Cae la noche y la situación vuelve a ser segura. Nami se había cansado de la violencia y descansaba en una silla cerca de la puerta, observando al espadachín durmiente.

"Sigue durmiendo, ¿cuánto podría tardar?" Preguntó Nojiko al doctor.

"Tenía un pésimo estado cuando lo trajeron." Respondió Nako. "Podría tomar un par de días hasta que despierte, y después de eso podría sufrir otros problemas."

"Es terrible…" Dijo Genzo apenado. Desvió su mirada a Nami, no entendía la expresión de la chica. Parecía… ¿enfado? Pero si se supone que ya se había calmado. Aún así, era mejor que verla triste.

Nami observaba fijamente al espadachín durmiente, algo no le cuadraba, algo le molestaba. No estaba segura de que, pero algo en Zoro la estaba enojando.

"Por lo menos luce tranquilo, eso es bueno, ¿verdad doctor?" Preguntó Yozaku.

Ahí estaba. Zoro, durmiendo tranquilamente. Ese idiota siempre estaba en estado de alerta, a no ser que se haya intoxicado con bastante sake antes de dormir. Nami se levantó de su silla y caminó a la cama donde estaba Zoro, observó una vez más su relajado semblante y le propinó su mejor puñetazo a la cabeza. Zoro despertó, con mucho dolor.

Todos los demás estaban en shock, ¿por qué Nami hizo eso? ¿Su sed de sangre había vuelto? "Tal vez sea mejor irse, afortunadamente Zoro ya despertó." Pensaron los presentes, que aprovecharon para escabullirse de ahí cuando Zoro se levantó y empezó a hablar.

"¡Maldita sea, mujer! ¡¿A qué se debe eso?!" Preguntó el herido, empezando una discusión entre él y la navegante.

"¡Estabas fingiendo, imbécil!" Respondió Nami. "¡¿Cuánto tiempo llevas despierto?!"

"¡Acabo de despertar!"

"¡No sabes mentir!"

"¡Tu maldito puño me ha despertado!"

"¡Estabas fingiendo!"

"¡No estaba fingiendo! ¡Perdí el conocimiento tras esa estúpida tormenta!"

"¡¿Y qué pasó después?!"

"¡Lo próximo que supe es que estaba junto a ti! ¡Hola, por cierto!"

"¡Hola, ha pasado tiempo!"

"¡Si, me alegro de verte! ¡¿Cómo estás?!"

"¡Muy bien ahora que sé que estás bien!"

"¡Genial! ¡¿Me acompañas a la boda de Luffy?!"

"¿¡La boda de Luffy?! ¡¿Qué tan fuerte te di como para que inventes esas estupideces?!"

"Espera, ¿no te llegó la invitación?" Toda la ira e indignación del momento se disipó, el ambiente se tranquilizó con el cesar de los gritos.

"¿Invitación? Zoro, ¿estás bien?" Zoro se limitó a gruñir como respuesta. "¿Hablas en serio?"

"Que sí, ese idiota se va a casar. Hace unos días llegó su invitación a mi villa." Nami estaba muy sorprendida. Realmente había alguien tan mal de la cabeza como para casarse con Luffy.

"No puede ser, no me llegó ninguna invita-" Nami se golpeó la cabeza. "¡El pájaro cartero! He estado distraída y no revisé el correo." Explicó para sí misma y de paso para el espadachín.

"¿Distraída? ¡Ja! ¿Tanto me extrañaste?" Aunque todavía le dolía el último golpe de Nami, no se resistió a molestarla de nuevo.

"¿Extrañarte? Por favor, un día más y no recordaría tu cara." Fingió indiferencia.

"Y dices que yo no sé mentir."

"Pfft."

Silencio. Nami estaba de brazos cruzados mirando a otro lado, Zoro observó el lugar unos momentos, recordaba ese lugar, era donde lo habían tratado tras la pelea con Arlong. Sí que tenía unos buenos recuerdos de Arlong y Nami, podría ser buena idea seguir la conversación con eso.

"¿Recuerdas cuando me capturaron en Arlong Park?"

"¿Qué?"

"No puede ser que lo hayas olvidado."

"¿Te refieres a cuando arriesgaste tu vida para probar un punto? Idiota."

"Lo importante es que tenía razón, no eras una bruja sin corazón y me salvaste."

"…Si, supongo que sí." Sonrió por un breve momento. "Y entonces te di ese golpe en tu gran herida… Perdón."

"No, no, me lo merecía. No morí ese día, está bien todo."

Una vez más el silencio. Zoro se maldecía por haber hablado de Arlong Park, claramente la navegante todavía se sentía dolida por aquella aventura a diferencia de él. Nami ahora se había sentado en la cama donde estaba Zoro, sin dejar de mirarlo.

"Oye, Zoro…" Empezó ella.

"¿Qué?"

"Cuando me enteré de lo que te había sucedido… Por un momento, creí que finalmente morirías hoy." Nami no recibió respuesta del espadachín, decidió continuar. "La verdad es que, desde que te conocí, he creído que eres alguien irracional."

"Nami, yo-" Zoro trató de decir algo, pero Nami lo interrumpió.

"Siempre te has esforzado al límite, cuando te conocí cargaste una gran jaula con Luffy dentro después de haber sido apuñalado. Luego recibiste ese disparo de Ussop por nuestro bien, desafiaste al mejor espadachín del mundo sabiendo que perderías, te lanzaste al agua esperando a que te salve, trataste de cortar tus piernas para salvarnos en Little Garden… Muchas veces me pregunté si tratabas de acortar tu vida."

"Solo hacía lo necesario."

"Aunque a ti no te importe, a mí me preocupaba, no fue hasta que conseguimos a Chopper que dejé de tener pesadillas sobre ti."

"¿Sobre mí?"

"Morías, de distintas maneras. A veces me salvabas de un enemigo, otras veces era Mihawk quien terminaba contigo en el Baratie… Luego las pesadillas volvieron con Kuma y Kizaru."

"Lo siento, es mi culpa por haber sido tan débil." Fue su respuesta.

"¡No!" Gritó Nami, asustando al espadachín. "¡¿No lo entiendes?! ¡No es tu fuerza el problema, es tu maldita personalidad suicida! Yo… tú… Siempre me dio miedo perderte como perdí a Bellemere, ella actuaba bastante como tú, y ahora ya no está con nosotros." Nami empezó a llorar, nunca fue su intención ponerse tan emocional cuando se reencontrará con Zoro, pero ese idiota tenía que mencionar una de las veces en las que casi muere.

Para su sorpresa, Zoro la abrazó, sin decir una palabra. Nami hundió su cabeza en su pecho mientras seguía llorando, pasaron varios minutos así hasta que la navegante empezaba a tranquilizarse. Nami volvió a sorprenderse cuando sintió algo húmedo caer en su cuello. Levantó su cabeza para confirmar sus sospechas, pero preguntó solo para asegurarse una vez más.

"Zoro… ¿estás…?" Dudaba sobre seguir o no seguir su pregunta.

"Cállate." Respondió. "No sabía de todo el daño que te causé… yo no te merezco. Mañana temprano me iré, solo volveré a mi villa así que tú puedes asistir a la boda y divertirte. Seguro que el cocinero pervertido estará allí también, él podrá cuidar mejor de ti."

"¿Q-Qué? Zoro, no-"

"No Nami, durante todas nuestras aventuras he hecho esas acciones suicidas que tanto te han lastimado. Y ya es muy tarde para cambiar mi personalidad, si me quedo aquí, solo te traeré más sufrimiento. Es lo mejor que me vaya." Zoro deshizo el abrazo, se levantó y fue a por sus espadas. Cuando caminaba a la puerta, la navegante lo abrazó por detrás.

"¿Tú crees que si después de confesarte tanto te vas, voy a ser feliz? Eres un idiota."

"Es lo mejor."

"¿Para quién Zoro? Lo último que quiero ahora es que te marches y estoy segura de que tú no quieres hacerlo."

"…Bien. Pero déjame contarte algo."

"¿Qué cosa?"

"¿Nunca te preguntaste porque salí tan mal parado de Thriller Bark?"

"Fue un misterio sin resolver."

"Después del ataque de Kuma, se disponía a matar a Luffy. Yo traté de derrotarlo pero era inútil, entonces le ofrecí mi vida a cambio de que deje a Luffy en paz." Nami no respondía, seguía abrazándolo pero el agarre se debilitaba. "Entonces Kuma usó su poder para extraer todo el daño que recibió Luffy en batalla y ponerlo en una burbuja, me dijo que si tomaba todo la burbuja moriría."

"¿Y tú lo hiciste?"

"No lo dude ni un momento." Una vez más, Nami no respondía. "No me arrepiento de lo que hice ese día, y si tuviera que volver a hacerlo para salvarte a ti, a Luffy o a los demás, lo volvería a hacer… Sabiendo eso, ¿quieres que me quede?" Silencio, Nami dejó de abrazar al espadachín. "Lo suponía." Zoro estaba a punto de abrir la puerta cuando la navegante gritó.

"¡No me importa!"

"¿Qué?" Zoro volteó a ver Nami tras el grito.

"¡¿Y que si algún día terminarás matándote?! Me he negado a amarte por años, por temor a que mueras y nunca moriste. Ahora eres el mejor espadachín del mundo y yo soy más que capaz de luchar por mí misma, enemigos como Arlong o Mr. 1 no son nada para mí." Ahora era Zoro quien no respondía. "Quédate, es una orden de la navegante."

"…Eres increíble." Zoro sonrió y la abrazó. "Nami… yo también te amo..."

Nami volvió a llorar. "Vaya día lleno de emociones es hoy" Pensó.

La mañana llegó y en casa del doctor Nako no dormía este, en su lugar, descansaban un espadachín y una navegante. Entre lágrimas y caricias, ambos habían caído en la única cama del lugar sin que les importe el dueño de la casa.