Nota. Esta historia está hecha sin ánimos de lucro sino meramente como un medio recreativo. Los personajes no me pertenecen. Una disculpa por cualquier error ortográfico o de redacción.
Para la Princesa de la Torre más Alta por que es su OTP del momento.
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Beelzebub odiaba la noche.
Contrario a lo que se podría creer, el Principe de la oscuridad y el pecado no trabajaba mejor bajo el manto de la oscuridad.
No.
De vez en vez tenía que abandonar la comodidad de su oficina para ir por ahí y cumplir con la cuota de almas que exigía su Amo. Ser un Principe no le eximía del trabajo regular de todo demonio, al contrario. Así que debía subir a la tierra y tentar algunos incautos. El problema radicaba cuando al volver al infierno, su propia corporación le traicionaba y por un segundo sus ojos se perdían en la inigualable grandeza de la bóveda celeste. Cientos, miles de estrellas brillaban regalando su belleza a quien se atraviese a mirarlas.
Su alma marchita y carcomida por la oscuridad recordaría lo que su mente enterró.
Y ahí, en un rinconcito del espacio exterior, una pequeñita estrella se esforzaria por brillar. Nadie nunca le dedico más de dos miradas, no recibió un nombre ni formó parte de las extrañas figuras que idearon los humanos y que ahora llamaban "constelaciones", no guió a nadie a casa ni anunció la llegada del Mesias. Solo estaba ahí, brillando cada vez con menos fuerza.
Cuando desapareciera posiblemente no la echarían en falta, había otras más grandes y brillantes para admirar, hechas por las manos y poder divino de los ángeles más altos en los cielos. Esos que recibían honor y monumentos en la tierra.
Nadie recordaría a un diminuto astro formado por las manos torpes de un arcángel y un querubín de bajo poder. Nadie sabría de la promesa que guardaba.
Solo sus creadores desde sus respectivos lugares, se detendrían un segundo para mirar, más que una diminuta estrella para ambos significaba una promesa que no podrían cumplir.
"Amarse y protegerse" fue sencillo de pronunciar en los albores del tiempo, pero ahora era una burla.
El Principe miraba al cielo y la diminuta estrella se burlaba de él.
"Amarse y protegerse"
El Principe bufo con molestia y apartó la mirada.
Para su propio consuelo, romper sus juramentos era parte del ser un demonio.
Solo se preguntaba, cuando atravesará el corazón de Gabriel con su hacha e hiciera explotar la maldita estrella ¿el dolor en su pecho desaparecería?
Gracias por leer.