Cuando Nami despertó, volvió a sentir la soledad. Ella recordaba haber dormido con Zoro esa noche, pero aquí se encontraba, sola en casa del doctor Nako. ¿Podría ser que ese idiota decidió irse después de todo? No, él dijo que no se iría, y él nunca mentía. No sabía dónde estaba, pero tenía la certeza de que en algún momento aparecería. Solo esperaba que no se haya perdido en el pueblo.
Incapaz de salir de cama, Nami se dedicó a divagar en sus pensamientos, en específico, pensó en el día de ayer. Vaya día fue, había empezado con su nuevo sueño de hacer más dinero, pasó por peligro en aquella tormenta, se sintió querida por sus compañeros, volvió a sentir peligro cuando se enteró del asunto de Zoro y finalmente halló paz en sus brazos. Nunca fue su intención repeler al espadachín cuando le contó sus preocupaciones pasadas, había sentido la necesidad de expresar sus sentimientos y eso mismo hizo. Hasta pensaba que eso serviría como una segunda confesión hacía él, si es que darle un beso, robar su billetera y huir contaba como una primera. Al menos sabía que ahora todo estaba bien, él dijo esas palabras anoche: "Nami… yo también te amo…". ¡Era increíble que lo haya dicho! Pero dijo también, ¿cuándo le dijo ella un te amo? No importaba, finalmente el cerebro de musgo era suyo y ya tendría tiempo de decírselo un millón de veces si era necesario. Pero, ¿dónde estaba Zoro ahora? Estaba tan feliz por alguien que no estaba, si tan solo él estuviera aquí…
"Oi, ya despertaste… tch…" Dijo Zoro, quien acababa de entrar a la casa.
"Se dice: ¡Buenos días!" respondió ella, alegre de ver que había vuelto. "¿Dónde estabas?" Esperó respuesta del espadachín y solo escuchó un rápido murmullo que no pudo entender. "¿Cómo?" Otra vez le respondió con el murmullo, también parecía estar un poco rojo. "Zorooo, no puedo entenderte así." Nami hizo un puchero que hizo reaccionar al hombre que tenía enfrente.
Zoro tragó saliva e hizo su mejor esfuerzo para ocultar su vergüenza "F-Fui al mercado para comprarte un desayuno… pero no lo encontré..."
Las carcajadas de Nami no se hicieron esperar. Zoro gritó un "¡Cállate, es culpa de tu villa y sus edificios que se mueven!" Pero ella seguía riendo. "Bien, ríete de mí, es mejor que verte llorar." Pensó.
Cuando Nami finalmente detuvo su risa, le dijo "No sabía que el siempre indiferente Zoro tenía un lado tierno, ¿será que solo es para mí?" Y una vez más, el espadachín se puso rojo y la navegante rio.
"Solo para ti, Nami." Respondió mientras hacía su mejor esfuerzo en poner su indiferente cara de siempre. Sus palabras conmovieron a la mujer.
"Oh, Zoro…" Se movió para estar sentada en la cama. "Ven… ven, aquí." Señaló el espacio a su lado. Zoro se acercó, ambos estaban muy cerca el uno del otro. Nami cerró los ojos y se inclinó hacia él, quien hizo lo mismo hasta que ambos se juntaron en un beso. Ninguno tenía mucha experiencia con algo tan mundano como dar un beso, lo cual podría ser preocupante sabiendo sus edades. Pero, en ese momento, esa castidad e inocencia le dio un toque especial al beso que ninguno sabía describir. De pronto se escuchó un estruendo, algo cayó al suelo y se rompió. La pareja se liberó de su unión y vieron a quien causó el sonido.
"Perdón, ya nos vamos." Dijo un avergonzado Johny, que estaba acompañado de Chabo. Ambos habían venido a traerles el desayuno por petición de Nojiko.
"Sigan con el round 2 o donde sea que vayan." Añadió Chabo, rojo. A paso rápido, los dos intrusos huyeron de ahí. Cuando salieron de la casa, le comentó a su amigo. "Nojiko tenía razón, a esos dos no les importó estar en casa ajena."
"¿Y ahora qué hacemos con el desayuno?"
"Tal vez podamos…" Chabo miró la puerta. "Dejarlo sin que nos vean."
"Chabo, la casa del doctor es una zona prohibida ahora. Entrar de nuevo traerá consecuencias inimaginables." Respondió, la seriedad en su tono y rostro eran nuevos para el chico.
Volviendo a los ex-piratas, cuyo momento había sido arruinado, ambos estaban arreglándose para salir. Nami pensaba en algún modo de explicarle lo sucedido a Nako sin que esté implícito que ella y Zoro mancillaron su casa anoche.
"Entonces, ¿deberíamos ocultar esto o…?" Preguntó Zoro.
"Zoro, nos acaban de descubrir, no hay nada que ocultar."
"Podríamos decir que revisaba tu temperatura."
"¿Esa es tu mejor excusa?"
"Ya ha funcionado antes."
"¿De qué hablas?"
"…No lo recordarías." Zoro recogió el vidrio que antes formaba una taza del suelo. "Vámonos, ya abusamos demasiado de la hospitalidad del doctor."
Saliendo del hogar de Nako, ambos fueron por un desayuno al mercado. Ninguno hablaba, había una rara pero tranquila atmósfera entre las dos personas sentadas en una sencilla mesa.
"Entonces… Luffy se casa…"
"Si, la fecha todavía está a unos días, pero ya tienen bastante carne y sake."
"¿Sabes cómo se llama la chica? ¿Es una chica, verdad?"
"Claro que es una chica, ¿crees que sería un trozo de carne o algo asi?"
"Si… un trozo de carne o algo asi."
Tras el desayuno pasearon un poco por la villa, Nami sostenía la mano de su acompañante y a este no le molestaba. Cuando en una tienda de ropa Zoro mencionó lo tarde que era, Nami vio un reloj y dijo que le tocaba trabajar. Pero inmediatamente se retractó al recordar que el día de hoy lo tenía libre, era domingo.
"¿Qué haces para vivir?"
"Soy navegante en un barco pesquero, se llama Lufish."
"Ja, así que pasaste de una pirata que controla el clima a una humilde pescadora."
"Oye, ya verás que los peces revolucionarán aún más a esta villa. Además, siempre llevo el Clima Tact conmigo… y es mejor que hacer nada como seguro tú hacías en tu villa."
"O-Oye, ¡yo no hacía nada!"
"¿Y qué hacías?"
"Era instructor en el dojo de mi maestro."
"¿Tú enseñando? Pobre del tonto que decidiese estudiar bajo tu tutela. Seguro los explotabas hasta que estén al borde de la muerte."
"¡Claro que no! Los discípulos son sólo unos niños, con hacerlos creer que están al borde de la muerte es suficiente." Nami se veía sorprendida. "¿Qué? ¿Qué dije?"
"Eres un bruto." Ella le dedicó una sonrisa como si le dijera un cumplido.
La navegante y el espadachín pasaron un tranquilo domingo juntos. Afortunadamente no volvieron a encontrarse con ninguno de sus conocidos en todo el día, por lo que explicaciones sobre lo de ayer no fueron necesarias. No sabían que estaban siendo espiados por cuatro personas.
"¿Están completamente seguros de que hicieron algo anoche?" Preguntó Nojiko a quienes la acompañaban.
"Sus ropas estaban desordenadas." Dijo Johny.
"Y se estaban besando." Añadió Chabo.
"¿Cómo era el beso? ¿Metían la lengua?" Volvió a interrogar.
"¿Meter la lengua? ¿Porque harían eso?" Esta vez fue Chabo quien preguntó.
"No nos fijamos en qué tipo de beso era, pero había pasión, no hay duda." Aseguraba Johny.
"Tenían que ser hombres… debí mandar a Mizuno."
"Más vale que no hayan hecho nada depravado. De lo contrario, lo mataré." Comentó Genzo.
"No hicieron nada." Dijo una quinta voz que vio a los cuatro detrás de una pared.
"¡Doctor Nako!" Se sorprendieron todos.
"Ayer fui a ver como estaba mi paciente, se levantó mucho más rápido de lo que pensaba, pero los golpes de Nami podrían dejarlo crítico de nuevo, tenía que verlo con mis propios ojos. Para un médico, la salud de su paciente es lo más importante. Eso lo aprendí cuando yo era más joven, sucedió que un hom-"
"Si, si, ¿pero que viste ayer exactamente?" Interrumpió Chabo, sabía que al doctor le gustaba hablar.
"Lo vi todo desde la ventana, no quería arriesgarme a que me vuelvan a golpear. Ambos estaban recostados en mi cama, completamente vestidos. Se veían cansados, como si hubieran gritado bastante."
"Tal vez solo juguetearon un po-"
"¡Nojiko!" La cortó Genzo. "¡Si Nako dijo que no hicieron nada, no hicieron nada!" Genzo no quería imaginar a su pequeña Nami cometiendo acciones… indecentes.
Cuando llegó la tarde, Nami guio al espadachín a su casa. No fue hasta que cerró la puerta que se dio cuenta de la situación en la que estaban. Ya ambos habían pasado una noche juntos, cierto, pero ahora ambos estaban más calmados el uno con el otro y estaban "oficialmente" en una relación. ¿Podría ser que Zoro le pida algo hoy? No estaba segura de nada, probablemente no se negaría si se lo pidiera, pero que las cosas entre ambos vayan tan rápido después de solo haber sido amigos durante varios años era… extraño. Los sentimientos habían estado ahí por mucho tiempo, pero… "¿Pero dónde está Zoro?" Pensó ella, el espadachín debía estar en alguna habitación diferente porque en la sala ya no había nadie salvo ella, consecuencias de pensar demasiado.
Nami revisó en su habitación y ahí estaba él, había dejado sus bolsas al lado de su cama y se había quitado la camisa. Parecía mirarla con algún tipo de deseo... "Dios, ¿realmente me lo va a pedir, y tan rápido?" Pensó entre emocionada y asustada.
"Voy a ducharme, espero que no te importe que vaya primero." Informó Zoro, pasó de ella sin esperar su respuesta, llegó al baño y cerró la puerta.
"Extraño, siento… que mi orgullo como mujer fue lastimado." Murmuró ella, Zoro no la escuchó.
