Nota: No sé es que, siempre me da por escribirles cosas así. Son tan amor-odio que es inevitable y... Sorry not sorry por el Fuera de personaje. (El canon me la pela).
Decían que enamorarse era sentirse nervioso al hablar o estar cerca de esa persona, era sentir mariposas en el estómago. Sentirte en el cielo cuando él o ella te dan algo de su atención o te nota.
Ese tipo de cosas cursis y color de rosa.
Pero no, ese no fue su caso en absoluto. Muy probablemente –lo más obvio es que sí– Marinette lo experimento o sintió; pero él no, no lo hizo para nada.
En primera, la persona que le gustó fue Marinette. Algo que ni siquiera se explicaba o tenía lógica, es decir, ella le dio su bofetada –bien merecida– por haberla engañado de que era Adrien (su querido primo –nótese el sarcasmo–).
Y aunque Adrien tratase de que ambos se llevasen bien, ellos no lo hicieron. Cada comentario que se hacían era sarcástico o con la intención de hacer molestar al otro; ninguno se agradó en ese entonces.
Además, no se puso ni un poco contento o emocionado cuando se admitió que Marinette Dupain-Cheng le gustaba. Es más, fue uno de los tragos más amargos que tuvo en su corta vida; porque, oh Dios, ella era horriblemente fastidiosa y perfecta.
Su único defecto era ser torpe y estar enamorada (obsesionada) de Adrien. Además de ser infantil; y era fastidiosa por ser metiche y en ocasiones, doble moral.
Pero bueno, ¿quién diablos era él como para ponerse a ver o checar los defectos de los demás? Si él también podía ser un hijo de puta. (Todos los respetos a su mamá, ella era sagrada).
El punto es que, él nunca se sintió nervioso al estar o hablar con Marinette. Tampoco sintió mariposas –posiblemente sólo agruras–, y mucho menos se regocijo al tener su atención o que ella lo notase.
Fue tan simple, que la otra vez que se encontraron, él confesó con calma –: Me gustas, Marinette Dupain-Cheng.
Y tuvo que hacer grandes esfuerzos para no reírse al presenciar su cara de asombro total además de ese rubor que se extendió por casi toda su cara. Porque si se reía, creería que estaba bromeando (y ese no era el caso).
Le tomó unos largos minutos para calmarse y preguntar, incrédula –: ¿En serio te gusto? ¿No es broma, verdad?
Fue honesto.
- Marinette, hace rato quería reírme de tu cara de asombro. E incluso a mí me cuesta creer que en serio me gustas, pero es verdad.
La cara de Marinette volvió a enrojecer.
- T-Tú…
- ¿…De casualidad también te gusto? Se sincera.
- Eh… Ah… Yo… N-No lo sé.
- Lo tomaré como un Sí – dijo para después tomarla de la muñeca, e interrumpiéndola de decir algo, habló –. Dijeron que había buenos helados por aquí.
- E-Espera, ¿esto es una ci-cita?
- Sí, sólo que esta vez no está mi primo aquí. Vamos.
La verdad fue, que se la pasaron bien… Si contamos con que Félix se burló de ella de vez en cuando, y que Marinette se lanzó sobre él por molestarla.
(En fin, eran una pareja rara, pero así estaban bien).
