Culpa

Disclaimer: Nada me pertenece.

Esta historia participa en el reto multifandom del foro Alas negras, palabras negras.

Mi condición era culpa.

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Cinco años después sigue teniendo una foto de Peter en la cocina. Alguna vez ha pensado en quitarla de ahí, pero al final siempre ha acabado dejándola. Es un recuerdo de los viejos tiempos y, aunque ahora le duela pensar en esa época, no es algo que quiera olvidar.

A veces siente que le debe al menos eso, mantener vivo su recuerdo. Otras veces simplemente le gusta acordarse de él. Se acuerda de su energía, de sus ganas de comerse el mundo. Serían recuerdos agradables si no fuera porque al final fue el mundo el que se lo comió a él.

Ha llegado a la conclusión de que sus recuerdos son como ese alcohol barato que te proporciona una borrachera rápida y una resaca de mil demonios porque sí que disfruta al recordar los viejos tiempos, pero inevitablemente al final acaba recordando que pasaron, que la mitad del universo ha desaparecido y que vio morir sin poder hacer nada a ese chaval que sonríe en la fotografía que ahora sostiene entre sus manos.

En esos momentos a Tony le gustaría ser el capullo sin sentimientos que pintan las revistas del corazón. Le gustaría ser de verdad esa persona que solo pensaba en sí mismo que una vez fue para no tener que lidiar con la tristeza, con el dolor y sobre todo con la culpa.

A veces se siente furioso con Strange. Al fin y al cabo él vio un futuro en el que ellos ganaban y, a pesar de eso, ellos han perdido. Le gustaría ir a pedirle explicaciones, pero Strange también está muerto o desaparecido o lo que sea.

De todos modos no cree que Strange sea el principal culpable. Ese papel está reservado para él y para Rogers. Tony no tiene la capacidad de ver el futuro y no sabe nada de todo eso de las líneas de tiempo que Bruce o Hulk o quien quiera que sea ahora le ha contado ese mismo día, pero está convencido de que si Rogers y él no hubieran tenido esa pelea las cosas hubieran podido ser diferentes.

A Rogers lo ve a veces, aunque nunca en persona. Sigue siendo el maldito Capitán América y sale en la tele de vez en cuando. Parece igual que siempre, perfecto y entero. No sabe si es una fachada o si es que realmente el hombre es así de imperturbable. Esa es una de las cosas que más admira y que a la vez más odia de él, esa implacabilidad que le hace estar siempre absolutamente seguro de lo que hace. Lo admira porque es capaz de llevar sus principios hasta el final, pero lo odia porque es incapaz de cambiar de opinión. Se aferra a sus convicciones como si fueran parte de su escudo y no está dispuesto a cambiarlas pase lo que pase. Es inútil y frustrante discutir con él. Tony lo sabe mejor que nadie.

En sus días malos es a él a quien culpa de todo. En sus días peores es a sí mismo. La mayoría de los días sabe que lo que los llevó al desastre fue una mezcla de varios factores. Ha tenido momentos buenos en esos cinco años, la mayoría relacionados con Pepper y Morgan, pero la culpa por no haber podido detener a Thanos, por no haber salvado a Peter y al resto de la humanidad, nunca se desvanece del todo. Es lo que tiene ser un superhéroe. Cuando salvas el mundo todas las miradas se dirijen hacia ti, pero cuando no lo salvas también lo hacen y son muy diferentes, mucho peores, aunque la peor siempre será la suya propia.

Por eso lo dejó. No quería más nada de eso en su vida. No quería más peligro ni más presión. No se sentía capaz de soportarlo más. No obstante, ahora hay una oportunidad de arreglarlo todo, de traer de vuelta a todo el mundo, incluido a Peter. Es una idea arriesgada, loca incluso, pero ya le cuesta bastante mirarse al espejo y si no lo intenta sabe que le costará todavía mucho más.