Empezaba a salir el sol, y con este un ganador. La jarra que Nami sostenía se había deslizado de sus dedos, ella no se había dado cuenta de esto cuando dijo "Setenta y dos." y cayó dormida.
"¿Ga-Gané?" Se preguntó Zoro. "Soy... soy libre…" Pensó en como una gran carga se liberaba de sus hombros, todas esas veces que había sido obligado a hacer algo por esa bruja que le recordaba su deuda. Por años había sido su esclavo de conveniencia, pero ahora había obtenido su libertad. Era genial pero, ¿por qué no se sentía tan bien como quería? "El alcohol me debe estar jodiendo la cabeza…" Se quedó viendo a su compañera, que dormía tranquilamente con su cara pegada a la mesa. "Nami… Te quedarás aquí, pero nosotros nos iremos. ¿Te volveré a ver?" Murmuró antes de caer dormido.
Aunque el día apenas empezaba, no fue hasta la tarde que la villa empezaba a reanimarse. Nami despertó con un ligero dolor de cabeza, no veía a Zoro así que se levantó de la mesa. Encontró al espadachín durmiendo bajo la mesa, sonrió al recordar que este había ganado la competencia. Era justo ya que no se volverían a ver en mucho tiempo, aún si le hubiera gustado torturarlo de algún modo antes de despedirse.
"Zoro, levántate, eres libre de tu deuda pero si no te levantas te cargaré cincuenta mil belis en tu cuenta." Zoro no reaccionaba. "Zorooo…".
Años lo había conocido, y sabía cuándo Zoro dormía y cuando fingía dormir para molestarla. Esta vez fingía, debe haber despertado con su primer llamado. Nami decidió agacharse para acercarse a su oreja, con un tono meloso le susurró "Zo – ri - to." y el espadachín se levantó tan rápido que golpeó su cabeza con la mesa tan fuerte que hizo un hueco en ella.
"¡Maldita sea mujer! ¡Yo no pagaré por la mesa!" Gritó sonrojado.
"Si, si, no es mía así que estas a salvo." Respondió Nami. "Iré a ver cómo están los demás, nos vemos." Y asi Nami dejó solo al espadachín.
Nami decidió ir a ver como estaba su hermana, no habían hablado mucho el día de ayer y aunque tendría el resto de su vida para hablar con ella, no quería posponerlo más. Caminando llegó a la casa tienda una vez más, estaba cerrada así que solo tocó la puerta. Viendo a su alrededor, Nami observó más la casa, grande, no parece vieja, dos pisos, probablemente con unas tres o cuatro habitaciones. "¿Tanto dinero hacia Nojiko vendiendo mandarinas?" Pensó.Escuchó un "Ya voy." del otro lado de la puerta que la sacó de sus pensamientos y vió a Chabo cuando este le abrió la puerta. El chico tenía ojeras y se veía cansado, pero todavía podía saludar.
"¡Nami! Pasa, pasa, Nojiko está arriba en su habitación." Dijo antes de echarse a dormir en un sofá.
Nami no respondió y miró extrañada la situación a su alrededor, Johny y Yozaku estaban recostados en el piso, abrazándose. Una mujer rubia que no conocía de nada dormía en un sofá y Chabo en otro. Parece que Nojiko acogió a todos en su gran casa ayer. Pasando de ellos Nami subió las escaleras y llegó a un amplio pasillo con 4 puertas. Adivinando que puerta tocar, Nami tocó la del fondo a la izquierda y recibió respuesta de la que estaba a la derecha.
"¿Si? ¿Quién es?" Preguntó su hermana desde la otra habitación.
"Soy yo, Nami." Dijo mientras abría la puerta. "Hola, creo que tienes que actualizarme en lo que pasó aquí."
"¿Abajo? Los cinco vivimos juntos, pero ayer no llegaron a sus habitaciones y se quedaron allí. No todos aguantan el alcohol como tú y tu noviecito espadachín."
"¡Nojiko!" Respondió en un instante. "Zoro y yo solo somos compañeros."
"¿No es tu noviecito? Pero si se veían taaan lindos juntos." Dijo burlona.
"Oh, cállate." Silenció a su hermana. "¿Desde cuándo actúa como Robin?" pensó. Nojiko se adentró en la habitación y la invitó a sentarse en una cama. "Quiero que me hables sobre el pueblo… todo es tan diferente a como lo dejé."
"Oh Nami, ha pasado tanto. Primero no estábamos tan bien, la Marina nos había dado un dinero para reactivarnos pero nadie sabía bien que hacer. Los días pasaban y el dinero se acababa en las reparaciones de la villa." Nojiko parecía recordar momentos difíciles. "Entonces Johny y Yozaku volvieron a la villa, habían pasado por la base de la marina y nos habían traído dinero de las recompensas de unos bandidos de montaña." La expresión de Nojiko cambiaba para mejor. "Cuando les pregunté porque lo hacían, me dijeron que le habían prometido proteger la villa a la hermana Nami." Finalmente sonrió.
"Vaya, me siento mal por no recordar su promesa."
"Creo que era una cuestión de orgullo para ellos más que una promesa directamente hacia ti. Los hombres son muy testarudos con eso."
"Y que lo digas, una vez Luffy y Zoro dejaron que unos debiluchos les den una paliza por orgullo." Recordó enfadada. "Esos idiotas…"
"Hm, deben haberte causado muchos problemas." Nami y Nojiko compartieron una sonrisa, cada una pensando en lo suyo. "Fue Chabo quien descubrió a los peces."
"¿A los peces?"
"Oh, ¿no te enteraste? Pescar y vender es lo que se nos da mejor aquí ahora. Ahí está el dinero."
"No." Respondió Nami asombrada.
"Si, ¿no viste los barcos en el puerto?"
"Desembarcamos en una costa, ocultos. No queríamos que la Marina pueda ver el barco."
"Ay Nami… sí que hay mucho por contarte." Dijo Nojiko, una lágrima cayendo por su mejilla. "Estos años no pasé una noche sin pensar en cómo estaría mi hermanita. Y mírate ahora, una guapa mujer que descaradamente usa poca ropa." Nojiko lloraba mientras sonreía.
"¿Eso fue un cumplido?"
"Claro que sí, tonta."
Ambas hermanas siguieron hablando por horas, felices de estar reunidas con la otra. Mientras hablaban sobre el futuro, Nojiko preguntó:
"Nami… ¿estás… estás segura de esto?"
"¿Segura de qué?"
"Entiendo que la Gran Era Pirata ha terminado y que el mundo necesita moverse, pero ¿no vas a extrañar a los chicos?"
"Si lo haré Nojiko. En ese tiempo ellos se convirtieron en mi segunda familia, siempre cuidándome, haciéndome feliz, estando ahí para mí en los momentos difíciles."
"¿Entonces…?"
"Lo de separarse fue algo que todos sabíamos que pasaría algún día. Cuando Luffy se coronó Rey de los Piratas casi todos los demás habíamos logrado nuestros sueños ya. Nos fuimos de Raftel y nos encontramos con un viejo amigo de Luffy, se llamaba Shanks. Ese día festejamos con él y su tripulación, pero creo que nuestro capitán habló de algo serio con Shanks. Pues esa misma noche cuando todos dormían Luffy me dijo que íbamos a robarles e irnos a la fuga."
"¿Le robaron a su amigo? Supongo que en el fondo todavía son piratas." Ambas hermanas rieron.
"Cuando ya estábamos bastante lejos, Luffy nos dijo a todos que ese fue nuestro último acto de piratería. Dijo que el mundo lo había esperado suficiente y era tiempo de dejarlo avanzar. Dijo que la Banda del Sombrero de Paja se desbandaba y era tiempo de volver a casa. Robin y yo hicimos unas llamadas para avisarles a nuestros aliados sobre lo sucedido mientras Sanji preparaba el desayuno y los demás…" Nami calló un momento, pensando en cómo continuar. "Ahora que lo pienso, no sé qué hacían los demás, nos dejaron todo el trabajo de comunicaciones a las mujeres." Añadió fingiendo indignación.
Cayendo la noche, era momento para los ex-piratas de irse. Toda la vieja tripulación se reunió en la costa donde habían dejado el Sunny. Genzo, Nojiko, Yozaku y Johny incluidos.
"Parece un barco muy… resistente." Dijo Nojiko, tratando de pensar en cumplidos para el barco con cabeza de… ¿sol? ¿flor?"
"Claro que si hermana, el Sunny es SUUUPER." Respondió Franky alegre, haciendo su clásica pose.
"Ha aguantado mucho, estamos en deuda con él." Añadió Robin.
"Sunny puede ser solo un barco, pero es un compañero tan valioso como los demás." Dijo Luffy, orgulloso del barco.
"Hermano Luffy, hemos querido preguntarte mucho esto…" Comenzó Johny.
"¿…Qué pasó con tu sombrero de paja?" Terminó Yozaku.
"Huh." Dijo Luffy, mirando a su cabeza desnuda. "¡Se lo devolví a Shanks!" Exclamó feliz.
"¿Quién es Shanks?" Se preguntaron mentalmente los ex-mercenarios.
"Luffy, estamos listos." Anunció Zoro desde el trinquete del barco.
"Pues vale, esto es el adiós chicos." Dijo Luffy mirando a Genzo, Johny, Yozaku, Nojiko y Nami. "Hay que repetirlo algún día." Hizo una gran sonrisa.
Se repartieron abrazos y lágrimas al momento de decir las despedidas. Johny y Yozaku fueron quienes más lloraron al tener que despedirse de sus hermanos una vez más. Los residentes de la villa empezaron a bajar del barco, Nami se quedó un poco más e incluso ayudó a levantar la tabla para bajar. Ya casi todos habían dejado el barco, Franky había empezado a moverlo y Nami, que aún seguía en el barco, debía bajar pronto si quería bajar en tierra. Luffy había subido a la cabeza del Sunny y en la parte trasera del barco, Zoro y Robin veían un tanto extrañados a Nami, quien también los veía sonriendo.
"¿Saben? Hubo un tiempo en el que pensé que había algo entre ustedes dos." Comentó Nami.
"Lo siento, Zoro todavía es algo joven para mi gusto." Respondió Robin con su típica sonrisa.
"O-oye." Gritó Zoro. "¿¡Porque dices cosas raras mujeri!? ¿¡Te volvió a picar un insecto!?"
"No, solo me siento aliviada." Dijo, mientras se acercaba a Zoro. "Se me partía el corazón de pensar en ustedes dos juntos." Añadió antes de inclinarse de puntillas y plantarle un beso en la mejilla a Zoro, sorprendiendo a todos. "¡Adiosito!" Y Nami corrió a la punta del barco y saltó a tierra, aterrizando perfectamente. Vio como el barco se alejaba con un avergonzado espadachín que parecía no reaccionar a nada.
Zoro por fin reaccionó cuando Robin le dio un golpe en el hombro.
"¡A-Adiosito!" Gritó viendo a Nami, que movía sus brazos diciendo adiós junto a los demás.
Una vez alejado el barco. Los dos ex-piratas volvieron a la cubierta principal. Luffy habló desde la cabeza del Sunny.
"Oye Zoro, ¿no te quieres quedar también?" Dijo burlón.
"Cállate." Respondió irritado.
"Vamos, ¿vas a decir que no te gusta?" Preguntó Franky.
"B-Bueno, yo… yo todavía necesito ver a mi maestro y devolverle una espada."
"No escuché un no." Comentó Robin, quien causó que Zoro vuelva a avergonzarse. Recordó una canción. "Nami y Zoro, sentados en un árbol. Be-sán-do-se tadada…"
Luffy empezó a reír, Franky también. Zoro tocó su mejilla besada. Ahora pensaba que algún día tendría que volver a visitar a la bruja que había robado su billetera mientras le plantaba un beso.
