¡RECUERDEN!
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
Me pregunto… ¿Seguiré teniendo el toque?
Recomendación musical: 葉月ゆら- Onyx Veil -忘却の闇-
Notas:
[Presente]
[Pasado]
["Pensamientos"]
[Teléfono]
Los personajes de The Seven Deadly Sins son propiedad de Nakaba Suzuki
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Los pétalos descendieron uno tras otro en la enorme lluvia rodeando a las dos personas en el medio del camino de piedras, exclamaciones de goce, aplausos y silbidos enmudecían cualquier palabra que pudieran expresar verbalmente, salvo por sus honestas caras llenas de jubilo al unir sus vidas en una tradición humana, matrimonio.
Con sus manos entrelazadas, se acerco a su pareja, presionando sus labios en un beso que aumento el barullo del publico y coloreo las mejillas del ahora nuevo esposo. Sonriéndole con su propio sonroso, volvió a acercarse, esta vez, susurrándole algunas palabras al oído.
El amor reflejado en sus rostros fue hermoso, deseándoles desde el fondo de su corazón una total dicha y felicidad para hoy, el mañana y el resto de sus vidas. Caminando con el resto de personas siguiéndole, se detuvieron, intercambiando unas cuantas palabras, asintieron entre ellos y se giraron a su público, alzando en alto el ramo de flores, varias de las mujeres se reunieron por delante, empujándose y con sus manos al aire, dispuestas a capturar las flores.
En un conteo de tres, volaron por el aire, notando pequeñas chispas dar a la unión de tallos para que siguiera elevándose, era como si su dirección ya estuviera preestablecida, entonces, escucho una voz cercana pero que resonó solo dentro de su mente.
- "Atrápalo, King."
- ¿Ha?
Con la vista hacia arriba, identifico un objeto dirigirse a su segura posición sentado en la pared contraria a la iglesia. Poniéndose de pie en el aire, extendió torpemente sus manos, malabareando el ramo una vez seguro entre sus brazos, algunos pétalos quedaron colgados y los tallos desgastados.
Parpadeo incrédulo, guiando su vista esta vez, al grupo de mujeres que susurraban molestas, hasta llegar a la pareja que le felicitaba por su excelente atrapada.
Un guiño cómplice del de cabello rosado, llevándose a su marido para continuar con la celebración en la plaza central, con el castaño atrás, flotando y con las flores apretadas a su pecho.
Había muchas cosas que esperar en la boda del Rey de Camelot y uno de los Pecados Capitales, excepto, ser – supuestamente – el siguiente a casarse.
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Las parejas reunidas en el centro de baile, con los recién casados en el centro, era una imagen inusual de apreciar en primera fila.
Sin embargo, que TODO UN REINO fuera invitado para la boda de su rey y participaran activamente en las decoraciones y comida, se incluía en esos detalles inusuales. Desviándose de la pareja que capturaba totalmente la atención en esta noche, busco entre las variadas cabelleras, unas de colores más brillantes, hallándolas al otro lado de la pista, meciéndose lentamente con la música instrumental.
Ella apoyándose en su pareja con sus alas resplandecientes en cada pequeño giro, mientras su compañera recarga el mentón en la coronilla de sus rubios cabellos. Nota la lenta sonrisa que se extiende por sus labios cuando un mecho lila da contra su rostro, despegándose de su apoyo, se inclina hacia arriba, uniendo sus labios en una dulce caricia, regresando nuevamente a resguardarse bajo la barbilla y continuar con el baile que pareciera estar arrullándolas a ambas.
Tal hermosa imagen grabada permanentemente en su memoria le hace abandonar su puesto de primera fila cerca de la pista de baile e intentar buscar a sus amigos para entablar absurdas charlas, incluso volver a felicitar a los recién casados y escuchar las teorías de planificación familiar a favor de herederos para Camelot. Sus intenciones cambian, al notar a cierto personaje peculiar, abandonar la fiesta, aprovechando el numeroso grupo de personas reunido en la festividad.
Ir a buscarlo no es de su incumbencia, ni siquiera tiene un poco de curiosidad sobre su siguiente paradero o porque su nombre no resonó por la estridente voz del padrino del novio. Desgraciadamente las flores – que aun lleva – le dan una ultimátum que no creía posible y prefiere ignorarlo abiertamente, esta decidido a lamentar su siguiente movimiento.
- Estúpidas flores – maldice entre dientes, volando por encima de las cabezas de los invitados, sumergiéndose en la oscuridad de la noche, con la poca luz de las farolas encendidas por fuego.
Cuanto más avanzaba por las calles menos personas podía encontrar, la mayoría reunidas en la plaza central, otras devuelta en sus hogares y unos cuantos caballeros patrullando los alrededores previniendo ataques sorpresa que tomaran oportunidad del ambiente festivo.
Estuvo a punto de perderlo en más de una ocasión, hasta que giro por una calle y acelerando su vuelo dio con un callejón sin salida, mirando en ambas direcciones, tratando de encontrar una solución al dilema, entre las sombras un par de brazos se deslizaron, sujetándolo por la cintura y rozando su alas, causando que gritara.
- Shh~ - su aliento dio con la seda en sus alas, causándole un escalofrió. – Cambiemos de sitio.
Sin esperar su respuesta, fue liberado de su cintura y levantado del suelo con un solo brazo mientras el otro aseguraba una botella de vino. Colocando sus manos en los hombros como soporte, el ramo termino detrás de su cabeza y con un poco de presión por una de sus manos. De un salto, estaban en los techos de las casas, admirando el paisaje y la vivacidad de la fiesta unas cuantos metros.
Aun sentado en el brazo del hombre, este camino hasta una zona horizontal y que no necesitará de comprobar constantemente su equilibrio para mantenerse. Él fue el primero en sentarse, colocando su mano en la espalda para darle firmeza a su agarre en lo que conseguía tocar el suelo del techo con su trasero. Una vez hecho, lo libero, dejándolo sentado en su regazo, mirando hacia su lado derecho, cuidando que sus alas estuvieran extendidas al otro y sin que fueran pellizcadas por algún movimiento propio.
Destapo la botella de vino, dando un gran trago, mientras, el otro observaba el ramo ya disparejo por la perdida de flores y pétalos durante el lapso del día.
- ¿Quieres hacerlo?~
Seguía sorprendiéndole su capacidad para arruinar un momento tranquilo, propinándole una bofetada mientras la cara cambiaba de tonalidad, saltando fuera de su lugar ocupado entre sus piernas, agitando con fuerza sus alas, enviando aire suficiente para alborotar su cabello y obligarlo a caer – al menos intentarlo – con el ceño fruncido, aplasto el ramo en sus manos, arrojándoselo a la cara.
- ¡Agh! – grito, tapándose el rostro, mirando entre sus dedos al más alto, observar cuidadosamente el desecho adorno ceremonial. – "¿Por qué me esfuerzo?" – unas cuantas gotas salinas se acurrucaban en la esquina de sus ojos.
Sentimientos que debían morir, latían esperanzados en su corazón, anhelantes por ser correspondidos, deteniéndose ante el temor del rechazo, el odio y al cambio. Porque mientras se mantuviera a salvo en su pequeño cascarón evitaría enfrentarse a una realidad negada y sus consecuencias.
Un amor demasiado grande que comenzaba a comerlo desde dentro, ya no resistiría las bromas inocentes o los coqueteos atrevidos.
Por una vez, solo una, quería ser suficientemente valiente y lanzarse al riesgo.
- Siempre sentimental, anciano.
Mordiendo su labio inferior, aparto las manos de su rostro, develando el desastre de lagrimas y algo de mucosa, deformando su porte de caballero, iba a lanzar un puñetazo – inefectivo – deteniéndose ante una de las flores más dobladas y con menos pétalos que se podía sostener en una mano. Parpadeo confundido, viendo al otro directo a los ojos, las lagrimas se detuvieron, sin saber que hacer con este nuevo desarrollo de la situación. ¿Tenía que tomar la flor?, ¿Era alguna especie de tregua?
Encorvándose en su lugar, apretó las manos contra su pecho. Simplemente no podía entenderlo, ¿por qué?
Con un resoplido salió de su tortura mental, sin permiso – de nuevo – invadió su espacio, sujetándole de la mano izquierda y enredando el delicado tallo alrededor, anudándolo con un pedazo del hilo usado para el corcho en la botella de vino.
- Esto, ¿Qué es…
- Cásate conmigo, Harlequin.
- ¿Perdón?, he… ¡HE! – con un aleteo, retrocedió – N-no… ¡No puedes decirlo solo así!
Exhalando con las manos en la cintura, avanzo, acortando la distancia separándolos y sin perder el factor sorpresa, lo jalo por el brazo, uniendo sus frentes en el proceso. Afilando su mirada escarlata, beso los labios del otro, ganando un grito nuevo – más agudo – y un golpe por el aire producido al batir sus alas. – ¡Maldita sea, Harlequin!, ven acá.
- M-mo-momento… ¡MOMENTO!
- Tch.
- *Cof* *cof* – aliso los cabellos escapándose de su pomposo flequillo – E-estas preguntando de la nada y antes de eso me propusiste algo indecoroso, Ban.
- Eso es falso.
- Lo hiciste.
- El único que piensa en tener sexo en un techo eres tú, yo me refería a la boda. Te la has pasado decaído viendo a Arthur y Gowther desde que el cuatro ojos te arrojo el ramo.
La siguiente contestación murió antes de salir por sus labios, mirando a un lado, apretó los brazos a sus costados.
Peinándose el cabello hacia atrás, Ban miro sus pies, dejando un silencio entre ambos, pausando su incomoda charla y una de las peores propuestas de matrimonio de la historia.
- Exactamente, ¿Qué estamos haciendo? – un intento de sonrisa se presentó, eligiendo bajar de su sitio seguro en el vuelo. Mostro el brazalete de flor, moviéndolo en su muñeca. – Soy un hada, pero, ¿flores?, es demasiado.
- Quise aprovechar el momento, además estos detalles cursis son los que te gustan.~
- Je je je… si eso creo. – acaricio los pétalos en su pulsera, sus ojos miel brillando intensamente junto a los restos de lágrimas.
- Hah – suspiro – ¿Y?, ¿Seguiremos aquí de pie? O ¿Vas a rechazarme?, tengo que conseguir una botella nueva – señalo los trozos de la anterior, explotado por los arrebatos alados del castaño.
- Dada la falta de encanto a tus palabras, estoy tentado – vio la boca de Ban torcerse en una mueca – pero… – alargo su mano, tomando la de Ban – ha sido suficiente espera para una vida de 1300 años.
- Cursi, enano. Demasiado cursi. – paso el dorso de su mano por la mejilla tersa.
- Cállate y bésame. – regaño, jalándole por el cuello de su traje y usando las puntas de sus zapatos, ganando unos centímetros.
- Meh~ – se encogió de hombros, sonriendo ladinamente – está bien – Cumplió sin reproches la solicitud del hada.
La sutileza del tacto entre sus labios creo fuegos artificiales entre ellos, volviéndose el ultimo y primero de muchos otros besos con los cuales transmitirán sus sentimientos.
- "Te amo" – Fue la voz de ambos corazones, resonando como uno solo.
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Fin.
No es de mis mejores escritos, pero trate de darle un aura algo más deprimente de lo convencional que hago entre bromas y otras cosillas romanticonas.
¡Has la próxima!
¡RECUERDEN!
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Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
