Número de palabras: 917.

Tipo: Viñeta.

Personajes secundarios: Corea del Norte.

Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, solo el contenido de ésta pequeña narración.

RUSIA X TAIWÁN

Él lo tenía todo. Amigos alrededor del mundo, derecho a decidir y opinar cuanto quisiera, una reconocida historia; aquello que ella no tenía ni de cerca. Era la sombra de una ancestral nación. Y estaba molesta por no lograr lo que se proponía, de ser siempre limitada a no avanzar más allá. Aunque contaba con la protección del águila libertadora y el acobijo del sol naciente, nada de eso era suficiente para sus ciegos deseos.

Así pues, su mirada subió con lentitud hacia arriba, perdiéndose en la sonrisa del gigante frente suyo que llegó a su paradero por obras de la extraña magia de Inglaterra, suponía. Tras de él llegó la tan popular península de Corea lado norte, pero a su ahora traviesa mente poco le importó.

— Lo siento, creí que eras China —confesó con voz cantarina la nación rusa.

— Es lo mismo —interrumpió el coreano—, pero más barato.

Los ojos de Taiwán se cristalizaron. En seguida un puchero junto a un pequeño sollozo aparecieron a escena; se acorrucó todavía más abajo de la mesa, y Rusia no pudo evitar pensar que ella era tan similar pero diferente a su vecino del sur. Eso despertaba un peculiar interés en el eslavo por esa chica cuya existencia siempre le fue indiferente. Por su parte, la asiática sabía cuán importante era él para su maestro y tenerlo para ella se cruzó por sus posibilidades, así obtendría algo mucho más importante que todo su poder junto.

— Por eso nadie te quiere, estúpido Norte —Desvío la mirada con un pequeño sonrojo, sintiéndose ofendida a no más poder por su innecesario comentario y sus propios pensamientos.

— ¿Quieres ser una con Rusia, da? —Tratando de consolarla lanzó su propuesta. Si ella estaba con él, se aseguraría de hacerla feliz y lo mismo iba para las demás naciones. Lástima que tenía un concepto algo erróneo de felicidad.

— ¿No te importa que no me la pase diciendo "aru" todo el tiempo? —preguntó ella sin poder evitar estar algo desconcertada. Después de todo, era la primera vez que lo escuchaba decirlo a alguien más que no fuera China y tampoco le habían advertido de ello.

— No —contestó Rusia sin esperar algo realmente.

— ¿Ni que no sea una vieja ambiciosa con debilidad a la copia de Hello Kitty?

Corea del Norte solo se cruzó de brazos observando a los dos en una distancia prudente para no interrumpir esa extraña situación. Debía admitir que se estaba divirtiendo aparte de estar ahorrándose todo tipo de comentarios y su sonrisa lo delataba. No era como que se la pasara sonriendo estando el ruso ahí tras un evento mundial organizado en su casa con invitados a los que odiaba con todo su ser.

— No —Una sonrisa algo nerviosa se formó en el rostro del conocido "domador de osos panda", título dado por su gran amigo Francia. Que por cierto, le gustaba.

— ¿Ni que no sea un fósil andante? ¿O que no sea un uke trap? ¿Que sea quien soy? —Por alguna razón, a Taiwán le alegraba eso.

— ... —Rusia no tenía que ser un genio para captar todas esas indirectas—. No.

— Entonces sí —Ella hizo un puchero frunciendo el ceño un poco con firmeza, sin perder su sonrojo.

— ¡¿De verdad?! —El ruso estaba más que entusiasmado con la idea, casi queriendo abrazarla pues era la primera que aceptaba tan rápido.

— ¿Es una broma, no? —Esta vez Norte no sabía si echarse a reír o entrar en pánico.

— No —respondió seria.

— Taiwán quiere estar con Rusia, ¿da? —dijo mirándolo con una aura oscura, provocándole escalofríos. Incluso a esos extremos, el coreano aún era intimidado por esa nación vecina.

— ¿Q... qué tiene de malo? —La china salió de su escondite gateando.

— Qué no tiene de malo —murmuró Corea apartando la mirada e ignorando las maldiciones del otro.

— ¡Haces que suene mal! —Se quejó, levantándose y parándose en frente de él.

— ¡Es porque está mal! —Su atención volvió a ella.

— Él no lo dice en serio —agregó Rusia colocando las mano sobres los hombros de la nación más pequeña para acercarse hasta su rostro con facciones inocentes.

Ella le miró sobresaltándose por sentir sus grandes manos, le parecía tierno hasta cierto punto. Sonrió asintiendo con la cabeza, no parecía tan malo como todos lo hacían ver. Además, ¿qué podía pasar?

— ¡Sí! ¡Seré una con Rusia! —Con su mirada enfrentó a la del norcoreano, al instante sus facciones cambiaron a unas de molestia al verlo reírse mientras el ruso la agarraba de la mano y la jalaba consigo—. E-espera...

Definitivamente Corea del Norte no pudo evitar echarse a reír ante la próxima cara de pánico de Taiwán al enterarse de que su ingenuidad le jugó una mala jugada. También podía escuchar los regaños que China le daría a la pobre chica al casi regalarse con su ex-camarada quien de seguro ya tenía planes.

Estaba seguro que debía avisarle a la legendaria nación antes de que el ruso hiciera algo extraño, pero se arrepintió al creer que sería interesante ver a Japón sufrir por la menor en manos de sus enemigos continentales. No era como que el eslavo fuera tan ruin como para cometer pedofilia o fijarse en alguien que no fuera su maestro, ¿o sí?

Tal vez debía irse preocupando por la actitud un tanto melosa de Rusia y la pasividad de Taiwán, o tal vez su instinto de hermano mayor le hacía ver cosas. Solo esperaba que saliera ilesa de sus garras tal como él pudo hacerlo en algún momento de su vida.