Jasper POV
La sequía se estaba convirtiendo en un gran problema, no solo en la capital, sino que en algunos pueblos cercanos que se vieron en la necesidad de asaltar las caravanas de los comerciantes para obtener algún tipo de alimento o agua para proveer a sus familias y abastecer a sus animales.
Por supuesto, en el palacio contábamos con reservas de agua, pero en cualquier momento el pueblo puede intentar alzarse si su gobernante no logra satisfacer sus necesidades más elementales y eso para nosotros sería catastrófico.
Por esta razón el rey convocó a una reunión urgente con sus ministros y los mayores de sus hijos para lograr una solución lo más pronto posible.
-Su Majestad- murmuró James-, sugiero que se aplique mano dura a todos los que intenten alzarse en contra de nuestro gobierno ¡Hay que llevar soldados a los pueblos rebeldes y darles una lección ejemplar!
-¡No es la forma!- añadí mirando a mi hermano de reojo- Majestad, la gente está desesperada: lo mejor que puede hacer es enviar comida y agua a los pueblos más afectados por la sequía. Calmar a la gente nos dará algo de tiempo hasta que llegue la lluvia.
-¡Hay que exterminar a alguno de los pueblos! De esa forma los otros aprenderán a respetar y temer a su rey...
-Hacer eso no servirá- señalé-, ¡solo nos puede causar una revolución! La familia Vulturi no dejaría pasar una oportunidad así para sentarse en el trono.
-Claro... y tú debes estar deseando que eso suceda- James me miró con sus ojos llenos de desprecio- ¡Te recuerdo que fuiste dado en adopción a esa familia!
-¡Es verdad!- exclamó uno de los ministros- ¿Cómo podemos confiar en el príncipe Jasper si puede estar tramando algo para traer a la familia Vulturi al trono?
-¡Jasper también es mi hermano!- exclamó Emmett enfadado- ¡Confío en él y no permitiré que pongan su nombre en duda!
-He tomado una decisión- el rey levantò su mano llamando a todos en la sala a la calma-. Jasper tiene razón: necesitamos contener a los sectores mas vulnerables, pero no quiero que se haga con violencia, así que enviaré al príncipe heredero con ayuda.
-Su Majestad, usted comete un error- susurró James visiblemente enfadado- ¡Si me escucha yo puedo!
-¡La decisión está tomada!- gritó el rey Carlisle enojado- ¡James, si algún día llegas a sentarte en mi trono tienes que aprender que es mejor ser un buen rey que ser un gran tirano!... Jasper, iràs con Emmett hasta el primer pueblo, pero necesito que regreses porque hay que preparar el ritual para pedir lluvia a los dioses y creo que yo no podrè llevarlo a cabo...
-Padre, ¿De que habla?- preguntó Edward al tiempo que yo sentìa una preocupación extraña por el rey.
-Ya estoy viejo y me siento algo cansado- murmuró el rey sonriendo con un poco de pesar-, me temo que mi cuerpo no podría resistir el ritual así que con Garrett pensamos que uno de los príncipes debería hacerlo.
-¿Quién guiará el ritual?- preguntó James ahora un poco más interesado- Si Emmett no va a estar, yo debería encargarme del ritual: soy el que sigue por edad y estoy preparado para ayudar en esto.
-Eso lo decidirán los dioses- respondió Garrett sonriendo con calma-, por eso es importante que estén todos aquí.
La organización del viaje fue bastante compleja: no solo teníamos que preparar los caballos, sino que también equipar los sacos de comida y los barriles de agua, pero al cabo de dos días ya estábamos preparados para emprender el viaje.
Emmett se sentía algo enfermo, me confesó que su piel otra vez tenía nuevas erupciones rojas y que a pesar de que estaba siguiendo los consejos de la señorita Alice y del médico del palacio, aun no sentía una mejora sustantiva en su salud. Yo no podría decir si es que efectivamente estaba mejorando o no, pero sentía que cada vez sería más difícil mantener su enfermedad en secreto. Los ministros comenzaban a sospechar e incluso se podrìa decir que estaban esperando una confirmación para proponer a un nuevo candidato para el trono.
-Su Alteza, recuerde evitar las comidas demasiado sazonadas y el baño con agua caliente puede ayudar a aliviar el dolor- la señorita Alice se encontraba en las dependencias de Emmett mientras preparábamos junto a Garrett los últimos detalles del viaje.
-Alice, es muy amable de su parte- respondió Emmett mirándola con una pequeña sonrisa-, pero no creo que pueda tener mucho acceso a agua caliente.
-¡Es verdad!- exclamó ella antes de agarrar una pequeña botella de una mesa-, pero puede aplicar aceite de oliva: no es lo mismo, pero tiene ciertos beneficios para la piel y puede ayudar.
-Gracias, señorita Alice, envié un collar de oro a su habitación como agradecimiento por todo lo que ha hecho- la chica le miró un tanto alarmada-...no te preocupes, la señora Esme no se enterará ni te causará problemas.
-Gracias, Alteza.
-Jasper, ¿nos vamos?- Emmett me dirigió una mirada a lo que yo asentí y le seguí fuera de su habitación. La señorita Alice realizó una reverencia sin siquiera mirarme.
Alice y yo no hablábamos desde hace casi 3 semanas, aunque he de reconocer que era más por mi orgullo que por otra cosa. Me dolía enormemente el saber que ella solo sentía por mí lástima y que probablemente era amable conmigo solo por eso.
-¿Sigues enfadado con la señorita Alice?- preguntó Emmett mirándome con desaprobación- Ya te he explicado muchas veces que ella también cayó en las manipulaciones de James...
-Debemos darnos prisa, tengo muchas cosas de las que ocuparme cuando vuelva al palacio...
-No cambies el tema. Como soy tu hermano mayor y te conozco desde que eras un bebé, tengo que decir que estás siendo injusto con ella- me regañó mientras íbamos en busca de los caballos.
-Emmett, no quiero hablar sobre el tema.
-¿Ganas algo dejando de hablar con Alice? Estoy seguro de que estás perdiendo más de lo que te imaginas.
-¡¿Puedes dejarlo?!- exclamé ofuscado- La señorita Alice es solo una cortesana, tampoco se supone que seamos amigos, así que está bien que cada uno se mantenga en su lugar.
-¡Deja de buscar excusas! Jasper, los amigos no se mantienen con orgullo y aunque no lo creas, en este mundo es necesario tener gente a la que querer- puso una mano en mi hombro y me miró con cariño-... sé que haz estado solo por mucho tiempo, pero no sigas alejando a las personas que te queremos ¿está bien?...Intenta arreglar las cosas con ella y deja de pensar tonterías.
Puede que Emmett tenga razón, quiero decir, es verdad que Alice ha intentado acercarse a mí después del incidente de la máscara en la celebración de cumpleaños y que yo la he ignorado en más de una ocasión, pero es que una parte de mí se aferra a su mirada llena de lástima y compasión. Odio que sus ojos me miren de esa forma y que solo pueda despertar esas emociones en ella.
No lo sé... desde que descubrí la profundidad de mis sentimientos por ella, me entretengo pensando en que en un mundo paralelo Alice es capaz de amarme, sin embargo, no dejo que la fantasía vaya tan lejos para no hacerme daño con la dura realidad.
El camino hacia el primer pueblo devastado por la sequía es bastante largo, ya que incluso debemos acampar algunas noches entre los bosques. Me agrada viajar, pero de alguna forma me había acostumbrado a estar en el palacio, además para la gente verme les resulta un poco desagradable, quiero decir, el rumor de mi asesinato a los monjes ya recorre todo el reino y es difícil hacer que la gente cambie de opinión cuando soy el hijo caído en desgracia y la vergüenza del rey.
Al llegar al primer pueblo, puedo comprobar que las personas de alguna forma nos esperaban, o mejor dicho, esperaban a mi hermano mayor. Emmett, el príncipe heredero, era muy apreciado por todas las personas, ayudó al rey en la guerra y recuerdo que cuando era pequeño y él solía cuidarme, siempre la gente que vivía cerca del palacio le daba obsequios y le recibía con cariño; no fingían para ganarse el favor del rey: en verdad le apreciaban por ser siempre un gran hombre.
Observé desde un rincón como Emmett junto a los soldados repartían comida y agua a las familias mas necesitadas. Yo prefería quedarme un poco al margen porque nadie querría recibir algo de mis manos y porque no quería dar motivos a los ministros para que piensen que quiero ganar el trono para la familia Vulturi.
-Su Alteza- la voz de una joven de unos 13 años captó mi atención. Lucía una falda remendada con géneros de muchos colores y un pañuelo celeste cruzado sobre su hombro y atado junto a su cadera; parecía ser gitana aunque no soy muy bueno identificando las nacionalidades de la gente- ¿Quiere leerse la buena fortuna?
-Mi fortuna no es buena- aclare desviando mi mirada de aquella chica- y no necesito que ninguna gitana me lo diga.
-Su Alteza, no pierde nada más que una moneda y yo puedo ganar el sustento de mi familia... por favor...
-Está bien, pero que sea rápido, tengo que viajar a la capital de regreso y me gustaría llegar pronto.
La chica asintió antes de tomar mi mano entre las suyas y comenzar a revisar su palma muy concentrada. La verdad es que no creo en las gitanas, porque de las pocas veces que pude verme la buena fortuna todas decían lo mismo: que a pesar de mis circunstancias y mi pobreza, mi alma encontraría felicidad y por tanto mi próxima vida sería próspera y alegre. Cuando era mas joven me aferraba a esas palabras, aunque siempre en un rincón de mi mente, contemplé la idea de matarme, porque si iba a ser feliz en mi próxima vida ¿para qué vivir esta? Nunca lo hice por temor y porque de alguna forma, sabía que no iba a vivir como un perro para siempre.
-Alteza, han cambiado muchas cosas en su vida- murmuró la niña con un poco de confusión en su cara-, pero usted está en deuda con los dioses.
-Entonces mi vida seguirá siendo miserable...eso es algo que ya sabía...
-¡No! Es que... muchas cosas han cambiado, pero su destino sigue siendo el mismo. Pase lo que pase, nada va a cambiar lo que está escrito en las estrellas.
-Las estrellas... no recuerdo qué decía la mía...Garrett, el astrónomo del palacio, también dice que el destino está en las estrellas... te llevarías bien con él.
-Hay cosas de su mano que son un poco extrañas... ¡Si quiere puedo pedirle a mi madre que lea su mano! ¡Es muy buena y nunca se equivoca!
-No, gracias, se me hace un poco tarde- respondí antes de entregarle a la chica una bolsa de terciopelo llena de monedas.
-¡Príncipe Jasper, las lecturas de manos no cuestan tanto dinero!
-Guarda bien la bolsa, que nadie te la quite, dile a tu madre que compre carne, verduras y cuando termine la sequía, manden a construir un pozo bien profundo en su campamento- le indiqué-. Usen el dinero sabiamente: debería alcanzar para que no tengas que leer la suerte a nadie por al menos 3 meses y si construyen el pozo no tendrán que preocuparse por el agua.
-¡Muchas gracias, Alteza!- exclamó ella emocionada- ¡Es usted muy amable!
La joven gitana me dedicó una reverencia algo torpe antes de retirarse corriendo. Por mi parte observaba a Emmett repartir la comida y el agua a las personas mientras él les dedicaba una sonrisa amable. Sin lugar a dudas, Emmett será un gran rey, quiero decir, fue educado para eso y tiene un talento innato para tratar con las personas, además hay bondad en su alma y eso le ayudará a ser siempre un gobernante justo.
-¿Ya te vas?- me preguntó con una sonrisa cuando se tomó un descanso
-Si, tengo que ir al palacio para que se elija a quién hará el ritual de la lluvia.
-¿Quién crees que saldrá elegido?- preguntó con algo de curiosidad.
-Edward- respondí sin dudar-, es el favorito de la gente y estoy seguro de que todos quieren que sea él quién traiga la lo hace, los ministros tendrán un nuevo favorito para el trono.
-Los ministros y los nobles cambian de favorito todos los meses- susurró totalmente despreocupado-, pero la verdad, Jasper, es que solo importa el decreto de papá.
-Emmett, el trono será tuyo- afirme convencido-. Es tu derecho y no importa la opinión de los ministros, James o la gente. Siempre hemos sabido que el príncipe heredero eres tú y es inútil intentar cambiar eso.
-Pero yo estoy enfermo, Jasper y todos lo saben o al menos lo intuyen... Eso cambia mucho las reglas del juego.
Solo espero que el rey no muera pronto, es decir, Su Majestad es quién mantiene bajo control las aspiraciones el trono de todos y la ambición de las reinas. No quiero pensar en qué ocurrirá cuando el rey muera y alguien no quiera acatar su último decreto: yo estoy decidido a defender el derecho de mi hermano mayor pase lo que pase, pero soy consciente de lo que trama mi madre para sentar a James en el trono y dudo mucho que paren una vez que el rey haya muerto.
Emmett me abraza como despedida y me indica que estará en el palacio al menos en 5 días. Yo inicio mi camino de regreso al palacio con la certeza de que si me doy prisa podré llegar durante la mañana del día siguiente, por lo que decido descansar solo para que el caballo pueda recargar sus energías y no desfallezca por el esfuerzo.
Durante la noche me detengo a mirar las estrellas: mi destino está en ellas...¿Pero qué significa eso? ¿Tendré una buena vida de ahora en adelante o solo estoy destinado a la desgracia? De cualquier modo, mi vida es mejor ahora y ver las estrellas me recuerda a la noche del festival de la luz y el beso que compartí con Alice. Fue hace mucho tiempo, pero aun recuerdo esa noche con muchos detalles, lo que me hace pensar que tal vez estoy siendo demasiado injusto con ella. Alice es mi única amiga y a decir verdad ella no tiene la culpa de lo que pasó y mucho menos de la profundidad de mis sentimientos, solo espero que no esté demasiado enojada conmigo y que aún me acepte como su amigo.
A medida que me acerco al palacio veo una pequeña fogata entre los pastizales. Me acerco disminuyendo el ritmo del galope, para ver a Charlie y su hija Renesmee. La chica luce un poco triste mientras su padre me hace señas para que me acerque.
Bajo del caballo y decido acercarme para saber qué ocurre.
-Alteza, ¿Cómo le fue en su viaje?- preguntó Charlie con una sonrisa.
-Bien, dormir mirando las estrellas siempre es bueno... ¿Ustedes cómo estàn?
-¡El príncipe Seth es tan malo!- exclamó Renesmee mirando las aves que estaba azando en la fogata- ¡No lo entiendo! ¡¿Por qué no me quiere?!
-¿Pasó algo con Seth?- pregunté preocupado.
-¡Es que el príncipe estaba aburrido!- me explicó la chica un poco más calmada- Y yo le pregunté si quería comer aves asadas, a lo que él dijo que sí... Todo iba muy bien, él estaba feliz porque yo le estaba enseñando a cazar aves como él no sabía... pero luego cuando teníamos un pequeño pájaro, lo sujeté entre mis manos, él quería verlo, pero le rompí el cuello y lo maté... ¡Se enojo mucho! ¡dijo que yo era una salvaje por hacerle algo así a una criatura tan linda!...¡Pero yo no sé cómo planeaba comerse el pájaro vivo!
-Seth es muy sensible- le expliqué.
-¡Es lo que yo digo!- exclamó Charlie mirando de reojo a su hija- ¿Para qué quieres un hombre que no sabe cazar y no podría alimentarte a ti ni a tus hijos?
-Yo puedo cazar para ambos...
Miré a la chica con una pequeña sonrisa.
-¡No seas tonta!- la regañó su padre- ¡Si tú estás ocupada cazando quién los va a cuidar!
-¡Yo puedo protegernos a ambos!- decretó Renesmee muy decidida.
-¡¿Me estás desafiando?!- el general se llevó la mano a su espada a lo que la chica también se puso en guardia. La verdad es que desde que los conozco, ellos actúan así, por lo que en realidad nadie va a resultar herido.
Decido dejarles con su disputa familiar para dejar descansar a mi caballo en los establos, lavarme un poco e ir a reunirme con Garrett y mis hermanos al salòn donde tomamos las clases. Garrett luce bastante animado mientras veo que mis hermanos le entregan unos trozos de papel con sus nombres y sus fechas de nacimiento escritas en él.
-¡No lo entiendo!-exclamó Seth entregando su trozo al astrónomo- ¿Qué es lo que debe hacer el que salga elegido?
-Debe dirigir su ritual a los dioses para que haya lluvia- le respondió Jacob- y no puede comer, beber ni levantarse hasta que llueva ¡Incluso si el príncipe muere, el ritual debe continuar hasta que los dioses estén satisfechos!... ¡Todo un premio, ¿verdad?!
-¡Yo no quiero!-protestó Seth intentando que le devolvieran su nombre- ¡No me interesa si llueve o no!
-Ya es tarde- sentenció el astrónomo con seriedad-, sus nombres no serán devueltos una vez que deciden participar del sorteo.
-¿De verdad el sacrificio del príncipe causa la lluvia?- insistió Seth con incredulidad.
-No es que el príncipe cause la lluvia- respondí entregando mi trozo de papel con mis datos escritos en él-: es que se queda haciendo el ritual hasta que llueva para que luego todos le miren como a un dios.
Mis hermanos me miraron mientras pensaban un poco en mis palabras. Pude sentir que James me miraba con especial atención, aunque de alguna forma siempre me ha mirado con cierto desprecio y rencor.
Aquella tarde se debía conocer cuál de nosotros sería el elegido para el ritual. Por esta razón mis hermanos y yo nos reunimos fuera del templo, a la espera de la decisión que tomarían el rey y Garrett, aunque siendo honesto estoy seguro que solo escogerán a Edward para calmar un poco los ánimos de la gente.
Todos guardamos silencio cuando Garrett salió del templo. El hombre apareció ante nuestros ojos con una sonrisa llena de satisfacción y fue entonces cuando nos enseñò el papel que contenía mi nombre. Pude sentir un poco de angustia al saber que el ritual dependía de mí, pero de alguna forma me sentía especial, como si realmente por fin la suerte se estuviera poniendo de mi lado.
-Es una broma, ¿verdad?- preguntó James totalmente enojado- ¡Jasper no puede dirigir el ritual! ¡Ni siquiera es realmente un príncipe!
-¡Jasper fue el elegido por los cielos!- exclamó Garrett- Su Alteza, felicitaciones usted serà el encargado de traernos la lluvia.
-¡Felicitaciones, hermano!- Edward me abrazó un segundo por los hombros.
-¡Claro que sí!- se unió Peter sonriendo- ¡Si no nos traes la lluvia, tendrás que hacer muchos méritos para que vuelva a hablarte!
-¡Jasper, si mueres en el ritual juro que le pondré a mi primer hijo tu nombre!- me aseguró Seth con mucha seriedad, a lo que no pude evitar reír un poco.
Alice POV
El príncipe Emmett me había solicitado que le ayudara a empacar algunas cosas para su viaje. Se iba con el príncipe Jasper a repartir comida y agua para las personas necesitadas, así que necesitaba algo que pudiera ayudarle con el lupus.
En su habitación estaban Garrett y el príncipe Jasper, a quien me decidí a ignorar. Ya había hecho un montón de cosas para que me volviera a hablar, pero si quiere seguir enfadado conmigo no puedo hacer nada al respecto, solo continuar con mi vida y no preocuparme porque él no quiera ser mi amigo.
-Jasper, ¿nos vamos?- el príncipe Emmett ya había terminado de empacar y se dirigía a la salida, por lo que tomé el canasto con las cosas que había sacado del Daminton y les dediqué a ambos una reverencia.
-Señorita Alice- murmuró Garrett cuando ambos príncipes se habian ido-, recuerde que nadie debe saber sobre la enfermedad del príncipe Emmett, guarde silencio ¿está bien?
-Sì, Garrett, lo sé.
Le dedico una pequeña sonrisa al astrónomo y me dispongo a salir de las dependencias del príncipe. Mientras avanzo por los pasillos, unas damas de la corte que no trabajan conmigo me toman de ambos brazos rápidamente. Las miro asustada, porque no sé a donde me llevan ni qué es lo que quieren, pero mi corazón late con fuerza y estoy segura de que no debe ser nada bueno.
-Nos volvemos a ver...- susurra la reina Tanya con una pequeña sonrisa- ¿Cómo estás, Alice?
-¿Qué sucede?- pregunté mirándola de reojo.
-¿De donde vienes? ¿Esas cosas no deberían estar en el Daminton?- preguntó mirando la canasta que tenia en mis manos- Se supone que está cerrado o debo pensar que eres una ladrona...
-¡No, yo no...! ¡Estoy devolviendo estas cosas!- me apresuré a decir- Las había olvidado ayer y no quiero que la señora Esme me castigue.
-Está mintiendo...- no me había percatado de la presencia del príncipe James hasta ahora- ¿Por qué no reconoces que vienes de las dependencias de Emmett?... ¡Está enfermo, ¿verdad?!
-No sé de qué me está hablando.
-Hay una leyenda antigua que dice que un príncipe enfermo no debería heredar nunca un trono porque solo causará tragedia...así que deberías decirnos ¿Está el príncipe heredero enfermo? ¿Nos condenará a todos a la tragedia?
-¡No lo sé!- exclamé cansada de su insistencia- ¡¿Por qué no se lo pregunta usted mismo?!
En ese momento el príncipe alzó su mano y me golpeó tan fuerte en el labio superior, que solté la canasta con las cosas que llevaba. Mis ojos se llenaron de lágrimas, al tiempo que el príncipe James me miraba con una sonrisa.
-¡Si no respondes terminaré contigo, maldita perra!- me sujetó del brazo y me sacudió con fuerza- ¡Veremos que tan valiente eres sin que ninguno de mis hermanos te defienda!
-¡¿Qué está pasando aquí?!- la señora Esme apareció mirando la escena preocupada.
-Le estamos preguntando a Alice por qué sacó cosas sin permiso del Daminton- respondió la reina mirando a la señora Esme con suficiencia.
-Yo la envié- miré a la señora Esme de reojo-, el rey tenía un dolor de rodillas así que necesitaba un masaje...
- ¿Así que envías a una chica joven y sin nada de experiencia?
-Alteza, ¿habría preferido que lo hubiera hecho yo?- la señora Esme parecía tan segura que ni siquiera me atrevía a hablar para que nadie pensara que estaba mintiendo- Ahora si nos disculpan, debemos regresar al trabajo.
Yo terminé de recoger las cosas que se habían caído cuando James me golpeó y luego comencé a caminar junto a la concubina en dirección a nuestro lugar en el palacio.
-¡Alice, ¿por qué haces esto?!- me gritó cuando nos encontramos solas- ¡¿Acaso eres estúpida?!
-No entiendo de qué habla...- susurré.
-¡Te dije que no te involucraras en la vida de los príncipes y es lo primero que haces!- sus ojos me miraron con algo de decepción, al tiempo que se llenaban de lágrimas- ¡Eres tan confiada! ¡Crees que aquí todos son tus amigos y eres buena sin pensar en las consecuencias de eso!
-Señora Esme, yo...
-¡Yo era igual que tú cuando era joven!- me gritó antes de alzar su mano para golpearme, sin embargo, de pronto se llevó el brazo a su estómago como si le doliera mucho y se desmayó frente a mis ojos.
-¡Señora Esme!- grité arrodillándome a su lado- ¡Señora Esme, por favor despierte!
Pedí ayuda a unos guardias y corrí a buscar al médico de la familia real. Una vez en su cuarto, el médico la examinó y determinó que dentro de todo se encontraba bien, pero que debía tener cuidado de no angustiarse ni pasar malos ratos. Una parte de mí quería confiar en el médico, pero por otro lado intuía que èl no quería decirme toda la verdad para no violar la privacidad de la concubina.
La señora Esme comenzó a despertar después de unas horas, aun parecía pálida y muy débil, pero le dediqué una sonrisa para que supiera que me sentía muy feliz porque se encontraba mejor.
-Vino a examinarla el médico de la familia real- murmuré terminando de preparar la comida para la enferma-, dijo que estaba muy debil porque solamente come cremas de avena y que desde ahora debe comer algo mas contundente.
Le ofrecí el plato de comida mientras ella fruncía el ceño como si no confiara demasiado en mis palabras.
-¿De verdad dijo eso?- preguntó incrédula.
-Por supuesto que si, ahora coma un poco: me he pasado toda la tarde moliendo las verduras y me duele un poco el brazo.
Esme se llevo una cucharada a la boca para luego mirarme de reojo.
-¡Esto es avena!- me acusa.
Yo reí un momento antes de sentarme junto a ella en la cama y tomar su mano con las mías.
-Señora Esme, yo sé que usted se preocupa por mi- susurré mirándola con una sonrisa- porque en el fondo sí me quiere: dijo que éramos realmente parecidas, pero no debe preocuparse por mi suerte, yo estaré bien.
-Alice, debes tener cuidado- murmuró-, crees conocer a los príncipes, pero recuerda que el trono está en juego y los hombres cambian cuando quieren obtener poder. Yo también fui como tu: confiada, imprudente y me enamorè de un hombre que prometió casarse conmigo, pero cuando obtuvo honor y gloria, la hija de un humilde vendedor de plantas medicinales no fue suficiente... ¡Mirame, Alice! Soy la amante de un rey que tiene otras esposas, perdí a mi bebé por culpa de la mujer que estaba a punto de castigarte y aun así debo mirarla todos los días y hablarle con respeto... ¡No quiero eso para ti!
-No me pasará ¿está bien? Tenga un poco de confianza en mí.
-Confío en ti, pero no en lo que pasará cuando el rey muera...
Pasaron los días, pero esta vez de manera diferente, ya que el Daminton se encontraba cerrado y las damas de la corte tampoco podíamos salir. Sin demasiadas opciones, me dediqué a limpiar y ayudar a la señora Esme hasta que se sintió con más fuerzas y pudo ponerse de pie.
Sin embargo, a pesar de todas las prohibiciones pude reunirme con Edward en los baños termales. Èl había entrado por el pasadizo secreto por el que yo había logrado ingresar cuando recién llegué a este mundo. Me sentía contenta porque había venido a verme y porque a pesar de que nos veíamos casi siempre, le habìa comenzado a extrañar.
-Charlotte me comentó de ese pasadizo secreto- me confesó mientras nos sentábamos juntos a mirar el agua-. Te manda muchos saludos y dice que te extraña mucho.
-¡Yo también extraño mucho a Charlotte!- exclamé mientras él me tomaba de la mano- Deseo poder volverla a ver, poder ir al mercado y no lo sé... salir del palacio aunque sea por un día...
-¿Sabes que mañana es el ritual para que haya lluvia?
-¡Verdad!- le mire a los ojos con una sonrisa- ¿Cómo está el príncipe Jasper? No he hablado con él desde lo que pasó en el cumpleaños de Seth, pero espero que se encuentre bien y que no esté muy nervioso...
-Si hay buenos resultados con el ritual el rey regala parte de la cosecha, organiza un matrimonio real o libera a una dama de la corte de sus servicios para celebrar- no pude ocultar la emoción que sentí al escuchar esas palabras. El príncipe me miró a los ojos con una sonrisa amplia- Alice, si todo sale bien pediré al rey que te libere y podré casarme contigo.
-¿Quiere casarse conmigo?- no sabía si me sentía emocionada o un poco asustada por la importancia de aquellas palabras, pero sí era consciente de que estaba llorando un poco de felicidad y emoción por lo que estaba sucediendo.
-¡Por supuesto que sí! ¡Le prometí a Bella hacerte feliz y voy a cumplir mi promesa! ¡Apenas te liberen te llevaré a verla! Ordené poner un jardín en su honor y es precioso... ¡Te va a encantar!
-Quiero que llueva...- susurré apoyando mi mejilla sobre su hombro- Deseo que llueva...
Mi historia no será como la de la señora Esme: yo sí podré casarme y vivir tranquilamente con el príncipe Edward. Sè que él es muy bueno y que puede hacerme feliz y que yo puedo hacerlo feliz. He vivido demasiadas emociones fuertes desde que llegué aquí y creo que tranquilidad es lo que más necesito... Estoy literalmente a una lluvia de mi final de cuento de hadas...
