Bella POV

Volví a levantarme días después del festival de la luz, aún no me sentía del todo bien y me costaba un poco respirar. No tenía que ser adivina para saber que mi tiempo se estaba terminando. Bebía diferentes tipos de te y de medicamentos cada día, pero ninguno conseguía darme el milagro de la recuperación.

Al menos, con la excusa de mi enfermedad, Edward comenzó a pasar más tiempo con Alice. Se veìan cada mañana en la biblioteca e iban juntos al pueblo; eran mucho más cercanos que antes, pero a pesar de esto y de las miradas furtivas a cada instante, las idea de una boda aun era algo lejana. Notaba que a pesar de la atracción que había entre ambos, mi hermana evitaba el contacto físico aunque fuera accidental y esto me hacía sentir culpable, porque no creo merecer tanta consideración.

-Me alegra mucho que ya esté en pie- Jacob y yo paseábamos por el jardín, mientras yo observaba a Alice que estaba muy concentrada leyendo una carta, sentada sobre el pasto-; estoy seguro que si pasa el invierno sin recaer pronto se recuperará.

-Este invierno será algo duro...- murmuré intentando fingir una sonrisa. De pronto un ataque de tos azotò mi cuerpo, por lo que rápidamente me tapé la boca con mi pañuelo. No podìa dejar de toser y cuando finalmente pude recuperar el aliento, vi las gotitas de sangre que descansaban sobre la blanca tela de mi pañuelo- Tengo que pedirte algo.

-¿Màs favores?

-Quiero que me dibujes con mi hermana- le pedí-, pero intenta que yo no luzca tan enferma como ahora, quiero verme igual de bonita que ella.

-¡Claro!- exclamó él con una sonrisa- Podemos fijar un día para ir al palacio, hay jardines realmente bellos y...

-No, tiene que ser hoy- señalè-. Estoy pensando en visitar el palacio para ver a mi suegra dentro de esta semana y presiento que si quieres un dibujo de mí, tendrá que ser hoy.

El príncipe Jacob asintió antes de que fuéramos hacia donde estaba Alice. La chica seguía muy concentrada en un trozo de papel por lo que ni siquiera se percató de nuestra presencia.

-¿Qué estudias, Alice?- le pregunté por lo que rápidamente nos mirò con una sonrisa.

-Nada importante- susurró-, es solo que el principe Edward me dio este poema hace unos dìas para que lo estudiara, pero no logro comprender lo que dice.

-¿Es que no sabes leer?- el príncipe Jacob le quitó el trozo de papel y comenzó a leerlo- No sabía que eras tan ignorante.

-Si sé...- se defendió ella frunciendo un poco el ceño- pero con el accidente lo he olvidado, aprenderé a leer dentro de poco pero hace días trato de descifrar lo que dice, aunque no entiendo absolutamente nada.

-¡¿Quien te dio esto?!- Jacob parecía muy enojado de pronto- ¡Responde! ¡¿De dónde sacaste esto?!

-El príncipe Edward me lo dio- Alice nos miró preocupada-... ¿Què es lo que dice? ¿Es algo malo?

Le quitè la hoja de papel al príncipe Jacob para comenzar a leer el poema. En un instante, pude sentir como se formaba un nudo en mi garganta porque mi esposo muy pocas veces me dedicó poemas y ahora... supongo que el amor es asì y solo debo aceptar que Edward y Alice deben estar juntos, porque es lo mejor para todos.

-" Ver la lluvia caer sobre el campo

Me dice que este es el momento màs bonito que he vivido.

Ver tus ojos, ver tu cara

Rayos del sol que iluminan de nuevo el día"

-¡Creo que lo entiendo!- exclamó Alice contenta- Es de una persona que esta mirando la lluvia en el campo y esta triste, ¡pero luego sale el sol y es feliz de nuevo! ¿verdad?

-Es algo así- acariciè suavemente la mejilla de la chica antes de sonreír-... no olvides responder el poema. Estaría bien que le dieras al príncipe Edward uno similar. Estoy segura de que debe estar esperando una respuesta.

La chica asintió con una sonrisa radiante en la cara, al tiempo que recuperaba su poema. A mi lado el prìncipe Jacob, apretaba sus puños con fuerza mientras intentaba contener la rabia que estaba sintiendo. Durante todo el momento en que con mi hermana posamos para el dibujo, pude ver que sus ojos estaban llenos de ira y que miraba a Alice como si fuese la culpable de todo lo que estaba pasando.

-Alice, cariño, ¿por qué no vas a trabajar con las hierbas y flores exóticas que te compró el príncipe Edward?- le preguntè con una sonrisa- En unos días quiero que me acompañes a visitar a mi suegra y creo que sería buena idea si preparas algun regalo para las reinas.

-¿Al palacio?- preguntò mirándome sorprendida- ¿Quieres que vaya contigo al palacio?... ¡¿Ahi es donde vive el rey y la familia real?!

-Es importante que vengas conmigo...por favor, prepara unos regalos adecuados para las reinas y trata de elegir el vestido más bonito que tengas.

Alice asintió sin mucho animo antes de hacer una reverencia para el príncipe y retirarse hacia el interior de la casa.

-Bella...- la voz del príncipe Jacob sonaba llena de dolor mientras yo intentaba mirarle con toda la alegría que mis ojos eran capaces de expresar- ¿Por qué lo permites? ¡¿Por qué dejas que Edward te haga esto?! ¡Es tu hermana! ¡Ni siquiera tuvo la decencia de buscar una mujer lejos de casa!

-Prefiero que sea Alice- susurré-; duele menos si sé que él ama a una chica tan buena como ella.

-¡No te mereces esto!- exclamó visiblemente enojado- El poema es sobre la tristeza y la agonìa de no tener a la persona amada y ¡tu permites que él le entregue eso a tu hermana en tu propia casa!... Voy a hablar con Edward para que deje en paz a Alice y ¡tu deja de intentar arrojar a tu hermanita a sus brazos!

-¡¿Qué más puedo hacer?!- grité sintiendo las lágrimas en mi cara- Alice y Edward son todo lo que tengo y si ellos se quieren, no voy a hacer nada para impedirles estar juntos, incluso no me arrepiento de mover mis hilos para eso... Yo sé que tu no lo entiendes porque siempre haz tenido a tu madre y a todos tus hermanos, ¡pero Alice se va a quedar sola! Necesito que tenga protección para cuando eso pase y, además ya está en edad de casarse.

-¡Deja de decir que vas a morir! Eso no va a pasar, tu te vas a recuperar y...

-¡Me voy a morir! Es mejor si comienzas a aceptar que tus sentimientos por mí no tienen ningún futuro y que digas lo que digas, el destino de Alice es convertirse en la esposa del príncipe Edward, ella va a recibir todo el amor del que yo nunca logré ser objeto.

-Nunca me opuse a tu matrimonio con mi hermano porque pensé que si tu eras feliz, yo podría sobrellevarlo, pero ahora... ahora me arrepiento de permitir que Edward le haga tanto daño a tu corazón.

-No me hace daño, porque esta es una decisiòn que he tomado para el beneficio de todos.

Al príncipe Jacob lo ciegan sus sentimientos por mí. Siempre creì que su enamoramiento era algo pasajero, como los sentimientos de un adolescente que se apagan con el paso del tiempo, pero ahora me doy cuenta que los años no han conseguido apaciguar su corazón y que aún sigue enamorado.

Es injusto que Jacob piense que soy la víctima en todo esto, cuando en realidad, es mi culpa por haberme casado con un hombre que no me ama a sabiendas.

-Si Edward se atreve a tomar a tu hermana como segunda esposa, créeme que me va a costar mucho cumplir mi promesa de cuidarla.

El príncipe Jacob se alejó sin siquiera despedirse. Sé que está enfadado, pero creo que con el paso del tiempo podrá entender que todo es por el bienestar de las personas que quiero.

Comencé a caminar por los pasillos de la casa hasta que llegué al lugar en que Alice enseñaba a Charlotte y otras sirvientas a hacer jabones. Edward las observaba con una sonrisa desde una distancia prudente.

-Esposa, me alegra mucho que hayas decidido levantarte- él me miró con una sonrisa y besó el dorso de mi mano cuando me acerqué- ¿Te sientes mejor?

-Claro que sí- dije sonriendo-, ver los jardines y pasear me va a hacer muy bien...

-¿Es verdad que quieres visitar el palacio?

-Sí- respondí-, quiero visitar a su madre y que Alice conozca el palacio. Como perdió la memoria no lo recuerda y creo que será conveniente para ella ir...

-Parece muy feliz ahora- pude notar que sus ojos brillaban cuando la miraba y no pude evitar sentir que estaba haciendo lo correcto-: ríe mucho y está siempre animada. Es increíble que todos los días tenga tanta energía.

-Ha cambiado mucho desde el accidente- le miré de reojo un momento-, dice cosas muy extrañas que nadie piensa y otras veces actúa muy linda y tierna...Yo creo que debe sentirse algo frustrada por sus recuerdos que no regresan, pero me gusta que no se dé por vencida y que intente ser feliz pese a eso.

- Es una gran fuente de alegría- me fijé que Edward sonrió un momento-, me hace bastante feliz que estè en la casa.

-Muchas veces pensé en enviarla con mis tíos- confesé-, pero me alegra saber que hice lo correcto al conservar a Ali a mi lado y que ella sea para usted y esta casa una fuente de alegría.

El día en que decidimos realizar la visita al palacio había nieve en el suelo como señal de que el invierno ya era una realidad. Alice, mi esposo y yo avanzábamos por los pasillos del lugar mientras yo veìa que mi hermana observaba todo con detalle. Parecìa realmente impresionada con los jardines, las terrazas y la cantidad de gente que siempre trabajaba o visitaba el lugar para tener una audiencia con el rey.

-Vamos a ver a las reinas- susurré-, es importante que trates de mantenerte en silencio si ellas no te dirigen la palabra y por favor, no menciones ningún comentario sobre la sucesión al trono o la personalidad del príncipe Jasper cuando se quedò con nosotros hace un tiempo.

-¿Por qué hablaría de él?- preguntó un tanto alterada y nerviosa- ¡¿Está aquí?! ¡¿Vamos a verle?!

-Te lo digo porque su madre es un poco...complicada- miré a mi alrededor para asegurarme de que nadie estuviera escuchando-. La reina Tanya adora el drama y las intrigas, así que debes tener cuidado sobre lo que digas frente a ella... Sobre el príncipe Jasper dudo mucho que le veamos, el palacio es muy grande y probablemente ni siquiera sabe que estamos aquí.

Alice asintió antes de tomar mi mano para avanzar por el pasillo que nos llevaría a la habitación en que estaban las reinas. no pude evitar sonreír al mirarla porque se veía muy tierna y parecìa emocionada por el momento que estaba viviendo.

En cuanto entramos, las reinas dejaron su conversaciòn para mirarnos con atención. La reina Kate, madre de Edward, nos recibió con una sonrisa mientras que la reina Tanya parecìa juzgar cada uno de nuestros movimientos.

-Le comentaba a Kate lo afortunada que es de tener un hijo como Edward- murmuró la reina Tanya mirando al príncipe con una sonrisa-: es un hombre amable, justo y educado, es una pena que esté tan lejos de heredar el trono.

-Tampoco estoy muy interesado- Edward me miró un segundo antes de proseguir con la conversación-, me basta con ser feliz junto a mi esposa y tener una vida tranquila.

- Alteza- murmuré dirigiendome a mi suegra-, mi hermana ha preparado un regalo para usted.

-¡Así es!- exclamó Alice poniendo una caja frente a la reina quien la examinó con una sonrisa- Son unos jabones aromáticos que dejan una fragancia increíble en la piel ¡Los he hecho yo misma!

- También hay una caja para usted, reina Tanya- dije poniendo la caja frente a la mujer-, sé que le gustan las cosas aromáticas...

- Isabella es una muy buena nuera- prosiguió Tanya dándole una mirada sin mucho interés a la caja con jabones-: proviene de una de las familias nobles màs poderosas del paìs, es hermosa, es una mujer culta, talentosa, me atrevo a decir que solo falta que tenga hijos para que sea perfecta...- bajè un segundo la mirada, sintiéndome incómoda de inmediato ante el comentario- lo que es yo, la esposa de mi hijo james solo ha sido un conjunto de decepciones... lo único que quiero es que tome una segunda esposa lo antes posible.

Pude notar que Alice parecía un tanto incómoda con los comentarios de la reina, pero no había mucho que hacer al respecto, solo esperaba que mi hermana pudiera controlarse y no se dejara llevar por palabras impulsivas.

-Por lo que sé Victoria posee muchas buenas cualidades- comentó el príncipe Edward intentando alivianar las palabras de la reina-, su familia le dedicó un especial cuidado ya que sabían que sería la esposa de alguno de nosotros desde que nació. Creo que es la joven más preparada para formar parte de la realeza.

-Tendrá una preparación que pueda hacerla digna hasta del reinado, pero es incapaz de concebir un solo niño. Esa chica solo da a luz niñas- Tanya bajó un poco la mirada para dejar a ver lo descontenta que se sentía con su joven nuera-. El último embarazo fue una decepción: nos juró que esta vez estaba esperando un niño porque se había hecho una lectura de la buena fortuna con una mujer que jamás erraba en sus pronósticos, pero en el parto le nació una cuarta niña. Mi hijo se enfureció, por supuesto, y golpeó a Victoria en cuanto lo supo... Esto ocurrió hace casi un mes y mi hijo aun no quiere ver a la niña, la criatura ni siquiera tiene un nombre, pero no lo culpo: tener niñas esta bien, pero siempre que se tenga un hijo para asegurar la descendencia... cuatro niñas es como un castigo del cielo...

-No debes preocuparte- la reina Kate tomó su mano-, ya verás que Victoria pronto podrá dar a luz un niño sano y fuerte.

-La he enviado con un especialista a que se haga un tratamiento...

-Señora, no hay tratamientos para eso- Alice me soltò la mano antes de mirar a la reina con determinación-, incluso es una cuestión de azar: por mucho que castiguen y torturen a esa pobre chica no van a lograr que tenga un niño... De hecho, quien define el sexo del bebé, de cierto modo, es el hombre.

-¡¿Qué es esto?!- la reina miró a Alice enfadada mientras yo me sentía nerviosa por lo que pudiera pasar. Esto es precisamente lo que teníamos que evitar-... ¡¿Acaso estás insinuando que mi hijo es incapaz de engendrar un niño?!

-Yo no he dicho eso: es solo que hay estudios- no sabía como mirar a mi hermana para indicarle que lo mejor en este caso es guardar silencio- que indican que la mujer no es la responsable de definir el sexo de un bebé, es el hombre quien aporta la célula que define esto y tampoco existe un tratamiento mágico para el hombre; solo es cuestión de suerte y azar.

-¡¿Quién es esta niña tan insolente y mal criada?!

-Lo siento, Alteza, es mi hermana- respondí realizando una reverencia y obligando a Alice a que tambièn lo hiciera-. Tuvo un accidente, se golpeò la cabeza y a veces dice cosas que no tienen sentido... Por favor le pido que la disculpe.

-Así que esta es Alice- la reina evaluaba a la chica con todo detalle-, todo el palacio ya sabe que esta niña se atrevió a golpear al príncipe Seth y por lo que veo, no me extrañaría si pronto se mete en problemas y termina siendo castigada.

-Su Alteza, yo...

-¡Viene el rey!- exclamó uno de los guardias por lo que rápidamente todos hicimos una reverencia.

El rey Carlisle lucía más anciano de lo que recordaba, tenía el cabello canoso y parecía algo cansado, pero sonreía de todas formas. Lo acompañaba el príncipe Emmett que nos miraba con la amabilidad de siempre.

-Bella- el rey me tomó las manos por lo que rápidamente bajé la mirada-, he oído que estás enferma, he pedido a Garrett que eleve oraciones por ti y espero de todo corazón que te recuperes pronto.

-Muchas gracias, Majestad- murmuré sonriendo-, solo con escuchar sus palabras y buenos deseos creo que me siento mejor.

-¿Quién es la chica que te acompaña?

-Es mi hermana pequeña, Alice- respondí sonriendo-, tiene 17 años y me ha ayudado mucho durante mi enfermedad.

-Asi que esta es la famosa Alice...- el rey miró a mi hermana con severidad mientras ella parpadeaba, nerviosa, sin saber qué hacer- la chica que se atrevió a involucrarse en una pelea con un príncipe.

-Padre, solo estaban jugando- Edward intervino un momento mientras yo esperaba que la reina Tanya no hablara sobre lo que ocurrió hace unos minutos-, de verdad que ellos se llevan muy bien y son muy amigos.

-Un juego que terminó con el príncipe con moretones en su cara...

-Yo creo que debes castigarla de modo ejemplar- sugirió la reina Tanya sonriendo desde un poco más atrás.

-¡He cometido un pecado mortal!- exclamó Alice arrodillándose de inmediato mientras todos veíamos que ella estaba temblando, asustada- ¡Le ruego que me perdone, Majestad! He sido sumamente imprudente.

- ¿Le temes a tu rey?

-¡No!- se apresuró a contestar Alice de inmediato- Sé que usted no es un tirano que vive del miedo, sino que es un rey justo y sabio.

-¿Qué te hace pensar que soy un rey sabio e inteligente?

Alice se quedó en silencio un par de segundos. Sus pupilas se paseaban nerviosas por la habitación, mientras pensaba en una buena respuesta. Edward me tomó la mano al ver que yo estaba conteniendo la respiración, rogando porque el rey no tuviera una mala impresión de mi hermana.

-Esto... unificó tres reinos para formar un verdadero y amplio imperio- Alice miró al rey al tiempo que hablaba con algo de timidez-, no esclavizó a los altos mandos de dichos reinos, dándoles posiciones de importancia dentro de un incipiente gobierno...¿qué más?... ¡Ay sí! Formó una alianza con los reinos vecinos y modernizó las ciudades más importantes.

-Esta chica no es solo muy linda- Emmett miró a Alice con una sonrisa- sino que también es muy inteligente, padre, sin lugar a dudas ella no busca ofender a nuestra familia.

De pronto, el rey comenzó a reír mientras miraba a Alice.

-Sí que es una chica inteligente- señaló sonriendo- y me agrada eso, así que ordeno que le regalen un par de alfombras persas.

-¡Muchas gracias!- exclamó Alice sonriendo y poniéndose de pie rápidamente para, sorprendiendo a todos, tomar la mano del rey y sacudirla en una especie de saludo- ¡Es usted muy amable y me gusta conocerlo!

Todos mirábamos sorprendidos la escena, porque se supone que nadie puede atreverse a tocar al rey, sin embargo, él no parecía enfadado y sólo reia como si mi hermana le causara mucha gracia.

Finalmente pude quedarme sola con la reina Kate: Edward, su padre y su hermano optaron por salir a conversar asuntos de política, la reina Tanya decidió que era hora de tomarse un baño y envié a Alice a pasear por los jardines.

-Bueno Isabella- la reina Kate me miró con una sonrisa cuando yo servía el té-, me agrada mucho recibir tu visita y pido todas las noches a los dioses por tu recuperación.

Eres una gran fuente de fuerza para mí hijo y quiero que siempre estés a su lado.

-Muchas gracias, pero me temo que yo tengo algo que pedirle.

-¿De qué se trata?

-Alteza, ¿usted recuerda el día de mi matrimonio?- pregunté mirándola a los ojos- ¿recuerda que usted dijo que un día yo podría pedirle lo que fuera?... Pues me temo que ese día ha llegado...

-¿Qué quieres pedirme, niña?- yo me había atrevido a sujetar sus manos porque lo que tenía que pedirle era importante.

-Le suplico que, por favor, acepte a Alice como nuera...

-¡¿Qué estás diciendo?!- exclamó sorprendida.

-Alteza, sé que esa niña es algo imprudente e impulsiva, pero es muy valiosa y muy buena, de verdad que será una muy buena nuera y esposa.

-Bella, ¿por qué me pides esto?

-Alteza, no me queda mucho tiempo de vida...- me expliqué casi al borde de las lágrimas, sin embargo, comencé a toser repentinamente y no pude terminar de hablar.

Me tape la boca rápidamente con mi pañuelo al tiempo que la reina Kate me miraba preocupada. Cuando vio las pequeñas manchas de sangre en el pañuelo y en mi boca, rápidamente comenzó a llamar a un médico.

-¡Por favor! - supliqué cuando la tos se había calmado- ¡Por favor, permita que Alice se case con el príncipe Edward! ¡Se lo suplico, por favor!...

Alice POV

¡El palacio es increíblemente hermoso!

Al principio estaba un poco nerviosa porque era mi primera vez en el palacio y me sentía un poco extraña por estar ahí, pero luego me calmé al ver lo gigante que era.

Yo solo conocía parte de la zona de baños termales, pero el palacio tenía un montón de lugares interesantes: no era como mis castillos de las películas de Disney, si no que estaba dividido en secciones y en jardines que eran tan grandes que en un día no terminaría de recorrerlos enteros.

Me sentía todavía nerviosa por haber conocido al rey. Era un hombre bastante imponente a pesar de ser muy mayor, así que, por un segundo, crei que de verdad estaba dispuesto a castigarme o matarme.

Avancé por los pasillos de la dependencia en que me encontraba hasta que finalmente encontré una puerta que daba a uno de los jardine. Estaba a punto de cruzarla cuando de pronto, alguien me abrazó por encima de los hombros.

Alcé mi vista, asustada pensando en que tal vez el rey se había arrepentido de perdonarme, hasta que vi que el príncipe Jasper me miraba con una pequeña sonrisa. Me aparté un poco de su abrazo y le miré un segundo: se veía diferente, ahora de verdad parecía de la realeza porque usaba ropa un poco más cara y había decidido abandonar la capa negra y los vestuarios oscuros. Su ropa era gris, pero al menos para él era un avance.

-¡Es usted!.. - exclamé sintiéndome un poco más aliviada- Vaya... ¡luce realmente bien, Alteza!

-¿De verdad?- preguntó mirándome como si se sintiera de verdad orgulloso.

-¡Claro que sí!- respondí- La vida como príncipe le sienta bien y me alegra mucho ver que se encuentra tranquilo y feliz en su nuevo hogar.

Él asintió y nos quedamos un momento en silencio, pero para mí sorpresa no era incómodo. Es decir, pensé que mencionaría lo del beso y que sería incómodo, pero agradezco demasiado que haya tenido la delicadeza de no hacer algo así.

-He estado pensando en usted- murmuró después de unos minutos.

-¿Por qué?- pregunté mirándole de reojo mientras sentía un nudo formarse en mi estómago.

-Por la nieve- señaló mirando hacia el jardín donde se acumulaban centímetros de los copos blancos-, recordé que el último día que estuve en casa de mi hermano había nevado y que usted estaba ahí.

-¡Es cierto!

- Se ve igual de bonita ahora que ese día- le miré de pronto y no sabría decir si es que estaba mirándome a mí o a los jardines nevados- ... Es bueno tenerla a usted de visita por aquí.

-Muchas gracias, estoy acompañando a mi hermana y...

De pronto, sentimos el ruido de unos pasos que se acercaban a nosotros. A lo lejos pude ver que se trataba de la reina Tanya y su séquito de cortesanas que avanzaban a su espalda.

El príncipe Jasper me tomó del brazo para que me ocultara al otro lado de la puerta, indicándome que debía guardar silencio. Él se apoyó en el marco de la puerta para que nadie pudiera verme.

-Buenos días, Su Alteza- dijo con mucha seriedad.

-Ni siquiera te atrevas a dirigirme la palabra- respondió la reina con un tono de voz que solo podía demostrar desprecio-. Sé que ahora te crees mucho porque el rey te ha permitido vivir en el palacio, pero créeme que eso para mí no significa nada. Sigo considerándote un animal y hagas lo que hagas nunca podré pensar en ti como si fueras un príncipe y menos, como si fueras mi hijo.

-No se preocupe, Alteza- la voz del príncipe era firme, pero pude notar que había algo de tristeza en ella-, intentaré no importunarla con mi presencia mientras viva en este lugar.

Decidí que ya había escuchado suficiente, así que me retiré hacia los jardines antes de seguir presenciando lo que estaban diciendo. Sin lugar a dudas, la reina Tanya sabía decir cosas muy desagradables y si para mí fue triste escucharlo, para Jasper debe ser horrible que precisamente ella, le diga cosas así.

¿Esa mujer realmente es su madre? Tal vez no debí haberme ido de ahí para decirle al príncipe algo que pudiera aninarle un poco, pero eso podía prestarse para algunas mal interpretaciones y después del incidente del beso, no podía permitirme cometer más errores.

Siendo honesta, ni siquiera sé si hago bien en considerar al príncipe Jasper como mi amigo, quiero decir, recién habíamos comenzado a llevarnos bien y nos besamos por error y la peor parte, es que no soy capaz de olvidarlo ¡Es terrible! Porque a veces me descubro fantaseando al respecto: reviviendo la sensación de sus labios sobre los míos e imaginando que tal vez, pueda besarle de nuevo...

Ahí es cuando la fantasía se detiene, no dejo que siga creciendo en mi imaginación, porque es cuando mis sentimientos por Edward me recuerdan que no estoy siendo una buena chica. Aún no logro entender en qué mundo alguien que tiene sentimientos por un hombre, puede desear besar a otro completamente distinto.

En cualquier caso, mi beso durante el festival de la luz ya no es más que un recuerdo y durante todo el mes me he esforzado en enterrarlo en la parte olvidada de mi memoria. Al menos, el príncipe Jasper parece haberlo olvidado y eso no deja de aliviarme enormemente, quiero decir, si él lo recuerda y decide hablar sobre el tema, sería muy vergonzoso y me costaría mucho ser su amiga. Al menos, sin nombrarlo fingir que nada pasa es mucho más fácil.

-Alice, ya es hora de irnos- el príncipe Edward se acercó a dónde yo estaba mirándome con una sonrisa-. Bella nos espera en la entrada, ¿vamos?

Asentí pidiéndome un segundo en sus ojos color caramelo, pero reaccioné cuando noté que estaban mirando a alguien en mi espalda.

-Alteza, ¿ya se van?- esa voz...era demasiado familiar.

Me giré de golpe para notar que la persona que hablaba, era un hombre de unos 37 años, pequeño y de sonrisa amable. Me fijé en su mirada un par de segundos más y fue cuando logré descubrir al dueño de la joyería, que me había causado todos estos problemas ¡Él era la única persona que me podía regresar a mi vida normal!

-Que bueno verte, Garrett- el príncipe le miró con alegría, como si fueran viejos amigos desde hace tiempo-... sí, ya es hora de volver a casa, mi esposa está algo cansada y por su salud es mejor que guarde reposo.

-¡Usted me recuerda, ¿verdad?!- exclamé sujetando a aquel hombre del brazo, sin embargo, él negó suavemente con la cabeza- ¡Como que no! ¡Usted me trajo hasta aquí! No puedo negar que ha sido divertido, pero ya es momento de regresar: tengo una boda en algunos días y de verdad me encantaría estar ahí para verla.

-Señorita, yo no sé de qué me está hablando...

-¡Por favor! Usted me dio una horquilla para mi hermana, ¿de verdad no lo recuerda?

-No recuerdo los hechos de tan vergonzosa acusación- dijo abriendo mucho los ojos mientras miraba de reojo a Edward, sin embargo, se acercó a mí en un momento para que solo yo le escuchara-... a veces no podemos cambiar nuestra vida solo con desearlo.

Garrett le dijo al príncipe Edward que le dejara hablar un momento conmigo, que le llamaba la atención el hecho de que me hubiese golpeado la cabeza y mi personalidad hubiese cambiado tanto.

-¿De verdad no me reconoce?- pregunté cuando nos habíamos quedado solos- Lo estuve buscando por todas partes y no tiene ni idea de los lios en los que me he metido desde que llegué aquí. Por favor, ayúdeme a regresar, ya le he dicho que ha sido muy divertido, pero no puedo seguir aquí por más tiempo ¡Incluso me pegaron latigazos y he estado a punto de morir! Además, creo que pronto está por asumir un nuevo rey y según recuerdo no parece ser muy buena persona...

-Señorita, es mejor guardar silencio- él se puso el dedo sobre los labios y bajó un poco la voz-, no es conveniente hablar en el palacio sobre los príncipes y la sucesión del trono... Es mejor aquí ser callado porque las paredes tienen ojos y oidos en todas partes...

-¿Me ayudará a volver?- pregunté tratando de sonar lo más tierna posible- Extraño mi vida de antes, por favor...

-Lo siento, señorita, me temo que no puedo ayudarla...

-Al menos, dígame que es lo que estoy haciendo aquí: ¿por qué estoy aquí? De verdad que no logro entenderlo...

-A veces es mejor vivir nuestra vida sin conocer realmente cuál es nuestro destino...

Se retiró, pero antes de hacerlo, me guiñó un segundo el ojo de una forma que solo yo pude verlo. No lo entiendo, si me recuerda ¿por qué dice que no? ¿por qué se niega a ayudarme a volver al siglo XXI?

Decidí que no le daría el poder de ponerme ansiosa a esta situación, supongo que mi vida es esta ahora y no hay mucho que hacer al respecto. Ademas, algo me dice que èl sabe exactamente las razones por las que estoy aquí, aunque aun no esté lista del todo para conocerlas.

El principe Edward me esperaba en uno de los jardines que estaban llenos de nieve, me mirò con una sonrisa antes de comenzar a caminar hacia la salida. Era divertido, porque mientras èl caminaba por delante, yo iba siguiendo las huellas que dejaban sus pies en la nieve. Iba tan entretenida en mi juego, que ni siquiera noté que èl se había dado cuenta de lo que hacía hasta que sus pasos comenzaron a ser un poco màs espaciados entre si y estuve a punto de caer.

Sin embargo, Edward me sujetò de la mano antes de que pudiera tocar el suelo. Le miré a los ojos un momento mientras él entrelazaba sus dedos con los míos. Sin lugar a dudas, ese instante podría ser eterno.

-Alice- susurró-, tienes unos ojos muy bonitos...

-¿De verdad?- pregunté sintiendo mis mejillas un tanto rojas.

-Tienes los ojos grandes y la mirada profunda, ademas eres muy bonita- creo que esta es la primera vez que me lo dice y sé que está mal sentirme tan emocionada, pero no puedo evitarlo. Creo que él notó la turbación que me habían producido sus palabras porque después de unos segundos añadíos-... te pareces mucho a tu hermana...

-Bella...-susurré recordando su mirada amable y su personalidad cariñosa- La quiere mucho, ¿verdad?

-Claro que sí, es una persona muy buena, siempre me sentiré agradecido porque sea mi esposa- asentí un par de veces con una sonrisa llena de conformidad-...También te quiero mucho a ti, desde que somos más cercanos, creo que disfruto mucho de tu compañía y te haz convertido en alguien muy importante para mí vida.

-Gracias, usted también es alguien importante- murmuré bajando un poco la mirada-, me ha ayudado mucho desde mi accidente y siempre le estaré muy agradecida.

-¿Leíste el poema que te entregué?

-¡Claro!- exclamé orgullosa, aunque evadiendo el hecho de que Bella me lo leyó- Me gustó mucho: la persona que contempla la lluvia y luego sale el sol... ¡muy bonito!..

La verdad es que nunca he sido muy buena con los poemas: las metáforas no son mi fuerte y siempre me ha costado mucho comprender la literatura. Soy inteligente, pero no creo que la interpretación que le estaba dando al poema, sea la correcta. Es decir, Edward me acaba de confesar que quiere mucho a su esposa, así que realmente no tiene mucho sentido que le escriba poemas sugerentes a su cuñada...

-Aun sigo esperando que me entregues una respuesta- comentó mientras seguíamos avanzando hacia la salida-, no olvides hacerlo porque espero saber con ansias qué piensas sobre él.

Mierda...

Aún no averiguo cómo leer aquí, quiero decir, con suerte libré del castigo del rey porque mi profesor de historia nos había enseñado bien, pero no recuerdo que nadie me enseñara sobre lenguas antiguas; de hecho ni siquiera sé a quién pedirle que me enseñe a leer sin sonar como... una tonta ignorante.