Alice POV

El día del cumpleaños de Seth me entusiasmaba mucho: estuve casi dos semanas preparando todo para decorar los árboles con unas especies de guirnaldas, hice unos gorritos de cumpleaños y unos dibujos de él como estilo de caricatura que planeaba regalarle para que pudiera tener en su habitación, también el día anterior había preparado un pequeño pastel para que pudiera soplar las velas y pedir su deseo.

Había pedido permiso a la señora Esme para trabajar solo durante la mañana y de milagro me dejó hacerlo, ya que dijo que precisamente un miembro de la familia real solicitaba mi presencia en la celebración por lo que no podía negarse. Después me dijo que tuviera cuidado, que mantuviera mi distancia y que intentara no involucrarme demasiado... la verdad es que me sé su discurso de memoria porque suele decirme lo mismo cada semana, pero supongo que en el fondo lo hace porque sí se preocupa por mí.

Ese día terminé mis tareas temprano, así que corrí rápido a mi habitación para cambiarme el uniforme por un vestido de color celeste y unos adornos con forma de flores para el cabello. Me maquillé un poco y me puse un color rosado en los labios; cuando me sentí conforme con el resultado, corrí con todas las cosas que tenía preparadas para decorar el jardín.

Al tener todo listo, fui a buscar a Seth: debía estar en el salón donde la familia real suele tomar sus comidas. No sabía como iba a captar su atención para que viniera conmigo, pero al menos la suerte estaba de mi lado y le encontré deambulando por uno de los pasillos, aunque se veía un tanto extraño, ya que se tambaleaba un poco y cuando me acerqué pude sentir un fuerte olor a alcohol.

-¡Seth ¿Haz estado bebiendo?!- pregunté alarmada a lo que el chico solo sonreía como un bobo- ¡Aunque hoy sea tu cumpleaños, eres muy pequeño para hacer esas cosas!

-Mis hermanos dijeron que estaba bien...- señalò en un evidente estado de ebriedad- Jacob dice que como ya tengo 14 años, soy un hombre y los hombres de verdad beben alcohol...

-¡Regañaré a Jacob más tarde!... ¡Tú no eres más que un niño!... De todas formas, ¿puedes sostenerte de pie?

-¡Claro que sí!- exclamó Seth mirándome de reojo antes de comenzar a reír-... ¡Te ves graciosa, Alice! ¡Es como si hubiera 3 versiones de ti!

Parpadee un segundo antes de sujetar al chico por el brazo y llevarlo conmigo al jardín. Al menos la caminata le hizo bien, ya que parecía un poco más sobrio cuando habíamos llegado al lugar en el que preparé su sorpresa. Me atrevì a mirar su cara y pude notar que estaba bastante feliz y que sus ojitos brillaban por la emoción.

-¿Esto es para mí?- preguntó desbordando felicidad- ¿Hiciste todo esto para mì?

-Claro que sí, Alteza- respondí agarrando uno de los gorritos de cumpleaños que había hecho para colocarlo sobre su cabeza y luego poder usar el mío-... ¡De dónde vengo es como se celebran los cumpleaños!

-¡Es increíble!- exclamó emocionado.

Sujeté el pastel con la vela encendida y canté la canción de los cumpleaños para luego indicarle que debía pedir un deseo en silencio y soplar la vela para que se hiciera realidad.

-¿Seth, estás feliz?- pregunté después de un rato de silencio.

-¡Por supuesto que sí!- el chico sonreía con ganas- ¡Muchas gracias por los regalos!

-¡De nada, Alteza!- me sentía bastante contenta conmigo misma porque todo mi esfuerzo en la sorpresa había valido la pena- Eres la primera persona que fue mi amigo aquí, ¡Así que te debo mucho!

Me pidió que le ayudara a aprender algún baile de India e hice mi mejor esfuerzo intentando bailar una coreografía de un nivel básico, pero he estado tanto tiempo sin bailar y Seth es tan descoordinado, que creo que la danza ya no es mi mayor talento. Lo bueno es que como él solo me ha visto bailar a mi, no tiene puntos de comparación.

-¡Increíble!- exclamó uno de los hermanos de Seth, al tiempo que salían los demàs de entre unos árboles.

-No sabíamos que también bailaba- el príncipe Emmett comenzó a reír, mientras yo no podìa ocultar que mi cara se estaba volviendo roja.

-¡Yo digo que debe cantarnos una canción!- Peter se acercó a mí con una sonrisa, a lo que yo solo podía pensar que esto sì era mucha humillación. Me fije en que el príncipe Edward reía junto a sus hermanos y me miraba con ternura; yo creo que en el fondo pensaba que es maravilloso que todos nos llevemos tan bien y que a su familia le resulte una persona agradable...

Comencé a cantar una canción que conocía de una noche de karaoke antes de que Seth terminara por pelear con sus hermanos mayores.

- " Hoy, he venido por ti

Para hacerte feliz

Olvidarte del pasado y empezar de nuevo

Hoy, he venido por ti

No seremos dolor

Que la vida nos regale una última canción

De amor, de amor

Que la vida nos regale una última canción (...)"

La verdad es que nunca me he considerado buena cantando, digamos que mi experiencia en el canto se limita a karaokes y concursos locales, pero jamás he ganado nada y ha sido solo una brillante forma de salir del paso. Sin embargo, aquí los príncipes me escuchaban con atención y parecían entretenidos, como si mi voz fuera realmente bonita y no fuese solo una aficionada.

-¡Si que es talentosa!- exclamó el príncipe Peter- ¡Eres la cortesana más entretenida del palacio!

Los otros príncipes asintieron en señal de aprobación, mientras yo solo podía sonreìr, agradecida por tantos cumplidos. No obstante, mi sonrisa se terminó cuando la imagen del príncipe Jasper se asomó a lo lejos. Yo no tenía idea de que estaba por aquí cerca o que estaba observando la celebración de lejos, de hecho parecía preocupado por algo importante, pero me dije que lo mejor era dejarle solo un momento, tal vez después pueda hablar con él y preguntarle si está todo bien.

La princesa María se acercó a los pocos minutos para avisar a sus hermanos que podían ir a uno de los comedores, para dar inicio a la celebración.

-Alice, no es necesario que vengas- ella me detuvo mientras yo iba al final-, ya haz hecho más que suficiente para hacer feliz a mí hermano y haz cumplido tu labor como dama de la corte.

-No lo hice porque fuera mi trabajo- aclaré sintiéndome un poco incómoda por lo que la princesa estaba insinuando-, lo hice porque el príncipe Seth es mi amigo.

-¡Te estás extralimitando!- me miró a los ojos furiosa- Puede que lo hayas olvidado, pero Seth es un príncipe y es imposible que sea amigo de una simple cortesana... ¡No seas estúpida y recuerda cual es tu lugar!

-Usted no ha cambiado nada, ¿cierto?- crucé mis brazos sobre el pecho e intenté lucir lo más intimidante posible- ¡Sigue siendo la misma niña mal criada que se cree con el derecho a humillar a los demás!

-¿Qué está pasando aquí?- el príncipe Emmett retrocedió hasta donde María y yo estábamos manteniendo nuestra discusión- ¿Todo está bien?

-Lo que pasa, hermano, es que estaba agradeciendo a Alice lo que hizo por Seth y que ya puede retirarse a continuar con sus labores como dama de la corte.

-La señorita Alice puede venir con nosotros- indicó Emmett mirándome con una sonrisa-, yo mismo le solicité a la señora Esme que permitiera su presencia en la celebración: como no sabía que regalarle a Seth, supuse que la presencia de Alice sería un buen obsequio de mi parte... ¿Nos vamos?

No pude evitar sonreír al ver la cara de desagrado de la princesa; al menos me conforma saber que ella no tiene autoridad por sobre su hermano mayor.

-Sì que eres inteligente- murmuró para que solo yo pudiera escucharla-, incluso te haz ganado el favor del príncipe heredero...

Decidí que lo mejor que podía hacer era ignorarla. La princesa Maria y yo nunca nos llevaremos bien, porque no es buena persona, quiero decir, no puedo juzgar sus creencias porque ella no conoce otro mundo que el de su civilización medieval, pero sus hermanos tampoco y aún así me tratan con respeto a tal punto que creo que me he ganado su cariño y confianza.

La gran mesa del salón que habían acondicionado para la celebración, estaba llena de comida y bebidas. Los príncipes se sentaron mientras yo me quedé de pie cerca de una de las puertas; no puedo sentarme porque en cualquier momento puede venir alguna de las reinas o de las cortesanas y puedo tener algún problema.

-¡Yo digo que es momento de hacer entrega de los regalos!- exclamó Seth emocionado y poniéndose de pie para que yo pudiera ver los regalos que recibía.

La princesa María le regalo un libro y unas pelotas pequeñas de seda, el príncipe Peter una honda nueva y el príncipe James un arco con flechas.

-¿Dónde está Jasper?- preguntó de pronto el príncipe Jacob mirando a sus hermanos.

-Yo vi que se dirigía al río- murmuré bajando un poco la mirada.

-Voy a buscarlo.

-Jacob, no es necesario que vayas- el príncipe James le miró con cierto desdén antes de beber de su copa de vino-: si él no quiere estar aquí, no deberías obligarle.

-Voy a ver si le pasa algo...

Jacob salió por la entrada principal para ir a buscar a su hermano, mientras todos seguíamos atentos a los regalos que estaba recibiendo Seth y a la comida que estaba sobre la mesa. Yo solo comí un pequeño pastel que Emmett me ofreció y seguì atenta al cumpleaños, hasta que de pronto una chica enfundada en la piel de un oso apareciò a mi lado.

-¡¿Què es eso?!- exclamó el príncipe Seth mirando asustado- ¡Alice, sal de ahí! ¡Hay un oso!

-¡Es su regalo, Alteza!- respondió la chica quitándose la piel del animal de encima- ¡Yo misma capturé al animal y le quité la piel!

La señorita Renesmee era una niña no mayor a 14 o 15 años que lucía su cabello liso y rojizo atado en una cola, usaba una armadura como las que solían usar los guardias del palacio y tenía una sonrisa radiante que marcaba unos hoyuelos en sus mejillas. No se asemejaba en nada a las otras chicas que había visto desde que llegué aquí, de hecho, ni siquiera estoy segura de que ella use vestidos o maquillaje.

-¡¿Tú que eres?!- preguntó Seth mirando a la chica de reojo- ¡¿Eres realmente una chica?!

-Alteza, ¿No le gusta?- la niña lucía realmente desanimada y frunció el ceño, como si estuviese conteniendo las ganas de llorar.

-¡Por supuesto que no!- Seth se sentó junto a James- ¡Me dan miedo los osos!

La chica dejó la piel de oso en el suelo y salió corriendo hacia el jardín mientras no dejaba de llorar.

-Seth, eso no fue amable- le reprendió el príncipe Edward.

-¡Ya lo sé!- se defendió- Pero ella me da miedo ¡Es tan rara!...

Pasaron unos breves segundos de silencio, hasta que el príncipe James lo rompió nuevamente, aunque pude notar que algo habìa cambiado un poco en su semblante.

-Seth ¿Qué te dio de regalo Jasper?- preguntó de forma bastante inocente.

-Nada, pero no creo que importe- respondió Seth de forma despreocupada-, me saludó muy afectuosamente en la mañana y yo creo que basta con que quiera venir a mi celebración.

-¿Estás seguro?- presionó el príncipe James con una pequeña sonrisa en la cara-... Creo que hay un regalo que solo Jasper puede darte y sería una lástima que no lo pidieras.

-Una cosa que solo él puede darme... ¿Qué es?

James le susurró algo a Seth en el oído para después mirarme con una sonrisa que no supe como interpretar.

-No creo que lo haga...- murmuró Seth mirando a su hermano mayor de reojo- Alice, tú eres amiga de Jasper ¿crees que pueda conseguirlo?

- Yo creo que el príncipe Jasper hará lo que sea para verle feliz

-¿De qué están hablando?- preguntó Jacob entrando en ese momento con Jasper.

-De los regalos de Seth- respondió James.

-Lo siento, Seth- se apresuró a disculparse el príncipe Jasper-, pero no he podido traerte nada.

-¡Eso no es problema!- exclamó el muchacho rápidamente- ¡Hay un regalo que solo tú puedes darme! ¡Incluso la señorita Alice cree que lo harás!

Los ojos del príncipe Jasper me miraron con curiosidad y puedo jurar que tenía un brillo especial en su mirada. No pude evitar dirigirle una pequeña sonrisa, ya que parecía estar contento con la celebración.

-Así es- afirmé mirándole convencida-, yo creo que el príncipe Jasper puede hacer lo que sea.

-Haré todo lo posible por conseguirlo... Seth, ¿qué es lo que quieres?

-¡Quiero que me muestres tu cara sin la máscara! - respondió el chico sin rodeos.

Fue como si una corriente gélida me recorriera el cuerpo y las reacciones de todos fueron diversas: Edward y Emmett intentaron regañar a Seth, Jacob parecía tan sorprendido como yo, James sonreía feliz porque su plan estuviera dando resultados y Jasper... Jasper solo parecía desolado y en una agonía tan profunda que me era inimaginable.

-Lo harás, ¿verdad?- insistió Seth- ¡La señorita Alice dijo que lo harías!

Los ojos del príncipe Jasper me dirigieron una mirada llena de dolor. Comprendí que él pensaba que yo sabía todo esto, que me había unido a Seth para humillarle y sentí la tristeza de saber que había perdido su confianza.

-¡Yo no me refería a eso!- exclamé rápidamente antes de mirar a James con todo el odio que era capaz de proyectar.

-Si tanto quieren ver mi cara, lo haré.

El príncipe Jasper desató la máscara que cubría la mitad de su cara y lentamente bajó su mano para que todos en la habitación pudieran contemplar su rostro.

La señorita María fue la primera en desviar su mirada, visiblemente asqueada y siguiendo su ejemplo todos y cada uno de sus hermanos comenzaron a mirar a otra dirección para no enfrentarse al rostro de Jasper.

Jacob cerró los ojos antes de que su hermano se quitara la máscara y James no dejaba de reír mientras llenaba nuevamente su vaso con licor.

Finalmente, solo yo pude mirarle sin demostrar asco o sorpresa. Le sostuve la mirada un par de segundos, antes de que se retirara rápidamente de la habitación.

-¡James!- exclamó Emmett enojado- ¡Le debes una disculpa a Jasper ahora!

-Yo no he hecho nada...- se excusó el aludido sin una sola muestra de remordimiento- Seth fue quien pidió su regalo.

-¡Lo hice porque tú me lo dijiste!- exclamó Seth visiblemente apenado- ¡Yo no quería hacer sentir mal a nuestro hermano!

-¡Lo que haz hecho es muy cruel!- Edward se puso de pie para acercarse enfadado a James- ¡Sabes lo sensible que es Jasper por el tema de su cara!

-¡Eres un hipócrita, Edward! ¡Todos lo son!- gritó James- ¡Sienten asco de que Jasper sea nuestro hermano, pero solamente le demuestran lástima! ¡Al menos yo soy honesto y le trato como se merece!... ¡Ninguno de ustedes fue capaz de mirar su cara y me reprochan a mí el ser un mal hermano!...

Escuchaba la conversación, pero mi corazón latía con violencia en mi pecho. No podía pensar en otra cosa, más que en lo triste que debe estar sintiéndose Jasper en estos momentos. Salí de la habitación rápidamente, sin que me importara el desarrollo de la discusión o el resto de la celebración y pude ver al príncipe caminar a toda velocidad por el pasillo.

-¡Príncipe Jasper!- le llamé corriendo tras él- ¡Alteza! ¡Alteza, por favor deténgase!...-logré alcanzarlo y le sujeté por un brazo- Alteza, le ruego que me escuche!

-¡¿Qué quieres?!- se soltó con brusquedad.

-Yo...yo lo siento mucho...- sabía que todo lo que dijera sonaba patético y que él estaba demasiado herido como para querer escucharme- por favor, no se enfade con Seth: el príncipe James...

-¡No soporto que hagas eso!- exclamó enfadado de pronto.

-¿Qué no quiere que haga?- pregunté confundida.

-¡Mirarme de esa forma!- gritó- ¡Me vuelve loco que hagas eso!

-¡No lo entiendo!- puse una mano sobre su hombro, pero aún lo notaba muy tenso y nervioso- No le miro de ninguna forma especial o diferente.

Sujetó mi mano que se encontraba sobre su hombro con fuerza y me empujó contra una de las vigas del pasillo. Pude sentir mi respiración acelerada mientras miraba sus ojos con un poco de temor. Él estaba tan cerca que podía sentir su aliento sobre mi mejilla y aunque intenté soltarme de su agarre, su mano sujetaba la mía con fuerza y decisión.

-¡No soporto que me mires con compasión o lástima!- exclamó después de unos segundos- ¡Lo hiciste en los baños termales cuando recién llegué aquí, en el salón hace unos minutos y lo haces ahora! ¡No lo soporto!

-Lo siento, juro que no es a propósito y que no lo había notado...

El príncipe me dedicó una última mirada antes de suspirar lleno de pesar y alejarse caminando a paso firme hacia su habitación. Yo le miré marcharse sintiendo un nudo formarse en mi garganta, debido a que ni siquiera pude consolarle como quería hacer.

El príncipe Jasper se había enfadado mucho conmigo, a tal punto que ni siquiera me hablaba o toleraba estar conmigo en la misma habitación; solo me permitía servir su comida cuando la familia real se reunía en el comedor y no había un mayor contacto.

Pasan los días y no logro entenderlo ¿Por qué no podemos hablar y resolver esto como la gente normal?... Porque es la edad media, Alice y la gente aquí no se comporta como lo harías en el mundo del siglo XXI.

Al cabo de una semana me decidí a escribirle una carta explicando todo lo que había pasado y que esperaba que aún me considerara su amiga. La dejé bajo la puerta de su habitación, con la esperanza de que así me hablaría, pero nada cambió.

Le pedí al príncipe Jacob que averiguara las comidas favoritas de Jasper y el sabor del té que más le agrada: si no me quiere perdonar de inmediato, entonces voy a ganármelo aunque deba hacer méritos por ello. Siendo honesta le consideraba un buen amigo y desde que dejó de amenazarme de muerte, creo que habíamos progresado bastante en nuestra forma de relacionarnos.

Un día decidí servir su té favorito después de la hora del almuerzo, pero para disimular le serví a todos los miembros de la familia real sus bebidas favoritas. Estaba feliz porque confiaba en que iba a conseguir que dejara de ignorarme.

-¡Gracias Alice!- exclamó el príncipe Seth cuando se dió cuenta de lo que había hecho- ¡Nos serviste a todos nuestras bebidas favoritas!

-No hay de qué, Alteza- dije sonriendo mientras iba a llenar la taza de Jasper con agua.

-Yo no quiero- me interrumpió sin mirarme. Le miré entrecerrando un segundo mis ojos, sintiéndome totalmente frustrada-; no puedo creer que mientras el pueblo sufre los estragos de la sequía nosotros estemos desperdiciando agua en tonterías como el té.

-Jasper tiene razón- respondió el rey frunciendo ligeramente el ceño-, la sequía nos está causando problemas en algunos sectores rurales y creo que como familia debemos dar el ejemplo: desde hoy y hasta que llueva el Daminton estará cerrado y se prohiben los baños con fines de relajación y los tratamientos de belleza.

Por un segundo pude sentir la mirada del príncipe Edward sobre mí: venía a visitarme cada ciertos días y ahora con las nuevas medidas de clausura de aquella parte del palacio, no teníamos muchas excusas para vernos.

Minutos más tarde me reuní con el príncipe Jacob; él estaba terminando uno de sus dibujos mientras yo mezclaba los ingredientes para preparar un poco de jabón.

-¿Estás seguro que a Jasper le gusta el té de frutos del bosque y el pollo especiado?- pregunté frunciendo ligeramente el ceño- Estuve una tarde entera moliendo especias en el mortero y ni siquiera quiso probarlo y ahora se niega a beber té... ¡Tan injusto!

-Claro que le gustan- respondió-, yo mismo se lo pregunté y tuve un gran trabajo investigando lo que le gustaba a todos mis hermanos.

-¡Pero no lo entiendo!- exclamé- ¡Sigue enfadado conmigo y ya han pasado dos semanas! ¡No sé qué hacer!

-Es extraño, yo hablé con él y no estaba enfadado conmigo e incluso perdonó a Seth esa misma tarde, así que no logro entender porqué insiste en no hablar contigo...

-¡Dile que se puede ir al demonio!- sentencié enojada- No estoy dispuesta a rogar por amistad ni en este siglo ni en los que siguen, así que puede irse al diablo.

Me levanté dispuesta a ir a seguir con mis tareas, ya que a lo lejos en el pasillo pude ver a mis compañeras acercarse con canastos llenos de trozos de tela.

El príncipe Jacob pareció darse cuenta, ya que me sujetó de un brazo y me abrazó con fuerza para que las otras damas de la corte lo vieran.

-¡¿Qué estás haciendo?!- exclamé mientras intentaba apartarme de él.

-Esto es como castigo por no lograr apaciguar los ánimos de mi hermano y pretender que soy tu paloma mensajera...

Cuando me soltó me acerqué a las otras damas que me miraban con expresiones curiosas.

-El principe Jacob se excede un poco en sus bromas, ¿verdad?- pregunté tratando de sonar muy casual. Juro que cualquier parecido a yo intentando hacer amigas en la secundaria, es mera coincidencia.

-¡Claro que sí!... ¡Querida!...- exclamó una de ellas antes de dejar caer el contenido de su canasta sobre mí. Que una dama de la corte se involucre con un príncipe en una relación no formal, no es muy bien visto, ya que pueden nacer las envidias y los malos tratos derivadas de éstas.

Al cabo de menos de tres minutos estaba en el suelo y cubierta de telas mientras las otras damas se reían. No obstante, las risas pararon en cuanto la señora Esme apareció mirándonos muy seria.

-¡¿Qué pasó aquí?!- preguntó mientras todas bajábamos la mirada- ¡Su escándalo se escucha desde las dependencias del rey! ¡¿Acaso no saben que Su Majestad se está preparando para dirigir el ritual que nos traerá la lluvia?!

-Debería preguntar a la señorita Alice- murmuró una de ellas riendo disimuladamente-: ella sabe qué pasó.

Yo aún seguía en el suelo, con mi cabello fuera de lugar y rodeada de tela mientras la señora Esme me miraba como si supiera exactamente qué había sucedido. De esto aolo podía deducir una sola verdad: otra vez me había metido en problemas y otra vez me iban a castigar...