Alice POV
Charlotte estaba tardando demasiado en cambiarse su uniforme, aunque si lleva toda la ropa que llevo yo encima entiendo que estas cosas pasen; no tengo idea de en cuantos siglos después se ambiente "Orgullo y Prejuicio", pero sin lugar a dudas no era tan fabuloso como Keira Knightley quiso hacerlo creer.
Me decido a caminar un poco entre los árboles del jardín, no quiero entrar al salón principal de la casa mientras los príncipes continuan aquí: ya me avergoncé lo suficiente por el día de hoy y mis planes son de ayudar a Isabella lo más que pueda con su enfermedad. No sé mucho de medicina, pero no miento cuando digo que su tos me recuerda más a una enfermedad pulmonar que a una simple alergia; no quiero ser pesimista aunque creo que en este lugar no hay muchas formas de aliviarla.
Cuando mi abuela enfermó tomaba un té de hierbas y miel que aliviaba la tos un poco: no es una cura, pero puede servir para que Bella se sienta mejor. Tanto ella como el príncipe Edward han sido muy buenos conmigo y lo mínimo que puedo hacer es intentar ayudarles.
Mientras camino a lo lejos veo al príncipe màs pequeño, el que me reconoció en el salón principal, mirando por una pequeña ventana hacia el interior de una cabaña. Se notaba desde donde yo estaba que espiaba a alguien, así que me acerqué sigilosamente para mirar qué era lo que estaba haciendo.
-¡Eres un sin vergüenza!-susurré dandole una palmada en la cabeza- ¡Me acusas a mí de espiar hombres en las termas cuando tu estas espiando a mi sirvienta mientras se cambia de ropa! ¡Niño, depravado!
-¡Callate!-me regaña empujándome y alejándose un poco- ¡Yo no estaba espiando a nadie! y aunque fuese verdad, yo soy un príncipe y puedo hacer lo que me plazca, mientras tú no eres más que una huérfana recogida de la calle, tal como dice mi hermana Maria asi que no vuelvas a meterte en lo que no te importa.
Me quedé callada un tanto aturdida por el insulto: tanto aqui como en el siglo XXI soy huérfana, pero eso no le da derecho a este niñito a tratarme como si fuese basura. Seth se alejaba caminando a paso tranquilo hacia la casa, pero yo ya estaba muy enojada y no estaba dispuesta a dejarme humillar otra vez más, además por muchos títulos que tenga una persona no les da el derecho a tratar a los demás como si fuesen animales.
-¡Su Alteza!- grité siguiéndole- ¡Su Alteza, espere! - corrí un poco para quedar frente a él e impedirle el paso a la casa. Sabía que todos sus hermanos nos miraban desde la ventana, pero estaba tan enojada que eso ya no me importaba.
-¿Què es lo que quieres?- preguntó el príncipe Seth frunciendo el ceño.
-Quiero que le pidas disculpas a Charlotte por estar espiando sin su consentimiento y a mí por lo que me dijiste hace unos minutos.
-¡¿Estas loca?!- exclamó riendo- ¡¿Cuándo haz visto a un príncipe pidiendo disculpas a una sirvienta?!... ¡Deja de molestarme!
-Hazlo, si no te daré tu merecido ¡Maldito pervertido!
En ese momento me nubló la ira y lo empujé con fuerza sin importarme qué hubiese más gente mirando. El joven príncipe, miró hacia dónde estaban sus hermanos, riendo por el hecho de que lo hubiese empujado una mujer, por lo que decidió empujarme de vuelta. Ofuscada le di un puñetazo y me trepé a su espalda para golpearlo desde ahí en medio de gritos y personas que salían del salòn principal.
Seguí trepada en su espalda golpeándolo con mis puños un rato hasta que me tiró al suelo, pero entonces aproveché mi nueva posición de lucha para jalarlo de un pie y hacer que se cayera también. Me senté a horcajadas sobre él y le di un cabezazo en la frente con más impulso que otra cosa. Este último golpe logró aturdirlo, por lo que con una pequeña sonrisa de satisfacción alcé mi mano para darle el golpe final que sellaría mi victoria, pero cuando estaba apunto de golpearlo alguien me sujetó el brazo y me obligó a ponerme de pie.
-¡Suélteme!- exclamé cuando noté que el príncipe Jasper me sujetaba con fuerza el brazo.
El príncipe negó con la cabeza antes de llevarme a rastras hacia el jardín. Intenté soltarme de su agarre mientras él me jalaba con determinación, pero era inútil ya que tenía mucha fuerza.
Me soltó cuando ya nos habíamos alejado unos cuantos metros de donde estaban los demás, mientras yo le miraba frunciendo el ceño.
-¿Se puede saber qué está haciendo?- pregunté disgustada- ¿Por qué se mete en asuntos que no son de su incumbencia?
-Una mujer que se atreve a atacar a un principe como una fiera no debería tener tantas consideraciones- respondió mirándome con algo de diversión-... Le aconsejo que se calme, señorita, no sé si lo habrá olvidado, pero las peleas no son propias de una mujer.
-¡Increíble!- suspiré cruzando los brazos sobre el pecho- ¡Un hombre viene a decirme lo que es propio o no de una mujer! ¡Es por eso que el mundo está como está! El día que los hombres dejen de opinar cómo tienen que ser las mujeres, podremos jactarnos de ser una sociedad inteligente... ¡Venir a decirme a mí que las mujeres no pueden pelear! Me encantaría ver tu cara cuando existan mujeres presidentas o abogadas o piloteando un avión.
-Sí que estás loca- murmuró dando una vuelta lentamente a mi alrededor para observarme con detenimiento-, a simple vista pareces ser una chica completamente normal, pero sin lugar a dudas dices cosas extrañas y te comportas aún más raro... De todas formas te daré un consejo: pídale disculpas a mi hermano e intente mantenerse fuera de problemas con la familia real; es lo mejor para tener una vida simple y sencilla.
-¡No tengo que pedirle disculpas a nadie!- exclamé enojada- ¡Ese pequeño príncipe se merecía la paliza que le dí por acosador! Es él quien debería disculparse con Charlotte y conmigo.
-No haga las cosas más difíciles: agredir a un príncipe es grave y como usted es familiar de la señora Isabella, es posible que todo quede en nada si se muestra arrepentida y reconoce su error.
-¡¿De verdad cree que me preocupa que él sea un príncipe o algo así?! Tengo mejores cosas de las que preocuparme- dije frunciendo el ceño-, además usted también me debe una disculpa.
-¿De qué está hablando?- preguntó mirándome con curiosidad.
-Hoy Su Alteza me arrojó del caballo ¿o es que acaso lo ha olvidado?... de cualquier forma, debe pedirme disculpas ahora.
-Yo nunca he pedido disculpas- murmuró acercándose a mí y mirándome directamente a los ojos.
-Pues tendrá que hacerlo ahora...- sentencié sintiéndome un poco incómoda. No me había fijado antes por la máscara que usa, pero al estar así de cerca pude notar que sus ojos eran muy azules así como el cielo y estoy casi segura de que me quedé mirándolos como una tonta- ¡Tiene que hacerlo! Porque podría darle una paliza igual que a su hermano: a mí no me asusta su ropa oscura, ni la máscara ni todo lo que digan de usted. Yo no le tengo miedo.
-Pues debería- no me había dado cuenta, pero ahora él estaba demasiado cerca, tanto que se había inclinado para que nuestros ojos quedaran a la misma altura lo que obviamente me estaba comenzando a hacer sentir demasiado nerviosa-... tengo una reputación que cuidar: si llego a pedirle disculpas tendría que matarla después de decirlo- abrí un poco los ojos; ahora sí me sentía un poco asustada por sus amenazas-, pero ya que insistes: lo sien...
-¡Bella!- exclamé haciéndome hacia un lado para escapar de la proximidad y de su amenaza y huir hacia donde mi hermana nos observaba. Me abracé a ella y me escondí en su espalda mientras el príncipe Jasper inclinaba levemente la cabeza antes de retirarse.
-¿Qué hablabas con el príncipe Jasper?- preguntó Bella mirando en la dirección en que él se había marchado con algo de desconfianza- Parecía que estaban teniendo una conversación... interesante.
Sé que me ruboricé violentamente porque mi cara arde. Este sin lugar a dudas ha sido un mal día y eso que me desperté con optimismo y esperanza.
-Me estaba regañando por pelear con su hermano- respondí alzando levemente los hombros-, pero no te preocupes porque no creo haberme metido en problemas.
-Alice- suspiró Bella antes de tomar mis manos entre las suyas-, yo no sé qué hacer contigo. Desde que te golpeaste en la cabeza haz cambiado mucho y me torturo pensando que tal vez ya no quieres estar aquí.
-No, no es eso- susurré, lo que menos quiero es dañar a otras personas.
-Hermanita, desde que murieron nuestros padres y a pesar de mi enfermedad, he intentado ser como una madre para ti y que esta casa sea tu hogar- los ojos de Bella se llenaron de lágrimas que pocos segundos después comenzaron a recorrer su pàlido rostro-, pero si ya no quieres estar aquí y prefieres regresar a la casa de nuestra familia, debes decirme. Yo no quiero que por nuestra causa Edward deba preocuparse: ya es suficiente con que yo este más enferma cada día y sea incapaz de darle hijos.
-Bella, no digas eso- dije tratando de sonreír para darle ánimos-: yo si quiero estar aquí y ayudarte en lo que más pueda- acaricié lentamente una hebra de su cabello-... ¡Ya vas a ver que cuando te recuperes tendrás muchos hijos! Aun eres joven, hermana y tienes la vida por delante... No es justo que no disfrutes de tu matrimonio por mi causa: yo te prometo que estaré bien.
-De todas formas oraré por ti a los dioses, para que te cuiden y te ayuden a encontrar el mejor camino para que...- en ese momento Bella se sujetó de mi y comenzó a toser con fuerza: era como si su cuerpo se negase a respirar y sus pulmones estuviesen cansados de trabajar- Ali, llévame a la casa... no me siento bien.
-Claro.
Llegamos a la casa después de casi media hora, ya que Bella caminaba muy lentamente y cuando lo hicimos se desvaneció antes de que pudiésemos llegar a su habitaciòn. Al menos los hermanos del príncipe Edward ya se habían retirado y el príncipe Jasper, que era el único invitado que iba a quedarse , no estaba por ninguna parte.
Decidí no cenar para quedarme vigilando el sueño de mi hermana. Isabella estaba muy débil y me preocupaba mucho que pudiera pasarle algo durante la noche.
-Charlotte, tiene que haber algo que pueda hacer por Isabella- susurré acariciando el cabello de la enferma lentamente- ¡Es imposible que empeore tanto y no haya cura!
-¡Ay señorita, yo veo a la señora muy mal!- exclamó Charlotte dejando la bandeja con agua fría en el suelo- ¡Si parece como si estuviera a punto de morir!... ¡Quién diría que un disgusto causado por usted mataría a la señora Isabella!
-¡Cállate, Charlotte!- la regañe mirándola muy enojada- ¡No vuelvas a decir eso nunca! De haber sabido que una pelea con ese niño causara esto, jamás la habría iniciado... ¡En vez de recriminarme, ayudame a pensar qué hacer! Sè que hay hierbas que pueden calmar la tos, pero tiene que haber algo que ayude a Bella a ganar un poco más de fuerzas... piensa, ¿Alguna comida, alguna planta o fruto que Isabella consumiera para sentirse mejor?
-¡Claro que la hay!- la joven sirvienta me miró muy emocionada- ¡Usted solía traer un alga para preparar una infusión con ella! Crece en los baños termales del palacio real, donde se bañan los príncipes ¿recuerda?
-Claro que sí... pero supongo que no puedo entrar e ir por esa planta así como así ¿o me equivoco?
-Señorita, usted debe esperar a que sea media noche antes de ir a escondidas al palacio- asentí entendiendo que si alguien me descubría eso podría traerme muchos problemas-. Nunca hay nadie tomando un baño a esas horas de la noche...
Jasper POV
Sin lugar a dudas la señorita Alice era una criatura interesante y muy extraña. Nunca había visto a una chica pelear como ella lo había hecho, es decir, aprendí a usar la espada con un general que tenía una hija, la que era muy buena contrincante, pero el modo de pelear de Alice era un tanto descuidado y salvaje, como si la vida se le fuese en aquellos minutos de pelea.
Además, después de nuestra breve conversación en los jardines ella había dicho que no me tenía miedo: estoy casi seguro de que ella es la primera persona en mucho tiempo que me mira sin sentir cierta reserva por mi máscara o que me mira a los ojos sin que la voz le tiemble al hacerlo. Es extraño, pero por alguna razón esto me hace sentir un poco mejor que antes de haberla conocido.
-Sin lugar a dudas la hermana de Isabella se ha vuelto loca- señala James bebiendo un poco de licor de su vaso-; deberían colgarla o castigarla con azotes en la plaza pùblica, por atreverse a atacar de esa forma a un prìncipe... Seth, yo que tú le pediría a nuestro padre que aplique con ella todo el rigor de la ley.
Seth mirò a su hermano mayor sin mucho convencimiento de su parte.
-Hermano, yo creo que exageras- murmuró Peter después de sonreír un rato y acercarse a Seth para hablarle un rato-, lo que pasa Seth, es que la señorita Alice se ha enamorado de ti.
Todos tuvimos que reprimir una carcajada mientras nuestro hermano seguía con su explicación.
-¿De verdad crees eso?- preguntó Seth con incredulidad- ¿En serio es posible que la señorita Alice se haya enamorado de mí?
-Por supuesto que sí- respondió Jacob secundando a Peter-, lo que pasa es que las mujeres son complicadas y muchas veces no saben cómo expresar lo que sienten. Si la señorita Alice te golpeó es porque de seguro sufre mucho por el amor que siente.
-Aunque es algo violenta ella es muy bonita- reconoció Seth después de considerar sus opciones un rato- ... Edward ¿tu crees que debería comenzar a frecuentar a la señorita Alice aquí, en tu casa?
-Si ella así lo desea, no veo ningún tipo de inconveniente- respondió Edward sonriendo un poco.
-Gracias, hermano- respondió Seth sonriendo conforme-, prometo que si todo sale bien pronto podría pedir su mano y convertirla en mi esposa.
Todos rieron disimuladamente menos yo: ¿es que nadie piensa que esto va demasiado rápido? Hasta hace 2 minutos pensaba que todo esto era una broma, es decir, la señorita Alice no puede estar enamorada de Seth ¿verdad? Él es demasiado infantil y ella parece ser un poco más madura a pesar de que se hayan trenzado en una pelea y por lo poco que conozco de ambos no creo que sean muy compatibles... aunque en todo caso los enredos amorosos de mi hermano más pequeño no son algo que debería interesarme.
Mis hermanos se retiraron al palacio real después de charlar un rato. Me gusta estar con ellos porque son divertidos y me distraen de la mayoría de mis pensamientos, además me sirve para conocerlos un poco más: solo conozco bien a James y Jacob, los hermanos con los que compartí el mismo vientre, pero a los demás, creo que nos separó mucho mi ausencia por todos estos años.
Pensando en esto, no he visto a mi madre desde que llegué. La última vez que la vi fue hace tres años así que no puedo esperar la oportunidad de verla. Le he comprado un regalo que sé que le gustará: es una horquilla de oro con incrustaciones de piedras preciosas que simulan ser frutas, apenas la vi supe que era el regalo perfecto para mamá.
Decidí salir cuando los rayos del sol comenzaron a esconderse, el camino al palacio real era largo y quería llegar a tiempo para cenar con mi madre o para tomar el té juntos.
Sin embargo, nada más llegar a las dependencias de la reina Tanya, sus damas de compañía me comunicaron que ella estaba muy cansada y que no podría recibirme.
-Dígale por favor a la reina que ansío poder verla- murmuré mientras la empleada resguardaba la entrada de su cuarto-, durante estos tres años no he recibido cartas de ella y la extraño mucho.
-Su Alteza, ya se lo he comunicado a la reina, pero ella ha dicho que está muy cansada y que usted debería realizar sus visitas un poco más temprano.
Ignoré lo que la cortesana decía y abrí la puerta de la habitación de mi madre con fuerza para encontrarme que en realidad ella estaba cenando con James y Jacob en completa normalidad.
-¡Buenas noches, hermano!- me saludó Jacob con una sonrisa mientras notaba que mi madre y James me miraban enfadados- Me alegra mucho que estés aquí, madre ¿por qué no le dice a las cortesanas que agreguen un puesto a la mesa? Con Jasper aquí sería la primera vez que tendremos una cena familiar.
-¿Qué haces aquí?- preguntó mi madre mirándome con el ceño fruncido- Yo no te he mandado a llamar y por lo tanto no puedes venir si yo no te he invitado, ¿no ves que estoy ocupada con mis hijos?
-Madre, yo...
-¡No me llames así!- exclamó muy enojada- ¡Yo no soy tu madre! Te envié a la casa de la familia Vulturi precisamente para que ellos se hiciesen cargo de ti, tú dejaste de ser mi hijo en cuanto los Vulturi te adoptaron, así que perdiste todos los derechos a llamarme "madre".
-Usted es mi madre- susurré sintiéndome un tanto angustiado-, durante todos los años que viví con los Vulturi pensé en usted y en mis hermanos como mi única familia. Madre, para los Vulturi nunca fui su hijo: me trataban peor que a sus perros ; desde niño me obligaron a dormir en el establo incluso cuando hacía frío, se olvidaban de darme de comer y cuando la señora se acordaba de mí solo era para que me azotaran porque le repugnaba mi cara...Madre, no puede decirme que considere a esas personas como mi familia cuando lo único que he querido era vivir con usted desde que soy un niño.
-No tienes ningún derecho a hablar de esta forma de la familia que te adoptó- señaló-... aún no entiendo qué es lo que haces aquí.
-Yo... quería verla- murmuré sujetando el regalo entre mis manos- y además...
-Ya me haz visto ¡ahora, lárgate!...- me gritó mientras James me miraba y se reía de lo que estaba pasando- Te diré una cosa: el echo de que hayas nacido de mi vientre no me produce más que asco y vergüenza. Escúchame bien, porque hagas lo que hagas tu nunca serás mi hijo : ¡Siempre vas a ser mi mayor error, mi falla! No hay nada que me avergüence más que el haberte dado a luz, ¿lo entiendes?
-Le prometo, madre, que un día se sentirá orgullosa de mí- susurré sintiendo como se formaba un nudo en mi garganta-. Le juro que llegará el día en que mi cara, que le repugna tanto, será todo lo que verá.
Salí de las dependencias de la reina Tanya dispuesto a buscar mi caballo para regresar a la casa de Edward, ya no soportaba estar ni un minuto más en el palacio porque las palabras de mi madre no hacían más que repetirse una y otra vez en mi cabeza.
Nunca odié a mi madre por la marca que le hizo a mi cara y todo lo que eso significó en mi vida, siempre pensé que la entendía, pero nunca me imaginé que yo le repugnara tanto.
Me costaba concentrarme e hilar mis pensamientos, mis manos temblaban y no conseguía encontrar a mi caballo. Quiero salir de aquí pronto, pero por más que me esfuerzo la angustia no se disipa y no puedo olvidar las palabras llenas de rabia de la mujer que me dió la vida.
-Su Alteza, ¿Qué hace por aquí a estas horas?- la voz de Garrett el astrónomo y asistente de mi padre me sorprende- ¿No debería estar en casa de su hermano Edward? Aunque hoy he ido para allá y no le he visto.
-Solo vine de visita- respondí intentando que mi voz sonara lo más normal posible- , quería ver a mi madre, pero ya lo he hecho, así que me marcho. Lo siento por terminar mi visita a tan altas horas de la noche.
-Entiendo...- murmuró con pesar, como si comprendiera todo lo que había pasado hace tan solo unos minutos- Su Alteza ¿por qué no toma un baño antes de irse? El camino es largo y le noto un poco nervioso: un baño caliente le ayudará a calmarse, además no tendría que preocuparse de que alguien lo vea porque a esta hora no hay nadie en los baños termales.
-No es mala idea- reconocí-, pero no quiero importunar: como bien dices a esta hora no hay nadie y las damas de compañía a cargo deben estar durmiendo.
-Tonterías, aunque no parezca que tienes el título tu sigues siendo un príncipe y jamás importunarías en el palacio: esta sigue siendo tu casa- me sonrió amistosamente un momento-. Ordenaré que preparen todo para que te relajes un momento antes de irte ¿está bien? Además mientras lo haces, puedo ayudarte a preparar tu caballo.
Asentí una sola vez mientras Garrett se alejaba a preparar todo: solo espero que el baño me ayude a calmarme un poco y a dejar de torturarme con mis pensamientos...
