kairi en aquella habitación, cerrando la puerta tras de sí.

Ella se acercó al ventanal, dejando que la fría brisa nocturna le acariciara el rostro y moviera gentilmente sus cabellos rojizos. Era una noche estrellada, incluso se llegaba a ver lo que quedaba del pueblo de Ikana, también se podía ver la inmensidad de ella Torre de Piedra que llegaba hasta el cielo.

Kairi quería quedarse despierta, le parecía frívolo quedarse dormida en un mundo con las horas contadas, más aún con toda aquella situación en marcha. Pero debía reconocer que estaba exhausta le pesaba todo el cuerpo, más aún sus párpados. Lentamente se acercó a la cama de plumas, se quitó su vestido rosa y lo colgó a los pies de la cama, quedándose en su blusa blanca. Luego se dejó caer sobre ésa cama y quedó rendida ante su comodidad, durmiéndose casi en el acto.

Las horas pasaron, toda Ikana permanecía callada como una cripta durante toda la noche. No fue hasta que el Sol empezaba a salir que una figura salió de la Torre de piedra, empuñando una espada, ésa figura accedió al castillo, luego volvió el silencio...

Kairi se despertó violentamente a causa de un pequeño terremoto, confusa, se asomo por el ventanal viendo como ésa monstruosa luna de sádico rostro estaba más cerca de impactar, cosa que le asustó.

Ella se vistió rápidamente alarmada. Abrió la puerta de sus aposentos solo para encontrarse a dos guardias no muertos guardándola.

-Buenos días, mi señora.- Soltó uno de ellos.

-¿Os habéis quedado aquí toda la noche?- Inquirió Kairi.

-Claro, nosotros no dormimos.- Respondió el otro guardia.

-Entonces habéis notado el temblor...

-Sí, éste será el último día en Términa, no va a ser tranquilo, los terremotos irán a más.- Soltó el primer guardia, aunque al ver el rostro de la joven decidió cambiar de tema:- Su majestad el rey os espera en el comedor junto a Link.

-Vale.. Gracias.

Kairi se apresuró a atravesar los pasillos de piedra hasta finalmente llegar hasta el comedor, dónde efectivamente se encontraban los dos que el guardia había dicho. Igos estaba sentado la mar de calmado, al contrario que Link, el hyliano estaba de pie, aparentemente alterado.

-... No voy a dejar que Términa sea destruida, salvé éstas tierras una vez, puedo volver a hacerlo.- Sentenció Link con seriedad.- Ésa Luna solo puede ser obra de Majora, ahora, con la

espada Maestra podré destruirlo para siempre.

-Majora no tiene nada que ver, ya fue destruido, por vos. Y te recuerdo que en aquél enfrentamiento teníais muchísimo más poder que ahora.- Respondió Igos sin llegar a alterarse.

-Era distinto, combatí la Oscuridad con Oscuridad.

-¿Y qué? Éso no significa que aún siga existiendo. Majora intentó acabar con éste mundo antes de tiempo, pero ya ha llegado su hora. - El rey muerto miró directamente al joven hyliano.- No luchéis por los muertos, pues es una causa perdida, luchad por los vivos.

Kairi tímidamente irrumpió ante ésa discusión, se fijó que sobre la mesa había algo: Una espada bastarda con una hoja peculiar; Con una porción en la base estrecha, pero ancha en el resto, su acero era de color púrpura en los bordes y verde en el centro, con un par de rosas negras gravadas en él, contaba con una guardia simple y una empuñadura apta para dos manos sin pomo de color gris.

-Así que ésto es lo que tenemos que usar...- Dijo ella tomando ésa pesada arma, se fijó que el acero era antiguo, incluso presentaba alguna que otra grieta.

-Así es, creo que cumple con los requisitos de Gant.- Respondió Link, aparcando momentáneamente la discusión anterior.- La Espada de la Gran Hada contiene el poder de las hadas de Ikana, la forjó el Hada de la Amabilidad.

-Tiene poder, pero ni luz ni oscuridad, eso dijo Gant.

-Exacto.

-Bueno, pues ya que tenéis la espada y estamos todos aquí...- Empezó a decir Igos mientras se levantaba.- Creo que ha llegado el momento, amigos. No es que no me guste vuestra compañía, pero, con todo respeto, es mejor que partáis lo antes posible.

-Majestad, ya hemos hablado de ésto.

-Me da igual, joven Link, no intentaréis destruir la Luna.- El tono de voz de Igos denotaba autoridad.- Soy el rey, mi palabra es ley en Ikana, y como solo nosotros poblamos Términa, deberéis cumplir mi voluntad.

-Pero...

-No hay "peros".- El rey se acercó a Link.- Nos prestasteis vuestra ayuda cuando no quedaba esperanza para nosotros, y os lo agradezco. Cuando abandonemos éste mundo, nuestro único pesar será no haberos devuelto el favor.- Entonces sacó un colgante de oro con la forma del símbolo que adornada algunos muros del castillo, con un rubí en el centro, brillaba de manera tenue por alguna razón desconocida.- Tomad, como recuerdo, el símbolo de sangre. Antaño lo llevaban los exploradores para que supieran el camino de vuelta a Ikana.

El hyliano aceptó ese regalo, se lo colgó al cuello y lo escondió bajo su cota de malla.

-También os dejaré a "Furia"; El mejor de mis caballos, para que os lleve a las ruinas de la Ciudad del Reloj.- Igos finalmente brindó un abrazo a Link a modo de despedida.- Tened un buen viaje, los dos.- Luego izo lo mismo con Kairi, aunque ella dudaba al principio, lo aceptó.- Espero veros algún día, pero que sea dentro de mucho tiempo.

Finalmente, ambos se despidieron con pesar en el corazón. Link tomó la Espada de la Gran Hada y se la colgó en la espalda, en paralelo de la Espada Maestra. Fueron escoltados por unos guardias hasta la caballerizas, dónde les aguardaba su montura: Un caballo sin piel ni musculatura, solo huesos, preparado con una silla de montar de cuero agrietado.

-Así que éste es Furia...- Mustió el hyliano.

-Yo no sé montar a caballo.- Le susurró Kairi.- ¿Tú sí?

-Claro.- Link montó sobre el caballo no muerto para luego ayudar a su compañera a subir.- Va a ser un viaje movidito, ya has visto el terreno cuando llegamos aquí.

-Recuerdo el acantilado que subimos para llegar a Ikana.- Soltó Kairi con preocupación.- No pretenderás saltarlo.

-Igos ha dicho que es el mejor de sus caballos...

Link hostigó a su montura, haciendo que arrancase a correr, relinchando con voz distorsionada. Atravesaron el pueblo en ruinas en poco tiempo hasta llegar ante el acantilado, el caballo un frenó su avance, galopó a mayor velocidad para luego pegar un gran salto, bajando el acantilado a gran velocidad hasta aterrizar en tierra firme tan grácil como un gato. Seguidamente avanzó sin vacilación al galope por las áridas tierras de Ikana, llegando a la antigua campiña de Términa dónde se podía divisar las ruinas de la Ciudad del Reloj nuevamente, aunque un figura se interponía entre ellos y su destino: Un hombre de gran estatura cargando con un grueso escudo y rodeado por un aura oscura.

Link hizo que Furia frenara en seco para luego desmontar, cosa que Kairi imitó.

-Claw...- Masculló el hyliano con fastidio.

-Veo que Gant no acabó con él después de todo.- Dijo Kairi con seriedad.

-Puede que tengamos de hacerlo nosotros.

Ambos empuñaron sus armas, avanzando hacia el enorme hombre que se encontraba frente a ellos.

-¡Al fin os encuentro!- Exclamó Claw, su voz estaba algo distorsionada, sus ojos brillaban con una tenue luz amarilla y sus colmillos eran un poco más grandes y afilados.- Ahora os tengo para mí solo.

-Volgin ya no está, nadie te va a pagar por matarnos.- Anunció Link.

-Además, no lo vas a conseguir.- Sentenció Kairi.- Veo tu aura oscura, eres un sincorazón.

-El amo me salvó cuando yo agonizaba dándome poder.- Soltó el enorme hombre envainando su espada corta oculta en su escudo.- Poder que usaré para mataros a ambos aquí y ahora.

-¿El amo?

-El encapuchado, seguro.- Aclaró la joven pelirroja.- Habrá usado su llave-espada para transformarlo.

-Vamos, ¡Venid a por mí!- Claw se volvió desafiante, con una sonrisa ansiosa en el rostro.- ¿¡Quién va a morir primero!?

El hyliano se lanzó a por el enorme hombre, cargando contra él. Claw recibió el fatal golpe de la Espada Maestra con su grueso escudo. El sonido metálico vibrante hizo eco, los ojos azules de Link se encontraron con los de su contrincante: Pequeños y poseídos.

Aprovechando la situación, Claw también atacó con su espada corta, ataque que el hyliano bloqueó con su propio escudo, iniciando así un forcejeo. Ambos se encontraban espada contra escudo intentando superar al contrincante, parecía que estaban igualados en fuerza.

-Vaya, no resistes mal, para ser un escuálido hyliano.- Soltó el hombre con confianza.

-Pues tú demuestras tener menos fuerza de la que aparentas y haces gala.- Respondió Link con sorna.

Ése comentario cambió la expresión de Claw de golpe. Con fuerzas renovadas, el enorme hombre dio un fuerte empujón, obligando a Link a retroceder. En ésas, Claw abrió las fauces de su escudo, empezando a liberar ése gas tóxico morado.

Pero algo pasó: Un veloz proyectil de luz pura impactó sobre el escudo, evitando que liberase el gas y empezase a agrietarse poco a poco hasta el punto de desvanecerse por completo. Cuando Claw se fijó el origen de dicho proyectil se encontró con Kairi luciendo semblante serio.

-No te olvides de mí.- Anunció Kairi mientras se acercaba hacia Claw, quién se mostraba atónito ante lo que acababa de ocurrir.- Tú fuiste uno de mis captores, nos intestaste matar a todos y no tientes respeto ni por tus propios camaradas.

-¿Y qué hay de malo, niñata?- Masculló el hombre.- Así somos los mercenarios, todos nosotros, incluido tu amigo de dientes largos.

-Al menos Gant no está loco cómo tú.- Le reprochó Link.

-¿No lo está? ¿A acaso no sabéis que hizo la última vez que se enfrentó a mí?

-Solo sé que te dio una paliza.- Respondió el hyliano de inmediato.

-Sé que perdió los estribos, ya lo he visto en este estado.-Irrumpió Kairi.- Pero en su caso, él pierde la consciencia, tú actúas por pura maldad.-El tono de la joven se volvió aún más serio.- Estás aquí por tu simple afán de matar, para atribuirte el mérito de haber acabado con nosotros.

-.. Y cómo voy a disfrutar con éso.- Murmuró Claw con una grotesca sonrisa en el rostro.

Sin decir más, el brazo izquierdo del hombre empezó a presentar severos espasmos, un horrendo sonido de crujidos internos empezó a hacerse presente. Dicha extremidad aumentó su musculatura y tamaño de forma monstruosa, sus dedos se volvieron afiladas garras y todo el brazo tomó una tonalidad verdosa. Estaba lejos de asemejarse de un brazo humano, pues era incluso más grande que su dueño.

Claw se abalanzó con una velocidad sobrehumana hacia Kairi, Link apenas pudo reaccionar. Cuando el hombre, totalmente ido y desquiciado, atacó a la joven lanzando un poderoso zarpazo, ella logró evadirlo a duras penas, aunque no pudo evitar recibir un tajo superficial en la mejilla. Ella, ignorando el dolor, clavó a Prometida en el brazo monstruoso de su enemigo, atravesando músculo y hueso. Link no dudó: Se apresuró a llegar hasta dicha extremidad monstruosa y lanzar un potente corte en el codo, cortándolo limpiamente.

Claw retrocedió, retorciéndose de dolor. Kairi retiró su espada de la sección cortada de ése brazo, que aún presentaba espasmos, para lanzarse al ataque. El hombre intentó recibirla con un torpe ataque con su espada, pero ella lo desvió con rapidez para luego lanzar una fuerte estocada al pecho del enorme hombre. La hoja de prometida atravesó la coraza, llegando a perforar su carne. Al ver que Claw intentaba a atacar nuevamente, ella retiró su arma velozmente para aprovechar la inercia y efectuar un ataque circular, dando una vuelta entera sobre sí misma y golpeando a su enemigo con la fuerza suficiente para mandarlo a volar varios metros.

Claw se recompuso con dificultad, de la herida del pecho brotaba sangre negra. Ahora todo su cuerpo presentaba espasmos y los crujidos volvieron a resonar desde su interior.

-Kairi, ¿Puedes hacer un ataque circular volando con el viento?- Preguntó Link

-Sí... O eso creo.- Respondió una jadeante y seria Kairi.

-Bien, yo lo distraigo, tú ve por detrás y ataca desde arriba.

El hyliano se lanzó nuevamente a por Claw, rápidamente ambos empezaron a intercambiar golpes. Aprovechando éso, la joven pelirroja rodeó a los dos combatientes. Ella invocó una fuerte ráfaga de viento para elevarse a varios metros e ir directa hacia la espalda de su enemigo efectuando otra vez un ataque circular. Cuando el ataque impactó Claw se desestabilizó, cosa que Link aprovechó para guardar su escudo y empuñar la Espada de la Gran Hada junto la Espada Maestra, una en cada mano y así efectuar su propio ataque circular con ambas espadas. Ambos ataques giratorios castigaban severamente a Claw con sus golpes constantes. El grotesco ruido de los tajos golpeando la coraza hasta que alcanzaron la carne, las salpicaduras de sangre negra que iban manchando la arena...

Finalmente los dos terminaron su aluvión de golpes, tirando al suelo a Claw, maltrecho, sin fuerzas para siquiera quejarse por el dolor y con dificultad para respirar.

-Vamos, chica... Usa tu llave-espada.- Alcanzó a decir el hombre con la voz entrecortada.- Úsala y volveré... Volveré a por ti.

-Si ella la usa simplemente morirás.- Soltó Link con semblante serio.

-No, si acabo con él con la llave-espada, siendo un Sincorazón, liberaré su corazón.- Explicó Kairi sin apartar la mirada.- En ése caso es posible que vuelva...

-En ese caso...- El hyliano guardó la Espada de la Gran Hada para empuñar la Espada Maestra con ambas manos, apuntando a Claw.- Con ésta espada, tu corazón no será liberado, simplemente te destruirá.

Antes de que el hombre alcanzase a decir nada, Link atravesó su percho con la espada maestra. Claw. Kairi solo pudo apartar la mirada ante ésa imágen. El cuerpo ya deformado y maltrecho de Claw se desvaneció poco a poco hasta convertirse en un montón de polvo negro, dicho polvo se lo llevó el viento.

-Debemos continuar...- Mustió Link.- Tenemos que llevarle la espada a Gant.

-Sí... Claro.

Ambos se dirigieron hacia Furia, quién seguía en el mismo sitio para luego cabalgar hacia las ruinas de Ciudad del Reloj, pues disponían de poco tiempo.