Hola! Debo advertir que soy nueva en este fandom y que por tanto, en la historia a continuación pueden presentarse algunos errores tipicos de la ignorancia. De modo que pido paciencia.
Espero que esta historia les agrade. Tengo mas actividad en mi AO3 donde publico con mayor frecuencia.
Disfruten.
CAPITULO UNO
Cuando el motor del auto dejó de funcionar, Diarmuid se tomó el tiempo de salir, pisó la hierba verde y el aire fresco le golpeó el rostro agraciado con delicadeza, el sol estaba muriendo dando pinceladas de tonos cálido como despedida. Bajó del auto y caminó por el sendero libre de hierba hacia las escaleras de aquella casita. Tocó la puerta dos veces, pero nadie respondió.
De modo que retornó por donde vino y fue hacia a la parte trasera del lugar, el césped era verde y libre de hierbas malas. Tuvo cuidado en su avanzar y como sospechaba allí estaba. Un cuerpo hecho un ovillo. Aun no sabía cómo su amigo no se enfermaba por dormir a la intemperie, pero parecía tener tiempo, solía dormir así cuando tenía frio.
—Cú Chulainn –Llamó mientras agitaba con cuidado su cuerpo, este respondió con un resoplido y un ceño fruncido, más despertó poco después enfocando la mirada. –Despierta, ya será de noche ¿Cuánto tiempo estuviste aquí?
—No conté –Respondió incorporándose, estirando un poco el cuello, sus ojos cansados miraron más allá - ¿Tienes mucho tiempo?
—Acabo de llegar. Vine a buscarte. ¿Estás listo?
Cú frunció más el ceño y parpadeó. ¿Listo para qué?
—Oh no. Lo olvidaste.
—¿Qué cosa olvidé?
—La salida de esta noche. Dijiste que sí. ¿Recuerdas? Karna se va a casar…
Cú hizo memoria y aunque esta solía fallar estos últimos años se vio a si mismo diciendo un "como sea" antes de un sí. Llevó los dedos a su cabello azul desarreglase con aire pensativo, pesado.
—No estoy listo. –Confesó, pero eso quedaba sobre entendido. Diarmuid lo ayudó a levantarse y ambos fueron a la casa.
—Bueno, te espero, no hay prisa es temprano –Objetó su amigo, Cú no hizo gesto alguno, le hubiera gustado que Diarmuid no fuera un amigo tan amable y leal, como para dejarlo dormir hasta el otro día.
Pero había algo en su amabilidad que no podía rechazar. Lo conocía desde la infancia y siempre había sido así, siempre. En el mundo había gente amable y luego estaba Diarmuid.
Al entrar, su amigo lo obligó a bañarse, tuvo que ayudarlo. No sería la primera vez que lo tenía en la tina y le ayudaba a lavar su cabello o hablaban de cualquier cosa, mayormente Diarmuid, Cú se había vuelto algo escueto. Suponía que era a raíz del aislamiento, Cú se tomó su tiempo y en esto fue bastante parsimonioso, porque le agradaban los baños nocturnos, mientras su amigo fue a la cocina y le echó un ojo al refrigerador y la alacena. Sabía que Cú debía seguir una dieta y se preocupaba que ya no tuviera suministros. Quizá esa noche podrían comparar algo de regreso.
—Ya estoy listo –Dijo pasando por la cocina, miró a su amigo y este frunció el entrecejo al ver la forma simple en que iba vestido.
—Vamos a una fiesta. No a recoger leche a la tienda –Le objetó entonces; una franela blanca y un pantalón deportivo era algo inaceptable, pero Cú sabia la intención tras esa invitación razón por la cual su negación. Se encogió en hombro y llevó una de las manos a los flequillos azules que apuntaban su frente.
—¿Qué haces? –Preguntó de regreso.
—Reviso. Podemos comprar algo cuando retornemos. –Le manifestó su buen amigo.
Cú chulainn no afirmó ni dijo nada más. Movió la cabeza como un "como sea", últimamente se había guiado por esas palabras estos años. Como sabía que no iba a hacer caso a sus consejos, el del lunar suspiró y luego de asegurar la casa salieron hacia la ciudad, Cú asomó la cabeza por la ventana del copiloto, admirando como la estrella solar se ocultaba a lo lejos, mientras se alejaban…
…Atrás el verdor de la tierra y al frente la ciudad.
No hablaron de mucho en el camino, más porque Cú no dejaba de mirar en dirección a la ventana como alguien que será trasladado a otra celda.
Al llegar, era de esperar tal ambiente, ruido, luces y sus amigos esperándolos en una mesa del lugar, se habían llenado de bebidas y Cú sabía que no lo dejarían irse sobrio. Karna estaba allí junto a Claudius Nero, y Gilgamesh. Sabía que Karna se había comprometido con un alfa; Arjuna se llamaba, Cú lo había visto pocas veces, cuando apenas eran novios y trabajaba en la floristería…
Lo felicitó en cuanto llegó, por su compromiso y bebieron por su felicidad. Cú solo bebió una cerveza y pedía internamente que la música desapareciera, pero al menos así no podía escuchar sus propios pensamientos. Mas era imposible no escuchar las charlas de Gilgamesh y Claudius, eran alfas importantes, había escalado rápido económicamente y tenían futuros y sueños llenos de éxito o eso cualquiera lo podría percibir por la forma en que hablaban y se movían.
Cú medito en cómo podían ser amigos, sin embargo, él en algún punto también fue un alfa exitosa a pesar de que ahora era dueño de una vida sencilla y simple. No se arrepentía de muchas cosas. Había vendido todo lo que tenía y se retiró pasivamente a las afueras de la ciudad luego del incidente, a pesar de ahora sea corriente y modesto, sus amigos no le abandonaron y agradecía internamente que lo consideraran en estos encuentros, no obstante, este sentimiento de gratitud se veía fuertemente empañado por su turbiedad interior. Su apatía y su nulo interés por lo que sucedía frente a sus ojos; como una animada fiesta, una apetitosa comida, una buena música, una buena bebida. Todo había perdido tres grados de color.
Agradecía por un instante estar en ese momento, sin embargo, también añoraba regresar a casa y meterse en su cama. Añoraba el silencio y la quietud.
Pronto la conversación se centró en la boda y compromiso de Karna, donde Cú no tuvo mucha participación más que sonidos y monosílabos de sorpresa, unos breves sorbos de cerveza y algunas miradas a Diarmuid y a Karna. Todo aquello escaló muy rápido, Karna no solía beber tanto, lo conocía como un omega tranquilo, honesto y respetuoso, amable a pesar de su mirada tan intensa y sus palabras directas fue uno de los primeros que respondieron ante el incidente y siempre había escuchado que estaba pendiente de su estado.
La luz y la música le hicieron difícil saber cuánto tiempo había pasado desde que llegó, Gil y Claudius propusieron un reto de bebidos entre los presentes, Cú apenas y se dio cuenta y reaccionó con un movimiento de cabeza como quien despierta de un sueño.
—En seguida vuelvo. –Dijo entonces, con quietud.
—¿A dónde vas?
—Al baño
Cú se levantó de la mesa, y aunque no era mentira tampoco era completamente cierto, de cualquier forma, entró y salió de el a los pocos minutos, pero antes de poder dar un paso hacia la mesa donde lo esperaban, reflexionó.
No era que no le gustaba compartir con sus amigos y sabía que hacían todo con la intención de animarlo y de que pudiera superar su condición, pero muchas cosas habían cambiado desde aquellos años. Muchas cosas en él.
Se sintió aturdido por aquellos pensamientos y la música a su alrededor lo llegó a incomodar como nunca antes, las luces y los olores… saltó rápidamente hacia la salida trasera del local sin ser visto y ante él estuvo la pacifica carretera nocturna, caminó algunos pasos más y salió a la calle, a la izquierda estaba la entrada del lugar y allí dentro sus amigos, un sentimiento de culpa lo envolvió con sus manos de seda ante lo que acaba de hacer, pero no podía evitarlo.
Había pasado una temporada desde que paseó por la ciudad, antes tenía en ella muchos trabajos y conocía cada parte de ella. en su paseo visitó a algunos de los locales. Una carnicería, y una tienda de mariscos y pescados. La floristería estaba cerrada, pero seguía como siempre y luego una carpintería… cerrada, pero tenía aquel mismo cartel rojo llamativo que según el dueño traía buena suerte. El color rojo es el color de la suerte.
Dio una vuelta a la manzana entre las personas del centro y las luces, los sonidos le fueron indiferente, centrado en sus pensamientos y su intención de volver, pronto detuvo sus pasos, aterrizó en una tienda de conveniencia, recordó lo que su amigo le había comentado sobre los suministros y entró dispuesto a comprar embutidos, leche, huevos y jugo, también trajo consigo algunas cervezas… en estos años le había dado por beber solo en su hogar y en soledad.
Mientras pagaba pensó en cómo iba a explicar su regreso con todo esto en manos, bueno dudaba que Diarmuid se molestara por ello, de todos modos, la idea había sido de él. Tomó las bolsas luego que le devolvieran su débito y salió por la puerta automática.
De repente esta se cerró y algo jaló su cabello, Cú Chulainn gruñó, cuando fue liberado se fue despedido hacia adelante por el peso añadido de los enseres. Su peso cayó hacia adelante, sintió haber pisado algo y escuchó algo romperse, cuando golpeó la cabeza con algo, el irlandés se golpeó la rodilla, gruñó y se aferró a lo primero que tuvo cerca, pero el dolor en su rodilla no representó nada al ver lo que había ocurrido.
—¡Ah! ¡Lo siento! -Rápidamente fue lo primero que había venido a su mente, dejando sus bolsas de una mano se dispuso a ayudar al otro a incorporarse. Lo había empujado por la espalda y esto hizo que aquello que sostenía en su mano cayera al piso seguido de él. – La puerta me atrapó… ¿estás bien?
—Estamos en medio de la salida –Dijo el, su voz grave hizo reaccionar a Cú
—Oh, sí. –Tomó las bolsas que había dejado abandonadas a un lado.
—Estoy bien. –Luego un suspiro y detecto en él un ánimo de resignación – Se han roto los huevos… y has pisado el pescado –Diagnosticó para la palidez del irlandés.
—Lo siento. Humm… puedo comprarte otros. –Rápidamente dijo en su vergüenza.
—No. Está bien. Yo los comprare.
—No, dejame. Es mi culpa, estaba distraído –Insistió mirando el pescado destrozado y se preguntó cómo había llegado a esto.
Aquel hombre miró a Cú Chulainn por un momento, como quien medita una decisión importante y suspiró. Los ojos de aquel hombre eran claros como grises. Como la plata y a Cú sintió que podía ver algo más dentro de su rostro.
—Está bien –Dijo como derrotado, pero aun displicente. - Si insistes.
Persistía un aparente enojo en sus cejas, pero ya que iba a ser indemnizado no podía estar lo suficientemente enojado como para negarse. Jamás había sido un hombre que se dejara llevar por arrebatos.
Ambos volvieron a entrar y Cú solo entonces distinguió algo más que los ojos del sujeto, tenía el cabello blanco, peinado severamente hacia atrás, y su piel era morena, un hombre robusto y alto. Cuando hacían la corta fila para pagar lo que habían adquirido notó su espalda ancha y su cintura algo estrecha…sus ojos grises, fijo en la cinta deslizante como si nadie estuviera en casa. No dijo ni una sola palabra en todo el rato de espera.
Y sorprendentemente Cú tampoco manifestó muestras de habla. Había algo en el silencio que prefirió guardar dentro de sí, como quien aprecia una estatua o un cuadro. Reaccionó a tiempo para cuando la cajera pidió su débito y ni vio el monto. El hombre tomó las bolsas y Cu chulainn las suyas y lo siguió, aunque tuvo especial cuidado de su cabello al salir por la puerta. Todo había ocurrido y sentía que se había perdido alguna parte de todo aquel asunto, como si estuviera y a la vez no.
—Gracias. -Escuchó de él.
—Ni lo menciones. – No supo que más decir, la mirada de ese hombre dejaba seca su boca y por un momento se sintió como un idiota tan solo estando allí de pie frente a él, esperando que algo pasara. Abrió los labios para preguntar algo que quería saltar en la punta de su lengua.
—¡Tu!¡ perro! ¿Qué haces allí?
Cú chulainn dio un salto en ese lugar casi asustado, era la voz de Gilgamesh, al volver hacia la calle estaban todo en el auto, Nero, Karna y Diarmuid. Gilgamesh comenzó a gritar, era difícil saber si estaba feliz o enojado de verlo, ya que también estaba ebrio y Nero también se unió al llamado por él.
—¡Trae a tu amigo! ¡Lo llevaremos a casa!
—¡Si, si! ¡Preséntanoslo! ¡¿Quién es?
—Jamás lo he visto –Reconoció Diarmuid, Karna los escuchó y también miró con los ojos entornados al desconocido.
—Yo tampoco… creo que trabaja en algún lugar –Estuvo en silencio en la escucha el indio, buscando en el cofre de su memoria.
Pronto Gilgamesh invitó a llevarlo a casa sin pedirle permiso al dueño del automóvil, que no tenía derecho a negarse si guardaba relación con sus amigos de cabello azul.
—Son mis amigos…-Reconoció el irlandés, algo apenado y contempló como aquel hombre observaba al auto y luego a él. Gilgamesh no se callaba. Si estaba ebrio quería decir que había tomado prácticamente todo el bar – ah… ¿te molestaría que te llevemos a casa? ¿Vives muy lejos?
El hombre parecía meditarlo, era algo difícil de leer... Debía reconocer que los gritos de ambos rubios eran demandantes y aterradores, no se extrañaría que no quisiera…
—¿Son tus amigos? –Preguntó de regreso.
—Si.
El hombre meditó.
—Podrías solo acercarme…. –
—¡Muy bien! –Cú chulainn sonrió, la primera sonrisa en toda la noche y Diarmuid arqueó ambas cejas al verlo aparecer con esta decorando su rostro. Pronto Gilgamesh manifestó su decepción ante el abandono en el bar, regañándolo, aunque brevemente.
Diarmuid no le dijo ni una sola palabra el solo conducía y miraba de tanto en tanto las acciones de su amigo de cabello azul por el retrovisor. Dejaron a Karna primero en su apartamento antes de poder seguir y la parte trasera del auto quedó más despejada, una desgracia para el irlandés que hasta solo un momento estaba apretado contra el hombro del desconocido.
Le era imposible hablar de algo y no le importó la perorata de Gilgamesh con Claudius en absoluto. Sí, los había dejado plantados en plena guerra de bebidas, pero realmente no le interesaba en lo más mínimo. Diarmuid mientras conducía no podía evitar dibujar una sonrisa en su rostro. El hombre como queriendo escapar de aquella realidad de desconocidos ebrios no separaba la mirada del vidrio vislumbrando el camino.
Diarmuid carraspeó y le preguntó su dirección. El hombre habló con aquella voz profunda y clara mientras que los ojos de Cú se abrían, sus pupilas se dilataron y se inclinó un tanto hacia adelante mientras buscaba que hacer con las manos.
—Puedes dejarme antes del semáforo. Puedo caminar desde allí.
—¿No quieres que te deje en casa?
El hombre dijo que estaba bien antes de volver a mirar por la ventana. Cú volvió a su primitiva posición sin saber que todos en el auto habían guardado silencio, como si un fantasma hubiera pasado por el lugar. Claudius Nero se encontró con la mirada de Gilgamesh en el retrovisor y luego con Diarmuid. Todo en silencio como un lenguaje secreto.
El auto se detuvo antes del semáforo de la sexta avenida.
—Gracias… -Dijo el hombre. Diamuird solo lo miró por el vidrio del retrovisor.
Cú parecía reaccionar, guiño los ojos
—Ah, de nada. –Dijo, el hombre abrió la puerta, Cú le ofreció las bolsas, cuidando de no confundirlas. – Ahmm… Nos vemos.
Cuando el hombre salió por la puerta notó de nuevo su espalda ancha y cintura algo estrecha. Pronto miró dentro el auto, pero este aun no arrancaba. El hombre estuvo allí un momento, entonces los ojos de Diarmuid fulminaron a Cú de forma extraña, pero cuando volví a buscar al hombre este había comenzado a caminar por la acera…
—Eres patético –Dijo Gil, con cierta voz plana. En el asiento del copiloto cruzó de brazos, recuperado totalmente de la embriaguez ¿o quizá no estaba ebrio…?
—¿Quién era?
Cú chulainn no podía responder
—No lo sé.
—¿Cómo que no lo sabes? –Inquirió Nero con ojos curiosos a su lado.
—Ah…no le pregunté el nombre. –Admitió
Todos lo miraron con una mezcla de decepción y asco.
—¿Estás diciendo que no tienes ni idea de quién era?
—Pero parecías conocerlo, no le quitabas la mirada de encima –Argumentó Gilgamesh, acusadoramente.
—¿Lo hacía?
Diarmuid asintió con la cabeza con una sonrisa juguetona.
—Mirar era poco. –dijo este
Cú parecía confundido. Arrugó el entrecejo y su rostro adquirió un color rosa, como cuando se emborrachaba. El auto echó a andar, y en todo el viaje no dejó de mirar por la ventaba, aun allí, en ese lugar, podía percibir su olor. El olor de un hombre desconocido.
