Alice POV
Las semanas pasan y la vida sigue un curso más o menos similar: además de hacer jabón, preparar el te, ayudar a las princesas en tratamientos inútiles de fertilidad y leer los libros que me obliga la señora Esme, la vida se ha vuelto rutinaria. Cada día es más agotador que el anterior y la noche se me hace muy corta como para lograr sentirme descansada.
Veo a los príncipes brevemente los días que vienen a tomar un baño o durante la hora de la comida cuando debo servir la mesa, pero es muy dificil intercambiar palabras con ellos, ya que siempre hay alguien mirando y de alguna manera mi posición no me hace digna de su amistad. En un principio me sentía muy sola, pero poco a poco la soledad se disipa: seguimos siendo amigos, pero de un modo diferente, además Seth se encarga de mantenerme informada de todo lo que hace, ya que en cuanto supo que aprendí a leer comenzó a inventarse excusas para escribirme; es un chico adorable y no se me olvida que aquí él fue mi primer amigo.
La señora Esme me había enviado a ordenar los maquillajes que usarían en una de las princesas, yo no tengo permitido acercarme a nadie de la familia real más que para servir el té o la comida, pero espero que pronto me asciendan de posición dentro de la corte para poder demostrarles a todos lo mucho que sé sobre maquillaje y cuidado de la piel.
Estaba en camino a cumplir mi tarea, cuando siento los gritos desesperados de un hombre. No entendía que estaba ocurriendo hasta que me asomé por una de las puertas del Daminton y vi al príncipe Emmett. El hombre llevaba el torso desnudo mientras dos damas de la corte le aplicaban hielo a lo que parecían ser unas erupciones rojas que recorrían toda su piel, algunas de aquellas erupciones estaban en sangre viva, ya que las había apretado haciéndose aún más daño.
-¡Rápido, quiero más hielo!- exclamó completamente desesperado- ¡Me duele! ¡Hagan algo!
-¡No deben aplicar hielo!- grité antes de que las damas de la corte volvieran a ponerle agua fria en la piel. El prìncipe Emmett se dio la vuelta para mirarme enfadado.
-¡¿Qué sabes tu de esto?!- el príncipe me miró con desconfianza al tiempo que yo entraba a la habitaciòn. Me acerqué a él para observar más de cerca la dolencia que le aquejaba y llegué a la conclusión de que probablemente Emmett sufre de lupus. El lupus puede llegar a ser extremadamente doloroso y la sensación de dolor puede aumentar debido a la tensión muscular o al estrés.
-Alteza, cálmese- murmuré con una voz suave-. Su dolor aumenta cada vez que se pone nervioso ¿verdad? Intente respirar profundo un par de veces y prometa que va a confiar en mí.
-No puedo respirar- gruñó enfadado-, siento presión en el pecho.
-Es nervioso, si se calma podrá volver a respirar con normalidad- el príncipe asintió mientras yo buscaba un poco de aceite de oliva y agua caliente para aliviar el dolor de su enfermedad-. Confíe en mí: el agua caliente ayuda con los dolores musculares y el aceite de oliva calmará un poco las erupciones rojas.
Me apresuré a aplicar un poco de aceite en su brazo, sin embargo, aún no terminaba mi labor cuando sentí que alguien me empujaba con fuerza hacia atrás, haciendo que cayera al suelo.
Miré a la señora Esme, asustada, mientras ella parecía más enojada que nunca.
-¡¿Quién te dijo que podías atender al príncipe heredero?! - me gritó.
-Lo siento, señora Esme, yo tenía que ayudar porque las damas de la corte iban a hacer algo que podía causarle más daño y...
-¡Ve a mi habitación ahora!- me puse de pie resignada a un nuevo castigo, hice una pequeña reverencia y me retiré sintiéndome muy frustrada- Lo siento mucho, Alteza, esta niña aún está aprendiendo y...
El cuarto de la señora Esme era mucho más grande que el mío: tenía la cama, un escritorio con muchos libros y un tocador para maquillarse, además de 2 dependencias con una pequeña mesa para tomar el té. Supongo que no le va mal siendo una de las amantes oficiales del rey.
-¡De rodillas!- me indicó en cuanto entró a su cuarto. Le hice caso mientras observaba como ella se sentaba detrás de su escritorio- ¡¿Cuántas veces tengo que decirte que no puedes atender a los príncipes?!
-¡No lo entiendo!- me quejé- ¡No es justo que me griten por ayudar a alguien de la familia real! ¡Le ayudé porque sabía como calmar su dolor y no podía quedarme y escuchar como sufría sin hacer nada por él!
-Alice, tienes que entender que involucrarte en la vida de los príncipes o de cualquiera de los hombres de esta familia solo te pondrá en peligro...
-¡¿Cómo puede ponerme en peligro curar la enfermedad de alguien?!
-Sé que no lo entiendes ahora, pero es que tampoco estás lista aún para atender a los príncipes: tus labores siguen siendo básicas
y no debes interferir en el trabajo de las otras damas...además ¿qué habría pasado si tu tratamiento no hubiera funcionado en el príncipe?
-Iba a funcionar de todas formas...- murmuré en voz baja con la esperanza de que no me escuchara, sin embargo, no lo logré.
-Manos arriba- me indicó mientras buscaba unos cuantos libros-, vas a sostenerlos por sobre tu cabeza y luego vas a leerlos.
La señora Esme puso al menos tres libros entre mis brazos mientras yo intentaba concentrarme para que no se cayeran. A continuación ella se sentó detrás de su escritorio para comer su almuerzo, la verdad es que siempre come lo mismo; nunca la he visto probar algo diferente a la sopa de avena sin condimentos ni sal que se sirve cada día a la misma hora.
-Señora Esme...- susurré ganándome su atención- ¿Por qué siempre come sopa de avena? ¿Está enferma?
-Porque no puedo disfrutar el sabor del té si como algo más condimentado- respondio sin dirigirme la mirada-. No hables y concentrate en tu castigo.
-Si se siente mal debería pedirle al médico de la familia real que la revise- susurré- ¡Si quiere yo puedo ir a buscarlo sin que nadie me vea!
-Silencio...
-¡señora Esme, la salud es muy importante y...!
-¿No vas a guardar silencio?- negué con la cabeza mirándola con una breve sonrisa que ella me correspondió tímidamente.
-No hasta asegurarme que usted se encuentra saludable- sentencié.
-Me encuentro bien y me encontraré mejor si me dejas terminar mi comida...¿Sabes que? Olvida el castigo y ve a regar el jardín que está cerca de las dependencias de Garrett ¡Hazlo bien porque ese es tu castigo!
-¡Claro que si!
Me alejé corriendo de aquellas dependencias del palacio para ir en busca de un jarrón que pudiera llenar con agua. La verdad es que regar arboles es un castigo más agotador del que pensaba, ya que tenía que cargar el agua y con un pequeño plato repartirla entre las interminables plantas y flores que había en el lugar. Al cabo de 15 minutos ya tenía la falda de mi uniforme empapada y un mechón de cabello cayendo por mi frente.
-¡Beban!- exclamé arrojando el agua de forma descuidada entre las plantas- ¡Beban mucho!
Iba a meter el plato en el jarrón una vez más para sacar un poco de agua, mas de pronto el jarron de cerámica se rompió en pedazos esparciendo su contenido en el pasto... Suspiré totalmente frustrada, pero mi mala suerte estaba a punto de empeorar, ya que el príncipe Jasper apareció de la nada con parte de su cara mojada y mirándome con un poco de curiosidad en sus azules ojos.
-¿Qué se supone que está haciendo?- me preguntó mientras yo no me atrevía a mirarle- Aparte de despertarme con un poco de agua fría, siento algo de curiosidad
-Estoy regando el jardín porque la señora Esme me castigó...
-¡¿Otra vez?!- preguntó sorprendido- Te castigaron con prohibición de comer la semana pasada, no fue fácil llevarte parte de mi cena: Garrett siempre estaba por descubrirme.
Jasper fue muy dulce durante esa semana, ya que encontró la forma de llegar a la puerta de mi habitación sin que ninguna cortesana lo viera para darme la mitad de su comida. La primera vez que golpeó mi puerta, me regañó diciendo que no volvería a alimentarme y que moriría por ello, sin embargo, al día siguiente estaba ahí con parte de su cena y una fruta que recogía en el camino y que yo guardaba para ingerirla en algún momento del día.
-La verdad es que usted tenía razón- respondí sentándome un momento en el pasto para jugar con la hierba. El príncipe se sentó frente a mí mientras me miraba con atención-: ser una dama de la corte no es tan fácil y ¡me siento tan cansada!
-Tuviste la opción de huir- me recordó-, pero decidiste no hacerlo: eres tan buena que antepones al resto...Si me hubieras dejado, el día que te comprometieron con el rey, habría logrado llevarte a salvo a un lugar mucho más tranquilo que el palacio.
-Pero habría tenido que herir o matar gente y sé que no le gusta hacer eso...
Me tomó la mano con determinación, haciendo que por un segundo mi respiración se detuviera.
-No me importa matar gente si es por ti- vi esa decisión en sus ojos y no pude evitar que un leve escalofrío recorriera mi columna vertebral.
-Alteza, yo no valgo la vida de una persona- le miré a los ojos-. Entiendo que debe defenderse y proteger su vida, pero me sentiría muy triste si algún día se ve en la necesidad de matar a alguien por mi causa... Además, soy feliz aquí: tengo trabajo, he aprendido mucho y veo a mis amigos todos los días... lo único malo es que aquí no valoran mi talento y con una jefa que no valora lo que haces es imposible crecer laboralmente en una empresa.
-¿Talento?
-¡Claro que si!- exclamé decidida- ¡Yo reboso talento y vocación, pero nadie lo valora!
-Creo que no te entiendo...
-¡Lo que pasa es que descubrí que el príncipe Emmett...!- guardè silencio de inmediato al darme cuenta que estaba hablando de màs.
-Descubriste que Emmett está enfermo- completó por mí- e intentaste ayudarle...
-¡La señora Esme dijo que era un secreto y que nadie debía saberlo!...¡¿Estoy en problemas?!
-No, tranquila... sé de la enfermedad de mi hermano porque él me lo dijo, es casi la única persona en la que confío aquí y nos lo contamos todo.
-¿No confía en sus otros hermanos?- pregunté con un poco de curiosidad.
El príncipe guardó silencio mientras parecía pensar la respuesta.
-Mis hermanos son buenos hombres, pero es porque aún mi padre está en el trono- respondió-, le aseguro que cuando él muera, se rebelará la verdadera esencia de sus almas.
-Yo creo que debe intentar hacer amigos y recuperar la relación con los otros príncipes es una buena opción para comenzar con ello.
-¡Yo sí tengo amigos!- exclamó mirándome de reojo-...Lo que pasa es que somos de diferentes especies, pero nos llevamos muy bien.
-¿De qué habla?
-Me agradan los árboles- señaló-, por ejemplo, ¿ve aquel manzano lleno de frutas?- asentí en respuesta- Lo planté con Emmett cuando tenía 4 años y se llama Bernie y el naranjo que está al lado se puede llamar... Frutoso...
-¿Está jugando conmigo?
-No, cuando era niño y vivía en la casa de los Vulturi no tenía más amigos que los árboles, mi favorito era un roble que tenía ramas firmes y al que solía treparme para jugar, era algo así como mi mejor amigo.
-Su voz suena triste... ¿qué pasó con su árbol?
-Una vez el señor Vulturi me llevó a acampar cerca de donde estaba ese árbol, dijo que quería tratarme mejor y me dejó solo en una cueva que tenía una familia de lobos. Yo solo me quedé esperándole mientras los lobos dormían, no me dí cuenta que estaban ahí hasta que me dió mucho frío y tuve que quitar unas ramas de mi árbol para encender una fogata.
-¿Qué pasó después?- su historia era realmente interesante, como una novela y quería saber el final aunque una parte de mí se hacía la idea de éste.
-Los lobos me atacaron y tuve que defenderme, la verdad no sé cómo sobreviví, supongo que tuve suerte... Maté a los lobos y usé mi árbol para incendiar la cueva. El rumor de lo que hice se expandió y la gente del reino comenzó a llamarme perro, pero yo solo quería vivir y demostrar que merecía respeto.
-La vida ha sido muy injusta con usted.
-Los dioses solo envían aquello que podemos soportar... de niño pensaba que mi destino era el sufrimiento porque tal vez había lastimado a mi familia, pero la verdad es que fue mi propia madre la que me cortó la cara cuando era pequeño y marcó mi destino.
-Lo siento mucho- susurré incapaz de mirarle a los ojos porque sentía mucho dolor por todo lo que él había sufrido-, pero ahora no debe concentrarse en su pasado: usted debe intentar perdonar a su madre para vivir un presente alegre y tranquilo.
Es verdad que la infancia puede marcar a una persona: el príncipe Jasper tiene casi 22 años y su vida se encuentra aún torturada por las marcas y el dolor que le fue infligido cuando era pequeño.
Sin embargo, en esencia sigue siendo un alma pura y noble: jamás le he escuchado decir que planea venganza o que odia a su madre; él no me lo ha dicho, pero en el fondo sigue siendo aquel niño que busca ternura y calor de la mujer que le dió la vida...
Jasper POV
Hace unos días mi padre me comunicó que el general Charlie y su hija Renesmee vendrían de visita al palacio. Les conozco desde que me enseñaron a usar la espada, la hija mayor del general es esposa de Emmett y su hija menor es una gran luchadora.
El general es amigo de mi padre desde que luchaban por unificar el reino, cuando Emmett era un niño, así que supongo que los lazos no se han perdido ni siquiera con el paso del tiempo.
Finalmente, llegaron al palacio un día antes del cumpleaños de Seth. La chica llevaba consigo una piel de oso, tan grande, que apenas podía cargarla y su padre la miraba con un poco de desaprobación, pero marcada por un profundo cariño.
-¡Hola, Jasper!- me saludó ella muy contenta haciendo una reverencia algo torpe- ¿Cómo estás?
-Muy bien, gracias... ¿Me haz traído un regalo?- pregunté haciendo ademán de tomar la piel de oso, pero ella la apartó de inmediato de mi alcance.
-¡No es para ti!- exclamó mirándome enfadada- Es para otra persona... ¡Yo misma cacé el oso y le quité la piel! Es para Seth...
-¿Seth?- pregunté sorprendido.
-¡Sí! ¡¿Sabes dónde está?!
-Debe estar con mis hermanos.
-¡Gracias!
La chica pelirroja se alejó cargando su piel de oso para buscar a mi hermano. Lucía bastante confiada con su obsequio, así que creo que el motivo de esta visita es más que nada el cumpleaños de mi hermano que la relación del general con su amigo, el rey.
-Esta niña... ¡Cumplió 13 años y se ha vuelto loca!- exclamó su padre- Ese regalo costoso debería ser para mí y ni siquiera me deja tocarlo.
-Hace tiempo no lo veía, señor...
-Así es...- respondió Charlie mirándome con una sonrisa- Llegó a mis oídos el rumor de que asesinó a un grupo grande de monjes hace unos meses... Alteza, yo no le enseñé a usar la espada para causar muerte; se lo enseñé con la finalidad de la defensa y la justicia.
-Esos hombres eran asesinos, Charlie...
-¿Qué importa eso?- preguntó- Usted tendrá que soportar el castigo de los dioses porque no está en su poder decidir la vida o la muerte de otras personas.
-He soportado la ira de los dioses durante toda mi vida... No me da miedo lo que pueda pasarme, no puede ser peor a lo que ya he vivido.
-He notado que estás un poco más delgado ¿No habrás descuidado tu entrenamiento para estudiar las basuras que enseña Garrett?
-Sigo entrenando y practicando mis habilidades militares- respondí sonriendo-, pero ahora también utilizo mi cerebro: he pasado muchos años viviendo sin mucha educación y la verdad es que hasta ahora he aprendido bastante.
Al día siguiente, era el cumpleaños de Seth y con mis hermanos habíamos estado organizando una pequeña fiesta. La verdad, hace años no participaba de los cumpleaños de mis hermanos y no sé muy bien lo que se hace, pero espero que este sea un muy buen día. Durante la hora del almuerzo, mis hermanos se dedicaron a hacer beber a Seth con la excusa de brindar por él y como resultado, el pobre chico se embriagó tan rápido que casi se queda dormido en su lugar en la mesa.
Mientras avanzo por los pasillos para reunirme con Jacob, después de la comida, veo que James y María mantienen una conversación, pero la chica luce algo incómoda. Sé que es de mala educación quedarme a escuchar conversaciones de otros, pero creo que es peor si James intenta hacerle algo a nuestra hermana.
-Así que el rey planea tu boda con una familia que ni siquiera tiene posibilidades para llegar al trono- murmura James mirando a la chica con atención-... eso sí que es apartarte del juego...
-Haré lo que mi padre ordene- respondió María con una sonrisa marcada por la resignación-, si él cree que debo casarme con esa familia entonces lo haré...
-María, deja de ser tan hipócrita: tú quieres y te mereces llegar a ser reina y para eso necesitas a un esposo que tenga posibilidades de llegar al trono.
-¿Hablas de ti?- preguntó ella alzando una ceja- ¿Crees que tú puedes llegar al trono?
-Si te casas conmigo, te convertiré en reina y tendrás el mundo a tus pies- James sujetó la mano de María para poner un anillo en su dedo-. Cásate conmigo y logremos llegar al trono juntos...
-¡No me hagas reir!- exclamó ella quitándose el anillo- Si me caso contigo solo seré tu segunda esposa y yo quiero ser la primera... Si me deseas tanto, debes divorciarte de Victoria y convertirme en tu primera esposa y así haré todo lo posible porque mi familia te apoye en tu carrera por el trono...
-Sabes que no puedo hacer eso... La familia de Victoria es clave en mi avance al trono, además tengo hijas con ella y está embarazada, no puedo desamparar a mis hijos.
-Entonces no puedo casarme contigo y esperaré una oferta mejor que me asegure ser la primera esposa y llegar al trono...
-¡¿Crees que tendrás una oferta mejor?!- James sujetó a María por el brazo ejerciendo en ella un poco de presión- Te conozco más de lo que crees y sé que esperas que Jasper llegue a ti con una propuesta, pero no esperaba que fueras tan estúpida ¡Jasper no tiene posibilidades de llegar al trono! ¡Él jamás se convertirá en rey!.. ¡Es una bestia!
-¿Y no crees que es divertido intentar domarlo?- María le miró con una sonrisa- ¡Si soy su esposa, podré convencerlo de lo que sea! No tiene otra esposa ni hijos, así que con él yo sería la reina y luego la reina madre...
-¡Estás loca!- James la sacudió un poco, lleno de rabia- ¡No permitiré que te cases con Jasper nunca! ¡Tú solo serás mía!
En ese momento, James intentó besar a María a la fuerza, por lo que rápidamente salí de mi escondite y le empujé para que se alejara de ella.
-¡¿Por qué no te metes en tus malditos asuntos?!- me gritó James mirándome con rabia en los ojos.
-¡Mírate!- exclamé- ¡Dices que yo soy un salvaje y tú ni siquiera puedes controlarte!
-¡No me hables, maldito perro!
Maria y yo comenzamos a caminar por los jardines en dirección a la pequeña fiesta que le habíamos organizado a nuestro hermano menor. La verdad es que era un poco incómodo, considerando que escuché toda la conversación que había tenido con James y tambièn su creencia de que yo deberìa comenzar una carrera para ascender al trono. Siendo honesto, nunca he pensado en la idea de convertirme en rey, de hecho solo quiero ayudar a Emmett a conseguir su derecho como príncipe heredero y jamás pensaría en traicionarle.
Mientras caminábamos pude ver a lo lejos a Alice con mi hermano Seth. El chico tenia puesto un sombrero triangular, similar a un cono, bastante extraño que no había visto nunca en mi vida, pero se veía realmente contento y la joven usaba un vestido celeste claro muy diferente a su uniforme de cortesana.
-¿Seth, estàs feliz?- preguntò la chica cuando mi hermano la miraba emocionado.
-¡Por supuesto que sì! ¡Muchas gracias por los regalos!
-¡De nada, Alteza! Eres la primera persona que fue mi amigo aquí, ¡así que te debo mucho!
-¿Por qué no bailas? ¡Dijiste que me enseñarías esos bailes extraños de India y aún no aprendo!
-¿Bailar?... Bueno... si es lo que quiere, aunque debo decir que este vestido no es del todo adecuado.
Alice comenzó a cantar y bailar una canción en un idioma extraño, al tiempo que mi hermano intentaba imitar sus movimientos en una coreografía bastante poco coordinada. La escena era bastante divertida, por lo que detuve mi camino y comencè a reìr mientras la princesa Maria me miraba con molestia e incredulidad.
-¡Increíble!- exclamaron mis hermanos asomándose por entre unos árboles cuando Alice había terminado.
-No sabíamos que también bailaba- señalò Emmett riendo.
-¡Yo digo que debe cantarnos una canción!- exclamó Peter mientras Jacob asentía con ganas.
-¡No! ¡Lárguense!- exclamó Seth cruzando los brazos sobre el pecho- ¡Es mi regalo de cumpleaños y lo están arruinando! ¡Quiero que se vayan!
-¡Vamos, no seas egoísta!- reclamó Jacob empujándolo un poco- La señorita Alice también es nuestra amiga...
-Vale, vale, no peleen- dijo ella riendo-... ¿Qué canción puede ser?... ¡Ya lo sé!
Todos guardaron silencio para que ella pudiera comenzar a cantar y yo observaba la escena desde la distancia, sintiendo como poco a poco una emoción extraña crecía en mi interior.
-" Hoy, he venido por ti
Para hacerte feliz
Olvidarte del pasado y empezar de nuevo
Hoy, he venido por ti
No seremos dolor
Que la vida nos regale una última canción
De amor, de amor
Que la vida nos regale una última canción (...)"
Al escuchar su voz suave y dulce en aquella melodía que yo no conocía, fue que lo entendí: mis sentimientos por Alice no tenían nada que ver con la amistad o la ternura; yo cuando la besé durante el festival de la luz no fue por un efecto del alcohol y tampoco intenté escapar con ella cuando iba a casarse porque me lo hubiera pedido mi hermano o a raíz de una promesa: yo hice todas esas cosas y pensé en casarme con ella porque la quiero.
La quiero como nunca pude querer a nadie... No... yo no solo la quiero, ¡yo estoy absoluta e irrevocablemente enamorado de la señorita Alice ! y todo el tiempo que me mantuve confundido en una emoción que era para mí desconocida, fue porque nunca había experimentado algo así y sentí un profundo miedo de causarle daño por mi culpa.
¿Ahora qué hago? ¿Cómo le explico a ella la profundidad de mis sentimientos? ¿Cómo puedo hacer que Alice me acepte? Al mirarla sentí un profundo dolor en el pecho, por lo que rápidamente me alejé en dirección al río para pensar un poco, lejos de todo lo que acababa de descubrir. Me quedé un rato, lanzando pequeñas piedras al agua y teniendo la sensación de que mis sentimientos por ella solo me traerían un gran sufrimiento: Alice es tan bonita, ella es preciosa y yo... yo soy un hombre con una cara horriblemente fea, un monstruo que no se merece a una criatura tan hermosa como ella.
-Hermano ¿Qué haces aquí?- Jacob se acercó a mí para sentarse a mi lado- La fiesta para Seth està a punto de comenzar y es injusto que tu te quedes aquí solo...
-No creo que haga falta mi compañía- susurré-, además como no sé lo que le gusta, no he podido comprarle ningún regalo.
-¡Esas son tonterías! ¡Vamos, no dejaré que te quedes aquì solo!
Jacob me ayudó a levantarme para llevarme al cumpleaños, mientras yo solo mantenìa mis pensamientos en Alice y en como olvidar lo que, descubrí, siento por ella...
hola! si hay alguien aquì con vida dejarè el link de la cancion por aquí: es de Cami Gallardo y elegì esa cancion porque es muy bonita y no es tan conocida.
Espero que esten bien con la pandemia y les mando un abrazo virtual gigante uwu
watch?v=pBSwzYbSPf8
