CAPITULO TRES

Como había prometido Gilgamesh una vez obtenido el contrato con una de las trasnacionales de Egipto, fue a celebrar con el equipo, como había visto al hombre de cabello azul recientemente, pensó dentro de sí que sería buena idea invadir su privacidad y reclamar lo que era su inigualable amistad. Lo notaba tranquilo y animado la última vez y eso lo tomó con simpatía y si podría lo felicitaría mientras estuviera lo suficientemente ebrio para lanzar un cumplido a su amigo. Sin embargo, al llegar a su hogar lo encontró empapado y con el rostro pálido, Diarmuid estaba con él, cosa no rara ya que eran dos muy unidos; era como ver dos caras de una moneda.

—¿Por qué ese talante? Dije que íbamos a celebrar – Acotó el rubio de aretes y ropa reluciente. Merlín junto con Claudius estaban en la entrada, se quitaban los zapatos llenos de barro por la lluvia, tenían las bolsas de lo que parecía ser cerveza y vino, refrigerios.

Cú Chulainn intentó incorporarse, pero aun no podía hablar preso de la sensación de estupidez y cobardía.

—Iré a darme un baño. -Dijo repentinamente luego de un momento.

Gilgamesh arrojó una mirada hacia Diarmuid que no se la devolvió y permaneció en silencio, pronto los otros dos invitados llegaron.

—Vengan, vamos a la cocina. -Ofreció Diarmuid queriendo aligerar la tensión que sin querer su amigo había generado. Este último desapareció en su habitación y se encerró en el baño dejando a los demás en la antesala con cierto aire desconcertado.

En la cocina prepararon la mesa y abrieron las cervezas, Gilgamesh aun presumía de aquella maestría para los negocios y el poder de convencimiento que uso con aquel Alfa egipcio de la bolsa del Cairo. Menuda técnica y retórica. Ah, alfas como el escaseaban. Los cierto era que, si no fue por el tacto de Merlín, Ramsés se hubiera enzarzado en una discusión sin fin con su compañero. Claudius tenía también tacto, pero sin ser tan sensible como Merlin para captar aquellos detalles en el lenguaje corporal de los demás, ese era un don de Merlín, tenía ese no sé qué, como si pudiera traducir los gestos en palabras no dichas.

Diarmuid no tenía mucho trato con él, menos Cú y realmente de cierta forma le provocaba cierta aversión, como un árbol con lindas flores, pero solitario.

—¿Por qué está tardando tanto? –Preguntó Nero mirando por el pasillo de las habitaciones. - ¿se encuentra bien?

—Sí. Diarmuid ¿Que sucedió? ¿porque estaba empapado?

—Cogerá un resfriado. –Advirtió Merlín con una sonrisa delicada- espero se haya bañado con agua caliente.

El del lunar se encogió de hombros, quería hacerse el desentendido, pero sabía que los ojos agudos de sus amigos eran difíciles de engañar por completo. Esperaba que Cú tuviera una buena excusa pensada para convencer la curiosidad y preocupación hambrienta de los demás. Él ya lo sabía y el recordarlo le perjudicaba el humor.

Cuando Cú volvió no parecía tener una mejor cara de cuando se había retirado. Se sentó entre Diarmuid y Merlín en silencio.

—¿Qué te pasa? ¿Por qué ese rostro de perro triste? ¡Alegrate! ¡Hemos conseguido el contrato! ¡A ver, alegrate! –Bramó el rubio sacudiendo la cerveza en su mano, apuntándolo con el dedo; indignado que su felicidad no fuera compartida por él.

Escuchó la risa de Merlín de fondo.

—No lo escuches. Si no hubiera sido por mí no estaría aquí celebrando-Susurró Merlín – Animo … Bebe algo.

Entonces destapó una lata de cerveza y se la ofreció al de cabellos azules, mientras que Gilgamesh defendía su honor de negociante cosa que no desperdició Nero para rebatir por que ella había intercedido para lograr toda aquella reunión.

Las discusiones de este extraño equipo llenó los labios de Diarmuid de jovialidad, riendo, Cú lo miró de reojo y nació de sus entrañas una sensación de malestar, pero resistió al estar allí un momento más, entreteniéndose entre las peleas de los tres amigos y las risas de Diarmuid.

La lluvia exterior no paraba y dudaba que cediera esa noche. Sintió deseos de fumar así que se levantó para ir a la entrada y encender el cigarrillo esperando que sus pensamientos fueran carcomidos por el murmullo de la lluvia, pero esto no parecía ser posible.

Cuando tenía el cigarrillo por la mitad, la puerta de la entrada se abrió y vio como Diarmuid se asomó. Se enderezó en la pared la verlo y perdió las ganas de fumar.

—¿Te encuentras bien?

Cú no respondió sintiendo un vacío en su estómago. Se miraron por un momento antes de que el del lunar decidiera salir por completo cerrando la puerta.

—Esta lluvia no parará. No creo que sea prudente que se vayan en esas condiciones.

—Pueden dormir aquí, no hay problema. Le prestaré mi cuarto a Nero.

Diarmuid sonrió brevemente. Lo miró sin decir nada, Cú no le devolvía la mirada presa de una vergüenza interna.

—¿Tú también te quedaras? –Quiso saber mirando el auto de Diarmuid en su jardín siendo abatido por el agua.

—No me molestaría. Tendría que ir temprano a la universidad, pero no es como algo que no haya hecho antes. –Le respondió con actitud relajada, se instaló un pesado silencio entre ambos donde solo la lluvia fue protagonista en ese momento.

—Está bien. –Dijo poco después de un largo momento. - …Lo siento. No es lo que quería. –confesó lentamente incapaz de verle. – No volverá a pasar. No quería hacerlo… Lo siento. Solo no sé lo que me pasó. Me desesperé, pero no volverá a pasar.

—Lo sé.

—Lo siento.

—Está bien.

Silencio.

—No está bien. No sé qué pasó. Pensaba estaba bien, pero no es así.

—Cú chulainn, aunque no estés bien, soy tu amigo. Sé que vas a poder con esto. No dudes de ti mismo porque yo no lo hago. –Se adelantó el otro con una voz que procuró sonar alentadora, para entonces Cú ya había terminado su cigarrillo, sin atreverse a mirarlo.

Iba a decir algo, explicar lo que sentía, lo que sufría su mente cada vez que repetía la imagen de Karna y Arjuna juntos, cuando la puerta se abrió repentinamente y Gilgamesh se abalanzó contra ambos indignadísimo de su abandono, los arrastró de regreso. Nero vaciaba las botellas de cerveza como si de agua se tratase y Merlín expedía un aura de jovialidad bastante agradable pues comenzaba a adormilarse por el efecto del alcohol y quizá del cansancio de todo lo que representaba esos días.

Nero iba a tomar la botella de Diarmuid cuando este rápidamente se abalanzó a evitarlo, Cú se quedó observando la escena, como Nero la vaciaba de un solo trago, el del lunar exasperado y Gilgamesh riendo como un desquiciado, aquello calentó su corazón, recordándole que no estaba solo.

La tienda de Karna no había cambiado mucho desde la última vez que estuvo allí…quizá tenia uno o dos mandalas muy coloridos en la pared junto a la caja registradora y los listones…sin embargo estar allí le hizo advertir un sentimiento nostálgico, pero no demasiado peligroso…

Los clientes se mostraron contentos de verle de nuevo y pronto quisieron saber de si y donde había estado. Así fue las primeras semanas de su trabajo en la tienda, a veces Karna se ausentaba por sus asuntos y estaba todo el día solo, atendiendo clientes y cuidado de las flores…Algunos gatos se veían atraídos por las mentas y el debía de protegerlas, no sin antes ganarse el cariño de los felinos…era tan agradable como recordaba y en algunas ocasiones podía llegar a ser pesado y aburrido, pero aquello pensaba debía controlarlo en su interior.

Diarmuid en ocasiones pasaba a la hora del almuerzo o en la tarde y hablaba de cualquier cosa, más que todo cosas de la universidad o temas generales. Ahora Gilgamesh debía viajar al Cairo por cuestiones del contrato, pero prometía regresar con regalos para la boda de Karna.

La boda de Karna.

No había comprado un regalo, ¿Qué podía ser un buen regalo de bodas? Lo pensaba continuamente mientras los días pasaban, pero realmente no tenía muchas ideas…Karna parecía tan desprendido, entregado al servicio, caritativo, aunque su rostro en ocasiones fuera una hoja de papel…

—Tengo hambre. –Dijo Diarmuid repentinamente, sacándolo de sus pensamientos- ah, vamos a comer al café de la otra calle.

—¿Lo conoces?

—Claro… es viejísimo. –Le respondió como lo más normal del mundo- tú has estado allí ¿Qué tal son los almuerzos?

Cú, pensó un momento.

—Deliciosos. –Contestó. Se despidió de Karna que leía por tercera vez los pedidos de flores para ubicarlos en el inventario, este asintió- ¿Quieres que te traiga algo?

Este negó suavemente, concentrado. La campana de local sonó dando pasó a Arjuna, Karna levantó la cabeza por mero instinto, ya ambos hombres sabían que estaba en buenas manos, Cú se percató por el rabillo del ojo como ambos compartían un casto beso en los labios antes de salir del lugar finalmente, algo dentro de él se desinfló y permaneció igual de decaído cuando se sentó en la mesa del café.

Aquiles le sacó de sus pensamientos.

—Ahh…¿Profesor? –Los ojos parecieron iluminarse. - Que gusto verlo; ¿se conocen? Ah, usted…han pasado semanas sin verlo.

—Comencé a trabajar. -Cú sonrió con algo de timidez inexplicable, quizá un tanto por la misma sensación que le generaron las personas y clientes a regresar a la tienda, ese interés por su ausencia se volvió algo común en su vida, pero no por ello debía serle menos incomoda al explicar sus razones…

—¿Qué desean ordenar? ¿han visto el menú?

Cú movió los ojos por todos lados menos por el menú al frente, allá, detrás de la cocina esperaba poder ver a alguien.

—No está hoy-Se adelantó Aquiles. – Temo que esta de permiso; una lástima…creo que muchos clientes se han enamorado de su comida. Cuando no esta es como si faltara algo ¿lo has notado?

—¿Qué es? –Quiso saber Diarmuid interesado. Aquiles lo decía con una vivacidad contagiosa y era imposible no interesarse. Miró a Cú, pero este parecía algo inseguro de aclararle.

Emiya no era su amigo…y tampoco podía ser un desconocido, sin embargo, no quería calificarlo en ninguno de los dos.

—Nuestro cocinero estrella-Contestó el griego. - De todos modos, tenemos a un cocinero totalmente calificado para sus exigencias.

—¿Quién es ese cocinero estrella? –Cuestionó Diarmuid de nuevo. Internamente el otro luchaba por decidirse si disipar las dudas o no… ¿Por qué le era tan difícil?

—Ya vendrá mañana…-Aseguró Aquiles algo distraído. Luego sus ojos se desviaron hacia el sonido de la puerta, ingresaba un nuevo cliente, que a los ojos de Diarmuid también era familiar.

—¡Chiron! -Llamó Diarmuid a verlo aproximarse. Los ojos de Aquiles viajaron rápidamente a hombre del lunar y por precaución hacia Cú que no estaba prestado atención por voluntad propia, su actitud cambió abruptamente, retrayéndose un poco al ver al recién llegado acercarse a la mesa.

Chiron era profesor de filosófica en la Universidad y casualmente también era profesor de Aquiles, al aproximarse a la mesa su aura, un aura gentil y tranquila, como un mar en calma les lamió el espíritu. Cú no pudo ser indiferente ante esa presencia, alta y elegante, pero también suave y gentil…cuando miró a Aquiles entonces no pudo despegar la mirada del acontecimiento; algo en su comportamiento había cambiado de repente.

El profesor entornó la mirada hacia el mesero que por un instante parecía hacerse invisible.

—Ah, Aquiles. –Saludó con cortesía. Aquiles reaccionó, sin saber si extender su mano o solo mover la cabeza. Ah. Cú pudo ver como se inquietaba, por la breve conversación que mantuvieron, Aquiles era su estudiante o ya se conocían.

—¿Desea el menú? –Preguntó Aquiles.

—Dejalo, come con nosotros-Invitó Cú, que lo conocía y deseaba asegurarse de sus sospechas. Diarmuid le arrojó un breve y fugaz mirada.

—Qué alegría verte, Cú Chulainn. -Dijo entonces Chiron al sentarse- Tuve que marchar a Grecia poco después de aquello, lo lamento…No te he visto después de tanto tiempo ¿te mudaste? Fui a tu apartamento, pero Diarmuid me dijo que no estabas ya allí… ¿trabajas?

El interés de Chirón era algo conmovedor de ver, no solo para el destinatario de sus palabras, sino para los presentes, a Aquiles se le derritió el corazón e incluso Diarmuid debía admitir que se sentía bastante atraído del tono de sus palabras, siempre había envidiado de buena manera, la habilidad de Chirón de hablar y aproximarse a los demás…era sumamente agradable, provocaban deseos de permanecer arrullado por su voz.

—En la floristería de un amigo. Sí, me mudé, a las afueras ¿Sabes? … Gracias. Está bien. No te preocupes. –Le manifestó extrañamente tranquilo, con la guardia baja. Sonrió con sobriedad, aunque no sabía por qué, quizá porque le agradaba Chirón, y su interés no era como el de los demás incentivado por la curiosidad.

—Eso es muy lejos. Temo que tendrás que explicarme luego. –Acotó el griego con felicidad moderada. - Que bueno que puedo verte ¿No darás más clases? Algunos alumnos te extrañan.

—Por el momento no.

—Hum, muy bien. Debes tomarte tu tiempo. -Aconsejó sin ningún juicio interno.

Aquiles anotó las ordenes y se alejó apresuradamente a la cocina, Cú lo siguió sin sospechar la mirada de Diarmuid sobre él.

Chiron comentó entonces que ya entendía la razón de por qué olía a flores al sentarse, a Cú no le molestaba de hecho de alguna forma le gustaba, las flores olían de forma agradable después de todo, diferente a sus dos amigos que disparaban alarmas de Alfas a kilómetros. Desde que se medicaba, absorbía los olores con facilidad y su propio olor se debilitaba, en ese momento sabía que no eran solo flores a lo que olía.

Charlaron un momento más, Diarmuid y Chiron siendo lo que comandaban la conversación, Cú los escuchaba y comentaba temas que no le interesaban realmente, mirando hacia la puerta en ocasiones, deseando que alguien la atravesara. Se distrajo tanto en sus pensamientos que no atendió a su plato cuando fue servido, solo el olor le despertó de sus fantasías.

—¿Qué pasa? ¿te sientes bien? –quiso saber el griego - ¿esperas a alguien?

—No, no es nada –Negó rápidamente. Diarmud hizo un movimiento de cabeza.

Comieron y se saciaron. Ese agradable olor aún se meneaba entre ellos y a Cú comenzaba a molestarse, encontrando a Chiron y Diarmuid mucho más extrovertidos hacia su persona, pero sus esfuerzos de atraerlo a la conversación no daban frutos. El mesero se acercó a recoger los platos ya sucios y preguntar por algo más, pero no recibió ningún otro pedido.

—Yo ya me iré. –Dijo Cú, levantándose – Debo abrir la tienda.

Chiron insistió en que se quedara un momento más, pero este se negó, sintiendo una especie de Deja vú, una memoria de sus días de universidad y también sintiéndose algo extraño de rechazar a Chirón, era tan amable que dolía.

—Creo que tú debes ir a dar una clase…no te atrases…-Advirtió mirando a Diamuird que asintió con cierta culpa.

Diciendo esto, vieron como atravesó la puerta del lugar, solo entonces Diarmuid se dio cuenta que no había pagado su parte de la cuenta, bueno, no importaba, su mente estaba en las nubes durante todo el almuerzo que lo veía.

—¿Él se encuentra bien? –Quiso saber Chiron con cautela.

—Ah…Sí. Ahora trabaja, tiene la mente ocupada, está mejor que antes –Pensó recordando el estado lamentable de su amigo en aquel entonces y algo de melancolía se filtró en sus ojos – Ah, sí. Esta mejor, poco a poco se recuperará…poco a poco.

—Cú Chulainn es un hombre apasionado…no me extraña que le esté tomando su tiempo recuperarse. –comentó Chirón con voz amable

—Así es… -Diarmuid bajó un tanto la mirada, pensando en las palabras que el otro decía, también se preguntaba ¿Qué pasaba por la mente de su amigo? Lo encontraba distraído e inquieto. Olía a flores y a omega, ese olor era agradable y exquisito, seguro Karna estaba pronto a su celo y Cú absorbió el olor.

Algo que no le agradaba de que trabajara con Karna era que este era un Omega, un Omega que pronto contraería matrimonio, sumado a la facilidad de Cú que tenia de absorber el olor natural de otros desde hace uno años y eso le incomodaba, olía a un Omega y había patrones genéticos que su cuerpo no podía controlar ante esa esencia… tampoco Chiron podía evitarlo.

Ambos eran Alfas sin Omegas…demasiado ocupados con sus carreras y la vida laboral como para pensar en una pareja, aunque debían de admitir que la necesidad estaba allí, como ahora…no podían soportar a la indiferencia del que olía tan bien…

Diarmuid miró de reojo a Aquiles que yacía en otra mesa.

—Tengo que irme ¿te quedaras? –Alzó la mano y pidió la cuenta que le fue entregada en breve. Le dio propina al mesero. – Tengo que dar una clase, gracias por acompañarnos.

Chirón lo admiró en silencio.

—Me quedaré un momento más –Dijo –Me agradó verte, debo revisar una planificación antes de volver. –Chirón levantó la mano y llamó a Aquiles que atendió al momento con cierto entusiasmo.

Diarmuid se marchó entonces.

…al abrir la tienda pasaron tres horas para darse cuenta que Karna no volvía, en ese tiempo atendió a algunos clientes y estuvo de curioso en las facturas de los proveedores, pero nada fuera de lo ordinario, sintiéndose abrumadoramente aburrido mensajeó a Karna, pero no respondía sus mensajes y debía de suponer lo que ya sospechaba…se concentró en cortar las cintas y el celofán mientras las horas pasaban tortuosamente lento para su gusto… en ese momento, se descubrió a si mismo pensando en el regalo de bodas para Karna y Arjuna…aun pensar en la boda le hacía sentir mal, pero no recordaba tener un sentimiento similar antes, era increíble; le causaba malestar su propio malestar.

Como si fuera un pésimo amigo. Cortando los tallos de las rosas, pensó en que regalarle. Humm…era complicado pensar en que cosas les gustaría a ambos. Conocía muy bien a Karna, pero no podía decir lo mismo de Arjuna, no sabía muy bien que cosa le gustaban o no.

Escuchó pronto la campana de la tienda y alzó un tanto la cabeza. Un hombre había entrado, se había distraído un momento viendo las macetas y las mentas elevadas, libre del alcance de los gatos. Tardó un momento en llegar a la caja. Cú limpio el escritorio de petalos.

—Buenas tardes –Saludó el cliente, tenía una voz bastante suave y tranquila, sonriendo – Me gustaría …hum…

Cú parpadeó lentamente, atento ante su petición, al parecer el propio cliente no sabía muy bien lo que quería al estar allí.

—¿Es para un regalo? –se aventuró a investigar el irlandés.

—Sí. Es para un amigo. -Le indicó- no quiero ir con las manos vacías.

—Pero… ¿es una cita? –Investigó.

—¡Oh! ¡No! No es nada como eso –Las mejillas del hombre se entibiaron un poco. Tenía ojos muy claros, casi inocentes, muy brillantes. – Es que no nos hemos visto desde hace tanto tiempo. Tanto tiempo…nos conocemos desde que estábamos en la escuela primaria.

Cú visiblemente asombrado silbó.

—Eso es mucho tiempo. -De verdad lo era, pensaba. - pero regalar flores no creo que sea apropiado. Es mucho…demasiado…

Pero no completó lo que decía…su voz se debilitó pensando que quizá tenía una visión muy pobre de lo que era el regalo de un amigo.

—Seguro se apenaría-Dijo el cliente, sonrió un tanto contrariado. Luego carraspeó. – pero no es …no creo que sea algo que deba malinterpretarse. Ah…quizá, no sea bueno eligiendo regalos…

El cliente ahora parecía atormentado, estuvo en silencio por un momento.

—¿Qué le gusta a tu amigo?

—Ah, pues, le gusta mucho cocinar. También es muy detallista, es muy bueno reparando cosas también…

—¿Vive en un apartamento o casa?

—Está en un apartamento ahora, según su dirección -explicó.

—Puedes llevarle una maceta; hay mentas, también hay alagunas flores, orégano, romero y tomillo. Sé que se usan para la cocina…-Explicó el irlandés, recordaba que Karna también tenía una pequeña parte de estas plantas. – Laurel, albaca y también creo que hay hierba buena…

—¡Oh! ¡Eso se escucha fabuloso! -El hombre casi saltó de emoción, nuevamente renovado. Sonrió y aquel gozo se reflejó en su rostro - ¡Me encantaría, creo…que querré una hierbabuena! Seguro le gusta. Es muy aficionado al té… yo también, de hecho.

El alfa no pudo ser indiferente ante la emoción del otro. Lucia tan emocionado con la adorable y pequeña maceta de hierbabuena a su lado. Era pequeña, pero de ella desprendía un olor poderoso y delicioso.

—Muchas gracias –Le dijo y Cú lo sintió sinceramente solemne. Algo que lo descoló un poco, había algo en ese hombre que era sumamente agradable y cómodo – Estoy muy feliz.

—¿Ya ira a ver a su amigo? –Quiso saber Cú conmovido. El hombre asintió y tocó algunas hojas pequeñas de la planta. -Espero que realmente le guste.

El alfa miró a la planta.

—Estoy seguro que sí –Admitió el otro- realmente, me ha salvado.

El otro negó con la cabeza y pensó por un momento. Que extraño, era tan puntual para sugerir regalos ajenos y no sabía siquiera que regalo hacerle el a su amigo, bueno, al menos se consolaba en saber que no era al único a quien le pasaba.

—Oye…creo que estoy en la misma posición que tú-Comentó Cú Chulainn al momento. Los ojos verdes del hombre se deslizaron hacia él.

—¿A qué se refiere?

—Tengo que hacer un regalo a un amigo, es un regalo de bodas, pero realmente no sé muy bien que regalarle. –Le explicó poco después, el hombre asintió en total comprensión.

—Ah, pues, ¿Qué le gusta a tu amigo? –Le hizo la misma pregunta.

—Pues, las flores. Es mi jefe. El dueño de este lugar. –El hombre arqueó ambas cejas, el irlandés de apoyó en el escritorio usando los brazos – pero realmente, ha pasado mucho tiempo desde …como explicarlo, no lo había visto desde hace unos tres años…

—Oh…

—Sí y…quizá le gusten otras cosas ahora. Así que me hallo en un problema, además, nunca le he regalado a nadie nada por una boda.

—Suena bastante serio.

—¿Lo es? ¿verdad? –Pensaba que era al único que le pasaba.

El hombre parpadeó lentamente, meditando, parecía tranquilo y circunspecto.

—Recuerdo que una vez fui a un Spa oriental. –Comenzó el hombre. - Creo que en Inglaterra no hay muchas aguas termales…y son muy costosas, pero una vez, mi amigo me invitó a unas aguas termales… fue una experiencia renovadora.

Cú escuchó atentamente.

—Supongo que después de la celebración de la boda, no solo estarán felices, sino que también estarán agotados –Apunto el hombre sabiamente- todos merecemos relajarnos alguna vez…

Aquello hizo pensar a Cú profundamente, justo hace unos días, Karna y Arjuna no dejaban de atender llamada de la agencia de festejos.

—Eso se oye bien –Dijo el irlandés, pensando aún. Si… se oía muy bien. Estuvo por un momento en silencio, ambos. Al hombre no parecía importarle, se había entretenido con las tarjetas y postales que reposaban cerca de la caja registradora. Seguro a su amigo le gustaría algunas palabras de aliento.

Extrajo una de ella, tenía dibujaba un cisne en una laguna con una luna. La pidió y e irlandés la facturó sin más.

—Ya debo irme. Se hace tarde-y en efecto era así. Cú miró a hacia el reloj serian pronto hora de la cena.

—Gracias por venir. Mucha suerte- Le dijo el irlandés.

—¡Que no es una cita! -Exclamó el otro, avergonzado, pero luego rio alegremente, una risa suave y deliciosa. - Gracias de nuevo.

—Ah…Dime tu nombre. Soy Cú Chulainn. –Le pidió el irlandés desde la caja.

—Soy Arthur Pendragon, es un placer. –Cú asintió. Lo vio marcharse por la acera. Se quedó un momento en escritorio pensando, abstraído hasta que unos últimos clientes ingresaron, volviendo a la tierra. Fue una cliente difícil, no sabía muy bien que flores pedir, era para su esposo que estaba en el hospital por un accidente, al parecer era un pastor.

No se decidía si regalarle unas hortensias o unas rosas, la mujer parecía un tanto preocupada no solo por el ramo de flores, sino por el estado de su esposo, Cú se compadecía de ella, y pensó que la había visto en algún otro sitio, solo que seguro fue hace mucho tiempo.

Finalmente ella decidió llevar unos claveles blancos, un poco ansiosa.

Cú la miró largamente.

—No se preocupe, él se pondrá bien-Le aseguró.

—Es que sufrió quemaduras en las manos… y también en los brazos. No me imagino el dolor que debe sentir…-Manifestó ella, apretando el ramo en su pecho. Tenía un lindo cabello negro, negro, muy profundo. – Ah...

—¿Cuándo fue?

—Hace dos días. Es el párroco de la Ciudad ¿sabe?

—¿Kotomine Kirei?

—No, no, a él lo cambiaron hace dos años.

—Es su hermano, Shirou.

—Ah, lo siento, es que no he estado aquí en un largo tiempo-Confesó el otro con la mirada perdida en el escritorio, no tenía idea que Kirei tuviera un hermano- pero… ¿Qué dicen los médicos?

—Por el momento está bien, pero… ¡ay es que se ve tan delicado!

—Ah, ¿ya ve? Está bien. No pensara que su esposo es tan débil solo porque esta postrado en cama. Además, está recibiendo tratamiento ¿no?

—Si. No, pero… pero, ah, es que estoy muy angustiada, -Le explicó. Luego llevó las manos al pecho como queriendo controlarse. – Shirou…

—Él se pondrá mejor, ahora más que nunca creo que la necesita a usted. Creo que a él no le gustaría que estuviera así de angustiada ¿se imagina? Vaya, vaya ahora, cuídelo bien y no llore más… -La mujer asintió, se limpió un el rostro con sus manos, tenía unas uñas muy bien cuidada, igual que las facciones de su rostro.

—Gracias, yo…-Estuvo un momento en silencio – esperaba ver a Karna…

—Ah ¿se conocen?

—Sí, el hace los arreglos de flores para la parroquia…-Le explicó, Cú asintió- Soy Semiramis.

—Es la esposa del Párroco. –Le manifestó el hombre, ella asintió– Soy Cú Chulainn. Karna no está hoy como podrá ver. Soy su asistente. Puede pedirme lo que necesite.

La mujer se limpió los ojos un momento con un pañuelo. Antes de asentir.

—Ah, sí, yo, quería…él tenía dos coronas de encargo, me gustaría saber si podíamos posponerlo para el próximo mes…-Le explicó la mujer – ah, hasta que Shirou se recupere y pueda celebrar …

—No creo que haya problema…-Admitió el otro, luego sonrió de forma apaciguada- ya, ya…ya verá que el estará bien.

La mujer asintió energéticamente sosteniendo los claveles.

—No maltrate las flores. -Apuntó Cú, al momento la mujer se relajó.

—Lo lamento, no…no soy yo misma. –Suspiró pesadamente ella. Llevando una de sus manos a la cabeza, volvió a suspirar.

—No creo que alguien lo sea en una situación así, pero va a estar bien ¿ira al hospital ahora?

—Ah, sí, le llevaré algo de comer y las flores. -Pero Cú no veía nada parecido a comida en sus manos. - ¿Conoce un lugar donde pueda…?

—La cafetería de la otra calle…-Apuntó Cú casi de inmediato. – Sirven una comida deliciosa. Seguro le sentara a usted también.

La percibía tan cansada, aquellos días parecían haber sido realmente ajetreados para ella, por un momento se vio reflejada en ella, así, con la mano en la cabeza pensando, agotado, preocupado y sin poder controlarse.

—Sí…está bien. –Ella parecía haberse recompuesto, enderezándose, sus ojos fueron a parar hacia el reloj de la pared y un rayo de energía la atravesó. - por favor, avísele a Karna sobre mi visita, espero se encuentre bien. Debo irme, gracias por todo.

Salió como un rayo hacia la puerta, aplastando los claveles, Cyros suspiró. Luego el también miró el reloj y pensó que ya era un buen momento para cerrar, de modo que se movió con aquella intención. Guardó los listones, las rosas y las macetas que estaban en la entrada. Se encontró con algunos gatos, pero no vio prudente detenerse en ellos. Lo atropelló el cansancio y deseó terminar cuanto antes. Tenía la llave de la tienda de modo que bajó la protección de metal sobre el vidrio y puso los candados….

Era de noche. Estaba nublado, pero pensaba aun no llovería, asi que fue a la parada del bus y espero uno. La calle estaba floreada de muchas personas, solo entonces se dio cuenta lo mucho que no solo había cambiado sus amigos, sino también ciudad.

Pensó en lo que Arthur le había dicho; un spa. Sonaba bien y pensaba que sería un regalo adecuado, además Arjuna parecía estar lidiando con mucho estrés, como Karna tenía un rostro en la nada y aunque era algo difícil de interpretar, Arjuna tenía una expresión algo…estresada, difícil de interpretar.

La pareja bailó por su mente un tiempo mientras esperaba el bus. Bueno, ahora tenía algo que hacer cuando llegara a casa. Subió al bus en cuando llegó y se sentó en un asiento junto a la ventana. El bus avanzó. Cú se echó en su asiento, su teléfono vibró dentro de su bolsillo y lo tomó para leer un mensaje, era Karna. Se disculpaba por no poder ir. No iría en una semana por su habitual ciclo mensual.

—Oh, cierto…-En ocasiones olvidaba que su amigo era un Omega. Entonces como un repentino impulso olfateó su propia ropa. –Oh, ya, así que era eso.

Le respondió el mensaje. No había problema. Además, le aviso sobre el accidente que tuvo el párroco y las coronas de flores. Guardó el teléfono y en todo el camino a casa se distrajo mirando por la ventana, estaba tan cansado que no se percató de lo dos hombres que hablaba animadamente a dos asientos de él, uno tenía una maceta de hierbabuena en sus brazos y una postal mientras que charlaban queriendo tomar té para la cena.