"- Neh, Neh, Nene-chan. ¿Has escuchado sobre la leyenda del hilo rojo?"
Caminaba a paso calmo hasta la salida de la escuela, mirando lo tarde que era, nuevamente. Aunque de por sí, no era sorpresa alguna.
"- ¿Dónde dos personas están destinadas a estar juntos? ¿Por un hilo?
- Sí, el hilo rojo del destino."
Miraba la luna que se asomaba de entre las nubes, al mismo tiempo que una brisa movía sus cabellos, haciéndole sentir… Viva.
También, un poco de frío.
"- Es una leyenda muy bonita… Aunque no creo que algo así vaya a sucederme, Aoi.
- ¿Eh? ¿Pero por qué no?
- N-No lo sé, un presentimiento, ¿Tal vez?"
Sus pasos se detuvieron, al mismo tiempo que parpadeaba, dejando de ver la luna un momento, dirigiendo su mirada hacia el instituto Kamome, específicamente, al baño de chicas del tercer piso. O donde se supone, debiera estar.
"- Nunca se sabe, Nene-chan… Tal vez ya estés ligada a alguien, y puede que, estés destinada con la persona a quien menos esperas. Como ese chico que no es tu tipo.
- E-Eh, b-bueno…"
La brisa nuevamente volvió a mover sus cabellos, y por un momento, juró haberlo visto asomado en la ventana. Y sintiendo un pequeño calorcito en sus mejillas, sonrió.
"- Sólo ten confianza en ti, Nene-chan."
Alzó una de sus manos, y la agitó levemente, en son de despedida.
Si Hanako-kun, o, Amane Yugi fuese la persona con la cual ella está destinada a estar… Si ella estuviera ligada a él por el hilo rojo del destino… Entonces, no estaría mal.
No estaría mal que Amane fuera su alma gemela.
(Aunque no lo admitiría nunca a viva voz).
