Alice POV
Durante mi traslado al palacio Garrett me explicó a grandes rasgos cuales eran mis labores como cortesana y creo que no podría estar en mejor posición: puedo trabajar, me pagan por ello y si tengo un buen comportamiento puedo acompañar a la familia real en alguno de sus viajes.
Sin lugar a dudas ser dama de la corte es mucho más divertido que ser de la nobleza y creo que podré ser alguien muy útil en el palacio.
En cuanto llegamos el príncipe Jacob se acercó a mí para ayudarme a bajar del carruaje.
-Luces bastante contenta para haber sido castigada- murmuró- ¿De verdad estás feliz o estás fingiendo?
-¡Por supuesto que soy feliz, Alteza!- dije sonriendo- Puedo trabajar, me pagan por ello y tal vez pueda ir a algunos viajes... ¡Tal vez logre conocer la India y montar elefantes!
-Esperemos que así sea, Alice y bienvenida al palacio...
-¡Alice, Alice, Alice!- exclamó Seth corriendo hacia donde yo estaba para mirarme con una gran sonrisa- ¡Por fin estás aquí! ¡El palacio será mucho más divertido ahora que vivirás con nosotros!
-Seth, la señorita Alice no vivirá en el palacio para jugar contigo- le recordó el príncipe Emmett con amabilidad-, recuerda que está aquí para trabajar como cortesana y que difícilmente tendrá tiempo libre para jugar.
Sonreí un momento antes de que el príncipe Peter dejara su charla con su hermano Jasper para acercarse a saludarme. Miré a los príncipes rápidamente y no pude evitar preguntarme cuál de todos ellos sería capaz de matar a sus hermanos y por qué razón.
Parecen tan unidos que no puedo evitar temer porque el príncipe Emmett se vuelva ambicioso y quiera deshacerse de sus hermanos...Solo espero que siempre recuerde lo mucho que los quiere y que jamás piense en alguna vez hacerles daño.
Mientras avanzo hacia mi nuevo hogar, paso junto al pŕincipe Jasper que me mira con algo de preocupación. Él aún parece enfadado conmigo, pero no logro comprender la razón: sé que hizo todo lo posible por ayudarme, pero no debería sentirse mal por no haber logrado llevar a cabo su plan inicial... de alguna manera me siento frustrada porque él no se siente feliz como los demás.
En cuanto entro a las dependencias de la señora Esme veo que se encuentran reunidas una serie de mujeres, todas uniformadas y serias que no dejan de mirarme con curiosidad. Supongo que son mis compañeras de trabajo y espero de todo corazón no tener ningún tipo de problemas con ellas.
-Bienvenida Alice- la señora Esme se acerca a mí a paso lento y con una expresión severa-, soy la concubina real Esme y estoy a cargo de la jurisdicción del Daminton.
-¿Daminton?- pregunté confundida.
-El Daminton es el área del palacio encargada de atender las necesidades de la familia real- contestó con un tono de suficiencia en la voz-, contamos con zonas de baños termales para proporcionar los baños que la familia necesita, conocimientos en medicina, belleza y nutrición... Te pedí al rey porque oí que sabes sobre plantas medicinales y maquillaje así que serás útil aquí.
-¡Tengo tres diplomas en estética y una especialización en maquillaje creativo! Con Charlotte, mi criada, logré volverla una verdadera belleza ¡Con decir que todos los soldados en casa del príncipe Edward se volteaban a verla!
-Ven conmigo...- me guió en completo silencio hasta su habitación donde se sentó detrás de un gran escritorio- ademàs de todo lo que señalaste ¿sabes leer?
-No- la señora Esme me miró con cierta incredulidad.
-Me estàs diciendo que la hija de una de las familias màs nobles del reino no sabe leer... ¡Es increíble!
-Yo sabía leer- me expliquè-, pero lo olvidè despuès de un accidente en que golpee mi cabeza.
-Da igual... vas a dedicarte a aprender a leer despuès de terminar tus labores, ninguna dama de mi corte se va a quedar sin saber leer.
-Sì, señora.
-Te señalarè algunas reglas que espero puedas seguir sin mayores dificultades- asentì con la cabeza al tiempo que prestaba atención-. Sè que eres amiga de los príncipes, pero ese trato fraterno aquì no puede continuar: eres una dama de la corte que està al servicio de los príncipes y debes recordar siempre cual es tu posición.
-Ya lo sè, señora.
-Lo mejor que puedes hacer aquí es mantenerte alejada de la familia real y sus problemas. Debes observar y mantenerte en silencio en todo momento para evitarte cualquier problema...
Es injusto.
A mi no me interesa que ellos sean príncipes y que deba verlos como personas superiores a mi; son mis amigos, asi que no quiero tratarles diferente solamente porque ahora tengo que trabajar para ellos.
Salí de esta zona del palacio después de dejar mis cosas en la que serìa mi habitación. La señora Esme me había dado el resto del dìa libre para que conociera el palacio y pudiera memorizar cada uno de sus rincones, pero me dije que debía aprovechar el día para pasear por los jardines. Estaba haciendo eso, cuando vi al prìncipe Jasper caminar tranquilamente cerca de donde me encontraba.
Me acerqué corriendo hacia donde se encontraba, quería hablar con él porque no habìa tenido la oportunidad desde que el plan de huida fracasó.
-¡Alteza!- exclamé en cuanto me puse frente a èl, le dediqué la reverencia de rigor a modo de saludo mientras me miraba con un poco de enfado en sus ojos azules- No había tenido la oportunidad de agradecerle: sè que hizo todo lo posible para evitar mi matrimonio con el rey y siempre le estaré muy agradecida; es usted un muy buen amigo y...
-¿Por qué lo hiciste?
-¿Perdón?- no lograba entender de qué estaba hablando porque hasta ahora creo que no he hecho nada malo.
-¡Esto!- exclamó sujetando la mano en la que me había cortado para evitar la boda- ¡¿Acaso no sabes lo dificil que es la vida con una cicatriz?!...- le miré confundida, sè que la marca en mi mano es mucho más pequeña e insignificante que la cicatriz que èl lleva en su rostro, pero jamás pensé que podría importarle tanto- ¿Acaso no podías solo casarte con el rey?
-¡¿De verdad querías que me casara con el rey?!- exclamé casi al borde de las làgrimas- ¡¿Crees que habrìa sido feliz siendo la cuarta esposa de Su Majestad?!... ¡¿Sabes lo que me dijeron las damas de la corte cuando me estaban preparando para la ceremonia?! ¡¿Quieres oír sus consejos?! ¡Me dijeron que durante mi noche de bodas solo cerrara los ojos y pensara en algo agradable! Por un momento me dije que lo intentaría, que no duraría demasiado y que podría dedicar mi vida a borrar los recuerdos desagradables ¡Pero no soy tan valiente! No podía permitir que el rey... me hiciera suya a la fuerza... Sè que tal vez usted no lo entiende, pero sè que no habría podido vivir después de mi noche de bodas, así que creo que me haría la cicatriz una y mil veces.
-Alice, no lo entiendes- acarició suavemente con su pulgar el trozo de tela que me había puesto para cubrir mi herida- ¿Crees que es muy divertido ser una dama de la corte? Haz perdido completamente tu libertad ¡Eres propiedad del rey y nunca podrás abandonar el palacio! Estás condenada a vivir y morir aquí...
-No me arrepiento de mis decisiones, Alteza y entiendo que estè enfadado conmigo, pero trate de ponerse en mi lugar- me miró de reojo mientras yo sonreía contenta- ¡Vamos, no se enfade conmigo! ¡¿Por qué en lugar de enfadarse no damos un paseo?! Quiero conocer mejor el palacio y será bueno si lo hago en compañía.
El príncipe asintió antes de comenzar el camino por los jardines llenos de flores y algunos árboles frutales. Llegamos hasta la orilla de un lago donde nos sentamos un momento a contemplar el agua cristalina, creo que nunca en la vida había visto un lugar con agua tan clara y no pude evitar pensar que todo era increíblemente bello.
-Alteza, ¿cómo es el palacio?- me giré para mirar al príncipe Jasper que rápidamente desvió sus ojos de mi cara para contemplar el lago. Podría jurar que llevaba rato mirándome, pero de seguro solo fue un segundo y se sintió avergonzado de que lo descubriera.
-Es un lugar aterrador- su voz era triste y lejana, pero sentí que estaba siendo sincero-. Es el tipo de lugar donde no puedes confiar en nadie y terminas estando muy solo para poder sobrevivir.
-Pero yo no estoy sola- dije convencida.
-¿Por qué no estás sola?
-Porque usted está aquí conmigo, Alteza- le miré con una gran sonrisa que él correspondió tímidamente- y puede confiar en mí...
-¿Crees que puedes ser feliz aquí, Alice? - su mano permanecía sobre el pasto muy cerca de la mía, por lo que me decidí a darle un apretón amistoso.
-Por supuesto que sí- miré el paisaje a mi alrededor sin poder contener la sonrisa-, voy a ser feliz, sé que voy a lograrlo...
La verdad es que ser dama de la corte no es tan fácil como pensaba. Aquí nos uniforman de acuerdo al rango: la señora Esme viste de rojo, las otras damas de rango mayor visten de verde y las damas inferiores vestimos de amarillo y nos ordenan en filas según nuestro comportamiento o experiencia, por supuesto yo voy siempre al final porque soy la más nueva... y también la más torpe.
Casi todos los días causo algún accidente confundiendo las comidas de cada reina o derramando un poco de agua caliente en los dedos de algún príncipe a la hora de servir el té... Además, Jasper tenía razón: inevitablemente comienzo a sentirme un poco sola, porque no he logrado hacer ninguna amiga entre las otras cortesanas e incluso he escuchado que no les caigo muy bien.
-¿De verdad ocurrió eso?- una de las chicas hablaba con otra mientras yo terminaba de preparar un té para uno de los príncipes.
-¡Claro que sí!- respondió Luce emocionada- Alice escapó con el príncipe Jasper el día de su boda con el rey y aún continúan viéndose, estoy segura de que huirá con ella cuando el rey le regale alguna casa.
-Hay que ser estúpida para volverse amante del príncipe Jasper: es el único de los príncipes que no tiene fortuna y estoy segura que él trae mala suerte: piensa que Alice se involucró con él y pasó de ser reina a cortesana.
-¡Es un salvaje! Entre los sirvientes corre el rumor de que mató a unos lobos con sus propias manos y que mató él solo a un grupo de asesinos.
-Sin lugar a dudas Alice está loca...
-¡¿Creen que habrá visto su rostro sin la máscara?! ¡Debe ser horrible!
-¡Señoritas!- la voz de la señora Esme resonó en el lugar- ¡¿Con qué derecho se permiten hablar del príncipe como si no mereciera respeto?!
-¡Señora Esme!- lloró una de ellas- ¡Por favor discúlpenos, yo...!
-Ustedes saben que lo que han hecho es muy grave ¡¿Qué habría pasado si el prìncipe Jasper escucha palabras tan crueles?!
-¡señora Esme, yo le prometo, le juro que...!
-No me interesa oír tus promesas. Saben todas que no tolero la indisciplina y ustedes dos han cometido una falta grave, las veo en mi cuarto para indicarles su castigo y tengan por seguro que mientras yo viva no volverán a acercarse a ningún miembro de la familia real.
Pude sentir como las chicas se retiraban llorando. A mi también me han castigado, pero no por alguna falta grave, de hecho, mis castigos suelen ser levantar unos cuantos libros pesados por sobre mi cabeza unas cuantas horas en el cuarto de la señora Esme, pero me imagino que ella tiene toda una gama de posibles castigos.
-Alice- me llamó por lo que me asomé por la pequeña puerta sin darme cuenta de que había estado llorando en silencio-, sabía que estabas ahí.
-Lo siento, no pretendía escuchar conversaciones ajenas: yo estaba preparando un te y ellas comenzaron a hablar y...
-Debes aprender a ser fuerte- señalò mirándome con el ceño ligeramente fruncido-. Si te vas a derrumbar por solo un comentario malicioso, me temo que no eres adecuada para servir en la corte ni para sobrevivir en el palacio.
-¡Pero es tan injusto!- protesté limpiándome las lágrimas- ¡Ni siquiera es cierto lo que ellas dijeron! ¡Ademàs no deberìan juzgar al príncipe Jasper! ¡Si el mató a esas personas tal vez tiene sus motivos!
-¡Basta de lloriqueos infantiles! Sea cual sea tu relaciòn con el prìncipe, ya no existe- me recordò algo enfadada- ¡Tu eres una dama de la corte que pertenece al rey! Tu vida le pertenece al rey Carlisle, así que deja de entrometerte con sus hijos. Si no sigues mis consejos, solo causaràs problemas: una dama de la corte no debe aspirar a ser princesa y menos en tu situación.
-¡Yo no quiero ser princesa!
-Vamos, ve a servir ese te al prìncipe James antes de que se enfríe el agua y regresa de inmediato. Tenemos que preparar la llegada de la señorita Reneesme y su padre.
-¿Quién es la señorita Reneesme?
-Lo sabrás en su momento, ahora ve a terminar tus tareas.
Suspiré resignada, la verdad es que cada vez que me cruzo con la señora Esme hay motivo para un regaño y aunque llevo algún tiempo aquí no dejo de sentir que trabajo demasiado y que nadie lo reconoce.
Coloquè en una bandeja la pequeña tetera con el te que había estado preparando junto a las tazas. La verdad es que el prìncipe James me da un poco de miedo, desde que practicamente estaba disfrutando que me azotaran èl me es de cuidado y he aprendido a evitarle.
James se encontraba en uno de los jardines junto a su madre. No lucían felices, de hecho, parecían estar en medio de algo muy serio por lo que me preocupé de servir el té de la manera más rápida posible y tratando de no cometer errores.
-¿Tú no eres la hermana de Bella? ¿Alice?- preguntó la reina Tanya cuando terminé de servir su té.
-Sí, Alteza
-Me impresiona un poco que estés aquí- murmuró-, no muchas chicas nobles entran a ser damas de la corte... ¿Esme te trata bien? Si quisieras podrías ser una de mis cortesanas y atender solo mis necesidades sin tener que trabajar tanto.
-Yo estoy bien, Alteza, muchas gracias por su amabilidad.
La verdad es que jamás aceptaría trabajar con la reina Tanya: no se me olvida lo mal que trató a Jasper el día que vine de visita al palacio con mi hermana, así que no me imagino como debe tratar a sus damas.
-Eres amiga de mi hermano menor, ¿verdad?- el príncipe James se levantó de su silla y se paró junto a mí para mirarme con atención- Jasper es hijo de mi madre ¿lo sabías?
-Sí, Alteza- respondí tratando de mantener mi mirada al frente y que la voz no me temblara-, pero las damas de la corte no tenemos permitido ser amigas de los príncipes.
-Jasper no tiene amigos- añadió su madre mirándonos de reojo-, él solo sabe ser una desgracia para todos nosotros y ya.
-Pero hay algo que no me cuadra- James se acercó a mí para sujetarme del brazo con fuerza-. Eres bonita, Alice, pero ¿qué le hiciste a mi hermano que le gustó tanto como para casi rebelarse al rey?
-James ¿podrías dejar de seducir a las cortesanas cuando estas conmigo? No me interesa lo que hagas con ellas, pero es asqueroso de ver...
-Lo siento, madre...- James me soltó sin muchas ganas, pero mantuvo su mirada sobre mí. Era extraño, pero sus ojos que eran azules me producían una sensación de miedo e incomodidad. Jasper también tenía los ojos de ese color, pero su mirada en el fondo era tierna y triste al mismo tiempo, no me hacía sentir temor a pesar de que cuando nos conocimos él era intimidante.
-Me retiraré porque al parecer tú estás empeñado en conseguir algo de esta chica- murmuró la reina poniéndose de pie y haciendo que a los pocos segundos llegara su grupo de cortesanas-. Ven a verme a la hora de cenar, Jacob también estará y extraño tener una comida con mis hijos.
-Sí, madre...
La reina se retiró a paso lento y tranquilo junto al grupo de mujeres que estaban a su servicio, dejándome sola con su hijo.
Mi corazón golpeaba con fuerza en mi pecho, al tiempo que mi mente corría intentando buscar un modo de escapar: se supone que no puedo retirarme hasta que el príncipe me dé el permiso de hacerlo o hasta que la señora Esme venga a por mí y nada de eso está ocurriendo. Es cierto que las damas de la corte tienen prohibido relacionarse con miembros de la familia real, pero en el fondo nada prohíbe las relaciones informales y es estúpido pensar que alguien castigará a James si me hace algo, quiero decir, es uno de los hijos mayores del rey y tiene el poder de hacerme lo que quiera sin que nadie le recrimine por nada.
-Ahora quiero que me respondas- murmuró sujetando mi mentón con su mano para obligarme a mirarle a los ojos- ¿Qué quieres a cambio de que me digas todos los secretos de Jasper? Sé que son cercanos y algo de interés tienes que saber.
-Yo no sé nada- susurré-, juro que desde que ingresé al palacio no hemos vuelto a hablar.
-Entonces trabaja para mí: puedes ganar muchas joyas y fortuna si en el palacio te rodeas de las personas adecuadas, además no es un secreto para mí que eres amiga de mis hermanos y eso es una gran ventaja.
-Alteza,- murmuré después de un par de segundos- la señora Esme me requiere con urgencia en el Daminton, si me lo permite, me gustaría retirarme.
-Vete- respondió con una sonrisa irónica-, pero ya encontraré la forma de hacerte trabajar para mí... Espero que recuerdes esto: yo siempre consigo lo que quiero y créeme que no me importa usar la fuerza.
Me retiré de aquel lugar rápidamente, sintiendo mi respiración acelerada y la piel de gallina. No sé por qué, pero James me produce una muy mala sensación en el cuerpo: es como si el miedo se volviera físico y más real que cualquier otra emoción.
Estoy segura de que esto se debe a la mala experiencia que tuve con él en el pasado y aunque creo que no voy a olvidarla, espero que pronto esta sensación logre disiparse.
Mientras avanzo en dirección al Daminton, siento que alguien me toma de la mano. Por un momento siento pánico al pensar que puede ser el príncipe James que me ha tendido algún tipo de trampa, pero me calmo en seguida al notar que es el príncipe Edward.
Comenzamos a caminar lentamente por el jardín de las rosas en completo silencio. Me dedico a mirar las flores de colores mientras pienso en que él no había venido hace algunos días y que había comenzado a extrañarlo más de lo que es realmente saludable.
-¿Cómo ha estado?- me pregunta con una sonrisa.
-Bien- digo sonriendo con sinceridad-, pero el trabajo es extenuante y no puedo evitar dormirme rendida cuando el día se acaba. Creo que nunca en la vida había trabajado tanto.
-Lo sé- me responde-. Esme siempre ha sido muy responsable con el trabajo, pero estaba pensando que esta tarde podríamos dar un paseo a caballo después del almuerzo ¿qué te parece?
-No puedo- suspiré ofuscada-, en las tardes tengo que ir a mi lección para aprender a leer. Se supone que esta semana aprenderé debo escribir un párrafo completo.
-Espera... ¿no sabes leer?- me preguntó deteniendo nuestro paseo- ¿Cómo leiste el poema que te entregué?
-La verdad es que Bella me lo leyó- confesé ruborizándome un poco.
-Supongo que Bella siempre supo la verdad de mis sentimientos... siempre creeré que no merecía a una esposa tan buena como ella, por eso he prometido que te daré a ti todo el amor que no pude entregarle a ella, solo debes tener paciencia ¿está bien?
-Claro...- aunque no sabía muy bien de qué estaba hablando, no tenía muchas ganas de preguntar y arruinar la magia del momento.
-Quería llevarte a pasear para entregarte algo- sujetó mi mano entre las suyas para atar una pulsera con cuentas rojas-, esto simboliza una relación dulce y eterna; no te la vayas a quitar ¿está bien?
-¡Sí! Muchas gracias- dije alzando mi mano para contemplar la pulsera.
En ese instante se acercó a mí y me besó un segundo en la frente. Sonreí contenta, pero una parte de mí permanecía disconforme: si me quiere tanto como dice ¿por qué nunca me besa en los labios?
No puedo hablar con nadie de esto, ni siquiera con el príncipe Jacob que es el único que sabe todo lo que pasó en el festival de la luz, pero la verdad es que llevo bastante tiempo en este mundo y una también tiene sus necesidades... quiero decir, encarné en una chica que tiene casi 18 años y a esta edad es muy normal sentir deseo, pero tengo que frenarme porque ya todos creen que algo marcha mal con mi cabeza como para que también piensen que soy una atrevida.
De todas formas, mi inconsciente no tiene límites: he soñado que beso a Edward y me llena de emoción y calma cada vez que despierto de aquello, sin embargo, son más las veces que he soñado que comparto algo más que un simple beso con Jasper.
Es extraño, porque cuando le veo durante el día o cuando hablo con él las veces que nos cruzamos por el palacio, no es incómodo y no siento por él nada más que el cariño que puedes tener por un amigo o por tu hermano mayor, pero por las noches no puedo controlar lo que hace mi mente cuando duermo.
Comencé a tener estos sueños después de que llegué al palacio, pero en un principio eran inocentes, quiero decir, sólo soñaba con el beso a todo detalle que compartimos en el festival de la luz y asumí que era porque me sentía culpable por ello. Pero pronto comencé a soñar que Jasper me besaba en escenarios inventados completamente por mí imaginación, debo decir que no me preocupé hasta que comenzaron a ser más seguidos.
La última vez soñé que, por alguna razón estaba en el cuarto del príncipe. Jasper comenzaba a besarme muy lentamente al principio, pero luego nuestro beso se volvía un poco más violento, marcado por la mutua necesidad. Él empezó a besar mi cuello a medida que sus dedos comenzaban a desatar las cintas de mi vestido...
Fue entonces cuando desperté más agitada que de costumbre y sintiéndome muy confundida por los juegos a los que me sometía mi mente.
Por esa razón también me he dedicado a trabajar hasta muy muy tarde: si trabajo hasta quedar rendida, entonces no sueño absolutamente nada y todo sigue en una aparente calma...
