Alice POV
La mañana decidí acompañar a Bella al mercado, dijo que tenía que comprar unos libros que quería mostrarme, así que nos pasamos la primera parte del día buscando los libros y en su habitación mientras me los enseñaba.
-Querida, estos libros se suelen mostrar a las chicas cuando se casan- murmuró-; es una especie de guía para la noche de bodas. Hay familias que eligen el silencio, pero yo creo que es mejor preparar un poco a las novias al respecto.
No sé qué cara habré puesto cuando abrió las primeras páginas del libro, pero lo que sí sé es que no pude evitar la risa y la sorpresa. El libro era una especie de manual sobre educación sexual: era similar al kamasutra, pero distinto, ya que las imágenes estaban dibujadas y coloreadas a mano y eran muy precisas y muy bonitas. Sin lugar a dudas, la persona que las hizo es muy hábil y deberían estar en un museo o algo así.
Yo había tenido la charla cuando era pequeña, fue sin dibujos pero con la educación sexual en el colegio y la era digital de la pornografía, claro que sabía lo que eran las representaciones del libro... Lo que sí era interesante era la cantidad de posiciones: nunca me habría esperado que en el siglo X hubieran más formas de hacer el amor que en casi todo el siglo XXI. Además era un libro muy completo, que no se preocupaba solo de ser una guía para tener bebés, según los dibujos parecía buscar el placer para todos los integrantes de la pareja, así que me sentía gratamente sorprendida.
-Bueno, es importante que sepas que durante la noche de bodas pueden suceder situaciones... - mi hermana parecía más nerviosa que yo con el asunto- que pueden ser un poco incómodas, pero son parte de la vida de las mujeres casadas. Al principio será raro y puede doler un poco, pero no tienes que asustarte porque es normal, debes confiar en todo momento en tu esposo ¿está bien?
-Bella, no necesito manuales - murmuré con una sonrisa-, de verdad que estaré bien y... sabré salir airosa de la situación...¡no te preocupes!
-¿De verdad que no quieres que te explique?
-¡¿Qué me vas a explicar?! Sé cómo se hacen los bebés- me reí un momento al ver su cara-, así que no te angusties más de la cuenta.
-Oh...bueno... sí que haz crecido últimamente.
-No tienes que preocuparte tanto por mí, tenme un poco más de confianza, ¿está bien?
Me ayudó un rato con el bordado, antes de que decidiéramos pasear por los jardines. Ya hacía un poco más de frío y al parecer pronto ocurriría la primera nevada. Esto último me emociona un poco porque la verdad es que no conozco la nieve, solo la he visto por la televisión, pero eso no cuenta.
Con Bella estábamos volviendo de nuestro paseo cuando vimos a las sirvientas discutiendo, se pasaban de mano en mano una cesta mientras protestaban.
-Charlotte, yo digo que te toca a ti- murmuró una de las muchachas-, yo ya fui hace tres días.
-¡Pero si yo fui la semana pasada! - exclamó Charlotte frunciendo el ceño- y con lo que pasó ayer de verdad que me aterra ir, ¡yo no quiero!
-¿Qué está pasando?- preguntó Bella mientras nos abríamos paso en el círculo de empleadas.
-Lo que pasa es que estamos discutiendo quién debe ir a entregar la comida al príncipe Jasper- respondió Charlotte- y ninguna de nosotras quiere ir.
-¡Chicas, esto está muy mal!- exclamó Bella con algo de severidad, pero sin sonar enojada- No está bien que se tomen las comidas del príncipe con tanta ligereza... ahora decidan ¿quién de ustedes va a ir a entregar la cesta?
De pronto, las sirvientas me miraron todas al mismo tiempo.
-¡Pero que dicen!- exclamé riendo un momento- ¡Yo soy una señorita! Yo no puedo hacer entregas de comida... ¿cierto Bella?
Bella fingió que tosía un momento y me miró como si no me hubiese escuchado... Sin lugar a dudas las conspiraciones en mi contra continúan...
Tomé la cesta que al parecer tenía mi almuerzo y el del príncipe e inicié el camino a dónde él decidía pasar casi todas las tardes. Entiendo que las empleadas estén asustadas por todo lo que pasó en la noche con su ataque de irá, pero creo que exageran: no me imagino al príncipe Jasper matando a alguien solo porque le va a entregar algo de comer.
¡Pero es tan frustrante!
No tenía planeado caminar largas distancias el día de hoy. Pero aquí estoy, intentando esquivar las ramas sin enredarme demasiado con mi falda, al tiempo que avanzo para que no se me caiga la cesta. Pesa más de lo que pensaba y me siento cansada, porque tengo que subir la pequeña loma de un cerro.
¿Por qué estas cosas me pasan siempre a mí? Quiero decir, el príncipe podría comer o enojarse con el mundo en su habitación como la gente normal, pero no: decide ir a comer en la mitad de un cerro.
Le veo a la sombra de un árbol mirando hacia el horizonte. No me escucha llegar a pesar de que he hecho un montón de ruido pisando hojas y ramas.
-Ahí sentado luce tan inocente- murmuré mientras intentaba desenredar mi falda de un arbusto que no había visto-, nadie se imaginaría nunca que ayer hizo un gran escándalo y despertó a todo el mundo.
Creo que me escuchó porque me miró algo enfadado a lo que yo sonreí un momento.
-Buenas tardes, su comida ha llegado- me acerqué con la canasta y me senté cerca de dónde él estaba.
Saqué los platos para entregarle su porción y dejar dentro la mía. Me recibió la comida en completo silencio, antes de mirar otra vez hacia la misma dirección de antes.
-Gracias...- me dijo cuando yo ya había empezado a comer- ya puedes retirarte.
-No puedo- aclaré-, me dijeron que tengo que regresar con los platos y la cesta.
Asintió antes de mirarme como si mi compañía le resultase algo totalmente fuera de lo común.
-¿Qué está mirando?- pregunté al tiempo que me inclinaba para mirar al horizonte- Ah...Está viendo el palacio real ¿verdad?... He oído que ahí viven sus padres y sus hermanos, debe ser un lugar muy agradable.
-No lo sé, me fui de ahí cuando era muy pequeño, pero no estoy seguro de que sea del todo agradable.
-Alteza, ¿por qué usted no vive con sus hermanos? - me miró como si la pregunta le molestase - Quiero decir, he oído que pronto tendrá que marcharse, pero ¿no será más agradable si vive con sus hermanos como un príncipe? Podría solicitarlo a su padre; yo estoy segura de que no le dirá que no.
-Para vivir en el palacio necesitaría de una familia y eso yo no lo tengo.
-Claro que la tiene- le corregí-, usted tiene a sus hermanos... No se aparte de ellos, sé que pueden ser molestos a veces, pero los hermanos son un gran apoyo para los momentos difíciles.
Nos quedamos en silencio mientras terminábamos de comer. Me pareció bien ver que estaba mucho más tranquilo, aún seguía siendo difícil mantener una conversación con él, pero al menos ya no me amenaza con matarme, así que supongo que es un avance.
Ahora que estoy con él, creo que la vida ha sido un poco injusta con el príncipe Jasper: a una edad temprana le hicieron aquella cicatriz en la cara, luego lo apartaron del palacio para enviarlo a una casa donde no fueron buenos con él, le llenaron la cabeza de inseguridades y ahora que está aquí, ha tenido un momento difícil al verse obligado a matar a unas personas. Espero que pronto encuentre la paz, porque no se puede vivir de esta forma para siempre, ¿o sí?
Tengo que decir que fue una tarde agradable, conversamos un poco sobre las plantas medicinales. Era genial, porque el príncipe parecía bastante interesado en la idea de tener una casa con muchos árboles o con un jardín tan amplio como esta.
- Supongo que es el sueño de todos- murmuré-: vivir tranquilos en un lugar agradable, sin muchas preocupaciones... suena bien...
-No es el sueño de todos- aclaró-: el trono y el poder que eso conlleva, también es el sueño de muchas personas que conozco... supongo que el rey no pensó en el caos que esa maldito asiento creará cuando muera.
-¿De qué habla?- le miré preocupada.
-Digamos que, a veces tener una familia numerosa es una gran desventaja...
-¡La herencia!- exclamé. Quién diría que estos mismos problemas atormentan a las personas mil años más tarde- No se preocupe, estoy segura de que usted heredará la casa con árboles que tanto quiere y si no ocurre, siempre puede buscar a un abogado...
Asintió antes de ponerse de pie.
-Vamos, el camino es largo y ya se está haciendo de noche.
-¡Es verdad!- exclamé sorprendida al notar que el sol comenzaba a ocultarse- Se me ha pasado la tarde muy rápido ¡Ha sido una conversación agradable!
Ir cerro abajo con la canasta a cuestas fue una experiencia casi religiosa: si subir había sido difícil, bajar sin caerme fue toda una aventura. El príncipe Jasper siempre debía esperarme para que lo alcanzara y pude notar que en más de alguna ocasión se reía un poco por mi torpeza.
En más de una ocasión ví que hacía ademán de tomar mi mano para quitarme la cesta, pero no sé atrevía a hacerlo, supongo que no quería causarme problemas, ya que un príncipe no debe hacer estas cosas.
Apenas llegamos a la entrada principal de la casa, vimos al príncipe Edward y a Charlotte esperándonos. Ya era de noche, pero era extraño que estuvieran esperando.
-¡¿Se puede saber dónde estaban?!- el príncipe Edward parecía muy enfadado, lo que era muy raro, ya que normalmente siempre está de buen humor.
-Estaba con el príncipe Jasper en el bosque que está atrás de la casa- susurré-. Mi hermana me pidió que fuera a entregarle la comida y se me hizo un poco tarde.
-Alice, tú no estás en esta casa para hacer el trabajo de la servidumbre...
-¡Está bien!- le interrumpí- pero no tengo muchas cosas que hacer en la casa y me aburro mucho. Además, no creo haber descuidado tanto mis deberes.
Quería decir que nadie tenía por qué controlarme las horas de llegada a ninguna parte, pero me sentía demasiado cansada con la caminata, como para discutir con dos hombres del medioevo, mis costumbres arraigadas del siglo XXI.
-Señorita...- Charlotte me miró con los ojos llenos de lágrimas- usted llega demasiado tarde...
-¿De qué estás hablando?- la miré preocupada porque no estaba entendiendo nada.
-Señorita...- sollozó- la señora Isabella está muy mal, ha comenzado a toser mucho y le cuesta respirar...
No seguí escuchando porque le entregué la cesta a Charlotte y corrí al interior de la casa para ver a Bella.
Al entrar pude ver a mi hermana más pálida que nunca, haciendo un esfuerzo para mantenerse despierta y con un pañuelo en la mano por si la asaltaba algún ataque de tos.
-Bella, perdóname- susurré-, no pensé que iba a tardar tanto y...
-No seas tonta- me acarició un segundo la mejilla mientras sonreía-, el sentido de tu vida no es cuidarme, Ali. Ya lo haz hecho durante mucho tiempo y es hora de que comiences a preocuparte de tus propias cosas.
El príncipe Edward entró a la habitación, tomó la mano de Bella y la besó en la frente. Ambos eran muy tiernos juntos y al ver cómo se miraban, comencé a sentir que estaba sobrando.
-Alice, ¿puedes dejarme un momento a solas con el príncipe, por favor?
Asentí de inmediato y salí del cuarto, pero tenía mucha curiosidad por saber de qué iban a hablar así que me quedé escuchando tras la puerta.
-Alteza- murmuró Bella-, le pido que por favor considere la idea de tomar una segunda esposa...
-¿De qué estás hablando?- preguntó el príncipe.
-Yo... sé que soy una mujer débil y que solamente he sido una carga porque le he traído un montón de preocupaciones, así que le pido que por favor tome una segunda esposa... Si quiere... puede divorciarse de mí; pero por favor, hágalo.
-Estás loca Bella, yo no voy a abandonarte y mucho menos ahora.
-Por favor no se niegue a esta opción sin pensar sobre ello antes- la voz de Bella sonaba triste al tiempo que yo me preguntaba por qué estaba haciendo todo esto-... además...Alteza, usted a mí no me ama...
-¡Eso no es cierto! Yo sí...
-No lo diga solo por cumplir o porque siente lástima de mí.
Me alejé de la puerta de mi hermana porque ya no quería seguir escuchando. No podía creer que de verdad estuvieran considerando un segundo matrimonio para el príncipe. No está bien deshacerse de las personas que quieres cuando están enfermas o pasan por malos momentos; se supone que si quieres a alguien te quedas hasta el final.
Además, Bella es una joven muy linda y agradable, no comprendo cómo alguien podría desear más compañía. Quiero decir, sé que estoy algo confundida por mis sentimientos por el príncipe, pero me enoja que piense en buscar un reemplazo para Bella. Siento que de alguna forma esto no está bien.
Al día siguiente, mientras Charlotte me ayudaba a vestirme con un vestido celeste muy lindo, se acercó a la mesa donde descansaban las horquillas que siempre acostumbraba a poner en mi cabello.
-Señorita... ¿esto es suyo? Nunca se lo había visto- me mostró la horquilla que el príncipe Jasper había dejado olvidada en los baños termales.
-Es del príncipe Jasper- respondí-, se le cayó un día y olvidé devolverla... Es mejor hacerlo ahora antes de que recuerde que la ha perdido... ¿Puedes dejarla en su habitación? No quiero que sepa que la tenía yo.
-Señorita ¡¿Cómo hago eso?!
-Casi siempre sale de su habitación, así que no creo que esté dentro, puedes dejarla entre sus cosas: que parezca que él mismo la ha guardado.
-¿Por qué no lo hace usted?- preguntó- Él me da mucho miedo... ¡¿Qué haré si me descubre?!
-No tienes que preocuparte por eso, para empezar, la horquilla es suya así que no creo que se enfade porque se la estás devolviendo.
La chica asintió no muy convencida, mientras yo iba a ver a Seth que me esperaba en uno de los jardines. Hoy habían venido de visita todos los príncipes , así que la casa estaba llena de gente.
El príncipe Seth se sentó a mi lado, traía una caja llena de cosas, pero yo no entendía porque había decidido venir con eso.
-Ayer le pregunté a mi abuelito qué cosas les gusta a las chicas- murmuró con una gran sonrisa- y antes de venir, compré en el mercado todo lo que él me había dicho y captó mi atención. Mira: una muñequita, cartas, una pelota de seda ¡lo mejor de todo: Una honda! ...
Puso todas las cosas en mi regazo mientras la nombraba haciendo que lo mirara confundida.
-¡Oye! ¡¿Crees que tengo 5 años como para jugar con estas cosas?!- exclamé devolviéndolas.
-Hoy estás más enojada que de costumbre- comentó- ¿Qué te pasa?
-Tú no estás casado, ¿cierto?
Se sonrojó violentamente mientras yo lo miraba esperando mi respuesta.
-¡Por supuesto que no!- se apresuró en señalar- Aún no encuentro a la chica que me guste para eso.
-Entonces, si tuvieras una esposa y estuviera muy enferma ¿tu pensarías en tomar a una segunda esposa o en separarte de ella?
-¡Por supuesto que no!- exclamó totalmente convencido- El día que yo me case será solo con una mujer y será para siempre.
-Contra todo pronóstico eres un buen chico, Seth- me puse de pie antes de que pudiera hacerme preguntas- . Si la mitad de los hombres fueran como tú, el mundo sería tan lindo ¡Pero no! ¡Siempre han sido unos malditos infieles!
Seguía un poco enfadada por lo que había escuchado la noche anterior. Sé que aquí es normal, pero no puede agradarme del todo la idea de segundas mujeres y poligamia. Sé que es cultural, pero sigo sin acostumbrarme a ciertas cosas.
Comencé a caminar por los pasillos de la casa que daban hacia el jardín principal, cuando de pronto ví a un grupo de sirvientas junto a la princesa María. Una de las jóvenes sostenía una bandeja con una selección de fustas perfectamente alineadas, mientras otra estaba azotando con fuerza a una muchacha.
Me acerqué un poco para ver qué estaba pasando y no pude evitar la sorpresa, al ver que la muchacha a la que estaban azotando era Charlotte.
Tenían sus manos atadas con una cuerda en una de las vigas, su espalda sangraba por encima de la tela de su vestido, la chica no podía evitar llorar por el castigo y la princesa María sonreía con cada uno de los golpes.
-¡Quiero que se detengan ahora!- exclamé mientras me interponía entre Charlotte y la persona que la estaba castigando- ¡No tienen ningún derecho a hacer algo así!
-¡Claro que tengo todo el derecho!- la princesa María me miró enfadada mientras yo intentaba desatar a Charlotte de la viga- ¡Descubrimos a esta chica intentando robar en el cuarto del príncipe Jasper! No puedes decir que no merezca el castigo, porque robar sí es algo muy grave.
-¡Yo no estaba robando, se lo juro! - Charlotte no podía parar de llorar mientras yo la abrazaba por sobre los hombros.
-Charlotte no estaba robando- respondí con toda la rabia de la que fui capaz-... no estaba robando porque yo le pedí que dejara la horquilla en el cuarto del príncipe.
María me dió una bofetada para la que yo no estaba preparada, por lo que no pude evitar llevarme la mano a la cara sorprendida.
-¡Eres una coqueta atrevida!- me gritó totalmente fuera de sí - ¡No te bastan las atenciones de mi hermano pequeño, así que dejas regalos en los cuartos de nuestro invitado!.. Con tu cara de niña buena y tu apariencia inocente escondes lo sucia que eres...
-¡No es así! ¡Yo no estaba haciendo regalos! La horquilla es del príncipe Jasper y se la estaba devolviendo.
-No me interesan las excusas que una mujer vulgar y su criada, puedan inventar...- la princesa miró a las otras sirvientas antes de proseguir- por favor, continúen con el castigo: sea robo o artimañas de seducción, es un comportamiento reprobable que debe ser castigado.
Vi que iban a amarrar nuevamente a Charlotte y que también los príncipes pasaban por el jardín, deteniéndose a contemplar lo que estaba pasando.
-¡No permitiré que sigan golpeando a Charlotte siendo inocente!- exclamé- Si debes castigar a alguien, entonces pégame a mí: yo fui quien dió la orden después de todo.
-¡Señorita, no!- exclamó mi amiga entre lágrimas- ¡No haga esto!
-Si es lo que quieres, entonces lo haré con mucho gusto... ¡Amárrenla, ahora!
-¡María, detente!- exclamó el príncipe Edward que estaba con sus hermanos contemplando la escena.
-Déjala...- el príncipe James tenía una mirada de diversión y una sonrisa que reflejaban todo el placer que estaba sintiendo. No sé qué era lo que le resultaba tan excitante: si ver a la princesa María con un látigo en la mano o a mí, a punto de ser amarrada para recibir un castigo.
El príncipe Seth y el príncipe Peter miraban la escena sorprendidos, pude ver qué este último detuvo al primero para que no se metiera en problemas con su hermana mayor.
Dejé mi segundo de observación cuando las sirvientas ataron mis manos a la viga con tanta fuerza que tuve que cerrar los ojos por la molestia en mis muñecas. No sé cómo voy a sobrevivir a esto: nunca me han pegado y ahora estoy a punto de recibir la paliza de mi vida...Pero no me arrepiento: odio las injusticias y Charlotte ya recibió demasiados golpes y malos tratos por mi causa.
-¿Cuál debería escoger?...- la princesa María parecía entretenida pasando sus manos por las fustas de la bandeja.
-¡Dese prisa!- exclamé- ¡Si va a golpearme hágalo rápido! Al final... todos los látigos son iguales.
-Vas a tener que agradecerme- susurró en mi oído después de escoger la fusta- porque te dejaré viva y creo que no te quedarán cicatrices...o al menos lo intentaré.
María me desgarró la tela del vestido en mi espalda y aunque respiré profundamente, nada me preparó para el dolor que significaba recibir el primer golpe. Sentí como el aire se escapaba de mis pulmones en un jadeo y como instintivamente apretaba la soga que me ataba con todas mis fuerzas. Mi piel ardía al tiempo que intentaba contener las ganas de llorar.
No sé cuantos golpes recibí, porque comencé a perder la cuenta después del segundo. Lo que sí sé es que éstos eran rítmicos, ya que cada 2 segundos recibía uno nuevo y que aunque ya estaba a punto de suplicar que se detuviera, no lo iba a hacer: ¡la princesa puede matarme a golpes si quiere, pero no permitiré que me vean humillada!
De pronto, los latigazos se detuvieron: fue muy extraño, porque yo no sentía que el castigo estuviese próximo a terminar. Miré hacia donde se encontraba la princesa María y vi como el príncipe Jasper sostenía su brazo en alto para evitar que me siguiera golpeando.
-Ya basta...- me miró un segundo a los ojos- ¡ella es mía!
Creo que todos nos quedamos en un silencio profundo: el mundo se detuvo cuando pronunció esas palabras ¿Es qué no podía escoger palabras más adecuadas? Quiero decir, podría decir que soy su amiga o que le he comenzado a caer bien, ¡pero decir que soy suya se presta para demasiadas malas interpretaciones!
-La horquilla- murmuró después de unos segundos de que todos asimilaramos lo que había dicho antes-... la horquilla me pertenece y creo que debería ser yo el que determine si se debe o no castigar a alguien.
-¡Yo soy la encargada de imponer orden en la casa!- la princesa María parecía un poco más tranquila aunque pude notar en sus ojos que le enfadaba demasiado que el príncipe Jasper hubiera intervenido- ¡Si no lo hago, luego los sirvientes harán lo que quieran sin saber cuál es su verdadera posición!
-El supuesto ofendido soy yo - Jasper le quitó el látigo a la princesa María para dejarlo en el suelo- y creo que el castigo no era necesario, así que no veo para qué seguir prolongando este asunto.
-¡Suelten a la señorita Alice, ahora! - exclamó el príncipe Edward cuando ya hubo pasado la sorpresa inicial.
El príncipe Jasper me desató las manos mientras me miraba con una pequeña sonrisa.
-Eres muy valiente- murmuró bajito para que solo yo lo escuchara-, vas a estar bien...
Charlotte me abrazó por la cintura para ayudarme a caminar. Ambas avanzábamos lentamente mientras pasábamos frente a los príncipes en lo que para mí fue el paseo más humillante de toda mi vida.
-¡Está muy bien lo que haz hecho, María!- exclamó el príncipe James mirando a su hermana con una sonrisa- Los sirvientes deben aprender su lección y hay cierta gente que debe recordar cuál es su lugar.
-¡Alice! - exclamó el príncipe Seth cuando pasé a su lado, sin embargo, su hermano Peter lo detuvo- Hermano, alguien debe curar sus heridas y...
-Esas no son las tareas de un príncipe- respondió Peter dándonos una mirada llena de lástima-, es mejor que volvamos al palacio, ven, vamos...
-Yo también me voy- el príncipe James reflejaba alegría en su voz lo que me hacía sentir realmente mal-, creo que hoy María nos ha dado una tarde increíble, tal vez deba venir más seguido...
No me quedé a escuchar de qué hablaba la princesa con su hermano Jasper, ya que yo solo quería llegar a mi habitación.
En mi cuarto me recosté sobre mi estómago en la cama. Me dolía la espalda y podía sentir las lágrimas cayendo por fin, por mi cara.
Charlotte después de un par de horas, parecía sentirse bastante bien, pero yo aún no lograba ni siquiera recostarme sobre la espalda y mucho menos ponerme ropa.
-Señorita, tiene que intentar comer- Charlotte trataba de obligarme a bber un poco de sopa-, no está bien que se haga esto.
-¡No quiero nada!- grité arrojando el plato al suelo- ¡Quiero irme de aquí! ¡Quiero ir a casa! ¡No entiendo qué hago aquí!
-Señorita, esta es su casa...
-¡No lo es! ¡Yo no pertenezco a aquí!- sollocé- ¡Quiero irme a casa! ¡Me voy a volver loca aquí!
-Señorita...
-Vete, por favor, quiero estar sola...
Me quedé toda la tarde intentando volver a la calma, pero no podía olvidar lo que me habían hecho: una parte de mí quería ir a buscar a la princesa María y hacerle pagar todo esto; me daba igual si me mataban después de agredirla, pero por otro lado tenía que controlar mi rabia: no podía dejarme llevar por emociones pasajeras por muy intensas que sean.
Poco a poco me fui quedando dormida, pero fue un sueño extraño: veía imágenes en mi cabeza que se entremezclaban y que no lograba encontrarles sentido lógico, había sangre, gente muerta y una sensación de miedo mientras a lo lejos escuchaba la voz de mi profesor de historia: "(...)el rey Carlisle unificó tres reinos inferiores en un gran imperio, sin embargo, después de su muerte hubo un periodo de gran desorden, pero el rey que logra alzarse en el trono tiene un gobierno tan prolongado como cruel, en el que destaca la decisión de adoptar una antigua tradición (...)"¿Por qué recuerdo estas cosas ahora? ¿y qué son esas visiones? ¿Será que me estoy volviendo loca?... Lo único que sé es que no puedo hablar de esto con nadie. No creo que aquí sea muy normal que la gente tenga visiones y más si son cosas que aún no suceden.
Me desperté por unos golpes en la puerta. Ya era de noche, lo que significa que pasé gran parte de la tarde durmiendo.
-Alice, ¿puedo entrar?- era la voz del príncipe Edward. Me quedé en silencio porque no sentía que quisiera verlo- Sé que a lo mejor estás dormida, pero te pido que por favor olvides todo lo que ha pasado hoy... entiendo si no quieres hablar, pero te dejaré un poco de medicinas para que te recuperes más rápido, ¿está bien?
Me puse una bata para salir a conversar con él. Lo encontré en el pasillo e intenté sonreír un momento, aunque sé que la alegría no me llegó a los ojos.
-Lo siento...- bajé un poco la mirada- por no salir en todo el día... tenía un poco de vergüenza.
-Por los golpes- me sujetó las manos un momento-... yo lo siento, jamás pensé que María pudiera hacer algo así, tampoco sabía bien qué hacer y creo que cometí un error en dejar a esta chica a cargo de la casa.
-No me duelen tanto los golpes- aclaré-, me duele más saber que aquí cualquiera puede amarrar a una persona y golpearla solamente porque tiene el derecho a hacer lo que quiera. Es injusto que si no eres hijo de alguien importante, entonces estás completamente perdido y te pueden hacer daño solo porque sí...
-Alice, de verdad que lo siento mucho- me besó en la frente un momento-, si hubiera podido me habría intercambiado contigo para ser golpeado en tu lugar.
-No se preocupe, ya se me pasará y ya estaré bien.
-Alice yo... te prometo que cuidaré de ti- me miró a los ojos de tal forma que no pude evitar creerle y confiar en todo lo que me estaba diciendo-. No voy a permitir que nadie nunca vuelva a tratarte de esta forma, ¿está bien?
Cuando él se fue volví a mi habitación, no tenía mucho sueño aunque sí estaba bastante adolorida. Por alguna razón, me sentí más tranquila después de hablar con el príncipe Edward, aún no defino bien mis sentimientos por él: sé que me atrae y que es probable que me guste un poco, pero no lo sé... mis pensamientos suelen ir en su dirección, aunque intente concentrarme en otras cosas, pero algo me dice que esto en realidad no es amor, que es solo una atracción que se irá con el tiempo y creo que eso es lo que más me confunde de todo esto.
Jasper POV
Estaba en el salón del trono con mi padre, la reina Tanya, Emmett, James y Garrett definiendo lo que había pasado el día anterior en el templo. Ya habían descubierto la masacre que había causado y le estaban haciendo una pequeña narración al rey de todo lo sucedido.
-Cuando llegamos al templo ya lo habían quemado- Garrett resumía el desarrollo de la investigación- y no había ningún sobreviviente... pero descubrimos la relación con un miembro de la familia real.
-El templo pertenece a la reina Tanya- mi madre me dirigió una mirada llena de ofuscación cuando hablé-, ella pagaba mensualmente fuertes sumas de dinero para la mantención del lugar.
-¿Insinuas que yo intenté matar al príncipe heredero? Majestad, no puedo creer que se me culpe por algo así. Usted bien sabe que solo me esfuerzo por ser una buena esposa y que acataré lo que se decida por el bien del reino... En cambio, el príncipe Jasper ayer desapareció todo el día y regresó a mi cuarto bañado en sangre ¡¿Por qué no se investigan sus crimenes en lugar de rumores sobre mí?! Él perfectamente podría haber contratado a los monjes para asesinar a su hermano y luego pudo haber ido a deshacerse de ellos para eliminar toda sospecha.
-Jasper, ¿podrías explicar lo que está diciendo la reina?- el rey me miró como si quisiese saber si era verdad todo lo que estaban diciendo.
-Es verdad- murmuré- : yo causé la masacre, pero jamás me ha interesado idear un plan para matar a mi hermano. Sé que fue una imprudencia pero lo hice para evitar que culparan a mi madre del intento de asesinato del príncipe.
-No debiste haber hecho algo así- el rey suspiró exasperado-... ¿No tienen nada más que agregar? ¿Emmett? - todos negaron con la cabeza- Bien... entonces sentencio a la reina Tanya a...
-¡Su Majestad, es mi culpa!- exclamó James arrodillándose - No sentencie a mi madre a morir en la horca: yo fui quien financiaba el templo, pero no sabíamos que era un lugar de ese tipo ¡se lo juro! ¡Jamás intentaríamos atentar en contra de su voluntad!
-Lo más probable es que todo esto sea una trampa para dividir a la familia real- la reina parecía bastante tranquila, segura de que saldría bien librada de todo -. Majestad, le pido que aclarado este mal entendido me perdone a mí y a mis hijos por todos los inconvenientes causados.
El rey finalmente determinó que por esta vez no habían pruebas suficientes para condenar a nadie. Dijo que prefería dejar en libertad a un culpable que condenar a personas inocentes, y más si eran miembros de su familia.
De cierto modo yo esperaba algún tipo de castigo, quiero decir, no es un secreto para nadie que James pretende el trono, pero si es la voluntad del rey no hay mucho que pueda hacer en ese asunto.
Es por eso que durante la hora de almuerzo miraba en dirección al palacio. Ya está resuelto todo este asunto y se supone que debo marcharme, pero no quiero hacerlo. Volver con la familia Vulturi es una decisión que yo no quiero tomar, pero tampoco sé cómo pedirle a mi padre el permiso para quedarme.
Ese día Alice me había traído la comida, era extraño comer con ella a solas, pero de alguna forma pudimos conversar un poco. Agradecí internamente que evitara hablar sobre lo que había ocurrido la noche anterior, porque todo eso es algo que de alguna forma quiero olvidar lo más pronto posible.
Cuando regresamos, Edward nos esperaba. No me hizo falta hablar mucho con él para ver qué estaba enfadado: no le agrada que me acerque a su cuñada y lo entiendo, quiero decir, he tenido un comportamiento demasiado violento frente a ella, cualquiera puede pensar que le haría daño.
Me retiré de ahí en cuanto Alice corrió a ver a su hermana, no quería pelear con Edward y menos cuando aún no sé qué voy a hacer con mi vida.
Al día siguiente salí temprano al bosque, necesitaba pensar sobre la idea de quedarme a vivir en el palacio. Alice había dicho que si lo pedía no deberían decirme que no, aunque sus argumentos eran un poco extraños, supongo que no pierdo demasiado con intentarlo.
Cuando volví ocurrió todo el incidente de la horquilla. Siendo honesto había olvidado la existencia de esa joya y tampoco me imaginé que pudiera causar tantos problemas. Ni siquiera recuerdo cuando la perdí, así que fue muy extraño ver ese accesorio de nuevo.
Recuerdo que ví a todos mis hermanos reunidos en el patio y todos miraban hacia una misma dirección. A medida que me acercaba la escena tomaba más forma: María había amarrado a la señorita Alice y llevaba un rato castigándola por alguna razón que yo no llegaba a entender.
-Jacob ¡¿Qué está pasando aquí?!
-Hermano, están castigando a la señorita Alice porque evitó que siguieran golpeando a su sirvienta- murmuró-. Supuestamente estaba intentando robar una horquilla de tu habitación.
-¡¿Y nadie hace nada?!- pregunté mirándole a los ojos - ¡¿De verdad todos creen que Alice estaba robando y se merece el castigo?!
En ese momento yo no podía pensar en nada más que en ayudar a esa chica. En cuanto detuve a María en su castigo pude ver que ya había azotado a Alice al menos unas cinco veces: su espalda sangraba un poco y cuando la desaté pude notar que le costaba mantenerse de pie.
- El hermano que yo conozco no me habría detenido- murmuró María en cuanto los demás se fueron. Parecía enfadada y muy ofendida por mi intervención-... no será... ¿acaso tienes sentimientos por esa chica, Jasper?
Me quedé en silencio un momento mientras analizaba la pregunta. Yo sé que siento algo por ella, quiero decir, es agradable conversar con Alice, es amable, dulce y siempre está sonriendo... de hecho a veces pienso que me gustaría que solo me mirara y sonriera para mí, pero no son pensamientos que quiera compartir ni con María ni con nadie en estos momentos.
-María, yo lo siento si alguna vez te falté el respeto de alguna forma: jamás tuve intención de acercarme a ti como algo más que mi hermana...- la chica me miró exasperada antes de hacer ademán de marcharse- disculpa ¿podrías devolverme la horquilla? Ya que causó todo este lío quiero ser yo quien la tenga.
En cuanto me la entregó supe que quería que Alice tuviera la horquilla. Sé que cuando la compré, estaba pensando en dársela a mi madre, pero ahora que nuestro vínculo está roto, sé que no quiero que ninguna otra mujer que no sea Alice la tenga. Es una joya bonita y creo que no hay nadie en el mundo que se la merezca más que ella.
Además, si ella acepta el regalo podría significar el inicio de una relación más cercana. No quiero alejarme de Alice nunca, sé que puedo cuidar de ella y que uno de los motivos para quedarme en la capital es para no tener que alejarme demasiado de alguien que se ha convertido en una persona valiosa para mí.
Estaba completamente decidido a entregarle la horquilla y hablar con ella en su habitación, cuando Edward me vió cerca de dicho cuarto. Guardé la horquilla para que no viera lo que iba a hacer y me detuve para hablar con él.
-Quiero hablar contigo- me miró a los ojos-, creo que hay algunas cosas que no estás entendiendo y supongo que debes estar confundido por las cosas desagradables que haz vivido.
-¿De qué estás hablando?
-Dijiste que Alice te pertenece- su voz sonaba lo bastante hostil como para entender que le había molestado mi actitud frente a todos en el jardín hace un rato- y déjame que te recuerde que en esta casa no hay nada que sea tuyo: ¡ni Alice ni María ni nada te pertenece ¿está claro?!
-No he intentado nada para...
-Alice no está sola, no es algo que tú puedas pretender porque está totalmente fuera de tu alcance: ella es la hermana de mi esposa y no voy a permitir que quieras hacerle daño porque no tienes nada más entretenido qué hacer.
Me quedé en silencio mientras asentía lentamente.
-Si vas a quedarte en esta casa, no quiero verte cerca de Alice: ya te lo he dicho antes y espero que puedas cumplir al menos con eso.
Me dije que esta es la señal que necesitaba para pedirle al rey que me admita en el palacio: no puedo seguir permitiendo que me chantajeen con mi estadía para hacer o no hacer algo. Además, si logro ganar la confianza de Su Majestad, pronto podrían darme una casa lo que me permitiría pensar en tomar una esposa. Viviendo como un príncipe, ya no sería tan mala opción para alguna de las familias nobles del reino.
Durante la hora del almuerzo éste transcurrió en un absoluto silencio. Edward, María y yo comíamos sin siquiera mirarnos y creo que es porque aún seguía siendo demasiado reciente el problema de esta mañana.
-Charlotte- llamó Edward a la joven que pasaba con la bandeja vacía desde el cuarto de Alice- ¿Cómo está la señorita Alice?
-No quiere comer- sollozó la sirvienta-, dice que quiere irse a su casa... tal vez pida permiso a la señora para ir a casa de sus tíos.
-No creo que esté pensando en ir con la familia Swan- Edward frunció ligeramente el ceño-, debe estar cansada o algo fatigada por todo lo que ocurrió hoy... es mejor dejarla descansar.
-Hermano, ella solo hace esto para llamar la atención- María miró a su hermano alzando una ceja-, ni siquiera terminé de castigarla y ¡ni siquiera le pegué tan fuerte! Creo que debes obligarla a que se levante o devolverla con su familia...tenerla aquí es realmente molesto.
-Que nadie moleste a Alice - sentenció Edward-. Quiero que la dejen descansar y que pueda recuperarse un poco...
Tal vez la señorita Alice no lo recuerde, porque cuando logré entrar a su habitación durante la tarde, ella tenía mucha fiebre, pero traté de ayudarla lo mejor que pude: le puse compresas con agua fría en la cabeza, aparté los restos de tela del vestido de sus heridas para evitar que se infecte y le apliqué un ungüento para que su piel pueda recuperarse pronto.
-Alice, ¿me escuchas? - me arrodillé junto a su cama para acariciar un poco su cabello- No tienes de qué preocuparte porque no te quedarán marcas, fue solo el susto...- la chica seguía durmiendo completamente ajena a mi presencia en su habitación- Dije que eras mía porque lo considero así y no permitiré que te hagan daño, no importa si te metes en problemas, siempre podrás acudir a mí...
Nunca he cuidado de alguien más que no sea yo mismo, así que no sé muy bien cómo cumpliré mi promesa.
Intenté que bebiera un poco de medicina, pero no era muy fácil hacerlo, así que decidí que lo mejor ahora era dejarla dormir tranquila.
Al día siguiente, Alice parecía mucho más recuperada: ya se había levantado y estaba paseando por el jardín junto a un pequeño lago. Me acerqué a ella para conversar un momento, sin embargo, chocó conmigo al darse la vuelta y me miró arrugando un poco la nariz.
-¡Ay! ¡Ay, ay, ay!- se apresuró en exclamar llevando su mano a su frente para fingir que le dolía demasiado. La miré confundido mientras me preguntaba si es que intentaba hacerme sentir culpable.
-Usted chocó conmigo- le recordé.
La chica dejó de fingir y me miró de reijo un momento.
-¿Ya le devolvieron su horquilla?- preguntó.
-Sí- respondí-, ¿de verdad todo el problema de ayer se armó por algo tan pequeño?- ella asintió- ¿Dónde la encontraste?
-En los baños termales, a usted se le cayó - respondió bajando un poco la voz- y yo olvidé que la tenía desde el otro día que nos vimos ahí... Como ve no le he dicho a nadie que vi su rostro sin la máscara, así que no debe preocuparse porque su secreto está a salvo conmigo.
Asentí una sola vez mientras intentaba disimular mi sonrisa, tosí para ello y la miré a los ojos.
-Tú sí que eres especialista para meterte en problemas- señalé-, ¿de verdad no puedes tener un solo día tranquilo?
-Hablando de eso... usted sí que es extraño: primero me amenaza de muerte cada vez que me ve y ahora me defiende; estoy curiosa sobre qué fue lo que gatilló el cambio.
La miré un momento de reojo, temiendo que ella pudiera sospechar mis sentimientos por ella. Aún era demasiado pronto para hablar de algo así y quería esperar a ver cómo me iba en el palacio.
-¿No puedes solo agradecerme y ya? Me gané bastantes problemas por tu causa.
-Muchas gracias, Alteza- me miró a los ojos un momento antes de bajar la mirada-... por ayudarme...
Asentí antes de que ella me mirara con una sonrisa.
-¡Ya que lo menciona!- exclamó frunciendo el ceño- ¿por qué dijo que yo era suya ayer? ¡Es una pésima elección de palabras!... Debe tener cuidado para que no vaya por ahí creando malos entendidos.
-¿Es que no lo eres? - me acerqué a Alice para mirarla un poco más de cerca.
-¡Por supuesto que no!- exclamó convencida- No puede hablar de las personas como si fueran objetos o hectáreas de terreno, así que como yo soy una persona libre, al igual que usted, no le pertenezco a nadie.
-¿Debería llamarte, entonces, mi persona?
Me había acercado un poco más a ella para mirarla a los ojos. Alice me devolvió la mirada algo confundida sin responderme absolutamente nada. Hizo un breve puchero haciéndola lucir aún más adorable que de costumbre y no pude evitar dedicarle una breve sonrisa.
