Hola, gracias por los fav~ Espero les agrade este capi.
Cú deslizó la mirada sobre la invitación delicada de su escritorio. Pensó en lo que Karna le dijo cuándo se la entregó…pero hasta el momento no le molestaba mucho el ir solo. Tomó las llaves de su casa y cerró a puerta al salir al exterior.
La niebla flotaba despacio pero el camino era visible. La humedad le golpeó el rostro mientras avanzaba a la parada del autobús, hacia frio, y en autobús pensó en que hoy estaría solo en la tienda, admiró el humor del cielo en su llegada a la tienda, abrió los candados y subió la protección de metal, luego tuvo la rutina habitual de limpiar y ordenar las macetas y cuidar las flores, temprano a terminar tuvo los primeros clientes y los primeros encargos…
Hubo una mañana llena de trabajo, lo bueno de ello es que así no se concentraba en sus propios pensamientos y la hora del almuerzo llegó con el sonido de su estómago. Miró el reloj de la pared, marcando el corte de su descanso. Atendió los últimos clientes antes de girar el cartel de cerrado. Esperó un momento más para cerrar los cajones del escritorio. Cerró la puerta del local, con el procedimiento habitual.
Se le antojaba fumar, de modo que se sentó en un banco antes de encender un cigarrillo y permanecer quieto, lo que no lo afecto en la mañana lo hizo en su momento de quietud, incapaz de controlar su mente, intento desviar sus insistentes pensamientos en otra cosa, como en las facturas de los proveedores y el proceso administrativo…aunque se suponía que Arjuna se encargaba de eso…
Por suerte, Karna se incorporaba el día de mañana. O eso según lo hablado por teléfono. Pensó en Karna y en su boda…
El humo brotaba de su nariz y sus labios en ese instante de abstracción y cerró los ojos pensando, pensando fuertemente en como deseaba poder …
—¿No estas durmiendo bien, Cú Chulainn? –Abrió los ojos lentamente, reconocía la voz y enderezó la espalda con lentitud.
—Volviste. -Dijo con cierta sorpresa en su voz.
—Y debes de alegrarte por ello, en efecto – Gilgamesh rió con gozo arrogante. Tenía unos lentes de sol, aunque estaba nublado, sin embargo, no menguaba su estilo.
Gilgamesh se inclinó hacia él.
—¿Interrumpí tu sueño?
Cú simplemente se levantó.
—¿A dónde vas? –Quiso saber el rubio. Que Cú se levantara para irse sin más, era una costumbre que había adquirido cuando era interrumpido en un pensamiento.
—Voy a almorzar –Dijo llanamente, de repente sus ojos se deslizaron por la acera y lograron ver algo… a alguien que había llamado su atención, por alguna razón encontró en esto una forma de distraerse.
—¿Iras al café ese…? –A veces Gilgamesh podía sonar tan despectivo – Sirven una comida decente, me gustó el pastel de fresas…yo invito, ya vamos.
Mas parecía una orden que una invitación, pero Cú parecía repentinamente indiferente a eso, que se movió independientemente le dijera su amigo. En lo personal, toda la comida que allí se servía la encontraba deliciosa, y no dudaba en recomendarle a alguien el lugar.
Tomaron una mesa, mientras el rubio no perdió el tiempo en contar sobre su viaje en el Cairo, cosa que Cú no comprendió ni se esforzó en comprender por qué realmente no le interesaba o por lo menos no en ese momento. Aquiles apareció y repentinamente dio un pequeño respingo al ver a Gilgamesh de nuevo, pensando que le ordenaría traer licor como un esclavo.
—Quiero el estofado –Dijo Cú sin pensarlo mucho. Aquiles anotó la bebida y el postre y fue el turno de Gilgamesh de disparar sus exigencias sin misericordia. Cú no dijo nada, y paseó a vista lo más discretamente posible por la sala, hasta llegar a la cocina y ver como el mesero le entregaba la orden al Emiya.
Luego, algo más ocurrió, Aquiles se detuvo a hablar con un cliente que estaba sentado en la barra de la cocina.
Cú entornó la mirada, no sabiendo que Gilgamesh seguía su mirada y quedó preso de lo que veía.
—¿Qué pasa? ¿acaso te gusta? –Preguntó el rubio sin miramientos, soltó una risa- ¿Lo conoces?
Cú no reaccionó como había esperado, solo enderezó un poco a cabeza.
—No. Solo fue a la tienda una vez –Le manifestó prontamente. Se apoyó de una de sus manos, sus ojos carmín reguardaban algo más que Gilgamesh no sabía identificar – Se llama Arthur, es todo.
El otro hombre asintió con la cabeza y tuvo el atrevimiento de volver la mirada hacia el individuó que parlamentaba con el chef. Parecían cercanos…parecían muy cercanos.
El irlandés tensó la mandíbula y torció los labios, bajando la mirada hacia los detalles en la madera de la porta servilletas.
—Dime Cú chulainn ¿invitaras a alguien a la boda? –Preguntó de repente, volviendo los ojos a el otro, por alguna razón le disgusto mucho esa pregunta.
—No. Diarmuid ya fue invitado-Le respondió al momento. – No creo… ¿y tú? ¿Por qué preguntas?
—Yo tampoco. –Le respondió, y lo creyó imposible, seguro muchos quisieran ir con el aun evento así, pero apostaba que Gilgamesh no es que no tuviera a alguien, sino que las consideraba indignos.
Un poco de su malestar desapareció al recordar algo.
—Oye… ¿conoces un Spa recomendable? Quiero hacerles un regalo a Karna y Arjuna.
—¿Vas a llevarlos a un Spa?
—¿Qué pasa? ¿No se escucha bien? –Cú frunció el entrecejo.
—No. No es eso. Humm, Hay uno. Bueno, realmente hay varios. Te enviaré los números de teléfonos por mensaje. -Le dijo como si hablara con un subordinado. De inmediato extrajo su teléfono y toqueteó con rapidez - …No había pensado en un Spa.
—¿Qué les vas a regalar tú?
—Traje algunas prendas del Cairo, tiene una tela exquisita-Le dijo distraídamente- ¡Ya está!
El teléfono de Cú vibró.
—Si quieres, cuando elijas uno, puedo conseguir un buen plan. –No le extrañaba las influencias de Gilgamesh en tantos niveles. Cú asintió en silencio- ¡Ahhg! Ya dime que te pasa, tienes ese rostro de estreñido insoportable.
Cú arrugó el entrecejo, abrió los labios, pero Aquiles les interrumpió posando los platos en la mesa.
—¿Qué es esto? –Cuestionó mirando la malteada de fresa, Gilgamesh parecía insatisfecho.
—Es la malteada.
—Pedí licor.
Cú puso los ojos blancos.
—No sirven licor aquí Gilgamesh, ya lo sabes.
—Lo cual es una terrible desgracia, en mi opinión. –Objetó él.
Cú comenzó a comer, pidiendo a Aquiles que le ignorara.
—¿Cómo está hoy? -Quiso saber Aquiles.
—De pésimo humor. -Le replicó Gilgamesh mientras comía. Cú puso mala cara, entornando los ojos peligrosamente hacia el rubio.
—Había olvidado lo sutil que eras –Repuso Cú- Estoy bien. No todos los días puedo estar del humor deseado por la gente.
Gilgamesh le dedicó una mirada de incredulidad.
—Algo te molesta, y estoy casi seguro de saber que es… -
—Diarmuid…te dijo algo.
—No… ¿Por qué? ¿acaso él sabe algo? –El rubio parecía sorprendido. Alquiles no sabía cómo retirarse sin parecer tan abrupto. Miró a ambos hombres y se deslizó hacia otra mesa.
—No me molesta nada.
—¡JA! Como si te fuera a creer ahora-Gilgamesh rio escandalosamente, algunas miradas fueron a parar hacia la mesa donde se encontraban. – Eres muy divertido, amigo, había olvidado tu honestidad.
Cú hizo mala cara de nuevo y casi gruñó. Sí, estaba ligeramente molesto, pero aún no lo determinaba, no ayudaba que su amigo se lo recordaba, pero era su talento, por así decirlo.
Hubo un silencio entre ambos, un denso silencio, Aquiles parecía rígido, y solo fue salvado por que Emiya lo llamó desde la cocina con los platillos nuevos. Se largó, prácticamente huyó.
—¿Pasa algo? –Preguntó el cocinero contrariado, El mesero había palidecido.
—Creo que no están del mejor humor los clientes. –Respondió suspirando.
—¿No es Cú chulainn y su amigo? –Inquirió el japonés.
—¿Lo conoces? -Preguntó Arthur y no puedo evitar tirar una mirada discreta hacia la mesa de los dos hombres
Emiya lo miró.
—Es un cliente…-Dijo con cierta indiferencia- ¿Y tú?
—Sí. Lo conocí en la floristería; me recomendó la planta que te regalé. Es muy agradable y sabe mucho de plantas –luego parecía dudar, Emiya observó el rostro de Arthur con una mirada intensa- ¿Por qué estaría de mal humor?
Emiya se encogió de hombros y arrogó la mirada hacia la mesa de ambos hombres, cuando sus miradas se iban a encontrar bajó los ojos y se dio la vuelta, retornando a la cocina y a su trabajo.
Mientras masticaba furiosamente su estofado, pensó que le caería mal poco después, una pena porque estaba delicioso, de hecho, todo lo que Emiya cocinaba estaba tan delicioso que sintió ganas de llorar si llegaba a vomitarlo por el disgusto de Gilgamesh.
—Escucha… -Dijo entre dientes- no quiero hablar de eso ahora. Ni si quiera sé porque estoy tan molesto, deja ya el tema.
—¿Pero ya estabas así?
—No…Sí, no sé. –Le dijo un tanto inseguro. Maldita sea, ¡el cordero estaba exquisito! - Digo, ya…ya deja de preguntarme te lo diré cuando me acuerde.
—¡Que honor! Ser rebajado a un capricho de tu memoria-Dijo con sarcasmo y volvió a reír. – Aw, adoraba molestarte.
—No es divertido.
—No tiene que serlo para ti. -Iba a reírse sin embargo la risa se le quedó en la garganta y por poco de ahoga. Cú enderezó rápidamente el cuello a ver a Arthur al lado de la mesa.
—Hola, Cú chulainn-Saludó con esa cortesía y solo faltó una leve inclinación para que resultara encantador – ahm…Emiya te envía esto, ah, digo, y yo también, no pareces estar muy bien el día de hoy…
En sus manos tenía un platillo con un flan bañado en un caramelo dorado. Lo dejó en la mesa con cuidado.
—¿Eh? ¿Y no hay nada para mí? –Gilgamesh gritó indignadísimo.
Arthur no parecía sobresaltado, aunque un poco perturbado por el ruido.
—Me temo que no…-Respondió tajantemente con una amabilidad devastadora- No le conozco.
—Soy Gilgamesh ¿Cómo te atreves a no saberlo? –Entornó peligrosamente la mirada.
Arthur lo miró por un instante. Cú estaba congelado mirando el flan, era tan hermoso que daba pena y tristeza comérselo, tan perfecto y gelatinoso. Las voces de Gilgamesh y Arthur se escuchaban distantes y pronto parecía que Arthur perdería la compostura, bueno, cualquiera lo haría con un persistente Alfa reclamando su derecho a elevar sus niveles de azúcar a cifras astronómicas.
Arthur pronto hizo un movimiento con los labios fue la primera vez que Cú lo vio arrugar el rostro en desaprobación.
—Eres muy descortés. No me agradas-La arrojó la flecha del desprecio al rubio antes de marcharse. Gilgamesh casi se ahoga con la cucharilla cuando escuchó tal denuesto. Se levantó de la mesa dispuesto a rebatirlo, un duelo a muerte.
Pero el destino tenía otros planes, cuando Cú lo jaló hacia su asiento y lo retuvo, incluso se atrevió a introducir la cuchara en su boca para que se callara de una vez.
Arthur emitió una risa discreta al ver a los dos en la mesa con tanto espectáculo. Aquiles negó con la cabeza.
—¿Son siempre de esa manera? -Preguntó Arthur.
Emiya no podía asegurarlo, se encogió de hombros, más internamente satisfecho. Arthur miró a su amigo con detenimiento, mientras limpiaba su área de trabajo.
El domingo la neblina no había desaparecido pasado las ocho, en el exterior eso brindaba un aspecto tétrico y algo sombrío, los domingos siempre eran lentos…pero Cú solo lo confirmó cuando estuvo toda la semana en la tienda, moviéndose de aquí para allá.
No sintió ánimos de levantarse, era su día libre y se sentía un poco extraño luego de tanto tiempo de estar inactivo, todo su cuerpo pesaba como un saco de humanidad vulnerable.
Sin embargo, su estómago era aún exigente, a pesar de todo y se obligó a ir a la cocina, donde revisó sus provisiones; no tenía leche, ni huevos, le faltaba carne y pescado entre otras cosas…trabajar menguaba rápidamente sus reservas y su dieta era exigente. Se sirvió algo de comer para que su estómago no le doliera y comió mientras veía las noticias. Miró el exterior por la ventana cerca de la sala y pensó que sería buena idea desperezarse si salía a caminar, aunque no pudiera ver más allá de dos o tres metros, no había un riesgo de ser arrollado después de todo no había carreteras cerca de ese lugar.
Luego de comer así lo hizo, pero aquello lo obligó a sentirse encapsulado en una burbuja llena de humo, como una araña en un vaso, hacia frio y sintió la humedad en cada parte de su ser, se vio sumergido en un universo diferente, donde las distancias eran inciertas y el tiempo indeterminado, logró ver el sol salir de entre algunas nubles por un momento, pero aun estaría atrapado allí. Cuando vio el lago o eso creyó supo que se había alejado demasiado.
En su regreso comenzó a desesperarse un tanto, caminaba, pero sentía que no avanzaba, intentó mirar el suelo y buscar sus huellas, pero era claro que por allí nadie había pasado. Entonces, permaneció por un momento inmóvil, tratando de pensar, estar allí no era tan malo ahora que lo pensaba, …no era muy diferente a como se sentía a veces…
Estuvo por un momento caminando y reflexionando, pero aquello no era saludale de modo que pensó en lo que tenía su mente ocupada la mayor parte del tiempo, la tienda, Sí, las flores y macetas, ya no tenían rosas…seguro llegaban en la tarde del lunes, pensó… pensó furiosamente en eso.
El clima demasiado tormentoso podría enfermarlas, seguro se retrasaría unas horas más…
Caminó sin un rumbo solo guiado por el sentir de sus pensamientos, tenía que buscar el Spa para el regalo de bodas, comprar comida, salir a hacer ejercicio, alguna otra cosa.
Pronto avanzó lentamente al ver una figura materializarse más adelante, era grande y no humano y por tanto fue cauteloso, cuando se acercó lo suficiente, reconoció la figura de un automóvil, era gris, era el auto de Diarmuid, lo rodeó, y vio el frente de su casa con las luces encendidas.
—¿Cú? –Escuchó que alguien le llamaba, rápidamente giró la cabeza hacia la entrada y Diarmuid yacía en los tres escalones de la entrada. –Por Morrigan ¿Por qué sales con esta neblina?
Se oía preocupado. Cú no respondió, pero internamente agradeció haber regresado a casa, y que esta no estuviera vacia.
—No estaba así cuando salí- Se justificó y subió los escalones - ¿Qué pasa?
Diarmuid le dedico una mirada intensa, cargada de varias cosas.
—Es fin de mes ¿recuerdas? –los ojos de Cú se agrandaron y el carmín de sus ojos resaltó en su rostro pálido.
—Ahh…la comida. –Le respondió. Diarmuid asintió. – No he hecho la lista, Salí a estirar las piernas.
—No importa, hay tiempo. Tomará un momento –Le manifestó sin preocupación por el tema. Mientras Cú se cambiaba, Diarmuid hacia la lista de compras, los domingos no había muchas personas y era bueno tomarse su tiempo.
—Espero la niebla se disipe pronto –Dijo Cú al salir a la entrada de su hogar mirando hacia más allá, a donde había, según él, regresado.
Subió al auto agradecido de tener algo que hacer. Diarmuid tenía un corazón de oro, recordaba los finales de mes para comprar las provisiones y en ocasiones, en los momentos más oscuros y deprimentes de su tratamiento preparar la comida para él y obligarlo a comer o distraerlo.
—No creo que se disipe hasta medio día… -Dijo Diarmuid- o quién sabe. Esta raro el clima… -agregó con los ojos en el camino una vez se movieron.
Reinó entre ellos un breve silencio antes de que Cú se inquietara y mirando por la ventana la neblina un poco menos densa …
—¿Invitaras a alguien a la boda?
El rostro de su amigo apenas y se inmuto atento al camino.
—Eh…no, de hecho –Respondió inclinándose un poco hacia adelante – no es algo obligatorio ¿o sí?
Cú se encogió de hombro.
-No, pero…
-¿Pero?
—¿No es un desperdicio? -Cuestionó el otro – es decir…¿para qué invitar a alguien más si todos ustedes esta invitados? …
—De hecho, pensaba invitarte a ti, si no ibas a buscar tu maldita invitación –Le repuso lúdico el del lunar.
-Que gracioso, me haces sentir como en la secundaria.
—Oye, ¿aun te acuerda de la época de los dinosaurios?
Cú le sacó la lengua e hizo un gesto.
—¿Por qué te preocupa? ¿quieres invitar a alguien? –Por un instante que salieron a la carretera asfaltada, Diarmuid les miró a los ojos.
—No es eso. –respondió el.
—Entonces, relajate. Es solo una invitación, estoy seguro que la agencia de festejos tuvo la idea. Conoces a Karna, mientras más pequeño, mejor para el –Le dijo poco después. – Sabes…lo reservado que es.
Cú no dijo nada, se ocupó de distraer su mirada en por la ventana, Diarmuid lo miró de reojo un instante muy breve. Al llegar a su destino se percataron que el estacionamiento no estaba muy lleno, aunque era considerable los automóviles aparcados, entraron y el calor del establecimiento los reconfortó.
El irlandés de cabello claro, se vio inyectado por una energía extraña, apartándose de Diarmuid solo para abastecerse según lo anotado en el papel y llenar el carro. Ansiaba moverse y concentrarse en lo que sea menos en sus pensamientos. Eso mismo hizo al elegir el pescado y el pollo, no podía comer mucha carne roja, solo carne blanca.
Deambuló por los pasillos buscando algunas salsas, y escogió las bandejas de los vegetales y las hortalizas. Estuvo por un momento leyendo los precios de los cereales y los dulces, no eran prioritarios, pero se le antojaban…
Luego de depositar lo que tenía en brazos en el carro, fue en búsqueda de la leche, deslizó la puerta de la nevera y extrajo dos cartones, se detuvo al cerrar la puerta, sintiéndose observado y asaltado por este pensamiento levantó la mirada hacia su alrededor, no detectó nada al inicio, estuvo un momento en esa posición hasta que percibió los ojos que le observaban.
Este le saludó con los dedos, pero Cú parecí verlo sin ver, sin parpadear.
—¿Estas bien? –Escuchó poco después, parpadeó dos y tres veces, entornando la mirada hacia el individuo. Tardó en responder, carraspeó.
—Ah, sí. -Le respondió, lo reconoció en seguida, tenía las manos ocupadas con algunas bandejas de hortalizas, le sonrió con esa cortesía y amabilidad de un caballero.
—Que sorpresa verte. –Arthur movió la cabeza, y lo miro a los ojos, había algo en sus ojos que era un poco insoportable de ver, era quizá demasiado claros, Cú sonrió un poco- ¿También compras? –Miró la leche en sus manos.
—Si…ya no tengo nada en mi cocina- Le respondió lentamente, bajando los ojos para leer lo que decía el cartón, luego subió los ojos y se dio cuenta de que otra figura conocida avanzaba hacia ellos, pero permaneció en una prudente distancia.
Arthur deslizó la mirada hacia Emiya que esperaba, y distrajo los ojos en las bandejas de pollo y jamones, Cú lo miró largamente a pesar de que Emiya estaba concentrando tocando las bandejas, este hecho no pasó desapercibido de Arthur que le hizo un gesto al otro para que lo mirara, sin embargo, Cú no encontraba manera de descifrar.
—¿Recuerdas al amigo que te conté? -Le dijo finalmente a Cú
Este arqueó ambas cejas, y asintió, miró a Emiya con mayor insistencia ¿entonces, se trataba de el? ¿El que estuvieran hablando en la cocina la otra vez, no era mera casualidad? Algo dentro de si se serenó como cuando se coloca un paño húmedo, frio y analgésico en una zona irritada.
—¿Es Emiya?
Arthur asintió.
—¿No te diste cuenta? –Preguntó.
—No, disculpa, no vi la relación –Por un momento sonrió sintiéndose algo estúpido, aunque no era su culpa. Se había sentido tan molesto de que Emiya compartiera palabras con él con una facilidad increíble. – Amm…El amigo de la hierbabuena.
—Aja… -le respondió, poco después de decir eso, Emiya abandonó su lugar en las neveras y se acercó a Arthur.
—Hola. -Miró a Cú y le saludó, mucho más acuchillante que la educación de Arthur. -
-¿Se conocen desde hace mucho? –Preguntó Arthur.
—No…realmente –Dijo Emiya, ganándose la mirada carmín de interés – Cú Chulainn es un cliente habitual del café.
—Seeh~ -Por un momento sonrió, la forma en que hablaba de él le comenzaba a agradar – Es delicioso comer allí. Ah…Gracias por lo del otro día. Me hacía falta.
—¿Qué cosa?
—Hablo del Flan…el flan –Repuso Cú, temiendo que lo hubiera olvidado. Emiya bajó un poco los ojos, pero lo hizo con tal discreción que si no se prestaba la suficiente atención se confundiría con un acto de leer el código de barra de las bandejas o la canasta.
—No es nada…-Susurró
—Estaba delicioso…-Le replicó el irlandés con una sonrisa. Vio como Emiya parpadeaba tres veces antes de atreverse a mirarlo - ¿Cómo haces para cocinar tan exquisito? El pobre Gilgamesh no me habló más cuando salimos de allí.
Arthur arqueó una ceja. Emiya solo inclinó la cabeza, sus ojos ardían así que los cerró.
—Es un postre muy sencillo, no es nada del otro mundo. –Objetó el cocinero con lentitud, hablaba con voz clara y profunda.
—¿Qué flan es? –Preguntó Cú.
—Es solo un flan de huevo.
—¿y cómo lo haces?
—¿Quieres intentar hacerlo? –La voz de Diarmuid estremeció a Cú lanzando un respingo. Volvió a su lado, el irlandés del lunar tenía el carrito y estaba apoyado hacia adelante en él.
—¿Cuánto tiempo llevas allí?
—Como tres años. Es la leche más cara que me ha salido –Bromeó, Cú metió los cartones en el carro. - ¿Qué pasa? ¿Quieres hacer flan?
Los ojos de Diarmuid se deslizaron hacia los dos hombres y sonrió.
—Hola~ -Saludó. – Diarmuid.
—Arthur.
—Es un amigo. –Aclaró Cú-
—Hermanos, hijo de otra madre – Agregó Diarmuid sonriendo, Arthur sonrió lentamente mientras observaba el lunar bajo su ojo.
—Emiya… -
—Humm…
—El cocinero del café de la otra calle – aclaró Cú.
—Oh es él.
Con esa revelación, Cú recordó que no lo había visto jamás, o que su amigo prestaba menos atención de la que realmente se esperaba.
—Es delicioso allí-Comentó, Emiya no dijo nada, pero Diarmuid ahora parecía no solo recordarlo sino también recordar su magnificó talento. Arthur lo miró señal de aprobación. - ¿Qué? ¿quieres hacer un flan?-Miró a su amigo.
—Es muy fácil de hacer-apuntó Emiya ganándose la atención de ambos hombres. – No debería representar un problema.
La sonrisa de Cú se dibujó en su rostro y algo en el interior de Diarmuid se conmovió gratamente al verlo.
—Podemos intentarlo –Dijo luego de un momento asintiendo. Pronto se entusiasmaron en esta labor.
Como la retentiva de Cú no era optima en ese momento, era preciso que Diarmuid atendiera a la explicación de Emiya también. Realmente concordaba en que era muy fácil de hacer ese platillo, Cú no estaba muy seguro, aquel flan tenía algo especial, era suave, esponjoso, al mismo tiempo que tenía esa textura húmeda pero firme.
Diarmuid asintió un par de veces.
—No te desanimes si te queda muy seco… ¡te cuidado con el caramelo caliente! -Habló mientras miraba a Cú, y este solo podía asentir mientras lo miraba los ojos, tenía un tono de piel oscuro y muy particular para ser japonés y …su cabello blanco era brillante y pulcro. - ¡Ten cuidado con el caramelo caliente, es muy doloroso si toca tu piel!
—¡Si, sí! Tendré cuidado, descuida-Le dijo sonriendo y sus ojos carmín se iluminaron con una emoción que antes jamás había salido a flote. - ¿uso el limón después o antes?
—Después…eso lo hará menos espeso y podrás manejarlo mejor. -Aclaró Emiya mirándolo con insistencia y aquello a Cú se le antojo muy agradable…
Se miraron por un momento más, y Emiya terminó bajando un poco los ojos como si hubiera recordado algo. Cú deslizó la mirada hacia Diarmuid que tenía la mirada en su teléfono tecleando algo o leyendo….
—Sera hora del almuerzo –Dijo guardándolo. Luego le dedicó una mirada a Arthur. – Podemos hacerlo después de comer.
—¿Recuerdas todo? -Preguntó Emiya a Cú. Este último asintió varias veces, intentó retener todo.
El irlandés de cabello largo, abrió los labios un momento, Emiya lo miró con atención, pero pronto este los cerró como arrepintiéndose.
—Gracias. –Dijo suavemente, estiró una sonrisa dócil y discreta…Cuando se retiraron no se miraron a los ojos, Cú quedó un tanto abstraído mientras terminaba de hacer las compras, Diarmuid no mencionó algo al respecto, pero no era ajeno al pensativo amigo.
Al retornar a casa la niebla había desaparecido, dejando la humedad en el aire. Arreglaron la compra discutiendo en que iban a cocinar para almorzar, Cú deseó haber ido al café, pero era domingo…los domingos Emiya no trabaja, rápidamente relacionó el pensamiento de forma automática.
Luego de arreglar la despensa, Cú limpió un poco el piso de la cocina con los ojos de Diarmuid en su teléfono mientras hablaban. Poco después tuvo que ser hora de tomarse la medicina e iniciaron el tema del almuerzo mientras disponían de los ingredientes recién comprados.
Le gustaba comer con Diarmuid de vez en cuando por que sentía se llenaba aún más, era más entretenido que comer solo e indudablemente un poco más saludable. Se encontraba particularmente lleno de energía y un tanto ansioso con su nuevo reto de realizar.
—Le pedí el teléfono a Emiya- Le anunció entre sus conversaciones.
Cú detuvo su cucharilla a medio camino y casi se le cae el jamón.
—¿Disculpa? ¿Hiciste qué? –Preguntó por qué lo escuchó como un balbuceo.
Diarmuid levantó los ojos de la mesa.
—a Emiya. El teléfono. El número de teléfono, se lo pedí. –Dijo lenta y claramente.
—¿Por qué hiciste eso?
—Porque creo que él puede ayudarte con la comida. –Le manifestó casi de inmediato– además, seguro olvidaremos algo del flan.
—¡Diarmuid, no existe algo más fácil que esto, por el amor de Dios! –Exclamó repentinamente el irlandés abandonado el oficio de comer, golpeando la mesa, aunque no demasiado fuerte. Nervioso.
—Sí, sí, pero, no me refiero a eso –Le dijo poco después- es bueno cocinando ¿no? ¿Qué tal si le pides algunos consejos para tus dietas?
—¿y él te lo dio así nada más? ¿en qué momento lo hiciste?
—Cuando fui a tomar las manzanas lo encontré, hablé con él y se lo pedí.
—Y …¿el te lo dio?
—Claro…-Respondió este tomando del jugo de su vaso. La mesa era pequeña, con una capacidad para cuatro personas, de modo que se veían a los ojos mientas hablaban, cerca- ¿Por qué no?
—El ni te conoce.
—Sabe que soy tu amigo, hijo de otra madre, casi nos sacaron de la misma placenta. -Le justificó, pero algo le molestaba de todo esto al otro, hizo un gesto con el labio y suspiro. – Además… ¿parezco como alguien que se aprovecharía de su buena voluntad?
—¿Qué?
—La comida, Cú, la comida –Le repuso el otro exasperándose– Le pedí el numero por la comida.
—¿Qué le dijiste?
—Nada íntimamente revelador, solo que tienes una dieta y …es aburrida. Así que pensé que podría hacer un menú más divertido para ti – Sus palabras lo estremecieron y por un momento Dirmuid guardó silencio, siguiendo los ojos de Cú que estaban clavados como dos flechas llenas de sangre en el plato.
De el procedía algo extraño que no sabía reconocer al momento, no había percibido eso de el en mucho tiempo y en ocasiones se podía olvidar que Cú tenía tanto de alfa como él.
—Pero yo tampoco lo conozco-Le dijo lentamente levantando la mirada hacia Diarmuid, este entornó por un instante la mirada.
—Eso no tiene por qué quedarse así. -Le repuso el tranquilamente- Solo digo que… está bien conocer nuevas personas, Cú. Sabes…no se ve que sea una mala persona, solo quizá…es tímido.
—¿Tímido?
—Claro. –Le respondió. Como lo más normal del mundo. - oye, por que sea alto, intimidante y tenga un aura indescifrable, no quiere decir que no pueda sentir timidez. Además, no es de la ciudad ¿no es así? Sabes que es difícil adaptarse a un lugar desconocido.
Cú reflexionó, quería creer en las palabras de su amigo y el mensaje oculto que de estas parecían encapsular.
—¿Tu …-Interrumpió Diarmuid sus preocupados pensamientos – quieres conocerlo? – Al mirarse a los ojos solo encontró seriedad en su amigo, Cú bajó un poco los ojos pensando.
¿Por qué dudaba? Se detuvo en ese momento, e imagino a Emiya en su cabeza. ¿por qué ahora su imagen resultaba tan grande e intimidante? Como si…agrediera contra su integridad. Un peligro inminente. Un devorador de entrañas.
—Parece una buena persona.
—Sí. Eso parece- concordó Cú Chulainn lentamente. – Parece serlo.
Diarmuid no dijo nada más, miraba a su amigo que se había desinflado y comió en silencio.
Luego de comer, limpiaron todo y Diarmuid extrajo los ingredientes para el flan. Esto sería algo sencillo, declaró Cú, nada de lo que preocuparse había afirmado a Emiya…
….una hora más tarde de comenzar, el teléfono de Emiya sonó en el mueble de su modesta sala. Contestó, tenía el numero guardado, pero no reconocía la voz, se oía diferente en persona.
—Emiya, espero estés bien. Soy yo, Diarmuid. No esperaba llamarte tan pronto, pero creo que algo salió mal en esta receta.
"No exageres…no es eso" escuchaba una voz detrás de Diarmuid. Intentó quitarle el teléfono, pero Diarmuid se inclinó lejos de él y le dio la espalda, huyendo de las manos del otro.
—¿Qué ha sucedido? -Preguntó el moreno con cierta intriga, inclinó la cabeza a un lado. Sintió la breve mirada de Arthur que yacía sentado en el mueble viendo un programa de esgrima.
—El caramelo está muy oscuro, y …-Pausa, sonidos inentendibles. Luego una risa de Diarmuid – Cú no quería que te llamara, piensa que lo odiaras si te enteras que se quemó con el caramelo.
"¡Diarmuid!
—¿Se ha quemado? –Inquirió Emiya. No se escucha nadie detrás de la línea, alguien se ríe, y alguien riñe. - ¿Hola?
—Quiere hablar contigo…
—¿Qué? -Cú se paralizó y miró el teléfono como si estuviera prendido en llamas, Diarmuid lo colocó en su oído, pero este se inclinó tanto para evitarlo que su cuello se torció en una posición rara.
—Emiya está esperando-Dijo en voz baja su amigo con un tono lúdico. Cú lo miró con los ojos entornados, un poco resentido.
Tomó el teléfono y se lo llevó lentamente hacia su oído.
—¿Está todo bien? -Escuchó Cú.
—Está todo bien, bien, Diarmuid que entró en pánico-Le repuso Cú queriendo calmar su ansiedad interna. – Solo me queme un poco, es que cuando eche el limón, burbujeo un poco y pues…ya
—Debías echarlo cuando se enfriará un poco…-Aclaró Emiya.
—Pero no es nada grave…-Se miró la mano izquierda, había algunas partes rojizas ya. La piel de Cú era realmente pálida – Estoy bien… no lo hemos metido al horno, no estaba seguro de la temperatura.
—180c por 40 minutos. –Aclaró nuevamente Emiya, luego agregó- ¿seguro que estas bien?
—Ya estoy en eso… -Dijo caminado lejos de la entrada de la cocina y yendo al horno. Le hizo una seña a Diarmuid para que le asistiera con sus dos manos extras mientras precalentaba el horno- Sí. Estoy bien, ya te dije que no es nada…
—Bien… ¿Podrías decirme las medidas que usaste? ¿Cómo lo hicieron?
Cú asi lo hizo, mientras el horno se calentaba y el japonés parecía examinar sus pasos a la hora de cocinar.
—Creo que…-Dijo el albino- puede que quedé un tanto firme y desabrido.
—¿Eso es …bueno?
—Sí…debes agregarle más azúcar o no tendrá buen sabor, bueno…debes cocinarlo bien, y quizá el caramelo se haya quemado un poco, así que estará un tanto amargo, espero que solo un poco-La forma en que describía un simple flan era una experiencia extraña, casi enternecedora.
—Eres increíble-Susurró Cú…pero luego se dio cuenta de lo que estaba diciendo por eso agregó - ¿Cómo sabes todo eso?
—Estudio cocina, Cú Chulainn…-Le respondió tranquilamente. – Sé alguna cosa o dos.
Pero sabía que esa afirmación no era cierta y podía asegurar que sabía muchas más cosas. pronto miró a Diarmuid atentamente y pensó en lo que le había comentado, abrió los labios para hablar sobre sus consejos para la comida y su dieta… pero algo lo detuvo en el momento.
—Si queda amargo…-Comenzó –¿Te gustaría probarlo?
—¿Qué quiere decir?
—Que si…te gustaría un poco –Le respondió lentamente y con increíble dificultad en su interior- ¿Trabajas mañana…?
—¿Quieres llevarme flan mañana?
—Sí, eso se escucha mejor…-Admitió Cú Chuliann, era mucho más fácil así, se rio de su propia estupidez. ¿Cómo era tan difícil ofrecerle un dulce a alguien?
—…Esta bien. –Respondió Emiya lentamente. Solo entonces, Diarmuid le regaló una mirada significativa, algún mensaje oculto debía contener. – También … ¿Podrías ayudarme con mi dieta…? No soy tan creativo cocinando como tú.
—Diarmuid me habló de eso. Está bien. –Le respondió, Cú miró a su amigo intensamente- ¿ya metiste el flan al honor?
—Aun no… -Dijo bajó. – Lo haremos ahora.
Nuevamente le pidió a Diarmuid su favor que lo aplicó con la mayor facilidad.
—Ya…
—Bien. –Emiya parecía aliviado – Ponte algo frio en las quemaduras ¿de acuerdo?
—Si…-Miró nuevamente sus manos. No encontró a Diarmuid en la cocina. – Esta bien, no es tan grave.
—Hazlo.
—Bien –Cú sonrió. –Bueno…creo que voy a dejarte en paz.
—No es una molestia. Pero está atento al horno. Luego podremos hablar sobre tu dieta.
—Si…-Hizo una pausa saboreando cada una de las palabras - Nos vemos después…
Después…después, esa palabra lo hizo sentir ansioso, colgó y luego de permanecer por un momento en silencio en la cocina, totalmente inmóvil, se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo, de lo que había hecho. Las cosas que había dicho.
Observó el nombre de Emiya en los contactos de Diarmuid, no sabía, ni estaba seguro que ese nombre pudiera escribirse de esa forma, pero no le importó…ahora solo quería copiar el numero en su propio teléfono. Miró el horno, se agachó un momento mirando cómo se cocinaba a baño de maría…
Por qué ahora ese flan era la cosa más importante en ese momento y era su prioridad.
