Templo de cielo.

Los gritos desgarradores podían escucharse a lo lejos. El cielo parecía estar siendo consumido por una intensa tormenta mientras un diluvio la acompañaba.

Los rayos escarlatas del Raiden era lo único visible en ese entonces salvo la energía del Jinsei, las ráfagas de poder del dios estaban haciendo sufrir a Shinnok quien había sido derrotado anteriormente.

-Tu… deberías agradecerme, Raiden – reclamo el dios caído – Nuestra batalla te cambio. Para bien.

Al dios del trueno no le importaron esas palabras siguió atormentando a su némesis con sus poderes de rayos.

-Cállate, Shinnok – ordeno enojado él acercándose al otro.

-Pero usas mi amuleto. Al fin aceptas la verdad que los Dioses antiguos niegan – recordó el débil dios – La verdad que me costó el exilio.

-La verdad que acepto Shinnok es que la piedad se desperdicia en quienes contaminan la Tierra – aclaro con autoridad Raiden – Destruiré a nuestros enemigos antes de que ellos lo hagan. Empezando contigo.

¿Cómo Raiden? Ni tú puedes con un dios antiguo – desafío irónico el dios caído.

Hay destinos peores que la muerte – decreto solemne Raiden canalizando su poder en su mano para formar una cuchilla de electricidad la cual uso para decapitar a su enemigo sin piedad.

La cabeza cercenada de Shinnok cayo desprendida de su cuerpo a continuación el dios del trueno la coloco en una mesa de piedra.

Te entregare a Liu Kang y a sus esbirros del Infierno – decreto imperioso la deidad – Una advertencia de mi ira.

Y sin nada más que hacer, Raiden desapareció en un trueno. La lluvia siguió su curso cayendo sobre el templo. De repente, como por arte de magia las gotas se detuvieron., abriendo camino hacia alguien que había regresado.

Kronika había vuelto, sin embargo, esta vez se veía diferente, ya no era de carne y hueso si no más bien estaba en una forma astral de un color turqués bastante llamativo.

Flotaba sin ningún apuro hacia la cabeza sintiendo lastima de ver esto una vez más

-Aquí estamos de nuevo. Una vez más la historia tiene que volver a repetirse – hablo la mujer deteniendo la sangre de Shinnok – Aun así, el arco del universo se tiene que doblar a mi voluntad.


En un lugar remoto: Mar de la sangre.

Desde las profundidades del agua, el guerrero Geras se arrastraba hacia la orilla después de haberse liberado del ancla con la que Raiden lo había aferrado. Al ser un punto fijo en el tiempo el ataque temporal de Kronika no lo había afectado. Lentamente se ponía de pie mientras se alejaba de la costa.

- ¿Cómo pude fallar? – se preguntaba jadeando el guerrero – Mi victoria estaba asegurada.

-La derrota no es ningún obstáculo para el decidido – dijo una voz detrás de él, siendo el fantasma de Kronika.

- ¿Mi señora? – cuestiono perplejo Geras antes de agachar la cabeza en un intento por obtener el perdón de la titanide – Yo… yo no… usted confió en mi y yo le falle.

-Al morir a manos de Liu Kang. Ascendí a un plano mucho más elevado – informo solemne el fantasma.

-No eres corpórea ahora.

-Las apariencias a veces engañan.

-Como los sujetos que nos vencieron – replico frustrado el guerrero.

-Tal vez, pero de los errores uno aprendí – dijo Kronika.

- ¿Cuántas veces tenemos que ir sobre lo mismo una y otra vez? – cuestiono molesto Geras - ¿Que está pasando?

- Mientras hablamos. Liu Kang controla esta línea y si seguimos aquí nos hallará – informo la mujer incorpórea – Nuestro ultimo intento de ganar esta en otra línea.

- Entonces, ¿Qué hay que hacer?

- Ir a donde te dije, antes de que la historia vuelva a repetirse.

- ¿Volver a repetirse? – pregunto confundido el arenero - ¿Pero esto ya paso'

- No si intervenimos – reconformo la titanide – Que comience la historia otra vez.

Continuara…