Al fin, el singular duelo había concluido: Solo uno de los dos se mantenía en pie, proclamándose campeón de la contienda, mientras que el otro permanecía en el suelo, aún no estaba muerto, prueba de su resistencia, pero permanecía inconsciente y gravemente herido, incapaz de moverse.

El campeón reclamó para sí el poder dorado de la Trifuerza al completo, el poder de los dioses al alcance de sus manos, pues suyo era el derecho. Cualquier cosa que su ser anhelaba más en la vida, ahora podía hacerse realidad. No cabía en su propio júbilo.

Ya solo debía hacer el ritual y pedir su deseo, nadie podría detenerle, pues suya era la victoria, suyo era el poder...Nadie podía arrebatare éso... Nadie...


Kairi, Link y Gant avanzaban a toda prisa por ése extraño desierto compuesto por cenizas, pasaban de largo de las edificaciones derruidas que encontraban, de los restos de grandes batallas, de sus cadáveres...

Prosiguieron con su particular travesía hasta que el hyliano, quién lideraba la marcha, se frenó en seco, causando que los demás se detuvieran.

-¿Qué pasa, Link?- Kairi se mostraba algo preocupada.-¿Algo va mal?

-La Trifuerza, está reunida...- Soltó el susodicho con un dejo de temor en su voz, algo raro en él.- Hemos llegado tarde.

-¿Quieres decir que no podemos hacer nada?- Inquirió ella agarrando a su compañero por los hombros.- Todo nuestro viaje... Por todo lo que hemos pasado... ¿Ha sido en vano?

-Uno de los dos tiene el poder de las diosas de Hyrule...

-¿Y qué?- Soltó Gant de golpe con indiferencia.- Creo que todos aquí tenemos experiencia luchando contra seres más poderosos que nosotros mismos. Por mucho que nos supere, es nuestro pan de cada día.

-¿Tienes algún plan en mente, compañero?- Inquirió el rubio.

-No deberíamos pasar demasiado tiempo en este mundo, lo digo por experiencia.- El mercenario resopló y su rostro se ensombreció, aunque parecía haber algo de decisión en sus fríos ojos.- Vamos hasta ahí, le partimos la cara a quién se la debamos de partir y nos largamos de aquí echando virutas.

-Por extraño que te parezca, Gant tiene razón.- Esta vez Kairi hablo con suma claridad en su voz, aparcando el miedo y las dudas.- Debemos averiguar qué está pasando y actuar en consecuencia. Los tres estamos juntos en ésto.- Ella se animó a sonreír mirando a Link a los ojos.- Ya deberías saber que no tienes que luchar solo.

-...Supongo que tienes razón.- Respondió el hyliano finalmente.- "Una espada es inútil si no se empuña con coraje", y vosotros lo tenéis en vuestro interior.

-Pues tú eres la personificación del coraje.- Le apremió ella.- Recuerda que han escrito historias sobre ti, leyendas.

Ella agarró las manos de su compañero, apretándolas con firmeza. Link, por su parte consiguió volver a animarse, tomando una expresión de suma decisión: No podía echarse atrás con todo lo que llevaba a sus espaldas, daba igual el peligro.

Gant se acercó a ellos dos mirando a uno y después al otro.

-Mas nos valdrá que continuemos, el tiempo apremia.

-Cierto.- Link miró hacia la dirección por dónde notaba el poder de la Trifuerza, cada vez más fuerte.- Ya no estamos demasiado lejos, se acerca la hora de la verdad.

Los tres reanudaron su marcha, volviendo a atravesar ésas grisáceas dunas de cenizas repletas de restos de batallas pasadas. Parecía una travesía interminable.

Finalmente llegaron hasta la cima de una gran duna, ante ellos se encontraba un enorme foso de arenas movedizas (O en este caso, cenizas) que desembocaba en un oscuro agujero.

-La Trifuerza está ahí abajo.- Soltó Link.- puedo notarlo.

-Seguro que está plagado de Sincorazón... Murmuró Kairi. Con fastidio, luego se fijó en el hyliano.- Por cierto, Link, tienes algo brillando bajo tu túnica.

Él lo revisó: Encontró un punto brillante bajo su cota de malla, en el pecho. Sacó el medallón de oro que le había dado Igos como gesto de despedida, el rubí incrustado el él brillaba con luz carmesí intensa.

-Ésto se pone raro...- Mustió.

-Eh, chicos, será mejor que aligeremos.- Soltó Gant señalando a lo lejos: Se podía divisar una enorme mancha oscura que se acercaba poco a poco.- Tenemos Sincorazón acercándose.

Ambos se voltearon para analizar la situación: No podían permanecer en ése lugar, así que decidieron saltar hacia el foso, dejando que las cenizas en movimiento les engullese hacia el oscuro agujero.

Los tres cayeron dentro de un túnel oscuro sobre un pila de cenizas mientras otras no paraban de caer sobre ellos. Empezaron a avanzar para tomar un leve respiro, apenas se podía ver nada, la oscuridad lo engullía todo. Link alzó su medallón, aprovechando la luz que emitía para poder alumbrar un poco el camino. Empezaron a avanzar por ése túnel hasta llegar a pisar empedrado, incluso las paredes subterráneas pasaron a ser de piedra, algunas de ellas presentaban antiguos gravados.

Siguieron avanzando, acompañados por el sonido de sus pasos, hasta llegar a una estancia más amplia. A parte de la oscuridad del lugar, el trío tenía que lidiar con el aire frío que empezaba a levantarse, cosa que alertó a Gant.

-Está aquí...- Soltó de golpe, deteniendo su paso.

Tanto Kairi como Link le imitaron para luego inspeccionar la zona, el frío era cada vez más intenso. Pese a no poder ver nada por la oscuridad, ambos tenían una corazonada de qué estaba pasando en ésa estancia.

-¿Se trata de Arktos?- Inquirió la joven con semblante serio.

El mercenario se limitó en extender su mano izquierda para luego invocar una llamarada violeta que lanzó para iluminar un poco más ésa área.

No tardó en vislumbrarse la figura un hombre de pelo azul liso y largo llevando una coraza del mismo color y con la mirada perdida: Arktos.

-Ahí lo tienes...- Gant miró a Kairi de reojo.- Vosotros seguid sin mí.

-¿Qué pretendes hacer?- Mustió Link algo preocupado.- Ya te ha vencido varias veces, ¿Ahora pretendes enfrentarte a él solo¿ ¿De nuevo?

-Voy a tener unas palabras con un viejo conocido, éso es todo.- Soltó él sin apartar la mirada, luego rebuscó algo en su bolsillo para cedérselo a Kairi: Un amuleto de invocación.- Toma, puede que lo necesitéis más que yo.

-¿Es Tarkus?

-Sí, si le llamas, él te ayudará, ya viste lo fuerte que es.

En ésas Arktos empezó a avanzar con paso algo torpe, algo no iba bien en él.

-Huid...- Alcanzó a decir con voz cansada, jadeando.- ...No puedo controlar mis acciones...

Era difícil de apreciar, pero todo su cuerpo estaba rodeado por un aura oscura, como la de Claw en su enfrentamiento en Términa.

-Es un sincorazón también.- Soltó Kairi.- Pero algo está mal... No parece estar tan acorde con su situación como Claw, más bien parece que actúa en contra de su voluntad.

-Por favor... Huid...- En ésas Arktos creó una alabarda de hielo que empuñó con su mano derecha e invocó una ráfaga helada en la izquierda mientras se acercaba, listo para atacar.- No.. No puedo...

El hombre extendió su mano, liberando la ráfaga de viento helado hacia el trío, congelando todo a su paso. Ates que el ataque llegase, fue frenado en seco: Gant invocó un gran número de portales oscuros por donde salían grandes cadenas oxidadas que apresaban tanto a Arktos cómo a él mismo; Eran las "Cadenas del Tormento". El hombre luchaba por liberarse, pero todo era en vano.

-Lo dicho, continuad.- Dijo el hombre de negro.- Yo os alcanzaré luego.

-Pero Gant...- Kairi intentó dirigirse a su compañero, pero fue interrumpida por Link, quién la agarró por el hombro.

-Kairi, no hay tiempo. Él ha tomado una decisión, debemos respetarla.- Le dijo el hyliano para luego mirar a Gant.- Procura volver de una pieza.

-Claro...- El mercenario miró a la joven, quién lucía preocupada por él. Intentó calmar a su compañera, dibujando una leve sonrisa en el rostro.- No te preocupes por mi, recuerda que "bicho malo nunca muere". Y ahora, moveos.

Link se vio forzado a tirar de Kairi gentilmente para que finalmente ambos continuasen su camino, dejando a Gant y a Akrtos atrás, no sin que la preocupación invadieran sus corazones.

Cando ellos dos ya estuvieron lejos, el mercenario retiró las cadenas que aprisionaban a su oponente y a él mismo.

-Gant, no quiero hacerte más daño.- Soltó Arktos con tono cansado, aunque se puso en guardia.- Escapa.

-¿Y dejar pasar ésta oportunidad?- Escupió él invocando su llave-espada.-Creo que no.- Luego desplegó la hoja dentada de su brazo derecho.- Ahora no tienes a Claw para que guarde tus espaldas.- Frunció el ceño y dibujó una macabra y monstruosa sonrisa repleta de ansia.- Llevo esperando éste momento mucho tiempo... ¡Demasiado!


Kairi y Link seguían su travesía a paso ligero, pues cada segundo contaba. Dejaron atrás las estancias amplias para volver una vez más a los pasillos estrechos.

No tardaron en divisar grupos de Sincorazón aguardando su llegada, vagamente iluminados por la luz carmesí del colgante del hyliano.

-No podemos detenernos ahora.- Mustió él.

-Tendremos que luchar mientras corremos.- Soltó Kairi acelerando su paso.

Ambos empuñaron sus armas y cargaron contra los Sincorazón que se encontraban frente suyo.

No se detuvieron, ni siquiera frenaron su avance, pues no se podían permitir perder ni un segundo. Ni siquiera el hecho de que el grupo numeroso de Sincorazón, compuesto mayormente por Neosombras, también empezaran a avanzar en su dirección cambió su opinión. No tardó en producirse el choque: Los rápidos tajos de Prometida destruían a cualquier monstruo que se interponía a su paso, los potentes golpes de la Espada Maestra eran capaces de eliminar hasta dos Sincorazón en un solo ataque y los que no lograba alcanzar eran brutalmente golpeados por el Escudo Hyliano. Kairi y Link conseguían avanzar ante tal número de Sincorazón, aunque era inevitable recibir algún que otro zarpazo de éstos. Aunque tal esfuerzo parecía en vano, pues cada Neosobra eliminada, era reemplazada por cinco más.

Ella, harta de ésa situación, se permitió retroceder, dejando que Link siguiera con sus ataques. Aprovechando el momento de respiro, Kairi sacó el amuleto que le había dejado Gant para invocar a Tarkus, ella ya había visto de lo que era capaz, pensó que era la mejor opción en ésos momentos.

Justo al lado derecho del hyliano, quién seguía batallando, emergió la enorme figura del caballero con armadura negra, empuñando su enorme mandoble reposado en su hombro y cargando con su grueso escudo. Tarkus desató un colosal tajo que atrapó a unos seis Sincorazón es su trayectoria, los que no fueron partidos en dos, salieron volando por los aires, algunos se estamparon contra las paredes, otros cayeron sobre sus compañeros. Link se quedó atónito por unos instantes ante tal despliegue de fuerza.

Cuando otro nuevo ataque tuvo lugar, tanto Link como Tarkus se vieron forzados a bloquear los zarpazos de los Neosobra con sus escudos.

-Kairi, intenta despejar un poco el camino, así podremos avanzar.- Demandó el hyliano mientras ejercía fuerza para contener al sinfín de monstruos frente suyo.

-Entendido.

La joven empezó a invocar descargas eléctricas que pasaron por encima de las cabezas de Link y Tarkus, para luego impactar sobre los Neosombra. El alto voltaje se extendía por varios de sus objetivos, eliminándolos en el proceso. Aunque aún quedaban supervivientes, los dos guerreros consiguieron avanzar, escudo en frente, hacia delante. Paso a paso, conseguían avanzar bloqueando ataques y respondiendo con los hechizos de Kairi.

Finalmente llegaron al final de ése angosto pasillo, acabando con el último Neosobra que bloqueaban el paso. Aparentemente, los tres se encontraban en el exterior. De forma inexplicable no había rastro del desierto de cenizas de antes, pues ante ellos se extendía una enorme ciudad desolada cubierta de nieve bajo un cielo plomizo, al parecer, no vislumbraban a ninguna amenaza por el momento.

-Esto no tiene ningún sentido...- Mustió Kairi.- No es posible que estemos en una ciudad nevada debajo de un desierto.

-Creo que aquí nada tiene sentido, parece ser que estamos en un amalgama de lugares sin ninguna relación entre sí.- Soltó Link pensativo mientras observaba con detenimiento su colgante.- Hora de moverse, y rápido.

-Tú eres el que puede sentir la Trifuerza, así que nosotros te seguiremos.- Luego, la joven se fijó en que su compañero no dejaba de mirar su medallón.- ¿Algo va mal?

-Cada vez brilla con más intensidad.- Mustió.- No alcanzo a comprender el porqué...

Finalmente, Link sacudió la cabeza, aparcando su curiosidad y volviendo a retomar su determinación.

-Vamos, os guiaré.

-Espero que Gant nos pueda seguir después.

-Nos encontró en el Castillo de Hyrule aquella vez.- Soltó el hyliano haciendo memoria.- En cuanto gane la pelea, nos encontrará.

-Si es que gana...


Gant se ganó un fuerte puñetazo ascendiente en el mentón, mandándolo por los aires a varios metros para aterrizar de espaldas después. Adolorido, el mercenario se levantó, volviendo a ponerse en guardia.

Arktos, armado aún con su alabarda de hielo, avanzaba a paso lento hacia Gant, su cuerpo, envuelto por ésa extraña aura oscura, desprendía frío de forma inexplicable, incluso se le formaba escarcha poco a poco por toda su coraza.

-Debiste huir, Gant.- Le advirtió él sin parar su marcha.- Ahora me veo obligado a matarte, algo que no quiero hacer.

-Ya basta...- El mercenario se permitió limpiarse el hilo de sangre que le salía de sus fauces.- Estoy harto de tu discurso patético.- Luego miró directamente a Arktos con ira.- Me da igual lo que tú quieras o dejes de querer, pronto dejará de tener importancia...

En ésas, Gant arrancó a correr hacia su oponente pegando un salto sin importar que Arktos volvía a ponerse en guardia. El mercenario logró propinarle un potente rodillazo en la cara llevándoselo con él a causa de la inercia y la fuerza del impacto.

Tras aterrizar, Arktos trató de levantarse, pero lo único que encontró fue la mano robótica de Gant que apresó su frente con fuerza, luego el mercenario dio un fuerte golpe a la parte posterior de cabeza del hombre contra el suelo.

Tras ése duro golpe, el hombre volvió en sí, viendo cómo Gant preparaba el golpe final con su llave-espada. Arktos dio un rápido giro con su alabarda de hielo para alejar al mercenario. Gant saltó hacia atrás, aunque no pudo evitar ser alcanzado, causando un corte en su torso.

Arktos aprovechó para levantarse e inmediatamente invocó una enorme ventisca en contra el mercenario. Éste poco pudo hacer, simplemente se cubrió con ambos brazos. La ventisca aumentaba, poco a poco el cuerpo de Gant empezó a congelarse hasta tal punto que ni siquiera podía moverse. La ventisca amainó dejando ver el cuerpo del mercenario totalmente congelado.

-Ése último ataque tuyo me ha dejado algo tocado.- Al parecer, Arktos empezaba a relajarse un poco.- La primera vez que luchamos actuabas con más cautela, peleabas de forma más limpia.

De pronto, la capa de hielo que envolvía a Gant empezó a resquebrajarse, incluso sorprendió al que la creó. La expresión del mercenario se endurecía a cada segundo, tratando de mover su cuerpo, hasta que finalmente se liberó.

-...Desde ése enfrentamiento que tuvimos...- La voz de Gant estaba entrecortada, el frío le había afectado aparentemente, pues estaba tiritando.- ...Desde el día que me cortaste el brazo...- Sus ojos empezaron a denotar ira y odio puro.- Jamás he vuelto a luchar de forma limpia.

De golpe, el mercenario se lanzó a por Arktos, ésta vez desarmado, soltando un fuerte grito de guerra. En cuanto estuvo ante su rival, Gant empezó a castigarle con un aluvión de puñetazos, cada uno lanzado con furia, cada golpe resonaba por toda la sala. Poco a poco Gant empezó a ganar terreno ante Arktos, quién solo podía limitarse a cubrirse como podía y retroceder.

Parecía ser que el mercenario no deseaba acabar con su oponente de forma rápida, quería machacarlo, destrozar cada uno de sus huesos con sus propios puños. Sus ojos empezaban a enrojecerse, sentía como, poco a poco, iba perdiendo el control de sus propias acciones.

Finalmente Arktos puso fin a ésa situación lanzando un potente zarpazo a la cara de Gant para luego propinarle una fuerte patada giratoria a su abdomen, mandándolo por los aires.

El mercenario aterrizó de espaldas violentamente a varios metros de su enemigo, aunque no tardó en ponerse de pie adolorido. Se fijó en que el brazo izquierdo de Arktos había cambiado, ya no era una extremidad humana: Ahora era muchísimo más grande y anormalmente musculado, recubierto por escamas celestes y acabado en una monstruosa garra de tres dedos. Aparcando su sorpresa, Gant se pasó la mano por la herida facial que le había causado: Notó que la sangre que había en su mano era negra.

-Ya empiezo a cambiar...- Masculló Arktos, con temor en sus ojos al ver su brazo totalmente transformado. Luego miró a Gant, por su expresión parecía una súplica.- Ya no hay vuelta atrás, tendrás que matarme, no quiero pasar el resto de mi vida como un monstruo.

-...Y aún sigue con lo mismo...- Mustió con fastidio.- Ciertamente voy a matarte...- De pronto dibujó una macabra sonrisa.- Es más, primero te voy a cortar ése brazo...

El mercenario volvió a armarse para lanzarse una vez más a luchar, sin vacilar, sin contemplación. Pues ésta vez tenía su venganza al alcance de la mano.


Los tres avanzaron por ésa ciudad desolada cubierta de nieve, no tardaron en divisar un enorme edificio de aspecto deplorable, aunque adornado con un enorme umbral dotado de columnas, adornado con grandes estalactitas de hielo, custodiado por enormes sincorazón de forma aparentemente esférica que flotaban a varios metros sobre el suelo.

El trío se detuvo por un instante, analizando la situación.

-Deberemos entrar en ése edificio para poder continuar con nuestro camino.- Soltó Link, observando a los "guardianes" del lugar.- No son demasiados, deberíamos poder acabar con ellos de forma rápida.

-También podríamos esquivarlos para perder menos tiempo.- Sugirió Kairi, aunque después de echar un vistazo a Tarkus y a su armadura se lo repensó.- Aunque creo que no podremos ir demasiado rápido de todas formas.

-Bueno... Lo pensaremos sobre la marcha entonces.- Concluyó el hyliano.- A saber qué nos espera en cuanto entremos.

Acto seguido, Kairi, Link y Tarkus renovaron su avance a toda prisa, alertando a los sincorazón. Al ver que empezaban a cerrarles el paso, los tres se prepararon para atacar, acelerando por momentos.

Uno a uno, todos los sincorazón fueron derrotados, pues parecía que frente el ataque continuo de los tres guerreros no les dejaba reaccionar a tiempo. En cuanto todos sus enemigos fueron borrados del mapa, el pequeño grupo se dirigió hacia las puertas del edificio, aunque algo los frenó: Una extraña espada apareció de la nada, clavándose en el suelo frete a ellos, luego les siguieron un gran número detrás, haciendo la misma acción, luego aparecieron sus aparentes dueños; Eran otro tipo de sincorazón, con forma humanoide, semejantes a demonios con extraños y finos cuernos, alas de murciélago en la espalda y extrañas y pequeñas alas emplumadas que sobresalían de sus antebrazos, dichas alas blancas contrastaban con el resto de su cuerpo totalmente oscuro. Aquellos seres arrancaron sus armas del suelo para luego empezar a flotar en ella aire, los tres estaban rodeados.

-Sora me habló de ellos, son los "invisibles".- Dijo Kairi poniéndose en guardia.- Me dijo que son más poderosos que la mayoría de sincorazón.

-Hay muchos...- Mustió Link.

-Continuad...- Tanto la joven pelirroja como el hyliano se voltearon sorprendidos, pues ésa grave y rasgada voz provenía del interior del yelmo de Tarkus. Era la primera vez que oían su voz.- Yo los contendré...

-No voy a dejarte a ti también.- Soltó Kairi de golpe.- No te he invocado para abandonarte luego.

Uno de los sincorazón atacó a Tarkus, pero fue recibido por un colosal tajo del espadón del caballero. Dicho ataque lo derribó, aunque no llegó a matarlo.

-Gant te dio mi amuleto a ti, si tu mueres yo y todas las invocaciones que tengas también morirán.- Tarkus volvió a ponerse en guardia, dando la espalda a sus dos acompañantes.- ...Así que continúa tu camino, no para salvar tu vida.- Suspiró.- Salva la mía...

Acto seguido, el enorme caballero se lanzó al ataque, luchando contra ése sinfín de poderoso sincorazón. El resto de monstruos también empezaron a avanzar hacia la joven pelirroja.

-Link...- Kairi se ganó la atención del hyliano, aunque siguiese en posición aguardando el ataque enemigo.- Abrámonos paso.

-Por supuesto.

Los dos también se sumaron al ataque dando la espalda a Tarkus. Gracias a la magia imbuida en sus armas, consiguieron avanzar poco a poco, abriendo una brecha en ése muro de sincorazón, acabando con ellos con relativa rapidez. Los invisibles, sin embargo, respondían atacando con sus espadas y con magia negra. Los ataques físicos eran bloqueados por el escudo de Link, que se encargaba de proteger a Kairi, ella, por su parte, desviaba los ataques mágicos con su propia magia.

Al fin los dos tomaron algo de distancia, aunque fueron interceptados por un grupo de cinco invisibles más. Antes de poder reaccionar, una enorme borrón negro pasó por su lado a gran velocidad arrollando a ése grupo de sincorazón: Dicho borrón era el colosal escudo negro de Tarkus.

Ante éso todos los "invisibles" prestaron especial atención al caballero de armadura negra, quién ésta vez empuñaba su espadón con ambas manos, ejerciendo tal fuerza en la empuñadura que hasta el metal de sus guanteletes chirriaba.

Aprovechando ésa situación, Kairi y Link siguieron su camino a toda prisa, no sin dejar de sentirse mal, pues ahora Tarkus debía luchar contra ésa amenaza en solitario...

Ambos accedieron al interior del gran edificio, pasando por su umbral a toda prisa mientras que los sonidos de choques de espadas se hacían presentes. Mientras avanzaban por el pasillo principal, sin embargo, lentamente la oscuridad volvía a engullirlos y los sonidos de lucha eren cada vez más distantes, hasta perderse por completo.

Ambos vieron una luz frente a ellos, a medida que avanzaban sus pasos denotaban un sonido metálico. Finalmente llegaron a un pasillo estrecho, iluminado por pequeñal luces adornando paredes y el techo, todo fabricado enteramente de metal industrial de tonos grises. Algunos ruidos se podían oír a través de las paredes, cosa que sacaba a Kairi de sus casillas.

-Primero pasillos de piedra, luego una ciudad... Y ahora ésto.- Soltó Kairi, claramente molesta y resignada, incluso apretaba ambos puños.- Y hemos tenido que dejar atrás a Gant y a Tarkus para llegar hasta aquí...

-Ahora solo podemos ir hacia adelante.- Link miró hacia el estrecho pasillo que se extendía ante ellos, pese a estar iluminado no se llegaba alcanzar a ver el final, además, se podía apreciar que ése mismo pasillo conectaba con otros, parecía un laberinto.- Propongo que no nos quedemos aquí demasiado tiempo.

-¿Por qué?

-...No estamos solos.

-¿Sincorazón?- Ella empezó a examinar el pasillo, buscando alguna evidencia.

-Los sincorazón suelen aparecer ante quién quieren atacar.- El hyliano se adelantó frente a su compañera.- Puedo llegar a oír pasos ligeros, veloces. Los oigo por los pasillos y a través de las paredes.

-...Y supongo que sea lo que sea que hay ahí, será hostil.- Añadió ella.

-Vamos, no perdamos más tiempo.

Ambos empezaron a avanzar por los estrechos pasillos, sus pasos hacían eco por todo el lugar. El aire estaba cada vez más viciado, parecía que estuviesen en lugar totalmente cerrado, hermético. No tardaron en encontrar algo que bloqueaba el paso en uno de los pasillos, los dos decidieron acercarse: Parecía ser un cuerpo, semejante a uno humano aunque muchísimo más grande, que yacía sobre el suelo inmóvil. Estaba totalmente blindado con lo que parecía ser una armadura futurista con gruesas placas rojas,sus grandes hombreras estaban altamente ornamentadas con gravados y figuras en relieve, su casco parecía tener la forma de la cabeza de un animal, pues era algo alargado, con algunos sistemas de ventilación en el "morro". Junto al cuerpo, yacía una enorme arma, semejante a una pistola, dotada con dos cañones.

-Parece un robot...- Mustió Kairi.

Link decidió examinar las partes dañadas del blindaje, presentaban signos de lucha, tales como zarpazos o marcas de mordeduras, dónde aún quedaban algunos colmillos clavados. También se fijó que en dichas partes había sangre, algo difícil de ver por el color del blindaje, además, dicha sangre estaba seca.

-Hay un hombre muerto dentro de ésta cosa.- Soltó Link sin reparo.- Tiene un montón de cortes profundos. Creo que murió de forma lenta...

-Madre mía...- Kairi empezaba a mostrarse horrorizada. ¿Quién pudo acabar con alguien así? Si realmente había un hombre dentro de ésa armadura, tenía que ser lo suficientemente fuerte para operarla.- Y supongo que lo que quiera que le mató, sigue por aquí.

-Eso creo.

Como si de una premonición se tratase, los veloces pasos que Link oyó anteriormente ahora estaban cerca, lo suficiente para que Kairi también los apreciase. El hyliano preparó su escudo mientras que la joven volvía a invocar su llave-espada. Dichos pasos no tardaron en acelerar su marcha, incluso venían acompañados de rugidos agudos.

Finalmente vieron una extraña figura acercándose a ellos con gran velocidad: Se trataba de un ser alto y delgado, dotado de un caparazón púrpura que cubría gran parte de su cuerpo adornando su espalda encobrada con protuberancias en forma de cresta. Era un ser bípedo, pero estaba dotado con cuarto brazos con afiladas garras. Su cráneo era algo alargado, sus ojos pequeños y oscuros, y sus fauces estaban abiertas de par en par, mostrando afilados dientes y su larga lengua salivando.

La criatura avanzaba hacia ellos dos de forma veloz, incluso ansiosa. A Kairi le costaba reaccionar, preguntándose qué era ése ser, aunque no bajó su guardia en ningún momento. Link, por su parte, aguardó con su escudo preparado y empuñando la Espada Maestra. Ése horripilante monstruo no tardó en embestir al hyliano, arremetiendo contra su escudo con una serie de zarpazos veloces y fuertes mientras que seguía soltando rugidos, parecía aún más ansioso que antes. Link se vio obligado a golpear a ése ser con su escudo para desestabilizarlo, acto seguido lo apuñaló en el torso con la Espada Maestra, un golpe difícil, pues el caparazón que lo protegía era bastante resistente, aunque logró atravesar su carne. Finalmente, ésa criatura dejó de moverse, cayendo al suelo en cuanto el hyliano retiró su espada.

-Una bestia fuerte...- Murmuró.

-Supongo que ahí tenemos el asesino de ése hombre.- Dijo Kairi, algo más aliviada, aunque aún no llegaba a sentirse segura en aquél lugar.- No parece un sincorazón.

-No lo es.- Link examinó la hoja de su espada, cubierta de sangre.- Los Sincorazón no sangran...

De golpe más ruidos vinieron desde la dirección en la que apareció ése extraño ser. Link, con duda, decidió alumbrar la zona con su medallón. La luz carmesí reveló a una multitud de aquellos seres, quienes empezaban a acercarse de forma amenazante.

-¿Cual es el plan ésta vez?- Alcanzó a decir Kairi con temor.- No alcanzo a ver cuantos hay.

-Corre...

-¿Qué?

-¡Corre!


El duelo entre Gant y Arktos seguía, ambos intercambiaban ataques veloces si llegar a tomar ventaja sobre el otro. El cuerpo del peliazul seguía sufriendo cambios: Las escamas de su brazo izquierdo ya incluso se estaban comiendo su coraza, de entre su cabellera le había salido un cuerno, e incluso, su ojo izquierdo ya era el propio de un reptil.

Finalmente, Arktos, en contra de su voluntad, intentó acabar con ése combate con un golpe descendiente con su alabarda de hielo. Gant, por su parte, bloqueó el ataque interponiendo su hoja dentada, causando que el arma de su contrincante quedase atrapada entre las "espinas" de metal del mercenario. Gant aprovechó para dar un rápido movimiento con su hoja quebrando severamente la alabarda de hielo hasta tal punto de romperla totalmente. Acto seguido el hombre de negro, conectó un severo tajo con su llave-espada en el pecho de Arktos. Pese a tener la coraza, el ataque llegó a impactar parcialmente, destrozando gran parte de dicha coraza, obligando a retroceder al hombre, ahora desarmado.

-Ésa arma...- Arktos se fijó en en ésa hoja de hierro dentada que le salía del brazo robótico del mercenario.- Está pensada para poder quebrar las que yo fabrico con hielo, ¿Verdad?

-Pues claro, de haber tenido más tiempo, sería una motosierra, pero se quedó en un serrucho.- Soltó Gant con confianzas renovadas, mirando directamente a su adversario.- Así que te puedes sentir afortunado después de todo.

El mercenario empezó a avanzar a paso lento y amenazante hacia Arktos. Éste, por su parte, empezaba a hacer movimientos extraños con sus manos, que empezaban a brillar con luz azulada mientras que su rostro denotaba una expresión de horror.

-Deberás esquivar éste ataque si no quieres morir.- Le advirtió, levantando la mirada.- por favor, hazme caso ésta vez.

-Déjate de cuentos y ataca de una vez.- Escupió Gant con fastidio.- Ya va siendo hora de acabar con ésto.

De golpe, Arktos juntó sus palmas, liberando un colosal rayo de luz azul directo hacia Gant, durante su travesía, iba creando escarcha en el suelo y techo de la oscura estancia. El mercenario, al ver ésa situación, decidió responder de una forma similar: Abriendo sus fauces de par en par, cargando magia oscura en ellas, y disparar un potente rayo negro acompañado por un tremendo rugido.

Ambos ataques mágicos impactaron, causando una enorme explosión, congelando y corrompiendo a todo lo que estaba en su onda expansiva. Tanto Gant como Arktos fueron alcanzados por el impacto, siendo despedidos hacia atrás y aterrizando violentamente en el suelo.

El mercenario se recuperó, aunque con dificultad, pues fue un duro golpe. Poco a poco sentía cómo la vista se le nublaba, la sangre que brotaba de sus heridas era cada vez más oscura, notaba cómo empezaba a perder el control...

-No, no, no.- Él empezó a sacudir la cabeza, algo preocupado.- No puedo enloquecer ahora...

De pronto, el hombre de negro fue sorprendido por Arktos, quién, aparentemente recuperado, se aproximó a él a gran velocidad para luego propinarle otro zarpazo, ésta vez al torso.

Gant retrocedió, intentando ignorar el dolor que sentía por culpa de ése último ataque. Arktos, aparentemente fuera de control intentó volver a atacar, pero el mercenario ya se lo esperaba: Gant esquivó el ataque, invocando su llave-espada con rapidez. En cuando tuvo la oportunidad, el hombre de negro lanzó un fuerte tajo para inutilizar la garra de su enemigo, cortándole la muñeca. Arktos soltó un potente alarido de dolor, agarrándose su extremidad cercenada con fuerza, cosa que Gant aprovechó para cargar su propulsor de codo y conectar un puñetazo cargado ascendente en el mentón de su enemigo acompañado por un potente grito de guerra. Ése golpe rebosaba ira, por un momento, los ojos de Arktos se encontraron con los enrojecidos ojos de Gant. El hombre salió despedido por los aires hasta que chocó con el techo para luego aterrizar de mala manera.

-Te advertí que te cortaría el brazo...- Gant volvió a desplegar su hoja dentada para luego dirigirse hacia Arktos, que parecía ser incapaz de levantarse o siquiera moverse.- ...Y con ésto concluye nuestro duelo.

El mercenario finalmente llegó hasta Arktos a paso lento, con la mirada sombría, con su hoja dentada preparada en su diestra y empuñando su llave-espada en su siniestra. Su rival, su enemigo, empezó a abrir sus ojos, algo que parecía ser un gran esfuerzo, para ver a Gant, curiosamente esbozó una pequeña sonrisa.

-Al fin lo has conseguido, ¿No?- Soltó el hombre tendido en el suelo.- Finalmente te cobrarás tu venganza... Ni siquiera puedo mover mi cuerpo... Ése último golpe me ha dejado la columna muy tocada.

-Veo que no vas a cerrar el pico ni siquiera en tus últimos momentos.- Gruñó él con fastidio, ignorando por completo las palabras de su rival.

-Bueno, podrás permitirte que te fastidie unos segundos más...- Arktos intentó reír, aunque lo único que consiguió fue toser de mala manera.- … Tengo una última petición antes de morir.

-Llegas a ser muy pesado y cargante.- Gant resopló poniendo los ojos en blanco, aunque al fin decidió ceder un poco.- Que sea rápido.

-Quiero que sepas la verdad... La verdad tras nuestro primer enfrentamiento.

-No me hace falta saberlo.- Soltó el mercenario de golpe.- Así que no malgastes tus últimas fuerzas en ésta tontería.

-Me da igual... Me vas a escuchar.- Arktos suspiró, tratando de soportar el dolor y tomar un pequeño respiro, tratando de empezar.- La Organización me contrató para eliminarte.

-Éso ya lo sé.

-Pero no lo hice.

-Salta a la vista.

-El plan era incapacitarte de tal manera de que la Organización XIII creyese que estabas muerto, luego, pedirle a tu padre de que te curase, volver a unir tu brazo con el resto de tu cuerpo con su magia oscura... Pero se nos adelantaron...

-Y representa que me tengo que tragar ésta historia...- Gant negó con la cabeza.- ¿Qué pretendes con todo ésto?

-He mentido en muchas ocasiones, pero no ahora...- Arktos se animó a sonreír de nuevo, aunque con algo de amargura.- ¿De que me serviría mentirte a éstas alturas?

Gant apartó la mirada, buscando un momento de tranquilidad, no queriendo creer las palabras de ése hombre.

-¿Y dices que mi padre estaba al corriente?

-Todos lo estaban...- Arktos soltó un largo suspiro, cargado de resignación, incluso de melancolía.- Conozco a tu família desde hace años, ellos querían que dejases de ser mercenario, y encima la Organización XIII te quería muerto. Bueno... ¿Qué harás ahora?

El mercenario se tomó un momento: Miró su llave-espada, luego a su hoja dentada, sabía que una lo haría volver tarde o temprano y que la otra acabaría con él para siempre. Cerró los ojos intentando aclarar su mente.

-Al fin y al cabo, no me mataste...- Masculló con cierto aire de resignación.- Si te mato ahora seré peor que tú.- Finalmente guardó su hoja dentada y empuñó su llave-espada con fuerza, abriendo los ojos y mirando a Arktos con serenidad.- Voy a liberar tu corazón, que vuelvas al mundo terrenal dependerá de ti, el tiempo que tardes en volver ni lo sé ni me interesa saberlo.

-Gracias, Gant, ése gesto...

-No sigas, o cambiaré de opinión.- Le interrumpió él.

Acto seguido, Gant realizó su acometida final hacia Arktos: Clavó la hoja de su arma en el pecho de su rival, atravesando su coraza y su carne. Todo el cuerpo de Arktos empezó a brillar con una intensa luz blanca hasta que algo se desprendió de él, saliendo flotando hacia arriba hasta desaparecer: Su alma, su corazón. El cuerpo inerte del hombre se desvaneció poco apoco dejando tras de si una leve sonrisa, hasta que finalmente solo quedó Gant. La luz no tardó en extinguirse, engullendo la sala nuevamente por la oscuridad.

-Bueno...- El mercenario volvió a suspirar, ésta vez de forma más pesada.- Pensaba que me sentiría mejor después de ésto, pero no...

Kairi y Link seguían envueltos en su particular persecución a través de los estrechos y oscuros pasillos metálicos, atosigados por una multitud de aterradores monstruos ansiosos que aumentaban en número poco a poco cada vez que llegaban pasaban por la entrada de otro pasillo o por delante de algún agujero en la pared. Incluso, en algunas ocasiones, ésos infernales seres emergían de las sombras ante los dos a cierta distancia, cargando contra ellos. Ante ésa amenaza Link envestía con el escudo en ristre golpeando a cualquiera que encontraba a su paso para luego ser atacado por un par de tajos de la llave-espada de Kairi, algunas veces podía acabar con ése ser, otras no, causando que se sumase a la multitud que les perseguían.

-Tenemos que hacer algo, no nos podemos pasar la vida huyendo.- Soltó Kairi sin dejar de correr.

-Cierto, necesitamos un respiro.- De pronto, Link envainó su espada y guardó su escudo para luego sacar su arco.- Kairi, crea un muro delante de hielo, yo crearé otro detrás.

La joven invocó una densa escarcha en la hoja de Prometida para, acto seguido esparcirla por paredes, suelo y techo hasta bloquear totalmente el pasillo. Mientras tanto, Link concentró su poder mágico en la punta de sus flechas para poder congelar todo aquello con lo que impactaban, consiguiendo crear un grueso y sólido bloqueo de hielo. Tras éso ambos se quedaron en ése pequeño "habitáculo" gélido mientras se podían oír a ésos monstruos chillones intentando romper la pared de hielo con sus garras, también se podía apreciar que otros se sumaron a la otra pared.

-¿Qué está pasando?- Kairi empezaba a desesperarse.- A éstas alturas deberíamos poder acabar con éstos bichos de un solo tajo, pero aquí estamos huyendo.

-No parecen ser seres oscuros, así que nuestras armas no tienen ningún efecto especial hacia ellos, y sus caparazones parecen aguantar bien los ataques físicos.- Link empezó a pensar.- Acabar con ellos a base de golpes nos llevaría mucho tiempo, necesitaríamos alguna manera de acabar con ellos de un solo ataque para así poder orientarnos por éste laberinto.

-Si dices que no son seres oscuros significa que ni un "Sanctus" les afectaría.- Ella suspiró algo alicaída.- No sé tú, pero ahora estoy en blanco.

-Si no podemos avanzar actuando como lo solemos hacer, deberíamos probar de actuar de forma distinta.

-¿Cómo?

-Ellos tienen la ventaja del combate cuerpo a cuerpo, lo cual nos deja la opción de responder con ataques a distancia.

-¿Te refieres a que use magia elemental contra ellos?

-Exacto.- Link miró el arco que sostenía aún en la mano.- Yo imbuiré flechas con magia también, incluso podría usar algunas bombas, pero sería algo peligroso para ambos.- Suspiró con algo de preocupación.- ...Espero que el arco del Sniper aguante.

Kairi se quedó pensativa, intentando aparcar el horrendo ruido de ésos seres golpeando los muros de hielo intentando atravesarlos. Deseaba tener algo que marcase la diferencia, alguna clase de habilidad o arma oculta capaz de acabar con ésa situación. Tras meditar durante unos instantes, la joven se levantó de repente, hasta dibujó una pequeña sonrisa. No era estrictamente una arma, pero tenía algo que les podría ayudar, justo dentro de su bolsillo.

-Link, ¿Te acuerdas del amuleto de invocación que me diste?- Inquirió ella con confianzas renovadas.- Justo antes de entrar en la base de Volgin.

-Claro...

-Pues bien, creo que Samus nos podrá ayudar.- La joven finalmente sacó su amuleto de invocación.- Su especialidad es el combate a distancia con gran potencia de fuego.

-En ese caso, suena bien.- Link se mostró algo aliviado, pues al fin oía una buena noticia.- Así que es fuerte.

-Te sorprenderás.

Kairi concentró su poder mágico en el amuleto hasta que éste empezó a brillar con luz propia. No tardó en empezar a flotar ene el aire mientras que la luz se intensificaba. Dicha luz empezó a tomar una forma en específico, semejante a una figura humana. Finalmente todo el fulgor se disipó revelando a la mismísima Samus, equipada con su imponente armadura colorida futurista, con su amenazador cañón en su brazo derecho.

-¿Y bien?- Soltó la recién llegada con la voz algo distorsionada por su casco.- ¿Cómo os puedo ayudar?

-Perdona...- Link se acercó algo perplejo, ganándose la atención de Samus.- ¿A caso nos conocemos de algo? Me resultas algo familiar.

-Vaya, iba a decirte lo mismo.- Respondió de la misma forma.

-Samus, nos acosan una horda de seres monstruosos, no sabemos qué son.

-Veamos, iniciaré el escáner.- El visor de Samus se iluminó con una tenue luz verde por unos instantes.- ...Forma de vida "Tiránida"... "Genestealer"...- Se quedó callada por un momento.- Ésto es nuevo.

-¿Nos podrás ayudar a acabar con ellos?- Inquirió la joven pelirroja.- Nos bloquean el paso.

Samus se volteó para ver a Kairi, no se alcanzaba ver su rostro a través del visor, pero se podría decir que exhalaba orgullo.

-No hay criatura alienígena que no pueda exterminar.- Soltó para luego volver la mirada hacia el muro de hielo, aún siendo duramente atacado.- Quedaos detrás de mí.

-No te usaremos de escudo, lucharemos juntos.- Anunció el hyliano.

-Exacto, con los tres peleando avanzaremos más rápido.- Añadió Kairi.

-Entonces preparaos.

Los tres se pusieron en guardia, tanto Kairi como Link habían recuperado su determinación, Samus empezó a cargar el cañón de su brazo, dispuesta a derribar la pared de hielo y a todo ser que estuviera junto a ella.