CAPITULO DOS
Maldición, la añoraba mucho, la extrañaba y era en ocasiones tan intenso como la primera noche sin ella. No le gustaba dormir solo en su cama porque aún tenía su olor o quizá era su memoria olfativa que relacionaba los olores con los objetos a pesar de que ella jamás había dormido allí. Por eso le era usual dormir en la parte trasera de su casa, solo pequeñas siestas antes de arrastrar su humanidad al interior de su hogar para comer. Bañarse y dormir. Si es posible mirar alguna película en la televisión o salir pescar a cualquier hora del día, podía pasar horas pescando, horas paseando, horas añorando en la soledad de la hierba alta y fríos dedos de las sabanas de su cama.
En ocasiones sufría de insomnio y era mucho más claro los sonidos de la naturaleza tras la ventana, cuando llovía y hacia frio se pegaba a la estufa mientras leía algunos de los libros que ella tenía. Sabía que este comportamiento no le favorecía y en ocasiones luchaba contra él, pero a veces no podía evitarlo. Había días en que no hacía nada en particular solo estaba echado en la hierba esperando a que el cielo se encendiera por fin para ir a bañarse, prepararse la cena, ir a ver una película y dormirse en el sofá.
Ni siquiera era divertido beber algunas cervezas.
Se levantó del suelo e ingresó a su casa donde se quitó la camisa y se desnudó en el baño para abrir la ducha y llenar la tina. Cú miró su reflejo, siempre había contado con masa que convirtió en músculos en su juventud y un tatuaje que atravesaba desde su pectoral derecho hasta más debajo de su pelvis, una figura tribal de un color rojo intenso. El rojo era el color de la suerte. Se pesó antes de entrar en la tina y confirmó que su peso no había cambiado en lo más mínimo. De apetito no carecía. Al comienzo no apetecía comer nada y solo sobrevivía de fideos y algún pan que compraba por allí. Ahora con aquella dieta había podido recuperar su peso habitual.
Esperó a que la tina se llenara y se metió en ella para pasar una hora dentro haciendo nada, solo estando allí medio sumergido, mirando el techo con ligero desdén.
Llevó sus manos a sus partes íntimas en uno de los muchos intentos, pero no importa lo que hiciera, nada reaccionaba, estaba muerto. La impotencia que se sufría en la pérdida de su compañera era otra consecuencia de un lazo roto.
Los Alfas como el, antes las marcas de sus parejas sufren una alteración hormonal notoria. Cú no podía tener relaciones sexuales con nadie más que no fuera su pareja y viceversa, no era porque algo legalmente se lo impidiera, sino que biológicamente no era capaz de concebir la idea de tener sexo con otras personas. Su cerebro una vez sellado aquel lazo, era inútil poder programar su cuerpo de forma diferente. Además de la medicación había dejado algunos efectos en su cuerpo que no ayudaban.
La frustración sexual que experimentaba durante estos tres años era terrible y espantosa.
Sus amigos le aconsejaban salir con otras chicas y que de ese modo poder recuperar su fuerza, pero nada de ello funcionaba y se había cansado de pasar vergüenza e incomodidades en cada encuentro.
Predispuesto ni siquiera intentaba coquetear, ni se esforzaba por parecer interesante, aunque su indiferencia y desdén lo hacía lucir atractivo por no sabe qué razón. Pero Omegas le llovían incluso Betas…pero su amigo no parecía cooperar.
Desdén e indiferencia eran habituales, de esa manera aquel hombre parecía mirarlo en aquella ocasión, habían pasado días y podía decir que, a pesar de sonar algo patético era el único evento resaltante que recordaba con frecuencia. No sabía su nombre, ni nada de él. Solo recordaba sus ojos directos llenos de impronta, sellándose en su memoria. No le molestaba tampoco, pero… era inevitable no sentir curiosidad.
Era un hombre imponente, alto y reservado. Todo un misterio.
Se enderezó en la tina.
¿Y si actuaba así porque lo odiaba? Había pisado su comida aquella vez, pero no tenía sentido. Cú se encargó de compensarlo. Sin embargo, lo hecho estaba hecho.
Humm…no, eso no tenía mucho sentido.
Volvió a echarse en la tina.
Quizá tenía prisa o un mal día. Reconoció que no estaba seguro, después de todo no era adivino. Hallarse en esta meditación sin respuestas le frustró y pronto se levantó de la tina para salir del baño y vestirse. Peinó su cabello antes de acostarse en el sofá y sintonizó una comedia romántica que había visto muchas veces, comería algo simple antes de quedarse dormido antes de la mitad.
Al despertar, experimentó una incomodidad. Abrió los ojos lentamente y observó la sala iluminada por el día que llegaba. Se sentó en el sofá y que sorpresa se llevó al mirar entre sus piernas. Arqueó ambas cejas y luego todo fue desconcierto por más de 20 segundos.
—No puede ser… -Estuvo por un momento observando aquel descubrimiento y pensando que había soñado, nada venía a su mente. No recordaba sus sueños. Sintió que era una reacción desconocida y no sabía qué hacer con ella, como un adolecente descubriendo su cuerpo o más bien un hombre demasiado adiestrado en esto como para sorprenderse.
De cualquier forma, algo era seguro, era un evento importante en su estado. No había tenido erecciones espontaneas desde hace mucho, tampoco es que hayan sido numerosas en su adolescencia, cuando su cuerpo era un cumulo concentrado de hormonas desenfrenada, pero tenía antecedentes, casi siempre de un sueño cachondo, pero solo había negritud en sus sueños.
Fue al baño, pero al desnudarse, está ya había desaparecido por completo, manteniéndolo en la insatisfacción nuevamente. Se bañó e intento por un momento en masturbarse, pero sin éxito alguno. Su cuerpo no tenía libido activa al que reaccionar, no había un objeto de deseo. No había ninguna pasión.
Salió de la tina, se secó el cabello, se limpió las orejas y se vistió para salir, y recordó que no tenía cigarrillos. Tomó las llaves y salió por el sendero verde antes de llegar a una parada de autobús. Hacia frio y había humedad en el aire.
En su llegada sufrió un pequeño lapsus y se mantuvo caminando sin rumbo fijo hasta que decidió comprar los cigarros. Conocía al dueño le pequeño local. Se sorprendió al verlo ya que el hombre de cabello azul se encontraba ausente desde hace algo de tiempo…
Le trajo bueno recuerdos ver al dueño de aquel local y de paso, cuadras más adelante se encontraba la Floristería y decidió visitar a Karna que aun sabia, trabajaba allí.
Entró en el momento que una pareja salió con un ramo, bastante armónico en colores y simétrico. Karna estaba a mitad del salón y al verlo le saludo cortésmente.
—Es bueno verte por aquí. –Reconoció el albino.
—Si. ¿Cómo estás?
—Estoy bien. ¿Cómo estás tú? –Le preguntó- tiene el rostro más iluminado. ¿Qué te trae por aquí? ¿Quieres trabajo?
—Ah…-Cú sonrió discretamente, no comprendiendo su comentario- Eso es bueno. Ah, solo estaba de paseo. ¿Qué? ¿Acaso necesitas ayuda?
—Realmente. –Confesó con voz suave, desviando la mirada pensativo- Pronto será la boda y estaré algo concentrando en ello.
Cú lo miró y pronto meditó en sus palabras y la idea de trabajar de nuevo en la Floristería le resultaba encantador.
De pronto Karna hizo un gesto de repente.
—Por cierto, ya que estas aquí… -Fue al mostrador, y extrajo algo de la gaveta debajo de la caja registradora, por inercia Cú le siguió y se inclinó un poco para ver. Era un sobre blanco con detalles dorados, de tinta dorada simétricos y estilizado- Esta es tu invitación.
—Wow…-Admiró el irlandés, tomándola y la miró por ambos lados. Detrás decía su nombre agraciadamente inscrito con tinta dorada. – Gracias, Karna
—Ni lo menciones, esperamos que puedas asistir –Le dijo este, con ojos fijos en su rostro como si le analizara cada expresión Cú estaba sonriendo con reservas. – Puedes traer contigo a un compañero si lo deseas.
—¿A ...a que te refieres?
—La invitación vale para dos personas. –Aclaró Karna. Cú arqueó una de sus cejas. Karna tan solo lo miró – Puedes llevar a alguien.
—Quizá a Diarmuid, ah, no. Lo invitaste ¿verdad?
—Por supuesto. –le respondió lacónico. Pronto un ruido repentino interrumpió lo que era próximo a decir. - ¿Eso fue tu estomago?
El irlandés asintió avergonzado.
—Puedes ir al café. Recientemente hay mucha variedad en el menú.
Miró por un momento más la invitación de Karna, y luego a su amigo, sonriendo con cierta timidez. La idea de casamiento era un paso enorme en una relación, y sabía que Karna era un Omega sensato y que este planteamiento lo venía pensando desde hace bastante tiempo. La materialización de esta meta le hizo sentir feliz y algo triste, como nostálgico.
Hablaron de algunas cosas más, sin mucha importancia y Karna olvidó mencionar un detalle importante interrumpido por las entrañas de su amigo.
—Debes cuidarte, Cu chulainn… ¿Por qué viniste sin comer?
—Fue un impulso. –Respondió sin pensar, y por tano honesto. –Se me terminaron los cigarrillos.
—¿Viniste hasta aquí a comprar cigarrillos?
Cú asintió brevemente. Con una discreta sonrisa se despidió. Karna lo siguió irse hasta que cruzara la puerta.
Al llegar a café logró ver que en el Menú exterior ofrecían Uslter Fry. Sus tripas se retorcieron y se le hizo agua la boca. Abrió la puerta y la campanita vibró anunciándole, buscó una mesa con los ojos y se sentó. La mitad de las mesas estaban ocupadas, y en el centro del gran mesón había un televisor pantalla plana donde pasaban las noticias del día.
Se distrajo en esta mientras esperaba lo atendieran, no tardó mucho y pidió su orden a un mesero de cabello rubio, con un aire entusiasta. Cú Chulainn lo siguió hasta que llegó al gran mesón y allí le dio la orden a un cocinero, el irlandés estiró un poco el cuello al percatarse del cabello blanco de aquel hombre.
Inclinó un poco el cuello para verlo moverse al centro de la cocina abierta, sin duda era él. Estaba allí, ¿trabajaba allí? ¿Eh?
Algo dentro de sus tripas se retorció producto de esta revelación. Sintió deseos de levantarse del área de los comensales, pero se debatió internamente si hacerlo o no. ¿Para qué en primer lugar? Buscando una motivación…
Su nombre, pensó, no sabía su nombre.
Tomó la invitación y se movió hacia el largo mesón y allí estaba, de la espalda al público en las cocinas. De espalda ancha y cintura algo estrecha. En unos breves minutos el mesero regresó con otra orden y fue inevitable no encontrarse las miradas, sin embargo, Cú simuló estar sorprendido de verlo, y aunque era cierto, el efecto de sorpresa lo atrapó minutos antes.
El hombre recibió la orden y el mesero preguntó
—¿Todo bien? –
—Sí, Aquiles. No es nada –Respondió El hombre. Aquiles, el mesero asintió con la cabeza y fue al llamado de un comensal al otro extremo de la sala. Así que se llama Aquiles.
El hombre se apartó de Cú sin decir nada, dejándolo algo perplejo pero su ausencia no tardó mucho cuando este regresó con una bandeja y su desayuno servido, de la impresión el irlandés se le había olvidado el hambre, nuevamente su estómago se retorció ahora de gusto al ver la dedicada presentación de todos los componentes del plato.
—Buen provecho. –Dijo con respeto.
—¡Wow! ¡Se ve delicioso...! -Exclamó el alfa y pronto tomó el tenedor para pinchar el jamón. – Espera, no te vayas…
—Tengo que trabajar, no puedo hablar.
—Dime tu nombre. No te pregunté el otro día. –Dijo Cú Chulainn
—Emiya. –dijo apenas girándose…
—¿Emuya?
—Emiya- Respondió el de ojos claros. Deteniéndose.
—Emiya – Repitió Cú – yo soy Cú Chulainn. No nos presentamos el otro día.
Emiya hizo una expresión desconcertada. Había escuchado nombres raros en esa ciudad…, quizá este sea una broma.
—Ah…cierto. –Le manifestó recordándolo de aquel día, mirándolo- Gracias.
—Ni lo menciones. – Respondió este, pronto llegó a ellos el silencio, Emiya no hizo amago de continuar la conversación, movió la cabeza en un movimiento afirmativo y lo dejó comer con el sonido de la televisión.
Cú comió de su plato y su estómago se retorció de gozo por la delicia que representaba, olía bien y se veía exquisito. Comió con gusto en silencio hasta acabar con su bebida, sintió ganas de fumar, pero allí dentro no podía. Miró por última vez a Emiya de espaldas a él moviendo los sartenes…
No se iba a ir…
De modo que fue a la caja y pagó por el desayuno, salió y se mantuvo cerca de la entrada, golpeó la parte trasera se la caja cigarrillos y luego la abrió para extraer uno, buscó fuego y se dio cuenta que no tenía. Miró a todos lados con el cigarrillo en sus labios…
Nadie…
Podría ir a la tienda y comprar un encendedor, pero por alguna razón, no quería moverse de la entrada del restaurante. Meditó en que hacer y volvió a meterse en el local para sentarse ahora en una de las mesas cerca de la ventana y allí permaneció mirando de vez en cuando hasta el televisor y debajo de este a la cocina…
Se distrajo con un partido de Rugby, pero nada extraordinario. No encendió el cigarro en toda su estancia allí manteniéndolo entre sus dedos.
Los días pasaron y pensaba en ocasiones en desayunar en aquel café, no era un lugar desconocido para él, pero en tres años habían cambiado al personal y pensaba que era saludable volver de vez en cuando, aunque sabía que su razón principal era otra.
Comía y conversaba con el mesero; Aquiles, un estudiante de intercambio de Grecia. Era un Beta. Era su trabajo de medio tiempo antes de ir a la universidad de la ciudad, no tenía mucho tiempo en la ciudad, era un muchacho agradable y fácil de conectar…mucho más fácil de hablar que Emiya.
En ocasiones se sentaba en el largo mesón frente a la cocina y este solo le saludaba una vez, cuando le entregaba su desayuno y luego nada más. Intentó preguntarle cosas sobre él, pero Emiya no decía mucho excusándose de que tenía muchos platillos que hacer, a pesar de que hubiera pocos clientes una mañana. Aquiles le regalaba esas miradas a Cú chulainn y luego, suspiraba.
Cuando terminaba de comer, revisaba algunos mensajes en su teléfono, o jugaba algún juego en este. Por último, se dejaba sorprender por la presentación en los platillos de Emiya.
—¿Estudiaste cocina? –Preguntó una vez de las que hacia aquello.
—Sé algo. –Dijo este antes de que Aquiles se llevara el platillo. Cú miró la expresión de Emiya viendo como Aquiles se lo llevaba a una chica, notó claramente como una diminuta y discreta sonrisa se formó en su rostro
La chica parecía feliz…
…Emiya parecía feliz…
—Parece que les gustó. Eres muy bueno cocinando. –Dijo el irlandés. Pero cuando volvió a ver a Emiya, este se alejó sin decir nada más.
En ocasiones hacia eso. No le respondía y volvía a lo suyo. Aquiles respetaba a Emiya tanto como para no revelar ni una palabra sobre él. Sin embargo, esto no impedía a Cú de ir todos los días que podía a comer allí, y pronto pensó que tendría que llenar nuevamente sus arcas o tener otra excusa para ir a la ciudad desde la comodidad de su hogar, ya que el desayuno era la única razón por la que su presencia se justificada y aunque era poderosa para el, no era sostenible por mucho tiempo.
—¿Estudias Emiya? –Le preguntó cuándo dejó su plato en el mesón. Emiya lo miró para responderle.
—Gastronomía inglesa. –Le respondió y el irlandés arqueó ambas cejas, sonriendo.
—¿De verdad?
Emiya asintió.
—¿Tú no? –Peguntó de regreso
—Estudié Ciencias Naturales. -Respondí el irlandés algo emocionado, era la primera vez que Emiya le hacía una pregunta sobre su persona. La voz de Emiya era profunda y madura al propio de un hombre seguro –Dime ¿Eres de Inglaterra?
—No. –Respondió, limpiando un poco con un pañuelo la mesa donde estaba Cú.
—¿De dónde eres?
—De Japón
La cara de Cú chulainn era un poema de contrariedad, pero el rostro del moreno no dio pie a la duda.
—¿Eres japonés?
—Sí.
—¿Cómo es eso posible? -Cú lo miró con ojos inquisitivos como si le estuviera mintiendo, pero Emiya parecía inmune, simplemente miró a otro lado, sin ganas de otorgarle validez a su respuesta.
Pensó que lo había ofendido por que después de eso volvió a su trabajo y Cu tuvo que retirarse porque había quedado de visitar a Diarmuid por un asunto de trabajo. Diarmuid daba música en las dos universidades de la ciudad y animaba a Cú a hacer lo mismo, al verlo animad estos días, pensó en convencerlo de retornar la rutina de un trabajo.
—¡No puedo! –Dijo al momento- Voy a trabajar con Karna luego de su boda, necesita ayuda.
—¿Vas a vender flores?
—Si.
—Cú chulainn, eres un alfa, tienes una carrera en Ciencias Naturales y la universidad paga bien…-y N cantidades de beneficios que cualquier persona podría desear, pero Cú era un alfa sencilla, de gustos simples. Miró hacia la ventana, hacia el exterior con cierto desdén.
—No me siento preparado para dar clases aun – Opuso entonces- además Karna se ira de luna de Miel a la India.
—¿Qué tramas, amigo?
—¿yo? -El irlandés de cabello azul guiño los ojos – Nada. Solo quiero comenzar despacio.
—Vendiendo flores.
—Aja…
—¿Y luego?
—Quizá sea mesero en la cafetería cercana – Meditó al momento.
Diarmuid lo vio desconcertado, pero serio. Cuando estudiaban Cú tenía trabajos de medio tiempo y solía cambiar continuamente de uno a otro, para conveniencia de los horarios, no le era difícil conseguir empleos, dejarlos y volverlos a obtener, pero no era propio de un Alfa estos comportamientos.
—La época de la universidad se terminó, Cú.
—Lo sé, no es eso. Yo solo…
—Sabes que puedes contar con nosotros, no estás solo.
Repentinamente el alfa se vio asaltado por un sentimiento nostálgico y algo gris. Cierto. No estaba solo. Pero no era el punto. No tenía miedo de volver a dar clases…pero no le apetecía, quizá Bazett pudiera sentirse feliz si retomará su antigua rutina, pero ….
—Lo sé. Gracias… -Dijo y era honesto en ello - lo voy a pensar…
—¿De verdad lo harás?
Cu asintió. Aunque no estaba muy seguro. Diardmuid le dio algunas palmadas en su hombro cómplice.
Cú había regresado a desayunar en el Café, pero al solo entrar, una voz familiar lo llamó con efusividad. Gilgamesh apareció a su lado.
—Oh, Mestizo Cú chulainn.¡Mira nada más que verte lejos de tu cueva sin Duarmuid! –Gilgamesh estaba acompañado de Claudius, y Merlin.
Era raro ver a Merlín con ellos. Los tres eran corredores de la bolsa de valores.
—Necesitaba aire. –Se justificó bajo los abrazos y acosadores toques de sus amigos, sacudiéndolo. Aunque luego pensó que lo que dijo era bastante estúpido, suficiente aire tenía en su casa, puro y claro.
—¡Eso está muy bien! ¡Han pasado tiempo! ¡Debes divertirte! ¡Hay que beber! ¡Cancelaré mis reuniones! –Dijo de inmediato como un arrebato.
—¡Pero es una reunión importante la de la tarde –Se opuso Merlin con su mejor cara de "No vamos a cancelar nada"
—Calla… ¡Yo decido si es importante o no! ¡¿Qué no ves que es un evento prodigioso?! Cú Chulainn ha salido de su escondite después de tres años miserable, oh mi amigo, hay que hacer un festín. –De inmediato volvió hacia Emiya que se acercaba y lo apuntó con el dedo- ¡Tú, trae el licor más bueno que tengas! ¡Ahora vamos!
—No servimos licor. –Respondió Emiya confundido sosteniendo las bandejas con sus dos manos. Aquiles arribo a ello al poco tiempo, tan confundido como el cocinero.
El irlandés no sabía dónde meterse, se sintió la vergüenza más grande, y sabía que por la cara de todos los presentes sentían vergüenza ajena. Gilgamesh había aparecido para palmotear su espalda y comenzó a decir N cantidades de cosas sobre su comportamiento delante de todos. Como no servían licor en aquel lugar, se conformaron con unas malteadas para todos y un biscocho de fresas.
Habían ido allí esperando una llamada para una reunión importante esa tarde. Gilgamesh siempre había tenido buen ojo para los negocios, decía que entre más riesgo más era la ganancia, cosa que Cú Chulainn no entendía, no había estudiado economía, pero al parecer para el rubio no era na forma para hacer negocios, sino que podía ser tomado como una forma de aplicarse en aspecto de su vida.
Pero fue algo nuevo escuchar a Gilgamesh su plan. A quien no veía mucho ciertamente era a Merlín, que yacía siempre o trabajando o viajando según le respondían. No tenía una relación unida con él, sin embargo, parecía un alfa paciente y agradable, aunque desconocía un poco de donde sacaba el dinero para viajar.
Sonó el teléfono de Merlín y jovialmente anunció que la reunión comenzaría dentro de treinta minutos. Gilgamesh había terminado su malteada y se despidió no sin antes prometer que si obtenían el contrato esa misma noche saldrían a celebrar.
Cú los despidió, los vio meterse en un auto negro y marchar a toda velocidad. Se quedó por un instante mirando hacia la puerta y al recuerdo de lo que pasaba. En realidad, muchas cosas habían cambiado…
Aquiles retiró los vasos sucios, subiéndolos a la bandeja. Miró los ojos perdidos de Cú y sus labios jugando con el sorbete, mordisqueándolo.
—¿Va a pedir algo más? –Preguntó el mesero. Saliendo de su abismo reaccionó mirándolo.
—No. Creo que no. –Respondió distraído. Miró su vaso vacío y permitió que lo llevara igual que su plato…No tenía nada sobre la mesa, y repentinamente reconoció que no tenía nada en su futuro. Lo absorbió un sentimiento de vaciedad que lo dejó preso dentro de su cabeza, como un ser incompleto e inservible.
—¿Te encuentras bien? –Escuchó cerca de él y sabía que se referían a el ya que, al volver, encontró los ojos claros del japonés observándolo – Parece estar adolorido ¿te sientes bien?
Cú apenas pudo parpadear antes de responder e intentó alisar la expresión de su rostro.
—Sí. Estoy bien. Solo pensaba…-Reconoció un momento de reflexión, Emiya lo miraba con seriedad. Se expandió un silencio entre ambos, pero Cú no dejaba de mirar la puerta, había oscurecido y podía ver los rastros de una llovizna. – Emiya… ¿a qué hora sales?
—Ya voy a salir. Debo ir a clases. –Le respondió de inmediato. Solo entonces se dio cuenta que tenía en su mano un paraguas negro y estaba ataviado con un gabán color arena.
—¿Tienes clases nocturnas?
Emiya asintió y sin despedirse se movió hacia la puerta. Cú chulainn se levantó por inercia y lo alcanzo en la puerta, el otro había salido y abierto su paraguas cuando las primeras gotas descendieron a la tierra. Miró a el hombre de cabello azul que no tenía paraguas y dudó por un momento.
—¿A dónde te diriges? -Le preguntó sin moverse mucho de la entrada, Cú balbuceo por un momento, sintiéndose desarmado, la sorpresa de esta reacción ralentizó su respuesta.
La verdad iba a regresar a casa, pero…
—A la Floristería… -Respondió, aunque dudoso, con expectativa.
—Está lloviendo, puedo acompañarte –Le indicó, aunque no había nada en el sonido de su voz, solo cortesía y Cú se sintió lleno de una emoción inexplicable cuando Emiya compartió el paraguas.
No hubo protesta y caminaron en silencio, aunque le hubiera gustado por tener una conversación normal con él, más allá de solo verlo cocinar, pero se perdió en sus pensamientos, quizá estaba siendo muy insistente, acosador, se sintió terrible y sin propósito. Oh, Morrigan… ¿Por qué pensaba en estas cosas justo ahora que está al lado de el? Su rostro seguro palidecía.
la Floristería de Karna no estaba muy lejos, de modo que fue un recorrido breve. Cuando estuvo en el refugio de la entrada vio a Karna acercarse a la puerta, entre abriéndola.
—Emiya, que gusto verte –Saludó con una suave sonrisa el indio para sorpresa de Cú.
—¿Se conocen? –Cuestionó el irlandés.
—Ah, oh, sí. Sí, Emiya ha comprado flores aquí –Le respondió en indio con cierta timidez en su sonrisa.
—¿Lo conoces? –Preguntó Emiya.
—Cú Chulainn es un amigo. Trabajó aquí hace un tiempo.
El albino observó al otro con las cejas arqueadas solo un momento, luego anunció que debía irse y lo vieron perderse entra la lluvia hasta que cruzó la calle, el irlandés aun luchaba con ese desconcierto entrando a la tienda.
—Cerraré pronto –Anunció Karna entrando moviendo el letrero.
—¿Paso algo? –Inquirió guiñando los ojos – Es muy temprano.
—Arjuna quiere ir a ver algunas relacionadas a la empresa de festejos, hum… ¿Necesitas algo? Llueve mucho. ¿Deseas que te llevemos a casa? -Karna hablaba mientras arreglaba algunos listones en su escritorio detrás de la caja. Verlo hacer aquello transportó al irlandés al pasado cuando allí trabajaba y tenía que enrollar los listones, colocarlos en su sitio y guardar las macetas con las hortecias y la peonia.
—Sí, está bien, lo agradecería.
Ese sentimiento de nostalgia lo acompañó mientras ayudaba a Karna a guardar los listones y algunos envoltorios para los ramos de flores.
—¿Cómo te sientes? Es bueno verte en la ciudad. –Karna tan considerado con sus palabras siempre, aunque internamente Cú se sintió algo extraño.
—Bien. Todo está bien. Encontré a Gilgamesh en el café. Tiene un gran negocio entre manos, todos. Su equipo parece emocionado.
Karna ronroneó una respuesta con un movimiento de su cabeza.
—Mientras más grande el riesgo mejor ganancia. Eso dijo – Comentó Cú
—"Ten en cuenta que el gran amor y los grandes logros requieren grandes riesgos".-Comentó Karna distraídamente como quien recuerda las frases de libro en las flores. - ¿Oh? Arjuna ya está aquí, vamos.
La lluvia golpeaba afuera y rápidamente entraron al auto luego de cerrar todo. Arjuna conocía a Cú Chulainn hasta donde podía alcanzar la cortesía, lo saludó y recibió a Karna con un beso suave en sus labios.
Sintió sus extrañas retorcerse como un puño.
—¿Dónde te dejamos, Cú? –Preguntó Karna, el teléfono de Arjuna sonó y su rostro se transformó en odio antes de responder, la agencia de festejos no dejaba de llamar para confirmar los detalles.
—Puedes acercame a la estación del bus en las afueras –Le respondió escuetamente antes de mirar por la ventana de su lado, la lluvia empañaba el vidrio, lo limpió y admiró el exterior en un aura gris y oscuro opaco como lo hacía la lluvia. En ese momento Cú chulainn, dejo que sus pensamientos lo envolvieran lentamente como aterciopelados dedos en sus recuerdos.
Se sintió sumergido en el agua, recordando la conversación que tuvo con Gilgamesh y aunque en si podía ser un recuerdo agradable, dentro de sí le carcomía un sentimiento de insatisfacción, vaciedad y tormento. ¿Por qué sentía que todos sus compañeros, aunque estaban cerca también resultaban estar lejos? Cada uno de ellos tenía unas expectativas del futuro, avanzaban hacia sus propias metas con viento en popa, sin embargo ¿el que tenía?
Esa pregunta lo sacudió en la medida que bajaba del auto y observaba con expresión de agradecimiento a Karna y Arjuna que se ofrecieron a dejarlo en la puerta de su hogar, no obstante, algo en él se lo impedía, no se sentía bien, deseaba estar solo, pero era un sentimiento ambivalente, también añoraba aquello que estaba frente así. Karna lo vio con una expresión de preocupación latente, al parecer el rostro de Cú había pedido color. El irlandés se apartó antes de poder escuchar cualquier pregunta, bajando por el húmedo camino entre el verdor de la hierba alta.
Pronto se dio cuenta que las luces de su hogar estaban encendías y un auto conocido aparcaba frente al jardín.
Abrió la puerta, chorreando agua por todos lados, pero se encontraba demasiado afectado como para preocuparse por eso.
—Wow. Amigo ¿Qué pasa? –Diarmuid estaba allí como era de esperar. Se precipitó hacia el en la entrada pensando que podía caerse en cualquier momento –
Cú solo lo miró como quien mira a un espectro, aunque conocido y solo entonces se dejó caer en la entrada, automáticamente su amigo fue a socorrerlo con expresión preocupada.
—¿Qué pasó? No me asustes, amigo-Le imploró tocándolo del hombro, y protegiendo su cabeza de golpearse en la pared al derrumbarse. Cú tenía los ojos turbado había soportado mucho en el auto mientras le conducían a su hogar. - ¿Qué pasa? Dime algo…vamos al sillón.
Intentó levantarlo, pero Cú lo sostuvo del antebrazo como una tenaza de sus dedos, obligando a permanecer allí, cerca, tan cerca que percibió el olor inconfundible de su masculinidad y vio el coqueto botón bajo su ojo.
—¿Cú …Estas…?
Repentinamente lo soltó, y se quedó en el suelo, recogió su cuerpo y se hizo un ovillo, dejando al del lunar aún más confundido.
—Oh amigo, no me asustes, ¿Qué sucede? –Insistió el, acercándose – Estas empapado, ven a tomar un baño.
Cú se apartó los flecos pegados de su frente, sin ánimos de hablar o de bañarse.
—¿Tienes mucho tiempo aquí? –Preguntó en voz baja, pesada.
—llegue hace una hora. Pero no estabas. Me quede a esperarte. –Le respondió.
—Dios, ¿Por qué eres tan bueno conmigo?
—Somos amigos. –Le dijo con una sonrisa amable. Cú Chulainn lo miró y sintió unas ganas terribles de llorar.
—Por que…. ¿Por qué siento que …-Se llevó las manos al cabello azul, como si le picaran un enjambre de abejas en el cerebro – Oh, Morrigan…
Diarmuid no dijo nada, pero observar el abatimiento de su amigo no le fue indiferente y acarició amablemente su hombro.
—Karna …me invitó a su boda.
—Lo sé. A mí también. –Pronto creyó prudente agregar – Lamento que te sientas así.
—No sé si pueda ir. –Dijo el irlandés de cabello azul con la mirada gacha – Me alegra por él, pero también, quiero… lo envidio. Me siento un desgraciado…
—No lo eres. Está bien.
¡—No está bien! ¡Maldita sea, Duarmuid! ¿Por qué me siento así? Estoy estancado aquí. No soy más que …
—No digas eso. No es verdad. Has avanzado mucho, amigo mío- Replicó el del lunar con voz suave, no menos masculina- Me alegré mucho saber que no estabas metido en casa, y que quería trabajar con Karna, aunque sea en una floristería. Aunque sea en algo pequeño, aunque sea algo pequeño es un avance.
—No piensas así. Tú mismo dijiste que quería que diera clases en la universidad. -Repuso
—Eso es porque no es el momento.
—Han pasado tres años, tenías razón…. Ha pasado mucho tiempo, soy un fracaso, no puedo salir de esto, no puedo… voy a quedarme toda mi vida en solo esto
—No es verdad. Cú, amigo, no digas eso.
—¿Por qué? Es porque quería una vida sencilla… es porque no soy como los demás Alfas, porque no soy como Gilgamesh o Nero, incluso no soy como tú. No tengo ambiciones. No aspiro a la grandeza. No tomo riesgo… soy un fracaso.
—Eso no es cierto.
—No pude protegerla. No estaba allí cuando ella me necesitaba.
—Basta ya… -Gruñó el castaño con voz grave y expresión severa, molesto- Eso ya pasó. No es tu culpa lo que sucedió. No podías haber estado allí. ¡No es tu culpa! ¡No…! –De repente fueron interrumpidas sus palabras cuando el otro se le vino encima uniendo sus labios en un beso frio y desesperado.
Diarmuid paralizado por el desconcierto, apenas pudo reaccionar, usando sus manos para no caer de espaldas en el piso. No abrió los labios cuando Cú invitaba a abrirlos con su lengua. Lo apartó de los hombros preso de un escalofrío al ver la distancia entre ellos disminuía peligrosamente.
—Ve a bañarte, Cú chulainn. –Dijo escueto, con una voz que no le dio pie a interpretar las reacciones internas de su amigo.
—¡No! Diarmuid ¡Lo siento! ¡No sé qué me pasó! –Se llevó las manos al cabello mojado como si quisiera arrancárselo, arrepentido y avergonzado - ¡No quería! ¡Fue un error…lo siento…! Solo no estoy bien.
—Cú, está bien. Solo vamos adentro.
—¡Lo siento, amigo! No, no te enojes conmigo. –Insistió el otro, sintiéndose preso de la vergüenza y se despreció por su impulsividad. Desconocía de donde había nacido. Jamás había pensado en Diarmuid de esa forma.
Algo anda mal con su cabeza.
El del lunar solo negó, mirándolo.
—No estoy enojado, pero sé que no estás bien…Ven, vamos a bañarte.
Justo en ese momento, Cú se levantó con su ayuda. La amabilidad de Diarmuid lo hacía sentir peor. Se detuvieron en el pasillo cuando la puerta de comenzó a sonar a golpes.
Espero les haya gustado.
