Jasper POV
La vida en el palacio era mucho más tranquila de lo que me esperaba. Había logrado acercarme un poco más a mis hermanos, aunque ya había renunciado a la idea de llevarme bien con James y mi madre. Ellos solamente habían olvidado nuestro parentesco y creo que yo debería hacer lo mismo.
Ya habían pasado unos tres días desde la visita de Alice al palacio, pero sentía que algo era extraño: ella había dicho que nuestro beso fue solamente el efecto de haber bebido alcohol durante la noche del festival y que pronto se me olvidaría, mas no lograba borrar el momento de mi memoria, siempre estaba de alguna forma ahí: podía estar estudiando con mis hermanos o cenando con Garrett por la noche y de pronto el recuerdo aparecía interrumpiendo todo lo demás.
-Garrett, ¿es normal recordar algo que se supone que se debe haber olvidado?- le pregunté una noche mientras terminábamos de comer. Èl me miró como si no lo entendiera por lo que me dije que tal vez debería darle más detalles- La noche del festival de la luz hice algo después de beber una bebida con alcohol que no había probado antes, por lo que estaba seguro de que lo olvidaría después, pero el recuerdo no hace más que repetirse en mi cabeza ¿eso es normal?
-La mente humana es tan compleja, incluso en el futuro las personas no lograrán comprenderla del todo...- me miró con una pequeña sonrisa- Alteza, la memoria es selectiva: si usted lo recuerda es porque en el fondo no desea olvidar aquel momento y se aferra a él, ya sea por la alegría o el dolor que le causa...Quizás el recuerdo se hace más real cuando duerme, pero no debe preocuparse demasiado por esto, ya que es completamente normal.
Asentí a pesar de que no estaba muy convencido sobre esto. Si de alguna forma extraña, yo elegí recordar aquel beso ¿será posible que Alice haya decidido olvidarlo? Si es así, me hace sentir un tanto enojado: ¿por qué ella puede olvidar tan rápido y yo me aferro al momento?
-Creo que la otra persona ha decidido olvidarlo...- susurré más para mí que para Garrett.
-¿De qué habla, Alteza?
-¡De nada!- me apresuré a decir antes de que el astrónomo comenzara a escudriñarme con sus ojos diminutos.
-Si por casualidad se tratara de la joven de ojos bonitos de la que habló cuando vino a visitar a su madre, yo creo que debería conversar con la familia de ella e intentar formalizar la relación.
-Su familia no es de la capital- murmuré mientras revolvía un poco mi comida- y no he hablado con ella al respecto; no me gustaría involucrar a su familia sin que ella sepa nada... además, no creo que ninguna chica o familia noble me acepte tan fácilmente.
-Alteza, usted sabe que su padre puede intervenir ¿verdad?
-Garrett, ya tengo 21 años, no puedo volverme dependiente del poder del rey a esta edad, ademas si llego a casarme no me gustaría que mi esposa estuviera conmigo porque mi padre amenazó o la comprò a su familia.
-Entiendo...- me miró con una sonrisa antes de beber un poco de su té- pero, en caso de que quiera saber, la familia Swan tiene una audiencia en unos días con el rey.
Le mirè con los ojos muy abiertos al tiempo que intentaba disimular lo nervioso que comenzaba a sentirme de pronto.
-No entiendo por qué me lo dices- dije antes de desviar mi mirada a mi cena- ¿La familia Swan? No los conozco... no... no sé qué interés puedo tener yo con ellos.
-Supuse que tal vez usted querría...
-¡Nada, Garrett! No hay nada que yo quiera de esa familia y todo lo que pienses está completamente equivocado.
-Como usted diga, Alteza...
Por la forma en que me miró, pude notar que le causaba gracia todo esto. La verdad es que no sé qué tanto sabe Garrett, pero espero que no se le ocurra contar mis intimidades al rey. Ya es lo suficientemente incómodo tener cuidado con la cantidad de gente que vive en el palacio, como para estar guardando secretos en mi habitación.
Al día siguiente, mientras pasaba por uno de los pasillos que daban al jardín pude ver a la princesa Maria mirar fijamente con sus ojos verdes hacia los árboles. Su joven rostro estaba contraído en una mueca de ofuscación, al tiempo que apretaba con fuerza la falda roja de su vestido. Parecía bastante molesta, mas en cuanto crucé por su campo de visión su expresión se suavizó con una amplia sonrisa.
-Buenos días, hermano- parecía bastante contenta de verme-. Luces muy bien, aùn no me acostumbro a verte en el palacio, pero me alegra mucho que no te enviaran lejos porque te extrañaría mucho y no sabría como enviarte cartas o regalos sin que alguien los robe en el camino.
-Yo tampoco me he acostumbrado del todo a esto, pero supongo que ya era el momento de retomar una relaciòn con mi padre.
-Al menos tu haz podido afianzar dicha relación- sonrió con un poco de amargura-... Me alegra mucho que vivas aquì, hermano.
-¿Haz venido de visita a ver al rey?- pregunté con la idea de cambiar el tema de conversación.
-Así es, traía de regalo una almohada que bordé- respondió con algo de orgullo en la voz-, hablé con él un par de minutos y al parecer, por lo que dijo... pronto voy a casarme.
Esta si que era una noticia sorpresiva. No parecía que el rey estuviera muy dispuesto a casar a Maria, aunque tal vez esté pensando en casarla con alguno de los príncipes para asegurarse de que ella se quedara cerca. Siendo honesto, no sabría qué hacer si Majestad decide que ella debe ser mi primera esposa, porque un matrimonio con ella no es algo que realmente esté considerando. Maria es una joven muy hermosa y talentosa, pero es alguien a quien solo puedo ver como mi hermana o mi compañera de juegos de la infancia...de todas formas me calma mucho que mi padre aun no confía tanto en mí como para convertirme en esposo de su hija favorita. Ahora que lo pienso, sí es un alivio no haber permanecido tanto tiempo en el palacio como mis otros hermanos...
-¿En serio?- la miro sorprendido- ¿Con quién?
-No estarás pensando que puedas ser tú, ¿verdad?- James apareció de pronto para ubicarse junto a la princesa y mirarme con desprecio-. Maria es demasiado valiosa como para permitir que se convierta en la esposa de un perro como tú; ella merece a un esposo que pueda tener posibilidades en competir por el trono.
-Agradezco tus palabras, hermano- ella parecía bastante complacida con la situación que se había formado-, pero creo que sobreestimas mi valor: mi padre está pensando en casarme con una familia rica de la frontera que ni siquiera tiene tìtulos nobiliarios. Al parecer, mi valor solo alcanza para ser la señora de una casa.
-¡Esas son tonterías!- exclamó James ofuscado- Maria, para triunfar tu necesitas un esposo que conozca tu valor, alguien que te asesore, que pueda hacerte brillar...
-Jasper, ¿tú que buscas en una esposa?- María seguía sonriendo de forma coqueta, al tiempo que James me miraba con una muda advertencia en los ojos. Sin lugar a dudas, este era un juego en el que no querìa participar.
-Si llego a casarme más que una esposa sumamente valiosa, espero tener a alguien que me valore a mí- dije sonriendo un momento al imaginar ese posible futuro-, que me atesore y me quiera y que no sienta asco por mirar esta cara tan fea que tengo...
-Eso nunca va a pasar- James me miró con una sonrisa llena de arrogancia e ironía-, tu tendrás que conformarte con prostitutas que son las únicas que podrían aceptarte sin asco, siempre y cuando, pagues bien... Dime una cosa ¿alguna vez haz estado con una mujer sin tener que pagar por ella?
-No creo que sea un tema que la princesa Maria quiera escuchar.
-Creo que tal vez quieran conversar en privado- ella nos miró a ambos con una sonrisa- , después de todo, son hermanos que no se ven hace muchos años y estoy segura de que tienen mucho de qué hablar.
-No tengo nada de que hablar con él- aclarò mi hermano aun enojado-, lo único que tengo que decirte, Jasper, es que dejes en paz a la princesa Maria; pierdes tu tiempo, porque hagas lo que hagas, el rey jamás te concederá su mano.
-Si estás tan seguro de eso ¿quieres apostar?
La princesa Maria parecía realmente complacida por la situación que se había generado, pero aunque sè que lo que siento por ella no es amor, acabo de descubrir que sì hay una razón que podría llevarme a considerarla como mi esposa: James la desea tanto que es capaz de todo por ella. Mi único móvil sería demostrarle a mi hermano mayor que puedo conseguir lo que èl quiere con un mínimo de esfuerzo. Sè que tal vez ahora el rey no me considera como posible esposo de la princesa, pero tengo puntos a favor, al menos más que James: arriesgué mi vida por proteger al príncipe heredero, colaboré en la investigación a pesar de que mi madre estuvo involucrada y ayudo a Emmett en todo lo que puedo... Sin lugar a dudas, si quisiera podría esforzarme en conseguir la mano de la princesa Maria y lograr mi cometido...
Abandono rápidamente esos pensamientos, ya que por mucho que la situaciòn con mi hermano sea insoportable, èl mismo se encargó de sepultar bajo tierra un posible romance con la princesa: ambos son ambiciosos, por lo que en caso de James eligió tomar como primera esposa a una nieta de un ministro de la corte que le asegura gran influencia entre las familias nobles más importantes, supongo que es una pieza clave para avanzar hacia el trono; mas al querer conquistar el trono renunció a su vez a Maria, ya que ella jamás aceptaría ser la segunda esposa. Se supone que todas las esposas deben ser consideradas como iguales, pero en la práctica se entiende que la primera esposa siempre es la más importante.
Yo creo que es mucho mejor tener solo una esposa: viendo la experiencia de mi padre y de mis hermanos ya casados, no veo como el casarse muchas veces garantice la felicidad de un hombre.
Terminado aquel breve encuentro con James, decidí ir al salón donde solía tomar clases con mis hermanos. Quedaba dentro de las dependencias de Garrett, quien también a veces era nuestro profesor. Hay que reconocer que el hombre es inteligente, pero que sus historias del futuro se han vuelto menos creíbles ahora que he crecido, recuerdo que cuando éramos niños las historias de estrellas, destino y el futuro lograban mantenernos entretenidos por horas, pero ahora cuando comienza a hablar de pájaros metálicos que vuelan por el cielo llevando gente en su interior, todos le miramos como si se hubiera vuelto loco de pronto.
En el interior de la sala estaban mis hermanos de pie, mirando a Alice que nos miraba a todos visiblemente sorprendida al tiempo que sujetaba un trozo de papel en su mano.
-Alice ¿qué haces aquí?- preguntó Seth acercándose a la chica para quitarle el papel- ¡¿Haz venido a visitarme?!...¿Qué es esto?
La chica comenzó a mirar a Edward, pidiendo ayuda para recuperar su carta.
-Esto... es una tarea- respondió la joven- Edward me dio un poema para estudiar y esa es la respuesta...
-¿No deberías estar en la casa?- preguntó Maria frunciendo el ceño- Isabella está muy enferma y tu pierdes el tiempo escribiendo poemas. Si tenías que entregarle algo a mi hermano, podrías haber esperado a que volviera a la casa.
-Es que...estaba tan emocionada por haber terminado, que no resistí las ganas y vine...¡Pero ya me voy! Que todos tengan una muy buena tarde...
Alice corrió rápidamente a la salida, se veía bastante avergonzada porque la hubiésemos descubierto, aunque había algo en su historia que no me cuadraba del todo: yo estoy casi seguro de que ella no sabe leer. Cuando estábamos en el festival con Seth, la dueña del local de comida nos ofreció un trozo de papel con el nombre de todos los tragos y Alice fingió leer para luego pedir lo mismo que había pedido yo. Si ella no sabe leer, es evidente que tampoco sabe escribir y por lo tanto, responder un poema le es algo imposible.
Me sentè en mi escritorio, junto a la ventana, al tiempo que notaba que Jacob salía enfadado del salón, aunque no lograba comprender el motivo de su repentino cambio de humor.
-¡Muy bien, veamos qué ha escrito la señorita Alice!- exclamó Seth emocionado.
-Seth, las cartas son algo privado- murmuró Edward intentando quitarle el trozo de papel- Vamos, entrégamelo.
-¡No sin leerlo primero!- el chico se apresuró a desdoblar la hoja y comenzar a mirar su contenido-... ¿Pero qué?...¡Esto está muy raro! ¡¿Qué es esto?!
-¡Trae acá, ignorante! Como se nota que solo juegas y no prestas atención a los estudios...- Peter se acercó a la hoja con la disposición de leerla- Edward...¿Qué es esto? ¡¿En qué idioma escribe tu cuñada?!
No pude evitar reír un momento al ver la cara de confusión de mis hermanos, que se habían amontonado a leer la carta. Incluso James miraba por sobre el hombro de Edward para intentar traducir el contenido.
-Esto es...sin lugar a dudas es...- Edward examinaba la hoja como si las claves de la vida se encontraran escritas en ella- no...no sè lo que es...
-Hermano, ¿tú sabes lo que dice?- Seth le quitó la hoja a Edward y la extendió ante mis ojos.
Sonreí un segundo al entender plenamente el significado de la carta. No era un escrito, ni mucho menos un poema; Alice habìa hecho un dibujo de una cara sorprendida.
-Seth, cierra tus ojos y abre tu boca como formando una O- el chico me hizo caso mientras todos los demás nos miraban con atenciòn-, ahora estira los brazos por encima de tu cabeza... ¡Ahí lo tienes! Es una cara sorprendida: de seguro la señorita Alice se sintió muy emocionada al leer el poema.
-¡Oye, es cierto!-exclamó Peter agarrando la hoja para compararla a lo que hacia nuestro hermano menor- ¡Es igual al dibujo!
-¡Déjame ver!-Seth dejó la postura para que Peter comenzara a hacerla- ¡Es cierto!
-Quien diría que nuestro hermano Jasper resultaría ser un genio de los idiomas extraños...- añadió Peter abrazándome por sobre los hombros y ganándose una mirada enfadada de parte de James- ¿Que?...
Alice POV
Estuve casi 3 días intentando hacer un poema que el príncipe Edward lograra entender, por supuesto no quería nada romántico ni sugerente porque no estoy tan segura todavía del significado de su poema. Según yo era casi una declaración de amor, pero eso no podía ser porque él quiere a su esposa y debe tener una interpretación diferente que aún no comprendo del todo.
Por supuesto, intentar responder al poema sin saber leer ni escribir era realmente complicado, he oido que hay gente autodidacta que logra aprender a leer sin ayuda, pero después de horas en la biblioteca de intentar comprender algún libro, me di cuenta que yo no soy como ese tipo de gente.
Pensé en pedirle ayuda a Isabella, pero ella pasó una muy mala noche y creo que es mejor dejarla descansar hasta que se sienta con más animos.
Finalmente me decidí por un dibujo, quiero decir, en el siglo XXI da igual el idioma que hables porque los emojis se entienden igual en todas partes: una carita feliz significa lo mismo en América como en China y esperaba, de todo corazón, que una carita sorprendida pudiera interpretarse de la misma forma en el siglo X.
Cuando terminé mi dibujo, corrí al palacio donde se supone que el príncipe Edward estaría estudiando con sus hermanos. no pude contener la emoción al haber terminado mi respuesta a su poema y quería entregársela en cuanto antes, sé que fui muy poco racional, pero cuando me percaté de eso ya los otros príncipes me habían descubierto y escapé antes de que pudieran verlo y hacerme preguntas incómodas al respecto.
Estaba caminando por uno de los jardines, buscando la salida cuando sentí que alguien me agarraba con fuerza del brazo y me obligaba a detenerme. Miré al príncipe Jacob que parecía bastante enojado mientras intentaba contener mis ganas de salir corriendo, creo que a èl no le agrado del todo, así que no sé por qué me detiene de esta forma.
-¡Alice, ¿se puede saber qué esta haciendo?!- me preguntó mirándome enojado.
-No sé de qué me habla- murmuré bajando un segundo la mirada.
-¡No te hagas la estùpida conmigo!-gritó- ¡Puedes fingir ser inocente con Bella, con mis hermanos, pero no conmigo!... ¿Qué es este juego que tienen Edward y tú?
-¡No es ningún juego!-exclamé tratando de sonar segura pese a todo- Yo considero al príncipe Edward un amigo y...
-¡No mientas! Lo he notado hace un tiempo: las miradas furtivas que comparten a cada momento, las excusas que buscan para pasar tiempo a solas- podía sentir que mis ojos se llenaban de lágrimas a medida que él iba enumerando dichas cosas-, el hecho de que de seguro te pasas todo el tiempo que no estás con él preguntándote qué hacer para hacerlo feliz... ¡Están enamorados y lo peor de todo es que Bella lo sabe!
-¡¿Bella lo sabe?!- pregunté incapaz ya de contener las lágrimas que me inundaban por la culpa-...¿Qué es lo que sabe?
-Sabe los sentimientos que tiene el príncipe Edward por ti- me aclarò al tiempo que me miraba a los ojos-...¿sabes? A mí no me importa si ustedes dos están enamorados, ¡lo único que me importa es que con todo esto le están haciendo daño a Bella! ¿Cómo puedes ser tan cruel? ¡Es tu hermana!...
-¡Yo no quería!- sollocé- Juro que no...
-Sè que tu no eres la única culpable... de hecho, Edward es el principal responsable del sufrimiento de Isabella...¡¿Tienes idea de lo mucho que ama Bella a su esposo?! Esa chica está tan enamorada de él que es capaz de soportar que Edward te tome como segunda esposa ¡Pero yo no lo soportaré! ¡No tienen ningún derecho a romperle el corazón a Bella así! Si se atreven a hacer sufrir a Bella, juro que enfrentaré a Edward y lo pondré en su lugar.
-Jacob, ¿me permites hablar con la señorita Alice?- No sé cuanto rato llevaba Edward escuchando mi conversación con el príncipe Jacob, pero ahí estaba mirándonos con visible dolor en los ojos.
Caminé con él a mi lado en un completo silencio que yo no me atrevía a romper. Me sentía culpable y avergonzada, porque todo lo que había dicho el príncipe Jacob es verdad: estoy siendo cruel con Bella, porque durante todo el tiempo que estuve intentando responder el poema, jamás pensé que podría dañar los sentimientos de mi hermana. Pero lo que me hace sentir realmente mal es que si ella sabía todo, ¿por qué no me dijo nada? Ni siquiera me dio un reclamo o me envió lejos teniendo el poder para hacerlo, siempre fue buena y dulce conmigo a pesar de mi traición.
-Lamento mucho que hayas tenido que escuchar esas cosas- el príncipe Edward se atrevió a romper el silencio mientras yo intentaba controlar mis lágrimas-. Jacob no tenía ningún derecho a tratarte así.
-Pero tiene razón- susurré-, le estoy haciendo daño a Bella y ella no se merece algo así.
-Alice, tu no tienes de qué preocuparte- sujetó mi rostro entre sus manos antes de besarme un momento en la frente-: hablaré con mi hermano para que se calme y para que no vuelva a molestarte... no debes llorar porque lo que dijo él no es mentira, yo sí te quiero y...
-¡Lo siento mucho!-di un paso hacia atrás para que dejara de tocarme.
-¿Què es lo que sientes?- preguntó mirándome con preocupación y juro que estuve a punto de confesar que sentía el haber comenzado a sentir algo por él, haber besado a su hermano y no arrepentirme de eso y el haber complicado su matrimonio con mi hermana.
-Lo siento, porque siempre que estoy a solas con usted, estoy triste o llorando- respondí, limpiándome un poco la cara-... Prometo que intentaré ser más fuerte y no seguir siendo una fuente de problemas para usted... vamos a olvidar esta conversación y no le diga nada a su hermano, no sería bueno que peleara con èl por mi causa ¿està bien?
Le dejé solo en el jardín para comenzar el camino hasta la casa. Aproveché todo el trayecto para calmarme un poco y aunque había comenzado a nevar, yo era incapaz de sentir realmente el frío. Sonreí un segundo, porque recordé que una amiga decía que en su ciudad natal existía la creencia de que si ves la primera nevada del año con una persona, su amor se volverá real; es bonito pensar que el amor depende de cosas tan simples como la nieve y que no deben haber demasiadas complicaciones...
En cuanto llegué a la casa, vi a Bella junto a una pequeña fogata, quemando sus cosas. Se veía realmente pálida y ojerosa; yo no lograba entender por qué estaba deshaciéndose de sus pertenencias ni porque habìa decidido levantarse para hacer esto mientras está nevando. Me quité el abrigo que tenía puesto y rápidamente cubrí a mi hermana con èl para que no sintiera frio. Ella me sonrió un segundo, antes de que la tos sacudiera su cuerpo violentamente.
-¡Bella! ¡Bella, por favor!- supliqué al ver que no se detenía- ¡Bella, vamos adentro! Hermanita, aún no estás bien y hace frio afuera.
Ella dejó de toser, pero en cuanto bajó la mano de su boca pude ver que su pañuelo tenìa una gran mancha de sangre al igual que sus labios. Se me llenaron los ojos de lágrimas al comprender la razón por la que mi hermanita nunca mejoraba de su enfermedad y al entender que ya era demasiado tarde para pensar en iniciar un tratamiento: Bella expulsaba tal cantidad de sangre al toser, que el pañuelo ya estaba casi todo cubierto de rojo y mi vestido también tenía los vestigios de su enfermedad.
-Alice...-susurró con las pocas fuerzas que le quedaban mientras la llevaba a su cuarto- hermanita, por favor, quiero que me maquilles.
-No...- una lagrima rebelde cayó por mi mejilla asì que la limpie rápidamente-, no es momento de maquillarte, Bella. Tu tienes que descansar y debemos llamar un médico en cuanto antes.
-Por favor, Alice, quiero...- le costaba mucho trabajo respirar- quiero que me maquilles por última vez para el príncipe, quiero que él me recuerde siendo bonita.
Bella lo sabía y yo también: la vida se le estaba escapando a raudales entre los dedos sin que nadie pudiera evitarlo. Me sentía como si me hubiesen clavado un cuchillo en el centro del pecho, porque esta era nuestra última tarde juntas, nuestro último recuerdo. Me dije que no podía ser un momento lleno de lágrimas, así que intenté sonreír un poco al tiempo que comenzaba a buscar las cosas necesarias para maquillarla.
Ella se sentó en la silla frente al espejo y pude notar que lloraba en silencio mientras le pintaba los labios de rojo. Intenté contener mis propias lágrimas a medida que iba dándole un poco más de color a su rostro.
-Alice, dime una cosa- me miró con una sonrisa aunque la alegría no le llegó a los ojos- ¿Qué es lo que sientes tú por el príncipe Edward?
Me quedé congelada en mi lugar por la sorpresa y aunque sabía que tenía que responder algo, no lograba formular una respuesta coherente en mi cabeza.
-Bella, por favor perdóname... yo...
-No me pidas perdón- señaló tomándome de la mano-, pero eres tan tonta y él también; ambos lo son. Si se quieren no debe importar el resto y espero que siempre recuerdes esto... eres una buena chica, Alice, asì que serás una muy buena esposa. Eres una niña dulce, cariñosa y muy buena, pero no tienes que dejar que eso te ciegue...Tienes que cuidarte a partir de ahora, no dudo en que Edward velará por ti, pero tienes que cuidar de ti y no depender de que otros lo hagan. Recuerda comer bien, cuidarte de los resfriados y ser feliz ¿está bien? Tu tienes que recibir todo el amor que yo en esta vida no pude... Cuando puedas, hazle una almohada al príncipe Edward: es un hombre que tiene muchas preocupaciones y me gustaría que al menos por las noches pueda dormir tranquilo... Hermanita, promete que serás feliz, más feliz de lo que yo fui por tenerte a ti y al príncipe a mi lado.
Me quedé un rato junto a ella, haciendole compañía mientras esperábamos a que el príncipe Edward llegara a la casa. Bella respiraba muy lento y profundamente: le quedaba muy poca energía y lo único que ella quería era pasear con su esposo una última vez.
En cuanto vi al príncipe avanzar por los pasillos, salí corriendo a buscarle. Bella le había esperado toda la tarde y se merecía que su último deseo se hiciera realidad.
-Alice, ¿qué pasa?- me preguntó en cuanto lo sujete con fuerza del brazo.
-Es Bella- sollocé-, está muy débil y dice que lo único que quiere es pasear con usted.
Él pareció entender la situación porque de inmediato fue a buscarla, la abrigó bien y aunque le dijo que era mejor que pasearan mañana, ella insistió en que quería ver los paisajes nevados y caminar tomada de su brazo una última vez.
Ellos avanzaban muy lentamente por los jardines llenos de nieve, yo iba un poco más atrás sintiendo un nudo en mi garganta y escuchando su conversación.
-Me gusta la nieve- dijo Bella en voz muy baja-, me hace recordar el día en el que lo conocí: yo estaba de visita en la capital y a usted lo acababan de expulsar del palacio, estaba alimentando a su caballo y yo lo veía tan bello, libre... era un príncipe al que le habían cortado las alas y yo lo único que quería hacer era ayudarle a volar...
-Querida, no hables- el príncipe Edward acarició suavemente su cabello antes de besar su mejilla-, te cansarás más si sigues hablando.
-Me enamoré de usted en ese mismo instante- confesó mi hermana, con la voz débil y cansada- y presione a mi familia por la boda, sabiendo que necesitaba la ayuda económica para volver a resurgir...
Bella tropezó un momento y ya no pudo seguir caminando, por lo que el príncipe Edward la cargó sobre su espalda para llevarla de regreso a la casa. Pensé que ella estaba dormida, pero lo descarté porque seguía hablando.
-Edward, promete que va a casarse de nuevo y que va a ser muy feliz con su nueva esposa...
-Bella, no hablemos de eso ahora...
-Por favor, nunca olvide que yo lo amo- podía sentir las lágrimas cayendo por mis mejillas y como la angustia en mi interior crecía-, yo sé que usted nunca me amó, pero eso a mí no me importaba: era feliz solamente con amarlo, así que le agradezco que me haya elegido como su esposa y me dejara acompañarlo durante todo este tiempo...
-Bella...- la voz del príncipe Edward parecía sonar teñida por el dolor a medida que suspiraba- yo sí te a...
-No tiene que decirlo ahora- murmuró Bella en una voz apenas audible-, simplemente yo lo amo más...
De pronto, la mano de Bella que descansaba sobre el pecho de su esposo se soltó y supe que ella se había ido. Yo me cubrí la boca con mi mano al tiempo que explotaba en el llanto que había estado conteniendo desde hacía un rato.
-Alice, guarda silencio- el príncipe se había girado para mirarme con sus ojos llenos de lágrimas y aún cargando el cuerpo de su esposa-, se puede despertar...
Me dejé caer sobre la nieve para llorar en calma mientras le veía avanzar hacia la casa.
Sin Bella, sin mí hermana, me había quedado completamente sola en este mundo y lo que era peor, me dolía enormemente saber que nunca más volvería a ver a Bella y nunca más podría refugiarme en su abrazo en busca de cariño y protección incondicional...
