Alice POV
Desperté algo tarde porque apenas había logrado dormir en la noche. Solo espero que durante el tiempo que viva aquí no me toque ver a nadie más morir, porque es realmente horrible...lo que me recuerda...
-¡Charlotte! - la llamé cuando terminó de ayudarme a elegir un traje para hoy- Por favor, ¿puedes quemar el vestido que usé ayer?
-¡ Señorita ese vestido es nuevo!- exclamó mirándome alarmada- ¿Por qué quiere quemarlo? Es muy bonito...
Vale, tal vez quemarlo es algo muy exagerado y poco ecológico de mi parte, pero es que aunque lo laven sé que no volveré a usarlo y ni siquiera quiero verlo entre mis cosas: siempre tendrá un olor a sangre y muerte para mí.
-Bueno, entonces que lo laven y puedes quedarte con él cuando esté seco, pero yo ya no lo quiero.
Charlotte recogió el vestido del suelo para mirarme luego con los ojos muy abiertos por la sorpresa.
-¡Señorita, esto está lleno de sangre!- exclamó mirándome preocupada- ¡¿Le ocurrió algo malo anoche?! ¡Está usted herida!
-No te preocupes, esa sangre no es mía- susurré-, solo... no me sigas preguntando más y no le cuentes a Isabella nada de esto porque se va a asustar... lava el vestido y haz lo que quieras con él.
Me quedé la mañana en mi cuarto, repasando todas las cosas que había vivido la noche anterior sin saber bien cómo resolver el nudo que tenía en la cabeza... Sentía que en una noche había vivido demasiadas cosas y que a pesar de que lo intento aún no logro adaptarme del todo... ¡Si mi destino era retroceder en el tiempo ¿por qué no podía caer en los años 20 o algo por el estilo! Incluso ahora me muero de aburrimiento sin tener demasiadas cosas que hacer.
Creo que voy a aprender a usar el arco y las flechas. Charlotte dijo que la chica que solía vivir aquí disfrutaba de la arquería así que supongo que tal vez sirva para sentirme más parte de este lugar y porque de cualquier modo puede ser una buena forma de defensa. No puedo estar esperando que la gente me salve como en las novelas de época.
Algo me dice que si logro usar bien el arco, pronto podré aprender a usar la espada, aunque a juzgar por lo que he visto y vivido, parecen ser muy pesadas y peligrosas, por lo que por lo pronto, prefiero alejarme de ellas.
Estaba intentando practicar en un blanco imaginario que hice sobre un árbol del jardín, pero la arquería es más difícil de lo que pensé y no lograba ensartar ni una sola flecha en el tronco del árbol.
Lancé una última flecha sin darme cuenta de que el príncipe Edward iba paseando por ahí.
-¡Lo siento!- exclamé corriendo hacia donde estaba porque casi le doy con la flecha en un ojo- ¡De verdad que fue sin intención!
-Tranquila, yo lo sé - tomó la flecha con una mano y me la entregó-. Por lo que ví te haz vuelto realmente mala con el arco, si quieres puedo ayudarte a practicar.
Me reí un momento consciente de que me había puesto roja al imaginar la escena de él abrazándome por la espalda para usar el arco. Era curioso, porque esa excusa de ayudar a alguien que te atrae sí que es antigua y hasta creo que la he usado.
-No se preocupe- respondí sonriendo-, solo estaba jugando y creo que casi causo una desgracia así que es mejor dejarlo.
-De verdad que para mí no es una molestia ayudarte, tal vez incluso sea útil para tí aprender algo nuevo
-Creo que mejor me dedico a mis plantas- murmuré mirando la flecha en mi mano, ya soy bastante buena y supongo que no se puede ser buena en todo: ser muy ambiciosa está mal y causa más daños ue beneficios, así que prefiero concentrarme solo en esa tarea.
-¡Ya lo sé!- Edward me miró con una sonrisa ladeada tan bonita que no pude evitar mirarlo con cierta admiración- Si no quieres practicar conmigo porque piensas que me distraes o algo así, entonces puedo pedirle a María que te ayude, ella es una arquera increíble y estoy seguro de que no tendrá problemas en ayudarte.
Creo que si aceptara esa idea, la princesa encontraría más de mil nuevas excusas para humillarme. Pensándolo bien, esa sola idea le quita lo divertido a la arquería.
-Por tu cara puedo ver que la idea no te agrada- susurró el príncipe-, de verdad que me encantaría que tú y mi hermana se llevaran mejor, pero supongo que es difícil para dos chicas de casi la misma edad compartir una misma casa.
-No creo que sea envidia o algo así- respondí frunciendo ligeramente el ceño-, yo sé que la princesa es mucho más talentosa que yo y que tiene vestidos o joyas más finas, pero eso a mí no me importa. Solo no nos llevamos bien y dudo que podamos ser amigas realmente.
-Lo entiendo, dejaré de insistir entonces sobre el tema.
Durante la hora de almuerzo estábamos todos sumidos en un incómodo silencio. El príncipe Seth se había encontrado con el príncipe Jasper en el palacio y habían decidido venir a comer aquí porque el primero quería verme en sus ya tradicionales clases de baile y el segundo tenía asuntos que discutir con el dueño de casa.
-Alice, querida - Bella me tomó la mano un segundo mientras me miraba con una sonrisa-, estuve pensando y después de que juegues con Seth quiero que vengas a verme un momento.
-¿Qué hice ahora?- pregunté mirándola con los ojos muy abiertos y sintiendo que mi estómago se apretaba por los nervios. Si el príncipe Edward le contó que casi nos besamos es evidente que tendré que abandonar la casa y si es así ¿a dónde iré?
Mi profesor de historia decía que a veces a las chicas nobles que se portaban mal las enviaban de cortesanas con otros nobles o de prostitutas a las cercanías de los ejércitos... Si deciden castigarme así me he fijado que hay un puente lo suficientemente alto como para decirle adiós definitivamente a todas mis vidas.
-¡Alice, no me mires con esa carita tan angustiada!- Bella me miró como siempre: con todo el cariño y la ternura que era capaz de dar, por lo que pude respirar aliviada- Es solo sobre la conversación que tuvimos ayer ¿recuerdas? Ya es momento que comiences a aprender las tareas que debe realizar una mujer casada.
En ese preciso momento sentí como tres pares de ojos me miraban fijamente. Los tres príncipes habían dejado de comer para centrar su atención en mí y en la conversación que estaba teniendo a lugar con mi hermana, por lo que tragué el nudo de mi garganta y decidí agachar la mirada para concentrarme en mi plato de verduras... ¡Sin duda las zanahorias hoy se ven muy lindas!
-¿Alice se casa, cuñada?- preguntó María con una sonrisa de satisfacción en la cara- ¿Quién ha pedido su mano?
-No aún...- respondió Bella-, pero creo que ya es hora de preocuparme de este asunto. Espero que este sea el último invierno que Alice pase soltera, así que es necesario que esté preparada para que sea una buena esposa.
Esta sin lugar a dudas es una conversación incómoda... ¡odio ser el tema de pláticas! Sobre todo porque esto mismo pudo habérmelo dicho en privado y no delante de la mitad de la familia real... ¡¿O es acaso que me está ofreciendo como esposa a los dos hombres solteros de esta mesa?! ¡Supongo que así se sienten las vacas!..
Me imaginé por un segundo mi vida de casada con ambos: Por una parte Seth solo querría jugar conmigo y me pediría que le enseñe a dibujar mándalas o a hacer trucos sencillos de magia, aparte pelearía conmigo cada maldito día si no lo dejo ganar algo. Nuestros hijos, en caso de que se consume el matrimonio, se llamarían Sara o Alia si es niña y le dejaría elegir el nombre si es niño, sabrían bailar como yo, aunque no crecerían demasiado porque ni el príncipe ni yo somos muy altos...
En cambio mi matrimonio con Jasper estaría basado en la solidez que pueden proporcionar las amenazas de muerte: "¡Mujer, mi caballo está muy gordo y apenas corre ¿quieres que te mate por eso?" o " Te cortaré la garganta si te entrometes cuando estoy con mi espada" o "maten a mi esposa, de todas formas me casé con ella porque me la ofrecieron a la hora del almuerzo y no había nada mejor que hacer"... Aquí sin lugar a dudas no habrían hijos, porque me mataría antes de la noche de bodas...
-Querida, ¿no crees que te estás apresurando?- la voz de Edward captó mi atención y volví a conectar con la conversación, pero... ¿siguen hablando de mí? Por la forma en que todos me miran, sí: aún deciden sobre mi destino- Alice aún es muy joven y no estaría mal esperar un tiempo.
-¡Está bien!- exclamé ganándome la atención de todos- No me molesta aprender cosas nuevas y menos si Bella me enseña, además no significa que vaya a casarme.
-Estoy segura de que pronto encontraremos el marido perfecto para tí...- Bella miró a la princesa María con una pequeña sonrisa- princesa, si quiere puede acompañarnos durante las tardes.
-No, gracias- respondió la princesa fríamente-: recibo toda la educación que necesito en el palacio y creo que la señorita Alice necesita las lecciones más que yo: hoy la vi practicando con el arco y por poco no le saca un ojo a alguien.
Me quedé en silencio porque no me importaba lo que podía decir o pensar la princesa. Ahora solo me importa que mi hermana sigue con la idea de casarme para buscar protección, ya que es difícil hacerle entender que yo me puedo cuidar perfectamente bien sola.
Tal vez deba comenzar a guardar mis joyas más finas: en caso de un matrimonio con alguien que no me agrade, puedo empeñarlas y vivir bien por un tiempo...
Me quedé un rato con Seth en los jardines, pero estaba tan distraída que no lograba concentrarme en la coreografía que estaba inventando.
-Alice, ¿te pasa algo?- negué lentamente con la cabeza- ¿estás preocupada porque tu hermana dijo que tenías que casarte?
-Lo siento...- susurré tratando de fingir una sonrisa- ya se me va a pasar.
-No tienes que preocuparte porque a veces los matrimonios no son para todo el mundo: mi mamá no está casada con el rey y de todas formas mis abuelos la quieren mucho y somos muy felices.
-Si lo sé- respondí apoyando mi espalda en el tronco de un árbol. El chico se sentó a mi lado mientras yo suspiraba-, siempre he dicho que es mejor convivir y luego casarse, pero mi hermana no entiende eso...
-¡Ya sé! - exclamó mirándome con una sonrisa- Si te preocupa tanto tu matrimonio con un hombre desagradable, yo estoy dispuesto a sacrificarme y casarme contigo- pestañee confundida mientras él seguía hablando-. Le pediré permiso a mi padre para pedir tu mano, aunque tendrás que dejarme tener una segunda esposa: casarme contigo ya es suficiente martirio como para soportar que seas la única mujer en toda mi vida.
No pude evitar reírme en cuanto terminó de hablar.
-¡Eres tan adorable!- exclamé pellizcando sus mejillas con mis manos- Pero no tienes que sacrificarte por mí, yo estaré bien.
-Tengo algo que decirte- se puso de pie y me miró completamente nervioso. Comenzó a patear una piedrita invisible con su bota mientras yo notaba que tal vez había dicho lo del matrimonio en serio.
Si Seth se pone en plan "ninguna chica me ha tratado como tú", tal vez sea el momento de aclararle que solamente estaba intentando ser su amiga.
-Ninguna chica me ha tratado como tú antes- murmuró bajando la mirada... ¡Ay no!
-¿De verdad?- pregunté abriendo mucho los ojos- Los hombres han usado esa frase por más de mil años, quiero decir, es buena, pero ¿la enseñan en la escuela? ¿eso es lo que aprenden de los maestros por estos días?
-¿Mil años?...Con razón Bella quiere casarte rápido, estás demasiado loca...¿Sabes qué? No voy a sacrificarme por ti; no quiero una esposa demente...
-No pienses en eso- respondí-, aún eres muy joven como para pensar en matrimonio.
Al final, cuando Seth se fue, Bella no me enseñó nada nuevo, decidió que las clases comenzarían al día siguiente porque no se sentía muy bien y quería pasear por el pueblo con su esposo y conmigo.
Caminar por las calles con ellos era muy extraño, porque todo el mundo saludaba al príncipe Edward y hablaban de lo amable o bueno que era; todos tenían algo que agradecerle por muy pequeño que fuera y creo que le escuché a más de alguien que él debería ser el rey... ¿será que el príncipe heredero puede cambiar? ¿por qué me da una sensación de escalofríos cada vez que pienso en la persona que va a heredar el reino? ¿por qué siento que algo malo va a pasar?
-Alice, creo que mi esposa va a tardar un poco en la tienda de telas- murmuró el príncipe Edward mientras yo miraba unos puestos de comida- ¿Me acompañas un segundo?
Asentí y le seguí por una tienda que vendía algunas plantas, luego pasamos a una habitación que tenía una mesa llena de frascos con productos exóticos: flores, plantas, algodón, esencia de frutas y un montón de cosas que servían para preparar productos de belleza.
-Es todo tuyo- susurró Edward poniendo sus manos sobre mis hombros.
-¡¿De verdad?!- exclamé emocionada- ¡Muchas gracias! ¡Podré hacer jabones y perfumes y maquillaje! ¡Será tan divertido!
-Me gusta verte contenta...- Edward me tomó de la mano y me indicó que me sentara para luego quitarme el pañuelo que me había atado al cuello para ocultar mi herida - ¿Te haz sentido bien?
-Sí, casi no me duele así que todo está bien.
En completo silencio, el príncipe comenzó a aplicarme una crema en la herida, dijo que era para evitar que quedara una cicatriz, pero yo solo podía prestar atención a las suaves caricias en mi cuello.
Había comenzado a sentir un leve cosquilleo cuando me tocaba y, aunque me sentía nerviosa, no quería que se detuviera.
-Alice...- suspiró mi nombre antes de acariciar una sola vez mi mejilla y gue esa la señal de que sea lo que sea lo que estaba pasando en esta habitación, debía detenerse.
-Debemos volver- me apresuré a ponerme de pie y alejarme lo más que podía de él-, Bella debe estar esperándonos y ya comienza a hacer frío; le puede hacer daño.
Me apresuré a salir de la tienda, el corazón me latía acelerado mientras trataba de hilar mis pensamientos.
Ver a Bella de pie en la calle, en medio del frío, esperando a su esposo mientras él estaba conmigo ¡y suspirando mi nombre! , me hizo sentir la criatura más miserable del universo. Yo no me merezco una hermana como Bella, ni siquiera merezco que me quiera o se preocupe tanto por mí.
Tal vez al final sí me merezco un matrimonio arreglado básicamente por no ser una buena hermana y por permitir que el príncipe Edward se acerque a mí más de la cuenta, sin siquiera saber qué es lo que exactamente siento por él.
Bella POV
Me había casado con el príncipe Edward cuando tenía 19 años. Aún recuerdo el día de nuestra boda, lo guapo que él se veía y lo mucho que lo amo desde que lo conocí.
Yo lo amo, cada día me despierto aún más enamorada de este hombre de cabello cobrizo, ojos color caramelo y bonita sonrisa. Lo amo, pero sé bien que él no siente lo mismo por mí o si lo sentía, nunca me lo dijo claramente.
Alice llegó a nuestras vidas , cuando ella era una niña de 14 años, había quedado huérfana y yo era su familia más cercana. Comencé a verla como mi hija, ya que esperaba ilusionada el día en que lograra quedar embarazada. Mas en tres años, los niños nunca llegaron y lo que sí llegó fue una enfermedad que día a día solo consigue debilitarme.
Desde que enfermé, Alice se ha dedicado a cuidarme, aunque desde su accidente ella ha cambiado mucho y sus habilidades como enfermera han disminuido bastante. De todas formas, estoy agradecida por tenerla a ella como mi hermana.
He notado, sin embargo, desde hace un tiempo que mi príncipe siente una cierta inclinación por mi hermana. Tal vez Alice no se da cuenta, porque parece ser muy inocente, pero yo sí he notado la forma en que Edward la mira: sus ojos brillan cada vez que la ve y percibo los celos cuando otro de sus hermanos se le acerca.
Me duele, porque mi esposo nunca me miró de esa forma, pero en cierto modo me alivia: Edward y Alice son lo que más quiero en este mundo y sé que si ambos se tienen el uno al otro, nada malo podrá pasarles. Ella podrá darle los hijos y la felicidad que yo nunca le dí y él podrá cuidarla y protegerla mejor que nadie.
Es por esta razón que organicé la visita al pueblo y les dí la oportunidad para que estuvieran solos, quiero que logren cierta intimidad y que Edward se decida a tomarla como su segunda esposa. Me encantaría ver a Alice casada, así que espero de todo corazón que eso suceda pronto.
Al otro día me alegra recibir la visita del príncipe Jacob en mi casa, él siempre ha sido un buen amigo y una gran compañía. Sé que me quiere, tal vez como algo más que una cuñada, pero lamento mucho no poder corresponderle.
-Me alegra que ya estés un poco más recuperada- murmura mientras dibuja en su libreta cuando tomamos el té en los jardines-, te verás preciosa cuando salgan las primeras flores de la primavera.
-Me temo que no estaré aquí para la primavera...- deja de dibujar y me mira preocupado- cada día es más difícil para mí estar levantada, no puedo agitarme demasiado y ya ni siquiera puedo cumplir con mis deberes de esposa... Lamento mucho que tengas que oír esto, lo siento.
-Está bien- Jacob me dió la mano y la acarició con el pulgar por un momento-, Bella tu sabes que yo te quiero mucho y no me molesta que hables de mi hermano. Yo lo único que quiero es que tú seas feliz.
-Muchas gracias, de verdad agradezco mucho tus visitas y lo dulce que siempre haz sido conmigo.
Nos quedamos en silencio un momento, mientras él seguía dibujando y yo aprovechaba de beber un poco de té, apareció Alice por entre los árboles. Traía un pequeño conejo en los brazos, se recostó en el pasto y comenzó a jugar con él.
- Tengo que buscarte un nombre... - murmuró acariciando al conejo en la cabeza- creo que los caballos se han llevado todos los buenos nombres que tenía... ¡Te llamaré "Bigotes"! ...
-¿Esa es Alice?- preguntó el príncipe Jacob mientras la veíamos jugar- Supe que tuvo un accidente, pero está muy cambiada a cómo era cuando la conocí: era muy tímida, muy callada y obediente; ahora parece un poco más confiada.
-Así es...- murmuré sonriendo- sus recuerdos no volvieron, pero ahora parece ser mucho más cálida que antes. Parece más feliz y me gusta verla así: tierna y alegre como las niñas de su edad.
-Vi la pelea que tuvo con Seth- el príncipe sonrió un segundo recordando-, sin lugar a dudas es la chica más entretenida del pueblo.
-Es una chica muy libre: dice y hace cosas que nadie piensa- no pude evitar sonreír al mirar a mi hermanita-... solo espero que nadie le haga daño cuando yo no esté para cuidarla... Jacob tengo que pedirte algo.
-¿Qué cosa, Bella?- me miró a los ojos preocupado- Sabes que yo haría lo que sea por ti.
-Estoy segura de que pronto Alice va a casarse- murmuré con mis ojos llenos de lágrimas-, pero si no ocurre tal acontecimiento o si logra un matrimonio con alguien que la proteja y la ame, quiero que la cuides como me haz cuidado a mí todo este tiempo. No soportaría saber que ella sufre y que no tiene a nadie que vele por ella.
-Si se casa, es suficiente con que su esposo la proteja.
-Tú me cuidas a mí aunque esté casada- murmuré frunciendo el ceño-, con Ali no debe ser diferente.
-Vale, te lo prometo- me miró a los ojos con una pequeña sonrisa-. Cuidaré a esa niña loca como si su vida fuese la mía... ¿Contenta?
Sonreí en respuesta, Jacob es un buen amigo, muy leal y honesto, así que sé que cuando muera él cuidará a mi hermana.
Por ahora, solo espero que la vida me dé suficiente tiempo para asegurarme de preparar a Alice para su vida de casada; el matrimonio conlleva muchas responsabilidades y me da miedo que ella no esté lista para esto.
Sé que durante un almuerzo presioné sobre el tema frente a miembros de la familia real, pero es porque sé que Seth frecuenta a Ali y que si Edward piensa que alguien más puede pedir su mano, entonces él hará algo para casarse con ella.
Lo único que espero es tener el tiempo suficiente para que todas las piezas encajen exactamente en su lugar...
Jasper POV
Mi madre... ¿cómo no se me ocurrió antes?
Mamá es capaz de todo por asegurar a un hijo suyo en el trono. Siempre he sabido que está obsesionada con ser la reina madre, pero no se me había ocurrido que pudiera hacerle daño a Emmett dentro del palacio.
Quiero a mi hermano, pero James tiene razón: es mi mamá y aunque la delate, eso nunca va a cambiar ¿Será que está mal proteger a mi madre bajo cualquier circunstancia?
Emmett me ha pedido ayuda con la investigación: no voy a perjudicar nada ni mucho menos, solo iré un paso por delante y averiguaré que tan involucrada está mi madre en todo esto.
-Encontramos los cadáveres de los asesinos cerca del río- murmuró Garrett mientras me guiaba a una sala del palacio donde Emmett me esperaba-, creemos que es importante que los vea, Alteza.
Me acerqué a las mesas para mirar los cuerpos. Ya he visto gente muerta antes, así que no me sorprendían demasiado. Pero cuando Garrett abrió la boca de los sujetos pude notar que no tenían lengua: alguien les había cortado la lengua antes del ataque al palacio y luego James los asesinó ... ¿pero por qué? ¿Qué les prometió como para que se dejaran cortar la lengua?
-No lo entiendo- murmuró Emmett cuando salimos de aquel cuarto-, si el líder les cortó la lengua ¿por qué asesinarlos después?
-No tenían las lenguas de antes- señaló Garrett con seriedad-: hay templos que castigan a sus monjes cortándoles la lengua cuando actúan de forma imprudente. Tal vez estos asesinos pertenecen a uno de aquellos monasterios.
-Tiene sentido...-respondí tratando de analizar la información que tenía- los miembros de la familia real patrocinan a muchos templos, alguno de ellos debe ser el que proporcionó a los asesinos y contando con ayuda de la familia era más fácil entrar al ritual.
-¡Garrett, quiero que busques los registros de todos los templos que patrocina nuestra familia!- exclamó Emmett después de meditarlo un rato- Creo que al final del día podremos descubrir quién está detrás de todo esto.
Caminé dentro de la casa de Edward, por los jardines intentando pensar. No quiero ser yo quien delate a mi madre, pero tampoco puedo traicionar a mi hermano protegiéndola : si hago eso jamás podría pedirle al rey que me permita quedarme en el palacio y no tengo más lugares a donde ir. Además, no quiero seguir viviendo una existencia miserable con la familia Vulturi...¿Qué hacer?
Durante aquella tarde hablé con Edward sobre mi estadía en su casa. Dijo que podía quedarme el tiempo que el rey determinara y que lo mejor que podíamos hacer era olvidar todo rencor y volver a llevarnos bien. Accedí, solamente porque no tenía cabeza para más conflictos y porque según las órdenes de mi padre debía quedarme hasta resolver el asunto de los asesinos.
Por lo pronto, solo sé que Emmett y Garrett tardarán al menos hasta mañana en descubrir el vínculo que une a mi madre con el templo. No es demasiado tiempo, pero creo que si me involucro seré el único perjudicado.
Durante la noche apenas pude descansar un par de horas, no podía dejar de pensar en mi madre y en que, si ella caía en desgracia, mis hermanos se verían perjudicados. No me importa demasiado James porque él es básicamente un idiota, pero Jacob parece ser buen muchacho y ya ha sufrido antes por las decisiones de mamá.
Para nadie es un secreto que justo por las fechas en que Bella se casó con Edward, mi hermano Jacob estaba dispuesto a pedirla como esposa. Sin embargo, mamá causó un accidente en el que murió una de las concubinas favoritas del rey, ella se excusó diciendo que era culpa de nuestro padre por no visitarla más a menudo. En consecuencia, le perdonaron la vida, pero toda la familia cayó en desgracia por su culpa y Jacob jamás pudo pedir la mano de Isabella, así que solo ha tenido que conformarse con su amistad y las heridas de un amor imposible y no correspondido.
La luz del sol comenzó a alumbrar los jardines y mientras me vestía, supe que ya había tomado una decisión. Busqué en el establo a "Negrito", esperé a que comiera un poco porque hoy tenemos que hacer un largo viaje: el templo está bastante lejos y no quiero que el caballo desfallezca en el intento.
El monasterio quedaba en lo alto de una montaña, así que dejé al caballo en el valle para que descansara mientras yo terminaba lo que me había propuesto a hacer.
Entré al monasterio con mi espada en la mano. Era un lugar pequeño, con solo un patio central rodeado por las construcciones en que de seguro vivían los monjes. El silencio me rodeaba, pero no podía confiarme porque sabía que en cualquier momento podrían atacarme.
-¡¿Quién es el encargado de este lugar?!- grité avanzando por el patio- ¡Que salga ahora! ¡Es una orden!
No hubo respuesta de nadie, así que cerré los ojos para concentrarme en caso de escuchar la respiración de alguien, pero en cuanto los abrí, contemple a una veintena de hombres que me rodeaban y me amenazaban con sus espadas.
Sonreí un segundo antes de cortar el cuello del hombre que estaba frente a mí. Sentí su sangre caer sobre mi cara, pero no me molesté en limpiarme porque debía actuar rápido si quería salir con vida del monasterio.
Fui recorriendo los pasillos de aquel luegar mientras hería de gravedad a los hombres que intentaban atacarme. Era rápido así que los asesinos no tenían mucho tiempo para reaccionar al ataque de mi espada. Además, durante una caída aproveché de sacar una daga que guardaba en mi pierna para protegerme un poco de los ataques por la espalda que comencé a recibir.
Dicen que mientras más rápido y violento sea el ataque, antes el enemigo ve tus puntos débiles, pero no tenía tiempo para proceder con calma: me limité a hacer heridas graves en zonas vitales para que, en caso de no morir por el corte, murieran desangrados después de un rato.
Cuando terminé con el último de aquellos hombres, vi que mi espada goteaba con la sangre que había derramado, pero no me importaba: tenía que quemar el monasterio antes de que el príncipe heredero y sus hombres vinieran a investigar. Debía quemarlo para evitar que vincularan a mi madre con lo que ha pasado.
Al terminar de incendiar el lugar monté rápidamente mi caballo y me alejé para que nadie sospechara que había sido yo el causante de la masacre.
Ya era de noche cuando llegué al palacio, estaba todo oscuro y el silencio era ensordecedor. A estas horas no había nadie, ni siquiera los sirvientes o las damas de la corte estaban levantadas, así que me fue bastante fácil colarme en las dependencias de la reina.
Mi madre dormía plácidamente en su cama, se veía bonita cuando estaba así de tranquila y parecía mucho más joven de lo que en verdad era. Mas creo que hice ruido con la espada porque se despertó de pronto sobresaltada.
-¿Quién anda ahí? - preguntó sentándose sobre su cama.
-Madre, soy yo...- murmuré acercándome a la luz de las velas para que pudiera verme. Ella me miró bastante sorprendida y no es para menos: no había tenido tiempo de lavarme y aún estaba lleno de sangre, así que no debía ser una imágen muy agradable de ver- No se asuste, madre, sé que debí lavarme antes de venir a verla, pero quería decirle que no tiene nada de que preocuparse.
-¿De qué hablas?- me miró a los ojos con algo de desconfianza.
-Fui hasta el templo que está sobre las montañas de Cira y maté a todos los monjes- no pude evitar una pequeña sonrisa, porque después de todo para ella esto era algo bueno- : eliminé todo lo que podría vincularla con los atentados contra el príncipe heredero, madre.
-¿Y qué quieres que haga?- me preguntó después de suspirar exasperada.
-Madre...
-¿Quieres que te felicite? ¿Que te abrace y te pregunte si es que estás herido? Creo que fui lo suficientemente clara la primera vez que viniste: ¡No quiero verte!
-Madre...- podía sentir que mis ojos se estaban llenando de lágrimas.
-Madre, madre, madre...¡¿no sabes decir otra cosa?! - me gritó furiosa mientras yo intentaba no comenzar a llorar- Te lo dije antes, te lo digo ahora: ¡Yo no soy tu madre! Si reniegas de la familia que te adoptó entonces entiende que tú no tienes madre... ¡Mírate! Vienes a mi cuarto bañado en sangre y con un hedor a muerte que no me deja dormir y así quieres que te considere como uno de mis hijos.
Bajé un segundo la mirada completamente consternado por lo que estaba pasando.
-Es por mi cara ¿verdad?- susurré- Usted no me quiere por lo fea que le resulta mi cara.
-¡Ya te he dicho antes que sí!- gritó- ¡Es porque me da asco y repugnancia solo pronunciar tu nombre! ¡Tu no eres un príncipe: eres un animal que solo me trae desgracias! Yo... yo no sé qué mal hice en mis vidas pasadas para que de mi vientre naciera una criatura como tú... ¡No quiero que vuelvas a acercarte a mí ni a mis hijos! ¿Lo entiendes? - asentí en silencio mientras que le dedicaba una última mirada-... Nunca vas a ser más que un maldito perro...
Salí de la habitación con la rabia corriendo por mis venas ¡Todo lo que hice esta tarde había sido por ella! Arriesgué mi vida por ella, maté a un montón de gente por ella, ¡los dioses me castigarán por las vidas que he quitado y ha sido solamente por ella!
Pensé que el trayecto hasta la casa de Edward lograría calmarme, pero era inútil. Mamá me había rechazado dos veces y, aunque estoy acostumbrado a que la gente me trate con desprecio, no puedo negar que esto me duele más de lo que pensaba.
Vi la estúpida estructura de piedras que hacen las madres para pedir por sus hijos y no hizo más que llenarme de rabia y frustración. Se supone que la gente va a aquel lugar a pedir buenos deseos para sí mismos y sus seres queridos; incluso yo estuve ahí pidiendo para que todo saliera bien y mamá me aceptara, pero los dioses no hacen más que darme siempre la espalda e ignorar cada uno de mis deseos y sueños.
Completamente cegado por la ira comencé a golpear con mis puños las esculturas coronadas con una vela, hasta verlas totalmente destruídas. No podía detenerme porque, pensaba en las palabras de mi madre y en que si yo tuviera hijos jamás les causaría el daño que mis padres me han causado a mí...
- ¡Alteza, por favor deténgase! ¡Ya es suficiente!- sentí la voz de Alice antes de que ella me rodeara la cintura con los brazos para intentar detenerme, mas yo estaba totalmente enfadado y era incapaz de controlarme. Seguramente la desperté con todo el escándalo que estaba montando- ¡Esto lo hizo Bella y no tiene por qué destruirlo!
-¡Suéltame!..- grité antes de empujarla. La joven se cayó al suelo, pero se puso de pie de inmediato para mirarme preocupada- ¡Ella...ella no tiene el derecho a tratarme así!- yo seguía golpeando las construcciones que incluso ya estaban en el suelo. Estaba llorando y no era capaz de volver a la calma- ¡Después de todo lo que me ha hecho, ella debería venir a suplicarme!
-¡Por favor, tranquilícese! ¡¿Qué tiene en su mano...?!- Alice se acercó a mí para tomar mi mano- Es sangre...
-¡Sí!- exclamé mirándola a los ojos antes de reír un momento. Me estaba riendo porque las emociones me controlaban y porque irónicamente acusaba a esta chica de estar loca, cuando al parecer el loco aquí soy yo- ¡Es la sangre de todas las personas a las que maté hoy!... ¡¿No te da asco?! ¡¿No te da miedo que pueda hacerte lo mismo?!
-Sé que mató gente- murmuró mirándome la cara como si fuese lo más normal del mundo ver a un hombre bañado en sangre-, me basta con verlo para saber eso pero, ¿por qué no me explica sus razones para hacerlo?
La miré sin entender lo que estaba pasando, parecía realmente interesada en mi historia. Suspiró un momento antes de acercarse nuevamente a mí y sujetar mi mano con la suya.
-¿Está bien? ¿No está herido?- miró mis nudillos mientras yo no podía evitar que las lágrimas comenzaran a caer por mis mejillas al tiempo que la miraba a ella. Es vergonzoso, porque normalmente me guardo las lágrimas para los momentos de soledad y no frente a una mujer- ...¡Su hombro!- llevó su mano rápidamente a mi brazo para examinar que no estuviera sangrando- ¡Cuando lo curé le dije que no hiciera fuerza con el brazo! ¡¿Se abrió la herida?! ¡¿Le duele algo?!...¿No quiere que le prepare un té mientras reviso que su brazo esté bien?
-¿No crees que soy un monstruo o un animal?- pregunté cuando estuve un poco más calmado. Temía la respuesta, pero necesitaba saberla.
-Este mundo es bastante difícil- sus ojos me miraban de una forma que nadie me había mirado antes: comprensión... era algo extraño, pero creo que podría llegar a gustarme- , de seguro desde que es muy joven debe aprender a usar la espada y a defenderse. Siendo solo un niño debe esforzarse en sobrevivir y, aunque sea duro, matar personas por defender su vida...Su Alteza, no es un crimen querer vivir y aunque no quiera hablar conmigo, creo que entiendo sus razones. Todos nos estamos esforzando por sobrevivir aquí y usted no es diferente... ya se descargó lo suficiente, así que espero que esté un poco más tranquilo. Ya es tarde y debe intentar descansar...
Seguí con mis ojos la figura de Alice que se alejaba al interior de la casa para ir a su habitación. Me senté en el suelo mientras apoyaba mi espalda sobre una de las estructuras que se habían salvado y me puse a pensar.
Alice ha sido muy tierna conmigo, cuando ni siquiera me lo merecía. Se preocupó por mí, ¡incluso me preguntó si estaba herido!... No puedo evitar creer que ella es muy dulce, muy amable y muy bonita... tal vez por eso Seth viene a verla casi todos los días.
De alguna forma, cuando pienso en Alice, una sensación cálida me invade el pecho, es raro porque nunca la he sentido antes, pero tengo certeza de que ella es alguien especial...
