Miró con molestia al chico que tenía a su lado, quien al igual que ella, estaba cubierto de pintura rosada, amarilla y azul. Entretanto, él se hacía el desentendido y sonreía lo más inocentemente posible.

Aunque para Tsuchigomori era bastante claro lo que sucedía, o sucedió. Sin embargo, estaba curioso por saber ahora qué fue lo que pasó.

- ¿Y bien?

- ¿Qué cosa?

- Quiero saber por qué ambos están cubiertos de pintura. Después de todo, no están sucios por gusto, ¿O sí? – cuestionó, exhalando el humo de su pipa, ligeramente divertido. Y más al ver cómo la mirada de Yashiro se volvía más iracunda cada segundo.

Amane Yugi, vas a morir. Sólo avisamos.

- Sí Amane-kun, explícanos.

Su novia en verdad, pero, en verdad, estaba molesta.

Prefirió dejar de jugar y suspiró, desviando la mirada, frunciendo ligeramente el ceño.

- Fue un accidente.

- ¡No, no lo fue!

- ¡Claro que sí!

- ¡Le lanzaste pintura a Yamabuki y de paso a mí!

- Tú estabas en el camino, la pintura era para él, no para ti.

- ¿Pero por qué le lanzaste pintura a Yamabuki en primera instancia!

Y el castaño se quedó callado, mirando a otra parte, porque… No iba a admitir que se había celado de Lemon. Es decir, llevaba un mes saliendo con ella, y sabía que ella no iba a fijarse en otros, pero… Simplemente, había sido demasiado tarde para cuando él le había arrojado la lata de pintura que tenía en manos y que Akane le había pedido.

Definitivamente, los celos eran terribles.

El adulto suspiró, aunque la sonrisa divertida en sus labios estaba ahí. Los jóvenes de hoy eran todo un caso.

- Bueno, si eso es todo, váyanse a lavar.

Definitivamente, esto era material para molestar a Amane durante todo el mes.