OS 20. Pequeña pieza del cielo

Shot, al fin llegas estúpido capítulo, basado en el bendito capítulo Soldado Buffalord.

POV NARRADOR

-¿Puedes dejar de hiperventilarte?- le preguntó Patapez a Patán mientras cenaban

-Ya te dije que no hay azote de Odín- respondía Hipo con los ojos en blanco

-Y en todo caso Patán, la enfermedad solo se contagia con el contacto directo de la infección con la sangre... así que créeme, estamos a salvo- le recordaba Patapez, Patán solamente se dedicaba a inhalar y exhalar

-¿Y tú como lo sabes?... apenas tomas unas clasecitas con la anciana loca que cura y ya te crees un experto en la materia- se quejó Patán

-Sabes que, ¿Por qué no vas con Gothi y le pides toda la información para tenerla por si acaso?- dijo Hipo con los ojos en blanco

-Hecho- dijo para salir corriendo con Colmillo

-Espera...- dijo Hipo mientras lo veía irse –creo que no entendió la parte sarcástica-

-Déjalo, más información para mis notas, y menos Patán para la orilla-

-Yo solo veo ventajas en eso- se burló Hipo con su amigo que eran los últimos que quedaban en la Casa Club -¿Un juego?-

-Por supuesto- le dijo Patapez emocionado mientras corría al tablero, después de ser vencido por Hipo, ambos se dispusieron a ir a dormir. Y la noche avanzo con completa normalidad.

POV HIPO

-¿Tormenta?- pregunté apenas pudiendo despertar, ahí estaba caminando de un lado al otro tratando de llamar mi atención... Astrid, enseguida subí al también despierto por el escándalo Furia Nocturna y volé directamente a su cabaña.

-¿Astrid?- fue todo lo que pude decir, estaba sentada sobre su cama con la cabeza entre sus manos tosiendo

-Hipo ¿qué es lo que estás haciendo aquí?- me preguntó sin mirarme, se abrazaba a sí misma, la podía ver, no estaba bien.

-Ahh Tormenta parece preocupada... así que...- le explicaba conforme me acercaba a ella para revisarla, llevó su brazo izquierdo para cubrirse la boca al toser y vi una herida en este –eyy ¿Qué paso ahí?- le pregunté arrodillándome para poder revisar bien la herida, pero ella no me dejo acercarme a ella

-Nada, es solo un rasguño... Hipo estoy bien- me insistía

-Si es solo un rasguño déjame revisarlo- le dije retirando de nuevo su mano para comenzar a revisarla pero ella simplemente no me lo permitió

-Solo quiero dormir, estoy bien ¿sí?- me dijo un poco más calmada mientras se recostaba en la cama –te prometo que si necesito algo enseguida envío a Tormenta por ti-

-Bien- le dije resignado, probablemente se está agripando –Descansa... y por Thor, cualquier cosa manda por mí- ella me sonrió y cerró los ojos, lo mejor será dejarla descansar.

POV ASTRID

Cuando Hipo se fue me aferré más a mi manta, tenía mucho frío, los escalofríos se apoderaron de mi cuerpo, estaba cansada pero los ataques de tos y frío no me permitían dormir ¿Qué estaba pasando conmigo?, ¿acaso los chicos tenían razón?, ¿tenía el azote de Odín?, no Astrid todo es mental, solo te está dando una simple gripe que exageras por lo que viste esta mañana, me decía a mí misma.

Esos cuerpos, aquel que no pude salvar, mis ojos comenzaron a inundarse al recordar aquella escena, no importa cuánto te preparen como un guerrero, no puedes lidiar con algo así tan fácilmente.

Pero tenía que calmarme, Tormenta me miraba atentamente, y no quería que fuera de regresó a molestar a Hipo. Respiré profundamente y me recosté esperando que el sueño se apoderara de mí, y así fue.

POV NARRADOR

-Buenos días amigo- saludó Hipo a su dragón mientras se estiraba al despertar -¿qué te parece si vemos como esta Astrid y después vamos a tomar un vuelo antes del almuerzo?- Chimuelo enseguida acepto, no había nada que le gustara más que tomar un vuelo matutino.

Hipo entro a la cabaña de Astrid seguro de ver a una rubia quejándose por que tenía gripe, el mentalmente ya se preparaba para, como siempre, obligarla a guardar reposo, pero cuando entró las cosas cambiaron.

Estaba dormida, pero no estaba normal, temblaba mucho, su piel rápidamente estaba perdiendo su color...

-¿As?- preguntó nervioso el chico mientras se acercaba a ella –estas ardiendo en fiebre- dijo en cuanto su mano se recargo en su frente, se puso de pie rápidamente y salió con Chimuelo

-Jefazo...- dijo Brutacio al verlo entrar

-No tengo tiempo Brutacio- le respondió Hipo corriendo hacia Patapez –es Astrid... algo no anda bien con ella- la simple mirada de angustia del castaño parecía comunicarle la gravedad de las cosas a Patapez, el asintió y salió corriendo con Hipo.

Cuando Patapez entró Astrid ya estaba despierta y parecía tener un semblante mucho mejor, solo estaba recostada en su cama

-¿Chicos?... -dijo al verlos llegar -¿Qué hacen aquí?- respondió sentándose en su cama, Hipo enseguida camino a ella y tocó su frente

-Hace un rato estabas ardiendo en fiebre- le explicó Hipo

-Yo creo que solo es una exageración tuya- se burlaba Astrid, pero Hipo había pasado años viendo sus ojos, los conocía perfectamente, su mirada parecía estar perdida y sus pupilas estaban dilatándose

-Igual permite que Patapez te revise- le suplicó, Astrid suspiro en tono molesto pero accedió.

Hipo se hizo a un lado y dejó a Patapez hacer su trabajo, pero veía el aspecto de la rubia y comenzaba a alterarle la idea del azote.

-Hipo...- dijo Astrid -¿podrías dejar de caminar?- Hipo detuvo su andar nervioso. Patapez entonces alcanzo a ver la oculta herida, abrió los ojos y fue hacia Hipo alejándolo a un rincón

-¿Qué pasa?- preguntó preocupado Hipo por el semblante del chico

-¿Viste el rasguño cierto?- le preguntó Patapez

-Dijo que no era nada-

-Ya conoces a Astrid dice que no es nada...pero los síntomas están ahí- él estaba seguro, la enfermedad había alcanzado a Astrid

-Muy bien supongamos entonces que tienes razón- dijo Hipo, quien hacia momentos ya también lo había dado por hecho -¿Cuál es la cura?-

-Pues no estoy seguro, lo único que sé es que el azote avanza rápidamente y se lleva a la víctima en menos de tres lunas- le susurraba para evitar alterar a Astrid

-Y ya paso una luna- respondió Hipo en el mismo tono

-Lo sé, Patán ya debe estar en camino con las notas de Gothi, espero que nos diga algo más-

-Hola Astrid ¿cómo te sientes?- preguntó Patán al llegar directamente después de ser avisado por los gemelos cuando llegó

-Me siento bien, desearía que todos dejaran de preocuparse- dijo Astrid que aun permanecía recostada. Hipo corrió con Patán y le entregó las notas a Patapez que en seguida comenzó a leerlas.

-Gothi dice que hay una cura para el azote de Odín una solución verde hecha con saliva del dragón Buffalord...- dijo deteniéndose y mirando a la pared angustiado

-¿Qué? ¿Qué pasa?- preguntó Hipo al ver su reacción

-Bueno es que... es que- ¿Cómo es que Patapez podría decirle a Hipo que Astrid simplemente ya estaba condenada?

-No quedan muchos Buffalords- dijo Astrid con el valor que Patapez no tuvo, ella ya conocía de la cura, y sabía que no existían más, -fueron cazados y se extinguieron durante el último brote de azote- dijo sentándose en la cama

-No sabemos si se acabaron todos- dijo Hipo negándose por completo a la idea -tenemos que salir a buscar uno- le dijo a Patapez

-No sé dónde empezar a buscar- confesó el vikingo con la cabeza mirando al suelo, la idea de perder a su amiga también lo lastimaba

-Patapez- dijo Astrid al ver el ambiente poniéndose de pie -ya les dije que no...- no pudo terminar la frase cuando sus piernas fallaron

-ASTRID ¡- gritó Hipo sosteniéndola antes de que llegara al suelo, la levanto y la recostó en la cama, comenzó a tocar su frente, la fiebre comenzaba a regresar –no te levantes otra vez por favor- le pedía a la ojiazul que apenas lograba mantenerse consiente -¿puedes traer trapos húmedos?- le pidió a Patapez, el enseguida asintió y salió de ahí

-Ella... ¿estará bien?- preguntó Patán quien poco sabia de lidiar con una persona enferma

-Es Astrid, resistirá- decía Hipo sonriéndole a la rubia mientras acariciaba su cabello, poco le importaba que Patán lo mirara, en ese momento, solo pensaba en ella –shhh- trataba de tranquilizarla cuando los ataques de tos regresaban –respira y contén el aire un poco- le instruía calmado

Patapez muy poco tardó con los trapos húmedos, poco a poco la fiebre no bajaba pero tampoco subía más, Hipo sabía que no tenían más tiempo que perder y le pido a Patapez que comenzara con la búsqueda del dragón mientras él lograba estabilizar a Astrid, Patapez, junto a Patán y los gemelos comenzaron la incansable búsqueda por el dragón que salvaría la vida de Astrid.

Durante un par de horas Hipo se dedicó a cambiar trapos en su frente, a veces la hacía oler esencias de Salvia que eran específicas para la fiebre y la ayudaba a controlar sus ataques de tos.

-Es patético- le dijo de repente la rubia mientras Hipo cambiaba una vez más el trapo de su frente

-¿Qué?- le preguntó él tranquilo mientras remojaba otro trapo

-Que he sobrevivido a marginados, caídas de dragón, cazadores, maniáticos, dragones, hipotermia... y al final fue una rasguñada lo que me mato- decía con un tono sarcástico muy débil, ya casi no podía hablar

-No digas eso por favor- le suplicó Hipo –voy a encontrar a ese dragón As-

-Tu y yo sabemos que no es así... ven- le pidió mientras estiraba su mano, Hipo la tomó –abrázame- Hipo se recostó en la cama y la llevo hacia su pecho, ella se acurruco en él, apenas tenía fuerza para abrazarlo, sus músculos cada segundo le dolían más, el en cambio aferraba sus brazos a ella de la misma manera en que se aferraba a que siguiera con vida

-Por favor no te rindas pequeña- le decía mientras acariciaba su espalda

-¿Estas muy seguro que la única manera de contagiarse es si la enfermedad pasa por el torrente sanguíneo?- preguntó la chica

-Por supuesto, la enfermedad solo sobrevive cuando entra en...-

-Bésame- lo interrumpió la chica, Hipo la miró a los ojos, y atrajo su cuerpo al de él, tomó su mejilla y la beso lentamente.

Era un beso débil, quizá no tan apasionado como los últimos que habían compartido, pero solo había amor en él, algo tan puro como lo que ambos sentían el uno por el otro, Hipo la atrajo más a él y su otra mano acariciaba tiernamente su mejilla ¿Cómo podría vivir sin sus labios, sin su piel, sin su voz, en ella?, Astrid apenas tenía fuerzas pero quería contarle toda su historia en ese simple beso, en aquel beso que para ella era el último quería confesarle cuanto lo amaba.

Astrid terminó el beso, su cuerpo estaba cansado, sus ojos se estaban cerrando, no sabría si los abriría una vez más, o si al menos tendría la fuerza de hablar, así que se acomodó de nuevo en el pecho del castaño.

-Te amo- le confesó apenas pudiendo hablar mientras cerraba los ojos, Hipo por su parte se sorprendió al escuchar eso, pero pasara lo que pasara, no había vuelta atrás.

-Yo también- dijo Hipo mientras tragaba saliva, ella lo amaba, él le había dicho que la amaba, y la perdería de todos modos.

Después de un rato en que acunó a su ojiazul y se aseguró que la fiebre no regresara la acomodó y la dejo descansando. Aunque moverse de ahí era un acto de voluntad increíble, tenía que encontrar ese dragón.

-¿Cómo está?- preguntó Patán al ver entrar a Hipo

-Está descansando- informó el chico, su mente estaba en encontrar a ese dragón, y ni los dioses podrían detenerlo.

-Solo queda una cosa por hacer- dijo el líder después de haber salvado apenas pero exitosamente la vida de Astrid, Viggo al fin había hecho su entrada triunfal y vaya manera, siendo el responsable de que la rubia casi muriera.

Hipo más que nunca quería terminar con ese tipo, no solo había cazado y torturado dragones, puesto la vida de los jinetes en riesgo más de una ocasión y le había robado el ojo del dragón, este tipo se había metido con lo más sagrado para él, ahora sí, definitivamente, ya era un asunto personal.

Todos regresaron a la orilla para recoger los arcos y dar una despedida digna a un barco de pescadores inocentes que solo fueron parte de un plan de un maniático, Hipo no podía dejar de verla, ahí estaba, tan viva, tan alegre, tan valiente como siempre.

-¿Todo listo?- le preguntó la chica al llegar con las flechas

-Estamos listos- repuso el chico mientras se acercaba a la rubia y esta le sonreía apenada- ahora podemos decir que has sobrevivido marginados, caídas de dragón, cazadores, maniáticos, dragones, hipotermia... y a un rasguño-

Astrid solo se rió del comentario –nunca lo había pensado pero es cierto... soy una sobreviviente-, Hipo se hizo hacia atrás un segundo

-Tú lo dijiste ¡- le dijo con una burla cautelosa

-¿Enserio?- preguntó ella –si te soy honesta, ni siquiera recuerdo como llegue a esa isla- confesó apenada la chica. Hipo la miró...

-Estamos listos- informó Patapez con todos los arcos, ellos asintieron y salieron volando rumbo al barco pesquero.

Ahí es donde veo a mi padre, a mi madre a mis hermanos y hermanas, me invitan a ocupar mi lugar entre las paredes del Valhalla, donde los valientes vivirán por siempre.

Las flechas alcanzaron al barco que rápidamente se encendió en llamas, que los dioses acompañen a los inocentes que pagaron con su vida la ambición de un hombre.

Después de un rato solo dos jinetes volaban mirando a aquel barco.

-Hipo... quería darte las gracias, en verdad te debo una- Hipo la miro y sonrió

-No fue nada tu hubieras hecho lo mismo por mí- le dijo un tanto apenado, su mente vagaba en lo que la rubia le había dicho unas horas antes ¿ella en verdad lo amaba? O ¿fue solo una consecuencia de la fiebre?...

-Es que... tampoco puedo imaginarme un mundo sin ti- le confesó la rubia, entonces ella recordaba cuando él le dijo exactamente lo mismo al llegar a la isla y suplicarle que resistiera un poco más ¿Por qué entonces no recordó lo anterior?... Ahora Hipo estaba en el mismo lugar de antes, con más preguntas que respuestas.