Estarás contenta...


AU: es un universo alterno, Goku no se ha golpeado la cabeza y más cosas.


Resumen:

Bulma ha logrado reunir sola las siete esferas del dragón, y ha pedido el deseo de ser princesa, pero su deseo se revierte al darse cuenta de que su reinado en el mundo es amenazado por dos cosas: el ejército del general Red, y un misterioso príncipe con una gran fuerza. ¿Logrará Bulma librarse de las amenazas que la rodean? Y lo más importante, ¿qué han venido a hacer a la tierra los extraterrestres?


Debido al enorme poder del dragón y a la codicia humana, antiguas civilizaciones resurgieron y también lugares secretos que llevaban enterrados en las arenas del tiempo miles de años volvieron a quedar a la vista de todos, hombres buenos y malvados.

Pero todavía aparecieron más cosas aún...


El desierto de Cataczai es un inmensidad solitaria de arena en el lugar más recóndito del mundo. Una caravana formada por varios camellos y los restos de una nave abollada, surcaban las arenas dejando un rastro que apenas duraba unos segundos en deshacerse.

— Said, ¿hemos llegado ya? — preguntaba inquieta una mujer de cabello azul, envuelta en un turbante. "Quiero ver ya el lugar al que

— Tranquilidad, mi señorita, no se olvide que debemos llegar al lugar indicado si no quiere que

— Ya..ya — respondió la chica de cabello azulado haciendo visera. Los rayos de sol caían directamente sobre su rostro y hacían parecer las arenas como diamantes. De repente sintió una enormes ganas de cargar toda aquella arena y llevársela consigo. Pero era un espejismo, a todos les pasaba igual, era la sed.

— Said, quiero llegar ya a ese lugar... — no es desconfiara del mercader fenicio, su única guia en aquella soledad angustiosa, sino que realmente se sentía apurada — tengo sed.

El fenicio alargó levantó la mano, mostrando el dorso de la mano y detuvo su andadura. Poco después la caravana estaba detenida en medio de una de las peligrosas dunas de Cataczai. Un muchacho bajó de su camello y se dirigió a la parte delantera de la caravana con una cantimplora en la mano. Bulma lo vio al pie de su camello, sujetando su estribo y bajo la atenta mirada del fenicio y del muchacho, dio un buen trago a aquel agua; que por otra parte estaba caldosa. El gesto le provocó una violenta tos, y se sujetó al estribo mientras respiraba con fuerza con las piernas semidobladas.

— Mi señorita, no haga eso — dijo el fenicio, que continuaba atento, señaló el sol — podría tener una convulsión...no se duerma, no haga eso.

— ¡Cállate para eso te pago! — gritó Bulma — está bien, continuemos por favor, es algo de vital importancia lo que están haciendo. No lo olviden y si no ya estoy yo aquí para recordárselo.

— Mi señorita no paga a Said para escuchar groserías de ese tono — protestó casi en silencio el fenicio.

Cuando hubieron bajado de la alta duna, el fenicio señaló un punto en el horizonte, con expresivo ademán. Bulma y el resto de la caravana debían enfilar hacia un antiguo castillo destruido cuyas paredes estaban con la arena encima.

— ¿Este es el lugar? — dijo Bulma entrando. La verdad que se había esperado un lugar mucho más lóbrego, aquel lugar incluso era romántico pero de tan oculto estaba totalmente segura que no lo había localizado jamás en ningún mapa ni siquiera en su radar de las bolas mágicas. Si una bola mágica cayera allí a ella le resultaría imposible encontrarla. Hizo la prueba con el radar y su piloto y comprobó que era verdad lo que había dicho el fenicio. Se arrodilló ante el hombre diciéndole:

— Usted acaba de salvar a la humanidad.

— ¿Porqué dice eso señorita? ¿estaba en peligro?

— Por supuesto, y usted ni siquiera no sabía, nadie lo sabía salvo yo, pero me he dado cuenta de que nuestro cargamento es codiciado por muchos hombres malvados que quieren apoderarse de la civilización.

El resto la miraban sin comprender. El fenicio señaló un gigantesco baúl que aún estaba a punto de ser introducido en aquel sótano.

— ¿Se refiere a lo que hay dentro de ese baúl?

— Sí, nada menos que las siete bolas mágicas del dragón...ellas salvarán a este mundo de los hombres malvados que quisieran corromperlo.

Bulma colocó las bolas mágicas en un pequeño altar que se elevaba a dos metros sobre la arena. En ese momento la cueva de arena tembló bajo el estruendo de una explosión cercana. Una ráfaga de arena cubrió los rostros de los viajeros.

— Tenemos que darnos prisa, Said, sólo tú sabes invocar al dragón, por favor hazlo debidamente — imploró la chica de cabello azulado al fenicio.

Éste la miró unos minutos en silencio. — ¿Cumplirá usted su promesa de mantener la paz en el continente? Mi gente ha sufrido mucho desde que hemos regresado del otro mundo, no quisiera haber resucitado para de nuevo ver a mi gente perseguida por el hombre malvado que lanza fuego.

— Te lo prometo — dijo Bulma, en serio, colocando su mano en el hombro de él. Era bastante bajo de estatura, como la gente de la época antigua pero sus ropas eran exquisitas.

Invocaron al dragón, Shenlong que surgió: Quién osa despertar mi sueño?

— Nosotros — dijo Bulma — bueno yo. Soy Bulma Briefs.

— ¿Cual es tu deseo?

— Mi deseo es ser la princesa de toda la tierra, la más poderosa princesa.

— Son dos deseos, ser princesa y ser la más poderosa. Elige uno.-no tengo mucho tiempo, si no te decides, regresaré al otro mundo.

— Ay, espera, a ver, a ver, está bien en principio, deseo ser la princesa de la Tierra.

— Muy bien, tu deseo te será concedido.

Lejos de allí, en el monte Flypan, la reina acababa de morir, y su alteza real la princesa Chi-chi miraba a su padre con una inmensa tristeza en sus negros ojos. Su atuendo consistía en un trikini azul marino y un casco rosa con una pluma de acero afilada. El atuendo de su padre combinaba con el de la hija, excepto por el hecho de que él usaba unos binoculares gruesos, ambos lucían capa, pluma en el casco y armadura rígida..

— ¿Qué vamos a hacer sin mamá, padre? — decía la malvada princesa derramando lágrima una tras otra sobre una calabaza.

— No lo sé hija, sólo sé que según nuestra ley, tú eres ahora la princesa del reino de Ox y te corresponde toda la responsabilidad que tenía tu madre. Tendrás que ser valiente y fuerte como lo fue ella.

— Pero mamá, ella era justa y sabia y yo, ¡papá sólo tengo veintitrés años! ¡no puedo gobernar aún! No estoy preparada, ni siquiera he ganado el torneo de artes marciales, ni he terminado la universidad de guerreros. Dicho esto se echó a llorar.

— Hija, no llores, eres joven pero ya eres una adulta. No tienes a tu madre, tendrás que echar mano de lo que tu pobre padre te enseñe, echaremos de menos a tu madre.

— Sí, papá, voy a ser fuerte por ella. Seguiré tus consejos.

— Así me gusta, y si vas a seguir mi consejo, lo mejor es que hagas una reunión de príncipes y escojas un marido.

Chi-chi tragó saliva, en ese momento "me arrepiento de haber prometido esto a mi padre". Sin embargo recordó que su madre siempre le había dicho que debía cumplir si empeñaba su palabra si quería gobernar Ox.

— Seguiré tu consejo — dijo ella.

Al instante las tripas de ambos se pusieron a rugir, haciendo un enorme eco en las paredes de piedra del castillo ,pero nadie en el palacio les hizo caso.

— Papá, ¿has oído eso? — dijo Chi-chi sonrojada, mientras sus tripas no dejaban de sonar. Era de verdad algo desagradable.

— No, hija, somos reyes, no oímos ciertas cosas — Ox estaba más sonrojado que nunca.

— ¿Porqué no acude nadie a llamarnos para comer papá?

— Hija, tu madre, la reina acaba de morir, nunca más nadie nos va a llamar a la mesa para comer.

Una ráfaga de viento cruzó el interior del palacio, de esquina a esquina, acumulando polvo en el trono vacío de la reina. Se veían ambos de pie en la escalinata del salón del trono, todo parecía tan vacío sin la reina, como si su palacio hubiese sido asediado y sus guardias asesinados.

De repente volvieron la cabeza, la puerta principal se había abierto de par en par. Un hombre sosteniendo una azada surgió desde el exterior.

— Majestad, alteza — dijo el hombre — por favor, avisen al ejército, ¡ha estallado la guerra mundial! ¡una nueva reina se ha coronado a sí misma en Cataczai!

— ¿Cómo se llama esa impostora que pretende arrebatar el trono de mi madre?

— Creo que se llama Lady Bulma, princesa Chi-chi.

— Bulma, eh, no me suena ni como contrincante de las artes marciales... tengo que hacerme fuerte como papá, sino pronto quedaremos sin país en el que reinar.

Pero todo esto ha ocurrido hace un año exactamente, y las bolas del dragón ya han dejado de ser piedras y han comenzado a ser buscadas por innumerables delincuentes y criminales, y sobre todo por un perverso general llamado Red. Así que la princesa Bulma, desde su fortaleza de Cataczai ha comenzado a ser asediada por un perverso marciano de color azulado, llamado Pilaf. Él y sus dos secuaces, Mai y Shu tienen un ejército de robots y quieren asegurarse de que Bulma no vuelva a reunir de nuevo las bolas del dragón.

— Esto es un rollo, mi amo, deberíamos atacar — dijo Mai, tomando la delantera. Es detenida por la pequeña mano de su jefe, que mueve un dedo en señal de negación.

— Mai, si atacamos ella puede responder a nuestro ataque, no olvidemos que ella es ahora la princesa de la tierra.

— No lo será toda su vida, en cuanto tengamos las bolas, invocaremos al dragón y pediré gobernar el mundo — dijo el hombrecillo riendo a continuación.

— No se olvide de nuestra recompensa, amo Pilaf...

— Ah, sí, sí, claro, os daré el mapa de la cueva del pirata anglo.

— No, señor, usted habló de una donación de monedas de oro que...

— Ah jajajaa, claro, el dinero...bueno, debo informaros que me lo gasté todo en construir una fortaleza volante y el ejército de robots.

— Debería habernos avisado antes...

— ¡Basta de tonterías! Nos moveremos de aquí cuando ella salga de su fortaleza a buscar las bolas mágicas, sé bien que tiene otro deseo. Pero venga, arrodillaos, arrodillaos aprisa que tengo buenas ideas.

— Oh, gran Pilaf, tus oídos son tan maravillosas que escuchan a través de cualquier pared.

Mientras tanto, dentro de su palacio, la princesa Bulma está sentada en el trono de la tierra, mientras lee con detenimiento el periódico.

— ¿Qué es esto? — pregunta Bulma a su padre.

— Hija, en esa noticia pone que se celebra el torneo de artes marciales...

— ¡Y que ha sido muy concurrido! Sin embargo a este castillo no viene nadie nunca, sólo ese gnomo color azul a espiar y esa extraña princesa con un cuchillo en el casco...

— A mí me parecen todos, gente maravillosa, hija — interrumpió su madre, mientras regaba las armaduras de unos soldados cubriéndolas de una capa de óxido muy interesante.

— ¡Mamá! — casi gritó — te agradecería que no alabases a mi rival al trono ni tampoco a alguien tan diabólico como ese Pilaf...

— ¿No puedes prestarles las bolas del dragón un rato? — preguntó su madre — ¿un rato chiquitín?

— ¡No! Me costó mucho construir el radar de las bolas mágicas, y sobre todo hacerme con la bola número cuatro.

— ¿Qué tiene de especial la número cuatro, hija? — preguntó curioso su padre.

— Oh, papá, — casi lloró Bulma — la bola mágica número cuatro pertenece a un chico que vive más allá de Zuquitia...

— ¿Más allá de Zuquitia? Pero si eso es la montaña, la selva.

Bulma asintió. — Me siento tan mal por él, tuve que engañarlo, cuando se disponía a darme la bola mágica, usé mi pulsera de cambiar tamaño y le di esquinazo.

— Eso está mal, hija, le robaste a ese chico, ¿y crees que de verdad aún se acuerde de ti?

— No lo sé, sólo sé que ser princesa del mundo no es la maravilla que yo había pensado, no tengo todas las joyas que hubiese deseado, y no estoy rodeada de amigos ni siquiera tengo novio — se echa a llorar.

— Oh, hija, tal vez deberías buscar esa bola mágica de cuatro estrellas y devolverla a su dueño...

— Pero, ¿cómo voy a buscarla si ese psicópata de Pilaf va a perseguirme? ¡tengo miedo!

— Eso debiste de pensarlo antes.

— Pues a mí se me ha ocurrido una idea, hija mía — dijo su madre, volviendo con tinta y papel.

— ¿Qué quieres que haga con esos cacharros mamá? El dragón ha resucitado a civilizaciones antiguas pero yo todavía sigo siendo ciudadana del mundo moderno.

— Oh, pero Bulma.

— Lo haré con esto, un panel de oro y diamante y escribiré un mensaje en todas las lenguas de la tierra, para que cualquier ser inteligente del espacio exterior pueda comprenderlo y quizá así logre ayuda. ¿No era eso lo que pensabas, mamá?

— Oh, hija, claro que sí, aunque yo mas bien pensaba en que invitaras a los extraterrestres apuestos a un gran baile para elegir marido.

— Cambiaré el mensaje, irá dirigido al monarca de los planetas de esta galaxia, y también de las cercanas, quizá alguien responda.

— Estupendo, Bulma querida, luego si quieres yo le daré mi toque femenino, sin toque femenino dudo que atraigas ninguna atención.

— ¡Mamá! — protestó Bulma.

— Tu madre sólo quiere ayudarte.

En el palacio de Ox, el rey Satán y su hija seguían muriendo de hambre, así que habían seleccionado una serie de candidatos para que cocinaran sus platos preferidos. Chi-chi en particular estaba pensativa.

— Oh, papi, esa princesa Bulma se ha llevado a Shula y algunos de nuestros mejores guerreros. Debe tener algún poder que nosotros aún desconocemos.

— Sí, suerte que hace tiempo te encontraste con la calabaza mágica. Nos ha salvado de la ruina. Dicen que Bulma tiene unas esferas con estrellas que le conceden cualquier deseo, por loco que sea...

Ox Satán se quedó mirando a la no tan larga fila de pretendientes al trono de la cocina de palacio. Se relamió de gusto porque si alguno resultaba ser mal cocinero lo pagaría con la vida, él siempre había sido cruel y no le importaba que gente desconocida a su alrededor se dieran cuenta.

—Será mejor que empecemos a pasar lista, Chi-chi hija.

— Está bien, papi...

La princesa preguntaba sus nombres y ellos debían gritar "presente", si no lo hacían Chi-chi abría sacaba el tapón de la vasija y el sujeto era atraído por una serie de vapores al interior del recipiente hasta quedar atrapado para siempre en el aparato. Chi-chi estaba muy contenta con su nueva arma que le había permitido ganar el último torneo de artes marciales.

— ¡Pamputt!

— ¡presente!

— ¡Oolong!

— ¡Presente!

— ¡Nam!

— ¡presente!

Sólo un sujeto captó la atención de la vesánica princesa, era un chico de aproximadamente su edad, que llevaba un bastón colorado en el hombro y silbaba despreocupado, mirando el techo. "¡Vaya un paleto!" pensó la sanguinaria princesa.

— Tu nombre — dijo la princesa al llegar a la altura del moreno.

— No me has dicho el tuyo así que...no sé porqué tendría que decírtelo — dijo el chico silbando a su vez.

— ¿Quién ha traído este paleto a palacio? — preguntó Chi-chi, mirando en derredor.

Ox Satán en seguida quiso poner paz en el temperamento de su hija.

— Chi-chi, cariño, ¿no crees que te estás pasando? Estos chicos son extranjeros, trabajan de temporeros, quizá no entienda nuestro idioma.

Ella hizo caso omiso a las palabras de su padre y se acercó al chico de los mofletes colorados y pelo en punta. Lo miró con odio, un odio despectivo.

— Papá, ¿no vas a decirle que tenga mejores modales? — inquirió la princesa Chi-chi con denuedo.

— ¡Claro que no! — interrumpió el chico mirándola con la cara ladeada — porque la que tiene que mejorar sus modales es la princesa.

— ¡Arrodíllate ante la princesa! — le ordenó Chi-chi.

— ¡No me da la gana! — exclamó el del bastón.

— Entonces di tu nombre.

— Te daré una buena tunda.

— Eres un gañán y pareces un demente con ese bastón en el hombro asustarás a todo el mundo — dijo Chi-chi, riendo.

— ¿Quieres que te asuste a ti? — dijo el chico sacando el bastón, mientras la miraba con cara hosca.

— Papá — Chi-chi corrió a echarse a los brazos acogedores de su padre, quién la abrazó, flexionando su gran cuerpo.

Mientras el sujeto se colocó detrás de la princesa y estiró el bastón hasta levantarle la capa azul.

— ¡Bah! Tienes las piernas algo delgaduchas pero tienes buenas caderas... — rio mientras miraba atentamente.

Todos los demás presentes comenzaron a reír y Chi-chi lloraba más fuerte. — No llores, Chi-chi, recuerda que eres una princesa.

La princesa Chi-chi contuvo las lágrimas no sin esfuerzo, se dirigió al sujeto y le dio una patada en la espinilla. Luego sacó su cuchilla que manejaba como boomerang y la lanzó en pos del chico que la saltó varias veces como un mono ante el regocijo de los concurrentes.

— ¡Chi-chi! No hagas más tonterías — pidió su padre, al ver que su hija era más débil que el hosco sujeto del bastón.

— Ahora verás, estírate bastón — dijo el sujeto — no tengo idea de porqué los demás le dicen sus nombres pero yo no tengo porqué aguantar más ofensas.

Dicho esto comenzó a sacudir a la muchacha con todas sus fuerzas, primero las torneadas piernas, luego fue subiendo hasta llegar al vientre. Ella cayó al suelo y el muchacho golpeaba con todas sus fuerzas, y no era un debilucho de forma que cuando ella quería levantarse le caían encima una ensalada de bastonazos. Chi-chi yacía sobre un charco de sangre pero a nadie se le ocurrió ir a ayudarla a levantarse.

Cuando se irguió con la ayuda un codo, dijo — me las pagarás, mono piojoso, excremento de rata venenosa — dijo mientras sacaba la enorme cuchilla y la lanzaba hacia el chico, el cual la logró esquivar de milagro pero consiguió rozarle la mejilla provocándole una herida superficial.

— ¡Encógete bastón! — volvió a gritar el chico.

Esta vez, él se tiró al cuello de la muchacha como si fuese un lobo, la arrastró por el suelo ante la mirada aterrorizada de los demás, le golpeó la cara con los puños, pateó su cuerpo mucho más menudo que el de él, y al final cuando la tuvo totalmente inmóvil, tocó con mano temblorosa para comprobar si estaba viva. Ella movió ligeramente un pie y él dio un salto de mono hacia atrás volviendo a empuñar el bastón, observando si aparecía algún guardia o alguien que acudiese en ayuda de la princesa.

— ¿Ella está...? ¿está muerta...? — preguntó Ox Satán al muchacho.

Este no le respondió, siguió mirando huraño en dirección a la puerta. Volvió a enfundar su bastón pero antes de salir dando un portazo.

— Paguen a los trabajadores lo que que nos deben, y yo decidiré si esa princesa vive o muere.

La pobre Chi-chi no se había recobrado aún de los golpes del muchacho, cuando salió corriendo por la puerta trasera de palacio. Detrás de fue su fiel amigo, Pilaf que intentó consolarla.

— ¡Ay! ¡qué daño me ha hecho! ¡estaba tan asustada!

— ¡Oh pero le has respondido muy bien, alteza!— dijo un muchacho moreno, alto y delgado pero este llevaba un uniforme de tomar clases de artes marciales.

— ¡Eres un guerrero! ¡me puedes ayudar! — dijo Chi-chi coquetamente — a propósito, no tienes que llamarme alteza, llámame Chi-chi, ¿cómo te llamas tú?

— Me llamo Lobo Yamcha — respondió el otro estrechando la mano de la princesa, luego se retiró sonrojado — ah, ummm, lo siento princesa es la primera vez que toco la mano de una chica y me siento.

— ¿Cómo te sientes mi Yamchita? — preguntó Chi-chi acercándose al chico para darle un beso. Éste resbaló al momento por culpa de una piel de plátano que paseaba tan tranquila. "Ups, soy piel de plátano".

Chi-chi, viendo que Yamcha hacía aquel movimiento extraño para no caerse por culpa de la malvada piel de plátano, malinterpretó las cosas y se echó a llorar.

— ¡No me quieres porque piensas que soy fea! — lloraba la pobrecita.

— No es cierto, es que resbalé en la piel de plátano y... — se disculpaba Yamcha.

— ¡Ah sí! Pues a mí me gustan mucho los plátanos... — dijo ella sorbiendo la nariz.

Un chico permanecía escondido y había observado sin pretenderlo el coqueteo de la princesa de Ox.

— Así que le gustan los plátanos, a mí también, qué casualidad, — pensaba el chico del bastón, al que le empezaba a latir furiosamente el corazón.


N/A: Espero que les haya gustado leerlo, tanto como a mí escribirlo, muchas gracias por llegar hasta el final ;)